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Al Médico con Ramón – Dislipemias. Revisión actualizada científica

8/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dislipemias: cuánto colesterol, cuánta estatina y cuánto beneficio de verdad

 

Revisión científica y guion para un programa de radio de unos 25 minutos. Actualizado el 8 de agosto de 2026.

 

Dislipemias: colesterol, arterias y tratamiento moderno

 

 

Introducción: el colesterol no duele, pero tampoco pide permiso

 

El colesterol no da fiebre, no produce tos y rara vez avisa antes de hacer una faena.

 

La aterosclerosis se desarrolla durante décadas y puede estrenarse con un infarto, un ictus o una enfermedad arterial periférica.

 

Un análisis del Global Burden of Disease publicado en JAMA el 29 de julio de 2026 estimó que el LDL elevado fue responsable de 3,6 millones de muertes en 2023.

 

Es una estimación mediante modelos poblacionales, no un recuento literal de certificados de defunción, pero da una idea razonable del tamaño del problema.

 

La cuestión clínica no es, sin embargo, «¿tiene el colesterol alto?», como si existiera una cifra mágica que separase a sanos y enfermos.

 

Las preguntas útiles son otras:

¿qué lipoproteína está elevada?,

¿cuál es el riesgo cardiovascular global?,

¿cuánto puede disminuir ese riesgo al bajar el LDL y qué inconvenientes tiene hacerlo?

 

La conclusión breve de la ciencia actual es bastante sólida: el LDL y otras partículas capaces de depositar colesterol en las arterias participan directamente en la aterosclerosis. Cuanto más altos se mantienen y durante más tiempo, mayor es el riesgo.

 

Las estatinas son el tratamiento de primera línea porque reducen LDL y eventos cardiovasculares con más evidencia que ningún suplemento, yogur heroico o ajo con ínfulas farmacológicas.

Pero el beneficio absoluto es enorme en unos pacientes y modesto en otros.

Prescribir bien exige conocer esa diferencia.

 

 

No todas las dislipemias son «tener colesterol»

 

El perfil lipídico habitual ofrece colesterol total, LDL, HDL y triglicéridos.

 

El colesterol total aislado es una brújula bastante torpe.

 

El objetivo principal sigue siendo el LDL, y el colesterol no HDL resulta especialmente útil cuando hay hipertrigliceridemia, diabetes u obesidad, porque resume el colesterol transportado por todas las partículas aterogénicas.

 

La apolipoproteína B puede afinar el riesgo porque ayuda a estimar cuántas partículas aterogénicas circulan, especialmente cuando el LDL no cuenta toda la historia.

 

La guía estadounidense de 2026 recomienda medir la lipoproteína(a), o Lp(a), al menos una vez en la vida.

La actualización europea de 2025 también aconseja considerarlo.

Es una partícula determinada sobre todo por la genética y apenas cambia con el estilo de vida.

Estados Unidos considera que aumenta el riesgo a partir de 50 mg/dL o 125 nmol/L; Europa utiliza 50 mg/dL o aproximadamente 105 nmol/L.

Las unidades no deben convertirse con una regla fija porque depende del tamaño de la partícula.

Una Lp(a) alta no significa que haya que tratarla directamente con una estatina —la estatina no la reduce—, sino que conviene ser más exigente con el LDL y con los demás factores modificables.

 

Un HDL bajo se asocia con mayor riesgo, pero subir el HDL con medicamentos no ha demostrado por sí mismo reducir eventos.

 

Tampoco conviene olvidar los triglicéridos: son un marcador de partículas remanentes y, si alcanzan cifras muy altas, plantean además riesgo de pancreatitis.

 

Aun así, para prevenir infartos e ictus la base farmacológica suele seguir siendo la estatina, no el fibrato ni las cápsulas genéricas de aceite de pescado.

 

Antes de etiquetar una dislipemia primaria hay que buscar causas secundarias: hipotiroidismo, diabetes mal controlada, enfermedad renal o hepática, síndrome nefrótico, alcohol, obesidad y determinados fármacos.

 

Un LDL de 210 mg/dL merece pensar en hipercolesterolemia familiar y estudiar la historia familiar, no limitarse a reprender al paciente por el queso.

Componentes del perfil lipídico: LDL, HDL, triglicéridos, colesterol no HDL, apolipoproteína B y lipoproteína(a)

 

 

 

No se trata una cifra aislada, sino un riesgo

 

Antes de indicar una estatina no basta con mirar el LDL. Lo importante es el riesgo cardiovascular global: edad, tabaquismo, presión arterial, diabetes, función renal, antecedentes familiares y presencia previa de aterosclerosis.

 

La idea fundamental es sencilla: cuanto mayor sea el riesgo de partida, mayor será el beneficio absoluto del tratamiento.

En una persona de riesgo elevado pueden evitarse bastantes acontecimientos cardiovasculares; en otra de riesgo bajo, aunque la reducción relativa sea parecida, el número real de infartos o ictus evitados será mucho menor.

 

En España, la referencia principal es la guía europea ESC/EAS de 2025.

En personas aparentemente sanas utiliza SCORE2 entre los 40 y 69 años y SCORE2-OP desde los 70.

España está considerada una región europea de bajo riesgo, pero eso solo sirve para calibrar la calculadora: no convierte en paciente de bajo riesgo a quien fuma, es hipertenso o acumula otros factores importantes.

 

Estas calculadoras no son necesarias cuando ya existe enfermedad cardiovascular aterosclerótica, hipercolesterolemia familiar o enfermedad renal importante.

La diabetes también requiere una valoración específica.

En estos casos, el paciente ya pertenece a una categoría de riesgo determinada y el tratamiento suele estar claramente indicado.

Cuando el resultado no es concluyente, ayudan a afinar la decisión los antecedentes familiares precoces, la Lp(a), la albuminuria, las enfermedades inflamatorias, el VIH o la presencia de aterosclerosis subclínica.

La calculadora orienta, pero no sustituye el juicio clínico.

 

Las guías estadounidense y británica utilizan calculadoras y umbrales diferentes.

La ACC/AHA de 2026 indica que el tratamiento para reducir el LDL debe considerarse con un riesgo PREVENT-ASCVD del 5% a menos del 10% y que puede considerarse entre el 3% y menos del 5%, tras discutir beneficios, inconvenientes y preferencias.

NICE mantiene un criterio más conservador: ofrece atorvastatina en prevención primaria cuando QRISK3 alcanza el 10%, aunque permite tratar por debajo en casos seleccionados.

 

Estas diferencias no significan que unas guías estén necesariamente acertadas y otras equivocadas.

Reflejan distintas maneras de decidir a partir de qué nivel de riesgo compensa medicalizar.

Los umbrales estadounidenses de 2026 amplían el número de posibles candidatos a tratamiento.

Entre ellos hay muchas personas con un riesgo bajo a diez años, de modo que la decisión debe apoyarse en el beneficio absoluto y en las preferencias del paciente, no solo en alcanzar una casilla de la guía.

 

La conclusión práctica es clara: en riesgo alto o muy alto hay que tratar con decisión; en riesgo bajo, el beneficio absoluto puede ser modesto y la decisión debe individualizarse.

La calculadora no es un oráculo ni una máquina expendedora de estatinas.

 

Calcula tu riesgo cardiovascular a diez años

HeartScore es la herramienta oficial de la Sociedad Europea de Cardiología. Utiliza SCORE2 y SCORE2-OP para estimar el riesgo de sufrir un acontecimiento cardiovascular mortal o no mortal durante los próximos diez años.


Abrir la calculadora SCORE2

Importante: está indicada para personas de 40 a 89 años aparentemente sanas. No debe utilizarse si ya existe enfermedad cardiovascular, diabetes, hipercolesterolemia familiar, enfermedad renal crónica importante u otras situaciones de alto riesgo. El resultado es orientativo y no sustituye la valoración médica.

Evaluación integral del riesgo cardiovascular antes de decidir el tratamiento

 

 

Los objetivos europeos de LDL

 

Categoría de riesgo Ejemplos orientativos Objetivo de LDL Reducción desde el basal
Muy alto

Enfermedad aterosclerótica clínica; algunas diabetes, nefropatías o hipercolesterolemias familiares de muy alto riesgo

 

Menos de 55 mg/dL Al menos 50%
Alto

Riesgo SCORE2 alto; hipercolesterolemia familiar sin otros grandes factores; algunas diabetes o nefropatías

 

Menos de 70 mg/dL Al menos 50%
Moderado

Riesgo intermedio sin condiciones que eleven la categoría

 

Menos de 100 mg/dL Según situación clínica
Bajo

Persona joven o de bajo riesgo global

 

Menos de 116 mg/dL El tratamiento farmacológico no es automático

En prevención primaria, la actualización europea de 2025 recomienda tratamiento farmacológico, tras optimizar el estilo de vida, en personas de riesgo muy alto con LDL de 70 mg/dL o más y en las de riesgo alto con LDL de 100 mg/dL o más.

 

Además, dice que debe considerarse en riesgo muy alto entre 55 y 69 mg/dL, en riesgo alto entre 70 y 99 mg/dL, en riesgo moderado desde 100 mg/dL y en riesgo bajo desde 116 mg/dL, en todos los casos con cifras inferiores a 190 mg/dL.

«Debe considerarse» no significa «receta obligatoria»: obliga a valorar riesgo, edad, beneficio absoluto, comorbilidad y preferencias.

 

Un LDL de 190 mg/dL o más es una situación aparte: sugiere hipercolesterolemia grave, a menudo familiar, y justifica una estatina potente sin esperar a que una calculadora declare el incendio.

En los adultos jóvenes, la guía estadounidense pide considerar tratamiento con un LDL de 160 mg/dL o más, especialmente si existe una historia familiar significativa de enfermedad aterosclerótica prematura o un riesgo de por vida elevado.

 

La guía estadounidense de 2026 ha recuperado objetivos numéricos: menos de 100 mg/dL en riesgo limítrofe o intermedio, menos de 70 en riesgo alto y menos de 55 en la mayoría de pacientes de prevención secundaria con riesgo muy alto.

No es exactamente el mismo esquema europeo, aunque ambas guías convergen en lo esencial: cuanto mayor es el riesgo, más baja debe ser la meta y más intensivo el tratamiento.

 

 

 

¿Quién tiene hoy una indicación clara de estatina?

 

Situación clínica Conducta general Matiz imprescindible

Infarto, ictus aterotrombótico, arteriopatía periférica, revascularización o enfermedad coronaria

 

Estatina de alta intensidad o máxima dosis tolerada Prevención secundaria: el beneficio absoluto es alto y suele buscarse LDL menor de 55 mg/dL

LDL igual o superior a 190 mg/dL o hipercolesterolemia familiar

 

Estatina de alta intensidad sin depender del riesgo calculado Buscar causas secundarias y hacer cribado familiar

Prevención primaria de riesgo alto o muy alto

 

Estatina según SCORE2/SCORE2-OP y LDL La cifra aislada no sustituye al riesgo global

Diabetes entre 40 y 75 años

 

La mayoría son candidatos; la intensidad depende del riesgo y daño de órgano En Europa se estratifica con criterios propios y SCORE2-Diabetes cuando procede

Enfermedad renal crónica estadio 3 o 4

 

Tratamiento habitualmente indicado si no está en diálisis Ajustar fármaco y dosis; iniciar en diálisis no ha demostrado el mismo beneficio

VIH desde los 40 años

 

Considerar o recomendar estatina aunque el LDL no sea alto El estudio REPRIEVE demostró una reducción de eventos con pitavastatina

Mayores de 75 años sin enfermedad cardiovascular

 

Decisión individualizada Valorar fragilidad, interacciones, esperanza de vida y un tiempo hasta beneficio de unos 2,5 años

En prevención secundaria la edad no borra la indicación si el tratamiento se tolera.

 

En prevención primaria después de los 75 años hay menos evidencia directa.

El metaanálisis CTT de 2019 encontró reducción de eventos vasculares también en mayores, pero reconoció que los datos eran más escasos en mayores de 75 sin enfermedad vascular previa.

 

La guía estadounidense de 2026 considera razonable iniciar una estatina moderada si la esperanza de vida supera 2,5 años; también considera razonable retirarla cuando la esperanza de vida es inferior a un año o la fragilidad y el deterioro funcional hacen improbable el beneficio.

 

Las estatinas de alta intensidad son atorvastatina 40-80 mg y rosuvastatina 20-40 mg, capaces en promedio de bajar el LDL al menos un 50%.

Dosis moderadas —por ejemplo, atorvastatina 10-20 mg o rosuvastatina 5-10 mg— suelen reducirlo entre un 30% y un 49%.

La respuesta individual varía y debe comprobarse con una analítica, no mediante telepatía lipídica.

 

Cómo actúan las estatinas: el hígado capta más colesterol LDL de la sangre

 

 

¿Cuánto beneficio producen realmente?

 

La conclusión es sencilla: las estatinas reducen los acontecimientos cardiovasculares, pero el beneficio real depende sobre todo del riesgo inicial del paciente.

 

En los ensayos, disminuir el LDL unos 39 mg/dL reduce el riesgo relativo de infarto, ictus y otros acontecimientos vasculares aproximadamente un 21%-22%.

 

Pero no es lo mismo reducir un 22% un riesgo inicial del 30% que uno del 3%. En el primer caso se evitarían unos seis o siete acontecimientos por cada cien personas tratadas; en el segundo, menos de uno.

 

Los ensayos lo confirman. Entre pacientes de alto riesgo del estudio HPS se evitaron aproximadamente 54 acontecimientos vasculares por cada mil tratados durante cinco años. En la prevención primaria de riesgo intermedio estudiada en HOPE-3 se evitaron alrededor de 11 por cada mil durante 5,6 años.

 

Por tanto, las estatinas ofrecen un beneficio importante en pacientes de riesgo elevado o con enfermedad cardiovascular previa.

En personas de bajo riesgo también pueden ayudar, pero el beneficio absoluto es mucho menor y debe valorarse individualmente.

Su efecto más claro es evitar infartos e ictus; la reducción de la mortalidad es más pequeña y, en prevención primaria, no siempre resulta demostrable.

 

No son inútiles, pero tampoco una resurrección en comprimidos.

 

 

 

Entonces, ¿qué pasa si no tratamos?

 

En un paciente con enfermedad aterosclerótica, LDL muy alto o riesgo elevado, no tratar deja sin aprovechar una reducción importante y bien demostrada de infarto, ictus y revascularización, y en grupos de alto riesgo también de mortalidad.

El daño no consiste en que todos vayan a tener un evento, sino en que aumenta la probabilidad.

El Heart Protection Study lo ilustra bien: de cada mil pacientes de alto riesgo sin estatina hubo aproximadamente 54 eventos vasculares mayores más en cinco años.

 

En una persona de bajo riesgo, no tratar tiene una consecuencia mucho menor a corto plazo.

Puede aumentar el riesgo acumulado durante décadas, especialmente si es joven y mantiene LDL alto, pero la ganancia individual inmediata puede ser de pocos eventos por cada mil tratados.

Por eso no es científicamente defendible decir «todo colesterol alto necesita una pastilla», ni tampoco «las estatinas solo sirven después del infarto».

Ambos lemas caben estupendamente en una pancarta y fatal en una consulta.

 

Tampoco hay un número universal de años de vida perdidos por no tomar una estatina.

Los ensayos suelen medir eventos y mortalidad durante tres a seis años; no observan toda una vida.

Un metaanálisis de tiempo hasta beneficio estimó que, en prevención primaria entre 50 y 75 años, había que tratar a cien personas durante 2,5 años para evitar un primer evento cardiovascular en una de ellas.

No demostró una ganancia de supervivencia en ese horizonte.

 

Algunos estudios de modelización intentan traducir el beneficio a meses o años de vida, pero sus resultados son promedios y varían mucho entre unas personas y otras.

Estas estimaciones orientan, pero no permiten predecir con exactitud lo que ocurrirá en un paciente concreto.

No es serio prometer que una estatina añadirá un número determinado de meses o años de vida.

 

La forma honesta de comunicarlo es esta: en prevención secundaria y alto riesgo, hablar de eventos y muertes evitadas; en prevención primaria, calcular el beneficio absoluto a diez años y, en jóvenes, considerar también el beneficio de por vida.

Los años ganados dependen de edad, sexo, tabaco, presión arterial, diabetes, función renal, LDL inicial, descenso conseguido, adherencia, esperanza de vida y causas competidoras de muerte.

 

 

Efectos adversos: ni caramelos ni veneno

 

Balanza entre los beneficios cardiovasculares y los posibles efectos adversos de las estatinas

 

Las estatinas pueden causar efectos adversos, pero la frecuencia percibida en la práctica es mayor que la atribuible al fármaco en ensayos ciegos.

El metaanálisis individual de 2022, con 123.940 participantes en estudios frente a placebo, encontró durante el primer año 11 episodios adicionales de dolor o debilidad muscular por cada mil personas-año.

Después del primer año no hubo un exceso significativo de primeros síntomas.

Más del 90% de las molestias musculares comunicadas por quienes tomaban estatina también se habrían producido sin ella; solo alrededor de una de cada quince era realmente atribuible al fármaco.

 

La miopatía con elevación marcada de creatincinasa es mucho más rara: alrededor de un caso adicional por cada 10.000 personas-año; la rabdomiólisis es aún menos frecuente.

El riesgo aumenta con dosis altas, hipotiroidismo, insuficiencia renal, edad avanzada y determinadas interacciones, especialmente con algunos macrólidos, antifúngicos azólicos, ciclosporina y fármacos que elevan las concentraciones de ciertas estatinas.

 

La diabetes es un efecto real y dependiente de la dosis.

El metaanálisis CTT de 2024 encontró un aumento relativo del 10% de nuevos diagnósticos con estatinas de intensidad baja o moderada frente a placebo: 1,3% anual frente a 1,2%. En los ensayos que compararon pautas más intensivas con pautas menos intensivas, el aumento relativo fue del 36%: 4,8% frente a 3,5% anual.

Estas últimas cifras no deben compararse directamente con las de placebo porque proceden de poblaciones con mayor riesgo glucémico basal.

Aproximadamente el 62% de los nuevos casos aparecieron en personas que ya estaban en el cuartil superior de glucemia basal, cerca del umbral diagnóstico.

Es probable que en muchos casos la estatina adelante el diagnóstico más que fabricar una diabetes desde cero.

Posible efecto

Magnitud mejor demostrada Qué hacer

Dolor o debilidad muscular leve

 

11 casos adicionales por 1.000 personas-año, sobre todo el primer año Revisar temporalidad, ejercicio, tiroides e interacciones; retirar y reintroducir o cambiar de estatina si procede

Miopatía grave

 

Aproximadamente 1 caso adicional por 10.000 personas-año Suspender, medir CK y función renal; valorar interacción

Nuevo diagnóstico de diabetes

 

Aumento pequeño con dosis moderadas y mayor con alta intensidad; concentrado en personas predispuestas Controlar glucemia y estilo de vida; no retirar automáticamente si el beneficio cardiovascular es alto

Lesión hepática grave

 

Muy rara; pequeñas elevaciones de transaminasas son infrecuentes y reversibles Transaminasas basales y repetir si hay síntomas o según protocolo; no hacer analíticas obsesivas sin indicación

Deterioro cognitivo o cáncer

 

Los ensayos y revisiones no muestran una relación causal convincente Buscar otras causas; no atribuir por reflejo todo olvido a la estatina

La balanza importa. En un paciente que acaba de sufrir un infarto, el pequeño riesgo de diabetes o de mialgia suele quedar ampliamente superado por los eventos evitados.

En alguien de 85 años, frágil, sin enfermedad vascular y con esperanza de vida limitada, la misma receta puede aportar muy poco.

La medicina basada en la evidencia no consiste en administrar la guía por vía intravenosa.

 

Si aparecen síntomas musculares, conviene comprobar la relación temporal, buscar hipotiroidismo, revisar interacciones, suspender brevemente si es necesario y reintroducir a menor dosis o con otra estatina.

Muchas personas toleran un segundo intento o una pauta distinta. «Intolerancia a estatinas» no debería diagnosticarse tras una tarde de agujetas.

 

 

¿Y si la estatina no basta o no se tolera?

 

Primero hay que comprobar adherencia, dosis y descenso real del LDL a las cuatro-doce semanas.

Si el objetivo no se alcanza con la máxima dosis tolerada, la estrategia moderna no consiste siempre en seguir subiendo una estatina que da problemas, sino en combinar mecanismos.

 

La ezetimiba reduce aproximadamente un 15%-25% adicional el LDL y demostró beneficio añadido tras un síndrome coronario agudo en IMPROVE-IT, aunque la reducción absoluta fue modesta: 2 puntos en siete años.

 

Los anticuerpos PCSK9 bajan alrededor de un 60% y reducen eventos en prevención secundaria.

 

El ácido bempedoico ha demostrado reducir eventos en personas con intolerancia a estatinas y está incorporado a la guía europea de 2025.

La elección depende del riesgo, del LDL que falte por reducir, de la tolerancia, del coste y del acceso.

 

Esto no rebaja el papel de la estatina: la mantiene como base y evita plantear el asunto como «estatina sí o no».

A veces la respuesta sensata es algo de estatina más otro fármaco, que consigue mayor descenso con menos efectos musculares que forzar una dosis máxima.

 

En hipertrigliceridemia persistente, la prioridad es corregir alcohol, exceso calórico, obesidad, diabetes y causas secundarias.

Con triglicéridos de 135-499 mg/dL y riesgo alto o muy alto pese a estatina, el icosapento de etilo a dosis farmacológica redujo eventos en REDUCE-IT.

Ese resultado no puede extrapolarse a cualquier suplemento de omega-3 del supermercado.

Con triglicéridos de 1.000 mg/dL o más, el objetivo urgente es reducir el riesgo de pancreatitis.

 

 

Cómo se traduce todo esto en una consulta razonable

 

La secuencia práctica es sencilla.

 

Primero, confirmar el perfil lipídico y buscar causas secundarias.

 

Segundo, determinar si ya existe enfermedad aterosclerótica, hipercolesterolemia familiar, diabetes o enfermedad renal.

 

Tercero, si es prevención primaria, calcular el riesgo con una herramienta adecuada al país y a la edad.

 

Cuarto, explicar el beneficio en cifras absolutas: cuántos eventos se esperan con y sin tratamiento durante un periodo concreto.

 

Quinto, acordar intensidad y objetivo, revisar interacciones y medir la respuesta después de iniciar o modificar el tratamiento.

 

Para la mayoría de los pacientes basta con perfil lipídico y transaminasas basales.

La CK no necesita medirse rutinariamente si no hay síntomas ni alto riesgo de miopatía.

Una analítica a las cuatro-doce semanas permite saber si el paciente responde y toma el fármaco; después, el seguimiento puede espaciarse según riesgo y estabilidad.

 

Y el estilo de vida no es el telonero que se despacha antes de la estrella farmacológica.

No fumar, practicar actividad física, mantener un peso razonable, seguir un patrón mediterráneo y sustituir grasas saturadas por insaturadas reducen riesgo más allá del LDL.

Pero tampoco hay que utilizarlo como excusa para negar un tratamiento que salva eventos en quien realmente lo necesita.

 

Dieta y estatina no compiten; con frecuencia se complementan.

 

 

Conclusiones para llevarse a casa

 

El LDL no es solo un marcador asociado: la evidencia genética, epidemiológica y experimental respalda un papel causal en la aterosclerosis.

 

Bajar el LDL reduce eventos cardiovasculares aproximadamente una quinta parte por cada 39 mg/dL de descenso, pero el número real de eventos evitados depende sobre todo del riesgo inicial.

 

Las estatinas están claramente indicadas en prevención secundaria, LDL de 190 mg/dL o más, hipercolesterolemia familiar y muchos pacientes con diabetes, enfermedad renal o riesgo cardiovascular alto.

 

En prevención primaria de bajo riesgo, la indicación es preferencial y compartida, no una orden celestial tallada en rosuvastatina.

 

No tratar a un paciente de alto riesgo puede traducirse en decenas de infartos, ictus o revascularizaciones adicionales por cada mil personas en cinco años.

 

En bajo riesgo, la diferencia puede ser de alrededor de diez eventos por mil o incluso menos.

 

La mortalidad disminuye de forma clara en prevención secundaria y grupos de alto riesgo; en prevención primaria el efecto sobre mortalidad es pequeño y menos consistente que el efecto sobre eventos.

 

No se puede prometer una cifra universal de años de vida. El beneficio depende del riesgo inicial, del descenso conseguido y del tiempo durante el que se mantenga el tratamiento.

 

Por último, las estatinas no son inocuas, pero tampoco el monstruo que a veces circula por internet.

 

Producen un pequeño exceso de síntomas musculares, un riesgo raro de miopatía grave y un aumento moderado de diabetes en personas predispuestas.

 

Cuando la indicación es correcta, el beneficio cardiovascular suele superar ampliamente esos riesgos.

 

Cuando la indicación es dudosa, lo científico no es asustar ni vender: es calcular, explicar y decidir.

 

Resumen del tratamiento moderno de las dislipemias dentro de una prevención cardiovascular integral

 

 

Pongamos unos ejemplos

 

Ejemplo 1. Cuarenta años, vida saludable y LDL de 150

 

Imaginemos una persona de 40 años, con normopeso, actividad física regular, presión arterial normal, sin diabetes, sin tabaquismo y sin antecedentes familiares de hipercolesterolemia o enfermedad cardiovascular prematura. Su LDL se mantiene en 150 mg/dL y el HDL es normal.

 

Con este perfil, su riesgo cardiovascular durante los próximos diez años sería previsiblemente bajo, aunque no puede calcularse con precisión sin conocer el sexo y las cifras exactas de colesterol total y HDL.

El LDL supera el objetivo orientativo de 116 mg/dL, pero esto no convierte automáticamente la estatina en obligatoria.

 

La guía europea de 2025 indica que, en personas de bajo riesgo con un LDL entre 116 y 190 mg/dL, el tratamiento farmacológico debe considerarse si el valor persiste después de revisar y optimizar los hábitos de vida. Es una opción razonable, no una indicación imprescindible.

 

Si el tratamiento redujera el LDL unos 39 mg/dL, el riesgo relativo de sufrir un acontecimiento cardiovascular disminuiría aproximadamente un 20%-22%.

Sin embargo, al partir de un riesgo muy bajo, el beneficio absoluto durante los siguientes diez años también sería pequeño: previsiblemente se evitarían solo unos pocos acontecimientos por cada mil personas tratadas, aunque no puede darse una cifra fiable sin calcular antes el riesgo basal.

 

A lo largo de varias décadas el beneficio podría ser mayor, porque se reduciría la exposición acumulada al LDL.

No obstante, su magnitud exacta no puede calcularse con seguridad, ya que no existen ensayos de cuarenta años de duración en personas sanas de esta edad.

 

Conclusión: no sería obligatorio comenzar una estatina.

Sería razonable confirmar que el LDL continúa elevado, revisar la alimentación y descartar otros modificadores de riesgo, como una Lp(a) alta.

Si no aparece ninguno, tanto iniciar una estatina como mantener vigilancia sin medicación serían decisiones defendibles, según las preferencias de la persona.

 

 

 

Ejemplo 2. LDL de 150 mg/dL con varios factores de riesgo

 

Imaginemos una persona de 50 años que fuma unos 20 cigarrillos diarios, presenta hipertensión arterial tratada y habitualmente bien controlada —alrededor de 130/80 mmHg—, obesidad de grado I y un estilo de vida sedentario.

En la analítica tiene un colesterol LDL de 150 mg/dL, HDL normal y triglicéridos ligeramente elevados.

 

¿Estaría indicado comenzar tratamiento con estatinas y qué beneficio podría obtener?

 

En este caso, la indicación de una estatina es mucho más sólida.

No debemos fijarnos únicamente en el LDL: el tabaquismo, la hipertensión, la obesidad y el sedentarismo aumentan conjuntamente el riesgo cardiovascular.

 

Para calcularlo con exactitud mediante SCORE2 necesitaríamos conocer también el sexo y los valores de colesterol total y HDL.

No obstante, las guías europeas recomiendan considerar tratamiento farmacológico desde un LDL de 100 mg/dL en personas de riesgo moderado y desde 116 mg/dL incluso en las de riesgo bajo, después de optimizar las medidas no farmacológicas.

 

Si el riesgo resulta alto, con un LDL de 150 mg/dL el tratamiento está claramente recomendado.

La obesidad y la inactividad física no forman parte directamente del cálculo SCORE2, pero refuerzan la necesidad de intervenir y pueden acompañarse de otros factores de riesgo no reflejados por la calculadora.

 

Según el fármaco y la dosis, una estatina podría reducir ese LDL aproximadamente entre un 30 y un 50%, dejándolo alrededor de 75-105 mg/dL.

 

Por cada descenso de unos 39 mg/dL de LDL, el riesgo relativo de infarto, ictus isquémico u otro acontecimiento cardiovascular disminuye aproximadamente un 20%.

Una reducción desde 150 hasta 75-105 mg/dL podría traducirse en una reducción relativa cercana al 25-40%.

 

El beneficio absoluto dependerá del riesgo inicial.

Por ejemplo, si su riesgo cardiovascular a diez años fuese del 10%, podría disminuir aproximadamente hasta el 6-7,5%: una reducción absoluta de 2,5-4 puntos porcentuales.

 

Conclusión: en este caso sería razonable y probablemente recomendable iniciar una estatina tras calcular formalmente el riesgo cardiovascular.

Pero la estatina no es un chaleco antibalas contra el tabaco: dejar de fumar, perder peso y comenzar actividad física siguen siendo intervenciones imprescindibles, no simples extras decorativos.

 

 

 

Ejemplo 3. Infarto previo y dolores musculares con las estatinas

 

Imaginemos un paciente que sufrió un infarto agudo de miocardio hace tres meses.

Desde entonces ha dejado de fumar, realiza actividad física moderada y presenta únicamente un ligero sobrepeso.

Sin embargo, suspendió las estatinas porque le producían dolores musculares leves, aunque la CPK y las transaminasas permanecían normales.

 

En este caso, sí está indicado reanudar el tratamiento hipolipemiante.

Haber sufrido un infarto sitúa al paciente en una situación de riesgo cardiovascular muy alto.

Los buenos hábitos son imprescindibles, pero no sustituyen el tratamiento farmacológico.

El objetivo recomendado es reducir el colesterol LDL al menos un 50% y situarlo por debajo de 55 mg/dL.

 

La presencia de mialgias leves con CPK normal no indica una lesión muscular grave ni justifica abandonar definitivamente las estatinas.

Conviene comprobar otras posibles causas —ejercicio intenso, hipotiroidismo o interacciones farmacológicas— y probar una dosis menor, otra estatina o, si fuera necesario, una pauta en días alternos.

Se debe emplear la máxima dosis que el paciente tolere.

 

Si con ella no se alcanza el objetivo de LDL, puede añadirse ezetimiba y, cuando resulte necesario, recurrir a un inhibidor de PCSK9 o a otros tratamientos con beneficio cardiovascular demostrado.

 

Si existiera una intolerancia completa a varias estatinas, habría que utilizar alternativas: un paciente con un infarto previo no debería quedar sin una estrategia hipolipemiante.

 

Conclusión: después de un infarto, el beneficio de reducir el LDL es considerable. Por cada descenso aproximado de 39 mg/dL, el riesgo relativo de sufrir otro episodio cardiovascular grave disminuye alrededor de un 22%.

El beneficio absoluto dependerá del riesgo individual, pero en este paciente será claramente mayor que en una persona que nunca haya padecido una enfermedad cardiovascular.

 

 

 

Ejemplo 4. Mujer de 45 años con LDL elevado y antecedentes familiares

 

Mujer de 45 años, normotensa, no diabética, con normopeso y físicamente activa.

Presenta concentraciones elevadas de colesterol LDL desde hace más de diez años y antecedentes familiares de dislipemia.

Se desconoce su lipoproteína(a).

 

Con estos datos no puede afirmarse automáticamente que deba tomar una estatina.

Faltan tres datos fundamentales: la concentración exacta de LDL, si fuma y si existen familiares que hayan sufrido infartos, ictus u otras enfermedades cardiovasculares prematuras.

Tener familiares con el colesterol elevado no equivale, por sí solo, a padecer una hipercolesterolemia familiar.

 

Si el LDL sin tratamiento es igual o superior a 190 mg/dL, el tratamiento con estatinas estaría claramente indicado y debería investigarse una posible hipercolesterolemia familiar.

Esta paciente se consideraría al menos de riesgo cardiovascular alto, con el objetivo de reducir el LDL un 50% como mínimo y situarlo por debajo de 70 mg/dL.

 

Si el LDL se encuentra entre 116 y 189 mg/dL, la decisión dependerá del riesgo calculado mediante SCORE2 y de otros modificadores.

Las guías europeas permiten considerar tratamiento farmacológico en personas de bajo riesgo con LDL persistente de 116 mg/dL o más, después de optimizar las medidas de estilo de vida, pero no obligan a tratar a todas.

El antecedente que realmente aumenta el riesgo es la enfermedad cardiovascular prematura en familiares, no la mera existencia de “colesterol alto” en la familia.

 

En esta paciente estaría especialmente indicado medir la lipoproteína(a), determinación que se recomienda al menos una vez en la vida adulta.

Un valor de 50 mg/dL o más —aproximadamente 105 nmol/L— actuaría como modificador del riesgo y podría inclinar la decisión hacia el tratamiento.

La estatina no reduce específicamente la lipoproteína(a), pero sí disminuye el riesgo global al bajar el LDL.

 

Conclusión: antes de prescribir habría que conocer el LDL exacto, calcular el SCORE2, aclarar los antecedentes familiares y medir la lipoproteína(a).

Si el LDL es igual o superior a 190 mg/dL o se confirma una hipercolesterolemia familiar, la indicación sería clara.

Con cifras inferiores, el tratamiento puede ser razonable, pero debe individualizarse.

Su beneficio relativo sería aproximadamente del 20% por cada 39 mg/dL de descenso del LDL; el beneficio absoluto a corto plazo probablemente sería pequeño si su riesgo basal es bajo, aunque podría resultar más importante a lo largo de toda la vida por la exposición prolongada al colesterol elevado.

 

 

 

Bibliografía

Las principales guías y estudios que respaldan el artículo se reúnen aquí para facilitar la lectura del texto.

 

  1. GBD 2023 LDL Cholesterol Collaborators. Global Burden of Elevated LDL-C: Findings From the Global Burden of Disease Study 2023. JAMA. Publicado en línea el 29 de julio de 2026. https://doi.org/10.1001/jama.2026.8628

  2. Mach F, Koskinas KC, Roeters van Lennep JE, et al. 2025 Focused Update of the 2019 ESC/EAS Guidelines for the management of dyslipidaemias. European Heart Journal. 2025;46:4359-4378. https://doi.org/10.1093/eurheartj/ehaf190

  3. Blumenthal RS, Morris PB, Gaudino M, et al. 2026 ACC/AHA multisociety guideline on the management of dyslipidemia. Circulation. Publicado en línea el 13 de marzo de 2026. https://doi.org/10.1161/CIR.0000000000001423

  4. Visseren FLJ, Mach F, Smulders YM, et al. 2021 ESC Guidelines on cardiovascular disease prevention in clinical practice. European Heart Journal. 2021;42:3227-3337. https://doi.org/10.1093/eurheartj/ehab484

  5. National Institute for Health and Care Excellence. Cardiovascular disease: risk assessment and reduction, including lipid modification. NICE guideline NG238. Actualizada en 2023; vigente en 2026. https://www.nice.org.uk/guidance/ng238

  6. Ference BA, Ginsberg HN, Graham I, et al. Low-density lipoproteins cause atherosclerotic cardiovascular disease. European Heart Journal. 2017;38:2459-2472. https://doi.org/10.1093/eurheartj/ehx144

  7. Cholesterol Treatment Trialists’ Collaboration. Efficacy and safety of more intensive lowering of LDL cholesterol: meta-analysis of data from 170,000 participants in 26 randomised trials. Lancet. 2010;376:1670-1681. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(10)61350-5

  8. Cholesterol Treatment Trialists’ Collaboration. The effects of lowering LDL cholesterol with statin therapy in people at low risk of vascular disease. Lancet. 2012;380:581-590. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(12)60367-5

  9. Anderson TS, Wilson LM, Sussman JB. Implications of the 2026 Dyslipidemia Guideline for Primary Prevention Statin Therapy. JAMA. Publicado en línea el 20 de julio de 2026. https://doi.org/10.1001/jama.2026.11246

  10. Cholesterol Treatment Trialists’ Collaboration. Efficacy and safety of statin therapy in older people: a meta-analysis of individual participant data from 28 randomised controlled trials. Lancet. 2019;393:407-415. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(18)31942-1

  11. Yourman LC, Cenzer IS, Boscardin WJ, et al. Evaluation of Time to Benefit of Statins for the Primary Prevention of Cardiovascular Events in Adults Aged 50 to 75 Years. JAMA Internal Medicine. 2021;181:179-185. https://doi.org/10.1001/jamainternmed.2020.6084

  12. Heart Protection Study Collaborative Group. MRC/BHF Heart Protection Study of cholesterol lowering with simvastatin in 20,536 high-risk individuals. Lancet. 2002;360:7-22. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(02)09327-3

  13. Yusuf S, Bosch J, Dagenais G, et al. Cholesterol Lowering in Intermediate-Risk Persons without Cardiovascular Disease. New England Journal of Medicine. 2016;374:2021-2031. https://doi.org/10.1056/NEJMoa1600176

  14. Chou R, Cantor A, Dana T, et al. Statin Use for the Primary Prevention of Cardiovascular Disease in Adults: Updated Evidence Report and Systematic Review for the USPSTF. JAMA. 2022;328:746-753. https://doi.org/10.1001/jama.2022.12138

  15. Ferket BS, van Kempen BJH, Hunink MGM, et al. Personalized Prediction of Lifetime Benefits with Statin Therapy for Asymptomatic Individuals: A Modeling Study. PLoS Medicine. 2012;9:e1001361. https://doi.org/10.1371/journal.pmed.1001361

  16. Cholesterol Treatment Trialists’ Collaboration. Effect of statin therapy on muscle symptoms: an individual participant data meta-analysis of large-scale, randomised, double-blind trials. Lancet. 2022;400:832-845. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(22)01545-8

  17. Cholesterol Treatment Trialists’ Collaboration. Effects of statin therapy on diagnoses of new-onset diabetes and worsening glycaemia in large-scale randomised blinded statin trials. Lancet Diabetes & Endocrinology. 2024;12:306-319. https://doi.org/10.1016/S2213-8587(24)00040-8

  18. Cannon CP, Blazing MA, Giugliano RP, et al. Ezetimibe Added to Statin Therapy after Acute Coronary Syndromes. New England Journal of Medicine. 2015;372:2387-2397. https://doi.org/10.1056/NEJMoa1410489

  19. Sabatine MS, Giugliano RP, Keech AC, et al. Evolocumab and Clinical Outcomes in Patients with Cardiovascular Disease. New England Journal of Medicine. 2017;376:1713-1722. https://doi.org/10.1056/NEJMoa1615664

  20. Nissen SE, Lincoff AM, Brennan D, et al. Bempedoic Acid and Cardiovascular Outcomes in Statin-Intolerant Patients. New England Journal of Medicine. 2023;388:1353-1364. https://doi.org/10.1056/NEJMoa2215024

  21. Bhatt DL, Steg PG, Miller M, et al. Cardiovascular Risk Reduction with Icosapent Ethyl for Hypertriglyceridemia. New England Journal of Medicine. 2019;380:11-22. https://doi.org/10.1056/NEJMoa1812792

  22. Grinspoon SK, Fitch KV, Zanni MV, et al. Pitavastatin to Prevent Cardiovascular Disease in HIV Infection. New England Journal of Medicine. 2023;389:687-699. https://doi.org/10.1056/NEJMoa2304146

  23. Collins R, Reith C, Emberson J, et al. Interpretation of the evidence for the efficacy and safety of statin therapy. Lancet. 2016;388:2532-2561. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(16)31357-5

  24. Saeed A, Davis AM, Johnson AE. Dyslipidemia Evaluation and Management. JAMA. Publicado en línea el 20 de julio de 2026. https://doi.org/10.1001/jama.2026.11314

  25. American Heart Association. Top Take-Home Messages for Geriatric Clinicians: 2026 Guideline on the Management of Dyslipidemia. 2026. https://professional.heart.org/en/science-news/2026-guideline-on-the-management-of-dyslipidemia

 

 

Nota editorial

 

Este texto resume evidencia poblacional y guías de práctica clínica.

 

No sustituye la valoración individual, especialmente en embarazo y lactancia, hepatopatía activa, enfermedad renal avanzada, polimedicación, fragilidad o sospecha de hipercolesterolemia familiar.

 

 

 

(Artículo redactado, según mis indicaciones, por IA y posteriormente corregido y modificado por holasoyramon. Se trata de un artículo con rigurosa base científica de divulgación)

 

 

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Troya – Troy – 2004 – Wolfgang Petersen – HBO Max

8/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de Troya (Troy), de Wolfgang Petersen

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Troya: Aquiles, bíceps, gloria eterna y un caballo con muy malas intenciones

 

Wolfgang Petersen sabía manejar el espectáculo a lo grande.

 

El director alemán alcanzó fama internacional con El submarino (Das Boot) y después se instaló cómodamente en Hollywood con En la línea de fuego, Estallido, Air Force One (El avión del presidente) y La tormenta perfecta.

 

Troya encaja perfectamente en esa filmografía: acción, grandes escenarios, estrellas y un director que sabe dónde poner la cámara cuando hay que movilizar a unos cuantos miles de soldados.

 

Troya obtuvo una nominación al Oscar de 2005 al mejor diseño de vestuario, obra de Bob Ringwood.

 

 

Cutrecomentario de Ramón

 

Revisito Troya (Troy) veintidós años después de su estreno.

Cómo pasa el tiempo.

Y cómo han envejecido algunos de sus protagonistas mientras nosotros, naturalmente, seguimos exactamente igual.

 

Lo primero que me llama la atención es lo espectacular que sigue resultando.

Wolfgang Petersen convierte la guerra de Troya en una película bélica de toda la vida, solo que con espadas, escudos, sandalias y unos abdominales bastante mejor trabajados que los habituales.

 

La película recoge el espíritu general de La Ilíada y de la tradición sobre la guerra de Troya, pero se toma enormes libertades. Y hace bien en no disimularlo. Esto no es una clase de filología clásica, sino una superproducción de Hollywood escrita por David Benioff.

 

Las batallas siguen funcionando estupendamente.

Los movimientos de masas están bien resueltos y Troya aparece como una ciudad monumental, viva, imponente y aparentemente inexpugnable.

Su estética incluso tiene por momentos algo más egipcio que griego.

 

Y hay otra cosa que llama mucho la atención vista hoy: la luz.

 

Los cielos son azules. El Mediterráneo parece Mediterráneo. Hay colores. Hay sol. Hay brillo.

 

Después de haber visto La Odisea de Christopher Nolan, la comparación resulta inevitable.

La película de Nolan presenta un mundo mucho más sombrío y hostil; incluso su tratamiento visual del Mediterráneo ha provocado comentarios precisamente por esa ausencia de la luminosidad tradicionalmente asociada al Egeo.

 

Tal vez cada película sea hija de su tiempo.

 

En 2004 vivíamos todavía en plena expansión económica, antes del estallido de la burbuja inmobiliaria y de la crisis financiera.

Troya es una película luminosa, expansiva, confiada en el espectáculo y en la épica.

La Odisea de 2026 parece surgir de una época bastante menos optimista.

 

El cine habla de la época que retrata, pero también de la época en la que se rueda.

 

Aquí hay épica y hay sentimiento. Incluso demasiado sentimiento.

 

Porque uno de los defectos de Troya es esa costumbre tan de determinado cine de principios de siglo de parar la película para indicarnos solemnemente que ahora toca emocionarse.

Petersen subraya algunos momentos sentimentales más de lo necesario y ahí la película se vuelve algo pesada.

 

Pero llega otra batalla y se nos pasa.

 

El protagonismo está bastante repartido, aunque fundamentalmente se disputa entre dos hombres: Aquiles y Héctor.

 

Brad Pitt está en plenitud física interpretando a Aquiles.

Bíceps musculados, muslos robustos, nalgas poderosas y unos desnudos cuidadosamente planificados para enseñarnos prácticamente todo excepto aquello que hubiera elevado considerablemente la calificación por edades.

 

Aquiles está hecho un cachas estupendo.

 

Pero reducir a Brad Pitt a su físico siempre me ha parecido injusto.

Parece existir esa extraña teoría según la cual para ser considerado gran actor hay que ser feo.

Pitt ya había demostrado mucho antes, en Doce monos o Amor a quemarropa, que además de ser insultantemente guapo sabía actuar.

Y aquí vuelve a demostrarlo.

 

Su Aquiles es arrogante, sobrado y extraordinariamente consciente de su talento.

Pero sobre todo tiene una obsesión: trascender.

 

Quiere que dentro de miles de años alguien siga pronunciando su nombre.

Y, mira tú por dónde, lo consiguió.

 

Ese deseo de permanecer después de la muerte es profundamente humano.

Las religiones prometen cielos, paraísos o nirvanas; las ideologías levantan monumentos; los artistas dejan obras y los guerreros de Homero buscaban gloria.

 

Aquiles quiere la inmortalidad más eficaz que conocemos: que alguien se acuerde de ti cuando ya no estés.

 

Frente a él está Héctor, interpretado magníficamente por Eric Bana.

 

Héctor es prácticamente su contrario. Prudente, familiar, responsable.

Sabe que la guerra es una desgracia y precisamente por eso puede ser un excelente guerrero.

Tener miedo no le convierte en cobarde; le convierte en alguien que sabe perfectamente lo que puede perder.

 

Y después tenemos a Paris.

Ay, Paris.

Orlando Bloom interpreta a un flojucho que, por enamorarse de Helena, interpretada por una jovencísima y deslumbrante Diane Kruger, consigue arrastrar a toda una ciudad hacia la catástrofe.

 

 

Cuando tiene que enfrentarse a Menelao, interpretado por Brendan Gleeson, descubrimos que de héroe anda bastante justito.

 

Así que termina refugiándose en aquello que mejor se le daba a Orlando Bloom por aquellos años: coger un arco y convertirse otra vez en Legolas.

 

También están estupendos Brian Cox como el ambicioso y desagradable Agamenón, Brendan Gleeson como Menelao y, por supuesto, Peter O’Toole como el rey Príamo.

 

Y aparece una jovencísima Rose Byrne interpretando a Briseida, protegida una y otra vez por Aquiles.

 

Patroclo, interpretado por Garrett Hedlund, es aquí presentado como primo y protegido de Aquiles.

Su muerte a manos de Héctor desencadena finalmente la furia del héroe griego.

La película modifica así de manera importante la tradición homérica y elimina además prácticamente toda intervención directa de los dioses.

 

Y me estaba dejando a uno de mis personajes favoritos: Odiseo, interpretado por Sean Bean.

 

Aquí Odiseo representa la inteligencia práctica.

 

No es el más fuerte ni el más espectacular.

Tampoco necesita serlo.

Conoce su posición dentro del ejército aqueo, sabe negociar, conciliar, convencer y esperar.

 

Mientras Aquiles se mueve por la gloria y Agamenón por el poder, Odiseo utiliza la cabeza.

 

Es, de alguna manera, el contrapunto griego de Héctor: dos hombres que comprenden que una guerra no debería ser una competición para descubrir quién tiene la testosterona más descontrolada.

 

Y, naturalmente, será Odiseo quien tenga la idea del caballo.

 

La película comprime brutalmente la cronología tradicional de una guerra que dura diez años.

Aquí todo sucede a velocidad de AVE: desembarco, batallas, retirada aparente, caballo de madera y a conquistar Troya.

 

Pero funciona.

 

Además, Troya es más adulta de lo que recordaba.

Hay sexo, desnudos y, sobre todo, la conquista de la ciudad no se presenta como una fiesta heroica.

Cuando los aqueos entran en Troya aparecen asesinatos de civiles, mujeres atacadas, niños muertos y toda la brutalidad que acompaña a una ciudad saqueada.

 

Petersen no se recrea especialmente en ello, pero tampoco lo oculta.

 

El fuego final canta algo más.

Han pasado veintidós años y algunos efectos visuales empiezan a enseñar las costuras.

Pero sorprende lo bien que aguanta casi todo el espectáculo.

 

Troya no tiene la profundidad ni la amargura de La Odisea de Christopher Nolan. Tampoco creo que lo pretenda.

 

Esta es fundamentalmente una película épica, luminosa, espectacular y entretenida.

 

Una adaptación muy libre de Homero que sacrifica dioses, cronología y complejidad para construir un gran espectáculo cinematográfico.

 

Y veintidós años después sigue funcionando.

 

Además, tiene a Brad Pitt haciendo de Aquiles prácticamente en pelotas.

 

Homero no especificó ese detalle.

 

Pero tampoco creo que hubiera protestado.

 

Mi puntuación: 7,77/10.

 

 

Dirigido por Wolfgang Petersen:

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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American Psycho – 2000 – Mary Harron – Wilder Cinema – #YoVoyAlCine

7/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cartel oficial de American Psycho

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

American Psycho: El lobo de Wall Street se pone loción sin alcohol

 

Mary Harron es una cineasta canadiense surgida del cine independiente norteamericano.

 

Debutó en el largometraje con Yo disparé a Andy Warhol y después dirigió The Notorious Bettie Page, The Moth Diaries, Las chicas de Manson y Dalíland.

 

También realizó la estupenda miniserie Alias Grace.

 

Su cine suele fijarse en personajes incómodos y en las relaciones entre poder, identidad, deseo y violencia.

 

En American Psycho adaptó junto a Guinevere Turner la polémica novela de Bret Easton Ellis.

 

 

Cutrecomentario de Ramón

 

Vi American Psycho en el cine en el año 2000 y me repugnó bastante.

 

Ahora la he revisitado en las proyecciones de Wilder Cinema, después de que el tiempo la haya convertido en película de culto, y la he visto con otros ojos. No me entusiasma, pero entiendo mucho mejor su interés.

 

La película retrata a un espécimen muy reconocible de los años ochenta y noventa: el yuppie.

Un individuo con dinero, traje carísimo, cuerpo de gimnasio y una liturgia cosmética que entonces se asociaba más al universo femenino.

El antepasado directo del metrosexual, pero con conversaciones de machirulo de encefalograma social plano.

 

Patrick Bateman, interpretado por Christian Bale, no es tanto un personaje aislado como el representante extremo de toda una clase.

Sus compañeros son casi intercambiables.

Visten igual, hablan igual, se confunden unos con otros y compiten por reservar mesa en el restaurante más imposible o por exhibir la tarjeta de visita más elegante.

La escena de las tarjetas es una cumbre de la idiotez humana: tipos poderosos al borde del colapso porque uno ha elegido un blanco más distinguido.

 

También aparecen aquellos teléfonos móviles del tamaño de un ladrillo, que en el año 2000 todavía parecían una excentricidad para ejecutivos con ganas de hacerse notar.

Luego se hicieron diminutos y ahora vuelven a ser enormes.

La humanidad avanza mucho para terminar llevando una tabla de cortar en el bolsillo.

 

Ese retrato disgeneracional es lo mejor de la película.

Bateman vive rodeado de personas, pero no mantiene una relación auténtica con ninguna.

Entre los hombres solo hay competición, vanidad y conversaciones machistas.

Con las mujeres no existe intimidad: hay sexo, prostitución, pornografía, dominación y desprecio.

Todo está limpio, caro y perfectamente perfumado, pero moralmente huele a alcantarilla.

 

Además, Bateman es un psicópata que mata de manera compulsiva, sin empatía hacia sus víctimas y sin asumir responsabilidad alguna.

Siempre encuentra una explicación que lo descarga: una provocación, una mirada, una frase inconveniente o, sencillamente, que alguien tenga una tarjeta mejor que la suya.

 

Yo estuve quince años y un día en prisión. Trabajando, aclaro, que en internet nunca se sabe. Allí conocí a bastantes psicópatas, casi todos procedentes de estratos sociales muy bajos: hombres incultos, mal vestidos y que en ocasiones no olían precisamente a loción sin alcohol.

 

Bateman pertenece a la misma familia moral, pero envuelto en Armani.

La película acierta al recordarnos que la crueldad no necesita chándal ni navaja: también puede llevar corbata de seda y reservar en Dorsia.

 

La interpretación de Christian Bale se ha vuelto icónica, pero a mí no me parece redonda.

Su frialdad encaja con el personaje y su control físico es impresionante.

El problema llega cuando Bateman empieza a sufrir crisis, pierde el dominio de sí mismo y entra en un terreno cada vez más psicótico.

Ahí la interpretación se vuelve más aparatosa y la película empieza a hacer trampas.

 

 

Alerta: spoilers

 

El tramo final me chirría de forma absoluta.

No porque una persona con rasgos psicopáticos sea incapaz de padecer ansiedad —eso sería demasiado categórico—, sino porque la película introduce una descomposición psicótica que embarulla su discurso.

Ya no sabemos qué crímenes han sucedido, cuáles son delirios y hasta qué punto contemplamos una realidad deformada por Bateman.

 

La intención no era resolverlo con el viejo «todo estaba en su cabeza».

Mary Harron y Guinevere Turner han explicado que querían que los hechos fueran reales hasta que la percepción del personaje empieza a quebrarse abiertamente.

Pero el resultado permite precisamente esa escapatoria, y la propia directora ha reconocido que el final quedó demasiado inclinado hacia esa lectura.

 

Eso debilita la película. Si todo es producto de un delirio, Bateman deja de ser solo el monstruo perfectamente integrado en el capitalismo triunfante y el relato abre una coartada clínica que no necesitaba.

Y si lo que aparece es una crisis moral, tampoco funciona: los remordimientos romperían la lógica interna del personaje.

La ambigüedad no siempre es profundidad; a veces es simplemente niebla.

 

Estos planteamientos me parecen profundamente reaccionarios y victimizan al verdugo y, hasta cierto punto, lo exculpan. Una mierda.

 

También me incomoda la puesta en escena.

La película mantiene una mirada crítica sobre esos yuppies, pero en varios momentos los filma con contrapicados, engrandecidos alrededor de una mesa mientras beben bourbon y dicen barbaridades racistas, machistas y aporofóbicas.

En cambio, en bastantes ocasiones las mujeres aparecen observadas en planos picados, empequeñecidas.

No es una regla matemática —un picado no convierte automáticamente a nadie en inferior—, pero la reiteración introduce una contradicción visual que a mí me resulta molesta.

 

Hay, sin embargo, secuencias muy bien dirigidas.

Todo el bloque de la prostitución está montado con precisión, con una coordinación enfermiza entre el narcisismo de Bateman, los espejos y los cuerpos tratados como mercancía.

Y resulta magnífica la elipsis con Christie, interpretada por Cara Seymour, cuando cuenta que después de su anterior encuentro terminó en urgencias recuperándose de las heridas.

 

El tratamiento de los personajes femeninos también plantea problemas.

La película denuncia un universo profundamente misógino, pero a ratos parece contaminada por él.

Evelyn Williams, interpretada por Reese Witherspoon, es una pija frívola que vive en Babia.

Courtney Rawlinson, a la que da vida Samantha Mathis, permanece drogada casi de manera perpetua.

Las prostitutas son víctimas convertidas en objetos.

Y Jean, la secretaria encarnada por Chloë Sevigny, es la única figura con algo parecido a sensibilidad, aunque esté construida desde la sumisión y el enamoramiento ingenuo.

 

No diría que todos los personajes femeninos sean negativos de la misma manera, porque Jean funciona también como el único resto de humanidad de la historia.

Pero el abanico que se les concede es demasiado estrecho: tontas, sometidas, drogadas o prostituidas.

La intención crítica existe; el resultado no siempre consigue separarse de aquello que pretende denunciar. Otra mierda.

 

Y luego está Willem Dafoe como el inspector Donald Kimball, siempre estupendo. Da vida a una especie de Colombo.

Entra en la película sin levantar la voz y consigue que cada pregunta parezca una caricia o una amenaza.

Es de los pocos personajes que introduce una tensión verdadera sin necesidad de enseñar un hacha.

 

Veintiséis años después, American Psycho me sigue pareciendo una película desagradable y profundamente irregular.

Pero ahora veo con más claridad la potencia de su sátira: Patrick Bateman no es una anomalía dentro de aquel mundo, sino su producto mejor vestido.

La película ha ganado interés con el tiempo.

No tanto como retrato de un asesino, sino como autopsia de un segmento social social vacío, machista y obscenamente satisfecha de sí misma.

 

La he visto con otros ojos. Eso no significa que ahora me caiga mejor.

 

A Bateman ni una segunda oportunidad le mejora la tarjeta de visita.

 

Mi puntuación: 5,62/10.

 

Patrick Bateman empuña un hacha en American Psycho

 

Dirigido por Mary Harron:

La directora Mary Harron

Foto: John C. Walsh / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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El amor que permanece – Ástin sem eftir er – 2025 – Hlynur Pálmason – #YoVoyAlCine

6/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cartel español de El amor que permanece

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El amor que permanece: divorciarse en Islandia, con cuatro estaciones, vino de más y gemelos desatados

 

Hlynur Pálmason es uno de los nombres clave del cine islandés actual. Cineasta y artista visual, debutó en el largometraje con Winter Brothers y continuó con Un blanco, blanco día y Godland.

 

Su cine es físico, naturalista y muy atento al paisaje y al paso del tiempo.

 

Le interesan más los gestos, los silencios y las pequeñas rutinas que el drama subrayado.

 

Vamos, que no tiene prisa… y sabe perfectamente lo que hace.

 

La película se presentó en la sección Cannes Première, fue elegida por Islandia para representar al país en los Óscar —aunque no consiguió la nominación— y recibió una mención especial en el Festival de Gante.

 

Además, Panda, el perro de la familia, ganó la Palm Dog en Cannes. Al menos alguien salió del divorcio con premio.

 

La pareja no funciona. Hace tiempo que dejó de funcionar. Anna y Magnús, recién separados, intentan mantener cierta normalidad alrededor de sus tres hijos.

Ella continúa con los niños en la casa familiar mientras él pasa largas temporadas trabajando en el mar.

 

A lo largo de las cuatro estaciones asistimos al desmoronamiento tranquilo, pero imparable, de lo que queda de su relación.

 

Hlynur Pálmason construye la película mediante escenas pequeñas, cotidianas y casi domésticas, como si filmarlas pudiera salvarlas del olvido y conservarlas en un álbum familiar imaginario.

 

El amor que permanece es sencilla desde el punto de vista narrativo, muy costumbrista y muy de observar cómo respiran los personajes.

 

A veces resulta ridícula, otras simpática y en ocasiones simplemente incómoda. Como la vida misma.

 

Todos los personajes tienen una personalidad bien definida. Hay momentos abiertamente cómicos y otros en los que el drama asoma sin avisar, se sienta en la cocina y decide quedarse.

 

En algunos pasajes, esa pareja rota recuerda inevitablemente al cine de Ingmar Bergman. Sí, ese.

 

En otros, la comicidad corre por cuenta de los dos gemelos, una especie de Zipi y Zape islandeses capaces de llevar la película hacia situaciones grotescas y realmente divertidas.

 

También resulta muy interesante su retrato del mundo del arte: los marchantes, las poses, el desprecio hacia quien intenta ser original y esa escena gloriosa —y dolorosa— del galerista defendiendo su consumo de más de un litro de vino al día. Absolutamente ridículo. La incomodidad de Anna termina siendo exactamente la del espectador.

 

Y ojo con Saga Garðarsdóttir, nombre complicado donde los haya. Está estupenda: tiene presencia, verdad y una naturalidad extraordinaria. Para mí, una joya del cine islandés actual.

 

El amor que permanece es una película pequeña, irregular por momentos, pero muy honesta; a veces muy divertida y otras dolorosamente reconocible.

Como el amor cuando ya no sabe muy bien qué hacer para seguir existiendo.

 

Mi puntuación: 7,67/10.

 

Dos jóvenes en una escena de El amor que permanece

 

Dirigido por Hlynur Pálmason:

Hlynur Pálmason, director de El amor que permanece

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Julian – 2025 – Cato Kusters – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

6/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de Julian

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Veintidós bodas y un melodrama

 

Cato Kusters (Bélgica, 1998) se formó en montaje y dirección en la escuela RITCS de Bruselas.

 

Comenzó trabajando como directora y montadora de videoclips.

 

Su corto de graduación, Finn’s Heel (2022), obtuvo el premio al mejor corto estudiantil belga en el Film Fest Gent.

 

Julian, coescrita con Angelo Tijssens, es su primer largometraje y la primera producción de The Reunion, compañía de Michiel Dhont y Lukas Dhont.

 

La película se presentó mundialmente en la sección Discovery del Festival de Toronto y fue la cinta inaugural del Film Fest Gent 2025.

 

En 2026 obtuvo cuatro premios Ensor: mejor película, dirección, guion y actriz protagonista para Laurence Roothooft. Kusters recibió además el Ensor a la promesa del año.

 

 

Cutrecomentario de Ramón

 

Julian podría haberse titulado perfectamente Proyecto 22.

De hecho, esa fue la denominación real de la iniciativa emprendida por Fleur Pierets y Julian P. Boom: casarse en los 22 países que reconocían el matrimonio igualitario cuando concibieron el proyecto.

 

Nina Meurisse interpreta a Fleur y Laurence Roothooft a Julian.

 

Se enamoran, deciden casarse por todo el planeta y descubren que el amor será universal, pero los billetes de avión no los paga Cupido.

Buena parte de la trama gira alrededor de la búsqueda de financiación y patrocinadores.

 

La película se detiene especialmente en la primera ceremonia en París y la celebrada en Nueva York.

Todo está contado con un tono amable, sin grandes discursos ni villanos de opereta.

La reivindicación de los derechos LGTBIQ+ nace de la propia historia y no de que alguien se suba a una caja de fruta para soltar un mitin.

 

La relación amorosa resulta creíble y está relatada con sensibilidad.

El problema es que los personajes quedan definidos con pinceladas demasiado rápidas.

Sabemos qué pretenden hacer y cómo intentarán conseguirlo, pero no terminamos de conocerlas suficientemente fuera del proyecto.

Paradójicamente, una historia tan íntima acaba resultando algo superficial en la construcción de sus protagonistas.

 

El relato sigue una estructura no lineal, mezclando distintos momentos mediante analepsis y prolepsis, lo que toda la vida hemos llamado flashbacks y flashforwards.

Esta fragmentación anuncia desde el principio que detrás de tanta felicidad nupcial se aproxima algún nubarrón.

 

La estética imita deliberadamente la textura del vídeo doméstico y de las grabaciones improvisadas.

Esa apariencia de material amateur aporta cercanía, aunque tampoco consigue suplir la limitada profundidad de los personajes.

 

En el último tercio llega el drama y la película empieza a mirar con demasiado interés hacia nuestro lagrimal.

No me molesta que la historia sea triste, sino que se subraye tanto la tristeza.

Había suficiente carga emocional sin necesidad de apretar el botón del melodrama hasta dejarlo hundido.

 

Julian es una película sincera, humana y bienintencionada sobre el amor y la igualdad.

 

Funciona mejor cuando observa a sus protagonistas con naturalidad que cuando se empeña en decirnos exactamente cuándo debemos sacar el pañuelo.

 

Mi puntuación: 6,46/10.

 

Escena de Julian en un tren

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

Escena de Julian junto al río

 

 

 

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Sombra nómada – Nomad Shadow – 2025 – Eimi Imanishi – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

6/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de Sombra nómada

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Regreso al futuro… pero con el futuro confiscado

 

La japonesa-estadounidense Eimi Imanishi debuta en el largometraje con Sombra nómada (Nomad Shadow), después de dirigir los cortos Battalion to My Beat (2016), One-Up (2017) y 3×13 (2021).

 

El primero, rodado en los campamentos de refugiados saharauis de Argelia, ganó en 2017 el Premio Canal+ al mejor cortometraje internacional en Clermont-Ferrand.

 

Imanishi vuelve al Sáhara para hablar de migración, desarraigo y pertenencia desde el camino de regreso, mucho menos transitado por el cine.

 

Sombra nómada se estrenó mundialmente en el Festival de Toronto de 2025, dentro de la sección Centrepiece, y participó después en la competición del Festival Black Nights de Tallin.

 

En 2026 ganó el premio al mejor largometraje de ficción en el Santiago del Estero Film Fest.

 

 

Cutrecomentario de Ramón

 

Mariam, interpretada por Nadhira Mohamed, es el centro absoluto de la película.

Prácticamente no hay un fotograma que no pase por ella.

 

Después de vivir diez años en España, es deportada por un asunto relacionado con el tráfico de drogas y regresa a El Aaiún, en el Sáhara Occidental.

 

El problema es que ya no pertenece a ningún sitio.

España la ha expulsado y su lugar de origen tampoco la reconoce como una de los suyos.

Una especie de maleta extraviada por la burocracia, pero con tatuajes, mala leche y muchas ganas de largarse otra vez.

 

Su familia no funciona precisamente como comité de bienvenida.

El hermano ejerce de patriarca y pretende decidir qué puede hacer.

La madre le reprocha su comportamiento occidentalizado.

 

Mariam choca contra unas normas familiares y sociales que reducen mucho su autonomía, pero tampoco tiene dinero para volver a España.

 

En consecuencia, acepta trabajos precarios y termina acercándose a actividades que ya cruzan alegremente la frontera de lo delictivo.

También se reencuentra con su antigua pareja, marcada por su propia y fracasada experiencia migratoria, e intenta reconstruir sus relaciones con la hermana y con otras mujeres del entorno.

 

Aquí aparece cierta sororidad, pero a ráfagas.

La película no idealiza a las mujeres ni las convierte automáticamente en hermanas solidarias por compartir opresión.

Algunas ayudan y otras juzgan.

La caballería feminista no siempre llega a tiempo.

 

Casi todos los hombres con alguna autoridad son retratados como machistas, controladores o directamente desagradables.

Es el mundo que la película muestra, aunque sería excesivo convertir ese retrato cinematográfico en un censo de todos los hombres saharauis.

 

Imanishi habla de un entorno concreto, atravesado por el patriarcado, la pobreza, la ocupación y la falta de oportunidades.

 

Resulta significativo el cambio de vestuario de Mariam.

Pasa de una indumentaria claramente europea a otra más aceptable para su entorno.

Parece adaptarse por fuera, pero por dentro sigue siendo la misma muchacha rebelde, incapaz de resignarse al papel que le han asignado.

 

Desde muy pronto se intuye que aquello no va a terminar bien. Y, efectivamente, la película concluye sin ofrecer una verdadera solución.

Es coherente con una protagonista atrapada en un conflicto que no admite finales felices, aunque también deja cierta sensación de relato interrumpido.

 

La respuesta es que Mariam seguirá viviendo en la inconformidad, sin poder marcharse y sin encontrar su sitio.

 

Nadhira Mohamed se echa la película a la espalda y consigue sostenerla.

 

Su interpretación aporta energía, rabia y verdad a una historia que, sin ella, habría corrido el riesgo de quedarse vagando por el desierto.

 

Mi puntuación: 5,46/10.

 

Barca al anochecer en Sombra nómada

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

Mujer en una escena de Sombra nómada

 

 

 

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Idiotka – 2025 – Nastasya Popov – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

6/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de Idiotka

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El show de Truman pasa por la máquina de coser

 

Nastasya Popov es una guionista y directora de Los Ángeles, hija de inmigrantes rusos.

 

Idiotka supone su debut en el largometraje: la escribe, dirige y produce.

 

Anteriormente había realizado cortos y documentales presentados en festivales como Palm Springs y Hamptons.

El guion pasó por el SFFILM Invest Lab y la película se estrenó mundialmente en SXSW en 2025.

 

Idiotka fue seleccionada para la competición de nuevos directores del Festival de San Francisco de 2025, optando al Golden Gate Award.

 

Idiotka se plantea como una comedia construida alrededor de Margarita Levlansky, interpretada por Anna Baryshnikov.

 

La joven vive con su familia judía de origen ruso y ucraniano en el barrio ruso de West Hollywood y pretende alcanzar el sueño americano participando en un concurso televisivo de diseño de moda.

 

El problema es que a los responsables de Slay, Serve, Survive les interesa bastante menos su talento con la aguja que comprobar cuánto puede descoserse su familia ante las cámaras.

Que su padre haya pasado por la cárcel, que su abuela sea excéntrica y esté enferma o que todos estén a punto de ser desahuciados proporciona mucho más espectáculo que cualquier vestido.

 

La película funciona como una sátira sobre los realities y la explotación televisiva de las desgracias ajenas.

La cámara se ha convertido en el confesionario del siglo XXI: ya no ofrece absolución, pero sí minutos de pantalla y, con suerte, una pausa publicitaria.

 

Las ideas no son malas. Tampoco carece de interés el retrato de la precariedad, la familia inmigrante y esa versión del sueño americano en la que hay que vender primero la intimidad para poder comprar después el éxito.

 

El problema está en la forma de contarlo.

Idiotka oscila continuamente entre la tontería y la ñoñez.

Los personajes se convierten en caricaturas, la ternura se transforma en almíbar y el supuesto caos acaba resultando tedioso.

 

La película sabe perfectamente qué quiere criticar, pero no consigue hacerlo de una manera soportable.

 

Tiene una tela prometedora, aunque el patrón narrativo esté mal cortado y las costuras tiren por todas partes.

 

A ratos resulta francamente insoportable.

 

Mi puntuación: 5,43/10.

 

Anna Baryshnikov en una escena de Idiotka

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

La familia de Margarita en una escena de Idiotka

 

 

 

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Ser o no ser – To Be or Not to Be – 1942 – Ernst Lubitsch – Wilder Cinema – #YoVoyAlCine

6/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cartel español de Ser o no ser

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Hamlet 1, Hitler 0: el toque Lubitsch desarma a la Gestapo

 

Ernst Lubitsch (Berlín, 1892-Los Ángeles, 1947) comenzó como actor y director en el cine mudo alemán antes de instalarse en Hollywood en 1922.

 

Allí se convirtió en uno de los grandes maestros de la comedia sofisticada con títulos como Un ladrón en la alcoba (1932), Ninotchka (1939), El bazar de las sorpresas (1940) y El diablo dijo no (1943).

 

El famoso «toque Lubitsch» era como el aroma de un buen vino: todo el mundo sabía reconocerlo, pero nadie acertaba a explicar del todo su composición.

Ironía, elegancia, elipsis, erotismo sutil y el arte de sugerir mucho más de lo que se mostraba.

 

Sus películas parecían ligeras, aunque bajo esa apariencia siempre había un compromiso moral y social.

En 1947 recibió un Oscar honorífico por su contribución al arte cinematográfico.

 

Ser o no ser obtuvo una nominación al Oscar por la partitura de Werner R. Heymann.

En 1996 fue incorporada al National Film Registry de Estados Unidos por su importancia cultural, histórica y estética.

 

 

Cutrecomentario

 

Poco se puede decir de Ser o no ser que no se haya dicho ya. Es una de las mejores comedias de la historia del cine.

 

Los diálogos son ingeniosos, divertidos y pronunciados a velocidad de vértigo.

El ritmo es impresionante y la trama no decae ni durante un segundo.

Aquí no sobra una escena, una réplica ni una peluca de la Gestapo.

 

Los actores están en estado de gracia.

Jack Benny, Carole Lombard, Robert Stack, Felix Bressart y Sig Ruman componen un reparto perfecto, en el que hasta el último secundario parece haber nacido para pronunciar su frase.

 

Carole Lombard está maravillosa. Maria Tura es el eje de la acción y la única mujer con verdadero peso en la historia.

 

Miriam Hopkins había sido la primera elegida, pero no quedó satisfecha con el papel y Lombard, que deseaba trabajar con Lubitsch, terminó interpretándolo.

 

Fue su última película. Murió el 16 de enero de 1942 en un accidente aéreo cuando regresaba de una gira de venta de bonos de guerra, pocas semanas después de finalizar el rodaje y antes del estreno.

 

Ser o no ser es también un gran homenaje a los actores de teatro.

¿Quién mejor que ellos para participar en una trama de espionaje?

Los disfraces, el maquillaje, los decorados, la improvisación y la capacidad para engañar al público se convierten aquí en armas contra los nazis.

 

La interpretación salva vidas.

Por una vez, sobreactuar deja de ser un defecto y pasa a convertirse en una virtud patriótica.

 

La película está llena de frases memorables.

La más demoledora compara lo que Joseph Tura le hizo a Shakespeare con lo que los alemanes están haciendo a Polonia.

Un chiste terrible, cruel y perfecto.

 

Parte de la crítica de 1942 consideró inapropiado utilizar la comedia para hablar de la invasión de Polonia mientras la guerra seguía en marcha.

Pero Lubitsch no se ríe de las víctimas ni convierte los bombardeos en una broma.

Ridiculiza a los nazis, su ideología y la grotesca mediocridad de quienes se creen superiores.

 

Eso es lo verdaderamente subversivo de la película: despojar al totalitarismo de su pompa, quitarle el uniforme y dejarlo en calzoncillos.

 

No recuerdo cuándo vi por primera vez Ser o no ser, pero debió de ser durante mi infancia en televisión.

En casa la hemos revisado muchas veces.

Me sé las escenas y padezco risa anticipatoria: empiezo a partirme antes de que llegue el chiste porque ya sé lo que va a ocurrir.

 

Se ha acusado a Lubitsch de realizar una comedia demasiado ligera sobre la ocupación alemana de Polonia.

Confundir ligereza con frivolidad es no haber entendido nada.

 

Frente a la fuerza bruta de las armas y la sinrazón de la violencia, Ser o no ser propone la inteligencia, el teatro, el humor y la ironía.

 

Hamlet 1, Gestapo 0.

 

Mi puntuación: 10/10 ¡Inapelable!

 

Carole Lombard y Jack Benny en una escena de Ser o no ser

 

Dirigido por Ernst Lubitsch:

Retrato de Ernst Lubitsch

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Carole Lombard en una escena de Ser o no ser

 

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Ciudad de Dios – Cidade de Deus – 2002 – Fernando Meirelles, Kátia Lund – Wilder Cinema – #YoVoyAlCine

6/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cartel español de Ciudad de Dios

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Uno de los nuestros se pierde en la favela

 

Fernando Meirelles alcanzó el reconocimiento internacional con Ciudad de Dios, codirigida por Kátia Lund.

 

Después rodaría El jardinero fiel, A ciegas, 360. Juego de destinos y Los dos papas.

 

Kátia Lund había codirigido el documental Noticias de una guerra personal y posteriormente participó en Todos los niños invisibles y en la serie Ciudad de los hombres.

 

Ciudad de Dios se presentó fuera de competición en el Festival de Cannes de 2002.

Recibió cuatro nominaciones al Óscar: dirección, guion adaptado, fotografía y montaje.

Daniel Rezende ganó además el BAFTA al mejor montaje.

 

 

Cutrecomentario de Ramón

 

La vi en su estreno y volví a ella durante aquellos días de cuarentena. Ahora, recuperada en pantalla grande, sigue conservando toda su capacidad para sacudir al espectador.

 

Es un retrato despiadado de la delincuencia, la violencia y la marginalidad en Ciudad de Dios, barrio periférico de Río de Janeiro.

Aquí no hay postal turística, samba de bienvenida ni red de seguridad.

 

Lo que más me impresiona sigue siendo la perfección del guion de Bráulio Mantovani, basado en la novela de Paulo Lins.

La trama parece laberíntica, salta entre épocas, personajes y relatos, pero todo termina encajando con una precisión milimétrica.

No queda un solo cabo suelto.

Parece caos, pero está cronometrado.

 

También me gusta que Buscapé consiga encontrar una salida y alcanzar su sueño de convertirse en fotógrafo.

En medio de tanta fatalidad, supone una pequeña puerta abierta sin necesidad de colocar un lacito sentimental.

 

Y queda Zé Pequeño, interpretado por Leandro Firmino: uno de esos personajes que se estampan a fuego en la memoria y ya pertenecen a la historia del cine.

 

El único defecto que le encuentro es su excesiva voluntad de parecerse a Martin Scorsese.

La voz en off, el montaje frenético, los movimientos de cámara y la fascinación por el ascenso criminal remiten demasiado a Uno de los nuestros.

 

A ratos, Meirelles parece empeñado en convertirse en el Scorsese de Río de Janeiro.

Una sombra muy ilustre, desde luego, pero sombra al fin y al cabo.

 

Mi puntuación: 9,77/10.

 

Buscapé con una cámara en Ciudad de Dios

 

Dirigido por Fernando Meirelles, Kátia Lund:

Fernando Meirelles

Kátia Lund

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Buscapé fotografiando en Ciudad de Dios

 

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La historia interminable (Die unendliche Geschichte) (The Neverending Story) – 1984 – Wolfgang Petersen – Wilder Cinema – #YoVoyAlCine

6/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cartel español de La historia interminable

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La historia interminable… y tan interminable

 

El alemán Wolfgang Petersen alcanzó prestigio internacional con El submarino (Das Boot), que le proporcionó nominaciones al Oscar como director y guionista.

 

La historia interminable fue su primer largometraje rodado en inglés y su pasaporte hacia Hollywood.

 

Allí firmó En la línea de fuego, Estallido, Air Force One (El avión del presidente), La tormenta perfecta, Troya y Poseidón.

 

Un cineasta con buena mano para el gran espectáculo, aunque aquí la solemnidad termina devorando el ritmo.

 

En 1985, La historia interminable obtuvo el Filmband in Gold del Premio del Cine Alemán por el diseño de producción de Rolf Zehetbauer y el Premio Bávaro a la mejor producción, concedido a Bernd Eichinger, Dieter Geissler y Günter Rohrbach.

 

La historia interminable es una ambiciosa coproducción de Alemania Occidental y Estados Unidos convertida en película generacional para los niños de la EGB y, posteriormente, para quienes la descubrieron en televisión o en VHS.

 

Wilder Cinema la recupera ahora para la pantalla grande, que siempre concede esplendor, aunque no necesariamente velocidad.

 

Cuando la vi en su estreno me pareció un coñazo.

 

Más de cuarenta años después me lo sigue pareciendo.

Algunas historias son verdaderamente interminables.

 

En aquellos años, a los culturetas de baratillo les fascinó la novela de Michael Ende, con sus letras de colores y su prestigio instantáneo para cualquier estantería que quisiera parecer intelectual.

 

El mensaje de la película es bonito: la lectura como refugio frente a una realidad penosa y la fantasía como motor para construir una existencia mejor.

Para ponerlo en marcha se recurre al clásico niño huérfano de madre, Bastian, acosado por sus compañeros y necesitado de una vía de escape.

 

Mi principal problema no está en lo que cuenta, sino en el tiempo que tarda en contarlo.

Los personajes hablan con una lentitud exasperante.

En el caso de la tortuga Morla resulta comprensible, pero no encuentro explicación para que el gigante que come piedras o la Emperatriz Infantil se expresen como si alguien hubiera puesto la película a velocidad 0,75.

 

Hasta Artax parece galopar con el freno de mano puesto.

 

Ya sé que hablar mal de esta película resulta casi iconoclasta.

A medio mundo le parece «bonita» y la nostalgia suele presentarse como testigo de cargo, abogado defensor y presidente del jurado.

 

La herejía, por cierto, tiene un compañero ilustre: el propio Michael Ende repudió la adaptación porque consideraba que había trivializado y traicionado el sentido de su novela. No la rechazó por los mismos motivos, pero al menos tampoco quedó hipnotizado por Fújur.

 

No me gustó en 1984, no me gusta ahora y creo que ha envejecido mal.

 

En mi caso, el título no puede ser más descriptivo.

 

Mi puntuación: 4,53/10.

 

Atreyu junto a Ártax en La historia interminable

 

Dirigido por Wolfgang Petersen:

Wolfgang Petersen en Bavaria Film

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Bastian leyendo el libro de La historia interminable

 

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Cinema Paradiso – 1988 – Giuseppe Tornatore – Wilder Cinema – #YoVoyAlCine

6/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartel español de Cinema Paradiso

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La rosa púrpura de Sicilia

 

Giuseppe Tornatore debutó en el largometraje con El profesor y alcanzó la gloria internacional con Cinema Paradiso, su película más celebrada.

 

Después dirigió Pura formalidad, El hombre de las estrellas, La leyenda del pianista en el océano, Malèna, La desconocida, Baarìa y La mejor oferta.

 

En 2021 rindió homenaje a su colaborador y amigo Ennio Morricone con el estupendo documental Ennio: el maestro.

 

Una filmografía irregular, pero con un paraíso que justifica toda una carrera.

 

Cinema Paradiso ganó el Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 1990.

 

En el Festival de Cannes de 1989 obtuvo el Gran Premio Especial del Jurado, concedido ex aequo.

 

Para mí, estamos ante la mejor película de Giuseppe Tornatore y ante la mejor banda sonora de Ennio Morricone.

Conviene recordar que el maravilloso tema de amor fue compuesto por su hijo, Andrea Morricone.

La emoción, como casi todo en esta película, también fue un trabajo familiar.

 

Paradójicamente, en sus primeras distribuciones la película pinchó en Italia.

El público italiano no parecía demasiado interesado en contemplar su propio pasado, pero el resto del mundo terminó convertido en una magdalena de Proust con butaca y proyector.

 

El galimatías de los distintos montajes merece una bobina aparte.

La primera versión presentada en el festival EuropaCinema duraba unos 173 minutos.

Para el estreno comercial italiano quedó reducida a 155 y, después del fracaso inicial, Tornatore la dejó en los 123 o 124 minutos del montaje internacional que conquistó Cannes y los Oscar.

 

Por tanto, la versión del director conocida actualmente dura alrededor de cincuenta minutos más que la internacional, no veinte.

Recupera principalmente el reencuentro de Salvatore con Elena adulta y explica algunas decisiones importantes de Alfredo.

Aporta información, sí, pero no mejora la película.

Al contrario: le quita misterio, alarga innecesariamente el desenlace y demuestra que también en el montaje hay que saber cuándo apagar el proyector.

 

Totó, interpretado por Salvatore Cascio, es uno de los niños más encantadores de la historia del cine y, posiblemente, uno de los que más bofetones recibe.

Hoy el rodaje terminaría con la intervención de los servicios sociales y una larga conversación con el coordinador de intimidad infantil.

 

El retrato de la Italia de la posguerra resulta magnífico.

El cine era entonces, allí y también en España, la gran evasión popular: el lugar donde olvidar por unas horas la pobreza, las ausencias y las estrecheces, riendo, llorando o protestando cuando el cura ordenaba cortar los besos.

 

La relación entre el pequeño Salvatore y Alfredo es una de las más enternecedoras que se hayan visto en una pantalla.

Tornatore es sentimental sin disimulo, pero aquí el sentimiento está ganado. No nace de apretar botones para hacer llorar al espectador, sino de construir dos personajes que se necesitan y que terminan marcándose para siempre.

 

Philippe Noiret interpretó sus diálogos en francés y en la versión italiana fue doblado por Vittorio Di Prima.

Una de las frases que mejor resume la sabiduría de Alfredo es: «Ahora que he perdido la visión, puedo ver más».

Pocas palabras para expresar todo lo que el personaje aprende cuando ya no puede mirar la pantalla.

 

Cinema Paradiso es un homenaje al cine, a las antiguas salas, a la infancia, a la amistad y a esa vida que solo comprendemos cuando ya ha pasado por la moviola.

 

Emotiva. Impresionante. Imprescindible para cualquier amante del Séptimo Arte.

 

Después del tráiler queda el mítico montaje de los besos censurados.

 

Conviene tener un pañuelo a mano: el cura consiguió cortar los besos, pero no sus efectos secundarios.

 

Mi puntuación: 8,66/10.

 

Escena en la cabina de proyección de Cinema Paradiso

 

Dirigido por Giuseppe Tornatore:

Retrato del director Giuseppe Tornatore

 

Ficha: En este enlace.

 

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Rashomon – 1950 – Akira Kurosawa – Wilder Cinema – #YoVoyAlCine

6/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de Rashomon para Wilder Cinema

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuatro versiones y un funeral

 

Akira Kurosawa ya había dirigido una decena de películas cuando realizó Rashomon, pero esta fue la que lo convirtió en un cineasta internacional.

 

Después llegarían obras esenciales como Vivir, Los siete samuráis, Trono de sangre, Yojimbo, El infierno del odio, Dersu Uzala, Kagemusha, la sombra del guerrero o Ran.

 

Pocos directores han retratado con tanta fuerza la lucha entre la dignidad humana y nuestra irresistible tendencia a comportarnos como auténticos miserables.

 

Rashomon obtuvo el León de Oro en el Festival de Venecia de 1951, galardón que abrió definitivamente las puertas occidentales al cine japonés.

 

Al año siguiente recibió también el Oscar honorífico a la película extranjera más destacada estrenada en Estados Unidos durante 1951.

 

 

Cutrecomentario de Ramón

 

Si vi Rashomon en mi juventud, no la recordaba.

Tal vez mi memoria haya decidido ofrecerme su propia versión de los hechos, muy en consonancia con la película.

 

Durante el Japón imperial, el cine estuvo sometido a una férrea censura militarista.

Después de la derrota, la ocupación estadounidense eliminó aquel corsé, aunque impuso otro sistema de control que prohibía los contenidos ultranacionalistas y favorecía los valores democráticos.

No fue una libertad absoluta, pero para Akira Kurosawa resultó un terreno creativo mucho más respirable.

Paradojas de la vida: los ocupantes terminaron facilitando una libertad que el imperio había negado.

 

Kurosawa tuvo dificultades para convencer a los estudios con un guion tan desconcertante, basado en dos relatos de Ryūnosuke Akutagawa.

Su reducido reparto y sus escasos escenarios hacían pensar en una producción económica, pero la construcción a tamaño real de la monumental puerta y la lluvia artificial elevaron considerablemente el presupuesto.

Rashomon tenía aspecto de película barata, pero no lo fue tanto. Hasta los clásicos tienen sus facturas.

 

La película nos habla de la verdad y de la mentira, aunque en realidad va un poco más lejos.

 

No afirma que la verdad no exista, sino que nuestro acceso a ella está contaminado por el ego, la vergüenza y la necesidad de quedar bien.

 

El bandido, la mujer, el samurái muerto —que declara mediante una médium— y el leñador ofrecen cuatro versiones contradictorias del mismo suceso.

 

Cada uno retuerce los hechos para preservar su dignidad, justificar sus actos o disimular su mezquindad.

 

Aquí nadie miente de manera gratuita: todos construyen la realidad que les permite seguir soportándose a sí mismos.

 

El resultado es un retrato desolador de la condición humana.

 

La película cuenta varias veces la misma historia, pero nunca parece repetirse.

Cada nueva versión desmonta la anterior, modifica a los personajes y vuelve todavía más incierto lo sucedido.

No asistimos a cuatro repeticiones, sino a cuatro demoliciones de la verdad.

 

Al final, Kurosawa introduce un pequeño elemento de esperanza. El gesto del leñador con el niño abandonado no borra todo lo anterior, pero demuestra que todavía queda alguna posibilidad de salvación.

 

Tal vez la humanidad sea egoísta, embustera y cobarde, pero un único acto de compasión puede impedir su condena absoluta.

 

El título procede de Rashōmon o Rajōmon, la gran puerta meridional de la antigua capital imperial de Kioto.

Por tanto, no significa exactamente «puerta del castillo», sino algo más próximo a la gran puerta de entrada a la ciudad amurallada.

Su estado ruinoso puede interpretarse como el símbolo perfecto de una civilización construida por los hombres y destruida por ellos mismos.

 

La historia transcurre en el Japón medieval, pero sigue siendo perfectamente actual.

Cambian las ropas, las armas y los tribunales, pero nuestra habilidad para adaptar la verdad a nuestros intereses permanece en magnífica forma.

 

Una obra maestra. Y, por desgracia, una película cada día más moderna.

 

Mi puntuación: 10/10.

 

Toshirō Mifune y Machiko Kyō en Rashomon

 

Dirigido por Akira Kurosawa:

Akira Kurosawa durante el rodaje de Los siete samuráis en 1953

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Centauros de la Alcarria – 2026-07-31 – Spider-Man, Kurosawa, Wilder Cinema y un intenso análisis de La Odisea en Centauros de la Alcarria

6/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

Centauros de la Alcarria en Nueva Alcarria

 

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Mad Bills to Pay (or Destiny, dile que no soy malo) – 2025 – Joel Alfonso Vargas – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

4/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de Mad Bills to Pay (or Destiny, dile que no soy malo)

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Haz lo que debas… pero después de la playa

 

Joel Alfonso Vargas es un cineasta dominicano-estadounidense criado en el Bronx.

 

Después del corto Target Is Hiring (2020), dirigió May It Go Beautifully for You, Rico (2024), antecedente directo de esta película y ganador del premio a la mejor dirección en la sección de cortometrajes de Locarno.

 

Mad Bills to Pay (or Destiny, dile que no soy malo) supone su debut en el largometraje.

 

Su cine combina intérpretes poco conocidos, diálogos de apariencia improvisada y una puesta en escena cercana al documental.

 

La película se estrenó en Sundance 2025, donde obtuvo el Premio Especial del Jurado de la sección NEXT al reparto coral.

 

Rico, interpretado por Juan Collado, es un dominicano-estadounidense de 19 años que sobrevive vendiendo en Orchard Beach unos cócteles caseros y clandestinos llamados nutcrackers.

 

Su proyecto vital parece limitarse a sacar unos dólares, perseguir chicas y dejar que el verano vaya pasando.

Tampoco conviene exigirle un plan quinquenal: bastante tiene con llenar la nevera portátil.

 

En casa ejerce un machismo de baratillo con su madre, AndreaYohanna Florentino—, y con su hermana menor, SallyNathaly Navarro—.

 

Reclama libertad, respeto y privilegios de adulto, pero las obligaciones ya si eso las hablamos otro día.

 

Su madre intenta mantener cierto orden en un piso pequeño y en una familia donde nadie parece demasiado dispuesto a facilitarle el trabajo.

 

La vida de Rico cambia cuando Destiny, una adolescente de 16 años interpretada por Destiny Checo, se queda embarazada y se instala en la vivienda familiar.

 

Él cree que puede convertirse en padre sin modificar ninguno de sus hábitos, como si el bebé fuera un nuevo mueble que basta con encajar en algún rincón.

 

La paternidad le ha llegado antes que la madurez, que sigue dando vueltas por el Bronx buscando aparcamiento.

 

Joel Alfonso Vargas rueda buena parte de la película mediante planos fijos, colocando la cámara en las esquinas de las habitaciones, detrás de una puerta entreabierta o a cierta distancia de los personajes.

 

Esta puesta en escena transmite la sensación de estar observando una familia real sin que sus integrantes sepan que estamos allí.

 

El piso abarrotado, los diálogos atropellados y las fricciones domésticas poseen una indudable verosimilitud.

 

El problema es que el retrato cotidiano no siempre termina convirtiéndose en una historia verdaderamente interesante.

 

El conflicto está claro desde muy pronto, pero avanza con pocas sorpresas y mediante una acumulación de escenas que insisten en las mismas actitudes.

 

La cámara observa mucho, aunque no siempre encuentra algo especialmente revelador.

 

Mad Bills to Pay (or Destiny, dile que no soy malo) no es una película torpe ni falsa.

 

Está rodada con coherencia, sus personajes resultan creíbles y representa una realidad pocas veces mostrada desde dentro.

Pero la autenticidad no garantiza automáticamente el interés cinematográfico.

 

Al terminar conocemos bastante bien la vida de Rico, aunque queda la sensación de no haber descubierto demasiado sobre él.

 

Una película correcta, respetable y realista, pero también escasamente estimulante.

 

La vida cotidiana puede ser así de rutinaria; el cine no tiene por qué copiar también sus ratos más aburridos.

 

Mi puntuación: 5,67/10.

 

Escena de Mad Bills to Pay (or Destiny, dile que no soy malo)

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

Otra escena de Mad Bills to Pay (or Destiny, dile que no soy malo)

 

 

 

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Egghead Republic – 2025 – Pella Kågerman, Hugo Lilja – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

4/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de Egghead Republic

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Miedo y asco en Kazajistán

 

Pella Kågerman y Hugo Lilja forman un matrimonio y un tándem cinematográfico sueco especializado en futuros poco tranquilizadores.

 

Debutaron juntos en el largometraje con Aniara (2018), una notable distopía espacial basada en el poema de Harry Martinson.

 

Lilja había presentado anteriormente el cortometraje The Unliving en la Berlinale, mientras que Kågerman dirigió después Reckless, estrenado en Sundance.

 

Egghead Republic es su segundo largometraje conjunto y combina la novela satírica de Arno Schmidt con las experiencias de Kågerman trabajando para Vice.

 

La película ganó el Premio del Público del Festival de Estocolmo de 2025.

 

También obtuvo cinco nominaciones a los premios Guldbagge de 2026 —película, actriz protagonista, actor secundario, maquillaje y diseño de producción— y Petra Kågerman ganó este último galardón.

 

El punto de partida tiene mucha pólvora, aunque sea radiactiva.

En una realidad alternativa donde la Guerra Fría nunca ha terminado, una bomba atómica ha convertido parte del Kazajistán soviético en una zona militarizada, aislada y presuntamente poblada por animales mutantes.

Entre ellos, unos centauros radiactivos que ya justifican cualquier viaje, reportaje o baja laboral.

 

Hasta allí pretende llegar el equipo del sensacionalista Kalamazoo Herald, dirigido por Dino Davis, un magnate de la prensa interpretado por Tyler Labine. Histriónico, manipulador, cocainómano y encantado de explotarlo todo —incluidos sus trabajadores—, recluta a la joven Sonja Schmidt, encarnada por Ella Rae Rappaport.

 

Sonja es una aspirante a ilustradora que acepta trabajar gratis con la esperanza de publicar sus dibujos.

Su ingenuidad, que en ocasiones roza directamente la estupidez, la convierte en una presa fácil para Dino.

Junto con los operadores de cámara Turan Hiram y Gemma, emprenden una expedición gonzo a la zona prohibida, pertrechados con trajes protectores, contadores Geiger y una irresponsabilidad digna de un máster.

 

La película debe interpretarse como una sátira y eso permite aceptar sus excesos.

 

Otra cosa es que el exceso funcione siempre.

La histeria permanente de Dino, la sumisión de Sonja y la competencia enfermiza entre los integrantes del equipo van provocando una descomposición moral que termina contaminando también el relato.

 

La relación entre la joven y su jefe resulta especialmente desagradable.

Dino es, textualmente, “un asqueroso, misógino, machista y un baboso de mierda”.

El problema no está en que el personaje sea repugnante, sino en que la película insiste tanto en demostrarlo que termina resultando cargante.

Confunde reiteración con profundidad.

 

Por el camino aparecen ideas interesantes sobre la precariedad laboral, la explotación de los jóvenes, el periodismo sensacionalista y la transformación de cualquier tragedia en contenido comercial.

Las ideas están ahí, pero se desarrollan de manera torpe, irregular y bastante menos incisiva de lo que prometía el planteamiento.

 

El desenlace pretende ser sorprendente y efectista, pero se queda simplemente en estridente.

 

Egghead Republic parecía destinada a convertirse en una gamberrada distópica memorable y termina siendo una película cansina, poco entretenida y mucho menos inteligente de lo que cree.

 

Promete bastante más de lo que ofrece.

 

Ni siquiera los centauros consiguen rescatarla de la zona de exclusión.

 

Mi puntuación: 4,45/10.

 

Escena de Egghead Republic

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

Otra escena de Egghead Republic

 

 

 

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Tell Everyone – Kerro kaikille – 2026 – Alli Haapasalo – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

4/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Alguien voló sobre el nido de Seili… y allí le cortaron las alas

 

La finlandesa Alli Haapasalo debutó en el largometraje con Love and Fury (2016) y codirigió la película episódica Force of Habit (2019).

 

Su reconocimiento internacional llegó con Girl Picture (2022), Premio del Público en Sundance y ganadora de cuatro premios Jussi, incluidos película y dirección.

 

Su cine mantiene un especial interés por las mujeres que intentan escapar de los papeles que la sociedad les ha adjudicado.

 

Aquí, escapar va a resultar bastante más complicado.

 

Antes de su estreno, Tell Everyone ganó el premio al mejor proyecto de ficción en el Finnish Film Affair de 2025.

 

Después compitió por el Dragon Award a la mejor película nórdica en Gotemburgo 2026, donde también estuvieron nominados Marketta Tikkanen por su interpretación y Jarmo Kiuru por la fotografía, aunque ninguno ganó finalmente.

 

Tell Everyone se desarrolla en 1898, en la isla finlandesa de Seili.

 

Allí funciona una especie de manicomio para mujeres que, en realidad, tiene bastante más de cárcel que de establecimiento sanitario.

 

No sabemos cuánto había en aquellas reclusas de enfermedad mental, cuánto de delito y cuánto de simple rebeldía.

 

La etiqueta de la histeria servía como condena perpetua para mujeres consideradas incómodas.

 

Nadie esperaba que se curasen porque la curación nunca fue el verdadero objetivo.

 

El tratamiento consistía básicamente en cerrar la puerta y tirar la llave.

Medicina punta de lanza, pero clavada en la paciente.

 

A este infierno llega Amanda Aaltonen, interpretada por Marketta Tikkanen.

 

Es una mujer libre, viajada y con una biografía en la que resulta difícil separar la realidad de la leyenda.

Afirma haber vivido en París y hasta haber llegado en globo.

Su baúl de vestidos elegantes y sus relatos la convierten inmediatamente en el centro de atención de las internas y de las vigilantes.

 

Amanda está convencida de que su estancia será temporal.

Ella va a marcharse, va a recuperar su vida y no piensa dejarse domesticar.

Poco a poco descubre que Seili no tiene salida y que la única forma de sobrevivir consiste en relacionarse con las demás mujeres, adaptarse a las normas y construir una pequeña existencia dentro del encierro.

 

Ahí reside lo más inquietante de la película.

El sistema no necesita partir las voluntades de un golpe; le basta con lijarlas todos los días hasta conseguir que la resignación se parezca a la tranquilidad.

 

Alli Haapasalo nos introduce en este microcosmos femenino para hablar del control social, de la misoginia institucional y de cómo una prisión puede funcionar perfectamente sin necesidad de llamarse prisión.

 

A pesar de todo, estas mujeres siguen buscando esperanza, amistad y afecto.

 

Cuando la libertad resulta imposible, pertenecer a alguien puede convertirse al mismo tiempo en el último refugio y en la celda mejor decorada.

 

Mi puntuación: 7,68/10.

 

Escena de Tell Everyone

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

Otra escena de Tell Everyone

 

 

 

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Una segunda vida – A Second Life – 2025 – Laurent Slama – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

4/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de Una segunda vida

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Persona non grata en el París olímpico

 

Laurent Slama es un cineasta francés autodidacta, nacido en 1989, que suele ejercer también como guionista, productor y director de fotografía.

 

Firmó sus dos primeros largometrajes con el seudónimo Elisabeth Vogler, tomado del personaje de Liv Ullmann en Persona, de Ingmar Bergman.

Fueron París es nuestro (2019), adquirida por Netflix, y Roaring 20’s (Années 20) (2021), rodada en un único plano secuencia por las calles de París.

 

Una segunda vida es su tercer largometraje y el primero firmado con su verdadero nombre.

 

La película compitió en la sección internacional del Festival de Tribeca 2025 y pasó por Karlovy Vary.

 

En el Love International Film Festival de Mons 2026 obtuvo el Premio de la Mirada Ciudadana, mientras que Agathe Rousselle recibió el Premio de Interpretación.

 

Elisabeth Vogler, interpretada por Agathe Rousselle, es una estadounidense que ha recorrido medio mundo sin encontrar en ninguna parte un lugar donde sentirse realmente en casa.

 

Sobrevive en París trabajando como conserje de pisos turísticos.

 

El empleo consiste básicamente en correr de apartamento en apartamento, entregar llaves y soportar a viajeros bastante menos encantadores que los de las postales.

Todo ello durante la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos, con la ciudad invadida por turistas, controles policiales, militares y obstáculos de toda clase.

París, ciudad del amor, siempre que se tenga el código correcto del Airbnb.

 

Elisabeth intenta ser cordial, pero no le sale.

Tampoco ayuda que esté deprimida, deteste su trabajo y dependa de él para conservar su residencia en Francia.

Posee grandes conocimientos de tecnología e inteligencia artificial, pero no quiere enriquecerse diseñando algoritmos: aspira a trabajar para una ONG y hacer algo útil por el mundo.

El idealismo está muy bien, aunque las autoridades de inmigración suelen preferir una nómina.

 

Entre los turistas que se cruzan en su agotadora jornada aparece Elijah, interpretado por Alex Lawther.

Es un californiano despreocupado, especialista en hipnosis y llegado a París para preparar a deportistas olímpicos.

Elijah se introduce en la vida de Elisabeth con la delicadeza de quien entra en un piso sin llamar.

Ella se resiste, pero termina dejándose arrastrar por él y por ese pequeño grupo de amigos que le ofrece algo que llevaba tiempo evitando: compañía.

 

Elisabeth es solitaria, arisca y poco dispuesta a establecer vínculos.

No busca disfrutar de París, sino sobrevivir en una ciudad que percibe como inhóspita y agresiva.

 

Su hipoacusia constituye uno de los elementos esenciales de la película.

Los audífonos la conectan con la realidad, pero también convierten el estruendo urbano en una experiencia saturada y hostil.

Cuando se los quita encuentra descanso, aunque ese silencio también la aísla de los demás.

El inteligente diseño sonoro permite compartir esa contradicción sin necesidad de convertir la película en una conferencia de audiología.

 

Una segunda vida depende casi por completo de Agathe Rousselle, que compone un personaje complejo, incómodo y difícil de querer.

Elisabeth no es simpática ni cariñosa y, en ocasiones, parece empeñada en impedir que el espectador empatice con ella.

 

Sin embargo, resulta imposible no sentir compasión ante su sufrimiento.

 

Rousselle evita convertirla en una víctima ejemplar o en una santa de calendario.

 

Debajo de su coraza hay una mujer deprimida que ha hecho del aislamiento un mecanismo de defensa.

 

Tal vez no apetezca quedar con Elisabeth para tomar unas cañas, y mucho menos llegar tarde al check-in, pero su aspereza proporciona verdad al personaje.

 

La película no necesita transformarla milagrosamente.

 

Le basta con abrir una pequeña grieta en su armadura y dejar que, durante unas horas, entre algo de luz.

 

Mi puntuación: 7,68/10.

 

Los protagonistas de Una segunda vida sentados en un puente de un jardín

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

Elisabeth entre el público de un evento en Una segunda vida

 

 

 

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Wild Foxes – La Danse des Renards – 2025 – Valery Carnoy – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

4/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de Wild Foxes

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Bailando con zorros, boxeando con fantasmas

 

El belga Valéry Carnoy, formado en el INSAS de Bruselas, debuta en el largometraje con Wild Foxes (La danse des renards).

 

Anteriormente dirigió los cortos Ma planète, premiado en el Festival Black Nights de Tallin, y Titan, seleccionado en casi un centenar de festivales y ganador de más de treinta premios. Un currículum breve, pero sin relleno de mercadillo.

 

Wild Foxes fue presentada en la Quincena de Cineastas de Cannes 2025, donde obtuvo el Europa Cinemas Label a la mejor película europea y el Coup de cœur de los autores de la SACD.

También recibió el Premio del Jurado Joven de Punto de Encuentro en la Seminci 2025.

 

En este internado deportivo, el boxeo no parece una simple afición.

Para muchos de estos muchachos representa una posible salida, una forma de continuar estudiando, mantener cierta disciplina y soñar con algún triunfo.

 

Camille, interpretado por Samuel Kircher, es un joven valiente, competitivo y con talento.

 

Después de sufrir un accidente que podría haberle costado la vida y del que es salvado por su amigo Matteo, su lesión física evoluciona favorablemente.

 

Sin embargo, aparece un dolor sin explicación orgánica, de evidente componente psicógeno.

 

Los médicos dicen que está recuperado, pero su cuerpo se empeña en llevarles la contraria.

 

A partir de ahí pierde la bravura que mostraba sobre el cuadrilátero.

 

El verdadero golpe no ha sido el accidente, sino el miedo que ha dejado instalado dentro de él.

 

La película retrata muy bien ese ambiente testosterónico del boxeo masculino: sudor, músculos, bromas, competitividad y una obligación permanente de demostrar que uno está a tope.

No hay espacio para la fragilidad.

Quien duda, se asusta o muestra dolor corre el peligro de perder su sitio dentro de la manada.

 

Por los alrededores del internado merodean unos zorros que los alumnos alimentan clandestinamente con carne robada de los congeladores.

 

La población de animales aumenta y termina convirtiéndose en algo más que una anécdota.

 

Los zorros y los boxeadores forman dos manadas alimentadas artificialmente, obligadas a competir y a sobrevivir.

 

Unos enseñan los dientes; los otros, los guantes.

 

También está la amistad entre Camille y Matteo, llena de lealtades, fricciones, silencios y contradicciones.

 

Porque salvarle la vida a un amigo no garantiza que después resulte sencillo convivir con sus miedos.

 

El boxeo ha dado muchísimo juego en el cine, casi siempre alrededor del luchador que alcanza la gloria gracias al sacrificio y al montaje musical de entrenamiento correspondiente.

 

Valéry Carnoy se aparta de ese camino.

 

Aquí el adversario es invisible y la victoria quizá consista en aceptar la propia debilidad.

 

Wild Foxes es una película interesante que aporta novedades al género y utiliza el boxeo para hablar de amistad, masculinidad y miedo.

 

No gana por KO, pero vence holgadamente a los puntos.

 

Mi puntuación: 6,55/10.

 

Escena de Wild Foxes

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

Otra escena de Wild Foxes

 

 

 

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Un secuestro familiar – Itt érzem magam otthon – 2025 – Gábor Holtai – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

2/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de Un secuestro familiar

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Familia, pero con secuestro y sin anestesia

 

Gábor Holtai es un director, ingeniero de sonido y compositor húngaro.

 

Un secuestro familiar es su primer largometraje, aunque anteriormente había realizado los cortos Property (Válaszfal, 2018) y Second Round (Második kör, 2020), además de participar en la película colectiva In the Same Garden (2016).

 

No había dirigido otro largo, pero tampoco ha aparecido de repente con una cámara debajo del brazo.

 

Aquí demuestra ser un cineasta formidable.

 

La película obtuvo el Méliès de Plata al mejor largometraje fantástico en Sitges 2025 y el Premio del Público del Festival Internacional de Cine de Transilvania 2026.

 

Me habían hablado tan bien de ella que visioné con todas mis alarmas encendidas.

 

Mi criterio no siempre coincide con el de los críticos y, muchas veces, tampoco con el del público.

Pero, en esta ocasión, las recomendaciones traían mercancía: estamos ante una película extraordinaria.

 

Un secuestro familiar es una distopía de andar por casa, casi literalmente.

 

No necesita grandes decorados, efectos digitales ni ciudades futuristas llenas de drones.

 

Con pocos personajes, escasas localizaciones y recursos muy ajustados, construye una sociedad perfectamente reconocible en la que cada individuo debe interpretar el papel que le han asignado.

 

La película habla de supervivencia.

De aceptar normas que detestamos, cubrir funciones que no hemos elegido y convertirnos en otra persona porque la alternativa puede ser la exclusión o la desaparición. O te adaptas o pereces.

 

Una crueldad que puede parecer exagerada hasta que se mira alrededor con un poco de atención.

 

El trabajo de guion de Attila Veres es magnífico.

La película desarrolla su alegoría sin discursos explicativos ni subrayados de rotulador fluorescente.

Va cerrando las paredes alrededor del espectador hasta convertir la proyección en una experiencia asfixiante, perturbadora y difícil de sacudirse de encima.

 

Buena parte del mérito reside en Rozi Lovas, una actriz desconocida para mí que compone un personaje extraordinario.

Su interpretación transmite miedo, desconcierto, sometimiento y esa capacidad tan humana para acostumbrarse incluso a lo intolerable cuando está en juego la propia supervivencia.

 

La estética deliberadamente antigua, la fotografía oscura, gris y casi fúnebre, y la opresión de los espacios encajan perfectamente con lo que se está contando.

No hay nada ornamental: cada elemento contribuye a producir incomodidad.

 

Conviene verla sabiendo lo mínimo posible.

 

No necesita que nadie destripe su argumento ni explique previamente sus símbolos como si fueran las instrucciones de una lavadora.

 

Basta con saber que es una grandísima película, de esas que terminan en la pantalla pero continúan dando vueltas dentro de la cabeza.

 

Mi puntuación: 8,77/10.

 

Escena de Un secuestro familiar

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

Otra escena de Un secuestro familiar

 

 

 

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Mother Mary – 2026 – David Lowery – #YoVoyAlCine

2/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cartel español de Mother Mary

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Ha nacido una estrella… y necesita un exorcista

 

Está claro que 2026 pertenece a Anne Hathaway.

 

Después de El diablo viste de Prada 2 y La Odisea, llega esta Mother Mary, mientras aún aguardan The End of Oak Street y Verity.

Lo de La princesa por sorpresa 3 tendrá que esperar: hasta una reina de Genovia necesita respirar de vez en cuando.

 

David Lowery es uno de esos directores imposibles de domesticar.

 

Puede moverse del romanticismo independiente de En un lugar sin ley a una producción de Disney como Peter y el dragón.

 

En A Ghost Story convirtió una sábana en una reflexión sobre el duelo y, con El caballero verde, se lanzó a una fantasía medieval tan hermosa como desconcertante.

 

También ha dirigido The Old Man & the Gun y Peter Pan & Wendy.

 

Con Mother Mary regresa a su territorio más libre, simbólico y extravagante.

 

Mother Mary me parece una película subyugante y absolutamente arrebatadora.

 

Mary, una estrella mundial del pop, prepara su regreso a los escenarios después del grave percance que la obligó a retirarse.

Para esa reaparición necesita un vestido y recurre a Sam Anselm, antigua amiga y diseñadora de vestuario con la que mantiene una relación emocional y creativa llena de heridas mal cerradas.

 

Lo que comienza como la confección de un traje termina convertido en una catarsis. O en un exorcismo. O en una sesión de psicoanálisis con telas, tijeras, canciones y fantasmas. Posiblemente en todo a la vez.

 

La película mezcla drama musical, melodrama, trauma psiquiátrico, amistad, deseo, terror sobrenatural y thriller psicológico.

 

También se adentra en el body horror: el cuerpo de Mary termina convertido en campo de batalla, receptáculo del trauma y materia para una inquietante transformación.

 

Sobre el papel, semejante cóctel podía haber acabado como una ensalada preparada por alguien con fiebre.

Sin embargo, Lowery consigue que todos esos ingredientes formen parte de una misma experiencia emocional.

 

Durante buena parte del metraje, la historia funciona como una obra de cámara.

Dos mujeres encerradas en un taller, enfrentándose al vestido, al pasado y a todo aquello que nunca fueron capaces de decirse.

Pero esa teatralidad resulta extraordinariamente cinematográfica.

Los cuerpos, los silencios, la iluminación y el vestuario están colocados con una precisión casi litúrgica.

 

Después, la película se desborda en imágenes oníricas, coreografías, apariciones y composiciones visuales en las que la postproducción no es un mero adorno, sino parte fundamental del relato.

 

Hay momentos verdaderamente vibrantes y otros que parecen cuadros religiosos contaminados por un videoclip de pop.

 

Todo está sostenido por una Anne Hathaway intensísima y absolutamente desbordante.

Canta, baila, llora, se analiza, se rompe y vuelve a reconstruirse delante de la cámara.

 

Michaela Coel, mucho más contenida, supone el contrapeso perfecto: impide que semejante vendaval interpretativo termine llevándose la película y tres filas de espectadores.

 

Es comprensible que algunas personas puedan encontrarla pretenciosa, excesiva o directamente irritante.

 

Mother Mary no conoce la palabra discreción y tampoco parece interesada en aprenderla. A mí, precisamente por eso, me ha fascinado.

 

Un festín visual, emocional y musical, arriesgado hasta el delirio y destinado a dividir al público.

 

Para mí, una de las mejores películas del año.

 

Lástima que probablemente no encuentre todos los espectadores que merece.

 

Mi puntuación: 9,77/10.

 

Anne Hathaway interpreta a la estrella del pop Mother Mary sobre el escenario

 

Dirigido por David Lowery:

David Lowery conversa con Anne Hathaway durante el rodaje de Mother Mary

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Una mujer ajusta el vestuario de otra en una escena de Mother Mary

 

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La última ronda en Venecia – Le città di pianura – 2025 – Francesco Sossai – #YoVoyAlCine

2/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cartel español de La última ronda en Venecia

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Dos borrachos y un destino: el próximo bar

 

El italiano Francesco Sossai estudió Literatura inglesa y alemana antes de formarse como director en Berlín.

 

Debutó en el largometraje con Altri Cannibali (2021), premiada como mejor ópera prima en el Festival de Tallin.

 

Después dirigió el cortometraje Il compleanno di Enrico (2023), presentado en la Quincena de Cineastas de Cannes.

 

La última ronda en Venecia, su segundo largometraje, participó en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes de 2025.

 

La última ronda en Venecia consiguió dieciséis nominaciones y ocho premios David di Donatello, incluidos mejor película, dirección para Francesco Sossai, actor protagonista para Sergio Romano, guion original, producción, montaje, canción y casting.

Casi tuvieron que llevar las estatuillas a casa en un remolque.

 

 

Cutrecomentario de Ramón

 

Acudo a los Multicines Guadalajara con ganas de comprobar por qué esta película ha conectado tan bien con los espectadores y la crítica italianos.

 

La propuesta mezcla comedia, costumbrismo, algún amago de misterio y, sobre todo, una road movie bañada en alcohol.

 

Carlobianchi y Doriano, dos cincuentones que han hecho de la última copa una filosofía de vida, reclutan por el camino a Giulio, un tímido estudiante de arquitectura interpretado por Filippo Scotti.

 

El muchacho comienza rechazando a estos dos tipos mugrientos, derrotados y con una sed que habría preocupado al mismísimo Baco.

Poco a poco, sin embargo, termina confraternizando con ellos y descubriendo que, debajo de tanta resaca, pueden resultar relativamente entrañables.

 

Al menos, esa es la intención de la película.

El problema es que no consigo empatizar con ninguno de los personajes, y esa conexión resulta fundamental para disfrutar del viaje.

Hay que subirse al coche con ellos, acompañarlos de bar en bar y aceptar su forma desastrosa de entender la existencia.

Yo me quedo en la cuneta.

 

La película insiste una y otra vez en la misma idea: la última copa, el último bar, la última oportunidad de seguir prolongando una noche que parece no terminar nunca.

 

La reiteración acaba resultando agotadora y la supuesta gracia se me atraganta.

 

Intento encontrarle el punto, pero cuando ellos piden otra ronda, yo ya estoy buscando la salida de emergencia.

 

Bajo el tono de comedia existe un patetismo considerable.

Esta es, al fin y al cabo, una historia de fracasados, y las historias de perdedores suelen interesarme mucho.

Pero estos personajes parecen haberse instalado voluntariamente en la derrota y haber tirado la llave.

 

El cine italiano ha encontrado dos entrañables supervivientes.

 

Yo solo he visto a dos borrachines buscando un bar que todavía estuviera abierto.

 

Mi puntuación: 4,56/10.

 

Escena de La última ronda en Venecia

 

Dirigido por Francesco Sossai:

Francesco Sossai, director de La última ronda en Venecia

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Los protagonistas de La última ronda en Venecia

 

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H de halcón – H Is for Hawk – 2025 – Philippa Lowthorpe – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

1/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de H de halcón

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Alguien voló sobre el nido del azor

 

La británica Philippa Lowthorpe comenzó su carrera en el documental y ha desarrollado buena parte de su trayectoria en televisión.

 

Fue la primera mujer en ganar el BAFTA a la mejor dirección de ficción televisiva por Call the Midwife.

 

También ha dirigido Three Girls, episodios de The Crown y El tercer día, además de las películas Golondrinas y amazonas y Rompiendo las normas.

 

En H de halcón adapta, junto a Emma Donoghue, las memorias de Helen Macdonald.

 

H de halcón fue nominada al BAFTA 2026 a la mejor película británica.

 

Su directora de fotografía, Charlotte Bruus Christensen, también recibió una nominación en los British Independent Film Awards. 

 

Aunque se presenta como una producción británica, se trata en realidad de una coproducción entre Reino Unido, Estados Unidos y Singapur.

 

Eso sí, su acabado es inconfundiblemente británico: fotografía impecable, escenarios cuidados y una dirección artística capaz de conseguir que hasta una casa hecha un estercolero resulte elegante

 

El personaje central es Helen Macdonald, interpretada estupendamente por Claire Foy.

 

Tras la muerte repentina de su padre, Alisdair, encarnado por Brendan Gleeson en un papel breve pero fundamental, Helen se queda sin brújula emocional.

 

Su tabla de salvación será Mabel, un azor al que decide cuidar y adiestrar.

El azor no es exactamente un halcón —aunque el título español vaya por libre—, sino una rapaz especialmente poderosa, nerviosa e indómita.

 

Un animal que exige tanta dedicación que permite a Helen ocuparse de cualquier cosa menos de sí misma.

 

El duelo termina transformándose en una depresión profunda.

Ahí está lo más interesante de la película: el aislamiento progresivo, el abandono del aseo, el deterioro de la casa, la incapacidad para trabajar y la desconexión de familiares y amigos.

Su entorno percibe que algo marcha mal, pero tarda demasiado en comprender que no está simplemente triste.

 

Cuando por fin interviene una profesional, un cuestionario ayuda a identificar y medir los síntomas.

Conviene puntualizar que ningún test diagnostica por sí solo una depresión: el diagnóstico es clínico.

Tampoco queda claro qué tratamiento recibe, así que atribuir su mejoría exclusivamente a los antidepresivos sería una inferencia.

Estos pueden comenzar a hacer efecto en unas semanas, pero no funcionan por decreto ministerial. 

 

Claire Foy sostiene el drama con una interpretación muy física y entregada.

Está magnífica, aunque en algún momento se aproxima peligrosamente al Campeonato Mundial de Intensidad Interpretativa.

 

Brendan Gleeson aporta calidez y Mabel demuestra que para tener personalidad no hacen falta diálogos, solo pico, garras y bastante mala leche.

 

El problema es que la película no termina de confiar en la fuerza de su propio drama.

 

Siempre que el relato amenaza con volverse incómodo introduce algún acontecimiento tranquilizador, como si temiera que el espectador saliera del salón sin su correspondiente abrazo emocional.

 

La escena final pretende convertirse en el gran momento lacrimógeno, pero está demasiado preparada y metida con calzador.

 

H de halcón retrata bien la depresión y ofrece una estupenda interpretación de Claire Foy, pero acaba domesticando el dolor para que nadie abandone la película con las plumas demasiado revueltas.

 

Mi puntuación: 6,56/10.

 

Brendan Gleeson en una escena de H de halcón

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

Claire Foy con el azor en H de halcón

 

 

 

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Seis días en primavera – Six jours ce printemps-là – 2025 – Joachim Lafosse – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

1/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de Seis días en primavera

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

En el chalé del exsuegro

 

Joachim Lafosse (Uccle, Bélgica, 1975) es un director y guionista especializado en meter el bisturí en las familias, las parejas y sus miserias.

 

En su filmografía destacan Propiedad privada, Perder la razón, Los caballeros blancos, Después de nosotros, Un amor intranquilo y Un silencio.

 

Su cine suele explorar los conflictos emocionales, las diferencias sociales y esos secretos familiares que siempre terminan saliendo del armario.

 

En Seis días en primavera regresa a esos temas a partir de un episodio de su propia infancia.

 

La película obtuvo en el Festival de San Sebastián 2025 la Concha de Plata a la mejor dirección para Joachim Lafosse y el Premio del Jurado al mejor guion, firmado por Lafosse, Chloé Duponchelle y Paul Ismaël.

 

Sana, una madre divorciada y con problemas económicos, decide pasar las vacaciones de Semana Santa con sus hijos gemelos y su nuevo novio en el chalé de su exsuegro, cerca de Saint-Tropez.

 

El pequeño inconveniente es que nadie les ha dado permiso.

Cosas de familia: donde antes estaba la llave de casa, ahora hay allanamiento con vistas al Mediterráneo.

 

La película se construye con elementos muy sencillos.

 

Los niños se bañan, juegan y se divierten con el novio de mamá, mientras Sana vive permanentemente inquieta, esperando que alguien descubra la ocupación clandestina.

 

Esa amenaza nunca desaparece y convierte unas vacaciones aparentemente felices en una estancia bajo vigilancia.

 

Bajo esta historia modesta también aparece el desclasamiento: Sana vuelve a un mundo acomodado al que perteneció durante un tiempo, pero del que ahora ha sido expulsada.

 

La casa sigue allí, pero ella ya es una intrusa.

 

Especialmente despreciables resultan la vecina chivata y el administrador de la finca, que aprovecha la situación para intentar sacar tajada.

Dos personajes que demuestran que, cuando alguien está en apuros, siempre aparece un voluntario dispuesto a hundirlo un poquito más.

 

Seis días en primavera es una película pequeña, nada pretenciosa y narrada sin grandes alardes.

 

Consigue interesar y entretener con unos niños jugando, una madre angustiada y el temor constante a que aparezca el exsuegro con la Guardia Civil francesa.

 

Una última colleja corresponde a la traducción.

 

Los subtítulos se permiten cambios que en ocasiones resultan poco apropiados.

 

El propio título español pierde un matiz importante: Six jours ce printemps-là sería más fielmente Seis días aquella primavera o, en una versión algo más natural, Seis días en aquella primavera.

 

No es lo mismo que Seis días en primavera: al desaparecer “aquella”, también se diluye la idea de un recuerdo concreto.

 

Traducir no es calcar, desde luego, pero tampoco podar porque sí.

 

Mi puntuación: 7,55/10.

 

Escena de Seis días en primavera

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

Otra escena de Seis días en primavera

 

 

 

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Si me voy, ¿me echarán de menos? – If I Go Will They Miss Me – 2026 – Walter Thompson-Hernandez – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

1/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de Si me voy, ¿me echarán de menos?

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cómo sobrevivir a un mal padre

 

Walter Thompson-Hernández procede del periodismo y debutó en la ficción con el cortometraje If I Go Will They Miss Me, premiado en Sundance en 2022.

Después dirigió para Netflix el documental Secretos del deporte: Escoltas y estrenó su primer largometraje, Kites, en 2025.

 

Si me voy, ¿me echarán de menos?, ampliación de aquel corto inicial, confirma su interés por el realismo social, las comunidades marginales y una imaginación capaz de elevarse por encima del asfalto.

 

El largometraje se presentó en Sundance 2026 y ha construido un notable palmarés en certámenes estadounidenses con menor altavoz mediático: mejor largometraje narrativo en RiverRun, máximo premio del jurado a una película de ficción en el Berkshire International Film Festival, premio a la mejor fotografía para Michael Fernandez en Brooklyn y premio de la dirección del festival en Atlanta.

 

Conviene no atribuirle el premio de Sundance 2022, que correspondió al cortometraje original.

 

 

Cutrecomentario de Ramón

 

Estamos ante una película brillante, construida con inteligencia, sensibilidad y una estupenda combinación de realismo social e imaginación.

 

El guion establece muy bien su conflicto principal.

 

Big Ant, interpretado magníficamente por J. Alphonse Nicholson, regresa a casa después de uno de sus periodos en prisión.

 

Quiere evitar que su hijo siga la estela que él mismo ha dejado, sembrada de condenas, salidas en libertad y nuevas caídas.

 

El problema es que para enseñar un camino distinto hay que saber recorrerlo.

 

Durante su estancia en la cárcel, Big Ant ha escrito cartas llenas de promesas.

Una vez fuera, incumple casi todas.

En el papel parecía candidato a padre del año; en libertad no supera ni la fase de grupos.

 

Se muestra distante y áspero con su hijo, es incapaz de adaptarse a la vida familiar y termina dinamitando la convivencia con sus infidelidades y sus malas decisiones.

 

No es un buen padre, aunque probablemente quiera serlo y no tenga las herramientas emocionales necesarias.

 

Frente a él se encuentra Lil Ant, interpretado por el estupendo Bodhi Dell.

Es un niño inteligente, sensible y magnífico dibujante que utiliza la imaginación para escapar de una realidad demasiado estrecha.

Ha heredado de su padre y de su abuelo la fascinación por los aviones y el sueño familiar de convertirse algún día en piloto.

Pero la precariedad, la falta de oportunidades y el ambiente en el que vive convierten la cabina de un avión en un horizonte casi inalcanzable.

 

Y luego está el barrio.

Aunque llamar «un personaje más» al escenario es uno de los comodines más sobados de la crítica cinematográfica, aquí toca utilizarlo porque es verdad.

 

Las viviendas sociales de Watts, al sur de Los Ángeles y bajo la ruta aérea de LAX, forman una pequeña comunidad mayoritariamente afroamericana, con presencia chicana, en la que existe una auténtica solidaridad vecinal.

 

Es un lugar incluso idílico en algunos momentos, pero nunca edulcorado.

Algunos vecinos no invitan precisamente a pedirles fuego en un callejón oscuro, aunque tampoco funcionan como simples figurantes amenazadores.

Parecen personas arrancadas de la realidad y aportan al relato una enorme autenticidad.

 

En medio de esa comunidad podría crecer una familia estupenda.

Sin embargo, las ausencias, las infidelidades y la irresponsabilidad del padre van agrietando el hogar.

 

Mientras Big Ant permanece atrapado en su propio fracaso, Lil Ant mira constantemente hacia el cielo, buscando en los aviones, los dibujos y la mitología una salida que la vida cotidiana parece negarle.

 

Una película realmente valiosa, lírica sin ponerse cursi y social sin convertir a sus personajes en un folleto reivindicativo.

 

Walter Thompson-Hernández retrata con enorme sensibilidad el daño que puede provocar un mal padre y la capacidad de un hijo para sobrevivir imaginando que algún día podrá volar.

 

Mi puntuación: 7,88/10.

 

Lil Ant visto desde abajo en Si me voy, ¿me echarán de menos?

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

Big Ant junto a un televisor en Si me voy, ¿me echarán de menos?

 

 

 

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Yes! – Ken – 2025 – Nadav Lapid – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

31/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de Yes!

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El nuevo himno nacional israelí

 

Nadav Lapid es uno de los grandes agitadores del cine israelí contemporáneo.

 

Debutó con Policeman (2011), a la que siguieron La profesora de parvulario (2014), Sinónimos (2019), Oso de Oro en Berlín, y La rodilla de Ahed (2021),

 

Premio del Jurado en Cannes.

 

Su cine siempre ha mantenido una relación conflictiva, furiosa y dolorosa con Israel.

 

Yes! es su quinto largometraje y posiblemente el más desatado.

 

La película se presentó mundialmente en la Quincena de Cineastas de Cannes de 2025.

Obtuvo siete nominaciones a los Premios Ophir israelíes y ganó los correspondientes a montaje y sonido.

Nili Feller recibió además el Premio José Salcedo al mejor montaje en la Seminci de Valladolid.

 

Yes! es una película sorprendente, excesiva y agotadora.

Y., interpretado por Ariel Bronz, y Yasmin, encarnada por Efrat Dor, forman una pareja enamorada, con un bebé y una energía aparentemente inagotable.

Bailan, se besan, se retuercen y recorren las fiestas de la alta sociedad israelí como dos criaturas incapaces de permanecer quietas.

 

La cámara los acompaña en ese frenesí hasta dejar al espectador pidiendo una tila y un plano fijo.

 

La película es una sátira feroz contra la élite política, económica y militar israelí que vive instalada en una burbuja de lujo, fiestas, trajes caros y perversiones, mientras Gaza es arrasada a pocos kilómetros.

 

Para esta gente, la guerra parece otra forma de entretenimiento.

Los soldados mueren o cometen atrocidades, el pueblo palestino soporta bombardeos, hambre y destrucción, y ellos siguen bailando. L

a frivolidad no es aquí una vía de escape, sino una forma de complicidad.

 

El conflicto aparece cuando Y. acepta el encargo de poner música a un nuevo himno nacional, ultranacionalista, vengativo y partidario de exterminar todo lo que no encaje en su idea de Israel.

El trabajo abre una grieta en esa pareja aparentemente indestructible y obliga al músico a enfrentarse a su propia cobardía moral: ¿hasta dónde puede vender un artista su talento, su cuerpo y su conciencia para seguir viviendo cómodamente?

 

La estética es pop, kitsch y deliberadamente estridente.

 

Hay momentos brillantes, escenas desagradables y situaciones genuinamente hilarantes.

 

Por momentos parece Paolo Sorrentino después de tres espressos y una crisis nerviosa; en otros, se lanza de cabeza hacia el surrealismo y el cine más vanguardista.

 

El resultado es muy irregular.

 

Lapid confunde en más de una ocasión la intensidad con la eficacia, pero incluso cuando irrita resulta difícil apartar la mirada.

 

Lo más escalofriante es que el vídeo del coro infantil cantando ese himno de destrucción no fue inventado para la película.

Lapid incorpora una grabación publicada realmente después del 7 de octubre, basada en una versión pervertida de Hareut, la conocida canción surgida de un poema de Haim Gouri, convertida en una llamada al aniquilamiento de Gaza.

Cuando la realidad supera semejante sátira, al guionista solo le queda levantar las manos y decir: «Yo ya no puedo hacer más».

 

Yes! es, en definitiva, un dardo afilado y envenenado clavado en el trasero de las clases dirigentes israelíes.

 

Deslumbrante y molesta, divertida y desagradable, brillante y extenuante.

 

No siempre funciona, pero cuando acierta deja una herida difícil de disimular bailando.

 

Mi puntuación: 7,86/10.

 

Escena de una fiesta en Yes!

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

Una mujer entre dos hombres en una fiesta de Yes!

 

 

 

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