Ocho sentencias de muerte – 1949 – Robert Hamer – Taller de Cine de Azuqueca de Henares

 

Se trata de una comedia negra con un humor muy británico y también muy alocada.

 

Hay una crítica a la aristocracia y una especie de venganza al cargarse a ocho de sus miembros en la peli.

 

Con una fotografía en blanco y negro magnífica y con unos planos muy estudiados.

 

Alec Guinness interpreta ocho papeles secundarios diferentes de la familia D’Ascoyne, incluido el de Lady Ágata.

 

Los dos personajes femeninos que aparecen en la peli son totalmente contrapuestos.

 

Sibella es ambiciosa, egoísta, manipuladora, adúltera y lleva unos sombreros imposibles. Es la mujer fatal de la peli, la que incita al personaje de Louis a la perdición.

 

Una peli muy divertida muy british, pero con muy mala leche.

 

Ha sido un placer volverla a ver y además en tan estupenda compañía.

 

Le sobra voz en off, varias veces absolutamente innecesaria.

 

Os cuento un par de anécdotas.

 

Cuando Guinness, interpretando al Almirante, se hunde con su barco, fue atado para que al subir el nivel del agua se mantuviera de pie y no flotara.

Cuando el agua le cubrió la cabeza se dieron cuenta que habían olvidado idear un sistema para soltarlo en ese momento.

Alec pasó un mal rato hasta que lo liberaron.

 

Cuando interpreta a Lady Ágata en el globo, Guinness no se sentía muy seguro.

Pidió un seguro de vida muy elevado pero la productora Ealing Studios, famosa por su tacañería, se negó.

Por lo que Alec no accedió a volar a más de 15 pies de altura y a salir en la toma en la que el globo caía.

Se eligió a un especialista belga que se disfrazó de la lady para salir en esa toma.

Un belga disfrazado de la mujer que interpretaba Guinness.

 

Hay una escena en la que salen seis miembros de la familia D’Ascoyne juntos, es decir Guinness por seis.

Esta escena tardó en rodarse dos días.

Se colocaron seis figura de cartón para cada uno de los personajes y la cámara rodó seis veces la escena con Alec poniendo su cabeza en cada sitio alternativamente.

El encargado de la cámara no durmió para vigilar que nada se moviera.

Delante de la cámara se colocaron cinco pantallas negras y una de vidrio que iban cambiando según el personaje que se filmara.

 

La peli se rodó, en parte, en el Castillo de Leeds en Kent, Inglaterra, la vivienda de esta familia.

 

En USA el Código Hays obligó agregar un epílogo diciendo que fue condenado por sus crímenes, en aquella época no se consentía que ningún delito quedara impune.

 

Su final está considerado uno de los mejores de la historia del cine.

 

A pesar de interpretar a un montón de secundarios la profesionalidad de Guinness fue ejemplar.

 

Hizo una profunda amistad con el director, Robert Hamer, que duró toda su vida.

 

 

Muchos besos y muchas gracias.

 

Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

Colaborador de Esradio Guadalajara y Alcarria TV

 

Twitter @Holasoyramon

 

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