El Blog de Hola Soy Ramón!

 

Centauros de la Alcarria – 2026-07-03 – Robin Hood, una de tiros y cine de verano con Wilder Cinema

3/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

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Letras robadas – Power Ballad – 2026 – John Carney – #YoVoyAlCine

3/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

 

En busca del éxito perdido

 

John Carney vuelve a su terreno favorito: músicos heridos, canciones que parecen salvar vidas y personajes con más frustraciones que acordes.

 

Ya había tocado la gloria con Once, la nostalgia luminosa con Sing Street y el buenrollismo algo prefabricado de Begin Again.

 

En Letras robadas se queda justo en medio: ni obra maestra emocional ni postal con guitarra para vender tazas.

 

Una power ballad es una balada de rock que comienza de forma suave y emotiva y va creciendo hasta convertirse en una canción muy intensa, con guitarras eléctricas, batería potente y una interpretación vocal apasionada.

 

Fue un estilo muy popular en los años ochenta y principios de los noventa, especialmente entre las bandas de hard rock y heavy metal.

 

El título de la película Power Ballad hace referencia precisamente a ese tipo de canciones cargadas de emoción, nostalgia y épica romántica.

 

 

Cutrecomentario

 

De John Carney tengo sentimientos encontrados.

 

Sing Street, de 2016, me encantó. Conecté muchísimo con aquella película, con su música, con sus chavales y con esa energía juvenil tan bien afinada.

 

En cambio, Begin Again, de 2014, me dejó un regusto falso, demasiado complaciente, demasiado diseñada para abrazar al público con una manta calentita y una taza de infusión moral.

 

Letras robadas vive exactamente entre esas dos orillas.

 

Por un lado, funciona muy bien.

 

Paul Rudd interpreta a Rick Power, un hombre que pudo haber intentado triunfar en la música, pero interrumpió su carrera para cuidar de su hija.

No fue un año sabático, fue un año de paternidad, que suena menos glamuroso pero bastante más heroico.

Ahora canta en bodas, arrastrando ese resquemor de no saber qué habría pasado si hubiera seguido adelante.

 

Enfrente está Nick Jonas como Danny Wilson, antiguo miembro de una boy band, lo cual tiene su gracia porque el propio Nick Jonas sabe bastante de eso sin necesidad de apuntador.

Su personaje roba una canción y la convierte en un éxito.

Y ahí aparece la gran pregunta: ¿por qué una canción triunfa? ¿Por la melodía? ¿Por quien la canta? ¿Por quien la vende? ¿O porque contiene una verdad?

 

La película defiende que una canción conecta cuando transmite algo verdadero de su autor, aunque esa verdad sea incluso absurda.

Danny Wilson la interpreta como una canción de amor hacia su novia, pero debajo late otra cosa. Y eso es lo más interesante del relato.

 

También habla de la autoría artística.

¿Una canción pertenece al que tiene la idea, al que la desarrolla, al que la canta o al que la convierte en número uno?

En el mundo de la música, donde todo se monetiza hasta el suspiro desafinado, la pregunta tiene más miga que un bocadillo de calamares.

 

La película también reflexiona sobre renunciar al éxito en favor de la felicidad familiar.

Eso está muy bien planteado, porque no siempre la vida que no fue es mejor que la vida que tenemos. A veces el sueño frustrado solo parece maravilloso porque nunca tuvo que pagar hipoteca.

 

El problema es que John Carney vuelve a tirar de ciertos recursos buenrolleros que se ven venir desde Dublín con prismáticos.

El amigo desastre, el final feliz muy redondito, la emoción colocada justo donde toca…

Todo funciona para el gran público, pero también se le ven un poco las costuras al ensamblado. Y cuando uno ve las costuras, ya no está viendo magia: está viendo al sastre sudando.

 

Paul Rudd está muy bien, además cantando sus canciones con bastante solvencia.

Nick Jonas encaja perfectamente en el papel, casi jugando consigo mismo.

Pero quien más me ha gustado del reparto es Beth Fallon como Aja Power, la hija de Rick. Está estupenda, natural, fresca y con una presencia que ilumina muchas escenas sin necesidad de hacer aspavientos.

 

Letras robadas es una película simpática, entretenida y con ideas interesantes sobre el fracaso, la paternidad, el éxito y la propiedad de las canciones. Pero también es una película algo manipuladora, demasiado empeñada en caer bien.

 

Y claro, una cosa es que te canten una balada. Otra, que te la canten mirándote fijamente para que llores cuando ellos han decidido.

 

Mi puntuación: 6,57/10.

 

 

 

Dirigido por John Carney:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Supergirl – 2026 – Craig Gillespie – #YoVoyAlCine

3/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

 

Borrachera, resaca y venganza con el sol rojo

 

Craig Gillespie es un director al que siempre le han interesado los personajes heridos, inadaptados y con más aristas que un diamante.

 

Ahí están Yo, Tonya, Cruella, Lars y una chica de verdad o el excelente remake de Noche de miedo.

 

Ahora traslada esa sensibilidad al Universo DC con una superheroína que se aleja del molde clásico para abrazar una personalidad mucho más oscura, vulnerable y gamberra. Y, sorprendentemente, le sienta de maravilla.

 

En el cine, Supergirl ha tenido pocas oportunidades para lucirse. Debutó en solitario con Supergirl (1984), protagonizada por Helen Slater, una producción hoy recordada más por su ingenuidad que por sus virtudes.

 

Décadas después llegó la versión de Sasha Calle en The Flash, que apenas tuvo tiempo para desarrollarse.

 

Ahora Milly Alcock recoge el testigo en una adaptación inspirada en el cómic Supergirl: Woman of Tomorrow, probablemente la encarnación cinematográfica más compleja y adulta del personaje hasta la fecha. 

 

 

Cutrecomentario

 

Me ha gustado mucho. Muchísimo.

 

Lo primero que sorprende es que esta Supergirl no tiene absolutamente nada que ver con la imagen de niña perfecta que muchos tenían en la cabeza.

 

Es una heroína depresiva, triste, con alma punk, que intenta ahogar sus demonios entre borracheras en aquellos planetas con sol rojo donde puede emborracharse porque deja de tener poderes. Vive permanentemente entre la resaca física y la emocional.

 

Su pasado pesa como una losa. Y eso la convierte en un personaje muchísimo más interesante que el típico superhéroe impoluto.

 

Mientras su primo Superman estaría encantado de bajar un gato de un árbol, ella bastante tiene con levantarse de la cama sin acordarse de todo lo que perdió.

 

Entonces aparece en su vida una niña de trece años, Ruthye, con un pasado tan devastador como el suyo. Las une el dolor. Y también el deseo de venganza.

 

Pero precisamente porque Supergirl sabe que vengarse no cura absolutamente ninguna herida, hará todo lo posible para impedir que esa niña termine destruyéndose a sí misma.

 

La película deja bastante claro que la venganza puede aliviar durante cinco minutos… y amargarte toda la existencia.

 

El otro gran amor de Kara es Krypto, su perro kriptoniano, probablemente el único ser vivo al que quiere sin reservas. Cuando lo envenenan y necesita conseguir el antídoto, se lanza a una carrera desesperada en la que es capaz de arrasar con quien se le ponga delante. Porque una cosa es tocarle el orgullo… y otra muy distinta tocarle al perro.

 

Las escenas de acción son una auténtica barbaridad. Están rodadas con fuerza, con imaginación y con un ritmo que apenas concede descanso.

 

Craig Gillespie demuestra que sabe combinar espectáculo con desarrollo de personajes sin que una cosa estorbe a la otra.

 

Y luego está el villano. Krem  (Matthias Schoenaerts) compone un enemigo despiadado, cruel y sin demasiados matices morales. Es de esos tipos que consiguen que desees que alguien les dé un buen puñetazo… preferiblemente con fuerza kriptoniana. Al que le gusta el picoteo en plato ajeno.

 

Milly Alcock está magnífica. Tiene solo veintiséis años, transmite una enorme fragilidad y al mismo tiempo una presencia física extraordinaria.

 

Resulta muy fácil empatizar con esta Kara Zor-El, que parece vivir permanentemente enfadada con el universo. Tengo la impresión de que aquí puede haber nacido una estrella del cine fantástico.

 

También aparece Jason Momoa como Lobo, en un papel más bien anecdótico y bastante pasado de revoluciones. No aporta demasiado a la historia, pero tampoco llega a molestar.

 

Siempre he sido muy fan de las superheroínas. Wonder Woman me conquistó hace tiempo. Capitana Marvel también me parece un personaje estupendo. Y desde hoy añado a esta Supergirl a la colección.

 

Lo curioso es que luego nos quejamos de que los superhéroes siempre son iguales. Pero cuando aparece uno realmente distinto, roto por dentro, lleno de contradicciones y emocionalmente complejo, el público tampoco responde en masa. Una pena.

 

Y otra reflexión. Da la sensación de que cuando la protagonista es una superheroína todavía hay quien piensa que la película va dirigida exclusivamente al público femenino. Qué error tan enorme. Supergirl es cine de aventuras para cualquiera que disfrute viendo personajes bien construidos, independientemente del sexo del héroe que lleve la capa.

 

Por mi parte, habrá segundo visionado. Hay películas que entretienen. Y otras que, además, consiguen que acabes cogiéndoles cariño a sus cicatrices.

 

Mi puntuación: 8,77/10.

 

 

 

Dirigido por Craig Gillespie:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Minions & Monsters (Animación) – 2026 – Pierre Coffin – #YoVoyAlCine

3/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cantando bajo los plátanos

 

Pierre Coffin vuelve a ponerse al frente de la franquicia que él mismo ayudó a convertir en un fenómeno mundial.

 

Director de Gru, mi villano favorito, Gru 2. Mi villano favorito, Los Minions y también la voz de esos ininteligibles seres amarillos, llevaba tiempo buscando una forma de no repetirse.

 

La encontró viajando al Hollywood de los años veinte y convirtiendo a los Minions en una carta de amor al cine mudo. Y la jugada le sale sorprendentemente bien.

 

 

Cutrecomentario

 

Los Minions ya nos tienen mal acostumbrados. Cada nueva aventura suele garantizar hora y media de carcajadas, caos y plátanos. Pero esta vez han decidido subir la apuesta. Y vaya si la suben.

 

Las expectativas quedan pulverizadas desde los primeros minutos. Minions & Monsters es un no parar de gags, ocurrencias y situaciones delirantes.

 

No hay tiempo para mirar el reloj porque la película no concede ni un segundo de tregua. Va disparada de principio a fin.

 

Aquellos secundarios que nacieron para acompañar a Gru hace ya unos cuantos años se han convertido en auténticas estrellas.

 

Su funcionamiento como grupo sigue siendo el gran secreto de su éxito: el gamberrismo, la torpeza perfectamente organizada, el absurdo elevado a arte y ese lenguaje imposible que, incomprensiblemente, todos acabamos entendiendo.

 

Aquí los protagonistas son James, Henry y Ed, tres Minions bastante peculiares. Son los raritos de la tribu, los marginados, los que no terminan de encajar entre los suyos.

 

Precisamente por eso poseen una personalidad mucho más marcada y acaban resultando irresistibles.

 

James ejerce además como el soñador cinéfilo del grupo, mientras Henry y Ed forman el equipo perfecto para que todo salga… rematadamente mal. 

 

Pero donde Pierre Coffin demuestra que todavía le queda gasolina es en el homenaje al nacimiento del cine. No es un simple guiño. Es una auténtica declaración de amor al séptimo arte.

 

Los Minions se pasean por el cine mudo con una naturalidad pasmosa y aparecen referencias y homenajes a Charles Chaplin, Buster Keaton, Georges Méliès y otros pioneros que harán las delicias de cualquier aficionado. Es una de esas películas que piden un segundo visionado para descubrir todos los detalles que se escapan la primera vez. 

 

Los niños se lo pasarán como salvajes. Eso está garantizado. Pero sospecho que quienes más la van a disfrutar serán los espectadores con algunas canas y muchos clásicos vistos.

 

Recuerdo que una chica joven me comentó una vez que los Minions gustaban especialmente a los ancianos. Me hizo gracia. Ahora, que no me queda un pelo de tonto (ni de listo), empiezo a pensar que tenía toda la razón.

 

Quizá los millennials —o quienes no hayan crecido viendo cine clásico— disfruten menos de esa segunda capa de lectura. Los boomers, en cambio, tenemos aquí un festival de nostalgia servido con plátanos, mamporros y mucho cariño.

 

Jesús, gerente de los Multicines Guadalajara, comentaba que en las primeras proyecciones del estreno el público familiar terminó completamente entregado. Hubo aplausos al finalizar la película y también durante los sketches finales. No me extraña lo más mínimo.

 

Hacía tiempo que una película de animación no me dejaba con tantas ganas de volver a verla al día siguiente. Y eso, en estos tiempos de franquicias exprimidas hasta la última gota, vale su peso en bananas.

 

Mi puntuación: 9.55/10.

 

 

 

Dirigido por Pierre Coffin:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Alcarria TV – Al Cine con Ramón y Diego – 2026-06-24 – Toy Story 5, Viva

3/07/2026

 

 

 

 

 

Programa semanal para radio y televisión dedicado al cine y a las series.

 

Coordinado por José Luis Solano y con la presencia del productor y cinéfilo Diego Gismero y con la del crítico de cine Ramón Bernadó.

 

Espacio grabado en Zoom para Alcarria TV y EsRadio Guadalajara.

 

Se analizan las películas que son estrenadas en los Multicines Guadalajara y las series de todas las plataformas de streaming.

 

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Alcarria TV – Al Médico con Ramón – Los calambres musculares: por qué aparecen, qué significan y cómo evitarlos

3/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Programa semanal para EsRadio Guadalajara y Alcarria TV, presentado por José Luis Solano, con la participación del Dr. Ramón Bernadó.

 

Este profesional con más de cuarenta años de ejercicio nos explica temas relacionados con la salud.

 

Se comenzó a emitir desde Abril de 2020 en plena pandemia.

 

Ha realizado un recorrido por diversas enfermedades, trastornos mentales y adicciones.

 

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Centauros de la Alcarria – 2026-06-26 – Supergirl, obsesiones, Minions, Cine de YouTube… y Ramón con el cuchillo entre los dientes

3/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

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Christy: el combate de su vida – 2025 – David Michôd – Movistar Plus+

24/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

De Euphoria al ojo morado: cuando Hollywood descubre que las actrices también actúan

 

David Michôd es uno de los nombres más interesantes surgidos del cine australiano de las últimas décadas.

 

Debutó con la excelente Animal Kingdom y posteriormente dirigió títulos como The Rover, Máquina de guerra o El rey.

 

Su filmografía suele moverse entre personajes complejos, ambientes hostiles y seres humanos empeñados en tomar malas decisiones una detrás de otra.

 

En Christy: el combate de su vida cambia los reyes medievales por los cuadriláteros de boxeo y los matrimonios tóxicos.

 

 

Cutrecomentario

 

Da la sensación de que el principal objetivo de esta película no es contar la historia de la boxeadora Christy Martin.

 

El principal objetivo parece ser demostrar que Sydney Sweeney sabe actuar.

 

Y, sinceramente, lo consigue.

 

Durante años Hollywood ha explotado la imagen de la actriz como una especie de muñeca perfecta. Ahí está Euphoria para recordarlo cada cinco minutos. Su físico terminaba eclipsando muchas veces su trabajo interpretativo.

 

Así que llega el momento de la transformación.

 

La vieja tradición hollywoodiense.

 

La actriz guapa se afeita el glamour, gana peso, se despeina, se pone ropa fea, se lleva un par de golpes y el mundo descubre que también tiene talento.

 

Lo hicieron antes Charlize Theron en Monster, Nicole Kidman en Las horas y unas cuantas más que comprendieron rápidamente cómo funciona la maquinaria de premios.

 

Aquí Sydney Sweeney abandona por completo la imagen de sex symbol y se convierte en una mujer sometida a una relación profundamente tóxica.

 

Y está francamente bien.

 

Especialmente durante los combates.

 

Las escenas de boxeo transmiten fuerza, energía y una credibilidad física que sorprende bastante.

 

Hay momentos en los que resulta difícil reconocer a la actriz que aparecía paseándose por los pasillos del instituto en Euphoria.

 

El problema es que la película que la rodea no está a la misma altura.

 

Porque esto ya lo hemos visto muchas veces.

 

Demasiadas veces.

 

La deportista que lucha contra la adversidad.

 

El marido abusador.

 

La superación personal.

 

La caída.

 

La recuperación.

 

La redención.

 

La victoria.

 

A los veinte minutos ya se puede escribir el final con bastante precisión.

 

El personaje del marido, interpretado por Ben Foster, tampoco ayuda demasiado a escapar de los clichés. Es tan miserable, tan tóxico, tan manipulador y tan desagradable que parece fabricado en una cadena de montaje especializada en villanos domésticos. No tiene un solo matiz amable. Es una bandera roja con piernas.

 

Más interesante resulta la madre.

 

Porque la película muestra algo menos habitual en este tipo de historias: la figura del familiar que colabora activamente en el abuso. Esa obsesión por guardar las apariencias, por evitar escándalos y por mantener una fachada de normalidad termina convirtiéndola en una pieza fundamental dentro del problema.

 

Mientras tanto, el padre y el hermano parecen vivir en una dimensión paralela bastante alejada de lo que ocurre delante de sus narices.

 

La película va introduciendo algunos personajes secundarios que aportan algo de aire fresco, pero nunca consiguen alterar la sensación general de estar viendo un relato extremadamente previsible.

 

Y ahí está el principal problema.

 

No es mala.

 

Ni mucho menos.

 

Está correctamente interpretada.

 

Está correctamente dirigida.

 

Está correctamente fotografiada.

 

Está correctamente montada.

 

Y precisamente ahí reside parte del problema.

 

Todo es correcto.

 

Nada resulta extraordinario.

 

La sensación de telefilme de prestigio para plataforma es constante.

 

De esas películas que se ven sin esfuerzo un sábado por la tarde, se comentan diez minutos y se olvidan el martes siguiente.

 

Sydney Sweeney sale reforzada del experimento.

 

La película, bastante menos.

 

Al final uno termina convencido de que la actriz tiene más recorrido que el propio filme. Y probablemente esa era la verdadera pelea que había que ganar.

 

Mi puntuación: 4,34/10.

 

 

 

Dirigido por David Michôd:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Normal – 2025 – Ben Wheatley – #YoVoyAlCine

24/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Saul Goodman se muda a Arma fatal y se encuentra con la Yakuza

 

Ben Wheatley es uno de esos directores británicos incapaces de aburrirse haciendo siempre la misma película.

 

En su filmografía conviven propuestas tan peculiares como Kill ListTuristasHigh-RiseFree FireRebecca o Megalodón 2: La fosa.

 

Capaz de pasar del thriller psicológico al cine de acción más desmadrado sin despeinarse demasiado, lleva años demostrando que la palabra “normal” no suele figurar en su diccionario. (Wikipedia)

 

La película se presentó en la sección Midnight Madness del Festival Internacional de Cine de Toronto de 2025 y recibió críticas generalmente positivas. (Wikipedia)

 

 

Cutrecomentario

 

Hay algo fascinante en la transformación de Bob Odenkirk en héroe de acción de jubilación activa.

 

A los 63 años se ha convertido en una especie de primo lejano de John Wick, pero con más pinta de haber venido de hacer la declaración de la renta que de liquidar ejércitos de asesinos. Y funciona.

 

Lo curioso es que en casi todas estas películas ocurre lo mismo: no busca problemas. Los problemas le encuentran a él. Como cuando sales a comprar el pan y acabas discutiendo con Hacienda, la comunidad de vecinos y un comercial de telefonía en la misma mañana.

 

Aquí interpreta a un sheriff provisional que llega a Normal, un pequeño pueblo de Minnesota de menos de 2.000 habitantes. Un lugar idílico donde todo el mundo se conoce, los conflictos consisten en pequeñas discusiones en la ferretería o el supermercado y la vida parece transcurrir a velocidad de siesta digestiva.

 

Le eligen precisamente porque es un tipo conciliador, tranquilo y poco dado a montar follones. Su plan consiste básicamente en no tocar nada, no alterar el ecosistema y disfrutar de una existencia apacible en uno de esos pueblos donde parece que nunca pasa absolutamente nada.

 

Claro que si una película de acción durase noventa minutos viendo a un sheriff rellenar formularios tampoco vendería demasiadas entradas.

 

Desde el principio queda claro que hay algo raro detrás de tanta felicidad. Algo relacionado con la Yakuza japonesa. Y hasta aquí puedo leer porque los spoilers son una plaga peor que los mosquitos en verano.

 

Lo que sí puede decirse es que el bueno de Odenkirk acaba descubriendo que la tranquilidad era una ilusión y que va a tener que desempolvar habilidades que seguramente prefería mantener guardadas.

 

A partir de ahí llegan los tiros, las explosiones, las bombas, las peleas, la violencia exagerada y todo tipo de barbaridades filmadas con un ritmo que no da demasiado tiempo a pensar. Y casi mejor. Porque la película no pretende revolucionar el cine ni convertirse en objeto de estudio universitario.

 

Su objetivo es divertir.

Y lo consigue.

 

Hay algo de Arma fatal, algo de Fargo, algo de Nadie y bastante espíritu de parque de atracciones cinematográfico donde uno se sube, disfruta del viaje y se baja sabiendo perfectamente que probablemente no recordará gran cosa dentro de seis meses.

 

Pero mientras dura, funciona como un reloj.

 

No aporta nada nuevo.

 

No cambiará la historia del cine.

 

No aparecerá en ninguna lista de las mejores películas de la década.

 

Pero qué demonios, me lo he pasado estupendamente.

 

Y a veces eso también cuenta. Mucho más de lo que algunos críticos están dispuestos a admitir.

 

Mi puntuación: 6,77/10.

 

 

 

 

Dirigido por Ben Wheatley:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Parque Lezama – 2026 – Juan José Campanella – Netflix

24/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Dos viejos, dos bancos y una charla que dura más que la trilogía de El Señor de los Anillos

 

Juan José Campanella juega en otra liga dentro del cine argentino.

 

Ganador del Óscar por El secreto de sus ojos, ha firmado títulos tan notables como El hijo de la novia, Luna de Avellaneda, Vientos de agua o Metegol.

 

Además, buena parte de su mejor cine ha contado con la presencia de Eduardo Blanco, uno de sus actores fetiche.

 

En Parque Lezama vuelve a reunirse con él para adaptar al cine una exitosa obra teatral que ya protagonizaban los mismos intérpretes.

 

 

Cutrecomentario

 

La receta parecía infalible.

 

Un director enorme como Juan José Campanella.

 

Dos actores extraordinarios como Eduardo Blanco y Luis Brandoni.

 

Y una obra teatral que había funcionado estupendamente sobre los escenarios argentinos.

 

¿Qué podía salir mal?

 

Pues que una obra de teatro siga pareciendo una obra de teatro cuando la conviertes en película.

 

Porque eso es exactamente lo que ocurre en Parque Lezama.

 

La historia transcurre casi íntegramente entre dos bancos de un parque y un puñado de personajes secundarios que aparecen de forma esporádica para recordar que existe vida más allá de los protagonistas. Y no pasa nada. De hecho, hay películas maravillosas construidas sobre premisas mínimas. El problema es que aquí la cámara parece estar muchas veces de vacaciones.

 

La gran fortaleza de la película son sus intérpretes.

 

Luis Brandoni interpreta a un fabulador profesional, un embaucador simpático, un cuentista de categoría olímpica capaz de reinventarse cada cinco minutos y de presentarse como quien haga falta según la ocasión. Es un personaje lleno de matices y con bastante gracia.

 

Frente a él aparece Eduardo Blanco, que vuelve a demostrar por qué es uno de los actores más fiables del cine argentino. Su personaje es casi la víctima perfecta de todas esas historias, un hombre mucho más débil, más vulnerable y más fácil de manipular.

 

La química entre ambos funciona.

 

Y mucho.

 

De hecho, funciona tan bien que sostiene prácticamente toda la película.

 

El problema es que la película les exige hacerlo absolutamente todo.

 

Porque la imagen queda relegada a un papel secundario. El cine se convierte en un mero acompañamiento visual para una sucesión casi interminable de diálogos. Y ahí es donde empiezan los problemas.

 

Hay espectadores que disfrutan viendo a dos personajes hablar durante hora y media. Yo no estoy entre ellos.

 

Llega un momento en que la película resulta agotadora. No porque los diálogos sean malos. No lo son. Ni porque los actores fallen. Tampoco. El problema es la acumulación. Conversación tras conversación, anécdota tras anécdota, reflexión tras reflexión.

 

Y el parque empieza a parecer más grande que Siberia.

 

Es una de esas películas que se admiran más de lo que se disfrutan.

 

Uno reconoce la calidad de la dirección, la categoría de los actores y la inteligencia del texto. Pero al mismo tiempo mira el reloj con cierta frecuencia y empieza a sospechar que el banco donde están sentados los protagonistas lleva más minutos en pantalla que algunos secundarios de Ben-Hur.

 

Al final queda la sensación de haber asistido a una representación teatral muy bien interpretada, pero no necesariamente a una película que aproveche las posibilidades del cine.

 

Tiene momentos entrañables.

 

Tiene interpretaciones magníficas.

 

Tiene oficio por todas partes.

 

Pero también tiene bastante de losa.

 

Y por mucho que Campanella, Brandoni y Blanco empujen juntos, no siempre consiguen levantarla.

 

Mi puntuación: 4,57/10.

 

 

 

Dirigido por Juan José Campanella:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Tiempo de victoria – Pressure – Anthony Maras – #YoVoyAlCine

24/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El Mariano Medina de la Segunda Guerra Mundial

 

Anthony Maras vuelve a demostrar que sabe generar tensión en espacios cerrados.

 

El director australiano llamó la atención con Hotel Bombay, aquel intenso thriller sobre los atentados de Mumbai protagonizado por Dev Patel y Armie Hammer, y ahora cambia el terrorismo por la meteorología.

 

También ha dirigido cortometrajes y documentales, aunque sigue siendo Hotel Bombay su obra más conocida.

 

En esta ocasión adapta junto a David Haig la obra teatral Pressure, centrada en uno de los episodios menos conocidos del Día D. (Wikipedia)

 

 

Cutrecomentario

 

Otra película sobre el desembarco de Normandía.

 

A estas alturas uno podría pensar que ya se ha contado absolutamente todo sobre el Día D.

 

Hemos visto soldados desembarcando, generales dando órdenes, espías infiltrados, comandos suicidas, tanques, aviones y hasta perros militares.

 

Faltaba una película sobre el hombre que miraba al cielo.

 

Y precisamente de eso va Tiempo de victoria.

 

Lo primero que hay que reconocer es que la propuesta tiene gracia. Porque en lugar de enseñarnos otra vez a miles de soldados corriendo por la playa bajo una lluvia de balas, el cine británico decide centrarse en algo aparentemente mucho menos cinematográfico: una reunión de meteorólogos discutiendo sobre nubes.

 

Y funciona.

 

El protagonista es James Stagg, interpretado por un magnífico Andrew Scott, un meteorólogo escocés arisco, antipático, huraño y con el carisma de una alcachofa hervida. Pero precisamente ahí está la gracia del personaje.

 

Es un científico que no está para caer bien a nadie. Está para decir lo que cree que va a ocurrir aunque nadie quiera escucharlo.

 

Frente a él aparece Irving Krick, interpretado por Chris Messina, un meteorólogo norteamericano mucho más optimista que basa buena parte de sus previsiones en patrones observados en años anteriores. Vamos, el clásico optimista que siempre piensa que mañana hará sol porque ayer también lo hizo.

 

Entre ambos se desarrolla una batalla intelectual bastante más apasionante de lo que parecía sobre el papel.

 

Por medio aparece Kay Summersby, interpretada por una estupenda Kerry Condon, secretaria de Eisenhower y prácticamente el único personaje capaz de aportar algo de luz y humanidad a una habitación llena de hombres uniformados discutiendo sobre borrascas.

 

Y luego está Brendan Fraser.

 

Resulta curioso verlo convertido en Dwight D. Eisenhower. Atrás queda definitivamente aquel aventurero simpático de La momia.

 

Ahora transmite cansancio, responsabilidad y el peso de saber que cualquier decisión equivocada puede enviar a decenas de miles de hombres a una muerte segura.

 

También aparece Damian Lewis como Bernard Montgomery, aportando esa mezcla de arrogancia y autoridad que tan bien se le da interpretar.

 

La película es esencialmente una guerra de opiniones.

 

No hay grandes escenas de combate. No hay explosiones cada cinco minutos.

 

Lo que hay es un grupo de personas intentando adivinar qué demonios va a hacer el tiempo dentro de unas horas mientras el destino de la guerra depende de ello.

 

Y sorprendentemente genera más tensión que muchas películas bélicas llenas de disparos.

 

Como buena producción británica, todo está realizado con una pulcritud admirable. Decorados, vestuario, maquillaje, fotografía y ambientación transmiten autenticidad.

 

Da gusto ver una película histórica que no parece rodada en una nave industrial de las afueras de Birmingham con cuatro muebles alquilados.

 

Además, aunque formalmente sea un drama bélico, funciona casi como un thriller.

 

Sabemos perfectamente cómo acaba la historia. Todos conocemos el resultado del desembarco de Normandía. Pero aun así consigue mantener el interés durante todo el metraje.

 

Quizá no descubra nada nuevo a los aficionados más veteranos de la Segunda Guerra Mundial. Pero precisamente ahí está parte de su atractivo: contar algo que ya conocemos desde un punto de vista distinto.

 

Porque al final resulta que una de las decisiones más importantes de la historia moderna no dependió de un tanque, ni de un avión, ni de una división acorazada.

 

Dependió de un señor escocés mirando mapas meteorológicos y diciendo algo muy parecido a:

—Yo no saldría mañana sin paraguas.

 

Mi puntuación: 7,66/10.

 

 

 

Dirigido por Anthony Maras:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Hombres de acero – Wasteman – 2025 – Cal McMau – #YoVoyAlCine

24/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Un desperdicio de persona.

 

Cal McMau debuta en el largometraje con Hombres de acero (o mejor dicho, Wasteman, que tiene bastante más sentido).

 

Hasta ahora su trayectoria había estado vinculada principalmente al cortometraje y a la publicidad, y esta película supone su carta de presentación en el cine británico de largo recorrido.

 

El estreno no ha pasado desapercibido: su nombre empezó a sonar con fuerza tras el paso de la película por el Festival de Toronto y por la temporada de premios británica. (Wikipedia)

 

La película obtuvo una nominación al BAFTA a Mejor Debut de un Director, Guionista o Productor Británico para Cal McMau, Hunter Andrews y Eoin Doran.

 

Además, consiguió cinco nominaciones en los British Independent Film Awards, incluyendo interpretaciones para David Jonsson y Tom Blyth, y el propio McMau se llevó el Douglas Hickox Award al mejor director debutante. (FilmAffinity)

 

 

Cutrecomentario

 

Lo primero que llama la atención es el título español. Porque hay que tener imaginación para coger Wasteman, que vendría a significar algo así como “desperdicio humano”, “persona basura” o “inútil de manual”, y transformarlo en Hombres de acero. Es como si a El silencio de los corderos la hubieran estrenado como “Ganaderos valientes”. No tiene absolutamente nada que ver.

 

Y lo curioso es que el título original define perfectamente al protagonista.

 

David Jonsson interpreta a Taylor, un preso que lleva doce años entre rejas y que podría obtener la libertad condicional. Trabaja cortando el pelo a otros internos y echando una mano en la cocina. Es, hablando en plata, un pan sin sal. Un hombre sin iniciativa, temeroso, incapaz de imponerse en un entorno donde la testosterona parece cotizar en bolsa. No es el típico preso cinematográfico que se fabrica pesas con latas de conserva mientras recita a Nietzsche. Es más bien alguien que intenta pasar desapercibido y sobrevivir sin llamar la atención.

 

Su vida cambia por dos motivos. El primero es esa posible salida en libertad. El segundo es la llegada de Dee, interpretado por Tom Blyth, un narco de prisión con más recursos que una multinacional y que rápidamente entra en conflicto con otros capos del módulo.

 

La película vive de la relación entre ambos personajes y funciona sorprendentemente bien. No inventa nada. Absolutamente nada. Hemos visto dramas carcelarios desde hace décadas. Pero aquí hay tensión, violencia, personajes bien construidos y una sensación constante de que todo puede estallar en cualquier momento.

 

Resulta especialmente llamativa la representación de la cárcel. Estamos ante un drama penitenciario muy de 2026. Hay drones repartiendo droga, móviles circulando por las celdas y una actividad comercial que parece más propia de Amazon Prime que de una prisión británica.

 

Aquí conviene suspender un poco la incredulidad. Los guionistas probablemente conocen las cárceles aproximadamente igual que yo conozco la superficie de Marte.

 

El cine penitenciario casi siempre se construye sobre estereotipos.

 

Las prisiones reales suelen ser bastante más aburridas que las de las películas. Pero tampoco vamos a pedirle realismo absoluto a una historia cuya principal obligación es entretener.

Y entretiene.

Mucho.

 

La película avanza como un tren sin frenos. Hay violencia física, violencia psicológica, traiciones y una sensación de peligro constante. Lo mejor es que ni siquiera el supuesto protagonista “bueno” resulta especialmente simpático.

 

Taylor es tan pusilánime, tan incapaz de tomar decisiones y tan dominado por el miedo que cuesta empatizar plenamente con él. Uno entiende sus circunstancias, pero en más de una ocasión dan ganas de darle un par de collejas para que espabile.

 

David Jonsson realiza un trabajo magnífico precisamente porque consigue transmitir toda esa inseguridad sin convertir al personaje en una caricatura. Y Tom Blyth aporta el carisma necesario para que cada escena compartida tenga electricidad.

 

El desenlace guarda además una sorpresa bastante eficaz que termina de redondear el conjunto.

 

No reinventa el género. No descubrirá nada nuevo a quienes hayan visto cine carcelario durante las últimas cinco décadas. Pero está narrada con fuerza, tiene ritmo, cuenta con dos interpretaciones estupendas y mantiene la tensión durante sus noventa minutos.

 

Y una vez terminada la función, sólo queda desearle a Taylor una feliz reinserción social, una vida tranquila lejos de los barrotes y, ya puestos, que el resto de los internos encuentren también el camino correcto.

 

Que para una vez que salimos del cine con vocación rehabilitadora, tampoco es cuestión de desaprovecharlo.

 

Mi puntuación: 7,68/10.

 

 

 

Dirigido por Cal McMau:

 

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El placer es mío – Pour le plaisir – 2026 – Reem Kherici – #YoVoyAlCine

22/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando Harry conoció al Womanizer

 

Reem Kherici es actriz, guionista y directora francesa.

 

Tras hacerse popular delante de las cámaras, dio el salto a la dirección con títulos como París a toda costa, Jour J y No me gustan los hombres, pero sí los gordos.

 

Con El placer es mío se enfrenta a una historia inspirada libremente en la creación del famoso Womanizer, intentando combinar comedia romántica, reivindicación sexual y humor popular.

 

El resultado, al menos sobre el papel, parecía tener posibilidades. En la pantalla ya es otra historia. (AlloCiné)

 

 

Cutrecomentario

 

Hay películas malas.

 

Hay películas muy malas.

 

Y luego está El placer es mío, que parece rodada para demostrar científicamente que una buena idea puede ser destruida con una eficacia casi militar.

 

La premisa no era mala. Ni siquiera era regular. Era una idea que podía haber dado lugar a una comedia inteligente.

 

Una mujer descubre después de veinte años de matrimonio que jamás ha tenido un orgasmo. Su marido, ingeniero electrónico, decide entonces inventar un dispositivo para solucionar el problema.

 

La historia está inspirada libremente en la creación del Womanizer, uno de los juguetes sexuales más vendidos del mundo. 

 

Con semejante punto de partida podían haber salido muchas cosas.

 

Una reflexión divertida sobre la sexualidad en la pareja.

 

Una comedia romántica adulta.

 

Una sátira sobre los tabúes sexuales.

 

Incluso una historia entrañable sobre dos personas que intentan redescubrirse después de veinte años juntos.

 

Pero no.

 

Lo que sale es una película ridícula, absurda, artificial y desesperantemente aburrida.

 

Y lo peor no es que sea mala.

 

Lo peor es que resulta irritante.

 

Cada escena parece escrita cinco minutos antes del rodaje. Los personajes no tienen profundidad, las situaciones no evolucionan, los conflictos aparecen y desaparecen sin dejar huella y la película avanza con la misma energía que una lavadora en modo ahorro.

 

La comedia nunca funciona.

 

Ni una sola vez.

 

Hay sonrisas de compromiso, alguna mueca de incredulidad y muchos momentos en los que uno mira el reloj preguntándose cómo es posible que apenas hayan pasado veinte minutos.

 

El drama tampoco funciona.

 

Porque para que exista drama primero tienen que existir personajes.

 

Y aquí los personajes son poco más que figuras de cartón moviéndose de una escena a otra.

 

La película pretende hablar del placer femenino, de la comunicación en la pareja y de la sexualidad madura, pero lo hace con una superficialidad tan enorme que acaba pareciendo un folleto publicitario alargado hasta el límite de la resistencia humana.

 

Solo se salva Alexandra Lamy.

 

Y ni siquiera porque esté especialmente brillante.

 

Se salva porque es una actriz con talento y experiencia suficiente para no hundirse completamente en semejante naufragio.

 

Hace lo que puede.

 

Que no es mucho.

 

Porque cuando el guion se empeña en dispararse en ambos pies cada diez minutos tampoco existen milagros interpretativos.

 

Del resto del reparto poco puede decirse. Especialmente de François Cluzet, completamente perdido dentro de un personaje que oscila entre la caricatura y el vacío absoluto.

 

Francia produce una enorme cantidad de cine gracias a un potente sistema de ayudas públicas. Cada semana nos llegan estrenos franceses. Entre ellos aparecen auténticas maravillas, algunas películas interesantes y una cantidad nada despreciable de mediocridades.

 

Y luego aparecen casos como este.

 

Películas que parecen preguntarse si realmente hacía falta gastar tiempo, dinero y recursos para existir.

 

La respuesta, en esta ocasión, es bastante sencilla.

No.

No hacía falta.

 

Cero patatero.

Y siendo generoso.

 

Mi puntuación: Cero patatero/10.

 

 

 

Dirigido por Reem Kherici:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Bajo el mismo sol – 2026 – Ulises Porra – #YoVoyAlCine

22/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando Fitzcarraldo quiso criar gusanos de seda en el Caribe… y se quedó sin gasolina

 

Ulises Porra es un director y guionista catalán que ha desarrollado buena parte de su carrera en Latinoamérica.

 

Antes de debutar en solitario con Bajo el mismo sol codirigió Tigre (2017) y Carajita (2021) junto a Silvina Schnicer, dos películas que tuvieron una notable presencia en festivales internacionales.

 

También participó como coguionista en Acusada (2018), presentada en competición oficial en Venecia.

 

Con esta película vuelve a moverse en terrenos históricos y culturales complejos, apostando por una producción ambiciosa rodada en República Dominicana y España. (Festival de Biarritz Amérique Latine)

 

 

Premios y festivales

 

La película tuvo su estreno mundial en la sección Centrepiece del Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF) y posteriormente pasó por el Festival de Biarritz, donde obtuvo el Premio del Jurado, el Premio del Sindicato Francés de la Crítica de Cine y el Premio de Biarritz.

 

También fue seleccionada en el Festival de Sevilla y recibió una mención especial de la crítica uruguaya en Punta del Este. (Habanero Film Sales)

 

 

Cutrecomentario

 

Sobre el papel, Bajo el mismo sol tenía muchas papeletas para funcionar.

 

Porque no todos los días aparece una película que plantea la creación de una industria de gusanos de seda en plena selva de La Española a comienzos del siglo XIX. Ya solo por la premisa uno piensa que puede salir una especie de mezcla imposible entre Fitzcarraldo, una novela de aventuras coloniales y un documental de historia económica.

 

Además, la película reúne un trío protagonista que podría haber dado bastante juego: un haitiano desertor, una experta tejedora china y un joven español interpretado por David Castillo, al que muchos seguimos asociando inevitablemente a Jonathan de Aída. El choque cultural está servido desde el minuto uno.

 

Y visualmente tampoco arranca mal. La fotografía aprovecha muy bien los exteriores y la exuberancia de los paisajes caribeños. Da la sensación de que buena parte del rodaje se realizó en escenarios naturales que aportan autenticidad y presencia física a la historia. La selva, el barro, los ríos y la humedad casi se pueden tocar.

 

El problema es que una película no vive solo de una buena idea ni de unos paisajes bonitos.

 

Lo que termina llegando a la pantalla es un relato excesivamente moroso, reiterativo y sorprendentemente plomizo para todo lo que cuenta.

 

Hay secuencias enteras que parecen empeñadas en demostrar que el tiempo es relativo. Uno mira el reloj, vuelve a mirar y descubre que apenas han pasado tres minutos.

 

La narración avanza a trompicones, repitiendo constantemente los mismos conflictos y las mismas tensiones entre personajes sin que realmente evolucionen demasiado.

 

La sensación es que la película tiene material para noventa minutos y decide estirarlo como un chicle hasta superar ampliamente esa duración.

 

De vez en cuando aparece el arzobispo y consigue insuflar algo de vida a la función. Son de los pocos momentos donde la película parece despertar del letargo y recordar que existe cierta tensión dramática en marcha.

 

También resulta llamativo que los franceses aparezcan prácticamente como los villanos oficiales de la historia. Cada vez que surge un francés por pantalla, el espectador ya sabe que probablemente no viene a repartir abrazos precisamente.

 

Y es una lástima. Porque detrás de la película se percibe una ambición sincera, una reconstrucción histórica poco habitual y una propuesta diferente dentro del cine español reciente. Hay ideas, hay contexto histórico, hay multiculturalidad y hay elementos suficientes para construir una gran aventura humana.

 

Pero al final todo queda enterrado bajo un ritmo cansino que termina asfixiando el interés.

 

Una pena.

 

Una pena, penita, pena.

 

Mi puntuación: 2,53/10.

 

 

 

Dirigido por Ulises Porra:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Centauros de la Alcarria – 2026-06-19 – Vuelve Ramon para hablar de Spielberg, Julián nos trae sus Seis Grados y conocemos La Plaza Vacía

22/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Centauros de la Alcarria en Nueva Alcarria

 

Podcast de Centauros de la Alcarria

 

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Viva – 2026 – Aina Clotet – #YoVoyAlCine

20/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Viva o cómo sobrevivir y complicarse la vida con entusiasmo

 

Aina Clotet debuta en la dirección de largometrajes con Viva, una película que también protagoniza y que presentó en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes 2026.

 

Hasta ahora la conocíamos principalmente por su carrera como actriz en trabajos como La fossa, Esto no es Suecia o Vida perfecta.

 

En esta ocasión da el salto detrás de la cámara con una propuesta muy personal escrita junto a Valentina Viso, mezclando drama, comedia, crisis existenciales, deseo sexual y miedo a la muerte en una especie de cóctel emocional tan caótico como su protagonista. (El País)

 

La película obtuvo en Cannes el Premio Revelación de la Semana de la Crítica para Aina Clotet por su interpretación de Nora, reconocimiento que supuso uno de los grandes éxitos españoles del certamen. (El País)

 

 

Cutrecomentario

 

Confieso desde el principio que soy absolutamente incapaz de ser objetivo con Aina Clotet.

 

Desde que vi Esto no es Suecia me ganó por completo. Luego llegaron entrevistas, declaraciones y apariciones públicas que reforzaron la impresión: una persona inteligente, interesante y además tremendamente carismática. Así que probablemente cualquier cosa que haga partirá para mí con cierta ventaja.

 

Y quizá por eso la decepción ha sido un poquito mayor de lo esperado.

 

La protagonista de la historia es Nora, una mujer que ha sobrevivido a un cáncer y que, tras mirar a la muerte de frente, entra en una especie de huracán emocional permanente. No sabe exactamente qué quiere, ni a quién quiere, ni siquiera quién es. Vive atrapada en una montaña rusa de impulsos, deseos, contradicciones y decisiones discutibles.

 

Y lo curioso es que la propia película acaba adoptando esa misma personalidad.

 

Viva cambia constantemente de registro. A veces parece una comedia costumbrista con ecos berlanguianos. Otras veces se sumerge en un drama durísimo sobre la enfermedad, la soledad o el miedo al futuro. Luego vuelve a girar hacia situaciones absurdas. Después regresa al dolor. Y así durante buena parte del metraje.

 

Hay espectadores que encontrarán fascinante esa mezcla de tonos. Otros acabarán agotados.

 

Yo he estado un poco en ambos grupos.

 

Porque la película resulta alternativamente estimulante e irritante. Hay escenas brillantes y otras que parecen empeñadas en poner a prueba la paciencia del espectador. Pero incluso cuando falla, resulta difícil apartar la mirada.

 

Gran parte de la culpa la tiene Aina Clotet.

 

Su interpretación es absolutamente desbordante. Nora es un personaje lleno de grietas, contradicciones, inseguridades, impulsos y cambios de humor. Puede resultar maravillosa en una escena y desesperante en la siguiente. Puede generar empatía y rechazo prácticamente al mismo tiempo.

 

Y precisamente por eso funciona.

 

Porque no parece un personaje escrito para caer bien. Parece una persona.

 

Hay momentos donde la actriz transmite una vulnerabilidad enorme y otros donde la energía emocional arrasa la pantalla. El premio obtenido en Cannes me parece completamente justificado.

 

Mi principal problema es otro.

 

Por alguna razón me había construido mentalmente la idea de que iba a encontrar una comedia mucho más marcada. Quizá por algunos comentarios previos o quizá porque quería verla así. Y la realidad es que el drama domina claramente la función.

 

La comedia existe, sí.

 

Sobre todo gracias a los padres de Nora, que aportan algunos de los momentos más divertidos de la película.

 

Pero el corazón de la historia es profundamente dramático.

 

Y hay un aspecto que me chirrió especialmente.

 

La representación de algunos pacientes depresivos que acuden a consulta con la madre de Nora, psiquiatra de profesión. Entiendo perfectamente la intención satírica de ciertas escenas, pero personalmente me resultó incómodo el tono de caricatura con el que se aborda en algunos momentos la depresión.

 

Quizá porque pocas enfermedades me parecen tan devastadoras como esa.

 

Y porque cuando uno ha visto de cerca lo que puede llegar a hacer una depresión severa, le cuesta encontrarle la gracia.

 

Dicho esto, el balance final es claramente positivo.

 

Viva es una película imperfecta. A ratos excesiva. A veces caótica. En ocasiones frustrante.

 

Pero también está viva.

 

Muy viva.

 

Y probablemente ese era exactamente el objetivo de Aina Clotet. Conseguir que la película respirase con la misma intensidad, los mismos defectos y las mismas contradicciones que su protagonista.

 

No siempre lo consigue.

 

Pero cuando lo hace, resulta imposible no dejarse arrastrar por ella.

 

Mi puntuación: 6,68/10.

 

 

 

Dirigido por Aina Clotet:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Al Médico con Ramón – Los calambres musculares: por qué aparecen, qué significan y cómo evitarlos

19/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

LOS CALAMBRES MUSCULARES: POR QUÉ APARECEN, QUÉ SIGNIFICAN Y CÓMO EVITARLOS

 

Ese dolor traicionero que aparece cuando menos se espera

 

Pocas experiencias hay tan universales como despertarse en mitad de la noche con un dolor intenso en la pantorrilla. Uno está durmiendo plácidamente y, de repente, el músculo decide comportarse como si quisiera independizarse del resto del cuerpo.

 

El calambre muscular es una de las molestias neuromusculares más frecuentes de la población. Se estima que más del 50% de los adultos ha sufrido algún episodio a lo largo de su vida y que aproximadamente una tercera parte de las personas mayores de 60 años los presenta de forma recurrente, especialmente durante la noche.

 

La inmensa mayoría de estos episodios son completamente benignos. No indican ninguna enfermedad grave y suelen resolverse espontáneamente en pocos minutos. Sin embargo, en algunos casos pueden ser la manifestación de trastornos metabólicos, neurológicos o vasculares que conviene identificar.

 

Comprender por qué aparecen ayuda a perderles el miedo y, sobre todo, a prevenirlos.

 

 

Bibliografía

 

  • ALLEN RE, KIRBY KA. Nocturnal leg cramps. American Family Physician. 2012.
  •  
  • MILLER TM, LAYZER RB. Muscle cramps. Muscle & Nerve. 2005.
  •  
  • EL-TAWIL S et al. Quinine for muscle cramps. Cochrane Database of Systematic Reviews. 2015.

 

 

 

¿QUÉ ES EXACTAMENTE UN CALAMBRE MUSCULAR?

 

Un calambre muscular es una contracción involuntaria, intensa, dolorosa y sostenida de uno o varios músculos.

 

Cuando un músculo se contrae normalmente, las fibras musculares reciben una orden del sistema nervioso y después se relajan. En un calambre ocurre algo diferente: la orden de contracción continúa aunque ya no sea necesaria.

 

Es como si el interruptor quedara atascado en la posición de encendido.

 

Durante esos segundos o minutos el músculo permanece rígido, duro al tacto y extremadamente doloroso.

 

Los músculos más afectados suelen ser:

 

  • Gemelos o pantorrillas.
  •  
  • Músculos del pie.
  •  
  • Musculatura posterior del muslo.
  •  
  • Músculos de las manos.

Los calambres pueden durar desde unos pocos segundos hasta varios minutos.

 

Posteriormente es frecuente que quede una sensación de agujetas o dolor residual durante varias horas.

 

 

Ejemplo práctico

 

Una persona está durmiendo y cambia de postura. Al estirar el pie hacia abajo, el gemelo se acorta bruscamente. De repente aparece una contracción muy intensa que obliga a incorporarse de la cama y caminar unos pasos hasta que desaparece.

 

Millones de personas reconocen perfectamente esta escena.

 

 

Bibliografía

 

  • MINETTO MA et al. Origin and development of muscle cramps. Exercise and Sport Sciences Reviews. 2013.
  •  
  • MILLER TM, LAYZER RB. Muscle cramps. Muscle & Nerve. 2005.

 

 

 

 

¿POR QUÉ SE PRODUCEN LOS CALAMBRES?

 

Durante décadas se pensó que los calambres aparecían exclusivamente por falta de minerales como potasio o magnesio.

 

Hoy sabemos que la explicación es bastante más compleja.

 

Actualmente la teoría más aceptada es la denominada:

Teoría de la hiperexcitabilidad neuromuscular

 

Los músculos están controlados por neuronas motoras situadas en la médula espinal.

 

Estas neuronas reciben continuamente información procedente de dos sistemas:

Los husos musculares

 

Detectan el estiramiento del músculo.

 

Su función es favorecer la contracción.

 

Los órganos tendinosos de GOLGI

 

Detectan la tensión excesiva.

 

Su función es favorecer la relajación.

 

En condiciones normales ambos sistemas mantienen un equilibrio perfecto.

 

Sin embargo, cuando aparece fatiga, envejecimiento, deshidratación o determinadas alteraciones metabólicas, este equilibrio puede romperse.

 

El resultado es una activación excesiva de las neuronas motoras.

 

Y entonces aparece el calambre.

 

Es decir, el problema no está realmente en el músculo sino en el sistema nervioso que lo controla.

 

 

Una comparación sencilla

 

Imaginemos un coche.

 

El acelerador serían los husos musculares.

 

El freno serían los órganos tendinosos de GOLGI.

 

Cuando el acelerador funciona demasiado y el freno pierde eficacia, el vehículo se descontrola.

 

Eso es exactamente lo que ocurre durante un calambre.

 

 

Bibliografía

 

  • MINETTO MA et al. Exercise-associated muscle cramps. Journal of Electromyography and Kinesiology. 2013.
  •  
  • SCHWELLNUS MP. Cause of exercise-associated muscle cramps. British Journal of Sports Medicine. 2009.

 

 

 

 

 

LOS CALAMBRES NOCTURNOS: LOS MÁS FRECUENTES

 

Cuando alguien habla de “tener calambres” normalmente se refiere a los calambres nocturnos de las piernas.

 

Son extraordinariamente frecuentes.

 

Aparecen durante el sueño o al poco de acostarse.

 

 

La localización típica es:

 

  • Gemelos.
  •  
  • Planta del pie.
  •  
  • Dedos del pie.
  •  

La persona suele despertarse bruscamente debido a un dolor muy intenso.

 

Muchas describen la sensación como:

“Parece que el músculo se está rompiendo.”

 

 

Aunque resultan muy dolorosos, suelen ser completamente benignos.

 

En la mayoría de los casos no existe ninguna enfermedad detrás.

 

 

 

 

¿Por qué aparecen precisamente por la noche?

 

Existen varias razones.

 

Acortamiento muscular durante el sueño

 

Mientras dormimos permanecemos horas en posiciones fijas.

 

Algunos músculos permanecen parcialmente acortados.

 

Este fenómeno favorece la hiperexcitabilidad de las neuronas motoras.

 

 

Disminución de la actividad física

 

Durante el sueño desaparecen muchos estímulos que ayudan a regular el tono muscular.

 

Esto facilita la aparición de descargas anómalas.

 

 

 

Envejecimiento muscular

 

Con la edad disminuye la masa muscular.

 

También se producen cambios en las conexiones entre nervios y músculos.

 

Por eso los calambres nocturnos aumentan progresivamente a partir de los 50 años.

 

 

Sedentarismo

 

Curiosamente, tanto el exceso de ejercicio como la falta de actividad física pueden favorecer los calambres.

 

Los músculos sedentarios parecen especialmente susceptibles.

 

 

Bibliografía

 

  • ALLEN RE, KIRBY KA. Nocturnal leg cramps. American Family Physician. 2012.
  •  
  • KATIRJI B. Clinical Neurology of Muscle Disease. Elsevier. 2014.

 

 

 

 

 

LAS CAUSAS MÁS IMPORTANTES DE LOS CALAMBRES BENIGNOS

 

Fatiga muscular

 

Es probablemente la causa más frecuente.

 

Una caminata larga, una excursión, una mudanza o una jornada intensa de jardinería pueden desencadenarlos.

 

El músculo agotado se vuelve más irritable.

 

 

Deshidratación

 

Cuando perdemos agua disminuye el volumen sanguíneo.

 

Esto altera la función neuromuscular.

 

El riesgo aumenta en verano y durante el ejercicio prolongado.

 

 

Edad avanzada

 

La pérdida progresiva de masa muscular favorece la aparición de calambres.

 

Por eso son tan frecuentes en personas mayores.

 

 

Embarazo

 

Especialmente durante el segundo y tercer trimestre.

 

Probablemente influyen cambios circulatorios, mecánicos y metabólicos.

 

 

Permanecer mucho tiempo de pie

 

Dependientes, sanitarios, peluqueros o camareros los sufren con frecuencia.

 

 

Sedentarismo

 

Los músculos que apenas trabajan también desarrollan más tendencia a sufrir calambres.

 

 

Bibliografía

 

  • ALLEN RE, KIRBY KA. Nocturnal leg cramps. American Family Physician. 2012.
  •  
  • SCHWELLNUS MP. Muscle cramping in athletes. Sports Medicine. 2008.

____________________________________________________________________________

 

 

 

¿CUÁNDO DEBEMOS SOSPECHAR QUE HAY ALGO MÁS QUE UN SIMPLE CALAMBRE?

 

La inmensa mayoría de los calambres musculares que aparecen ocasionalmente, especialmente por la noche, son completamente benignos.

 

Forman parte de esas pequeñas molestias que acompañan al ser humano desde siempre, igual que los estornudos, las agujetas o el típico dolor de cuello tras dormir en una mala postura.

 

Sin embargo, hay situaciones en las que los calambres pueden ser una señal de que existe algún problema médico subyacente.

 

No se trata de alarmarse. La mayoría de las personas que sufren calambres nunca desarrollarán una enfermedad grave relacionada con ellos. Pero cuando aparecen de forma muy frecuente, son especialmente intensos o se acompañan de otros síntomas, conviene estudiarlos.

 

Algunas señales de alarma son:

 

  • Calambres que aparecen prácticamente todos los días.

  •  
  • Despertares nocturnos repetidos varias veces cada noche.

  •  
  • Aparición de debilidad muscular.

  •  
  • Pérdida progresiva de fuerza.

  •  
  • Hormigueos o alteraciones de la sensibilidad.

  •  
  • Pérdida visible de masa muscular.

  •  
  • Calambres que aparecen incluso estando sentado o en reposo durante el día.

En estos casos puede existir algún trastorno neurológico, metabólico o vascular que favorezca la hiperexcitabilidad de los músculos.

 

 

DIABETES

 

La diabetes mellitus es una enfermedad caracterizada por niveles elevados de glucosa en sangre.

 

Con el paso de los años, el exceso de azúcar puede dañar numerosos órganos, entre ellos los nervios periféricos.

 

Esta complicación recibe el nombre de neuropatía diabética.

 

Los nervios afectados empiezan a transmitir señales anómalas. Algunas personas desarrollan hormigueos, sensación de quemazón en los pies, pérdida de sensibilidad o dolor neuropático. Otras presentan calambres recurrentes, especialmente durante la noche.

 

Es frecuente que un paciente describa que siente los pies como si llevara calcetines puestos permanentemente o que nota pinchazos eléctricos mientras está acostado.

 

No todos los diabéticos sufren calambres, pero cuando aparecen de forma persistente merece la pena comprobar si existe una neuropatía asociada.

 

 

HIPOTIROIDISMO

 

La glándula tiroides actúa como una especie de regulador metabólico del organismo.

 

Cuando produce menos hormonas de las necesarias aparece el hipotiroidismo.

 

Las personas afectadas suelen notar cansancio, somnolencia, aumento de peso, estreñimiento, piel seca y sensación de frío.

 

Los músculos también pueden verse afectados.

 

La falta de hormona tiroidea altera el metabolismo muscular y favorece la aparición de rigidez, dolores musculares y calambres.

 

En ocasiones el paciente consulta por dolores musculares difusos antes incluso de que se diagnostique el problema tiroideo.

 

 

INSUFICIENCIA RENAL

 

Los riñones funcionan como una sofisticada planta depuradora.

 

Filtran la sangre, eliminan sustancias de desecho y regulan múltiples minerales fundamentales para el funcionamiento muscular.

 

Cuando los riñones dejan de funcionar correctamente pueden producirse alteraciones de sodio, potasio, calcio, fósforo y magnesio.

 

Todos estos minerales participan en la transmisión de los impulsos nerviosos y en la contracción muscular.

 

Cuando sus niveles se alteran pueden aparecer debilidad muscular, espasmos y calambres.

 

Los pacientes sometidos a diálisis presentan este problema con relativa frecuencia.

 

 

 

ENFERMEDAD HEPÁTICA

 

El hígado participa en cientos de procesos metabólicos.

 

Cuando existe una enfermedad hepática avanzada, especialmente cirrosis, pueden aparecer alteraciones hormonales, metabólicas y nutricionales que favorecen los calambres.

 

De hecho, los calambres nocturnos son relativamente frecuentes en pacientes con cirrosis hepática.

 

Se cree que intervienen alteraciones de la circulación sanguínea, desequilibrios electrolíticos y cambios en la función neuromuscular.

 

 

NEUROPATÍAS

 

El término neuropatía significa literalmente “enfermedad de los nervios”.

 

Puede estar causada por diabetes, alcoholismo, déficit de vitaminas, enfermedades autoinmunes o múltiples trastornos neurológicos.

 

Cuando un nervio funciona mal, los músculos que controla pueden recibir señales erróneas.

 

Esto favorece la aparición de fasciculaciones, espasmos y calambres.

 

Algunas personas describen pequeños saltitos musculares visibles bajo la piel que preceden a los episodios dolorosos.

 

 

ENFERMEDAD DE PARKINSON

 

La enfermedad de PARKINSON es un trastorno neurodegenerativo caracterizado por lentitud de movimientos, rigidez muscular y temblor.

 

La rigidez muscular característica de la enfermedad favorece la aparición de dolores musculares y calambres.

 

Además, algunos tratamientos utilizados para controlar los síntomas pueden influir indirectamente en estos fenómenos.

 

 

ESCLEROSIS LATERAL AMIOTRÓFICA

 

La esclerosis lateral amiotrófica, conocida popularmente como ELA, es una enfermedad neurológica que afecta a las neuronas motoras.

 

Aunque es una causa poco frecuente de calambres, estos pueden formar parte de los síntomas iniciales.

 

Sin embargo, en estos casos los calambres no aparecen aislados.

 

Suelen acompañarse de pérdida progresiva de fuerza, atrofia muscular y fasciculaciones.

 

Es importante recordar que tener calambres no significa padecer ELA. De hecho, millones de personas tienen calambres benignos y nunca desarrollarán ninguna enfermedad neurológica.

 

 

INSUFICIENCIA VENOSA

 

Las venas de las piernas son las encargadas de devolver la sangre al corazón.

 

Cuando funcionan mal, la sangre tiende a acumularse en las extremidades inferiores.

 

Aparecen entonces pesadez de piernas, hinchazón, varices y, en algunos pacientes, calambres nocturnos.

 

Es especialmente frecuente en personas que pasan muchas horas de pie, como camareros, dependientes, peluqueros o profesionales sanitarios.

 

 

MEDICAMENTOS QUE PUEDEN FAVORECER LOS CALAMBRES

 

Diuréticos

 

Los diuréticos son medicamentos que aumentan la eliminación de agua y sal por la orina.

 

Se utilizan habitualmente para tratar la hipertensión arterial, la insuficiencia cardiaca y algunos problemas renales.

 

Entre los más conocidos se encuentran la hidroclorotiazida y la furosemida.

 

Al aumentar la eliminación de líquidos también pueden disminuir los niveles de sodio, potasio o magnesio, minerales fundamentales para el correcto funcionamiento muscular.

 

Por este motivo algunos pacientes desarrollan calambres tras iniciar el tratamiento.

 

 

Estatinas

 

Las estatinas son los medicamentos más utilizados para reducir el colesterol.

 

Entre ellas destacan atorvastatina, rosuvastatina y simvastatina.

 

Son fármacos extraordinariamente eficaces para prevenir infartos e ictus, pero en una pequeña proporción de pacientes pueden producir dolores musculares, sensación de pesadez e incluso calambres.

 

La mayoría de las veces los síntomas son leves y desaparecen ajustando la medicación.

 

 

Salbutamol

 

El salbutamol es uno de los inhaladores más utilizados en asma y bronquitis obstructiva.

 

Actúa relajando la musculatura de los bronquios para facilitar la respiración.

 

En algunas personas puede aumentar la excitabilidad muscular y favorecer la aparición de temblores o calambres.

 

 

Raloxifeno

 

El raloxifeno se utiliza principalmente para prevenir y tratar la osteoporosis en mujeres posmenopáusicas.

 

Uno de sus efectos secundarios conocidos es precisamente la aparición de calambres en las piernas.

 

 

Tratamientos hormonales

 

Algunos tratamientos hormonales utilizados en menopausia, anticoncepción o determinadas enfermedades endocrinas pueden modificar el equilibrio de líquidos y minerales del organismo.

 

En personas predispuestas pueden contribuir a la aparición de calambres.

 

 

Bibliografía

 

  • ALLEN RE, KIRBY KA. Nocturnal Leg Cramps. American Family Physician. 2012.

  •  
  • MILLER TM, LAYZER RB. Muscle Cramps. Muscle & Nerve. 2005.

  •  
  • MINETTO MA et al. Origin and Development of Muscle Cramps. Exercise and Sport Sciences Reviews. 2013.

  •  
  • KATIRJI B. Clinical Neurology of Muscle Disease. Elsevier. 2014.

___________________________________________________________

 

 

 

¿QUÉ HACER CUANDO APARECE UN CALAMBRE? TRATAMIENTO, PREVENCIÓN Y LOS MITOS MÁS EXTENDIDOS

 

Hasta ahora hemos visto qué son los calambres, por qué aparecen y cuándo pueden estar relacionados con alguna enfermedad.

 

La buena noticia es que la inmensa mayoría de los calambres musculares que sufren las personas sanas son completamente benignos y, aunque resultan muy dolorosos, rara vez representan un problema importante para la salud.

 

La mala noticia es que cuando aparecen suelen hacerlo sin avisar y con una intensidad capaz de despertar a cualquiera en mitad de la noche pronunciando palabras poco elegantes.

 

La pregunta es evidente:

 

¿Qué debemos hacer cuando aparece un calambre?

 

Y, sobre todo, ¿qué podemos hacer para evitar que vuelva a repetirse?


 

 

 

QUÉ HACER DURANTE UN CALAMBRE

 

Existe una reacción instintiva muy frecuente.

 

La persona nota el dolor, se queda inmóvil y espera que desaparezca.

 

Curiosamente suele ser una de las peores estrategias.

 

Lo más eficaz consiste en realizar un estiramiento suave pero mantenido del músculo afectado.

 

La razón tiene una explicación fisiológica interesante.

 

Como vimos anteriormente, durante un calambre existe una activación excesiva de las neuronas motoras que mantienen el músculo contraído.

 

Al estirar el músculo se activan los llamados órganos tendinosos de GOLGI, unas estructuras nerviosas especializadas cuya función consiste precisamente en favorecer la relajación muscular.

 

Es como si pulsáramos un botón de emergencia destinado a apagar la contracción.

 

Por eso los estiramientos suelen funcionar tan bien.

 

 

Si el calambre afecta al gemelo

 

Es la situación más habitual.

 

La recomendación consiste en:

 

Sentarse en la cama y llevar la punta del pie hacia arriba, en dirección a la rodilla.

 

También puede hacerse de pie apoyando las manos en una pared y adelantando una pierna mientras se mantiene estirada la afectada.

 

Muchas personas notan alivio en cuestión de segundos.

 

 

Si afecta a los dedos del pie

 

Conviene extender suavemente los dedos hacia arriba y masajear la planta del pie.

 

 

Si afecta a los músculos posteriores del muslo

 

El estiramiento suave de la pierna manteniéndola recta suele ser suficiente.

 

 

¿Sirve el masaje?

 

Sí.

 

Aunque probablemente no sea tan eficaz como el estiramiento, el masaje puede ayudar a relajar la musculatura y disminuir el dolor residual.

 

Muchos pacientes combinan ambas medidas.

 

Primero estiran y después masajean la zona.

 

Es una estrategia perfectamente razonable.

 

Bibliografía

 

  • MINETTO MA et al. Exercise-Associated Muscle Cramps. Journal of Electromyography and Kinesiology. 2013.

  •  
  • MILLER TM, LAYZER RB. Muscle Cramps. Muscle & Nerve. 2005.


 

 

 

 

¿SIRVE EL CALOR?

 

La respuesta corta es sí.

 

La aplicación de calor local suele resultar útil.

 

Una ducha caliente, una manta eléctrica o una bolsa térmica pueden favorecer la relajación muscular y aliviar las molestias posteriores.

 

El calor aumenta el flujo sanguíneo local y disminuye la sensación de rigidez.

 

Por el contrario, el frío suele tener menos utilidad en los calambres típicos nocturnos.

 

El hielo puede ser útil en lesiones deportivas agudas, pero no suele ser especialmente eficaz en este contexto.


 

 

 

 

¿ES NORMAL QUE DUELA AL DÍA SIGUIENTE?

 

Completamente normal.

 

Muchas personas se preocupan porque el dolor desaparece, pero la pantorrilla sigue molestando durante horas o incluso uno o dos días.

 

Esto ocurre porque las fibras musculares han estado sometidas a una contracción extremadamente intensa.

 

Es algo parecido a lo que sucede después de una sesión de ejercicio especialmente exigente.

 

No significa que exista una lesión grave.

 

Simplemente el músculo necesita recuperarse.


 

 

 

 

EL PAPEL DE LA HIDRATACIÓN

 

Probablemente todos hemos oído alguna vez la misma explicación:

 

“Te ha dado un calambre porque te falta agua.”

 

La realidad es un poco más compleja.

 

La deshidratación puede favorecer los calambres, pero no explica todos los casos.

 

De hecho, muchas personas perfectamente hidratadas sufren calambres nocturnos.

 

Sin embargo, mantener una hidratación adecuada sigue siendo una medida razonable.

 

Especialmente en:

 

  • Verano.

  •  
  • Personas mayores.

  •  
  • Deportistas.

  •  
  • Trabajadores expuestos al calor.

  •  
  • Personas con fiebre.

  •  
  • Pacientes que toman diuréticos.

 

La recomendación no consiste en beber cantidades absurdas de agua.

 

Se trata simplemente de mantener una hidratación normal y adecuada.

 

El exceso de agua tampoco es beneficioso y puede alterar algunos minerales.

 

Bibliografía

 

  • SCHWELLNUS MP. Cause of Exercise Associated Muscle Cramps. British Journal of Sports Medicine. 2009.


 

 

 

 

EL GRAN DEBATE: ¿FUNCIONA EL MAGNESIO?

 

Si existe un rey absoluto de los remedios populares contra los calambres, ese es el magnesio.

 

Prácticamente cualquier persona que consulte por este problema recibirá antes o después la recomendación de tomar algún suplemento.

 

Pero ¿qué dice realmente la ciencia?

 

La respuesta es bastante menos espectacular de lo que suele creerse.

 

 

¿Qué es el magnesio?

 

El magnesio es un mineral imprescindible para cientos de reacciones bioquímicas.

 

Participa en:

 

  • La producción de energía.

  •  
  • El funcionamiento de los músculos.

  •  
  • La transmisión nerviosa.

  •  
  • La salud ósea.

Un déficit importante de magnesio puede producir calambres.

 

Eso está perfectamente demostrado.

 

Lo que ocurre es que la mayoría de las personas con calambres nocturnos habituales no tienen realmente un déficit de magnesio.

 

 

¿Funciona como tratamiento?

 

Los estudios realizados en población general han mostrado resultados decepcionantes.

 

En la mayoría de los casos no se observa una mejoría clara respecto al placebo.

 

Dicho de otra forma:

 

Tomar magnesio no suele resolver los típicos calambres nocturnos benignos.

 

 

¿Hay excepciones?

 

Sí.

 

Puede ser útil en determinadas situaciones:

 

  • Embarazo.

  •  
  • Déficit demostrado de magnesio.

  •  
  • Algunos trastornos digestivos que dificultan su absorción.

  •  
  • Pacientes con determinadas enfermedades metabólicas.

Por eso no puede afirmarse que el magnesio sea inútil.

 

Simplemente no es la solución universal que muchas veces se anuncia.

 

 

Bibliografía

 

  • GARRISON SR et al. Magnesium for Skeletal Muscle Cramps. Cochrane Database of Systematic Reviews. 2020.


 

 

 

 

 

LA QUININA: EL REMEDIO QUE CASI HA DESAPARECIDO

 

Durante décadas la quinina fue el tratamiento estrella para los calambres nocturnos.

 

La quinina es una sustancia obtenida originalmente de la corteza de determinados árboles sudamericanos.

 

Se utilizó durante siglos para tratar la malaria.

 

Posteriormente se observó que también reducía la frecuencia de los calambres musculares.

 

Y efectivamente funcionaba.

 

El problema apareció cuando se comprobó que podía provocar efectos secundarios potencialmente graves.

 

Entre ellos:

 

  • Alteraciones del ritmo cardiaco.

  •  
  • Descenso peligroso de las plaquetas.

  •  
  • Reacciones alérgicas graves.

  •  
  • Problemas visuales.

 

Por este motivo actualmente muchas agencias reguladoras desaconsejan su utilización rutinaria para tratar calambres benignos.

 

Su uso ha quedado muy restringido.

 

Bibliografía

 

  • EL-TAWIL S et al. Quinine for Muscle Cramps. Cochrane Database of Systematic Reviews. 2015.


 

 

 

 

¿FUNCIONA COMER PLÁTANOS?

 

Probablemente sea el consejo más repetido de todos.

 

La explicación tiene cierta lógica.

 

El plátano contiene potasio.

 

Y el potasio participa en la función muscular.

 

Sin embargo, la realidad vuelve a ser más compleja.

 

La mayoría de los pacientes con calambres nocturnos no tienen déficit de potasio.

 

Por tanto, comer más plátanos no suele solucionar el problema.

 

Ahora bien, los plátanos son saludables, nutritivos y constituyen una excelente fuente de fibra, vitaminas y minerales.

 

Así que seguirán siendo recomendables por muchos motivos.

 

Simplemente no son una cura milagrosa para los calambres.


 

 

 

 

¿POR QUÉ LOS CALAMBRES SON MÁS FRECUENTES CON LA EDAD?

 

Esta es una de las preguntas más interesantes.

 

A medida que envejecemos se producen múltiples cambios.

 

Perdemos masa muscular.

 

Disminuye el número de neuronas motoras.

 

Las fibras musculares se vuelven menos eficientes.

 

La flexibilidad disminuye.

 

Y muchas personas reducen progresivamente su actividad física.

 

Todo ello favorece la aparición de calambres.

 

Por eso son mucho más frecuentes en mayores de 60 años.

 

No significa necesariamente enfermedad.

 

En muchos casos forman parte de los cambios fisiológicos del envejecimiento.


 

 

 

 

EL EJERCICIO: AMIGO Y ENEMIGO

 

Aquí encontramos una curiosa paradoja.

 

Tanto el exceso de ejercicio como la falta de ejercicio pueden favorecer los calambres.

 

Un corredor que acaba de completar una maratón tiene más riesgo.

 

Pero una persona sedentaria que apenas camina también.

 

La explicación es sencilla.

 

Los músculos funcionan mejor cuando trabajan de forma regular.

 

Ni demasiado poco ni demasiado.

 

El ejercicio moderado y constante parece ser la estrategia más beneficiosa.

 

Caminar diariamente, nadar, montar en bicicleta o realizar ejercicios suaves de fuerza ayudan a mantener una musculatura más resistente y menos propensa a sufrir calambres.

 

Bibliografía

 

  • SCHWELLNUS MP. Muscle Cramping in Athletes. Sports Medicine. 2008.


 

 

 

 

LA MEDIDA PREVENTIVA MÁS EFICAZ

 

Después de décadas de estudios, la conclusión resulta casi decepcionantemente sencilla.

 

La intervención preventiva más eficaz sigue siendo una de las más simples.

 

Los estiramientos regulares.

 

Especialmente antes de acostarse.

 

Un programa diario de estiramientos suaves de gemelos y musculatura posterior de las piernas puede reducir significativamente la frecuencia de los calambres nocturnos.

 

No requiere medicación.

 

No cuesta dinero.

 

Y carece prácticamente de efectos secundarios.

 

A veces la medicina más eficaz sigue siendo la más sencilla.

 

Bibliografía

 

  • HALLEGUA DS, MANOR Y. Stretching for Nocturnal Leg Cramps. Journal of Family Practice. 2012.


 

 

 

CONCLUSIONES

 

Los calambres musculares son uno de los trastornos neuromusculares más frecuentes de la población.

 

Aunque resultan dolorosos y a veces muy molestos, la mayoría son completamente benignos.

 

Hoy sabemos que no suelen deberse simplemente a una falta de minerales, sino a una alteración compleja de los mecanismos nerviosos que regulan la contracción muscular.

 

Los calambres nocturnos de las piernas representan la forma más habitual.

 

La edad, la fatiga muscular, el sedentarismo, determinados medicamentos y algunas enfermedades pueden favorecer su aparición.

 

Ante un episodio agudo, el estiramiento suave del músculo afectado sigue siendo la medida más eficaz.

 

Y para prevenirlos, pocas estrategias han demostrado tanta utilidad como mantener una actividad física regular, conservar una buena hidratación y realizar estiramientos antes de acostarse.

 

La medicina moderna ha desmontado algunos mitos sobre el magnesio, los plátanos o los remedios milagrosos, pero ha confirmado algo que probablemente ya sabían nuestras abuelas: cuidar los músculos todos los días sigue siendo la mejor forma de evitar que decidan rebelarse a las tres de la madrugada.

 

 

 

EL VIEJO BATIDO DE PLÁTANO Y LECHE: ¿MITO O CONSEJO CON SENTIDO?

 

A lo largo de mi práctica profesional he recomendado muchas veces a pacientes con tendencia a sufrir calambres nocturnos una medida tan sencilla como tomarse antes de acostarse un batido elaborado con un plátano y un vaso de leche.

 

Es uno de esos consejos que suelen transmitirse de generación en generación y que, como ocurre a veces en medicina, tiene más lógica fisiológica de la que podría parecer a primera vista.

 

La pregunta es inevitable:

 

¿Realmente funciona?

 

La respuesta científica más honesta sería: probablemente puede ayudar en determinadas personas, aunque no porque constituya un tratamiento específico contra los calambres.

 

Veamos por qué.

 

¿QUÉ APORTA UN BATIDO DE PLÁTANO Y LECHE?

 

Un plátano de tamaño medio aporta aproximadamente entre 350 y 450 miligramos de potasio, además de pequeñas cantidades de magnesio y otros micronutrientes.

 

Por su parte, un vaso de leche aporta una cantidad importante de calcio, proteínas de alto valor biológico y otros minerales esenciales para el funcionamiento muscular.

 

En conjunto, el batido proporciona tres elementos que intervienen directamente en la contracción y relajación muscular:

 

Potasio

 

El potasio participa en la transmisión de los impulsos nerviosos y en la actividad eléctrica de las células musculares.

 

Cuando existe un déficit importante pueden aparecer debilidad muscular, fatiga e incluso calambres.

 

Sin embargo, conviene recordar que la mayoría de las personas con calambres nocturnos no presentan realmente una falta de potasio.

 

 

Calcio

 

El calcio desempeña un papel fundamental en la contracción muscular.

 

Cada vez que un músculo se contrae intervienen complejos mecanismos bioquímicos dependientes de calcio.

 

Los déficits importantes pueden favorecer espasmos musculares y fenómenos de hiperexcitabilidad neuromuscular.

 

 

Magnesio

 

El magnesio participa en centenares de reacciones metabólicas relacionadas con la función nerviosa y muscular.

 

Aunque los suplementos de magnesio no han demostrado una eficacia espectacular en los calambres nocturnos benignos, disponer de unos niveles adecuados sigue siendo importante para el correcto funcionamiento muscular.

 

 

ENTONCES, ¿FUNCIONA O NO FUNCIONA?

 

La respuesta es que puede ayudar, pero probablemente no por el motivo que muchas personas imaginan.

 

No existen estudios científicos que hayan demostrado específicamente que un batido de plátano con leche antes de acostarse prevenga los calambres nocturnos.

 

Sin embargo, sí sabemos varias cosas.

 

Sabemos que una nutrición adecuada favorece la salud muscular.

 

Sabemos que una ingesta suficiente de minerales es importante para la función neuromuscular.

 

Sabemos que una pequeña hidratación antes de acostarse puede resultar beneficiosa en algunas personas.

 

Y sabemos que muchas personas mayores mantienen dietas relativamente pobres en proteínas y micronutrientes.

 

Por tanto, aunque el batido no pueda considerarse un tratamiento médico demostrado, sí constituye una medida nutricional razonable dentro de un estilo de vida saludable.

 

 

LO QUE LA CIENCIA DESMONTA

 

Lo que sí desmontan los estudios modernos es la idea de que todos los calambres aparecen por falta de potasio, calcio o magnesio.

 

Hoy sabemos que los mecanismos son mucho más complejos.

 

La mayoría de los calambres nocturnos benignos se relacionan con fenómenos de hiperexcitabilidad neuromuscular, envejecimiento muscular, fatiga o alteraciones en los mecanismos nerviosos que regulan la contracción.

 

Por eso muchas personas continúan teniendo calambres a pesar de consumir cantidades normales de estos minerales.

 

 

EL VEREDICTO FINAL

 

Desde un punto de vista científico, recomendar un batido de plátano y leche antes de acostarse no puede considerarse un tratamiento específico para los calambres musculares.

 

Pero tampoco puede calificarse como un mito sin fundamento.

 

Se trata de una recomendación nutricional sensata que aporta líquidos, proteínas y minerales implicados en la función muscular.

 

Probablemente no eliminará por sí sola los calambres nocturnos, pero puede formar parte de un conjunto de medidas saludables que incluyan ejercicio regular, estiramientos antes de acostarse, una adecuada hidratación y una alimentación equilibrada.

 

Dicho de otro modo: el batido probablemente no sea la solución mágica, pero desde luego tiene bastante más base fisiológica que muchas de las supuestas curas milagrosas que circulan por internet.

 

 

Bibliografía

 

  • GARRISON SR et al. Magnesium for Skeletal Muscle Cramps. Cochrane Database of Systematic Reviews. 2020.

  •  
  • ALLEN RE, KIRBY KA. Nocturnal Leg Cramps. American Family Physician. 2012.

  •  
  • NATIONAL INSTITUTES OF HEALTH. Potassium Fact Sheet for Health Professionals.

  •  
  • NATIONAL INSTITUTES OF HEALTH. Magnesium Fact Sheet for Health Professionals.

  •  
  • NATIONAL INSTITUTES OF HEALTH. Calcium Fact Sheet for Health Professionals.

 

 

 

(Artículo redactado, según mis indicaciones, por IA y posteriormente corregido y modificado por holasoyramon)

 

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Euphoria (Serie de TV) – Temporada 3 – 2026 – Sam Levinson (Creator) – HBO Max

19/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La adolescencia termina. Empieza el vertedero.

 

Sam Levinson es el creador, guionista y director principal de Euphoria, una de las series más influyentes y discutidas de la televisión reciente.

 

Hijo del cineasta Barry Levinson, ya había dirigido Nación salvaje y Malcolm & Marie, pero su gran fenómeno popular llegó con esta serie producida por HBO y A24.

 

Su estilo mezcla exceso visual, dolor emocional, juventud triturada y una tendencia muy suya a poner la cámara como si estuviera sufriendo una sobredosis de neón.

 

Euphoria ha ganado varios premios Emmy, entre ellos dos para Zendaya como mejor actriz protagonista por su interpretación de Rue Bennett, convirtiéndola en una de las intérpretes más reconocidas de la televisión contemporánea.

 

Euphoria empezó siendo una serie de adolescentes en un instituto.

 

Bueno, adolescentes entre muchas comillas, porque algunos ya parecían estar pagando hipoteca emocional desde primero de bachillerato.

 

Pero esta tercera temporada da un salto de cinco años y confirma lo que las dos primeras ya venían anunciando con luces de neón, purpurina, drogas y trauma a granel: aquella América estaba devastada moralmente y el futuro no era precisamente una excursión a Disneylandia.

 

 

Los personajes han salido del instituto, pero no han salido del desastre.

 

Ahora viven insertados en una realidad social mucho más dura, más adulta y más podrida.

 

Ya no estamos ante los dramas hormonales de pasillo, taquilla y fiesta imposible.

 

Ahora hablamos de narcotráfico, prostitución, explotación sexual, redes sociales, televisión, pornografía, negocios turbios y cuerpos convertidos en producto.

 

Un catálogo de horrores contemporáneos servido con una fotografía tan espectacular que casi da vergüenza reconocer lo bonito que queda todo lo repugnante.

 

Rue Bennett, interpretada por una magnífica Zendaya, sigue siendo el corazón enfermo de la serie. Cada gesto, cada mirada, cada silencio suyo parece arrastrar toneladas de dolor. Aquí la encontramos metida en mundos cada vez más oscuros, atrapada entre la droga, la prostitución y una vida que se le deshace entre las manos.

 

Zendaya está impresionante. No actúa: parece que se rompe delante de la cámara.

 

Jules Vaughn, interpretada por Hunter Schafer, también ha cambiado mucho. Ya no es aquella presencia casi etérea de las primeras temporadas, sino una mujer más endurecida, más consciente del precio de sobrevivir y más atrapada en ese terreno ambiguo donde el deseo, el arte y el entretenimiento masculino se mezclan de manera bastante incómoda.

 

Lexi Howard, interpretada por Maude Apatow, sigue siendo el personaje más centrado de la serie. Siempre lo fue. Aquí trabaja como asistente en televisión e intenta abrirse camino como guionista. En medio de este zoológico de almas rotas, Lexi representa casi la única esperanza real. Una chica que todavía parece tener un proyecto de vida que no consiste en autodestruirse con iluminación de videoclip caro.

 

Maddy Perez, interpretada por Alexa Demie, intenta abrirse camino en un mundo de representación, imagen, promoción y explotación del deseo ajeno. La serie la sitúa cerca de ese universo donde todo se monetiza: el cuerpo, la mirada, la fama, la humillación y hasta el último resto de dignidad que quede en el cajón.

 

Cassie Howard, interpretada por Sydney Sweeney, entra en el mundo de OnlyFans, que aquí aparece como una especie de escaparate de fama rápida, pornografía domesticada y prostitución emocional con tarifa mensual. Su personaje continúa degradándose en busca de una popularidad falsa, efímera y bastante triste.

 

Y luego está Nate Jacobs, interpretado por Jacob Elordi, que sigue siendo un personaje nefasto. Un embaucador, un tipo peligroso, un mal negociante y una presencia tóxica incluso cuando parece que solo está respirando. Hay personajes que entran en una habitación y sube la tensión dramática. Nate entra y parece que baja el precio de la vivienda del barrio.

 

La temporada va entrelazando todos esos mundos: el narcotráfico, las strippers, la prostitución, la televisión, las redes sociales, los servidores, la monetización del cuerpo, la imagen como mercancía y la fama como trituradora de carne joven.

 

Todo está conectado.

 

Todo se contamina.

 

Todo acaba formando una especie de ecosistema enfermizo donde nadie parece libre del todo.

 

También aparece Rosalía, interpretando a Magick, una stripper del club Silver Slipper. Su presencia funciona como una extensión natural de ese universo de cuerpos exhibidos, deseo mercantilizado y espectáculo permanente. No es un simple cameo decorativo: su personaje se integra en ese ambiente nocturno, excesivo y profundamente triste donde la serie se mueve como pez en agua sucia.

 

Visualmente, la temporada es impresionante.

 

El diseño de producción es enorme, apabullante, casi obsceno. Cada local, cada habitación, cada club, cada plató y cada espacio parecen pensados para convertir la miseria emocional en una instalación de arte contemporáneo.

 

Y ahí sigue estando la gran contradicción de Euphoria.

 

Habla de destrucción, pero la filma con una belleza descomunal.

 

Denuncia la explotación, pero a veces parece fascinada por ella.

 

Retrata una sociedad enferma, pero lo hace con tanta potencia visual que uno no sabe si está viendo una tragedia generacional o el anuncio de un perfume carísimo para gente deprimida.

 

En cualquier caso, la serie sigue impresionando.

 

Ha cambiado por completo. Ya no es aquella historia de instituto con adolescentes rotos. Ahora es una serie adulta, oscura, feroz y mucho más social de lo que parece.

 

Euphoria retrata una América donde todo se compra, todo se vende y todo se monetiza.

La droga.

El sexo.

La imagen.

La fama.

La tristeza.

Hasta la propia destrucción personal.

 

Y en medio de ese vertedero con luces de neón, Zendaya vuelve a estar gigantesca.

 

Reverencia absoluta.

 

Mi puntuación: 8,88/10.

 

 

 

Dirigido por Sam Levinson:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Ladrón de bicicletas – Ladri di biciclette – 1948 – Vittorio De Sica – Wilder Cinema – #YoVoyAlCine

19/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Ladrones de esperanza

 

Vittorio De Sica fue una de las figuras esenciales del neorrealismo italiano.

 

Actor, director y guionista, ayudó a redefinir el cine europeo tras la Segunda Guerra Mundial mostrando la vida cotidiana de la gente corriente con una autenticidad desconocida hasta entonces.

 

Su filmografía incluye obras maestras como Milagro en Milán, Umberto D., El limpiabotas o Matrimonio a la italiana.

 

Junto al guionista Cesare Zavattini construyó algunas de las películas más influyentes de la historia del cine.

 

Premios y reconocimientos

 

Ladrón de bicicletas obtuvo el Óscar honorífico a la mejor película extranjera en 1950, cuando todavía no existía la categoría competitiva actual.

 

También ganó el BAFTA a la mejor película y ha aparecido de forma recurrente en las listas de las mejores películas de todos los tiempos elaboradas por críticos, cineastas e instituciones cinematográficas de todo el mundo.

 

 

Cutrecomentario

 

Hay películas que envejecen.

 

Y luego están las que parecen rodadas ayer.

 

Ladrón de bicicletas pertenece a esa segunda categoría.

 

Considerada una de las grandes obras maestras del neorrealismo italiano, una de las mejores películas italianas de todos los tiempos y una presencia habitual en cualquier lista seria de las mejores películas de la historia del cine, sigue conservando una fuerza emocional que muchos dramas modernos matarían por tener.

 

La historia es aparentemente sencilla.

 

A un hombre le roban una bicicleta.

 

Fin.

 

Pero claro, esa bicicleta no es una bicicleta.

 

Es el trabajo.

 

Es la comida.

 

Es la posibilidad de mantener a una familia.

 

Es la diferencia entre sobrevivir o hundirse.

 

Y ahí es donde la película golpea.

 

Porque De Sica retrata una Italia devastada por la guerra, un país que intenta levantarse de las ruinas mientras millones de personas apenas tienen lo suficiente para llegar al día siguiente.

 

La pobreza aparece en cada rincón.

 

Está en las viviendas.

 

Está en las calles.

 

Está en las colas.

 

Está en las miradas.

 

Y lo más terrible es que también está en la moral de una sociedad desesperada.

 

La película muestra cómo la miseria económica termina generando otra forma de miseria todavía más triste: la moral.

 

La de quien roba a alguien que no tiene nada.

 

La de quien se aprovecha del más débil.

 

La de quien mira hacia otro lado porque bastante tiene con sobrevivir él mismo.

 

No hay grandes villanos.

 

No hacen falta.

 

La verdadera antagonista es la pobreza.

 

Y pocas veces se ha filmado de una forma tan dolorosamente real.

 

Lo que hoy llamamos cine social ya estaba aquí hace más de setenta años.

 

Las historias de exclusión, precariedad y desigualdad que después desarrollarían cineastas como los hermanos Dardenne, Ken Loach o buena parte del mejor cine europeo contemporáneo tienen uno de sus orígenes más claros en esta película.

 

Pero lo extraordinario es que trasciende incluso esa etiqueta.

 

No es solamente una denuncia social.

 

Es una historia profundamente humana.

 

Una historia sobre la dignidad.

 

Sobre la desesperación.

 

Sobre lo que ocurre cuando una persona honrada se encuentra acorralada por las circunstancias.

 

Y sobre cómo la necesidad puede empujar a cualquiera hacia lugares que jamás imaginó visitar.

 

Vista hoy sigue resultando devastadora.

 

No necesita música manipuladora.

 

No necesita discursos grandilocuentes.

 

No necesita efectos especiales.

 

Le basta con una bicicleta y con una verdad incómoda: cuando una sociedad abandona a los más débiles, los primeros que desaparecen no son los bienes materiales.

 

Es la esperanza.

 

Un clásico imprescindible.

 

De esos que hay que ver al menos una vez en la vida.

 

Y probablemente más de una.

 

Mi puntuación: 9,87/10.

 

 

 

Dirigido por Vittorio De Sica:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Toy Story 5 (Animación) – 2026 – Andrew Stanton – #YoVoyAlCine

19/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Toy Story: la saga que cambió para siempre la animación

 

Cuando Pixar estrenó Toy Story en 1995 no solo lanzó una nueva película de animación. Cambió la historia del cine. Fue el primer largometraje realizado íntegramente por ordenador y demostró que la animación digital podía emocionar tanto o más que el dibujo tradicional.

 

Detrás de aquella revolución estaba John Lasseter, animador y director estadounidense que se convirtió en una de las figuras clave de Pixar. Fascinado desde niño por la animación, trabajó inicialmente para Disney antes de incorporarse a la pequeña compañía fundada por Ed Catmull y respaldada económicamente por Steve Jobs.

 

Lasseter dirigió las dos primeras entregas de la saga y fue el principal responsable creativo de que Pixar se convirtiera en el estudio más influyente de la animación moderna.

 

Más de treinta años después, las aventuras de Woody, Buzz Lightyear y compañía se han convertido en una de las sagas más queridas de la historia del cine, acumulando miles de millones de dólares en taquilla y conquistando a varias generaciones de espectadores.

 

 

Toy Story (1995)

 

Estrenada en 1995, la primera película presentó a Woody, el vaquero favorito del niño Andy, cuya posición de liderazgo se ve amenazada con la llegada de un nuevo juguete: Buzz Lightyear, un guardián espacial que cree ser un auténtico héroe intergaláctico.

 

La historia combinaba humor, aventura y amistad, pero también hablaba sobre los celos, la identidad y el miedo a ser reemplazado.

 

Lo que podría haber sido una simple película infantil terminó convirtiéndose en una obra que también conectó con el público adulto.

 

La película fue un éxito rotundo y recaudó aproximadamente 394 millones de dólares en todo el mundo, una cifra extraordinaria para la época.

 

Aunque todavía no existía la categoría de Mejor Película de Animación, la Academia de Hollywood reconoció la importancia histórica de la película otorgando a John Lasseter un Óscar especial por sus contribuciones al desarrollo de la animación digital.

 

 

Toy Story 2 (1999)

 

Lo que inicialmente iba a ser una secuela destinada al mercado doméstico terminó convirtiéndose en una producción cinematográfica de primer nivel.

 

En esta ocasión Woody es secuestrado por un coleccionista de juguetes y descubre que forma parte de una valiosa colección relacionada con una antigua serie de televisión. Mientras tanto, Buzz y el resto de juguetes emprenden una misión de rescate.

 

La película profundizó en el pasado de Woody y añadió personajes tan populares como Jessie y el caballo Perdigón. Además, introdujo uno de los grandes temas que acompañarían a toda la saga: el miedo a quedarse atrás cuando el tiempo pasa.

 

Su éxito fue incluso mayor que el de la primera entrega, alcanzando cerca de 497 millones de dólares en taquilla mundial.

 

 

Toy Story 3 (2010)

 

Tras once años de espera llegó la tercera entrega, considerada por muchos la mejor de toda la saga.

 

Andy ya ha crecido y está a punto de marcharse a la universidad. Los juguetes se enfrentan a una situación que llevan temiendo desde el principio: quedarse sin dueño.

 

La película aborda temas como el paso del tiempo, la nostalgia y la dificultad de aceptar los cambios. Además, incluye algunas de las escenas más emotivas de toda la historia de la animación moderna.

 

El público respondió masivamente y la película superó los 1.060 millones de dólares de recaudación mundial, convirtiéndose en el primer filme de Pixar en superar la barrera de los mil millones.

 

También hizo historia en los Óscar. Fue la primera película de la saga en ganar el premio a la Mejor Película de Animación, una categoría creada en 2001, varios años después del estreno de las dos primeras entregas. Además, fue nominada al Óscar a la Mejor Película, algo extraordinario para una producción animada.

 

 

Toy Story 4 (2019)

 

Muchos espectadores pensaban que la historia había terminado de forma perfecta con la tercera película. Sin embargo, Pixar decidió regresar casi una década después.

 

La nueva aventura presenta a Forky, un juguete improvisado creado por Bonnie, la nueva propietaria de los juguetes. Woody emprende un viaje que le obliga a replantearse cuál es su papel en el mundo y qué significa realmente ser un juguete.

 

La película apostó por una historia más íntima y personal, centrada especialmente en Woody y en la búsqueda de un nuevo propósito cuando parece que todo ha terminado.

 

Volvió a ser un enorme éxito comercial, con una recaudación cercana a los 1.073 millones de dólares en todo el mundo.

 

Al igual que su predecesora, ganó el Óscar a la Mejor Película de Animación, confirmando que la franquicia seguía manteniendo intacto su prestigio tanto entre el público como entre la crítica.

 

 

Una saga histórica

 

Película Año Recaudación aproximada
Toy Story 1995 394 millones $
Toy Story 2 1999 497 millones $
Toy Story 3 2010 1.067 millones $
Toy Story 4 2019 1.073 millones $

 

A lo largo de cuatro películas, la saga ha recaudado más de 3.000 millones de dólares y ha conseguido algo que muy pocas franquicias pueden presumir: crecer junto a su público.

 

Los niños que conocieron a Woody y Buzz en 1995 son hoy adultos, pero siguen emocionándose cuando escuchan aquello de «hasta el infinito y más allá».

 

Pocas sagas han sabido evolucionar de forma tan natural, acompañando a los espectadores en las distintas etapas de su vida.

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

 

Juguetes y pantallas. Imaginación y redes.

 

Andrew Stanton es uno de los grandes arquitectos de Pixar.

 

Guionista de la primera Toy Story y responsable de clásicos como Buscando a Nemo y WALL·E, forma parte de ese reducido grupo de creadores que ayudaron a cambiar para siempre la animación moderna.

 

También dirigió la ambiciosa John Carter para Disney, uno de los mayores fracasos comerciales de la compañía pese a sus evidentes virtudes visuales.

 

Su regreso a la saga supone el retorno de uno de sus padres fundadores.

 

Resulta difícil encontrar una saga que haya acompañado durante tanto tiempo a varias generaciones distintas.

 

Los niños que descubrieron Toy Story en 1995 hoy son padres. Muchos de los padres que los llevaron entonces al cine son ahora abuelos. Y todos pueden sentarse juntos delante de Toy Story 5 sin sentirse fuera de lugar.

 

Eso ya tiene bastante mérito.

 

Porque cinco películas después la franquicia sigue encontrando temas nuevos sobre los que reflexionar.

 

En esta ocasión la amenaza ya no es un vecino gamberro, ni una guardería infernal, ni una mudanza traumática.

 

El enemigo tiene pantalla táctil, conexión a internet y batería recargable.

 

La película plantea cómo las tablets, las videoconsolas, los teléfonos móviles y las redes sociales han ido desplazando poco a poco a los juguetes tradicionales.

 

Y lo hace desde una perspectiva bastante interesante.

 

Al principio parece que vamos a asistir a una batalla entre dos mundos incompatibles: los juguetes de siempre frente a la tecnología moderna. Los muñecos contra las pantallas. Woody contra el algoritmo.

 

Sin embargo, el guion evita caer en el discurso fácil del abuelo gruñón que asegura que cualquier tiempo pasado fue mejor.

 

La conclusión es mucho más conciliadora.

 

La película acaba defendiendo que ambos mundos pueden convivir perfectamente siempre que estén orientados al bienestar del niño.

 

No se trata de prohibir la tecnología ni de convertir los juguetes clásicos en reliquias sagradas.

 

Se trata de recordar algo que ninguna pantalla puede proporcionar por sí sola: la imaginación.

 

Y ahí aparece uno de los aspectos más interesantes de la historia.

 

Bonnie sigue siendo una niña con un rico mundo interior. Una niña que imagina, inventa historias, crea aventuras y juega durante horas con sus juguetes. Una niña que todavía disfruta siendo niña.

 

Pero cuando aparece la tecnología, el verdadero problema no son los videojuegos.

 

Ni siquiera son las tablets.

 

El problema son las relaciones sociales que llegan detrás.

 

La película retrata bastante bien cómo muchos niños encuentran en internet un entorno que puede resultar hostil. Un lugar donde existen presiones para encajar, para seguir determinadas modas y para adaptarse a dinámicas grupales que no siempre son saludables.

 

Bonnie descubre que seguir disfrutando de ciertas cosas consideradas infantiles puede convertirla en objeto de burlas o de exclusión.

 

Y ahí la película toca un tema mucho más profundo de lo que parece a simple vista: la pérdida acelerada de la infancia.

 

Porque las pantallas no solamente entretienen.

 

También proporcionan enormes cantidades de información en muy poco tiempo.

 

Exponen a los niños a preocupaciones, conflictos y dinámicas propias de adolescentes o adultos cada vez más pronto.

 

En cierto modo la película viene a sugerir que la tecnología puede contribuir a una maduración prematura.

 

Una idea discutible, pero que está claramente presente en el relato.

 

También aparece otro elemento que me ha llamado la atención y que creo que lleva acompañando a la saga desde hace años sin que muchos nos hubiéramos dado cuenta.

 

Un cierto conservadurismo de fondo.

 

No es algo especialmente molesto ni convierte la película en un panfleto ideológico, pero sí está ahí.

 

Por ejemplo, algunas de las fantasías de juego de Bonnie tienen un aroma bastante tradicional. Hay momentos en los que la niña juega a bodas y recrea situaciones que parecen sacadas de otra época. Son detalles pequeños, pero contribuyen a transmitir una visión bastante clásica de la infancia.

 

Quizá sea una de las pocas cosas que me chirrían ligeramente.

 

No porque estén mal contadas, sino porque parecen mirar más al pasado que al presente.

 

En cualquier caso, los verdaderos protagonistas siguen siendo los juguetes.

 

Y continúan representando una idea profundamente optimista del mundo.

 

Son personajes que buscan siempre lo mejor para la niña, incluso cuando eso supone sacrificar sus propios deseos. No hay egoísmo. No hay maldad. Solo una voluntad permanente de ayudar.

 

Y probablemente por eso siguen funcionando tan bien emocionalmente después de tantos años.

 

Al final, Toy Story 5 viene a defender una idea bastante sencilla.

 

Los videojuegos pueden ser maravillosos.

 

Las tablets pueden ser útiles.

 

La tecnología puede formar parte de la infancia.

 

Pero nada sustituye completamente a la imaginación.

 

Y nada sustituye a la amistad.

 

Los mejores juegos siguen siendo aquellos que se comparten con otros niños y aquellos en los que la cabeza trabaja más que la pantalla.

 

Puede que el mensaje tenga un pequeño aroma conservador.

 

Puede que algunos espectadores no compartan todas sus conclusiones.

 

Pero es difícil discutir que está contado con inteligencia, sensibilidad y muchísimo oficio.

 

Quizá no alcance las cimas emocionales de Toy Story 3 ni la capacidad revolucionaria de la película original.

 

Pero sigue siendo una estupenda entrega de una saga que, contra todo pronóstico, continúa teniendo cosas interesantes que decir más de treinta años después de que un vaquero de plástico y un astronauta discutieran por primera vez en la habitación de Andy.

 

Mi puntuación: 7,55/10.

 

 

 

Dirigido por Andrew Stanton:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Desayuno con diamantes – Breakfast at Tiffany’s – 1961 – Blake Edwards – Asociación Amigos del Cine de Azuqueca de Henares (ACAZ)

16/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

 

Audrey Hepburn desayunó frente a Tiffany’s y el cine decidió perdonárselo todo

 

Blake Edwards dirigió en 1961 Desayuno con diamantes, adaptación bastante libre de la novela corta de Truman Capote.

 

Una de esas películas que han pasado a la historia no tanto por lo que cuentan, sino por la imagen que dejaron clavada en la retina colectiva: Audrey Hepburn, vestida de negro, con gafas oscuras, moño imposible, collar de perlas y un desayuno humilde frente al escaparate más glamuroso de Nueva York.

 

Ahí está el milagro.

 

Porque Desayuno con diamantes es una película mucho más problemática de lo que su envoltorio elegante quiere hacernos creer.

 

Tiene encanto, tiene música, tiene momentos memorables, tiene a Audrey Hepburn en estado de gracia y tiene esa pátina dorada del Hollywood clásico que todo lo embellece, incluso lo que quizá no debería embellecer tanto.

 

Pero vista hoy, con cierta distancia, la película cruje más que una silla barata en una cena de gala.

 

La gran salvación de la película se llama Audrey Hepburn. Sin ella, esto habría envejecido todavía peor. Ella convierte a Holly Golightly en un icono, pero también en algo más complejo que el simple maniquí sofisticado que muchas veces se recuerda.

 

Holly es alocada, imprevisible, caótica, caprichosa, un poco errática y bastante rota por dentro.

 

La película va dejando caer, casi como quien no quiere la cosa, que detrás de esa fachada de fiestas, vestidos, joyas y ricachones hay una vida tristísima.

 

Holly tuvo una infancia miserable junto a su hermano pequeño, Fred, con hambre, abandono y robos de comida incluidos.

 

Después acabó casándose siendo prácticamente una niña con Doc Golightly, un hombre mayor, viudo y con varios hijos.

 

Vamos, un panorama sentimental que no es precisamente Sonrisas y lágrimas, sino más bien “sálvese quien pueda y que alguien cierre la puerta del granero”.

 

Luego Holly llega a Nueva York e intenta reinventarse. Quiere ser libre, quiere ser elegante, quiere ser rica, quiere vivir sin pertenecer a nadie. Pero la realidad es bastante menos glamurosa: vive sacando dinero a hombres adinerados, ejerciendo como señorita de compañía, amante ocasional o prostituta encubierta bajo capas de sofisticación hollywoodiense.

 

Y ahí entra uno de los grandes problemas de la película.

 

Blake Edwards idealiza muchísimo ese mundo. Lo perfuma, lo ilumina, lo viste de Givenchy y le pone música de Henry Mancini para que todo parezca más bonito.

 

La prostitución aquí aparece como una especie de juego social entre adultos elegantes, una transacción casi simpática, un intercambio con copas, fiestas y apartamentos de diseño.

 

No hay explotación, no hay sordidez, no hay miedo, no hay desgaste real. Hollywood pasando lejía por la alfombra, como tantas veces.

 

Eso lo hemos visto después en otras películas, siendo el ejemplo más evidente Pretty Woman, donde Julia Roberts también convertía la prostitución en cuento de hadas con tarjeta de crédito y final de revista del corazón.

 

El cine norteamericano ha tenido siempre una habilidad extraordinaria para blanquear ciertas realidades.

 

Te coge una situación durísima, le pone una actriz maravillosa, un vestido precioso, dos canciones inolvidables y, hala, ya tenemos romanticismo. Como si la vida fuera una boutique con buena iluminación.

 

En Desayuno con diamantes pasa algo parecido.

 

Holly es una mujer sin red. No tiene dinero, no tiene familia estable, no tiene futuro claro y vive de hombres que la desean o la compran de una forma más o menos elegante.

 

Pero la película prefiere presentarla como una criatura encantadora, libre y excéntrica. Y lo consigue porque Audrey Hepburn era una actriz milagrosa.

 

Podía interpretar a una princesa, a una florista, a una monja, a una chica perdida o a una mujer que sobrevive como puede, y siempre encontraba la forma de hacerla luminosa.

 

Aquí le da a Holly elegancia, frescura, alegría, ligereza y una fragilidad que asoma cuando menos se espera. Holly puede parecer una cabeza loca, pero Audrey Hepburn deja ver constantemente que esa alegría es una coraza. Una forma de no hundirse. Una manera de mirar escaparates porque mirar la propia vida debe de dar bastante más miedo.

 

La otra gran salvación de la película es la música de Henry Mancini.

 

Su banda sonora es sencillamente maravillosa. Y Moon River, con letra de Johnny Mercer, es una de esas canciones que ya no pertenecen solo a una película, sino a la memoria sentimental del cine. La canción ganó el Oscar a la mejor canción original y Henry Mancini ganó también el Oscar a la mejor banda sonora. Merecidísimos ambos. La música consigue darle a la película una melancolía que el guion a veces no termina de alcanzar.

 

Porque ese es otro asunto: la película tiene mucho más poder como icono que como relato.

 

La historia, reducida a su esqueleto, es la relación entre una prostituta elegante y un gigoló con aspiraciones literarias. Holly vive de hombres ricos. Paul Varjak, interpretado por George Peppard, vive mantenido por Patricia Neal, que interpreta a Emily Eustace Failenson, la famosa “decoradora” de su apartamento. Decoradora, claro. En Hollywood todo suena más fino si se le pone un nombre de interiorismo.

 

Paul es un escritor frustrado que lleva años sin publicar nada relevante. Vive cómodo gracias al dinero de una mujer rica que lo mantiene. Ella le paga el apartamento, le da dinero y lo trata como una posesión. Es decir, Paul critica a Holly, pero tampoco es exactamente San Francisco de Asís con máquina de escribir.

 

Y entonces estos dos seres perdidos se conocen por casualidad, son vecinos por casualidad, se fascinan por casualidad y acaban enamorándose porque el guion ha decidido que el amor puede redimirlo todo. El problema es que la relación entre ellos no resulta tan sana como la película quiere vender.

 

Hay un momento especialmente revelador cuando Paul le dice a Holly que ella le pertenece. La película lo plantea como una declaración apasionada, como un gesto romántico, como si el muchacho acabara de descubrir el amor verdadero y no un preocupante concepto de propiedad privada.

 

Holly, en cambio, insiste en que no quiere pertenecer a nadie. Quiere ser libre. Quiere no ser encerrada en una jaula, aunque la jaula tenga vistas a Manhattan.

 

Pero la película parece ponerse del lado de Paul.

 

Como si amar significara poseer. Como si el final feliz consistiera en aceptar que uno pertenece al otro. Como si la libertad de Holly fuera una enfermedad que el amor masculino debe curar. Visto hoy, ese mensaje chirría bastante. No chirría un poquito, no. Chirría como una bisagra oxidada en una película de terror de bajo presupuesto.

 

Y lo curioso es que Paul no aparece retratado como un personaje tóxico. Al contrario. La película lo presenta como el hombre bueno, el que ve más allá de la fachada, el que puede rescatar a Holly de sí misma. Pero muchas de sus frases tienen un aroma machista bastante evidente. Ese tipo de romanticismo posesivo que durante décadas el cine vendió como pasión y que ahora suena más bien a “amiga, sal de ahí”.

 

La película también blanquea al personaje de Doc Golightly, interpretado por Buddy Ebsen, actor muy reconocible por la serie The Beverly Hillbillies, emitida en España como Los nuevos ricos y también conocida como Rústicos en Dinerolandia.

 

Doc aparece como un pobre hombre entrañable que viene a recuperar a su mujer. Pero, si uno se para a pensar, el asunto es bastante turbio. Estamos hablando de un hombre mayor que se casó con una chica muy joven, prácticamente una menor, a la que recogió en una situación de pobreza extrema. Y cuando aparece en Nueva York intenta chantajear emocionalmente a Holly con el hermano, diciéndole que no va a recogerlo cuando vuelva del ejército si ella no regresa con él.

 

Vamos, una joyita.

 

Pero la película lo envuelve en nostalgia rural, bondad aparente y música sentimental. Otro ejemplo de ese Hollywood que te coloca delante una situación bastante inquietante y luego te dice: “No mires mucho, que se nos descose el glamour”.

 

También aparece John McGiver en una escena muy recordada como el vendedor de Tiffany’s. Aquí conviene corregir un recuerdo cinéfilo habitual: John McGiver no era el padre de los niños en Mary Poppins; ese papel lo interpretaba David Tomlinson. Pero John McGiver sí es uno de esos secundarios con cara inolvidable, de esos actores que aparecen dos minutos y parece que llevan toda la vida viviendo dentro de una vitrina de plata.

 

El personaje de Patricia Neal también tiene su gracia amarga. Es una mujer rica, dominante, convencida de que puede comprarlo todo, incluido a Paul. Su apartamento es un monumento al mal gusto caro: dorados, teléfonos imposibles, decoración recargada y ese aire kitsch de señora que ha confundido el lujo con el escaparate de una tienda de lámparas atacada por el rococó.

 

Ella tampoco es un buen personaje, pero al menos la película no la disfraza demasiado. Sabemos que compra compañía. Sabemos que utiliza su dinero como una correa. Y sabemos que Paul se deja comprar mientras juega a ser escritor sensible. Todo muy edificante. Como un club de lectura patrocinado por la hipocresía.

 

Luego está Martin Balsam, que interpreta a O.J. Berman, presentado como agente de Holly. Pero más que agente parece una figura bastante cercana al proxeneta emocional y profesional, alguien que conoce bien el engranaje de ese mundo y que habla de Holly como de un producto que no termina de funcionar según las normas del mercado.

 

Aparece también José Luis de Vilallonga como José da Silva Pereira, el brasileño rico, atractivo y convenientemente exótico que entra en la película como posible vía de escape para Holly. Su personaje representa otro sueño de ascenso social, otra fantasía de salvación mediante un hombre con dinero, apellido largo y pasaporte elegante. Porque Holly no busca solo amor; busca salida. Y la película lo sabe, aunque a veces prefiera maquillarlo con ligereza.

 

Y luego llegamos al elefante en la habitación. O, mejor dicho, al japonés de pega golpeándose con una lámpara.

 

El personaje de Mickey Rooney como I.Y. Yunioshi es, directamente, indefendible. Un actor blanco interpretando a un personaje japonés mediante maquillaje, prótesis dentales, gestos exagerados y una caricatura grotesca. Cada aparición suya hoy produce más incomodidad que risa. No es solo que ahora no se permitiría; es que cuesta entender cómo aquello pudo parecer gracioso sin que nadie levantara la mano y dijera: “Oigan, igual esto dentro de unos años nos explota en la cara”.

 

Y explotó.

 

Yunioshi es un bufón racista, siempre cabreado, torpe, ridiculizado, despertado a gritos, golpeándose con lámparas y convertido en una sucesión de tics ofensivos. Es uno de esos elementos que envejecen fatal y que contaminan una película que, por otro lado, mucha gente sigue adorando.

 

La adoración no debería impedir ver las grietas. Una cosa es amar el cine clásico y otra mirar hacia otro lado como si lleváramos gafas de soldador.

 

La famosa fiesta del apartamento de Holly tiene momentos divertidos y cierto aire de caos organizado que anticipa el talento de Blake Edwards para la comedia física.

 

Hay gags que funcionan, movimientos de personajes bien calculados y una sensación de descontrol elegante muy propia del director.

 

En algunos momentos recuerda a ese tipo de humor coral y absurdo que Edwards llevaría mucho más lejos en El guateque.

 

Pero también hay situaciones que hoy resultan forzadas, diálogos impostados y escenas que parecen más pendientes de mantener la pose que de contar algo verdadero.

 

La película tiene encanto, sí, pero a ratos uno nota demasiado el envoltorio. Como si alguien hubiera decidido que bastaba con poner a Audrey Hepburn en pantalla para que todo lo demás quedara automáticamente perdonado.

 

Y, en parte, funciona.

 

Porque Audrey Hepburn está maravillosa. Lo está siempre, pero aquí especialmente. Es imposible no mirarla. Imposible no entender por qué se convirtió en icono. Su Holly Golightly es luminosa, triste, divertida, irresponsable, elegante, infantil, seductora y profundamente vulnerable. Una contradicción con vestido negro.

 

La película se salva por ella.

 

Se salva por su forma de mirar el escaparate de Tiffany’s como si estuviera mirando una vida que nunca termina de alcanzar.

 

Se salva por su manera de cantar Moon River en la ventana, con una sencillez desarmante.

 

Se salva por cómo convierte a una superviviente bastante desesperada en un personaje inolvidable.

 

Pero eso no significa que la película haya envejecido bien.

 

No lo ha hecho del todo.

 

El mensaje amoroso está bastante pasado de fecha. La visión de la prostitución está blanqueada hasta lo absurdo. La relación entre Paul y Holly tiene elementos tóxicos que la película presenta como romanticismo.

 

El personaje de Doc Golightly resulta más inquietante de lo que el tono quiere admitir.

 

El de Mickey Rooney es una caricatura racista que hoy da vergüenza ajena.

 

Y varios diálogos desprenden una ideología machista que en su momento sería invisible para muchos, pero que ahora canta más que un crooner borracho en una boda.

 

Y, sin embargo, Desayuno con diamantes sigue fascinando.

 

Ahí está la paradoja.

 

Es una película problemática, anticuada en muchas cosas, ingenua en otras y directamente molesta en algunas. Pero contiene una de las imágenes más poderosas del cine clásico.

 

Contiene una banda sonora inmortal.

 

Contiene a Audrey Hepburn construyendo un personaje que ha sobrevivido incluso a las limitaciones de la propia película.

 

Quizá por eso conviene revisarla sin incienso.

 

No hace falta destruirla, pero tampoco canonizarla como si fuera una reliquia intocable.

 

Desayuno con diamantes es una película hermosa y tramposa.

 

Encantadora y caduca.

 

Elegante y profundamente discutible.

 

Un clásico con vestido de gala y zapatos incómodos.

 

Hay gente que adora la película.

 

Yo creo que lo que de verdad debe adorarse es a Audrey Hepburn.

 

Ella sí pertenece al Olimpo de las diosas de Hollywood.

 

La película, en cambio, se queda un poco más abajo, en una planta noble, con vistas a Tiffany’s, música de Henry Mancini y unas cuantas humedades ideológicas que el paso del tiempo ha dejado bastante a la vista.

 

Pero claro, sale Audrey Hepburn, suena Moon River y uno acaba perdonando más de lo que debería.

 

El cine también tiene estas trampas.

 

Y nosotros caemos en ellas como tontos, pero con mucha elegancia.

 

Mi puntuación: 3,47/10.

 

 

 

Curiosidades y anécdotas de Desayuno con diamantes: cuando un gato, una canción y un croissant hicieron historia

 

Hay películas que envejecen.

 

Y luego está Desayuno con diamantes, que lleva más de sesenta años convirtiendo a media humanidad en experta en vestidos negros, desayunos imposibles y escaparates de lujo.

 

La película dirigida por Blake Edwards en 1961 parece una comedia romántica elegante y ligera. Pero detrás de las cámaras ocurrieron tantas cosas que casi da para otra película.

 

 

Marilyn Monroe era la primera opción

 

La anécdota más conocida es también una de las más sorprendentes.

 

Truman Capote, autor de la novela original, quería a toda costa que Marilyn Monroe interpretara a Holly Golightly. De hecho, cuando supo que el papel había ido a parar a Audrey Hepburn, montó en cólera.

 

Durante años afirmó que la elección había sido un error monumental y llegó a decir que era una de las peores decisiones de casting posibles.

 

Lo curioso es que el tiempo terminó dejando a Capote en fuera de juego.

 

Hoy resulta prácticamente imposible imaginar a otra actriz que no sea Audrey Hepburn desayunando frente al escaparate de Tiffany’s.

 

 

La propia Audrey no quería hacer la película

 

Lo que tampoco suele contarse es que Audrey Hepburn dudó muchísimo antes de aceptar el papel.

 

Ella se consideraba demasiado tímida para interpretar a una mujer tan extrovertida, imprevisible y caótica como Holly. Fue Blake Edwards quien acabó convenciéndola de que era la actriz adecuada.

 

Menos mal.

 

Porque aquel personaje terminó convirtiéndose en la interpretación más emblemática de toda su carrera.

 

 

La escena más famosa fue un pequeño infierno

 

La secuencia inicial es una de las más icónicas de la historia del cine.

 

Un taxi se detiene en la Quinta Avenida de Nueva York. Holly baja elegantemente vestida de negro, se planta ante el escaparate de Tiffany’s y desayuna mientras contempla las joyas.

 

Parece sencilla.

 

No lo fue.

 

Había cientos de curiosos observando el rodaje, el control del tráfico fue complicado y, para colmo, a Audrey Hepburn no le gustaban los bollos daneses que debía comer durante la escena. Acabó bastante harta de repetir tomas mordiendo algo que no soportaba.

 

 

Tiffany’s abrió un domingo por primera vez en décadas

 

La joyería Tiffany’s llevaba décadas sin abrir los domingos.

 

Pero hizo una excepción histórica para permitir que el equipo pudiera rodar dentro de la tienda. Fue la primera vez desde el siglo XIX que el establecimiento abrió sus puertas un domingo.

 

No está mal como prueba de poder cinematográfico.

 

 

Moon River estuvo a punto de desaparecer

 

Imaginemos un universo paralelo en el que Moon River no existe.

 

Pues estuvo cerca.

 

Después de un pase previo, algunos ejecutivos de Paramount consideraron que la canción ralentizaba la película y propusieron eliminarla.

 

La respuesta fue un rotundo no.

 

La canción sobrevivió, ganó el Oscar a la Mejor Canción Original y terminó convirtiéndose en una de las melodías más famosas de toda la historia del cine.

 

 

El gato era una estrella más importante que muchos actores

 

El gato de Holly se llamaba simplemente “Cat”.

 

Muy original no era el nombre.

 

Pero el animal sí tenía currículum.

 

Estaba interpretado principalmente por un gato actor llamado Orangey, ganador de varios premios para animales cinematográficos. De hecho, el rodaje utilizó varios gatos naranjas distintos porque cada uno sabía hacer una cosa diferente: uno saltaba mejor, otro permanecía quieto, otro era más dócil ante las cámaras.

 

Los actores tienen dobles.

 

Los gatos también.

 

 

La escena que Audrey más odiaba

 

Entre todas las escenas de su carrera, Audrey Hepburn declaró que había una que detestaba especialmente.

 

La secuencia bajo la lluvia en la que Holly abandona al gato.

 

Aunque sabía que era ficción, le resultó emocionalmente insoportable grabarla. Años después seguía afirmando que era una de las cosas más desagradables que había tenido que hacer delante de una cámara.

 

 

El sofá era una bañera

 

Si se observa con atención el apartamento de Holly aparece uno de los muebles más extraños de la historia del cine.

 

Porque no era un sofá.

 

Era una bañera cortada por la mitad.

 

Los decoradores decidieron reutilizarla como mueble para reflejar el carácter excéntrico y bohemio del personaje.

 

 

Una película que su autor detestaba

 

Pocas veces una adaptación cinematográfica ha tenido tanto éxito mientras el escritor original la criticaba con tanta pasión.

 

Truman Capote nunca quedó satisfecho con la película.

 

No le gustaba el tono, no le gustaban los cambios respecto a la novela, no le gustaba el reparto y tampoco le gustaba especialmente Blake Edwards como director del proyecto.

 

Lo cual demuestra que incluso los genios se equivocan de vez en cuando.

 

 

Y sin embargo…

 

Sesenta y cinco años después seguimos recordando a Holly Golightly.

 

Seguimos escuchando Moon River.

 

Seguimos viendo el vestido negro diseñado por Hubert de Givenchy como uno de los iconos de la moda del siglo XX.

 

Y seguimos asociando un escaparate de joyería a una de las imágenes más famosas jamás filmadas.

 

No está nada mal para una película que su propio autor consideraba un desastre.

 

A veces el cine tiene estas cosas.

 

Y afortunadamente las tiene.

 

 

 

 

 

 

Dirigido por Blake Edward:

 

Blake Edwards: el elegante maestro de la comedia que convirtió el caos en arte

 

Hablar de Blake Edwards es hablar de uno de los grandes artesanos de la comedia clásica norteamericana.

 

Director, guionista y productor, su nombre quedó asociado para siempre a un tipo de cine elegante, sofisticado y aparentemente ligero, aunque bajo esa superficie escondía una mirada bastante crítica sobre las relaciones humanas, el éxito, la fama y las miserias de la sociedad moderna.

 

Nació el 26 de julio de 1922 en Tulsa (Oklahoma) y creció en el seno de una familia vinculada al mundo del espectáculo.

 

Tras servir en la Guardia Costera durante la Segunda Guerra Mundial, comenzó trabajando como actor antes de descubrir que su verdadero talento estaba detrás de la cámara.

 

Durante la década de 1950 empezó a escribir guiones y dirigir para televisión, donde participó en series de enorme popularidad.

 

Su salto definitivo al cine llegó a finales de esa década, iniciando una carrera que se prolongaría durante más de cuarenta años.

 

Aunque muchos espectadores lo recuerdan principalmente por la saga de la Pantera Rosa, Edwards fue un cineasta mucho más versátil de lo que suele reconocerse. Alternó la comedia sofisticada, la sátira, el musical, el drama romántico e incluso el thriller.

 

Su estilo se caracterizaba por un extraordinario sentido visual, un dominio magistral del ritmo cómico y una enorme admiración por los grandes maestros del cine mudo, especialmente por figuras como Buster Keaton y Charlie Chaplin.

 

Muchas de sus mejores secuencias funcionan prácticamente sin diálogos, apoyadas únicamente en la puesta en escena y el movimiento de los actores.

 

Su vida personal también estuvo muy ligada al cine. En 1969 se casó con Julie Andrews, con quien formó una de las parejas más conocidas de Hollywood. Juntos realizaron varias películas que permitieron a la actriz alejarse de la imagen inocente asociada a sus primeros éxitos.

 

A lo largo de su carrera recibió numerosas nominaciones y reconocimientos. En 2004 obtuvo un Oscar Honorífico por el conjunto de su trayectoria, un galardón que muchos consideraron una forma de compensar el hecho de que nunca hubiera ganado un Oscar competitivo.

 

Sin embargo, si existe una película que resume a la perfección su talento, esa es sin duda Desayuno con diamantes (1961). Adaptando la novela de Truman Capote, Edwards creó una de las obras más icónicas de la historia del cine. La interpretación de Audrey Hepburn como Holly Golightly se convirtió en una imagen inmortal de la cultura popular.

La película combina romance, comedia y melancolía con una delicadeza extraordinaria.

 

Detrás del glamour de los vestidos negros, las joyas y los desayunos frente a Tiffany’s, Edwards construyó el retrato de una mujer profundamente sola que intenta encontrar su lugar en el mundo.

 

Más de seis décadas después sigue siendo una de las películas más influyentes y admiradas jamás realizadas.

 

Aunque, tal vez, el tiempo no haya sido generoso con esta película y su mensaje y su trama están en cuestión en los tiempos actuales.

 

La banda sonora de Henry Mancini, especialmente la canción Moon River, terminó de convertir la película en un clásico absoluto.


 

 

Filmografía esencial de Blake Edwards

 

 

Década de 1950

 

  • Vacaciones sin novia (1957)

  •  
  • Operación Pacífico (1959)

 

 

Década de 1960: la consagración

 

  • Desayuno con diamantes (1961)

  •  
  • Días de vino y rosas (1962)

  •  
  • La pantera rosa (1963)

  •  
  • El nuevo caso del inspector Clouseau (1964)

  •  
  • La carrera del siglo (1965)

  •  
  • ¿Qué hiciste en la guerra, papi? (1966)

  •  
  • La fiesta inolvidable (1968)

 

 

Década de 1970

 

  • Darling Lili (1970)

  •  
  • El guateque (siguió creciendo como película de culto durante estos años)

  •  
  • 10, la mujer perfecta (1979)

 

 

Década de 1980

 

  • S.O.B. (1981)

  •  
  • Víctor o Victoria (1982)

  •  
  • Tras el corazón verde (1984)

  •  
  • La maldición de la Pantera Rosa (1983)

  •  
  • Cita a ciegas (1987)

 

 

Década de 1990

 

  • El hijo de la Pantera Rosa (1993)


 

 

 

Sus películas más importantes

 

Desayuno con diamantes (1961)
Su obra más famosa y una de las grandes películas románticas de todos los tiempos.

 

Días de vino y rosas (1962)
Durísimo drama sobre el alcoholismo protagonizado por Jack Lemmon y Lee Remick.

 

La pantera rosa (1963)
El nacimiento del inolvidable inspector Clouseau.

 

La fiesta inolvidable (1968)
Una de las mayores demostraciones de humor físico de la historia del cine gracias a Peter Sellers.

 

10, la mujer perfecta (1979)
Comedia romántica emblemática de finales de los setenta.

 

Víctor o Victoria (1982)
Musical inteligente y adelantado a su tiempo sobre identidad y apariencia.


 

 

Cuando Blake Edwards falleció en 2010, dejó tras de sí una filmografía repleta de clásicos.

 

Pocos directores han sabido combinar con tanta naturalidad la elegancia visual, el humor físico, la sátira social y la melancolía romántica.

 

Y aunque creó personajes inolvidables como el inspector Clouseau, probablemente su legado más duradero siga siendo esa mujer vestida de negro desayunando frente al escaparate de Tiffany’s, una imagen que continúa simbolizando la magia eterna del cine.

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Un talento único – Tuner – 2025 – Daniel Roher – #YoVoyAlCine

16/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El hombre que escuchaba demasiado

 

Daniel Roher es un director canadiense especializado principalmente en documentales.

 

Alcanzó reconocimiento internacional con Navalny, trabajo que obtuvo el Óscar al Mejor Documental en 2023.

 

Antes había firmado títulos como Once Were Brothers: Robbie Robertson and The Band y diversos trabajos centrados en personajes reales y acontecimientos contemporáneos.

 

Con Un talento único se adentra en la ficción manteniendo su interés por personajes extraordinarios enfrentados a circunstancias poco comunes.

 

 

Cutrecomentario

 

Hay películas que mezclan géneros como quien prepara una paella con lo primero que encuentra en la nevera. El resultado suele ser una intoxicación alimentaria cinematográfica.

 

Y luego está Un talento único, que mezcla discapacidad, música, drama familiar, romance y cine de atracos… y, sorprendentemente, sale bastante bien parada.

 

El protagonista, interpretado por Leo Woodall, padece hiperacusia, una alteración auditiva que provoca una sensibilidad extrema a los sonidos. No es una enfermedad tan rara como algunos creen. Quienes la sufren pueden llegar a vivir auténticos infiernos cotidianos ante ruidos que para el resto de los mortales resultan perfectamente tolerables. Con frecuencia se acompaña además de acúfenos, completando un cóctel poco recomendable para la tranquilidad mental.

 

Pero la película introduce un giro muy inteligente.

 

Aquello que constituye la mayor debilidad del personaje es también su gran fortaleza.

 

Además de sufrir hiperacusia posee oído absoluto, una capacidad extraordinaria que le permite identificar con precisión casi sobrenatural cualquier nota musical. Gracias a ello trabaja afinando pianos junto a un entrañable Dustin Hoffman, que aporta oficio, presencia y esa capacidad que tienen algunos veteranos de elevar cualquier escena simplemente apareciendo en ella.

 

Claro que una habilidad así no tarda en llamar la atención de gente poco recomendable.

 

Y ahí entra el componente de thriller.

 

Resulta que alguien capaz de distinguir sonidos imperceptibles para el resto también puede desarrollar una habilidad extraordinaria para abrir cajas fuertes. Porque donde otros oyen simples clics metálicos, él escucha prácticamente una conversación completa entre los engranajes.

 

La premisa es tan absurda sobre el papel como divertida cuando se pone en marcha.

 

Entremedias aparece una historia romántica con una joven compositora llena de proyectos e ilusiones. Su optimismo contrasta con el desencanto del protagonista, un músico frustrado que parece haber asumido que jamás alcanzará el futuro que soñó como pianista.

 

Lo mejor es que todo encaja.

 

Los personajes funcionan, la trama avanza con soltura, los conflictos están bien dosificados y la película nunca pierde de vista su vocación de entretenimiento.

 

No pretende reinventar nada ni descubrir nuevos continentes cinematográficos, pero sí ofrece algo cada vez más escaso: una historia original.

 

Y en una cartelera donde a veces parece que todas las películas salen de la misma fotocopiadora, eso ya es casi un superpoder.

 

Mi puntuación: 7,65/10.

 

 

 

Dirigido por Daniel Roher:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Todos los colores – 2026 – Beatriz de Silva – #YoVoyAlCine

16/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Vivir en silla de ruedas.

 

Beatriz de Silva dirige Todos los colores, una comedia juvenil que mezcla amistad, discapacidad, deporte y primeros amores con un tono amable y accesible para todos los públicos.

 

La realizadora debuta en el largometraje con una propuesta claramente orientada al público adolescente.

 

Procedente del mundo audiovisual y de los contenidos juveniles, apuesta aquí por una historia optimista que busca normalizar la discapacidad sin convertirla en el único motor del relato.

 

Todos los colores supone su trabajo más visible hasta la fecha.

 

 

Cutrecomentario

 

Hay películas que quieren cambiar el mundo. Otras quieren denunciar injusticias. Y luego están las que simplemente quieren caer bien.

 

Todos los colores pertenece claramente a esta última categoría.

 

La historia sigue a cuatro amigas adolescentes, siendo una de ellas, usuaria de silla de ruedas, el auténtico centro de la narración. Por circunstancias de la vida acaba entrando en el mundo de las competiciones deportivas adaptadas, donde conoce a un entrenador, a otros deportistas y descubre una realidad que le obliga a replantearse muchas cosas.

 

Hasta entonces su universo giraba alrededor de sus amigas, los conciertos de moda y las preocupaciones típicas de cualquier adolescente. Pero la competición deportiva le abre una puerta diferente. Y, como manda el reglamento no escrito del cine juvenil, también aparece el amor.

 

Todo está contado desde una perspectiva extraordinariamente amable. Tan amable que casi parece que los conflictos hayan sido revisados por un comité de mediación familiar antes de llegar al montaje final.

 

Los padres sobreprotegen, pero con cariño. Las amigas discuten, pero poco. Los problemas aparecen, pero tampoco demasiado. Las dificultades existen, aunque siempre parecen estar a una conversación constructiva de distancia.

 

La película evita deliberadamente el drama duro y apuesta por el buenismo sin complejos. Y, curiosamente, eso tampoco juega necesariamente en su contra.

 

No tiene la profundidad emocional de algunas de las mejores series adolescentes actuales ni pretende explorar grandes dilemas existenciales. Todo es ligero, sencillo y bastante previsible. Pero también resulta agradable.

 

Es una de esas películas que probablemente no cambien la vida de nadie, pero tampoco provocarán que nadie quiera salir corriendo del cine.

 

Se ve con facilidad, transmite mensajes positivos, normaliza la discapacidad sin convertirla en un espectáculo lacrimógeno y mantiene un tono optimista que acaba resultando simpático.

 

Como una bolsa de gominolas.

No alimenta mucho.

No deja huella profunda.

Pero entra estupendamente.

 

Mi puntuación: 5,66/10.

 

 

 

Dirigido por Beatriz de Silva:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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