

Cutrecomentario de Ramón:
Cómo pasar de cabreado profesional a persona decente gracias a un cura con paciencia infinita.
El director
El francés Éric Besnard no es ningún recién llegado. Lleva años moviéndose con soltura en el cine histórico y en ese cine francés de época que parece rodado entre pan recién hecho, barro y dignidad humana.
Empezó como guionista —por ejemplo en Babylon A.D. (2008), de Mathieu Kassovitz—, pero donde realmente ha brillado es como director.
Entre sus películas más conocidas están Le Goût des merveilles (2015), la estupenda Delicioso (Délicieux, 2021), ambientada en el nacimiento de la restauración moderna en Francia, y Louise Violet (2024).
Besnard suele apostar por historias humanistas, personajes que buscan redención y una puesta en escena muy pegada a la tierra.
Nada de artificios innecesarios: barro, campo, personas y conflictos morales. Vamos, lo que le va perfecto a Victor Hugo.
Cutrecomentario
Esta Los miserables: el origen se centra en la primera etapa del personaje de Jean Valjean, cuando todavía es básicamente un señor cabreado con la humanidad.
No es para menos: acaba en la cárcel por un delito injusto y sale de allí convertido en una mezcla entre animal herido y bomba emocional a punto de estallar.
La película arranca precisamente en ese punto: un tipo que ha perdido la fe en todo y que ve el mundo como un sitio donde lo único que merece la pena es devolver los golpes.
Pero claro, entonces aparece el famoso obispo que le da cobijo. Y ahí está el corazón de la historia: el momento en que una persona puede elegir entre seguir siendo un cabrón resentido o intentar convertirse en alguien decente.
No es un dilema menor. Básicamente es la eterna pregunta: ¿somos lo que nos hacen o lo que decidimos ser?
La película plantea esa idea con bastante inteligencia.
No es una versión histérica ni melodramática.
Besnard opta por un tono bastante sobrio, incluso naturalista.
Mucho exterior, paisajes que huelen a campo francés del siglo XIX y decorados que parecen reales, no de cartón piedra.
Se agradece: aquí no hay sensación de parque temático histórico.
Además, la narración está muy bien estructurada. Va directa al conflicto moral del personaje sin ponerse demasiado solemne. Algo que, tratándose de Victor Hugo, ya es mérito.
Otra cosa interesante es que no intenta competir con otras versiones de Los miserables. Y menos todavía con el musical cinematográfico Los miserables (2012) de Tom Hooper, que jugaba a otra liga completamente distinta: canciones, lágrimas y primeros planos sudorosos.
Aquí la apuesta es otra: contar el origen del personaje con un tono más contenido, más adulto, casi reflexivo.
Una película pensada para un público que disfruta de los dilemas morales más que de los numeritos musicales.
Y lo cierto es que funciona. Porque cuando una historia habla de algo tan básico como la posibilidad de elegir entre ser buena persona o convertirse en un psicópata resentido… siempre resulta interesante.
En resumen: una adaptación sobria, bien rodada, con un aire muy naturalista y que podría ser perfectamente el arranque de una saga dedicada a Los miserables. Y si siguen por este camino, no sería mala idea.
Por cierto, no me consta que Carlos Boyero haya escrito todavía sobre esta película. Aunque uno se lo imagina diciendo algo así como: “no está mal, pero sigo prefiriendo cuando Jean Valjean canta”. Y tampoco sería raro. 😏
#YoVoyAlCine
Mi puntuación: 7,66/10.

Dirigido por Éric Besnard:

Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

Chistes y críticas en holasoyramon.com
Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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