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Al Médico con Ramón – Niños, pantallas y redes sociales: cuando el chupete digital se nos fue de las manos

6/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Niños, pantallas y redes sociales: cuando el chupete digital se nos fue de las manos



Durante años hemos hablado de “las pantallas” como si fueran una sola cosa: televisión, móvil, tableta, videojuegos, YouTube, TikTok, Instagram, WhatsApp, pornografía, apuestas, deberes online, videollamadas con los abuelos y dibujos animados mientras los padres intentan ducharse sin que arda la cocina.



Pero no todo es lo mismo.



No es igual ver una película en familia que pasarse tres horas haciendo scroll infinito en TikTok a las dos de la mañana.



No es igual jugar media hora a un videojuego que recibir insultos en un grupo de clase.



No es igual una videollamada con la abuela que un algoritmo sirviendo vídeos de autolesiones a una niña vulnerable.



El problema no es “la tecnología” en abstracto.



La tecnología puede enseñar, conectar, entretener y abrir ventanas al mundo.



El problema aparece cuando las pantallas sustituyen al sueño, al juego físico, a la lectura, al aburrimiento creativo, a la conversación familiar, al deporte, a la socialización real y, en los más pequeños, al contacto humano que construye el lenguaje, la atención y la regulación emocional. Ahí la cosa cambia. Y bastante.



La Organización Mundial de la Salud ya recomendó en 2019 limitar de forma clara el sedentarismo con pantallas en menores de cinco años, integrándolo dentro de una visión global: más actividad física, mejor sueño y menos tiempo sentados delante de dispositivos.



La Asociación Española de Pediatría ha sido todavía más contundente en sus recomendaciones recientes: evitar pantallas antes de los seis años y limitar mucho su uso entre los seis y los doce.



La American Academy of Pediatrics, en su actualización de 2026, ya no habla solo de “tiempo de pantalla”, sino de “ecosistemas digitales”: plataformas, algoritmos, modelos de negocio, publicidad, videojuegos, redes sociales, asistentes de inteligencia artificial y contenidos diseñados para retener la atención infantil.



Dicho en castellano de andar por casa: el móvil no es una ventana inocente. Es una máquina diseñada para que cueste soltarla.



Y a un cerebro infantil o adolescente, todavía en obras, se le pide que compita contra empresas con ejércitos de ingenieros, psicólogos del comportamiento y algoritmos dopados. Es como poner a un chaval de doce años a defender a Messi en 2009. Mucha ilusión, pero pocas probabilidades.





1. Qué dice realmente la evidencia



Conviene empezar con una advertencia: no todo lo que se dice sobre pantallas está demostrado con la misma fuerza. En medicina, como en el cine, no es lo mismo una obra maestra que un tráiler engañoso.



Hay asociaciones bastante consistentes entre uso excesivo de pantallas y peor sueño, sedentarismo, obesidad, problemas de atención, menor rendimiento escolar, ansiedad, depresión, baja autoestima, exposición a contenidos dañinos, ciberacoso y riesgo de uso problemático. Pero demostrar causalidad directa es más complicado.



Un adolescente deprimido puede usar más redes sociales porque está deprimido; y a la vez, ese uso puede empeorar su depresión. La flecha puede ir en los dos sentidos.



A veces, además, hay una tercera variable: soledad, conflicto familiar, acoso escolar, bajo nivel socioeconómico, trastorno previo, falta de sueño o ausencia de límites.



Por eso la postura rigurosa no es decir: “las pantallas causan todos los males”. Eso sería falso y bastante cuñado.



La postura correcta es: el uso precoz, excesivo, no supervisado, nocturno, solitario, compulsivo o ligado a contenidos dañinos se asocia a múltiples problemas de salud infantil y adolescente, y en algunos ámbitos la plausibilidad biológica y la consistencia de los estudios justifican medidas preventivas claras.



La evidencia más sólida se concentra en cuatro áreas: sueño, actividad física/obesidad, salud mental y exposición a riesgos online.



También hay datos relevantes sobre miopía, dolor musculoesquelético, lenguaje, atención, aprendizaje y conducta.




 

 

2. Trastornos del sueño: el primer cadáver en la escena del crimen



El sueño es uno de los grandes perjudicados. Y no hablamos de una tontería. En niños y adolescentes, dormir mal afecta al crecimiento, al aprendizaje, a la memoria, al estado de ánimo, al control de impulsos, al rendimiento escolar y al metabolismo.



Las pantallas alteran el sueño por varias vías.



Primero, desplazan tiempo: si el niño está con el móvil, no está durmiendo.



Segundo, activan emocionalmente: un videojuego competitivo, una discusión por WhatsApp o un vídeo de miedo no son precisamente una nana de Mozart.



Tercero, la luz, especialmente la azul, puede interferir con la secreción de melatonina.



Y cuarto, el móvil en el dormitorio convierte la noche en una feria: notificaciones, mensajes, vídeos cortos y “solo cinco minutos más”, que suelen ser cuarenta y cinco. El clásico “una más y lo dejo”, versión infantil del casino.



Una revisión sistemática reciente encontró asociación robusta entre mayor tiempo de pantalla y peores resultados de sueño, especialmente en adolescentes.



La AAP (American Academy of Pediatrics) también insiste en la importancia de rutinas familiares, ausencia de pantallas en dormitorios y límites claros en horarios nocturnos.



La recomendación práctica es sencilla: pantallas fuera del dormitorio, nada de móvil durante la noche y desconexión al menos una hora antes de acostarse.



En adolescentes puede sonar a declaración de guerra, pero dormir no es negociable.



El cerebro adolescente ya tiene suficiente con sobrevivir a sus propias hormonas.





3. Obesidad, sedentarismo y riesgo cardiovascular



El uso excesivo de pantallas favorece el sedentarismo.



Y el sedentarismo, cuando se combina con picoteo, publicidad de comida insana y menos actividad física, se convierte en una autopista hacia la obesidad infantil.



No es solo que el niño esté sentado. Es que muchas veces está sentado comiendo peor, durmiendo menos y moviéndose menos.



La pantalla funciona como ladrona de tiempo saludable.



Quita minutos al juego activo, al deporte, a caminar, a saltar, a aburrirse y a inventarse una aventura con una caja de cartón, que sigue siendo uno de los grandes inventos de la humanidad.



Los estudios poblacionales muestran asociación entre alto tiempo de pantalla no escolar y peores indicadores de actividad física, sueño, peso, salud mental y apoyo percibido.



Un análisis de los CDC publicado en 2025 consideró alto uso recreativo cuatro o más horas diarias y lo relacionó con resultados adversos en varias áreas de salud.



La OMS insiste en que las recomendaciones para menores de cinco años deben entenderse como un equilibrio de 24 horas: actividad física, sueño suficiente y poco tiempo sedentario con pantallas.



El problema se agrava cuando las pantallas se usan durante las comidas.



Comer viendo vídeos reduce la atención a la saciedad, facilita comer más y empobrece la conversación familiar.



Además, la publicidad digital no es inocente: alimentos ultraprocesados, bebidas azucaradas y marketing personalizado llegan a los menores con una precisión que ya quisiera un misil.







4. Miopía y fatiga visual



La miopía infantil está aumentando en muchas regiones del mundo.



No todo se debe a las pantallas, pero el exceso de trabajo de cerca y la falta de tiempo al aire libre parecen factores relevantes.



La exposición a luz natural y el juego exterior tienen un papel protector frente a la progresión de la miopía.



Por eso, la receta no es solo “menos móvil”, sino “más calle”.



Además de miopía, las pantallas favorecen fatiga visual digital: escozor, sequedad ocular, visión borrosa, cefalea, parpadeo reducido y dificultad para enfocar tras uso prolongado.



En niños pequeños puede manifestarse como irritabilidad, rechazo a leer, frotamiento ocular o cefaleas inespecíficas.



La prevención es razonable: pausas frecuentes, buena iluminación, distancia adecuada, evitar pantallas pequeñas durante mucho tiempo y asegurar tiempo diario al aire libre.



La regla 20-20-20 —cada 20 minutos mirar 20 segundos a unos 20 pies, unos 6 metros— no cura la civilización, pero ayuda algo.







5. Dolor cervical, cefaleas y problemas musculoesqueléticos



El “cuello de móvil” no es una epidemia medieval, pero existe.



Niños y adolescentes pasan muchas horas con la cabeza inclinada, hombros adelantados y espalda en postura de gamba triste.



Eso favorece dolor cervical, dorsalgia, cefaleas tensionales y molestias en muñecas o pulgares.



La prevención no tiene glamour, pero funciona: limitar sesiones largas, alternar posturas, apoyar bien la espalda, elevar la pantalla, hacer pausas, moverse y fortalecer la musculatura.



En medicina preventiva muchas veces lo eficaz parece aburrido. Como las verduras. Como Hacienda. Como algunas películas de tres horas con planos fijos de una puerta.







6. Lenguaje, desarrollo cerebral y primera infancia



En menores de seis años el tema es especialmente delicado.



El cerebro infantil aprende por interacción humana: mirada, voz, gestos, turnos de conversación, juego simbólico, movimiento, exploración y vínculo.



Una pantalla puede entretener, pero no sustituye a una persona.



En lactantes y preescolares, el exceso de pantallas se ha asociado con retrasos en lenguaje, menor calidad de sueño, problemas de autorregulación, peor atención y menos interacción familiar.



La clave no es solo el contenido: es lo que la pantalla desplaza.



Un niño pequeño no aprende igual viendo a un personaje nombrar colores que jugando con un adulto que responde, corrige, espera, sonríe y ajusta el lenguaje a su nivel.



La AEP recomienda evitar pantallas antes de los seis años y subraya que no existe una cantidad segura de exposición en los más pequeños.



La AAP, aunque tradicionalmente ha permitido excepciones como videollamadas familiares, insiste ahora en valorar edad, contenido, contexto, compañía adulta y diseño de la plataforma.



Una idea práctica: en primera infancia, la pantalla no debe ser chupete emocional habitual.



Si cada rabieta se apaga con un móvil, el niño aprende a regularse con estímulo externo inmediato.

Luego nos sorprendemos de que no tolere el aburrimiento, la espera o la frustración. Pero le hemos entrenado nosotros, con toda la buena intención y todo el cansancio del mundo.







7. Atención, aprendizaje y rendimiento escolar



Las pantallas fragmentan la atención cuando se usan de forma multitarea: deberes con WhatsApp abierto, vídeos de fondo, notificaciones, música, pestañas infinitas, mensajes del grupo de clase y el cerebro intentando hacer de centralita.



El resultado suele ser peor concentración, más errores, más tiempo para terminar tareas y menor profundidad de aprendizaje.



No todo uso educativo es bueno por el hecho de ser digital. Hay herramientas útiles, claro.



Pero digitalizar por digitalizar puede ser una solemne tontería con Wi-Fi.



En niños pequeños, escribir a mano, leer en papel, manipular objetos, dibujar y conversar siguen teniendo un valor cognitivo enorme.



Los estudios sobre rendimiento académico muestran resultados variables, pero el patrón general es claro: el uso recreativo excesivo, especialmente nocturno y no supervisado, se asocia con peor rendimiento; el uso educativo guiado puede ser beneficioso si está bien diseñado, tiene objetivo claro y no sustituye habilidades básicas.







8. Salud mental: ansiedad, depresión y autoestima



Este es el terreno más sensible.



Las redes sociales pueden ofrecer apoyo, pertenencia, información y expresión creativa. P



ara algunos adolescentes aislados, enfermos o pertenecientes a minorías, internet puede ser un espacio de acompañamiento. Sería injusto negarlo.



Pero también hay riesgos claros: comparación social constante, idealización corporal, búsqueda de validación, exposición a vidas falsas, miedo a quedarse fuera, ciberacoso, presión sexual, contacto con desconocidos, contenidos autolesivos y dificultad para desconectar.



El informe del Surgeon General de Estados Unidos sobre redes sociales y salud mental juvenil advierte que no puede concluirse que las redes sean suficientemente seguras para niños y adolescentes, y señala preocupación por el uso casi constante, la exposición a contenidos dañinos y los posibles efectos sobre sueño, autoestima y salud mental.



Según ese informe, hasta el 95% de los adolescentes de 13 a 17 años en EE. UU. usa alguna plataforma social, y más de un tercio afirma usar redes “casi constantemente”.



La asociación entre redes sociales y depresión no debe simplificarse.



No todos los adolescentes se afectan igual.



Importan sexo, edad, vulnerabilidad previa, autoestima, tipo de contenido, tiempo de uso, uso activo o pasivo, apoyo familiar y experiencias de acoso.



Pero los adolescentes con síntomas depresivos, ansiedad, trastornos alimentarios, soledad o baja autoestima son especialmente vulnerables a determinados contenidos.



La pregunta clínica útil no es solo “¿cuántas horas?”.

Es también: ¿qué ve?, ¿con quién habla?, ¿qué siente después?, ¿duerme peor?, ¿ha dejado actividades?, ¿se compara continuamente?, ¿recibe insultos?, ¿oculta el uso?, ¿se angustia si no puede conectarse?, ¿hay cambios de conducta?






9. Imagen corporal, trastornos alimentarios y autolesiones



Las redes sociales son una trituradora de autoestima para muchos adolescentes.



Cuerpos perfectos, filtros, dietas milagro, rutinas extremas, cirugía estética normalizada, “antes y después”, retos de adelgazamiento, influencers vendiendo inseguridad con sonrisa de anuncio dental. Todo eso impacta.



En niñas y adolescentes, la exposición repetida a ideales corporales irreales se asocia con insatisfacción corporal, comparación social, baja autoestima y conductas alimentarias de riesgo.



En chicos también aparece presión por musculatura, definición corporal, rendimiento sexual y apariencia física.



Especialmente preocupantes son los contenidos relacionados con autolesiones, suicidio y trastornos de la conducta alimentaria.



Algunos adolescentes no los buscan inicialmente, pero los algoritmos pueden recomendarlos tras interacciones previas con contenidos de tristeza, soledad o malestar.



Aquí el problema no es solo el contenido: es la amplificación automatizada.



Ante señales de alarma —pérdida rápida de peso, aislamiento, autolesiones, frases de desesperanza, abandono de actividades, insomnio grave, consumo oculto de contenidos dañinos— no basta con “quitar el móvil”.



Hay que evaluar salud mental, riesgo autolítico, acoso, dinámica familiar y necesidad de atención especializada.







10. Uso problemático, dependencia y adicción conductual



No todo uso intenso es adicción.



Un adolescente puede usar mucho el móvil en una etapa concreta sin tener un trastorno.



Pero existe el uso problemático: pérdida de control, irritabilidad al retirar el dispositivo, fracaso repetido al intentar reducirlo, abandono de actividades, mentiras, conflicto familiar, empeoramiento académico y persistencia pese a consecuencias negativas.



Los videojuegos tienen una categoría específica en la CIE-11: trastorno por videojuegos, definido por deterioro del control, prioridad creciente del juego sobre otras actividades y continuación pese a consecuencias negativas.



Con redes sociales se habla más de uso problemático que de adicción formal, pero el patrón puede ser muy parecido.



Las plataformas están diseñadas con recompensas variables: notificaciones, likes, comentarios, rachas, scroll infinito, autoplay, recompensas sociales impredecibles.



El cerebro adolescente, sensible a recompensa y aprobación social, es terreno fértil.



No es falta de voluntad. Es neurodesarrollo peleando contra diseño persuasivo. David contra Goliat, pero Goliat lleva algoritmo y departamento de marketing.







11. Ciberacoso: cuando el patio del colegio no cierra nunca



Antes, el acoso escolar podía parar al llegar a casa.



Ahora el móvil mete al agresor en el dormitorio.



El ciberacoso añade varias crueldades: anonimato, difusión masiva, permanencia del contenido, humillación pública, imposibilidad de escapar y espectadores que amplifican.



Las consecuencias pueden ser graves: ansiedad, depresión, absentismo, bajo rendimiento, somatizaciones, aislamiento, autolesiones e ideación suicida.



Naciones Unidas recoge que más de un tercio de jóvenes en 30 países declara haber sufrido ciberacoso y uno de cada cinco ha faltado a clase por ese motivo.



Señales de alarma: miedo al móvil, cambios bruscos de humor tras conectarse, ocultamiento de pantalla, rechazo a ir al colegio, pérdida de amigos, bajada de notas, trastornos del sueño, quejas físicas repetidas y aislamiento.



La respuesta debe ser rápida: guardar pruebas, no responder impulsivamente, informar al centro escolar, activar protocolos, denunciar si hay amenazas, extorsión o difusión de imágenes íntimas, y acompañar emocionalmente al menor.



Decir “pasa de ellos” suele servir lo mismo que recomendar tila en un incendio.







12. Grooming, sextorsión y violencia sexual digital



Este apartado es incómodo, pero imprescindible.



Internet facilita que adultos contacten con menores, ganen su confianza y los manipulen para obtener imágenes íntimas o encuentros.



UNICEF advierte de que la explotación y abuso sexual facilitados por tecnología son una de las amenazas más alarmantes: agresores conocidos o desconocidos pueden ganarse la confianza del niño y luego manipularlo o extorsionarlo.



Grooming significa engaño y manipulación de un menor por parte de un adulto, normalmente a través de internet, para ganarse su confianza con una finalidad sexual.



Suele empezar con mensajes aparentemente inocentes: amistad, halagos, regalos, secretos compartidos… Luego el adulto va subiendo el tono: pide fotos, conversaciones sexuales, vídeos íntimos o incluso quedar en persona.



En español podríamos traducirlo como acoso sexual a menores por internet o captación sexual de menores, aunque se usa mucho la palabra inglesa grooming.



Dicho en bruto: es cuando un depredador se disfraza de amigo.



El grooming suele seguir fases: contacto aparentemente inocente, confianza, secreto, sexualización progresiva, petición de imágenes, chantaje y control.



Puede ocurrir en redes sociales, chats, videojuegos, foros o aplicaciones de mensajería.



La prevención no puede limitarse a “no hables con desconocidos”.



Muchos menores no perciben al agresor como desconocido después de semanas de conversación.



Hay que educar en privacidad, consentimiento, presión emocional, chantaje, imágenes íntimas y petición de ayuda sin miedo al castigo.



Si el menor cree que le van a quitar el móvil y machacarle, callará. Y el silencio es el hábitat natural del abusador.







13. Pornografía precoz



La exposición temprana a pornografía es cada vez más frecuente y puede distorsionar la construcción de la sexualidad.



La pornografía comercial suele mostrar cuerpos irreales, ausencia de consentimiento explícito, prácticas violentas o humillantes, roles de género deformados y una sexualidad centrada en rendimiento, no en afecto, comunicación y respeto.



No todos los adolescentes expuestos desarrollan problemas, pero el consumo precoz, repetido y no contextualizado puede asociarse con expectativas sexuales irreales, presión para prácticas no deseadas, normalización de violencia, dificultades en relaciones afectivas y problemas de imagen corporal.



La solución no es fingir que no existe. Existe. Y bastante.



La respuesta eficaz combina educación afectivo-sexual, filtros razonables, supervisión, conversación abierta y límites.



Hablar de sexualidad no “incita”; educa.



Lo que incita es dejar que el algoritmo haga de profesor sustituto, y encima sin oposiciones.







14. Apuestas, compras, publicidad y presión comercial



El ecosistema digital infantil no solo entretiene: vende.



Vende productos, cuerpos, estilos de vida, comida, apuestas, micropagos, cajas de recompensa, suscripciones, skins, monedas virtuales y la idea de que existir es consumir.



La OCDE clasifica los riesgos digitales para menores en categorías como contenido, contacto, conducta y riesgos comerciales, subrayando que el entorno digital ofrece oportunidades, pero también riesgos complejos y cambiantes.



Los videojuegos con micropagos y recompensas aleatorias pueden familiarizar al menor con dinámicas parecidas al juego de azar.



No son idénticas a una tragaperras, pero a veces se le parecen demasiado como para estar tranquilos.



Y la publicidad encubierta de influencers dificulta que el niño distinga recomendación honesta de anuncio pagado.







15. Desinformación, retos virales y contenidos violentos



Los niños y adolescentes pueden acceder a contenidos violentos, retos peligrosos, pseudociencia, teorías conspirativas, discursos de odio, misoginia, racismo, autolesiones, dietas extremas y consejos sanitarios absurdos.



Como médico, uno tiembla especialmente cuando un adolescente modifica medicación o conducta de salud por lo que ha visto en redes.



El doctor TikTok tiene bata, pero suele ser de disfraz.



La alfabetización digital debe formar parte de la prevención: enseñar a contrastar fuentes, identificar publicidad, entender algoritmos, detectar manipulación emocional y pedir ayuda.



Prohibir sin educar deja al menor indefenso cuando inevitablemente accede.







16. ¿Hay beneficios?



Después de leer todo lo anterior, alguien podría pensar que las pantallas son poco menos que un invento diabólico. Pero sería una conclusión equivocada.



Como ocurre con casi todo en medicina, la realidad es bastante más compleja.



Las pantallas no son buenas ni malas por sí mismas. Son herramientas. Igual que un cuchillo puede servir para preparar una ensalada o para cometer un delito, un teléfono móvil puede convertirse en una extraordinaria herramienta educativa o en un serio problema de salud, dependiendo del uso que se haga de él.



De hecho, la inmensa mayoría de los estudios científicos actuales coinciden en que el debate ya no debe centrarse únicamente en el tiempo de pantalla.



Cada vez tiene más importancia el contexto en el que se utilizan, la edad del niño, el tipo de contenido que consume, el grado de supervisión por parte de los adultos y, sobre todo, si ese uso sustituye o no a actividades esenciales para el desarrollo.



Un niño que dedica cuarenta minutos a realizar una actividad interactiva de calidad acompañado de sus padres probablemente está obteniendo un beneficio.



Otro que permanece cuatro horas seguidas consumiendo vídeos cortos generados por un algoritmo difícilmente lo está.







Una herramienta extraordinaria para aprender



Internet ha puesto al alcance de cualquier niño una cantidad de conocimiento que hace apenas veinte años habría parecido ciencia ficción.



Hoy un escolar puede recorrer virtualmente el interior del cuerpo humano, visitar museos de cualquier parte del mundo, observar cómo funciona un volcán, escuchar una conferencia de un premio Nobel, aprender astronomía viendo imágenes del telescopio espacial James Webb o practicar idiomas con personas que viven a miles de kilómetros.



Las plataformas educativas permiten adaptar el ritmo de aprendizaje a cada alumno.



Existen aplicaciones que ayudan a mejorar la lectura, el cálculo, la pronunciación de idiomas o determinadas dificultades específicas del aprendizaje.



En niños con enfermedades crónicas o largas hospitalizaciones, las tecnologías digitales permiten continuar la escolarización y mantener el contacto con profesores y compañeros, reduciendo el aislamiento social.



Durante la pandemia de COVID-19 quedó demostrado que, sin las herramientas digitales, millones de niños habrían perdido completamente el acceso a la educación durante meses.



Naturalmente, la enseñanza presencial sigue siendo insustituible para el desarrollo social y emocional, pero la tecnología constituye un excelente complemento cuando se utiliza con criterio.





Favorecen la creatividad



Existe una imagen muy extendida según la cual todos los niños utilizan el móvil únicamente para perder el tiempo.



La realidad es mucho más diversa.



Muchos adolescentes utilizan herramientas digitales para crear música, editar fotografías, producir vídeos, diseñar animaciones, escribir relatos, programar videojuegos, dibujar digitalmente o aprender fotografía.



Aplicaciones de edición de vídeo, programas de ilustración o plataformas de programación han despertado auténticas vocaciones profesionales.



No pocos diseñadores gráficos, músicos, cineastas o desarrolladores informáticos comenzaron simplemente experimentando con un ordenador durante la adolescencia.



La diferencia fundamental está entre consumir contenidos de forma pasiva y crear contenidos propios.



La creatividad exige esfuerzo, planificación, aprendizaje y capacidad de resolver problemas.



El consumo pasivo únicamente exige deslizar un dedo sobre la pantalla.







Una ventana al mundo



Internet también ha democratizado el acceso a la cultura.



Bibliotecas digitales, películas clásicas, documentales, conferencias, conciertos, cursos universitarios gratuitos y millones de publicaciones científicas pueden consultarse desde cualquier domicilio con conexión a internet.



Nunca había resultado tan sencillo acceder al conocimiento.



Eso sí, la abundancia de información obliga a desarrollar pensamiento crítico.



Saber buscar información es importante.



Saber distinguir una fuente fiable de un bulo lo es todavía más.



Precisamente por ello, numerosos expertos consideran que la alfabetización digital debería enseñarse desde la escuela con la misma importancia que la comprensión lectora.







Facilitan las relaciones sociales



Las redes sociales suelen aparecer asociadas a problemas psicológicos, y con razón en determinados casos.



Sin embargo, también pueden cumplir una función muy positiva.



Muchos adolescentes encuentran en internet grupos con intereses similares: lectura, cine, música, ciencia, dibujo, videojuegos, idiomas o cualquier otra afición.



En ocasiones, jóvenes que viven en pequeños municipios o presentan enfermedades poco frecuentes consiguen contactar con personas que atraviesan situaciones parecidas, reduciendo la sensación de aislamiento.



También resultan especialmente útiles para adolescentes con discapacidades físicas o enfermedades que limitan su movilidad.



Para ellos, internet puede convertirse en una herramienta de integración social extraordinariamente valiosa.



Naturalmente, estas ventajas nunca sustituyen las relaciones presenciales, pero pueden complementarlas de forma muy beneficiosa.







Un recurso muy útil para la salud



La tecnología también ha transformado la atención sanitaria.



Existen aplicaciones que ayudan a controlar la diabetes, registrar crisis epilépticas, recordar la toma de medicación, realizar rehabilitación, controlar el asma o monitorizar determinados parámetros de salud.



Los adolescentes con enfermedades crónicas disponen hoy de comunidades de apoyo donde compartir experiencias con otros pacientes y familias.



En salud mental también existen aplicaciones de relajación, entrenamiento en mindfulness o terapia cognitivo-conductual que, utilizadas bajo supervisión profesional, pueden convertirse en herramientas útiles, aunque nunca deben sustituir la atención médica cuando ésta es necesaria.





Los videojuegos no siempre son el enemigo



Los videojuegos suelen ser los grandes villanos cuando se habla de pantallas.



Sin embargo, numerosos estudios muestran que determinados videojuegos pueden mejorar habilidades como la coordinación óculo-manual, la velocidad de reacción, la percepción espacial, la resolución de problemas, la planificación o la cooperación entre compañeros.



Muchos videojuegos obligan a diseñar estrategias, administrar recursos, tomar decisiones complejas o colaborar con otros jugadores para alcanzar objetivos comunes.



Incluso algunos hospitales utilizan videojuegos como herramienta de rehabilitación física o para disminuir la ansiedad antes de determinados procedimientos médicos.



Naturalmente, estos posibles beneficios desaparecen cuando el juego se convierte en una conducta compulsiva o desplaza actividades fundamentales como el sueño, el estudio, el deporte o las relaciones familiares.





El verdadero problema no son las pantallas



Quizá ésta sea la idea más importante de todo el artículo.



Las investigaciones más recientes indican que el principal problema no reside en las pantallas por sí mismas, sino en el uso excesivo, precoz, descontrolado o inadecuado de las mismas.



Una hora utilizando una aplicación educativa con un padre no tiene absolutamente nada que ver con cuatro horas consumiendo vídeos recomendados por un algoritmo diseñado para captar la atención.



Tampoco es comparable una videollamada con los abuelos, una clase online o un documental científico con navegar durante horas por contenidos violentos, pornográficos o claramente perjudiciales.



La calidad del contenido importa tanto o más que el tiempo de exposición.



Por eso, cada vez más expertos proponen abandonar la vieja pregunta: «¿Cuántas horas pasa delante de una pantalla?» para sustituirla por otra mucho más útil: «¿Qué hace exactamente cuando está delante de esa pantalla?».







La clave está en el equilibrio



Probablemente ésa sea la conclusión más sensata.



Las pantallas forman parte de la vida cotidiana y seguirán haciéndolo durante las próximas décadas.



Pretender eliminar completamente la tecnología sería tan poco realista como recomendable.



El objetivo debe ser enseñar a los niños y adolescentes a utilizarla de forma inteligente, crítica, segura y equilibrada.



Cuando las pantallas enriquecen la educación, favorecen la creatividad, mejoran la comunicación y no sustituyen al sueño, al ejercicio físico, a la lectura, al juego libre ni a las relaciones personales, pueden convertirse en una herramienta extraordinaria.



Cuando ocupan el lugar de todo lo demás, dejan de ser una ayuda para convertirse en un problema.



Como ocurre con tantos aspectos de la salud, el secreto no está en la prohibición absoluta, sino en el equilibrio.









17. Recomendaciones por edades



Menores de 3 años



Evitar pantallas, salvo videollamadas familiares puntuales.



Priorizar juego físico, interacción cara a cara, canciones, cuentos, suelo, calle, objetos reales y rutinas.



Nada de pantallas para comer, dormir o calmar rabietas de forma habitual.







De 3 a 6 años



La recomendación más prudente, siguiendo la línea de la AEP, es evitar pantallas o reducirlas al mínimo, siempre con adulto, contenido de calidad y tiempo muy limitado.



Nada de dispositivos propios.



Nada de pantallas en dormitorio.



Nada de uso automático como niñera emocional.





De 6 a 12 años



Uso limitado, supervisado y pactado.



La AEP habla de máximo aproximado de una hora diaria en esta franja.



Prioridad absoluta: sueño, colegio, lectura, deporte, juego, familia y amigos.



Sin redes sociales generalistas.



Sin móvil propio con internet libre.



Control parental razonable, pero sobre todo acompañamiento.







Adolescencia



Aquí no sirve solo prohibir.



Hay que negociar, educar y supervisar.



Reglas claras: móvil fuera del dormitorio por la noche, horarios, privacidad, no compartir imágenes íntimas, pedir ayuda ante acoso o chantaje, revisar bienestar emocional y fomentar actividades offline.



Retrasar redes sociales todo lo posible es sensato. Y cuando lleguen, entrar con acompañamiento, no con barra libre.



 





18. Papel de la familia



Los niños hacen más caso a lo que ven que a lo que se les sermonea.



Si el adulto está todo el día con el móvil, la autoridad moral para decir “deja la pantalla” queda un poco pocha.



La AEP señala asociación entre el tiempo de pantalla de los padres y el de los hijos, especialmente durante comidas y en dormitorios.





Medidas familiares útiles:



  • Comidas sin pantallas.



  • Dormitorios sin dispositivos.



  • Carga nocturna de móviles fuera de la habitación.



  • Normas familiares escritas.



  • Tiempo diario al aire libre.



  • Lectura compartida.



  • Control parental sin espionaje humillante.



  • Conversaciones frecuentes sobre redes, privacidad y sexualidad.



  • Adultos dando ejemplo.





El objetivo no es una casa amish con fibra óptica escondida, sino una familia que manda sobre la tecnología y no al revés.







19. Papel del colegio



La escuela no debería confundir modernidad con meter tabletas a granel.



La digitalización educativa debe demostrar beneficio, no imponerse por moda.



En infantil y primaria temprana, la prioridad sigue siendo lenguaje, psicomotricidad, lectura, escritura, juego, atención sostenida y vínculo.



Los centros deben tener protocolos frente a ciberacoso, normas sobre móviles, educación digital, formación a familias y coordinación con pediatría y salud mental.



También deben revisar críticamente el uso de plataformas comerciales que recogen datos de menores.







20. Papel del pediatra y del médico de familia



La anamnesis digital debería formar parte de la consulta.



Igual que preguntamos por sueño, alimentación o ejercicio, hay que preguntar por pantallas.





Preguntas útiles:



¿Cuántas horas usa pantallas fuera del colegio?


¿Tiene móvil propio?


¿Duerme con el móvil en la habitación?


¿Qué redes usa?


¿Ha sufrido acoso?


¿Ha visto contenido sexual o violento?


¿Hay conflictos familiares por el dispositivo?


¿Ha dejado deporte, lectura o amigos?


¿Cómo se siente después de usar redes?


¿Hay autolesiones, tristeza, ansiedad o ideación suicida?



No se trata de demonizar.



Se trata de detectar riesgos.



El fonendo no sirve para escuchar algoritmos, pero la entrevista clínica sí.







21. Señales de alarma



Conviene consultar si aparecen:



  • Insomnio persistente.



  • Bajada brusca del rendimiento escolar.



  • Aislamiento.



  • Irritabilidad intensa al retirar pantallas.



  • Mentiras o uso oculto.



  • Abandono de actividades previas.



  • Ansiedad o tristeza tras conectarse.



  • Pérdida de peso o preocupación corporal extrema.



  • Autolesiones.



  • Ideas de muerte.



  • Ciberacoso.



  • Chantaje con imágenes.



  • Consumo problemático de pornografía.



  • Gasto económico no controlado.



  • Uso nocturno compulsivo.



En estos casos, quitar el móvil puede ser parte del plan, pero no todo el plan.

Hay que buscar qué está pasando debajo.









22. Decálogo práctico para padres



  1. No introducir pantallas pronto. Cuanto más tarde, mejor.



  1. No usar el móvil como chupete emocional habitual.



  1. Nada de pantallas en dormitorios.



  1. Nada de pantallas durante comidas.



  1. Apagar dispositivos al menos una hora antes de dormir.



  1. Retrasar móvil propio y redes sociales todo lo posible.



  1. Supervisar contenidos, contactos y privacidad.



  1. Priorizar deporte, calle, sueño, lectura y amigos reales.



  1. Hablar de pornografía, acoso, sextorsión y privacidad sin montar un drama inquisitorial.



  1. Dar ejemplo adulto. Este punto duele, pero cura.







23. Conclusión



Las pantallas no son veneno. Pero tampoco son agua bendita.



Son herramientas potentes en manos de cerebros en desarrollo y dentro de plataformas diseñadas para captar atención, generar dependencia y monetizar conducta. Por eso la infancia necesita protección, límites y acompañamiento.



La evidencia no permite afirmar que toda pantalla cause daño, pero sí justifica una postura preventiva clara: nada o casi nada en los primeros años, límites firmes en la infancia, retraso del móvil y redes sociales, vigilancia del sueño, acompañamiento familiar, educación digital y respuesta rápida ante señales de alarma.



El objetivo no es criar niños analógicos en una cueva. Es criar niños libres. Y hoy, paradójicamente, para ser libre hace falta aprender a apagar una pantalla.







Bibliografía seleccionada



  1. World Health Organization. Guidelines on physical activity, sedentary behaviour and sleep for children under 5 years of age. Geneva: WHO; 2019.



  1. American Academy of Pediatrics. Digital Ecosystems, Children, and Adolescents: Policy Statement. Pediatrics. 2026.



  1. American Academy of Pediatrics. Digital Ecosystems, Children, and Adolescents: Technical Report. Pediatrics. 2026.



  1. U.S. Surgeon General. Social Media and Youth Mental Health: The U.S. Surgeon General’s Advisory. 2023.



  1. Asociación Española de Pediatría. Nuevas recomendaciones sobre pantallas en infancia y adolescencia. 2025.



  1. Asociación Española de Pediatría. La AEP actualiza sus recomendaciones sobre uso de pantallas en infancia y adolescencia. 2024.



  1. Centers for Disease Control and Prevention. Associations Between Screen Time Use and Health Outcomes Among Children and Adolescents. 2025.



  1. He X, et al. Association of screen time and sleep outcomes: systematic review. 2025.



  1. UNICEF. Keeping children safe online.



  1. United Nations. Child and Youth Safety Online.



  1. OECD. Children in the Digital Environment: Revised Typology of Risks. OECD Digital Economy Papers; 2021.



  1. UNICEF Innocenti. Childhood in a Digital World. 2025.

 

 

 

 

 

(Artículo redactado, según mis indicaciones, por IA y posteriormente corregido y modificado por holasoyramon)

 

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Hermanos – 2026 – Carol Rodríguez Colás, Marina Rodríguez Colás – #YoVoyAlCine

6/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Supersalidos cruzando la Diagonal

 

Las hermanas Carol Rodríguez Colás y Marina Rodríguez Colás ya demostraron con Chavalas que conocían el barrio desde dentro, sin paternalismos ni estampitas de postal.

 

Aquella fue una de las sorpresas más agradables del cine español reciente, con un retrato tan divertido como honesto de cuatro amigas cuyos caminos habían tomado direcciones muy distintas.

 

En Hermanos vuelven al mismo territorio, pero cambian el foco hacia la adolescencia masculina y la amistad entre tres chavales de la periferia barcelonesa.

 

Cutrecomentario

 

Las hermanas Rodríguez Colás vuelven a hacer cine de barrio.

 

Pero no ese barrio de postal que tanto gusta en algunos anuncios, sino el de verdad. El de las familias que llegan justas a fin de mes, donde sobrevivir es casi una asignatura obligatoria y donde la multiculturalidad ya no es una excepción, sino el paisaje cotidiano.

 

Los protagonistas son tres chicos de orígenes distintos que se sienten hermanos. De ahí el título.

 

La película arranca cuando uno de ellos conoce a una chica de un ambiente mucho más acomodado, una “pija”, como él mismo la define, cuya madre da trabajo a la suya limpiando la casa.

 

La invitación a una fiesta de cumpleaños en la zona alta de Barcelona desencadena una pequeña odisea que va complicándose conforme abandonan su barrio. 

 

La gran idea de la película no es la amistad, sino el peso que sigue teniendo el origen social. Porque por mucho que todos los adolescentes escuchen la misma música, vistan parecido o compartan redes sociales, hay fronteras invisibles que continúan separando unos mundos de otros.

 

El trayecto hasta la fiesta resulta casi más interesante que la propia celebración. Allí aparece ese tono agridulce que las directoras manejan con bastante habilidad. Sin levantar la voz ni convertir el relato en un panfleto, dejan claro que las diferencias de clase siguen marcando el destino de muchas personas.

 

Y aquí viene el spoiler de los gordos. El plano final resume toda la película. Mientras la niña rica, después de una noche de fiesta, se va tranquilamente a dormir, el chico del barrio humilde se queda limpiando. No hacen falta discursos sobre desigualdad cuando una sola imagen explica tan bien quién puede permitirse descansar y quién tiene que recoger los restos de la fiesta.

 

También resulta interesante comprobar cómo lo castizo ha cambiado de rostro.

 

Los barrios populares ya son plenamente multiculturales y esa diversidad aparece retratada con absoluta naturalidad, sin convertir a nadie en “el inmigrante de la película”.

 

En cambio, donde menos ha evolucionado la sociedad es en determinados sectores acomodados, que siguen observando a la clase trabajadora con una condescendencia apenas disimulada.

 

Las hermanas Rodríguez Colás continúan haciendo cine social, aunque lo envuelvan en una comedia costumbrista de apariencia ligera. Y ahí reside buena parte de su talento: entretienen mientras hablan de meritocracia, racismo, clasismo y orgullo de barrio sin necesidad de subrayarlo cada cinco minutos. 

 

No alcanza el frescor de Chavalas, que me sigue pareciendo una película superior, pero mantiene intacta la mirada de sus directoras: cercana, honesta y profundamente comprometida con unos personajes que rara vez ocupan el centro del cine español.

 

Mi puntuación: 6,66/10.

 

 

 

Dirigido por Carol y Marina Rodríguez Colás:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Los músicos – Les musiciens – 2025 – Grégory Magne – #YoVoyAlCine

6/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuatro Stradivarius y un guion con GPS incorporado

 

Grégory Magne es un director francés que ya había transitado la comedia amable con L’air de rien y Perfumes, seguramente su película más conocida.

 

En Los músicos vuelve a moverse en ese terreno de personajes enfrentados que tienen que aprender a convivir sin matarse con un atril.

 

Grégory Magne fue premiado como mejor director en el Festival de Cine Francés de Málaga por Los músicos. La banda sonora corre a cargo de Grégoire Hetzel.

 

 

Cutrecomentario

 

Los músicos parte de una premisa bastante atractiva.

 

Una rica heredera, Astrid Thompson, decide cumplir el sueño de su padre: reunir cuatro instrumentos Stradivarius para interpretar una obra inédita de un compositor que lleva más de treinta años sin ser expuesta públicamente.

 

El caprichito no es precisamente barato. Hay que contratar a cuatro grandes concertistas, localizar al compositor para que ponga orden en el gallinero, pagar una iglesia con una sonoridad especial y, por supuesto, intentar monetizar todo el tinglado con vídeos, eventos y exposición cultural de alto copete. Vamos, filantropía con factura y plan de marketing.

 

El conflicto nace de los egos. Los cuatro músicos son excelentes, pero cada uno viene con su talento, sus manías y su ego en tamaño sinfónico. Nunca han trabajado realmente como grupo y la película se centra en ese proceso por el que tendrán que aprender a tocar juntos, escucharse y funcionar como un cuarteto en lugar de como cuatro solistas peleándose por el oxígeno.

 

La idea fundamental de la película es clara: cuatro buenos músicos no hacen necesariamente un buen cuarteto.

Hace falta escucha, renuncia y algo de humildad, esa cosa tan rara en ciertos ambientes artísticos como una butaca cómoda en un cine antiguo.

 

El problema es que Los músicos es absolutamente previsible. Desde muy pronto sabemos cómo va a terminar. No cabe ni la más mínima duda. Y lo peor no es solo que el desenlace se vea venir con prismáticos de ópera, sino que también el desarrollo resulta bastante anunciado. Los choques, las reconciliaciones, las pequeñas revelaciones y el aprendizaje colectivo siguen un camino demasiado marcado.

 

La película tiene tono amable, no aburre y entretiene mínimamente. Pero tampoco sorprende. Va poniendo obstáculos con educación francesa, sin despeinarse demasiado, como si hasta los conflictos hubieran pedido permiso antes de entrar en escena.

 

Lo que salva la función es la música. Ahí la película sí respira. Escuchar esos instrumentos, entender algo de la sonoridad de los Stradivarius, ver cómo cada intérprete se enfrenta a la partitura y asistir a esa búsqueda de armonía tiene verdadero interés.

 

La música aporta emoción, elegancia y cuerpo a una historia que, sin ella, se quedaría bastante raquítica.

 

Porque esa es la cuestión: sin la música, esto sería una debacle bastante fina, con mantel blanco, pero debacle al fin y al cabo. La partitura funciona como flotador, salvavidas y equipo de reanimación cardiopulmonar. Y gracias a ella, Los músicos consigue salir a flote.

 

No estamos ante una gran película, sino ante una obra simpática, correcta y demasiado programada.

 

Un concierto agradable con un guion que desafina por previsible.

 

Mi puntuación: 6,55/10.

 

 

 

Dirigido por Grégory Magne:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Cosas que no olvidaré – Per te – 2025 – Alessandro Aronadio – #YoVoyAlCine

6/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Una vida que no podrá ser recordada.

 

Alessandro Aronadio se ha especializado en combinar comedia y drama con una naturalidad poco habitual en el cine italiano reciente.

 

Debutó con Due vite per caso, llamó la atención con Orecchie, continuó con la sátira religiosa Io c’è, dio el salto internacional gracias a Era ora (remake italiano de la española El increíble finde menguante) y ahora firma Cosas que no olvidaré, probablemente su trabajo más íntimo y emocional hasta la fecha. (Wikipedia)

 

La película obtuvo una nominación al Premio David Giovani en los Premios David di Donatello 2025, un reconocimiento otorgado por estudiantes italianos al filme que consideran más representativo de su generación. (FilmAffinity)

 

 

Cutrecomentario

 

Hay películas que uno empieza a ver con la extraña sensación de que ya las ha visto. No porque sean un plagio, sino porque recorren caminos muy transitados.

 

Cosas que no olvidaré es una de ellas. Vuelve sobre ese terreno tan delicado como fértil de la superación personal frente a una enfermedad devastadora.

 

El protagonista, interpretado con enorme voluntad por Edoardo Leo, recibe un diagnóstico de demencia precoz.

 

Sabe que, poco a poco e irremediablemente, va a desconectarse de la realidad.

 

La memoria será la primera víctima, pero no la única.

 

Curiosamente, la película centra casi toda su atención en el olvido, cuando cualquier profesional sanitario sabe que una demencia también implica deterioro cognitivo progresivo, pérdida de capacidades funcionales y, muy especialmente, trastornos conductuales que suelen ser los que terminan desgastando y rompiendo el equilibrio familiar.

 

El verdadero conflicto no es tanto la enfermedad como la forma de convivir con ella.

 

¿Cómo le explicas a un niño de once años que su padre va a dejar de reconocer el mundo… y probablemente también a él? Ahí encuentra la película sus mejores momentos.

 

Alessandro Aronadio intenta navegar entre el drama y la sonrisa, utilizando pequeños instantes de humor para aliviar una historia que, de otro modo, sería casi insoportable.

 

A ratos funciona discretamente bien y consigue emocionar sin apretar demasiado el acelerador.

 

En otros momentos, sin embargo, el equilibrio se rompe y la maquinaria sentimental empieza a hacer demasiado ruido.

 

Ese es precisamente el principal problema de la película.

 

Como ocurre con muchas producciones basadas en hechos reales, aparece esa sensación de que alguien está moviendo los hilos para dirigir las emociones del espectador.

 

Hay escenas que nacen de forma natural y otras que parecen diseñadas con escuadra y cartabón para provocar el lagrimeo.

 

Y cuando uno percibe el truco, la emoción pierde parte de su fuerza.

 

Aun así, el trabajo de Edoardo Leo sostiene buena parte del metraje y evita que el conjunto caiga definitivamente en el melodrama más empalagoso.

 

La película intenta conmover desde la humanidad antes que desde la tragedia, y aunque no siempre acierta, se agradece el esfuerzo.

 

No descubre nada nuevo sobre el cine de enfermedades degenerativas, pero deja algunos momentos sinceros que consiguen quedarse en la memoria.

 

Paradójicamente, eso es precisamente lo que su protagonista sabe que acabará perdiendo.

 

Mi puntuación: 5.55/10.

 

 

 

Dirigido por Alessandro Aronadio:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Akira (Animación) – 1988 – Katsuhiro Ōtomo – #YoVoyAlCine

5/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Neo-Tokio explota y yo necesito un blister de Enantyum

 

Katsuhiro Ōtomo dirigió Akira adaptando su propio manga, con guion coescrito junto a Izo Hashimoto.

 

La película se estrenó en Japón en 1988 y en España llegó a los cines en 1992.

 

Fue una superproducción de anime para la época, con un presupuesto citado entre 700 millones y 1.100 millones de yenes, según las fuentes, y se ha convertido en una de las grandes películas de culto de la animación japonesa.

 

Akira ganó el premio del público en el Festival de Cine Fantástico de Ámsterdam y su influencia posterior en la ciencia ficción, el cyberpunk y el anime occidentalizado ha sido enorme.

 

 

Cutrecomentario

 

Akira es animación, ciencia ficción, acción, thriller futurista, cyberpunk, posapocalipsis, holocausto nuclear, manga, body horror y película de culto. Vamos, que sólo le falta salir en Sálvame discutiendo con Lydia Lozano.

 

Reconozco que, si la había visto, la había olvidado totalmente. Y eso que no es precisamente una película discreta: explota todo, grita todo, se hincha todo y Neo-Tokio parece diseñado por un urbanista con fiebre y mala leche.

 

Es una película densísima, llena de ideas, personajes, tramas, subtramas, conspiraciones, militares, moteros, niños con poderes, científicos, políticos y gente corriendo por pasillos como si regalaran croquetas al fondo. Al final todo se une, sí, pero durante buena parte del metraje uno va agarrado al manillar intentando no caerse.

 

Tengo además un pequeño problema, y no es broma: prosopagnosia oriental. Me cuesta identificar rostros orientales. Y aunque el anime tiende a occidentalizar las caras, aquí he sufrido para separar personajes. A ratos no sabía si estaba viendo una trama nueva o al mismo señor con otro flequillo.

 

La película impacta, eso es indudable. Tiene imágenes poderosísimas, una animación brutal para 1988 y una energía visual que sigue siendo apabullante. Pero también me aturde. Mucho tiro, mucha explosión, mucha persecución y escenas que parecen alargarse dentro del mismo tono de caos permanente.

 

No niego su importancia histórica ni su condición de obra de culto. Sería absurdo. Pero tampoco voy a fingir que he visto la gran revelación mística del anime. A mí me deja más bien frío, como si me hubieran metido dos horas dentro de una batidora nuclear.

 

Y luego está Akira, que más que un personaje es una idea, una fuerza, una energía absoluta que irradian los seres vivos… o algo parecido. Tal vez sea eso. Tal vez sea otra cosa. Tal vez necesito leerme el manga con tila y una libreta.

 

Akira es monumental, influyente, excesiva y agotadora. Una película que admiro más de lo que disfruto. Y eso también pasa. No todo culto tiene que convertirse en religión personal.

 

No he puesto “steampunk” porque lo correcto aquí es más bien cyberpunk. Lo otro era ponerle chistera a la moto de Kaneda.

 

Mi puntuación: 5,55/10.

 

 

 

Dirigido por Katsuhiro Ōtomo:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Amor apocalipsis – Amour apocalypse – 2025 – Anne Émond – #YoVoyAlCine

5/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando el fin del mundo te deja en espera telefónica

 

La cineasta canadiense Anne Émond lleva años construyendo una filmografía muy personal, siempre interesada por personajes emocionalmente heridos y relaciones poco convencionales.

 

Entre sus trabajos más destacados figuran Nuit #1, Les Êtres chers, Nelly, Jeune Juliette y Lucy Grizzli Sophie.

 

Con Amor apocalipsis vuelve a combinar drama y comedia, esta vez envolviendo una historia romántica en un contexto de ecoansiedad y salud mental, sin perder ese tono tan peculiar que caracteriza su cine. (Wikipedia)

 

La película fue seleccionada para la Quincena de Cineastas del Festival de Cannes de 2025 y obtuvo el Gran Premio del Festival de Cine Romántico de Cabourg. Además, fue la película de clausura del Festival Internacional de Cine de Toronto de 2025. (Wikipedia)

 

 

Cutrecomentario

 

Hay películas que parecen fabricadas en serie y otras que da la impresión de que sólo podían haber salido de la cabeza de una persona muy concreta. Esta producción canadiense pertenece claramente al segundo grupo.

 

La sorpresa ha sido agradable. Todo gira alrededor de Adam, un hombre profundamente deprimido, incapaz de relacionarse con normalidad con el mundo, amante de los perros, cuya vida social prácticamente se limita a su padre y a un amigo bastante desastre. Vive obsesionado con el cambio climático, el fin del mundo y las catástrofes naturales. Su psiquiatra ya ni se inmuta: receta antidepresivos, ansiolíticos y sedantes con la misma alegría con la que otros recetan ibuprofeno.

 

Pero la vida tiene estas cosas. Compras un aparato de luminoterapia y acabas enamorándote de la voz del servicio técnico.

 

Ahí aparece Tina, una mujer también llena de grietas, atrapada en una relación que hace aguas y con dos hijas adoptivas que tampoco le ponen precisamente fácil la existencia.

 

Entre ambos nace una relación extraña, poco convencional, difícil de explicar. No parece que se complementen. Simplemente sucede.

 

Él queda fascinado por una mujer encantadora; ella, por un tipo rarísimo que parece vivir permanentemente esperando el Apocalipsis.

 

La película está impregnada de un humor muy fino, que nunca ridiculiza a sus personajes. Se ríe con ellos, no de ellos.

 

A veces funciona de maravilla y otras veces chirría un poco, pero siempre mantiene un enorme respeto por unas criaturas profundamente vulnerables.

 

Las relaciones personales son frías, incómodas y bastante realistas, alejándose de cualquier idealización romántica. 

 

También resulta muy interesante el personaje de Romy, interpretado por Elizabeth Mageren (no Penélope Margaret, como a veces aparece citado erróneamente). Aporta una sensualidad muy especial a la historia y consigue que cada una de sus apariciones tenga un magnetismo inesperado. Es uno de esos personajes secundarios que terminan dejando más huella de la que aparentan.

 

Al terminar queda la sensación de haber visto una película tan extraña como su protagonista. No es una historia redonda ni pretende serlo.

 

Es una de esas rarezas que generan más preguntas que respuestas y que, precisamente por eso, resultan estimulantes.

 

Y deja una reflexión incómoda. Vivimos rodeados de noticias sobre guerras, crisis climáticas y futuros bastante poco halagüeños. Preocuparse por ello es lógico.

 

Lo que ya no parece tan buena idea es dejar que ese miedo acabe ocupando toda la vida, como le ocurre a Adam.

 

Porque si el mundo se acaba algún día, al menos que no nos pille habiendo renunciado antes a vivir.

 

Mi puntuación: 6,55/10.

 

 

 

Dirigido por Anne Émond:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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La muerte de Robin Hood – The Death of Robin Hood – 2026 – Michael Sarnoski – #YoVoyAlCine

5/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Robin Hood se jubila… y nadie le organiza una fiesta

 

Hablar de Robin Hood es hacerlo de uno de los grandes mitos del cine y la literatura. Desde Robin de los bosques con Errol Flynn, pasando por Robin Hood: príncipe de los ladrones con Kevin Costner, Robin Hood de Ridley Scott con Russell Crowe, o incluso la gamberra Robin Hood, príncipe de los ladrones (¡Menudo héroe!) de Mel Brooks, el arquero de Sherwood ha sido reinventado una y otra vez. Ahora le toca el turno a desmontarlo.

 

Michael Sarnoski es uno de esos directores que parecen disfrutar llevando al espectador a lugares incómodos.

 

Debutó con la magnífica Pig, sorprendió haciéndose cargo de Un lugar tranquilo: Día 1 y ahora firma el guion y la dirección de esta revisión oscurísima del mito de Robin Hood.

 

Su cine suele girar alrededor de personajes rotos, llenos de culpa y de heridas, más emocionales que físicas.

 

Aquí vuelve a insistir en esa misma idea, aunque quizá se pasa de pesimismo. (Wikipedia)

 

 

Cutrecomentario

 

Siempre me han fascinado esas historias, ensayos o películas que intentan desmontar los grandes mitos nacionales.

 

Descubrir que El Cid probablemente fue un mercenario que servía unas veces a los reinos de taifas y otras a los señores cristianos resulta mucho más apasionante que tragarse la leyenda oficial.

 

Los héroes casi siempre los fabrican siglos después de que se mueran.

 

Eso mismo hace aquí Michael Sarnoski con Robin Hood. Coge al héroe de postal y lo tira de cabeza al barro. Literalmente.

 

Este Robin Hood no roba a los ricos para dárselo a los pobres. Es un anciano agotado, fracasado y perseguido por su pasado. Ha sido un asesino, un violador, un ladrón despiadado y un auténtico bandido. Incluso en los últimos días de su vida, junto a quien conocíamos como Little John, ahora llamado Edward, sigue matando sin pestañear por un simple trozo de pan.

 

La película plantea que quizá este personaje se parezca mucho más al verdadero origen de la leyenda que el héroe romántico que tantas veces nos ha vendido Hollywood. Y esa idea resulta, de largo, lo más interesante de toda la propuesta.

 

El problema es que Sarnoski se recrea tanto en la miseria que acaba empachando.

 

Todo está cubierto por un tenebrismo constante.

 

Hay barro, mugre, sangre, ropa hecha jirones, suciedad y una sensación permanente de que nadie conoce el jabón desde hace tres generaciones.

 

El protagonista parece oler mal incluso a través de la pantalla.

 

Se entiende la intención, pero tanta cochambre termina siendo casi un personaje más.

 

Lo mejor llega al principio. La construcción del personaje durante los primeros minutos es magnífica y algunas escenas de violencia poseen una brutalidad seca y muy efectiva. Después, el relato entra en una melancolía permanente que apenas concede respiro y acaba pesando más que emocionando.

 

Afortunadamente aparece Jodie Comer, siempre magnética. Interpreta a una mujer dedicada a sanar a los demás mientras carga también con un pasado doloroso. Su presencia aporta algo de luz dentro de un universo donde prácticamente todo huele a derrota.

 

En conjunto queda una película profundamente triste. Una elegía sobre un hombre que descubre demasiado tarde que su leyenda era sólo eso: un relato.

 

Ahora que tanto se habla de “el relato”, esta película recuerda que muchas veces los héroes históricos no existen; existen las historias que otros escribieron sobre ellos.

 

No se sale del cine con ganas de coger un arco. Se sale bastante más destrozado. Exactamente igual que este Robin Hood.

 

Mi puntuación: 5,66/10.

 

 

 

Dirigido por Michael Sarnoski:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Los últimos días de María Antonieta – Le Déluge – 2024 – Gianluca Jodice – #YoVoyAlCine

5/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Reyes sin trono, sin peluca y sin escapatoria

 

Gianluca Jodice es un director italiano que ya había mostrado interés por los personajes históricos en decadencia con El mal poeta, centrada en Gabriele D’Annunzio.

 

También codirigió episodios de la serie 1992 y realizó el documental Searching for the Great Beauty, alrededor de La gran belleza de Paolo Sorrentino.

 

En Los últimos días de María Antonieta vuelve a mirar al poder cuando ya huele a humedad, miedo y final de trayecto.

 

Cutrecomentario

 

Estamos ante el relato de los últimos días de María Antonieta y Luis XVI, dos monarcas destronados —qué expresión tan hermosa, casi como “se acabó el catering de Versalles”— encerrados, degradados y esperando que la historia les pase por encima con zuecos revolucionarios.

 

La película no se centra en el juicio del rey ni en la revolución exterior. No quiere hacer una gran panorámica de masas, barricadas y cabezas rodando. Prefiere encerrarse con ellos y observar cómo se descompone su mundo íntimo, su dignidad, su higiene y su esperanza.

 

A veces parece que la mirada pertenece a Luis XVI, pero casi siempre termina imponiéndose la de María Antonieta.

 

Guillaume Canet está irreconocible como un rey educado, dócil, complaciente, casi resignado a que la realidad le vaya quitando capas como a una cebolla aristocrática.

 

Mélanie Laurent, magnífica, compone una María Antonieta rebelde, insumisa, consciente de que quizá su marido actúa con más prudencia, pero incapaz de tragarse la humillación sin morder un poco.

 

Todo el relato está envuelto en un halo de tristeza y degradación. La puesta en escena es muy académica, fría, plana, casi distante.

 

Gianluca Jodice observa desde lejos, sin agitar demasiado la cámara ni el ánimo. A veces esa frialdad resta perturbación, pero las interpretaciones de Canet y Laurent elevan mucho el conjunto.

 

Lo curioso es que la película está narrada desde el punto de vista de los reyes. Y eso genera una incomodidad interesante. Por un lado, estos monarcas destronados no inspiran demasiada piedad ideológica. Uno, puestos a elegir bando, estaría con los revolucionarios. Pero por otro lado resulta imposible no compadecerlos al verlos reducidos a seres humanos derrotados, sucios de miedo y limpios de poder.

 

También llama la atención cómo se representa a los revolucionarios: andrajosos, mugrientos, casi como una amenaza física frente al desesperado intento de los reyes por conservar cierto aseo, cierta compostura, cierto perfume de mundo desaparecido.

 

La revolución entra con barro en las botas.

La monarquía intenta seguir oliendo a jabón.

Spoiler histórico: ganó el barro.

 

Los últimos días de María Antonieta no es una película arrebatadora, ni especialmente vibrante, pero sí más que interesante.

 

Un relato sobrio, triste y bien interpretado sobre dos personas que habían nacido para mandar y acabaron aprendiendo, demasiado tarde, que la historia no pide permiso antes de cortar cabezas.

 

Mi puntuación: 7,57/10.

 

 

 

Dirigido por Gianluca Jodice:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Actividad de Ramón Bernadó en “Lo que viene” Tenerife 2026 – #LQV26 – @PremiosFeroz

5/07/2026

 

 

 

 

 

 

Actividad en holasoyramon.com:

 

Crónica de “Lo que viene” Tenerife 2026 – Bocadillos de pata, croquetas perdidas, series, películas y mucha buena gente – #LQV26 – @PremiosFeroz

 

Winnipeg, el barco de la esperanza (Animación) – 2026 – Beñat Beitia, Elio Quiroga – “Lo que viene” Tenerife 2026 – #LQV26 – @PremiosFeroz

 

El último mono – 2026 – Joaquín Mazón – “Lo que viene” Tenerife 2026 – #LQV26 – @PremiosFeroz- @PremiosFeroz

 

El inmortal (Serie TV) – Temporada 3 – 2 primeros episodios – 2026 – José Manuel Lorenzo (Creador) – “Lo que viene” Tenerife 2026 – #LQV26 – @PremiosFeroz

 

Olivia (Serie TV) – 3 primeros episodios – 2026 – Flipy (Creador), David Troncoso (Creador) – “Lo que viene” Tenerife 2026 – #LQV26 – @PremiosFeroz

 

 

 

 

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Centauros de la Alcarria – 2026-07-03 – Robin Hood, una de tiros y cine de verano con Wilder Cinema

3/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Centauros de la Alcarria en Nueva Alcarria

 

Podcast de Centauros de la Alcarria

 

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Letras robadas – Power Ballad – 2026 – John Carney – #YoVoyAlCine

3/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

 

En busca del éxito perdido

 

John Carney vuelve a su terreno favorito: músicos heridos, canciones que parecen salvar vidas y personajes con más frustraciones que acordes.

 

Ya había tocado la gloria con Once, la nostalgia luminosa con Sing Street y el buenrollismo algo prefabricado de Begin Again.

 

En Letras robadas se queda justo en medio: ni obra maestra emocional ni postal con guitarra para vender tazas.

 

Una power ballad es una balada de rock que comienza de forma suave y emotiva y va creciendo hasta convertirse en una canción muy intensa, con guitarras eléctricas, batería potente y una interpretación vocal apasionada.

 

Fue un estilo muy popular en los años ochenta y principios de los noventa, especialmente entre las bandas de hard rock y heavy metal.

 

El título de la película Power Ballad hace referencia precisamente a ese tipo de canciones cargadas de emoción, nostalgia y épica romántica.

 

 

Cutrecomentario

 

De John Carney tengo sentimientos encontrados.

 

Sing Street, de 2016, me encantó. Conecté muchísimo con aquella película, con su música, con sus chavales y con esa energía juvenil tan bien afinada.

 

En cambio, Begin Again, de 2014, me dejó un regusto falso, demasiado complaciente, demasiado diseñada para abrazar al público con una manta calentita y una taza de infusión moral.

 

Letras robadas vive exactamente entre esas dos orillas.

 

Por un lado, funciona muy bien.

 

Paul Rudd interpreta a Rick Power, un hombre que pudo haber intentado triunfar en la música, pero interrumpió su carrera para cuidar de su hija.

No fue un año sabático, fue un año de paternidad, que suena menos glamuroso pero bastante más heroico.

Ahora canta en bodas, arrastrando ese resquemor de no saber qué habría pasado si hubiera seguido adelante.

 

Enfrente está Nick Jonas como Danny Wilson, antiguo miembro de una boy band, lo cual tiene su gracia porque el propio Nick Jonas sabe bastante de eso sin necesidad de apuntador.

Su personaje roba una canción y la convierte en un éxito.

Y ahí aparece la gran pregunta: ¿por qué una canción triunfa? ¿Por la melodía? ¿Por quien la canta? ¿Por quien la vende? ¿O porque contiene una verdad?

 

La película defiende que una canción conecta cuando transmite algo verdadero de su autor, aunque esa verdad sea incluso absurda.

Danny Wilson la interpreta como una canción de amor hacia su novia, pero debajo late otra cosa. Y eso es lo más interesante del relato.

 

También habla de la autoría artística.

¿Una canción pertenece al que tiene la idea, al que la desarrolla, al que la canta o al que la convierte en número uno?

En el mundo de la música, donde todo se monetiza hasta el suspiro desafinado, la pregunta tiene más miga que un bocadillo de calamares.

 

La película también reflexiona sobre renunciar al éxito en favor de la felicidad familiar.

Eso está muy bien planteado, porque no siempre la vida que no fue es mejor que la vida que tenemos. A veces el sueño frustrado solo parece maravilloso porque nunca tuvo que pagar hipoteca.

 

El problema es que John Carney vuelve a tirar de ciertos recursos buenrolleros que se ven venir desde Dublín con prismáticos.

El amigo desastre, el final feliz muy redondito, la emoción colocada justo donde toca…

Todo funciona para el gran público, pero también se le ven un poco las costuras al ensamblado. Y cuando uno ve las costuras, ya no está viendo magia: está viendo al sastre sudando.

 

Paul Rudd está muy bien, además cantando sus canciones con bastante solvencia.

Nick Jonas encaja perfectamente en el papel, casi jugando consigo mismo.

Pero quien más me ha gustado del reparto es Beth Fallon como Aja Power, la hija de Rick. Está estupenda, natural, fresca y con una presencia que ilumina muchas escenas sin necesidad de hacer aspavientos.

 

Letras robadas es una película simpática, entretenida y con ideas interesantes sobre el fracaso, la paternidad, el éxito y la propiedad de las canciones. Pero también es una película algo manipuladora, demasiado empeñada en caer bien.

 

Y claro, una cosa es que te canten una balada. Otra, que te la canten mirándote fijamente para que llores cuando ellos han decidido.

 

Mi puntuación: 6,57/10.

 

 

 

Dirigido por John Carney:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Supergirl – 2026 – Craig Gillespie – #YoVoyAlCine

3/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

 

Borrachera, resaca y venganza con el sol rojo

 

Craig Gillespie es un director al que siempre le han interesado los personajes heridos, inadaptados y con más aristas que un diamante.

 

Ahí están Yo, Tonya, Cruella, Lars y una chica de verdad o el excelente remake de Noche de miedo.

 

Ahora traslada esa sensibilidad al Universo DC con una superheroína que se aleja del molde clásico para abrazar una personalidad mucho más oscura, vulnerable y gamberra. Y, sorprendentemente, le sienta de maravilla.

 

En el cine, Supergirl ha tenido pocas oportunidades para lucirse. Debutó en solitario con Supergirl (1984), protagonizada por Helen Slater, una producción hoy recordada más por su ingenuidad que por sus virtudes.

 

Décadas después llegó la versión de Sasha Calle en The Flash, que apenas tuvo tiempo para desarrollarse.

 

Ahora Milly Alcock recoge el testigo en una adaptación inspirada en el cómic Supergirl: Woman of Tomorrow, probablemente la encarnación cinematográfica más compleja y adulta del personaje hasta la fecha. 

 

 

Cutrecomentario

 

Me ha gustado mucho. Muchísimo.

 

Lo primero que sorprende es que esta Supergirl no tiene absolutamente nada que ver con la imagen de niña perfecta que muchos tenían en la cabeza.

 

Es una heroína depresiva, triste, con alma punk, que intenta ahogar sus demonios entre borracheras en aquellos planetas con sol rojo donde puede emborracharse porque deja de tener poderes. Vive permanentemente entre la resaca física y la emocional.

 

Su pasado pesa como una losa. Y eso la convierte en un personaje muchísimo más interesante que el típico superhéroe impoluto.

 

Mientras su primo Superman estaría encantado de bajar un gato de un árbol, ella bastante tiene con levantarse de la cama sin acordarse de todo lo que perdió.

 

Entonces aparece en su vida una niña de trece años, Ruthye, con un pasado tan devastador como el suyo. Las une el dolor. Y también el deseo de venganza.

 

Pero precisamente porque Supergirl sabe que vengarse no cura absolutamente ninguna herida, hará todo lo posible para impedir que esa niña termine destruyéndose a sí misma.

 

La película deja bastante claro que la venganza puede aliviar durante cinco minutos… y amargarte toda la existencia.

 

El otro gran amor de Kara es Krypto, su perro kriptoniano, probablemente el único ser vivo al que quiere sin reservas. Cuando lo envenenan y necesita conseguir el antídoto, se lanza a una carrera desesperada en la que es capaz de arrasar con quien se le ponga delante. Porque una cosa es tocarle el orgullo… y otra muy distinta tocarle al perro.

 

Las escenas de acción son una auténtica barbaridad. Están rodadas con fuerza, con imaginación y con un ritmo que apenas concede descanso.

 

Craig Gillespie demuestra que sabe combinar espectáculo con desarrollo de personajes sin que una cosa estorbe a la otra.

 

Y luego está el villano. Krem  (Matthias Schoenaerts) compone un enemigo despiadado, cruel y sin demasiados matices morales. Es de esos tipos que consiguen que desees que alguien les dé un buen puñetazo… preferiblemente con fuerza kriptoniana. Al que le gusta el picoteo en plato ajeno.

 

Milly Alcock está magnífica. Tiene solo veintiséis años, transmite una enorme fragilidad y al mismo tiempo una presencia física extraordinaria.

 

Resulta muy fácil empatizar con esta Kara Zor-El, que parece vivir permanentemente enfadada con el universo. Tengo la impresión de que aquí puede haber nacido una estrella del cine fantástico.

 

También aparece Jason Momoa como Lobo, en un papel más bien anecdótico y bastante pasado de revoluciones. No aporta demasiado a la historia, pero tampoco llega a molestar.

 

Siempre he sido muy fan de las superheroínas. Wonder Woman me conquistó hace tiempo. Capitana Marvel también me parece un personaje estupendo. Y desde hoy añado a esta Supergirl a la colección.

 

Lo curioso es que luego nos quejamos de que los superhéroes siempre son iguales. Pero cuando aparece uno realmente distinto, roto por dentro, lleno de contradicciones y emocionalmente complejo, el público tampoco responde en masa. Una pena.

 

Y otra reflexión. Da la sensación de que cuando la protagonista es una superheroína todavía hay quien piensa que la película va dirigida exclusivamente al público femenino. Qué error tan enorme. Supergirl es cine de aventuras para cualquiera que disfrute viendo personajes bien construidos, independientemente del sexo del héroe que lleve la capa.

 

Por mi parte, habrá segundo visionado. Hay películas que entretienen. Y otras que, además, consiguen que acabes cogiéndoles cariño a sus cicatrices.

 

Mi puntuación: 8,77/10.

 

 

 

Dirigido por Craig Gillespie:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Minions & Monsters (Animación) – 2026 – Pierre Coffin – #YoVoyAlCine

3/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cantando bajo los plátanos

 

Pierre Coffin vuelve a ponerse al frente de la franquicia que él mismo ayudó a convertir en un fenómeno mundial.

 

Director de Gru, mi villano favorito, Gru 2. Mi villano favorito, Los Minions y también la voz de esos ininteligibles seres amarillos, llevaba tiempo buscando una forma de no repetirse.

 

La encontró viajando al Hollywood de los años veinte y convirtiendo a los Minions en una carta de amor al cine mudo. Y la jugada le sale sorprendentemente bien.

 

 

Cutrecomentario

 

Los Minions ya nos tienen mal acostumbrados. Cada nueva aventura suele garantizar hora y media de carcajadas, caos y plátanos. Pero esta vez han decidido subir la apuesta. Y vaya si la suben.

 

Las expectativas quedan pulverizadas desde los primeros minutos. Minions & Monsters es un no parar de gags, ocurrencias y situaciones delirantes.

 

No hay tiempo para mirar el reloj porque la película no concede ni un segundo de tregua. Va disparada de principio a fin.

 

Aquellos secundarios que nacieron para acompañar a Gru hace ya unos cuantos años se han convertido en auténticas estrellas.

 

Su funcionamiento como grupo sigue siendo el gran secreto de su éxito: el gamberrismo, la torpeza perfectamente organizada, el absurdo elevado a arte y ese lenguaje imposible que, incomprensiblemente, todos acabamos entendiendo.

 

Aquí los protagonistas son James, Henry y Ed, tres Minions bastante peculiares. Son los raritos de la tribu, los marginados, los que no terminan de encajar entre los suyos.

 

Precisamente por eso poseen una personalidad mucho más marcada y acaban resultando irresistibles.

 

James ejerce además como el soñador cinéfilo del grupo, mientras Henry y Ed forman el equipo perfecto para que todo salga… rematadamente mal. 

 

Pero donde Pierre Coffin demuestra que todavía le queda gasolina es en el homenaje al nacimiento del cine. No es un simple guiño. Es una auténtica declaración de amor al séptimo arte.

 

Los Minions se pasean por el cine mudo con una naturalidad pasmosa y aparecen referencias y homenajes a Charles Chaplin, Buster Keaton, Georges Méliès y otros pioneros que harán las delicias de cualquier aficionado. Es una de esas películas que piden un segundo visionado para descubrir todos los detalles que se escapan la primera vez. 

 

Los niños se lo pasarán como salvajes. Eso está garantizado. Pero sospecho que quienes más la van a disfrutar serán los espectadores con algunas canas y muchos clásicos vistos.

 

Recuerdo que una chica joven me comentó una vez que los Minions gustaban especialmente a los ancianos. Me hizo gracia. Ahora, que no me queda un pelo de tonto (ni de listo), empiezo a pensar que tenía toda la razón.

 

Quizá los millennials —o quienes no hayan crecido viendo cine clásico— disfruten menos de esa segunda capa de lectura. Los boomers, en cambio, tenemos aquí un festival de nostalgia servido con plátanos, mamporros y mucho cariño.

 

Jesús, gerente de los Multicines Guadalajara, comentaba que en las primeras proyecciones del estreno el público familiar terminó completamente entregado. Hubo aplausos al finalizar la película y también durante los sketches finales. No me extraña lo más mínimo.

 

Hacía tiempo que una película de animación no me dejaba con tantas ganas de volver a verla al día siguiente. Y eso, en estos tiempos de franquicias exprimidas hasta la última gota, vale su peso en bananas.

 

Mi puntuación: 9.55/10.

 

 

 

Dirigido por Pierre Coffin:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Alcarria TV – Al Cine con Ramón y Diego – 2026-06-24 – Toy Story 5, Viva

3/07/2026

 

 

 

 

 

Programa semanal para radio y televisión dedicado al cine y a las series.

 

Coordinado por José Luis Solano y con la presencia del productor y cinéfilo Diego Gismero y con la del crítico de cine Ramón Bernadó.

 

Espacio grabado en Zoom para Alcarria TV y EsRadio Guadalajara.

 

Se analizan las películas que son estrenadas en los Multicines Guadalajara y las series de todas las plataformas de streaming.

 

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Alcarria TV – Al Médico con Ramón – Los calambres musculares: por qué aparecen, qué significan y cómo evitarlos

3/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Programa semanal para EsRadio Guadalajara y Alcarria TV, presentado por José Luis Solano, con la participación del Dr. Ramón Bernadó.

 

Este profesional con más de cuarenta años de ejercicio nos explica temas relacionados con la salud.

 

Se comenzó a emitir desde Abril de 2020 en plena pandemia.

 

Ha realizado un recorrido por diversas enfermedades, trastornos mentales y adicciones.

 

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Centauros de la Alcarria – 2026-06-26 – Supergirl, obsesiones, Minions, Cine de YouTube… y Ramón con el cuchillo entre los dientes

3/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Centauros de la Alcarria en Nueva Alcarria

 

Podcast de Centauros de la Alcarria

 

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Christy: el combate de su vida – 2025 – David Michôd – Movistar Plus+

24/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

De Euphoria al ojo morado: cuando Hollywood descubre que las actrices también actúan

 

David Michôd es uno de los nombres más interesantes surgidos del cine australiano de las últimas décadas.

 

Debutó con la excelente Animal Kingdom y posteriormente dirigió títulos como The Rover, Máquina de guerra o El rey.

 

Su filmografía suele moverse entre personajes complejos, ambientes hostiles y seres humanos empeñados en tomar malas decisiones una detrás de otra.

 

En Christy: el combate de su vida cambia los reyes medievales por los cuadriláteros de boxeo y los matrimonios tóxicos.

 

 

Cutrecomentario

 

Da la sensación de que el principal objetivo de esta película no es contar la historia de la boxeadora Christy Martin.

 

El principal objetivo parece ser demostrar que Sydney Sweeney sabe actuar.

 

Y, sinceramente, lo consigue.

 

Durante años Hollywood ha explotado la imagen de la actriz como una especie de muñeca perfecta. Ahí está Euphoria para recordarlo cada cinco minutos. Su físico terminaba eclipsando muchas veces su trabajo interpretativo.

 

Así que llega el momento de la transformación.

 

La vieja tradición hollywoodiense.

 

La actriz guapa se afeita el glamour, gana peso, se despeina, se pone ropa fea, se lleva un par de golpes y el mundo descubre que también tiene talento.

 

Lo hicieron antes Charlize Theron en Monster, Nicole Kidman en Las horas y unas cuantas más que comprendieron rápidamente cómo funciona la maquinaria de premios.

 

Aquí Sydney Sweeney abandona por completo la imagen de sex symbol y se convierte en una mujer sometida a una relación profundamente tóxica.

 

Y está francamente bien.

 

Especialmente durante los combates.

 

Las escenas de boxeo transmiten fuerza, energía y una credibilidad física que sorprende bastante.

 

Hay momentos en los que resulta difícil reconocer a la actriz que aparecía paseándose por los pasillos del instituto en Euphoria.

 

El problema es que la película que la rodea no está a la misma altura.

 

Porque esto ya lo hemos visto muchas veces.

 

Demasiadas veces.

 

La deportista que lucha contra la adversidad.

 

El marido abusador.

 

La superación personal.

 

La caída.

 

La recuperación.

 

La redención.

 

La victoria.

 

A los veinte minutos ya se puede escribir el final con bastante precisión.

 

El personaje del marido, interpretado por Ben Foster, tampoco ayuda demasiado a escapar de los clichés. Es tan miserable, tan tóxico, tan manipulador y tan desagradable que parece fabricado en una cadena de montaje especializada en villanos domésticos. No tiene un solo matiz amable. Es una bandera roja con piernas.

 

Más interesante resulta la madre.

 

Porque la película muestra algo menos habitual en este tipo de historias: la figura del familiar que colabora activamente en el abuso. Esa obsesión por guardar las apariencias, por evitar escándalos y por mantener una fachada de normalidad termina convirtiéndola en una pieza fundamental dentro del problema.

 

Mientras tanto, el padre y el hermano parecen vivir en una dimensión paralela bastante alejada de lo que ocurre delante de sus narices.

 

La película va introduciendo algunos personajes secundarios que aportan algo de aire fresco, pero nunca consiguen alterar la sensación general de estar viendo un relato extremadamente previsible.

 

Y ahí está el principal problema.

 

No es mala.

 

Ni mucho menos.

 

Está correctamente interpretada.

 

Está correctamente dirigida.

 

Está correctamente fotografiada.

 

Está correctamente montada.

 

Y precisamente ahí reside parte del problema.

 

Todo es correcto.

 

Nada resulta extraordinario.

 

La sensación de telefilme de prestigio para plataforma es constante.

 

De esas películas que se ven sin esfuerzo un sábado por la tarde, se comentan diez minutos y se olvidan el martes siguiente.

 

Sydney Sweeney sale reforzada del experimento.

 

La película, bastante menos.

 

Al final uno termina convencido de que la actriz tiene más recorrido que el propio filme. Y probablemente esa era la verdadera pelea que había que ganar.

 

Mi puntuación: 4,34/10.

 

 

 

Dirigido por David Michôd:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Normal – 2025 – Ben Wheatley – #YoVoyAlCine

24/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Saul Goodman se muda a Arma fatal y se encuentra con la Yakuza

 

Ben Wheatley es uno de esos directores británicos incapaces de aburrirse haciendo siempre la misma película.

 

En su filmografía conviven propuestas tan peculiares como Kill ListTuristasHigh-RiseFree FireRebecca o Megalodón 2: La fosa.

 

Capaz de pasar del thriller psicológico al cine de acción más desmadrado sin despeinarse demasiado, lleva años demostrando que la palabra “normal” no suele figurar en su diccionario. (Wikipedia)

 

La película se presentó en la sección Midnight Madness del Festival Internacional de Cine de Toronto de 2025 y recibió críticas generalmente positivas. (Wikipedia)

 

 

Cutrecomentario

 

Hay algo fascinante en la transformación de Bob Odenkirk en héroe de acción de jubilación activa.

 

A los 63 años se ha convertido en una especie de primo lejano de John Wick, pero con más pinta de haber venido de hacer la declaración de la renta que de liquidar ejércitos de asesinos. Y funciona.

 

Lo curioso es que en casi todas estas películas ocurre lo mismo: no busca problemas. Los problemas le encuentran a él. Como cuando sales a comprar el pan y acabas discutiendo con Hacienda, la comunidad de vecinos y un comercial de telefonía en la misma mañana.

 

Aquí interpreta a un sheriff provisional que llega a Normal, un pequeño pueblo de Minnesota de menos de 2.000 habitantes. Un lugar idílico donde todo el mundo se conoce, los conflictos consisten en pequeñas discusiones en la ferretería o el supermercado y la vida parece transcurrir a velocidad de siesta digestiva.

 

Le eligen precisamente porque es un tipo conciliador, tranquilo y poco dado a montar follones. Su plan consiste básicamente en no tocar nada, no alterar el ecosistema y disfrutar de una existencia apacible en uno de esos pueblos donde parece que nunca pasa absolutamente nada.

 

Claro que si una película de acción durase noventa minutos viendo a un sheriff rellenar formularios tampoco vendería demasiadas entradas.

 

Desde el principio queda claro que hay algo raro detrás de tanta felicidad. Algo relacionado con la Yakuza japonesa. Y hasta aquí puedo leer porque los spoilers son una plaga peor que los mosquitos en verano.

 

Lo que sí puede decirse es que el bueno de Odenkirk acaba descubriendo que la tranquilidad era una ilusión y que va a tener que desempolvar habilidades que seguramente prefería mantener guardadas.

 

A partir de ahí llegan los tiros, las explosiones, las bombas, las peleas, la violencia exagerada y todo tipo de barbaridades filmadas con un ritmo que no da demasiado tiempo a pensar. Y casi mejor. Porque la película no pretende revolucionar el cine ni convertirse en objeto de estudio universitario.

 

Su objetivo es divertir.

Y lo consigue.

 

Hay algo de Arma fatal, algo de Fargo, algo de Nadie y bastante espíritu de parque de atracciones cinematográfico donde uno se sube, disfruta del viaje y se baja sabiendo perfectamente que probablemente no recordará gran cosa dentro de seis meses.

 

Pero mientras dura, funciona como un reloj.

 

No aporta nada nuevo.

 

No cambiará la historia del cine.

 

No aparecerá en ninguna lista de las mejores películas de la década.

 

Pero qué demonios, me lo he pasado estupendamente.

 

Y a veces eso también cuenta. Mucho más de lo que algunos críticos están dispuestos a admitir.

 

Mi puntuación: 6,77/10.

 

 

 

 

Dirigido por Ben Wheatley:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Parque Lezama – 2026 – Juan José Campanella – Netflix

24/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Dos viejos, dos bancos y una charla que dura más que la trilogía de El Señor de los Anillos

 

Juan José Campanella juega en otra liga dentro del cine argentino.

 

Ganador del Óscar por El secreto de sus ojos, ha firmado títulos tan notables como El hijo de la novia, Luna de Avellaneda, Vientos de agua o Metegol.

 

Además, buena parte de su mejor cine ha contado con la presencia de Eduardo Blanco, uno de sus actores fetiche.

 

En Parque Lezama vuelve a reunirse con él para adaptar al cine una exitosa obra teatral que ya protagonizaban los mismos intérpretes.

 

 

Cutrecomentario

 

La receta parecía infalible.

 

Un director enorme como Juan José Campanella.

 

Dos actores extraordinarios como Eduardo Blanco y Luis Brandoni.

 

Y una obra teatral que había funcionado estupendamente sobre los escenarios argentinos.

 

¿Qué podía salir mal?

 

Pues que una obra de teatro siga pareciendo una obra de teatro cuando la conviertes en película.

 

Porque eso es exactamente lo que ocurre en Parque Lezama.

 

La historia transcurre casi íntegramente entre dos bancos de un parque y un puñado de personajes secundarios que aparecen de forma esporádica para recordar que existe vida más allá de los protagonistas. Y no pasa nada. De hecho, hay películas maravillosas construidas sobre premisas mínimas. El problema es que aquí la cámara parece estar muchas veces de vacaciones.

 

La gran fortaleza de la película son sus intérpretes.

 

Luis Brandoni interpreta a un fabulador profesional, un embaucador simpático, un cuentista de categoría olímpica capaz de reinventarse cada cinco minutos y de presentarse como quien haga falta según la ocasión. Es un personaje lleno de matices y con bastante gracia.

 

Frente a él aparece Eduardo Blanco, que vuelve a demostrar por qué es uno de los actores más fiables del cine argentino. Su personaje es casi la víctima perfecta de todas esas historias, un hombre mucho más débil, más vulnerable y más fácil de manipular.

 

La química entre ambos funciona.

 

Y mucho.

 

De hecho, funciona tan bien que sostiene prácticamente toda la película.

 

El problema es que la película les exige hacerlo absolutamente todo.

 

Porque la imagen queda relegada a un papel secundario. El cine se convierte en un mero acompañamiento visual para una sucesión casi interminable de diálogos. Y ahí es donde empiezan los problemas.

 

Hay espectadores que disfrutan viendo a dos personajes hablar durante hora y media. Yo no estoy entre ellos.

 

Llega un momento en que la película resulta agotadora. No porque los diálogos sean malos. No lo son. Ni porque los actores fallen. Tampoco. El problema es la acumulación. Conversación tras conversación, anécdota tras anécdota, reflexión tras reflexión.

 

Y el parque empieza a parecer más grande que Siberia.

 

Es una de esas películas que se admiran más de lo que se disfrutan.

 

Uno reconoce la calidad de la dirección, la categoría de los actores y la inteligencia del texto. Pero al mismo tiempo mira el reloj con cierta frecuencia y empieza a sospechar que el banco donde están sentados los protagonistas lleva más minutos en pantalla que algunos secundarios de Ben-Hur.

 

Al final queda la sensación de haber asistido a una representación teatral muy bien interpretada, pero no necesariamente a una película que aproveche las posibilidades del cine.

 

Tiene momentos entrañables.

 

Tiene interpretaciones magníficas.

 

Tiene oficio por todas partes.

 

Pero también tiene bastante de losa.

 

Y por mucho que Campanella, Brandoni y Blanco empujen juntos, no siempre consiguen levantarla.

 

Mi puntuación: 4,57/10.

 

 

 

Dirigido por Juan José Campanella:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Chistes y críticas en holasoyramon.com

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Tiempo de victoria – Pressure – Anthony Maras – #YoVoyAlCine

24/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El Mariano Medina de la Segunda Guerra Mundial

 

Anthony Maras vuelve a demostrar que sabe generar tensión en espacios cerrados.

 

El director australiano llamó la atención con Hotel Bombay, aquel intenso thriller sobre los atentados de Mumbai protagonizado por Dev Patel y Armie Hammer, y ahora cambia el terrorismo por la meteorología.

 

También ha dirigido cortometrajes y documentales, aunque sigue siendo Hotel Bombay su obra más conocida.

 

En esta ocasión adapta junto a David Haig la obra teatral Pressure, centrada en uno de los episodios menos conocidos del Día D. (Wikipedia)

 

 

Cutrecomentario

 

Otra película sobre el desembarco de Normandía.

 

A estas alturas uno podría pensar que ya se ha contado absolutamente todo sobre el Día D.

 

Hemos visto soldados desembarcando, generales dando órdenes, espías infiltrados, comandos suicidas, tanques, aviones y hasta perros militares.

 

Faltaba una película sobre el hombre que miraba al cielo.

 

Y precisamente de eso va Tiempo de victoria.

 

Lo primero que hay que reconocer es que la propuesta tiene gracia. Porque en lugar de enseñarnos otra vez a miles de soldados corriendo por la playa bajo una lluvia de balas, el cine británico decide centrarse en algo aparentemente mucho menos cinematográfico: una reunión de meteorólogos discutiendo sobre nubes.

 

Y funciona.

 

El protagonista es James Stagg, interpretado por un magnífico Andrew Scott, un meteorólogo escocés arisco, antipático, huraño y con el carisma de una alcachofa hervida. Pero precisamente ahí está la gracia del personaje.

 

Es un científico que no está para caer bien a nadie. Está para decir lo que cree que va a ocurrir aunque nadie quiera escucharlo.

 

Frente a él aparece Irving Krick, interpretado por Chris Messina, un meteorólogo norteamericano mucho más optimista que basa buena parte de sus previsiones en patrones observados en años anteriores. Vamos, el clásico optimista que siempre piensa que mañana hará sol porque ayer también lo hizo.

 

Entre ambos se desarrolla una batalla intelectual bastante más apasionante de lo que parecía sobre el papel.

 

Por medio aparece Kay Summersby, interpretada por una estupenda Kerry Condon, secretaria de Eisenhower y prácticamente el único personaje capaz de aportar algo de luz y humanidad a una habitación llena de hombres uniformados discutiendo sobre borrascas.

 

Y luego está Brendan Fraser.

 

Resulta curioso verlo convertido en Dwight D. Eisenhower. Atrás queda definitivamente aquel aventurero simpático de La momia.

 

Ahora transmite cansancio, responsabilidad y el peso de saber que cualquier decisión equivocada puede enviar a decenas de miles de hombres a una muerte segura.

 

También aparece Damian Lewis como Bernard Montgomery, aportando esa mezcla de arrogancia y autoridad que tan bien se le da interpretar.

 

La película es esencialmente una guerra de opiniones.

 

No hay grandes escenas de combate. No hay explosiones cada cinco minutos.

 

Lo que hay es un grupo de personas intentando adivinar qué demonios va a hacer el tiempo dentro de unas horas mientras el destino de la guerra depende de ello.

 

Y sorprendentemente genera más tensión que muchas películas bélicas llenas de disparos.

 

Como buena producción británica, todo está realizado con una pulcritud admirable. Decorados, vestuario, maquillaje, fotografía y ambientación transmiten autenticidad.

 

Da gusto ver una película histórica que no parece rodada en una nave industrial de las afueras de Birmingham con cuatro muebles alquilados.

 

Además, aunque formalmente sea un drama bélico, funciona casi como un thriller.

 

Sabemos perfectamente cómo acaba la historia. Todos conocemos el resultado del desembarco de Normandía. Pero aun así consigue mantener el interés durante todo el metraje.

 

Quizá no descubra nada nuevo a los aficionados más veteranos de la Segunda Guerra Mundial. Pero precisamente ahí está parte de su atractivo: contar algo que ya conocemos desde un punto de vista distinto.

 

Porque al final resulta que una de las decisiones más importantes de la historia moderna no dependió de un tanque, ni de un avión, ni de una división acorazada.

 

Dependió de un señor escocés mirando mapas meteorológicos y diciendo algo muy parecido a:

—Yo no saldría mañana sin paraguas.

 

Mi puntuación: 7,66/10.

 

 

 

Dirigido por Anthony Maras:

 

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Hombres de acero – Wasteman – 2025 – Cal McMau – #YoVoyAlCine

24/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Un desperdicio de persona.

 

Cal McMau debuta en el largometraje con Hombres de acero (o mejor dicho, Wasteman, que tiene bastante más sentido).

 

Hasta ahora su trayectoria había estado vinculada principalmente al cortometraje y a la publicidad, y esta película supone su carta de presentación en el cine británico de largo recorrido.

 

El estreno no ha pasado desapercibido: su nombre empezó a sonar con fuerza tras el paso de la película por el Festival de Toronto y por la temporada de premios británica. (Wikipedia)

 

La película obtuvo una nominación al BAFTA a Mejor Debut de un Director, Guionista o Productor Británico para Cal McMau, Hunter Andrews y Eoin Doran.

 

Además, consiguió cinco nominaciones en los British Independent Film Awards, incluyendo interpretaciones para David Jonsson y Tom Blyth, y el propio McMau se llevó el Douglas Hickox Award al mejor director debutante. (FilmAffinity)

 

 

Cutrecomentario

 

Lo primero que llama la atención es el título español. Porque hay que tener imaginación para coger Wasteman, que vendría a significar algo así como “desperdicio humano”, “persona basura” o “inútil de manual”, y transformarlo en Hombres de acero. Es como si a El silencio de los corderos la hubieran estrenado como “Ganaderos valientes”. No tiene absolutamente nada que ver.

 

Y lo curioso es que el título original define perfectamente al protagonista.

 

David Jonsson interpreta a Taylor, un preso que lleva doce años entre rejas y que podría obtener la libertad condicional. Trabaja cortando el pelo a otros internos y echando una mano en la cocina. Es, hablando en plata, un pan sin sal. Un hombre sin iniciativa, temeroso, incapaz de imponerse en un entorno donde la testosterona parece cotizar en bolsa. No es el típico preso cinematográfico que se fabrica pesas con latas de conserva mientras recita a Nietzsche. Es más bien alguien que intenta pasar desapercibido y sobrevivir sin llamar la atención.

 

Su vida cambia por dos motivos. El primero es esa posible salida en libertad. El segundo es la llegada de Dee, interpretado por Tom Blyth, un narco de prisión con más recursos que una multinacional y que rápidamente entra en conflicto con otros capos del módulo.

 

La película vive de la relación entre ambos personajes y funciona sorprendentemente bien. No inventa nada. Absolutamente nada. Hemos visto dramas carcelarios desde hace décadas. Pero aquí hay tensión, violencia, personajes bien construidos y una sensación constante de que todo puede estallar en cualquier momento.

 

Resulta especialmente llamativa la representación de la cárcel. Estamos ante un drama penitenciario muy de 2026. Hay drones repartiendo droga, móviles circulando por las celdas y una actividad comercial que parece más propia de Amazon Prime que de una prisión británica.

 

Aquí conviene suspender un poco la incredulidad. Los guionistas probablemente conocen las cárceles aproximadamente igual que yo conozco la superficie de Marte.

 

El cine penitenciario casi siempre se construye sobre estereotipos.

 

Las prisiones reales suelen ser bastante más aburridas que las de las películas. Pero tampoco vamos a pedirle realismo absoluto a una historia cuya principal obligación es entretener.

Y entretiene.

Mucho.

 

La película avanza como un tren sin frenos. Hay violencia física, violencia psicológica, traiciones y una sensación de peligro constante. Lo mejor es que ni siquiera el supuesto protagonista “bueno” resulta especialmente simpático.

 

Taylor es tan pusilánime, tan incapaz de tomar decisiones y tan dominado por el miedo que cuesta empatizar plenamente con él. Uno entiende sus circunstancias, pero en más de una ocasión dan ganas de darle un par de collejas para que espabile.

 

David Jonsson realiza un trabajo magnífico precisamente porque consigue transmitir toda esa inseguridad sin convertir al personaje en una caricatura. Y Tom Blyth aporta el carisma necesario para que cada escena compartida tenga electricidad.

 

El desenlace guarda además una sorpresa bastante eficaz que termina de redondear el conjunto.

 

No reinventa el género. No descubrirá nada nuevo a quienes hayan visto cine carcelario durante las últimas cinco décadas. Pero está narrada con fuerza, tiene ritmo, cuenta con dos interpretaciones estupendas y mantiene la tensión durante sus noventa minutos.

 

Y una vez terminada la función, sólo queda desearle a Taylor una feliz reinserción social, una vida tranquila lejos de los barrotes y, ya puestos, que el resto de los internos encuentren también el camino correcto.

 

Que para una vez que salimos del cine con vocación rehabilitadora, tampoco es cuestión de desaprovecharlo.

 

Mi puntuación: 7,68/10.

 

 

 

Dirigido por Cal McMau:

 

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El placer es mío – Pour le plaisir – 2026 – Reem Kherici – #YoVoyAlCine

22/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando Harry conoció al Womanizer

 

Reem Kherici es actriz, guionista y directora francesa.

 

Tras hacerse popular delante de las cámaras, dio el salto a la dirección con títulos como París a toda costa, Jour J y No me gustan los hombres, pero sí los gordos.

 

Con El placer es mío se enfrenta a una historia inspirada libremente en la creación del famoso Womanizer, intentando combinar comedia romántica, reivindicación sexual y humor popular.

 

El resultado, al menos sobre el papel, parecía tener posibilidades. En la pantalla ya es otra historia. (AlloCiné)

 

 

Cutrecomentario

 

Hay películas malas.

 

Hay películas muy malas.

 

Y luego está El placer es mío, que parece rodada para demostrar científicamente que una buena idea puede ser destruida con una eficacia casi militar.

 

La premisa no era mala. Ni siquiera era regular. Era una idea que podía haber dado lugar a una comedia inteligente.

 

Una mujer descubre después de veinte años de matrimonio que jamás ha tenido un orgasmo. Su marido, ingeniero electrónico, decide entonces inventar un dispositivo para solucionar el problema.

 

La historia está inspirada libremente en la creación del Womanizer, uno de los juguetes sexuales más vendidos del mundo. 

 

Con semejante punto de partida podían haber salido muchas cosas.

 

Una reflexión divertida sobre la sexualidad en la pareja.

 

Una comedia romántica adulta.

 

Una sátira sobre los tabúes sexuales.

 

Incluso una historia entrañable sobre dos personas que intentan redescubrirse después de veinte años juntos.

 

Pero no.

 

Lo que sale es una película ridícula, absurda, artificial y desesperantemente aburrida.

 

Y lo peor no es que sea mala.

 

Lo peor es que resulta irritante.

 

Cada escena parece escrita cinco minutos antes del rodaje. Los personajes no tienen profundidad, las situaciones no evolucionan, los conflictos aparecen y desaparecen sin dejar huella y la película avanza con la misma energía que una lavadora en modo ahorro.

 

La comedia nunca funciona.

 

Ni una sola vez.

 

Hay sonrisas de compromiso, alguna mueca de incredulidad y muchos momentos en los que uno mira el reloj preguntándose cómo es posible que apenas hayan pasado veinte minutos.

 

El drama tampoco funciona.

 

Porque para que exista drama primero tienen que existir personajes.

 

Y aquí los personajes son poco más que figuras de cartón moviéndose de una escena a otra.

 

La película pretende hablar del placer femenino, de la comunicación en la pareja y de la sexualidad madura, pero lo hace con una superficialidad tan enorme que acaba pareciendo un folleto publicitario alargado hasta el límite de la resistencia humana.

 

Solo se salva Alexandra Lamy.

 

Y ni siquiera porque esté especialmente brillante.

 

Se salva porque es una actriz con talento y experiencia suficiente para no hundirse completamente en semejante naufragio.

 

Hace lo que puede.

 

Que no es mucho.

 

Porque cuando el guion se empeña en dispararse en ambos pies cada diez minutos tampoco existen milagros interpretativos.

 

Del resto del reparto poco puede decirse. Especialmente de François Cluzet, completamente perdido dentro de un personaje que oscila entre la caricatura y el vacío absoluto.

 

Francia produce una enorme cantidad de cine gracias a un potente sistema de ayudas públicas. Cada semana nos llegan estrenos franceses. Entre ellos aparecen auténticas maravillas, algunas películas interesantes y una cantidad nada despreciable de mediocridades.

 

Y luego aparecen casos como este.

 

Películas que parecen preguntarse si realmente hacía falta gastar tiempo, dinero y recursos para existir.

 

La respuesta, en esta ocasión, es bastante sencilla.

No.

No hacía falta.

 

Cero patatero.

Y siendo generoso.

 

Mi puntuación: Cero patatero/10.

 

 

 

Dirigido por Reem Kherici:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Bajo el mismo sol – 2026 – Ulises Porra – #YoVoyAlCine

22/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando Fitzcarraldo quiso criar gusanos de seda en el Caribe… y se quedó sin gasolina

 

Ulises Porra es un director y guionista catalán que ha desarrollado buena parte de su carrera en Latinoamérica.

 

Antes de debutar en solitario con Bajo el mismo sol codirigió Tigre (2017) y Carajita (2021) junto a Silvina Schnicer, dos películas que tuvieron una notable presencia en festivales internacionales.

 

También participó como coguionista en Acusada (2018), presentada en competición oficial en Venecia.

 

Con esta película vuelve a moverse en terrenos históricos y culturales complejos, apostando por una producción ambiciosa rodada en República Dominicana y España. (Festival de Biarritz Amérique Latine)

 

 

Premios y festivales

 

La película tuvo su estreno mundial en la sección Centrepiece del Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF) y posteriormente pasó por el Festival de Biarritz, donde obtuvo el Premio del Jurado, el Premio del Sindicato Francés de la Crítica de Cine y el Premio de Biarritz.

 

También fue seleccionada en el Festival de Sevilla y recibió una mención especial de la crítica uruguaya en Punta del Este. (Habanero Film Sales)

 

 

Cutrecomentario

 

Sobre el papel, Bajo el mismo sol tenía muchas papeletas para funcionar.

 

Porque no todos los días aparece una película que plantea la creación de una industria de gusanos de seda en plena selva de La Española a comienzos del siglo XIX. Ya solo por la premisa uno piensa que puede salir una especie de mezcla imposible entre Fitzcarraldo, una novela de aventuras coloniales y un documental de historia económica.

 

Además, la película reúne un trío protagonista que podría haber dado bastante juego: un haitiano desertor, una experta tejedora china y un joven español interpretado por David Castillo, al que muchos seguimos asociando inevitablemente a Jonathan de Aída. El choque cultural está servido desde el minuto uno.

 

Y visualmente tampoco arranca mal. La fotografía aprovecha muy bien los exteriores y la exuberancia de los paisajes caribeños. Da la sensación de que buena parte del rodaje se realizó en escenarios naturales que aportan autenticidad y presencia física a la historia. La selva, el barro, los ríos y la humedad casi se pueden tocar.

 

El problema es que una película no vive solo de una buena idea ni de unos paisajes bonitos.

 

Lo que termina llegando a la pantalla es un relato excesivamente moroso, reiterativo y sorprendentemente plomizo para todo lo que cuenta.

 

Hay secuencias enteras que parecen empeñadas en demostrar que el tiempo es relativo. Uno mira el reloj, vuelve a mirar y descubre que apenas han pasado tres minutos.

 

La narración avanza a trompicones, repitiendo constantemente los mismos conflictos y las mismas tensiones entre personajes sin que realmente evolucionen demasiado.

 

La sensación es que la película tiene material para noventa minutos y decide estirarlo como un chicle hasta superar ampliamente esa duración.

 

De vez en cuando aparece el arzobispo y consigue insuflar algo de vida a la función. Son de los pocos momentos donde la película parece despertar del letargo y recordar que existe cierta tensión dramática en marcha.

 

También resulta llamativo que los franceses aparezcan prácticamente como los villanos oficiales de la historia. Cada vez que surge un francés por pantalla, el espectador ya sabe que probablemente no viene a repartir abrazos precisamente.

 

Y es una lástima. Porque detrás de la película se percibe una ambición sincera, una reconstrucción histórica poco habitual y una propuesta diferente dentro del cine español reciente. Hay ideas, hay contexto histórico, hay multiculturalidad y hay elementos suficientes para construir una gran aventura humana.

 

Pero al final todo queda enterrado bajo un ritmo cansino que termina asfixiando el interés.

 

Una pena.

 

Una pena, penita, pena.

 

Mi puntuación: 2,53/10.

 

 

 

Dirigido por Ulises Porra:

 

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Centauros de la Alcarria – 2026-06-19 – Vuelve Ramon para hablar de Spielberg, Julián nos trae sus Seis Grados y conocemos La Plaza Vacía

22/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Centauros de la Alcarria en Nueva Alcarria

 

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Viva – 2026 – Aina Clotet – #YoVoyAlCine

20/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Viva o cómo sobrevivir y complicarse la vida con entusiasmo

 

Aina Clotet debuta en la dirección de largometrajes con Viva, una película que también protagoniza y que presentó en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes 2026.

 

Hasta ahora la conocíamos principalmente por su carrera como actriz en trabajos como La fossa, Esto no es Suecia o Vida perfecta.

 

En esta ocasión da el salto detrás de la cámara con una propuesta muy personal escrita junto a Valentina Viso, mezclando drama, comedia, crisis existenciales, deseo sexual y miedo a la muerte en una especie de cóctel emocional tan caótico como su protagonista. (El País)

 

La película obtuvo en Cannes el Premio Revelación de la Semana de la Crítica para Aina Clotet por su interpretación de Nora, reconocimiento que supuso uno de los grandes éxitos españoles del certamen. (El País)

 

 

Cutrecomentario

 

Confieso desde el principio que soy absolutamente incapaz de ser objetivo con Aina Clotet.

 

Desde que vi Esto no es Suecia me ganó por completo. Luego llegaron entrevistas, declaraciones y apariciones públicas que reforzaron la impresión: una persona inteligente, interesante y además tremendamente carismática. Así que probablemente cualquier cosa que haga partirá para mí con cierta ventaja.

 

Y quizá por eso la decepción ha sido un poquito mayor de lo esperado.

 

La protagonista de la historia es Nora, una mujer que ha sobrevivido a un cáncer y que, tras mirar a la muerte de frente, entra en una especie de huracán emocional permanente. No sabe exactamente qué quiere, ni a quién quiere, ni siquiera quién es. Vive atrapada en una montaña rusa de impulsos, deseos, contradicciones y decisiones discutibles.

 

Y lo curioso es que la propia película acaba adoptando esa misma personalidad.

 

Viva cambia constantemente de registro. A veces parece una comedia costumbrista con ecos berlanguianos. Otras veces se sumerge en un drama durísimo sobre la enfermedad, la soledad o el miedo al futuro. Luego vuelve a girar hacia situaciones absurdas. Después regresa al dolor. Y así durante buena parte del metraje.

 

Hay espectadores que encontrarán fascinante esa mezcla de tonos. Otros acabarán agotados.

 

Yo he estado un poco en ambos grupos.

 

Porque la película resulta alternativamente estimulante e irritante. Hay escenas brillantes y otras que parecen empeñadas en poner a prueba la paciencia del espectador. Pero incluso cuando falla, resulta difícil apartar la mirada.

 

Gran parte de la culpa la tiene Aina Clotet.

 

Su interpretación es absolutamente desbordante. Nora es un personaje lleno de grietas, contradicciones, inseguridades, impulsos y cambios de humor. Puede resultar maravillosa en una escena y desesperante en la siguiente. Puede generar empatía y rechazo prácticamente al mismo tiempo.

 

Y precisamente por eso funciona.

 

Porque no parece un personaje escrito para caer bien. Parece una persona.

 

Hay momentos donde la actriz transmite una vulnerabilidad enorme y otros donde la energía emocional arrasa la pantalla. El premio obtenido en Cannes me parece completamente justificado.

 

Mi principal problema es otro.

 

Por alguna razón me había construido mentalmente la idea de que iba a encontrar una comedia mucho más marcada. Quizá por algunos comentarios previos o quizá porque quería verla así. Y la realidad es que el drama domina claramente la función.

 

La comedia existe, sí.

 

Sobre todo gracias a los padres de Nora, que aportan algunos de los momentos más divertidos de la película.

 

Pero el corazón de la historia es profundamente dramático.

 

Y hay un aspecto que me chirrió especialmente.

 

La representación de algunos pacientes depresivos que acuden a consulta con la madre de Nora, psiquiatra de profesión. Entiendo perfectamente la intención satírica de ciertas escenas, pero personalmente me resultó incómodo el tono de caricatura con el que se aborda en algunos momentos la depresión.

 

Quizá porque pocas enfermedades me parecen tan devastadoras como esa.

 

Y porque cuando uno ha visto de cerca lo que puede llegar a hacer una depresión severa, le cuesta encontrarle la gracia.

 

Dicho esto, el balance final es claramente positivo.

 

Viva es una película imperfecta. A ratos excesiva. A veces caótica. En ocasiones frustrante.

 

Pero también está viva.

 

Muy viva.

 

Y probablemente ese era exactamente el objetivo de Aina Clotet. Conseguir que la película respirase con la misma intensidad, los mismos defectos y las mismas contradicciones que su protagonista.

 

No siempre lo consigue.

 

Pero cuando lo hace, resulta imposible no dejarse arrastrar por ella.

 

Mi puntuación: 6,68/10.

 

 

 

Dirigido por Aina Clotet:

 

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