La desaparición de Josef Mengele – Das Verschwinden des Josef Mengele – 2025 – Kirill Serebrennikov – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de La desaparición de Josef Mengele

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La larga agonía de un verdugo que nunca pidió perdón

 

Josef Mengele consiguió escapar de la justicia. Lo que no consiguió fue escapar de sí mismo.

 

La desaparición de Josef Mengele (Das Verschwinden des Josef Mengele, 2025) está dirigida por Kirill Serebrennikov, cineasta ruso de trayectoria especialmente incómoda y personal.

 

Entre sus trabajos más destacados figuran Leto (2018), La fiebre de Petrov (2021), La mujer de Chaikovski (2022) y Limonov: The Ballad (2024).

 

Con esta película adapta la novela La desaparición de Josef Mengele, de Olivier Guez, y vuelve a trabajar con el director de fotografía Vladislav Opelyants.

 

La película, producción germano-francesa protagonizada por August Diehl, fue presentada en el Festival de Cannes de 2025 dentro de la sección Cannes Première.

 

No compitió por la Palma de Oro, por lo que conviene no confundir selección oficial con competición.

 

 

La larga agonía de un verdugo

 

La desaparición de Josef Mengele no se ocupa tanto del monstruo de Auschwitz como del hombre que consiguió sobrevivir al monstruo que había sido. O, mejor dicho, que seguía siendo.

 

Serebrennikov relata los años de huida de Josef Mengele por Sudamérica, saltando entre distintas épocas y lugares.

 

Argentina, Paraguay y Brasil conforman el mapa de un fugitivo que va cambiando de residencia, aspecto y nombre mientras intenta evitar que la justicia llegue hasta él.

 

La estructura fragmentada encaja perfectamente con esa existencia clandestina.

La película avanza por capítulos, identidades y momentos diferentes hasta llegar al Mengele anciano, visitado por su hijo Rolf.

No estamos ante una biografía convencional, sino ante la progresiva degradación física de un hombre cuya ideología permanece sorprendentemente intacta.

 

Rodada fundamentalmente en un áspero blanco y negro, con algunas irrupciones del color, la película evita cualquier tentación de embellecer a su protagonista.

August Diehl realiza una interpretación extraordinariamente desagradable, y eso es precisamente un elogio.

 

Porque lo verdaderamente aterrador no es descubrir que Mengele fue nazi.

Eso ya lo sabemos.

Lo espantoso es comprobar que nunca dejó de serlo.

 

No hay arrepentimiento.

No hay sentimiento de culpa.

Ni siquiera aparece la miserable excusa del «cumplía órdenes».

Mengele continúa creyendo en aquello que hizo.

Sigue considerando inferiores a los judíos, mantiene intacto su racismo y continúa defendiendo las delirantes fantasías de pureza racial y expansión del pueblo alemán.

 

La guerra terminó, el Tercer Reich desapareció y sus crímenes fueron expuestos ante el mundo.

Él, sin embargo, no aprendió absolutamente nada.

 

Eso convierte al personaje en alguien todavía más despreciable.

 

Su paranoia permanente ante una posible captura por Israel o el Mossad tampoco genera compasión.

Al contrario. Hay algo casi satisfactorio en contemplar cómo vive pendiente de cualquier coche, cualquier desconocido o cualquier movimiento sospechoso.

El verdugo convertido en fugitivo perpetuo.

 

Pero sería consolador pensar que Mengele era simplemente un monstruo aislado.

La película tampoco concede ese alivio.

A su alrededor encuentra personas que lo protegen, lo comprenden o comparten buena parte de su pensamiento.

El nazismo no desapareció mágicamente en mayo de 1945.

Muchos nazis simplemente se quitaron el uniforme.

 

La desaparición de Josef Mengele termina siendo así la larga agonía de un verdugo sin arrepentimiento, un fanático incapaz de reconocer el horror que provocó y convencido hasta el final de que el equivocado era el mundo.

 

Mengele consiguió algo que demasiados criminales nazis consiguieron: morir sin ser juzgado.

 

No consiguió, al menos aquí, que lo recordemos con otra cosa que no sea desprecio.

 

Y después de dos horas contemplando su racismo, su fanatismo y su absoluta ausencia de remordimientos, cuesta encontrar una despedida elegante.

 

Así que tampoco voy a intentarlo.

 

Menudo hijo de puta. Muérete. Púdrete, cabrón.

 

Mi puntuación: 7,87/10.

 

August Diehl como Josef Mengele en La desaparición de Josef Mengele

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

Escena de La desaparición de Josef Mengele

 

 

 

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Muchos besos y muchas gracias.

¡Nos vemos en el cine!

 

 

 

 

Chistes y críticas en holasoyramon.com

Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

 

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