

Cutrecomentario de Ramón:
“Michael: santo, mártir… y ni una cagada de la llama”
Antoine Fuqua no es precisamente un director de musicales para bailar en la ducha.
Es más bien de tiros, sudor y miradas intensas.
Ahí están Training Day (con Óscar para Denzel Washington), El protector, Los siete magníficos, Objetivo: Washington D.C. o Emancipation.
Vamos, que lo suyo suele ser repartir estopa con estilo.
Por eso sorprende verlo metido en un biopic musical sobre Michael Jackson, cambiando las balas por el moonwalk. Y oye, lo intenta… pero no termina de cambiar del todo de registro.
Y entrando en el asunto, Michael es un biopic de esos que ahora salen como churros, centrado en la vida del artista entre 1966 y 1988. Un periodo suficientemente jugoso como para montar el espectáculo… y también lo bastante controlado como para no meterse en demasiados charcos.
La película no es tanto un retrato complejo como una especie de geografía emocional del personaje, pero con GPS trucado: todo apunta a que Michael Jackson era poco menos que un ángel caído del cielo.
Se justifican sus rarezas con bastante mimo: su amor por los animales (rata, llama, jirafa… aquello parece más un safari que Neverland), su dificultad para relacionarse con la gente “normal” porque todo el mundo le pedía autógrafos… y claro, así cualquiera se acaba haciendo amigo de una llama. Por cierto, detalle técnico: en el cine los animales no cagan. Misterio sin resolver.
También se sugiere —aunque sin entrar de lleno— el tema de su consumo de fármacos, ligado a dolores crónicos por cirugías y al famoso accidente con quemaduras en el cuero cabelludo, que aquí casi parece una experiencia cercana a la muerte con épica incluida. Todo muy medido, muy suavecito.
Y luego está el elefante en la habitación… que directamente no aparece. El tema de las acusaciones de abusos se esquiva con elegancia olímpica, reconduciéndolo hacia su amor por los niños enfermos y su faceta caritativa.
La película prefiere no despeinarse. Ya si eso, lo dejamos para la secuela, que es donde promete venir la mandanga de verdad.
Porque claro, en todo cuento hace falta un villano. Y aquí ese papel recae en su padre, interpretado por Colman Domingo, que se entrega con entusiasmo… quizá demasiado. Un padre tiránico, disciplinario hasta lo militar, con cinturón en mano y cero matices. Vamos, el malo oficial con cartel luminoso.
En lo musical, eso sí, la cosa funciona. Ver recreadas las actuaciones y escuchar temazos de Michael Jackson en pantalla grande siempre es un gustazo. Ahí la película gana muchos puntos. Y Jaafar Jackson, su sobrino, cumple: se parece, se mueve bien, pero le falta ese magnetismo casi sobrenatural que tenía el original. No es culpa suya, es que competir con ese nivel es jugar en modo leyenda.
En resumen, Michael se deja ver, entretiene y tiene momentos brillantes, pero es un biopic demasiado blanqueado, demasiado reverencial y con más miedo que valentía.
Se nota que esto es solo el primer asalto: una introducción bien peinada a la espera de una segunda parte que, si se atreve, debería meterse en el barro.
De momento, mucho espectáculo, mucha música… y muy poco conflicto real. Como una fiesta en Neverland donde todo es bonito… y nadie recoge lo que deja la jirafa.
Mi puntuación: 5,65/10.

Dirigido por Antoine Fuqua:

Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

Chistes y críticas en holasoyramon.com
Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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Yo estoy deseando verla.
Mejor así, sin conflicto para disfrutar d la buena música y no quedarnos con mal sabor d boca.
Todos sabemos la historia real…..