

Cutrecomentario de Ramón:
El escritor que necesitaba descansar del teléfono
La directora Fabienne Godet lleva años moviéndose en un cine francés muy interesada por los personajes excéntricos, frágiles o emocionalmente descolocados.
En su filmografía destacan títulos como Sauf le respect que je vous dois, Une place sur la Terre o Nos vies formidables, películas donde suele mezclar drama, humanidad y pequeñas rarezas cotidianas.
No es una directora especialmente conocida fuera del circuito cinéfilo francés, pero tiene buen ojo para observar personajes llenos de manías, soledades y contradicciones.
El amigo inesperado tuvo una recepción bastante cálida en Francia, especialmente por sus interpretaciones y por su planteamiento original dentro de una comedia muy contenida y elegante.
La película pasó por varios festivales franceses y recibió elogios por el trabajo de Salif Cissé y Denis Podalydès, uno de esos actores franceses capaces de parecer agotados por la vida incluso cuando están pidiendo un café.
Y ahora vamos al lío.
Estamos ante una película bastante curiosa y agradable, una de esas historias pequeñas que funcionan precisamente porque no intentan convertirse en una montaña rusa emocional ni en una comedia histérica de gente cayéndose por las escaleras. Aquí todo es más suave, más humano y bastante más inteligente de lo habitual.
Por un lado tenemos a Pierre Chozène, interpretado por Denis Podalydès, un escritor famoso absolutamente asediado por llamadas telefónicas: familia, editor, admiradores, compromisos y probablemente gente preguntándole si ha mirado ya el WhatsApp. El hombre solo quiere una cosa en la vida: tranquilidad para escribir su nueva novela y dejar de atender a media humanidad.
Y ahí aparece Baptiste, interpretado por Salif Cissé, un imitador de voces y cantantes que trabaja por las noches en un pequeño teatro mientras durante el día intenta vender seguros para mascotas por teléfono. Ya solo esa descripción parece el inicio de una depresión moderna patrocinada por LinkedIn.
La idea de la película es muy buena: el escritor contrata a Baptiste para responder sus llamadas y convertirse, literalmente, en una especie de contestador automático humano.
De hecho, el título original francés, Le répondeur, significa precisamente eso: “el contestador automático”. Y en el fondo eso es lo que desea el protagonista, desaparecer un poco del mundo sin desconectarse del todo.
A partir de ahí la película va construyendo relaciones bastante interesantes y humanas.
Baptiste empieza a mirar la vida del escritor desde fuera y a influir indirectamente en las relaciones con su padre, con su hija y con quienes le rodean.
Hay una idea muy bonita detrás de todo esto: a veces hace falta alguien ajeno para que uno descubra el tipo de persona en que se ha convertido.
La película funciona siempre dentro de un tono de comedia leve, elegante y bastante coherente. Nada de histrionismos ni personajes haciendo el idiota a gritos durante dos horas. Y eso se agradece muchísimo. Además, las interpretaciones están francamente bien.
Y atención especial al personaje de Clara, interpretado por Aure Atika, que aparece relativamente poco pero cada vez que sale se come la pantalla con una facilidad insultante. Tiene una mezcla de belleza, elegancia y presencia que deja al resto del reparto mirando discretamente hacia el suelo.
Una película entretenida, inteligente y bastante original dentro de un panorama donde muchas veces parece que todas las películas han sido escritas por el mismo algoritmo con resaca.
Mi puntuación: 7,66/10.

Dirigido por Fabienne Godet:

Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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