

Ese oscuro objeto del deseo – 1977 – Luis Buñuel (Comentario con anécdotas y curiosidades publicado en 2016)
Cutrecomentario de Ramón:
Ese oscuro objeto del deseo o cómo Buñuel convirtió el calentón en una obra maestra
Luis Buñuel no necesita presentación.
Es uno de esos cineastas irrepetibles que inventó un lenguaje propio y se fue dejando al resto intentando descifrarlo.
Del surrealismo de Un perro andaluz y La edad de oro al clasicismo envenenado de Viridiana, El ángel exterminador, Belle de jour, Tristana, El discreto encanto de la burguesía o El fantasma de la libertad, su filmografía es una sucesión de provocaciones, ironías y puñetazos a la lógica.
Ese oscuro objeto del deseo fue, además, su última película, un testamento cinematográfico a la altura de su leyenda.
La película fue nominada al Óscar a la mejor película de habla no inglesa y al mejor guion adaptado para Luis Buñuel y Jean-Claude Carrière.
También obtuvo una nominación al Globo de Oro como mejor película extranjera y recibió importantes premios de la crítica, entre ellos los del National Board of Review, la National Society of Film Critics, la Asociación de Críticos de Los Ángeles y el CEC al mejor director.
Cutrecomentario
Ya escribí sobre esta película en 2016, así que no tenía sentido repetirme. Simplemente me apetecía volver a verla. Y, claro, volver a Buñuel siempre es una fiesta.
Porque la gran virtud de Buñuel es que hizo un cine que nadie había hecho antes… y que nadie ha vuelto a hacer después. Su universo sigue siendo absolutamente original. Hay directores con muchos imitadores; Buñuel no tiene ninguno.
Aquí, además, vuelve a colar esas bromas privadas tan suyas. Mientras asistimos a una historia de pasión enfermiza, aparecen atentados terroristas casi como ruido de fondo y ese delirante “grupo armado del Niño Jesús”, una de esas ocurrencias surrealistas que le hacían gracia al propio Buñuel, aunque medio patio de butacas se quedara pensando qué demonios acababa de ver. Y precisamente ahí reside parte de su encanto.
La película es, en el fondo, la historia de un deseo condenado a no satisfacerse jamás. Fernando Rey, magnífico como Mathieu Faber, vive obsesionado con Conchita, interpretada de forma insólita por Ángela Molina y Carole Bouquet. Y ahí está una de las ideas más brillantes de toda la película.
Lo normal habría sido utilizar una actriz para el lado apasionado y otra para el lado frío del personaje. Buñuel hace exactamente lo contrario: cambia de actriz cuando le da la gana, sin explicación alguna, sin seguir ninguna lógica psicológica. Y funciona. Sorprendentemente funciona. Dos mujeres completamente distintas acaban construyendo un único personaje de forma totalmente orgánica.
Y hay que decirlo: Ángela Molina está absolutamente deslumbrante. Su presencia en pantalla es magnética y ese inolvidable flamenco-striptease pertenece por derecho propio a la antología del cine español.
Mientras tanto, Mathieu se consume persiguiendo un deseo imposible.
Conchita lo seduce, lo rechaza, lo humilla, vuelve a acercarlo y vuelve a alejarlo.
El deseo nunca satisfecho acaba siendo mucho más poderoso que el deseo cumplido.
Da la sensación de que, si alguna vez hubiera consumado la relación, toda esa obsesión se habría evaporado en cuestión de minutos.
También aparece esa misoginia tan característica del cine de Buñuel, donde la mujer suele convertirse en objeto de fascinación, de deseo y también de desconcierto para unos hombres incapaces de comprenderla.
Puede discutirse, puede incomodar, pero forma parte inseparable de su mirada y aquí queda representada con una claridad extraordinaria.
Una genialidad más del maestro.
Una película que no pierde un gramo de personalidad casi cincuenta años después y que confirma que revisitar a Buñuel nunca es una pérdida de tiempo; es recordar que hubo un cineasta capaz de inventar un mundo que solo existía dentro de su cabeza.
Mi puntuación: 9,77/10.

Dirigido por Luis Buñuel:

Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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