Casi todo bien – 2026 – Andrés Salmoyraghi, Rafael López Saubidet – #YoVoyAlCine

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Casi todo bien… salvo escribir 1500 páginas que no se lee ni tu madre”

 

Sobre los directores, Andrés Salmoyraghi y Rafael López Saubidet, hay que decirlo claro: no son nombres todavía muy asentados en el largometraje.

 

Casi todo bien supone prácticamente su carta de presentación en este formato, tras trabajos previos más ligados a otros ámbitos (publicidad, guion, proyectos menores).

 

Aquí se lanzan a una comedia con alma de drama, que no es precisamente el camino fácil para debutar. Valientes, desde luego.

 

Y entrando en materia, Casi todo bien es una comedia… pero de esas que duelen un poco. Porque en el fondo esto es un drama como una casa, muy en la línea de lo que decía Billy Wilder: la diferencia entre comedia y tragedia es cuestión de tono. Aquí el tono te hace sonreír, pero si rascas un poco, hay bastante miseria emocional debajo.

 

El protagonista, Hilario (interpretado por Marcel Borràs), es ese tipo que todos hemos conocido… o peor, hemos sido en algún momento: un amante de la literatura desde niño, convencido de su talento, que a los treinta y muchos sigue aferrado a una novela imposible de 1500 páginas que no va a publicar absolutamente nadie.

 

Y vive en una especie de limbo vital, en una habitación conseguida de rebote, trabajando en una librería donde básicamente pierde el tiempo y alimentando un sueño que ya huele a naftalina.

 

Es un personaje patético, sí, pero también reconocible. De esos que dan pena y risa a la vez.

 

Y entonces aparece ella. Silma López, magnética, luminosa, con una energía que parece venir de otro planeta. Una chica completamente ajena a ese mundo literario intensito, profesora de esas clases de gimnasio donde la gente salta, suda y sobrevive como puede. Vamos, la antítesis perfecta del protagonista.

 

Y claro, pasa lo que tiene que pasar: ella le da vida. Literalmente. Le sacude, le arrastra, le pone frente a algo que no son palabras sino emociones reales. Y ahí es donde la película encuentra su mejor idea: la reflexión sobre qué es la literatura. Si es postureo intelectual o si es, simplemente, escribir desde lo que uno vive y siente de verdad.

 

Alrededor, un desfile de secundarios que elevan el conjunto: Julián Villagrán, siempre en ese punto entre lo entrañable y lo caótico; Secun de la Rosa, fantástico como ese escritor de “novela fácil” que seguramente vende más que el protagonista sin despeinarse; Adelfa Calvo, impecable como jefa que mira con resignación; y Lorenzo Ferro, completando ese pequeño ecosistema de perdedores funcionales.

 

La película acaba siendo eso: el retrato de un perdedor. Pero no uno épico, sino uno bastante torpe, bastante incapaz de vivir fuera de sus propias fantasías literarias. Un tipo que quiere vivir en los libros porque la vida real le queda grande… y que cuando por fin tiene algo auténtico delante, no sabe qué hacer con ello.

 

Casi todo bien funciona mejor como drama disfrazado de comedia que como comedia pura. Tiene momentos muy lúcidos, personajes bien dibujados y una idea central interesante: que vivir en la literatura está muy bien… hasta que te das cuenta de que la vida va por otro lado.

Y ahí, amigo, no hay editorial que te salve.

 

Mi puntuación: 6,55/10.

 

 

 

Dirigido por Andrés Salmoyraghi, Rafael López Saubidet:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Muchos besos y muchas gracias.

¡Nos vemos en el cine!

 

 

 

Chistes y críticas en holasoyramon.com

Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

 

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