Tiempo de victoria – Pressure – Anthony Maras – #YoVoyAlCine

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El Mariano Medina de la Segunda Guerra Mundial

 

Anthony Maras vuelve a demostrar que sabe generar tensión en espacios cerrados.

 

El director australiano llamó la atención con Hotel Bombay, aquel intenso thriller sobre los atentados de Mumbai protagonizado por Dev Patel y Armie Hammer, y ahora cambia el terrorismo por la meteorología.

 

También ha dirigido cortometrajes y documentales, aunque sigue siendo Hotel Bombay su obra más conocida.

 

En esta ocasión adapta junto a David Haig la obra teatral Pressure, centrada en uno de los episodios menos conocidos del Día D. (Wikipedia)

 

 

Cutrecomentario

 

Otra película sobre el desembarco de Normandía.

 

A estas alturas uno podría pensar que ya se ha contado absolutamente todo sobre el Día D.

 

Hemos visto soldados desembarcando, generales dando órdenes, espías infiltrados, comandos suicidas, tanques, aviones y hasta perros militares.

 

Faltaba una película sobre el hombre que miraba al cielo.

 

Y precisamente de eso va Tiempo de victoria.

 

Lo primero que hay que reconocer es que la propuesta tiene gracia. Porque en lugar de enseñarnos otra vez a miles de soldados corriendo por la playa bajo una lluvia de balas, el cine británico decide centrarse en algo aparentemente mucho menos cinematográfico: una reunión de meteorólogos discutiendo sobre nubes.

 

Y funciona.

 

El protagonista es James Stagg, interpretado por un magnífico Andrew Scott, un meteorólogo escocés arisco, antipático, huraño y con el carisma de una alcachofa hervida. Pero precisamente ahí está la gracia del personaje.

 

Es un científico que no está para caer bien a nadie. Está para decir lo que cree que va a ocurrir aunque nadie quiera escucharlo.

 

Frente a él aparece Irving Krick, interpretado por Chris Messina, un meteorólogo norteamericano mucho más optimista que basa buena parte de sus previsiones en patrones observados en años anteriores. Vamos, el clásico optimista que siempre piensa que mañana hará sol porque ayer también lo hizo.

 

Entre ambos se desarrolla una batalla intelectual bastante más apasionante de lo que parecía sobre el papel.

 

Por medio aparece Kay Summersby, interpretada por una estupenda Kerry Condon, secretaria de Eisenhower y prácticamente el único personaje capaz de aportar algo de luz y humanidad a una habitación llena de hombres uniformados discutiendo sobre borrascas.

 

Y luego está Brendan Fraser.

 

Resulta curioso verlo convertido en Dwight D. Eisenhower. Atrás queda definitivamente aquel aventurero simpático de La momia.

 

Ahora transmite cansancio, responsabilidad y el peso de saber que cualquier decisión equivocada puede enviar a decenas de miles de hombres a una muerte segura.

 

También aparece Damian Lewis como Bernard Montgomery, aportando esa mezcla de arrogancia y autoridad que tan bien se le da interpretar.

 

La película es esencialmente una guerra de opiniones.

 

No hay grandes escenas de combate. No hay explosiones cada cinco minutos.

 

Lo que hay es un grupo de personas intentando adivinar qué demonios va a hacer el tiempo dentro de unas horas mientras el destino de la guerra depende de ello.

 

Y sorprendentemente genera más tensión que muchas películas bélicas llenas de disparos.

 

Como buena producción británica, todo está realizado con una pulcritud admirable. Decorados, vestuario, maquillaje, fotografía y ambientación transmiten autenticidad.

 

Da gusto ver una película histórica que no parece rodada en una nave industrial de las afueras de Birmingham con cuatro muebles alquilados.

 

Además, aunque formalmente sea un drama bélico, funciona casi como un thriller.

 

Sabemos perfectamente cómo acaba la historia. Todos conocemos el resultado del desembarco de Normandía. Pero aun así consigue mantener el interés durante todo el metraje.

 

Quizá no descubra nada nuevo a los aficionados más veteranos de la Segunda Guerra Mundial. Pero precisamente ahí está parte de su atractivo: contar algo que ya conocemos desde un punto de vista distinto.

 

Porque al final resulta que una de las decisiones más importantes de la historia moderna no dependió de un tanque, ni de un avión, ni de una división acorazada.

 

Dependió de un señor escocés mirando mapas meteorológicos y diciendo algo muy parecido a:

—Yo no saldría mañana sin paraguas.

 

Mi puntuación: 7,66/10.

 

 

 

Dirigido por Anthony Maras:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Muchos besos y muchas gracias.

¡Nos vemos en el cine!

 

 

 

Chistes y críticas en holasoyramon.com

Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

 

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