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Novecento (1900) – 1976 – Bernardo Bertolucci – Prime Vídeo

5/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

 

Novecento (1900) (1976) – Cinco horas de película… o cómo hacer un máster en lucha de clases sin apuntes

 

 

🎬 El director (cuatro líneas, que si no se nos va a seis horas también)

 

Bernardo Bertolucci no dirigía películas, dirigía experiencias vitales con pretensiones filosóficas.

 

Venía de firmar El conformista (1970) y de escandalizar medio planeta con El último tango en París (1972), así que cuando se puso con Novecento (1900) ya sabía perfectamente que lo suyo era provocar y pensar a lo grande.

 

Más tarde remataría la jugada con El último emperador (1987), que le dio nueve Óscar. Vamos, que el hombre alternaba polémicas y premios como quien cambia de camisa.


 

 

🏆 Premios y nominaciones

 

Novecento (1900) no fue una película de grandes premios tipo Óscar (entre otras cosas, por su duración y su complicado encaje comercial), pero sí tuvo reconocimiento crítico y presencia en festivales internacionales.

 

Destaca su participación en el Festival de Cannes de 1976 (fuera de competición), donde ya dejó claro que aquello no era una película más, sino un artefacto cinematográfico de dimensiones poco habituales.

 

Con los años, su prestigio ha crecido hasta ser considerada por muchos como una obra clave del cine europeo.


 

 

📝 Cutrecomentario (o intento de resumir lo inabarcable)

 

Novecento (1900) es, probablemente, una obra maestra… y desde luego una obra descomunal.

 

Bertolucci se toma su tiempo —y cuando digo su tiempo, digo el tuyo también— para contarnos algo que en otras manos duraría dos horas y aquí se convierte en una especie de epopeya rural con ideología incluida.

 

La cosa va de tres formas de estar en el mundo.

 

Por un lado, Robert De Niro como Alfredo Berlinghieri, terrateniente de cuna, heredero de privilegios y, siendo finos, un parásito social con traje elegante.

 

Por otro, Gérard Depardieu como Olmo Dalcò, campesino, proletario de manual, alguien que no hereda nada salvo callos en las manos y jornadas interminables.

 

Y luego está el personaje fascista, ese elemento violento y necesario —según nos cuenta la película— para que el sistema no cambie nunca, para que todo siga exactamente igual aunque el mundo se caiga a pedazos.

 

Lo que hace Bertolucci no es solo contar una historia: es retratar una época de Italia, la del auge del fascismo, estructurada además en cuatro estaciones, como si el calendario también tuviera ideología.

 

Pero en el fondo lo que late es la lucha de clases de toda la vida, la tensión entre los que tienen todo y los que no tienen nada, y cómo el sistema se organiza para que eso no cambie. Vamos, que Karl Marx habría salido del cine diciendo: “correcto, pero un poco larga”.

 

La película está llena de momentos brillantes.

 

La fotografía de Vittorio Storaro es directamente una barbaridad: cada plano parece pintado con mimo.

 

Y la música de Ennio Morricone (sí, ese Morricone) acompaña todo con una elegancia que te hace olvidar que llevas tres horas sentado… hasta que miras el reloj y te das cuenta de que todavía queda media película.

 

Y ojo al reparto femenino: Stefania Sandrelli y Dominique Sanda están estupendas, dando cuerpo a personajes complejos dentro de un mundo bastante masculino y bastante brutal.

 

Y luego aparece Burt Lancaster al principio, que parece sacado directamente de El gatopardo (1963) de Luchino Visconti, como si su personaje hubiera decidido seguir viviendo unos años más en otra película. Un cameo con pedigree.

 

Todo sucede prácticamente en el mismo escenario: esas fincas rurales donde el campesinado malvive y los ricos, bastante depravados en general, mantienen su estatus sin demasiados remordimientos. Es un microcosmos que sirve para explicar un país entero.

 

Y luego está la experiencia personal. Volver a ver Novecento (1900) es reencontrarte con una película que recuerdas a trozos, a escenas sueltas, a sensaciones. En España, muchos la vimos proyectada en dos partes, allá por principios de los 80, como si fuera una miniserie antes de que existieran las miniseries. Y no era mala idea, porque verla del tirón exige más resistencia que una etapa del Tour.

 

Una película inmensa, excesiva, brillante, incómoda y, sí, tremendamente larga. Pero de esas que justifican por qué el cine, a veces, puede aspirar a contar el mundo entero. Aunque te deje sin palomitas a mitad de camino.

 

Mi puntuación: 9,78/10.

 

 

 

Dirigido por Bernardo Bertolucci:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

Novecento (1900) (1976) – El siglo XX según Bertolucci… con pausa para cenar (y desayuno)

 

Si alguien te dice que ha visto Novecento (1900) del tirón, no le preguntes si le ha gustado: pregúntale si ha sobrevivido. Bernardo Bertolucci no rodó una película, rodó una especie de vida paralela con intermedio largo y digestión complicada.

 

Para empezar, la versión original sin cortes se va a las cinco horas y diecisiete minutos. Una cosa manejable, lo típico para una tarde ligera… si esa tarde dura medio día. Y claro, en ese metraje cabe de todo: escenas más crudas que en el montaje internacional, violencia sin edulcorar, sexo explícito (sin cortinillas ni fundidos pudorosos) y hasta la polémica presencia de muertes reales de animales, algo que hoy provocaría un escándalo de dimensiones bíblicas. Entre todo ese material hay una escena especialmente comentada —por decirlo fino— en la que coinciden Alfredo, Olmo y Neve, y que deja al espectador en ese territorio incómodo donde uno no sabe si mirar o pedir un vaso de agua.

 

El reparto tampoco salió indemne. Donald Sutherland, que interpreta al sádico fascista Atila, se llevó el personaje tan lejos que luego no quiso saber nada de él. De hecho, tras verse en pantalla, no pudo volver a ver la película durante años. No es que no le gustara su trabajo: es que le dio auténtico repelús. Pocas veces un actor consigue que su mayor enemigo sea él mismo.

 

En lo narrativo, Bertolucci jugó a ser poeta sin que se notara demasiado. Estructuró la película siguiendo las estaciones del año: la infancia es verano, la madurez llega en otoño, el ascenso del fascismo congela todo en invierno y el final de la Segunda Guerra Mundial florece en primavera. Vamos, que mientras uno intenta no perder el hilo entre terratenientes, campesinos y revoluciones, el director te está colando un calendario simbólico de esos que luego quedan muy bien en los libros de cine.

 

Claro, tanta ambición tenía un problema: los productores. La versión internacional que circuló en su momento se quedó en unas tres horas y media, que ya es larga, pero para Bertolucci era poco menos que una mutilación. Él mismo se encargó del recorte para evitar que otros hicieran un destrozo mayor, porque los estudios querían todavía menos metraje. Y por si fuera poco, tampoco le hizo ninguna gracia el título en inglés, “1900”. Para él, “Novecento” no era un número: era una declaración de intenciones, un retrato del siglo XX entero. Vamos, que le cambiaron el nombre a su criatura y encima le recortaron las piernas. Un drama casi tan grande como el de la propia película.

 

 

Y luego está la famosa escena con Gérard Depardieu, Robert De Niro y Stefania Casini, que tiene más historia fuera de cámara que dentro. Casini lo contaba con bastante naturalidad: ella no tenía problema con el desnudo, lo veía como algo bello, casi artístico. Los que lo pasaron peor fueron ellos, los dos pesos pesados masculinos. Según ella, para un hombre es más complicado exponerse así, por razones… digamos… de logística. Bertolucci, encantado: le fascinaba llevar a sus actores al límite, sacarles de la zona de confort y ver qué pasaba. Y lo que pasaba, claro, era esto.

 

Al final, Novecento (1900) es una de esas películas que no se explican, se atraviesan. Un fresco histórico, político y humano de dimensiones descomunales, rodado con la ambición de quien quiere contarlo todo… absolutamente todo. Y lo consigue, vaya si lo consigue. Otra cosa es que el espectador llegue al final con la misma energía con la que empezó.

 

Si decides verla, consejo de amigo: planifica bien el día. Y la cena. Y el desayuno del día siguiente. Porque salir, sales… pero no igual.

 

 

 

 

 

Bernardo Bertolucci: el poeta que quiso filmar el siglo (y de paso incomodarnos a todos)

 

Hablar de Bernardo Bertolucci es hablar de un tipo que nunca entendió el cine como entretenimiento ligero. Lo suyo era otra liga: hacer películas como quien escribe novelas-río, mezclar política con sexo, poesía con ideología y, de paso, meterte en un lío moral del que no sales igual. Vamos, un director de los que no se ponen de fondo mientras planchas.

 

Nació en 1941 en Parma, en una familia con pedigree cultural. Su padre, Attilio Bertolucci, era poeta. Eso ya te marca: en vez de jugar al balón, el chaval crece entre versos, intelectuales y debates que seguramente no eran precisamente sobre el último partido del Parma. De hecho, antes de coger una cámara, Bertolucci ya escribía poesía. Luego se pasó al cine… pero nunca dejó de filmar como si estuviera escribiendo un poema.

 

Su entrada en el cine no fue precisamente por la puerta de atrás. Con poco más de veinte años ya estaba colaborando con Pier Paolo Pasolini, otro que tampoco era precisamente de los tranquilos. Trabajó como ayudante en Accattone y de ahí saltó a dirigir su primera película, La commare secca (1962). Desde el principio se notaba que había talento, pero también cierta tendencia a complicarse la vida.

 

El gran despegue llegó con El conformista (1970), una obra que hoy sigue siendo un referente visual. Ahí ya aparece el Bertolucci que marcaría su carrera: obsesión por el poder, la identidad, la política y una estética tan cuidada que casi duele. La historia de ese hombre que se somete al fascismo para encajar es, en el fondo, una radiografía incómoda de cómo funciona el ser humano cuando tiene miedo a ser diferente. Y sí, ya empezaba a incomodar, que luego sería marca de la casa.

 

 

Pero si hay una película que lo colocó en el mapa mundial (y también en el ojo del huracán) fue El último tango en París (1972). Protagonizada por Marlon Brando y María Schneider, la película se convirtió en un escándalo monumental. No solo por su contenido sexual explícito, sino por la famosa escena de la mantequilla, que décadas después generó una polémica enorme por cómo se rodó. Aquí conviene decirlo claro: el mito del genio también tiene sombras, y Bertolucci cargó con críticas muy serias por decisiones que hoy serían directamente inaceptables. Su cine podía ser fascinante, sí, pero también profundamente problemático.

 

Lejos de achantarse, en 1976 se lanzó a por su gran obra total: Novecento (1900). Una película gigantesca, en todos los sentidos. Cinco horas largas para contar la historia de Italia a través de dos personajes, uno rico y otro pobre, interpretados por Robert De Niro y Gérard Depardieu. Aquí Bertolucci se desata: política, lucha de clases, sexo, violencia… todo cabe. Es su visión del siglo XX, sin filtros y sin prisa. Una película que no se ve, se atraviesa. Y que resume perfectamente su obsesión: el cine como herramienta para entender la historia y al ser humano, aunque duela.

 

En los años 80 dio un giro que nadie esperaba. Con El último emperador (1987) se fue a China y firmó una superproducción que le valió nueve premios Óscar, incluyendo mejor película y mejor director. La historia de Puyi, el último emperador chino, le permitió combinar su mirada política con un despliegue visual espectacular. Y aquí viene lo curioso: el mismo director que había escandalizado medio mundo con El último tango en París se convertía en el niño bonito de Hollywood. Cosas del cine.

 

Pero Bertolucci no era de acomodarse. Después vinieron películas como El cielo protector (1990), con ese aire existencialista en el desierto, o Pequeño Buda (1993), donde se metía en terrenos espirituales. Y en 2003 regresó a su terreno favorito con Soñadores, una película que mezcla cinefilia, política y despertar sexual en el contexto del Mayo del 68 en París. Aquí vuelve el Bertolucci provocador, el que juega con los límites y con la mirada del espectador, el que te hace sentir un poco incómodo mientras disfrutas de lo que estás viendo.

 

Su estilo es inconfundible. Visualmente, sus películas son una barbaridad: composición de planos, uso del color, movimientos de cámara… todo está pensado al milímetro. Pero no es solo estética. En el fondo, siempre hay una pregunta incómoda: ¿qué hacemos con el poder, con el deseo, con la ideología? Sus personajes están constantemente en conflicto, atrapados entre lo que quieren y lo que la sociedad espera de ellos.

 

Ideológicamente, Bertolucci fue siempre un cineasta comprometido. Su relación con el marxismo, su visión crítica del fascismo y su interés por las estructuras de poder atraviesan toda su filmografía. Pero no lo hace desde el panfleto, sino desde lo humano, desde personajes llenos de contradicciones. Nadie sale limpio en sus películas, y eso las hace más interesantes… y también más incómodas.

 

En sus últimos años, problemas de salud lo alejaron del ritmo frenético de rodaje. Aun así, volvió con Io e te (2012), una película más pequeña, más íntima, casi como un susurro después de tantos gritos. Fue su despedida cinematográfica. Falleció en 2018, dejando una filmografía que sigue generando debate.

 

Porque ese es, al final, el legado de Bernardo Bertolucci: un cine que no te deja tranquilo. Un cine que mezcla belleza y polémica, inteligencia y exceso, poesía y provocación. Un cine que, para bien o para mal, no se olvida.

 

Y eso, en los tiempos del “la veo y la olvido mientras miro el móvil”, tiene bastante mérito.

 

 

 

 

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Muchos besos y muchas gracias.

¡Nos vemos en el cine!

 

 

 

Chistes y críticas en holasoyramon.com

Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

 

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Al médico con Ramón – Hantavirus: el virus “de los ratones” que no conviene subestimar (y que se esconde en el polvo)

5/05/2026

 

 

 

 

 

 

Hantavirus: el virus “de los ratones” que no conviene subestimar (y que se esconde en el polvo)

 

El hantavirus no es un virus de esos que ves venir. No hace ruido, no da titulares diarios y no se transmite como los virus “sociales” tipo gripe o COVID.

 

Pero tiene una mala leche considerable: es raro, sí, pero cuando aparece puede ser muy serio.

 

Y además tiene una peculiaridad inquietante: su reservorio son roedores aparentemente sanos.

 

Es decir, el problema no es el ratón enfermo… es el ratón de toda la vida, el que pasa desapercibido.

 

Vamos a poner orden en todo esto, sin dejarnos nada.


 

 

¿Qué es el hantavirus?

El hantavirus no es un único virus, sino un grupo dentro de la familia Hantaviridae. Según la zona del mundo, cambia la variante y, lo más importante, cambia la enfermedad que produce.

 

A grandes rasgos:

 

  • En Europa y Asia suele provocar una fiebre hemorrágica con afectación renal

  •  
  • En América puede provocar un síndrome pulmonar grave

  •  

En España existen hantavirus, pero los casos son muy poco frecuentes. Vamos, que no es algo del día a día, pero tampoco es ciencia ficción.


 

 

¿De dónde sale?

 

El virus vive en roedores (ratones, ratas de campo, topillos…). Y aquí está el detalle clave: estos animales no enferman de forma evidente. Están tan tranquilos mientras eliminan el virus continuamente por:

  • orina

  • heces

  • saliva

Es decir, van dejando un rastro invisible.

 

Con el paso del tiempo, esos restos se secan. Y cuando se secan, se fragmentan en partículas microscópicas que pueden quedar suspendidas en el aire. Y ahí es donde empieza el problema de verdad.


 

 

 

El mecanismo real de transmisión (la clave de todo)

 

El hantavirus no se contagia “de persona a persona” en condiciones normales. No va de estornudos ni de besos. Va de polvo.

 

La secuencia típica es esta:

 

👉 roedores eliminan el virus


👉 los restos se secan


👉 se convierten en partículas microscópicas


👉 se levantan con el polvo


👉 tú inhalas ese polvo

 

Y listo. El virus entra por vía respiratoria sin que te enteres.

 

No es magia. Es física básica… con muy mala idea.


 

 

 

Ejemplos muy típicos (y bastante reales)

 

Para entenderlo bien, mejor poner escenas que todos reconocemos:

 

El trastero olvidado del pueblo

 

Llegas después de meses. Abres la puerta. Huele a cerrado. Ves señales de ratones.

 

Te pones a barrer como si estuvieras en una peli del oeste.
Error de manual.

 

Al barrer en seco levantas una nube invisible de partículas contaminadas. Si ahí había hantavirus, acabas de hacer una inhalación directa.


 

 

La casa rural cerrada todo el invierno

 

Otro clásico.

 

Meses cerrada, con roedores entrando y saliendo. Cuando abres:

 

  • polvo acumulado

  •  
  • restos secos

  •  
  • superficies contaminadas

  •  

Si te lanzas a limpiar sin ventilar ni protegerte, estás respirando todo lo que se ha acumulado.


 

 

Trabajos agrícolas o de campo

 

Mover paja, limpiar graneros, manipular leña almacenada…

 

No hace falta ver al ratón. Basta con que haya estado antes.


 

 

Dormir en refugios o cabañas abandonadas

 

En senderismo pasa más de lo que parece.

 

Un sitio aparentemente limpio puede tener contaminación invisible.
El virus no avisa.


 

 

¿Qué pasa dentro del cuerpo cuando lo inhalas?

 

El virus entra por las vías respiratorias, llega a los pulmones y puede pasar al torrente sanguíneo.

 

Tiene afinidad por el endotelio (las células que recubren los vasos sanguíneos).
¿Resultado?

 

  • aumento de la permeabilidad vascular

  •  
  • fuga de líquido

  •  
  • daño en órganos

  •  

En el caso pulmonar, esto se traduce en edema: los pulmones se llenan de líquido. Y por eso alguien puede pasar de “parece gripe” a “no puedo respirar” en pocos días.


 

 

Hantavirus or Hanta Virus outbreak as a zoonotic RNA virus transmitted by infected rodents causing severe respiratory and hemorrhagic diseases in humans as pneumonia as a dangerous viral pathogen.

 

¿Cómo se contagia exactamente?

 

Principalmente:

 

  • inhalación de aerosoles contaminados (la vía más importante)

  •  
  • contacto con superficies contaminadas (si luego te llevas las manos a la boca o nariz)

  •  
  • más raramente, mordedura

  •  

En América, algunas variantes pueden transmitirse entre personas, pero es excepcional.


 

 

Lo que NO es contagio por hantavirus (muy importante)

 

Aquí se equivoca mucha gente.

 

El hantavirus no funciona como los virus respiratorios habituales.

 

No se contagia:

 

  • por dar la mano

  •  
  • por abrazar o besar

  •  
  • por compartir cubiertos

  •  
  • por estar cerca de una persona enferma (en Europa, prácticamente nunca)

  •  
  • por el aire en condiciones normales urbanas

  •  

No hay transmisión comunitaria tipo gripe.


 

 

¿Entonces nunca hay contagio entre personas?

 

Casi nunca.

 

  • En Europa y Asia: no hay transmisión persona a persona

  •  
  • En América (algunas cepas): puede ocurrir, pero es rara y en contactos muy estrechos

  •  

Nada de epidemias sociales. Este virus juega en otra liga.


 

 

Cosas que generan confusión

 

Hay tres situaciones típicas:

 

  • “Me mordió un ratón”: posible, pero poco frecuente

  •  
  • “Toqué algo sucio”: solo hay riesgo si luego te llevas las manos a mucosas

  •  
  • “Había ratones y me contagié”: no, el problema es lo que respiraste


 

 

El papel del entorno

 

Esto es clave:

 

  • En exteriores → riesgo muy bajo

  •  
  • En espacios cerrados → riesgo mucho mayor

  •  

Porque en sitios cerrados el polvo se acumula.
En el exterior, el aire lo dispersa.


 

 

El error más común

 

Barrer en seco.

 

Es básicamente convertir el suelo en un aerosol infeccioso.

 

Por eso siempre se recomienda:

 

  • ventilar antes

  •  
  • humedecer superficies

  •  
  • usar desinfectante


 

 

 

¿Qué enfermedades produce?

 

Depende de la zona del mundo.

 

Síndrome pulmonar por hantavirus (América)

 

Empieza como una gripe:

 

  • fiebre

  •  
  • dolores musculares

  •  
  • cansancio

  •  

Y en pocos días puede evolucionar a:

 

  • dificultad respiratoria grave

  •  
  • edema pulmonar

  •  
  • shock

  •  

Mortalidad: puede alcanzar el 30-40%.


 

 

Fiebre hemorrágica con síndrome renal (Europa y Asia)

 

Más habitual aquí y generalmente menos grave:

 

  • fiebre

  •  
  • dolor lumbar

  •  
  • afectación renal

  •  
  • a veces sangrados

  •  

Mortalidad baja en Europa (habitualmente menos del 1%).


 

 

Incubación

 

Desde la infección hasta los síntomas:

 

👉 entre 1 y 5 semanas

 

Eso hace difícil identificar el momento exacto del contagio.


 

 

Diagnóstico

 

Se basa en:

 

  • sospecha clínica (síntomas + exposición)

  •  
  • análisis de sangre (serología o PCR)

  •  

Suele hacerse en entorno hospitalario.


 

 

Tratamiento

 

Aquí no hay magia:

 

👉 no existe un antiviral específico eficaz universalmente

 

Se hace tratamiento de soporte:

 

  • oxígeno o ventilación

  •  
  • control de líquidos

  •  
  • soporte hemodinámico

  •  

En algunos casos se usa ribavirina, con resultados variables.


 

 

Prevención (lo que realmente funciona)

 

Aquí sí hay margen:

 

  • ventilar espacios cerrados antes de entrar

  •  
  • no barrer en seco
  •  
  • limpiar con lejía diluida

  •  
  • usar guantes y mascarilla en entornos de riesgo

  •  
  • evitar contacto con roedores

  •  

Traducido: nada de hacerse el héroe limpiando un trastero lleno de polvo sin protección.


 

 

¿Es frecuente?

 

No.

 

  • En España: muy raro

  •  
  • En Europa: pocos casos

  •  
  • En América: más frecuente, pero sigue siendo poco común

  •  

Eso sí, cuando aparece, se le hace caso.


 

 

¿Debo preocuparme?

 

En la vida diaria, no.

 

Pero conviene tener respeto si:

 

  • trabajas en el campo

  •  
  • limpias espacios cerrados con posible presencia de roedores

  •  
  • estás en entornos rurales


 

 

Resumen rápido (versión café)

 

Virus de roedores.


Se transmite al inhalar polvo contaminado.


No se contagia entre personas en condiciones normales.


Puede ser grave.


La prevención es clave.


 

 

Cierre

 

El hantavirus es un virus discreto pero traicionero. No necesita multitudes ni contactos sociales. Solo necesita algo tan banal como polvo mal levantado.

 

No es el típico “me lo pegó alguien”.
Es más bien: lo respiré sin darme cuenta.

 

Vamos, que aquí el enemigo no estornuda…
se queda quieto esperando a que tú barras.

 

 

 

 

Bibliografía recomendada

 

  • Centers for Disease Control and Prevention (CDC). About Hantavirus / Hantavirus Disease. Información sobre transmisión, clínica, prevención y limpieza segura de espacios contaminados por roedores.
  •  
  • European Centre for Disease Prevention and Control (ECDC). Hantavirus infection / Ortho­hantavirus infections factsheet. Muy útil para el enfoque europeo: virus Puumala, Dobrava-Belgrade, transmisión, prevención y epidemiología.
  •  
  • ECDC. Hantavirus infection — Annual Epidemiological Report for 2023. Datos europeos recientes: en 2023 se notificaron 1.885 casos en la UE/EEE, con Finlandia y Alemania concentrando buena parte de ellos.
  •  
  • Manual MSD, versión profesional. Infección por hantavirus. Revisión clínica clara sobre formas renales y pulmonares, diagnóstico, tratamiento y pronóstico.
  •  
  • Manual MSD, versión para público general. Infección por hantavirus. Buena fuente para explicar síntomas y tratamiento en lenguaje más accesible.
  •  
  • World Health Organization (WHO). Información sanitaria general y comunicados sobre brotes. Útil como fuente institucional para vigilancia internacional y riesgo poblacional.
  •  
  • Reuters. WHO says risk public is low after suspected hantavirus outbreak hits ship. Noticia reciente sobre el brote sospechoso en el buque MV Hondius, útil si quieres añadir una entradilla de actualidad.
  •  
  • The Guardian. What is hantavirus, the infection thought to have killed three on cruise ship? Resumen divulgativo reciente con distinción entre hantavirus del Viejo Mundo y del Nuevo Mundo.

 

 

(Artículo redactado, según mis indicaciones, por IA y posteriormente corregido y modificado por holasoyramon)

 

 

 

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Al Médico con Ramón – Homeopatía: cuando el agua tiene memoria, pero la ciencia no se acuerda de haberla aprobado

3/05/2026

 

 

 

 

 

 

Homeopatía: cuando el agua tiene memoria, pero la ciencia no se acuerda de haberla aprobado

 

 

El informe de Sanidad que pone negro sobre blanco una vieja sospecha: la homeopatía no cura más allá del placebo

 

Durante décadas, la homeopatía ha vivido en una especie de balneario conceptual: ni dentro del todo de la medicina, ni fuera del todo del mercado sanitario.

 

En las farmacias ocupaba estantería, en algunas consultas ocupaba tiempo, en muchos hogares ocupaba esperanza y en el debate público ocupaba ese terreno pantanoso donde la frase “a mí me funciona” suele entrar con más fuerza que un ensayo clínico aleatorizado. Que ya es entrar.

 

El nuevo informe de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, dependiente del Ministerio de Sanidad, ha venido a decir algo muy claro: no existe evidencia científica publicada que avale la eficacia de la homeopatía como tratamiento terapéutico, y los efectos observados son comparables al placebo.

 

El documento, titulado Homeopatía y productos homeopáticos. Evaluación de las evidencias acerca de su eficacia y seguridad, revisa 64 revisiones sistemáticas publicadas desde 2009 y concluye que la evidencia disponible no permite recomendar productos homeopáticos para ninguna patología. (AEMPS)

 

El artículo de RTVE.es que ha reabierto el debate lo resume con bastante contundencia: la AEMPS considera que la homeopatía carece de aval científico, que en España no hay ningún producto homeopático con indicación terapéutica autorizada y que el principal riesgo no está en que el preparado “haga daño” por sí mismo, sino en que sustituya tratamientos eficaces. Dicho de otra manera: el problema no es solo pagar azúcar a precio de oro; el problema es dejar el antibiótico, la insulina, la quimioterapia o el inhalador para abrazarse a un frasquito con ínfulas metafísicas. (RTVE)

 

 

Qué es la homeopatía: una idea del siglo XVIII con bata blanca de farmacia moderna

 

La homeopatía fue formulada a finales del siglo XVIII por el médico alemán Samuel Hahnemann. Su principio central es el famoso similia similibus curantur: “lo semejante cura lo semejante”. Según esta idea, una sustancia que provoca determinados síntomas en una persona sana podría curar síntomas similares en una persona enferma si se administra en dosis extremadamente diluidas. (AEMPS)

 

El segundo pilar es la dilución seriada. Los preparados homeopáticos se elaboran diluyendo una sustancia original —de origen vegetal, animal o mineral— y agitando la mezcla en cada paso, proceso que la homeopatía llama “sucusión” o “dinamización”.

 

Según la doctrina homeopática, cuanto más diluido está el preparado, más “potente” sería. Desde el punto de vista farmacológico esto es, como mínimo, pintoresco. Es como decir que cuanto menos jamón lleva un bocadillo, más ibérico resulta. (AEMPS)

 

El informe de la AEMPS explica que una dilución 12 CH implica mezclar una parte de la sustancia original con cien partes de disolvente doce veces seguidas. A esos niveles, es matemáticamente imposible que quede una sola molécula del ingrediente original. Incluso una dilución menor, 6 CH, se compara en el informe con disolver un sobre de azúcar en todo el mar Mediterráneo. Es una imagen poderosa: el Mediterráneo convertido en infusión terapéutica. Solo falta que Benidorm lo comercialice como spa cuántico. (Ministerio de Sanidad)

 

La homeopatía sostiene además ideas como la “memoria del agua”: la supuesta capacidad del agua para recordar sustancias que ya no están presentes. El problema es que esa memoria no ha sido demostrada de forma reproducible bajo criterios científicos. El agua, por lo visto, recuerda la belladona diluida, pero se olvida de los millones de cosas bastante menos elegantes con las que ha estado en contacto antes. Muy selectiva ella.

 

 

El informe de Sanidad: qué ha revisado y qué concluye

 

El informe de la AEMPS no se limita a una opinión ni a una declaración ideológica. Es una evaluación técnica basada en revisiones sistemáticas y documentos de organismos internacionales. Incluye estudios sobre distintas patologías: infecciones respiratorias, alergias, trastornos dermatológicos, reumatología, oncología, salud mental, dolor, síntomas gripales, insomnio, verrugas, eczema, entre otros campos. (AEMPS)

 

La conclusión principal es nítida: no hay evidencia científica publicada que avale la eficacia de la homeopatía como instrumento terapéutico eficaz. La eficacia observada es comparable al placebo. Y los ciudadanos deben saber que pueden poner en peligro su salud si sustituyen tratamientos basados en evidencia por productos homeopáticos. (AEMPS)

 

El informe también detecta un patrón clásico: cuando los estudios favorables existen, suelen tener problemas importantes. Muestras pequeñas, seguimientos cortos, heterogeneidad, sesgos, comparadores inadecuados o resultados poco consistentes. Y cuando se analizan solo los estudios de mayor calidad, los supuestos efectos positivos tienden a desaparecer. Esto no es una manía contra la homeopatía; es justo lo que uno espera de un efecto placebo vestido con bata de domingo. (AEMPS)

 

La nota del Ministerio de Sanidad subraya que el informe revisó 64 revisiones sistemáticas publicadas desde 2009, y que los aparentes beneficios se desvanecen en los ensayos clínicos más rigurosos. También recuerda que en España no existe ningún producto homeopático con indicación terapéutica autorizada. Pueden venderse determinados productos registrados como homeopáticos, pero sin atribuirles propiedades curativas. (Ministerio de Sanidad)

 

Aquí aparece una de las grandes paradojas: se venden en farmacias, se llaman “medicamentos homeopáticos”, pero no pueden declarar que curan nada. Es como si alguien vendiera paraguas sin prometer que protegen de la lluvia. Legal, sí. Clarificador, lo justo.

 

 

¿Placebo significa “no pasa nada”?

 

No exactamente. El placebo no es “nada”. El efecto placebo es un fenómeno real, complejo y muy interesante. Puede modificar la percepción del dolor, la ansiedad, el bienestar subjetivo y algunos síntomas funcionales. Pero no cura infecciones bacterianas, no reduce tumores, no revierte una diabetes, no abre una arteria coronaria ni elimina una apendicitis. El placebo puede ayudar a que el paciente se sienta mejor; no convierte un glóbulo de azúcar en un antibiótico.

 

El informe de la AEMPS explica varias razones por las que una persona puede creer que la homeopatía le ha funcionado: evolución natural de la enfermedad, regresión a la media, efecto placebo, expectativas del paciente, efecto Hawthorne (*), sesgos de observación y coincidencia temporal con otros tratamientos. (AEMPS)

 

Esto es muy importante. Muchas enfermedades comunes mejoran solas: catarros, molestias digestivas leves, dolores musculares, brotes cutáneos autolimitados. Si tomo un preparado homeopático justo antes de mejorar, mi cerebro hace una conexión causal: “me lo tomé y me curé”. Pero la pregunta científica no es si alguien mejoró después de tomarlo. La pregunta es si mejora más que otra persona comparable que toma placebo sin saberlo. Ahí es donde la homeopatía se queda sin gasolina. Y sin coche. Y casi sin carretera.

 

 

Efecto Hawthorne: cuando te observan… y te portas mejor

 

El efecto Hawthorne es uno de esos conceptos que parecen de laboratorio, pero que en realidad explican muchas cosas del día a día: las personas cambian su comportamiento simplemente porque saben que están siendo observadas.

 

El término nace de unos estudios realizados en la empresa Western Electric en los años 20 y 30. El objetivo era comprobar si mejorar la iluminación en una fábrica aumentaba la productividad. El resultado fue desconcertante: la productividad subía tanto si aumentaban la luz como si la reducían.

 

¿La explicación? Los trabajadores rendían más porque sabían que formaban parte de un estudio.

 

La idea clave

No es tanto lo que haces…
sino que sabes que alguien está mirando cómo lo haces.

 

Ejemplo sencillo

Imagina que alguien te está evaluando en el trabajo:

  • Te concentras más
  • Cometes menos errores
  • Te implicas un poco más

No porque haya cambiado el trabajo en sí, sino porque sabes que te están observando.

 

Aplicación en medicina

En el ámbito sanitario, el efecto Hawthorne es especialmente importante.

Un paciente puede mejorar porque:

  • Se siente más atendido
  • Recibe más seguimiento
  • Percibe que su caso importa
  • Está más pendiente de su propia evolución

Esto puede hacer que un tratamiento parezca más eficaz de lo que realmente es.

 

Relación con placebo y terapias sin evidencia

El efecto Hawthorne suele ir de la mano del efecto placebo.

En algunas terapias sin base científica sólida, la mejoría del paciente puede deberse a:

  • la atención recibida
  • la expectativa de mejora
  • el seguimiento cercano

y no necesariamente al tratamiento en sí.

 

Conclusión

El efecto Hawthorne no cura enfermedades, pero sí modifica comportamientos y percepciones.

Y en muchos casos, eso basta para que alguien se sienta mejor.

Que no es poca cosa… aunque tampoco sea exactamente medicina.

 

 

 

¿Es un bulo, una estafa o un timo esto de la homeopatía?

 

Conviene hilar fino. La homeopatía, como sistema terapéutico, se basa en principios incompatibles con la farmacología moderna y no ha demostrado eficacia más allá del placebo. Eso permite llamarla pseudoterapia o pseudociencia cuando se presenta como tratamiento eficaz. (EASAC)

 

¿Es un bulo? Sí, si se afirma que cura enfermedades sin pruebas.

 

¿Es una estafa? Puede serlo moralmente cuando se vende al paciente una eficacia no demostrada, especialmente si se aprovecha de su miedo, desesperación o vulnerabilidad.

 

¿Es un timo? En términos coloquiales, cuando se cobra como remedio curativo algo que no ha demostrado curar, la palabra “timo” aparece sola, se sienta y pide café.

 

Ahora bien, jurídicamente hay matices. En España estos productos pueden venderse si cumplen la regulación, no alegan indicaciones terapéuticas no autorizadas y garantizan inocuidad. Eso no los convierte en eficaces. Solo significa que el marco legal permite su comercialización bajo condiciones concretas. (RTVE)

 

El problema ético está en el mensaje implícito. Un producto vendido en una farmacia, con apariencia de medicamento, genera confianza. El ciudadano medio no siempre distingue entre “medicamento con eficacia demostrada” y “producto registrado como homeopático sin indicación terapéutica”. Y ahí se abre una puerta peligrosa: la puerta del malentendido rentable.

 

 

Qué dicen otros países

 

La posición española no surge en el vacío. La tendencia internacional de los organismos sanitarios públicos es cada vez más crítica.

 

En Reino Unido, el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes revisó la evidencia en 2010 y recomendó detener la financiación pública de la homeopatía, suspender la financiación de hospitales homeopáticos y evitar derivaciones desde el sistema público. (Parlamento del Reino Unido)

 

En Australia, el National Health and Medical Research Council revisó 57 revisiones sistemáticas que contenían 176 estudios y concluyó que no había condiciones clínicas para las que existiera evidencia fiable de efectividad de la homeopatía. También advirtió de que elegir homeopatía puede poner en riesgo la salud si se rechazan o retrasan tratamientos eficaces. (Homeopathy Research Institute | HRI)

 

En Francia, la Haute Autorité de Santé concluyó en 2019 que los productos homeopáticos no tenían eficacia suficiente demostrada para justificar reembolso público. Francia redujo el reembolso en 2020 y lo eliminó completamente en 2021. (AEMPS)

 

En Alemania, país de origen histórico de la homeopatía, se ha planteado eliminar la cobertura por el seguro médico legal. El informe de la AEMPS recoge que una comisión alemana ha propuesto suprimir esa financiación como parte de recomendaciones para optimizar el sistema sanitario. (AEMPS)

 

En Estados Unidos, la FDA considera los productos homeopáticos no autorizados como medicamentos no aprobados sujetos a políticas de cumplimiento basadas en el riesgo, y el National Center for Complementary and Integrative Health afirma que hay poca evidencia que apoye la homeopatía como tratamiento eficaz para cualquier condición específica. Además, advierte de que algunos productos etiquetados como homeopáticos pueden contener cantidades relevantes de ingredientes activos y provocar efectos adversos o interacciones. (NCCIH)

 

La European Academies Science Advisory Council también ha señalado que no hay enfermedades para las que exista evidencia robusta y reproducible de que la homeopatía sea eficaz más allá del placebo, y plantea problemas éticos de consentimiento informado cuando profesionales sanitarios recomiendan productos biológicamente ineficaces. (EASAC)

 

 

¿Dónde se usa la homeopatía?

 

La homeopatía se utiliza en numerosos países, aunque su estatus varía mucho. En algunos lugares se vende como producto complementario privado; en otros se integra parcialmente en sistemas sanitarios; en otros está regulada de forma restrictiva.

 

La OMS, en su informe global de 2019 sobre medicina tradicional y complementaria, recoge que 170 Estados miembros habían reportado uso de medicina tradicional o complementaria por sus poblaciones, entre ellas prácticas como acupuntura, fitoterapia, medicina tradicional china, ayurveda, naturopatía, osteopatía, quiropráctica y homeopatía. (Organización Mundial de la Salud)

 

Ahora bien, que algo se use mucho no demuestra que funcione. Se usó mucho la sangría durante siglos y no por eso vamos a volver a poner sanguijuelas en la consulta, salvo que sea para decorar Halloween. La popularidad no es evidencia. La tradición no sustituye a un ensayo clínico. Y “lo hace mucha gente” tampoco sería buen argumento para meterse en una rotonda en sentido contrario.

 

La propia estrategia de la OMS sobre medicina tradicional y complementaria insiste en que la integración en sistemas sanitarios debe ser segura, eficaz, basada en evidencia y regulada. Es decir: la OMS no dice “todo vale porque viene de la tradición”; dice, más bien, “estudiemos, regulemos y quedémonos con lo que demuestre beneficio”. (Organización Mundial de la Salud)

 

 

El argumento de “a mí me funciona”

 

Este es el núcleo emocional del asunto. Mucha gente defiende la homeopatía porque ha tenido una experiencia subjetiva positiva. Y no conviene ridiculizar al paciente. El paciente no suele mentir cuando dice que se sintió mejor. Lo que puede estar equivocado es la explicación.

 

Uno puede mejorar por la evolución natural de la enfermedad, porque simultáneamente tomó otro tratamiento, porque descansó, porque cambió hábitos, porque recibió una atención más larga y empática, o porque esperaba mejorar. Todo eso importa.

 

La consulta homeopática, con frecuencia, dedica más tiempo a escuchar al paciente que muchas consultas saturadas del sistema sanitario. Y ahí hay una lección incómoda para la medicina convencional: a veces no gana la pseudoterapia por tener mejores remedios, sino por tener más tiempo, más escucha y menos cara de “tengo siete minutos y una impresora atascada”.

 

Pero una cosa es reconocer el valor de la escucha y otra aceptar que unas bolitas ultradiluidas curan.

 

La medicina científica debería aprender del trato humano sin comprar el lote completo de la “memoria del agua”.

 

 

¿Puede hacer daño la homeopatía?

 

Sí, aunque no siempre por el mecanismo que la gente imagina. Si un producto está tan diluido que no contiene principio activo, su toxicidad directa suele ser baja. Pero hay tres riesgos claros.

 

El primero es el abandono o retraso de tratamientos eficaces. Es el más grave. En infecciones, cáncer, enfermedades crónicas, trastornos psiquiátricos, patologías pediátricas o cuadros agudos, sustituir medicina basada en evidencia por homeopatía puede tener consecuencias serias. El informe de la AEMPS, el artículo de RTVE.es, el NHMRC australiano y el NCCIH estadounidense coinciden en advertir de este riesgo. (AEMPS)

 

El segundo es la falsa seguridad. Si alguien cree que está tratando una enfermedad cuando en realidad no lo está haciendo, puede consultar tarde. La enfermedad, por su parte, no suele tener paciencia administrativa.

 

El tercero es que no todos los productos etiquetados como homeopáticos están necesariamente ultradiluidos. Algunas preparaciones pueden contener ingredientes activos en cantidades relevantes, con riesgo de efectos adversos o interacciones. El NCCIH advierte explícitamente de este punto. (NCCIH)

 

 

La farmacia y el lío semántico

 

Uno de los aspectos más delicados es la venta en farmacias. El ciudadano suele interpretar que lo que está en una farmacia tiene respaldo terapéutico. Pero la realidad regulatoria es más compleja. En España, según recoge RTVE.es, existen productos homeopáticos registrados sin indicación terapéutica aprobada. La AEMPS y el Ministerio de Sanidad señalan que no hay ningún producto homeopático autorizado con indicación terapéutica. (RTVE)

 

Esto crea una disonancia peligrosa: el producto se presenta en el ecosistema del medicamento, pero no ha demostrado eficacia como tal. El farmacéutico, como profesional sanitario, tiene aquí una responsabilidad clave: informar con claridad, evitar mensajes equívocos y advertir de que no deben abandonarse tratamientos prescritos.

 

Porque una cosa es respetar la libertad del consumidor y otra permitir que la confusión haga caja. La libertad de elegir exige información veraz. Si no, no es libertad: es marketing con bata.

 

 

Los estudios favorables: qué dicen y qué problema tienen

 

Los defensores de la homeopatía suelen señalar que existen estudios positivos. Y es cierto: algunos estudios muestran resultados favorables. El problema es la calidad, la reproducibilidad y la consistencia. Muchas revisiones encuentran señales débiles, heterogéneas o dependientes de estudios pequeños y con riesgo de sesgo. Cuando se restringe el análisis a estudios rigurosos, el efecto tiende a desaparecer. (AEMPS)

 

El investigador Edzard Ernst, en una revisión de revisiones Cochrane, concluyó que los estudios disponibles no muestran que los medicamentos homeopáticos tengan efectos más allá del placebo. Cochrane, en revisiones concretas como la de infecciones respiratorias agudas en niños, tampoco encontró evidencia que apoye la eficacia de productos homeopáticos y señaló que los eventos adversos estaban mal reportados. (PubMed)

 

El debate científico no se resuelve contando estudios positivos como quien cuenta cromos. Se resuelve preguntando: ¿son buenos?, ¿son grandes?, ¿están bien cegados?, ¿se reproducen?, ¿miden variables relevantes?, ¿comparan contra placebo?, ¿hay sesgo de publicación?, ¿hay conflicto de interés?, ¿la magnitud del efecto es clínicamente importante? Cuando se pasa ese peine, la melena homeopática pierde volumen.

 

 

¿Y si se usa “como complemento”?

 

Esta es la defensa más habitual: “No sustituye, complementa”. En teoría, si un paciente usa un producto homeopático sin abandonar tratamientos eficaces y sabiendo que no hay pruebas de eficacia específica, el riesgo clínico directo puede ser menor. Pero sigue habiendo problemas.

 

Primero, el coste económico. Pagar por algo sin eficacia demostrada no es inocuo para el bolsillo.

 

Segundo, el coste cultural: normaliza la idea de que la evidencia es opcional.

 

Tercero, el coste ético: si un profesional sanitario recomienda algo sabiendo que no tiene eficacia demostrada, debe explicar eso con absoluta claridad.

 

El consentimiento informado no es solo para cirugías y tratamientos complejos. También vale para no vender expectativas terapéuticas sin respaldo.

 

“Puede que le ayude por placebo” es una frase honesta.

 

“Esto refuerza sus defensas energéticas” ya pertenece a otro género literario.

 

 

 

La diferencia entre medicina tradicional, medicina complementaria y pseudoterapia

 

No todo lo tradicional es falso. No todo lo natural es inútil. No todo lo complementario es pseudociencia.

 

Hay plantas con principios activos, técnicas psicológicas útiles, ejercicio terapéutico, intervenciones dietéticas, mindfulness con evidencia en determinados contextos y prácticas que pueden estudiarse seriamente.

 

La diferencia está en la prueba. Si algo demuestra eficacia y seguridad, deja de importar si viene de una tradición milenaria, de un laboratorio suizo o de una abuela con bata. Entra en la medicina porque funciona.

 

La aspirina procede históricamente de compuestos relacionados con el sauce; la digoxina tiene origen vegetal; muchos fármacos nacen de productos naturales. Pero se estudian, se dosifican, se prueban, se monitorizan.

 

La homeopatía, en cambio, no ha superado ese filtro. Sus principios básicos no encajan con la química ni con la farmacología, y sus resultados clínicos no superan de forma convincente al placebo. (Ministerio de Sanidad)

 

 

Entonces, ¿por qué sobrevive?

 

Sobrevive por varias razones.

 

Sobrevive porque ofrece una narrativa sencilla: natural, suave, individualizada, sin agresividad terapéutica.

 

Sobrevive porque muchas personas han tenido malas experiencias con la medicina convencional: consultas rápidas, efectos secundarios, burocracia, listas de espera, sensación de no ser escuchadas.

 

Sobrevive porque el placebo funciona en síntomas subjetivos y porque muchas enfermedades fluctúan.

 

Sobrevive porque hay intereses económicos.

 

Sobrevive porque la palabra “natural” tiene una potencia comercial extraordinaria, aunque la cicuta, el arsénico y una seta mortal también sean naturales. La naturaleza no es una ONG.

 

Y sobrevive porque la ciencia comunica peor que el marketing.

 

La ciencia dice: “La evidencia disponible no permite afirmar eficacia específica más allá del placebo en condiciones clínicas evaluadas”.

 

El marketing dice: “Equilibra tu energía vital”. Gana por goleada en Instagram, aunque pierda por paliza en PubMed.

 

 

Conclusión: agua, azúcar y responsabilidad

 

El informe de la AEMPS no descubre América, pero sí pone un sello oficial sobre algo que la comunidad científica lleva años señalando: la homeopatía no ha demostrado eficacia terapéutica más allá del placebo.

 

No existe en España ningún producto homeopático con indicación terapéutica autorizada. Y el principal peligro es que una persona retrase o abandone tratamientos eficaces por confiar en productos sin base científica. (AEMPS)

 

¿Puede alguien tomar homeopatía porque le apetece? Sí, siempre que sepa lo que está tomando y lo que no está tomando.

 

Lo que no debería aceptarse es que se presente como tratamiento eficaz sin pruebas. Ahí ya no hablamos de libertad personal, sino de información sanitaria, ética profesional y protección del paciente.

 

La homeopatía ha tenido más de dos siglos para demostrar que funciona. Si después de tanto tiempo el mejor argumento sigue siendo “a mí me va bien”, el problema no es que la ciencia sea cerrada. El problema es que el agua tendrá mucha memoria, pero la evidencia sigue sin aparecer.

 

Y en medicina, cuando la evidencia no aparece, conviene no venderla en frascos.

 

 

Bibliografía y fuentes consultadas

 

Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. Homeopatía y productos homeopáticos. Evaluación de las evidencias acerca de su eficacia y seguridad. 2026. (AEMPS)

 

Ministerio de Sanidad. Nota de prensa: El Ministerio de Sanidad concluye que no existe evidencia científica que avale la eficacia de la homeopatía en ninguna patología. 21 de abril de 2026. (Ministerio de Sanidad)

 

RTVE.es. Daniel Herrero. La homeopatía, a debate tras el informe de Sanidad: ¿estafa o práctica inofensiva? 2 de mayo de 2026. (RTVE)

 

National Center for Complementary and Integrative Health. Homeopathy: What You Need To Know. (NCCIH)

 

National Health and Medical Research Council. Evidence on the effectiveness of homeopathy for treating health conditions. Australia, 2015. (Homeopathy Research Institute | HRI)

 

House of Commons Science and Technology Committee. Evidence Check 2: Homeopathy. Reino Unido, 2010. (Parlamento del Reino Unido)

 

European Academies Science Advisory Council. Homeopathic products and practices: assessing the evidence and ensuring consistency in regulating medical claims in the EU. (EASAC)

 

Cochrane. Homeopathic medicinal products for preventing and treating acute respiratory tract infections in children. 2022. (Cochrane)

 

Ernst E. Homeopathy: what does the “best” evidence tell us? PubMed, 2010. (PubMed)

 

World Health Organization. WHO global report on traditional and complementary medicine 2019. (Organización Mundial de la Salud)

 

World Health Organization. Global traditional medicine strategy 2025–2034. (Organización Mundial de la Salud)

 

 

 

 

(Artículo redactado, según mis indicaciones, por IA y posteriormente corregido y modificado por holasoyramon)

 

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David: Una aventura gigante (Animación) – David – 2025 – Phil Cunningham, Brent Dawes – #YoVoyAlCine

3/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El musical bíblico donde todos tienen la misma nariz… pero distinta fe.

 

Detrás de la dirección están Phil Cunningham y Brent Dawes. No son nombres especialmente conocidos para el gran público, ni tienen una filmografía llena de títulos icónicos que suenen a primera.

 

Su trayectoria está más vinculada a la animación y a producciones familiares, moviéndose en ese terreno donde lo importante es que la historia llegue fácil y clara… aunque a veces eso implique simplificar bastante las cosas.

 

En cuanto a premios y nominaciones de David: Una aventura gigante, no hay un palmarés especialmente relevante. No es una de esas películas que vienen avaladas por festivales o grandes reconocimientos. Juega más en la liga del cine familiar con mensaje, que funciona por su temática más que por su recorrido en premios.

 

Y vamos al lío.

 

Estamos ante una película de animación musical religiosa, basada en la historia bíblica de David, el mismo que derrotó a Goliat y acabó siendo rey de Israel. Hasta aquí, todo dentro del guion previsto.

 

La animación es en 3D, bastante cuidada, incluso preciosista en algunos momentos. Eso sí, detalle curioso: todos los personajes parecen haber pasado por el mismo cirujano… porque esas narices clonadas no se le escapan a nadie.

 

La película está bien rodada, bien montada, y tiene escenas de acción que funcionan francamente bien.

 

Además, al ser musical, las canciones van apareciendo con bastante soltura y, sorprendentemente, no molestan: al contrario, resultan pegadizas y encajan dentro del conjunto.

 

Ahora bien, el elemento clave aquí es el religioso. Y no se corta un pelo. El mensaje es claro, directo y repetido hasta la saciedad: el poder de David viene de Dios. Punto. No hay matices.

 

La película se mantiene bastante fiel al relato bíblico, mostrando a los israelitas como un pueblo inseguro, influenciable, tirando a cobarde, frente a la figura de David, que es el líder ideal: honesto, humilde, sincero y elegido por designio divino para guiar a su pueblo.

 

Y claro, de ahí se deriva un subtexto que no pasa desapercibido: el pueblo de Israel como pueblo elegido por Dios, con todo lo que eso implica. Un mensaje que, visto en el contexto actual, puede generar cierta incomodidad o, al menos, invitar a una lectura política que quizá la película no pretendía (o sí, quién sabe). Porque esa idea de una guerra respaldada por lo divino, en los tiempos que corren, tiene su miga.

 

Dicho todo esto, y dejando a un lado ese posible debate político, la película funciona. Funciona como cine familiar, como entretenimiento, como relato clásico llevado a la animación. Es fácil de ver, tiene ritmo, tiene momentos de acción y un apartado musical que acompaña bastante bien.

 

Una película bíblica, musical y claramente religiosa, con un mensaje muy marcado, pero que cumple en lo que promete.

 

Ideal para quien busque una historia de fe con envoltorio animado… y no le moleste que todos tengan la misma nariz.

 

Mi puntuación: 6,60/10.

 

 

 

Dirigido por Phil Cunningham, Brent Dawes:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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¿Cómo hemos llegado a esto? – 2026 – Gorka Mínguez – #YoVoyAlCine

3/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Tres hablando sin parar… y yo buscando el ibuprofeno

 

Detrás de este invento está Gorka Mínguez, cineasta español del que, siendo honestos, no hay una filmografía especialmente conocida o destacada a nivel popular.

 

No estamos ante un nombre de esos que llenan titulares ni alfombras rojas cada año.

 

Su trabajo aquí apunta claramente a un interés por el diálogo, por el conflicto interpersonal y por ese tipo de cine que bebe mucho del teatro… quizá demasiado.

 

En cuanto a premios y nominaciones de ¿Cómo hemos llegado a esto?, la cosa está más bien tranquila. No hay grandes reconocimientos ni ruido festivalero destacable. Vamos, que no ha venido a arrasar vitrinas precisamente.

 

Y ahora, al turrón.

 

Estamos ante una película que, aunque rodada prácticamente en exteriores, es teatro puro y duro. Pero del de tres actores soltando texto sin parar. Aquí tenemos a Macarena Gómez, Kira Miró y Ismael Merino en modo verborrea constante, como si les pagaran por palabra (spoiler: parece que sí).

 

Ese tipo de cine que quiere reflexionar sobre las relaciones personales, la amistad, la vida… y que acaba provocando justo lo contrario: ganas de salir corriendo. Porque sí, pretende ser una comedia. Incluso una comedia con cierta altura intelectual, de esas que quieren hacerte reír y pensar a la vez. El problema es que ni una cosa ni la otra.

 

El resultado: un dolor de cabeza considerable. Pero de los serios, de los que no arreglas ni con descanso. Un festival de “bla, bla, bla” donde no hay chispa, no hay gracia, no hay interés… no hay nada. Todo suena impostado, pretencioso, como si la película estuviera constantemente diciendo: “mira qué lista soy”, mientras tú estás pensando: “mira qué ganas tengo de que esto acabe”.

 

Y lo peor no es el aburrimiento (que ya es gordo), es que ni siquiera permite evadirse. Porque cuando uno empieza a cerrar los ojos con la esperanza de escapar mentalmente, ahí sigue el parloteo incesante, impidiendo hasta echar una cabezadita digna.

 

Una película que aspira a comedia inteligente y se queda en un ejercicio de paciencia para el espectador. Insoportable es poco.

 

Aquí la gran pregunta no es “¿Cómo hemos llegado a esto?”, sino “¿Cómo salgo de aquí sin secuelas?” 😅

 

Mi puntuación: 2,55/10.

 

 

 

Dirigido por Gorka Mínguez:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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La isla de Amrum – Amrum – 2025 – Fatih Akin – #YoVoyAlCine

3/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La isla de Amrum – o cómo sobrevivir a la guerra… y al hambre con pan, mantequilla y miel

 

Detrás de la cámara está Fatih Akin, uno de esos tipos que cuando se pone serio, se pone muy serio.

 

Alemán de origen turco, lleva años alternando pelis intensas con otras más gamberras.

 

En su filmografía destacan Contra la pared (Oso de Oro en Berlín, ahí es nada), Al otro lado, En la sombra (con Diane Kruger ganando en Cannes) o la más reciente Rheingold. Vamos, que no es ningún recién llegado ni un señor que improvise los domingos por la tarde.

 

Y ahora vamos al lío.

 

Esto es un drama bélico, sí, pero que nadie espere tiros cada cinco minutos ni explosiones tipo videojuego. Aquí la guerra está de fondo, en la trastienda, como ese vecino pesado que no ves pero sabes que está dando por saco. La historia se mete en la piel de Nanning, un chaval de 12 años, de Hamburgo, niño de ciudad metido a la fuerza en un entorno rural en plena recta final de la Segunda Guerra Mundial.

 

La familia no es precisamente neutral: padre oficial nazi, madre fan entregada de Hitler y el crío que venía ya educadito en las juventudes hitlerianas. Vamos, el pack completo.

 

Y en medio de ese panorama, lo que mueve la película no es la ideología… es el hambre. Hambre de verdad. De la que te hace soñar con pan blanco, mantequilla y miel como si fueran un menú de tres estrellas Michelin.

 

El chaval se lanza a la “aventura” (y lo de aventura aquí tiene su ironía) de recorrer la isla para conseguir esos tres ingredientes. Y en ese camino, lo que vemos es una Alemania derrotada, cansada, medio derrumbada por dentro. Un sitio curioso, además, porque no está siendo bombardeado, ni parece el frente, pero la miseria está igual de presente.

 

Lo interesante es cómo la peli te mete en esa realidad desde la mirada del niño. No hay grandes discursos, hay aprendizaje a base de golpes: coger huevos, matar conejos, plantar patatas… pasar de niño urbanita a pequeño superviviente rural en dos telediarios. Y todo eso mientras alrededor se cuela otra capa: los refugiados polacos, aún peor que ellos, que vienen a recordarte que siempre se puede estar más fastidiado.

 

Tiene momentos muy potentes, de esos que se te quedan, y funciona muy bien porque es sencilla de ver, sin complicaciones ni postureos.

 

No intenta ser más lista de lo que es, y eso se agradece.

 

Te engancha sin darte cuenta, casi como el chaval persiguiendo su bocadillo imposible.

 

Una película pequeña en apariencia, pero con bastante miga. De las que no hacen ruido… pero cuando terminan, te dejan pensando un rato. Y probablemente con hambre.

 

Mi puntuación: 8,77/10.

 

 

Dirigido por Fatih Akin:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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El diablo viste de Prada 2 – The Devil Wears Prada 2 – 2026 – David Frankel – #YoVoyAlCine

2/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Más Prada, más drama… y más puñaladas con tacón de aguja”

 

El director David Frankel no es precisamente un recién llegado. Ya dirigió la primera El diablo viste de Prada, así que aquí juega en casa.

 

También ha firmado cosas como Marley y yo o Un lugar para soñar, siempre moviéndose en ese terreno de cine comercial bien empaquetado, elegante y con actores luciéndose.

 

No es un revolucionario, pero sabe contar historias y, sobre todo, sabe sacar partido a sus intérpretes. Y aquí, claro, con este reparto, lo tenía medio hecho.

 

En cuanto a premios y nominaciones, esta segunda entrega no ha tenido recorrido destacable (al menos de momento). Ni Oscars ni Globos ni nada que se le parezca. Vamos, que no ha venido a hacer historia… sino caja y conversación, que tampoco está mal.

 

Y ahora sí, al desfile.

 

Confesión rápida: memoria selectiva. De la primera entrega, vista hace ya veinte años, quedan cuatro flashes mal contados. Pero tampoco pasa nada. Esta El diablo viste de Prada 2 se deja ver perfectamente sin hacer examen previo. Y oye… sorpresa agradable.

 

La película entra como un guante caro: bien montada, ágil, entretenida y, para qué negarlo, bastante emotiva. Y además, con chicha. Porque aquí no solo se habla de modelitos y egos XXL, sino de cosas bastante más jugosas: la crisis del periodismo, el imperio de los likes, las redes sociales convertidas en oráculo supremo y esa idea deprimente de que la calidad importa menos que los numeritos. Vamos, que cualquiera que haya renegado de las redes (hola) se siente bastante identificado.

 

También mete mano al mundo de la moda: cómo ha pasado de ser un club elitista a un parque temático para todos los públicos. ¿Democratización? Sí. ¿Riesgo de caer en el chabacanismo? También. Y esa tensión está bastante bien planteada.

 

Y luego está el espectáculo. Ver a Meryl Streep, Anne Hathaway y Emily Blunt desfilando con esos modelazos es un placer culpable de manual. No hace falta saber de moda: si algo es bonito, entra solo. Puro disfrute visual, como cuando uno veía Sexo en Nueva York y se quedaba embobado sin tener ni idea de marcas.

 

El tema empresarial también tiene mala leche: aquí lo importante no es la marca, ni el prestigio… es el rendimiento económico. Y punto. Capitalismo sin anestesia, envuelto en seda.

 

Entre las actrices no hay ni rastro de esa sororidad tan de moda. Aquí lo que hay es rivalidad fina, tensión elegante y una relación casi simbiótica: no se soportan del todo, pero se necesitan. Y eso está muy bien visto, porque no todas las relaciones humanas tienen que acabar en abrazos.

 

Stanley Tucci aporta ese punto de calma dentro del huracán. Siempre agradecido.


Justin Theroux (no, no es francés, aunque el apellido despiste) se marca un personaje pasado de vueltas, de rico insoportable, que funciona justo porque no tiene filtro.


Kenneth Branagh, en pequeño papel, cumple con elegancia.


Y ojo a Lady Gaga, que aparece y hace lo que suele hacer: comerse la pantalla sin pedir permiso. Poderío máximo.

 

Mención especial para Simone Ashley, muy sólida, y para Lucy Liu, que en poco tiempo deja huella.

 

Una película que entra sola, que entretiene, que tiene más fondo del que parece y que, sin cambiarle la vida a nadie, consigue algo cada vez más difícil: que pases un rato estupendo.

 

Y oye, si además sales del cine con ganas de comprarte una americana que no necesitas… misión cumplida. 🎬

 

Mi puntuación: 8,78/10.

 

 

 

Dirigido por David Frankel:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Strangers: Capítulo final – The Strangers: Chapter 3 – 2026 – Renny Harlin – #YoVoyAlCine

2/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Hachazos exprés: terapia de choque para la siesta”

 

El bueno de Renny Harlin lleva décadas en esto de reventar cosas y poner a gente a correr delante de asesinos.

 

Firmó títulos tan disfrutables como La jungla 2, Máximo riesgo o la simpática ida de olla de Deep Blue Sea.

 

También ha tenido tropiezos considerables (hola, La isla de las cabezas cortadas), pero lo suyo es el entretenimiento sin complejos.

 

Aquí vuelve al terror puro y duro, sin demasiadas ínfulas… ni falta que le hace.

 

Sobre premios y nominaciones: esto no es precisamente El padrino. Esta tercera entrega no ha rascado nada relevante y, de hecho, ha salido bastante escaldada por crítica y público. Vamos, que si hubiera premios a “la más apaleada”, competía fuerte.

 

Y ahora, al lío.

 

Aquí uno se sienta a ver Strangers: Capítulo final como quien se pone una peli de domingo después de comer: medio dormido y sin acordarse de nada de lo anterior. Y oye, sorpresa. Funciona. Dura lo justo (unos 89 minutos reales, no esas fantasías de 135 que circulan por ahí), y va al grano como un hachazo bien dado.

 

Dicen que no la defiende nadie. Pues aquí llega el abogado del diablo con toga y todo. La película, sin reinventar nada, dibuja bastante bien —a brochazos gordos, sí, pero efectivos— el perfil del psicópata de turno (ese Gregory de manual, con su historia turbia y papá protector tipo “esto en casa no se comenta”). Los flashbacks cumplen: no marean, no sobran y te montan el origen del bicho sin necesidad de tesis doctoral.

 

Luego está el combo clásico: asesino + acompañante envenenadora (femme fatale de libro, que en este género nunca falla). Y el toque interesante: cómo una víctima puede acabar metida en ese remolino de violencia. Nada nuevo, pero está contado con oficio.

 

¿Los personajes? De trazo grueso, sí. Pero funcionan.

 

¿La historia? Sencilla, directa y sin tonterías.

 

¿El resultado? Entretenimiento puro. De ese que no te cambia la vida, pero te mantiene con el ojo abierto.

 

Y ojo: unos cuantos hachazos bien colocados a primera hora de la tarde tienen más efecto que dos cafés. Ciencia no será, pero experiencia sí.

 

Mi puntuación: 6.55/10.

 

 

 

Dirigido por Renny Harlin:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Muchos besos y muchas gracias.

¡Nos vemos en el cine!

 

 

 

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Trabajillos – Historietas basadas en hechos reales, según mis recuerdos

1/05/2026

 

 

 

 

 

TRABAJILLOS

 

 

Hay vidas que se cuentan por etapas. La mía, si me pongo nostálgico (pero sin pasarse, que luego uno se pone blandito), podría dividirse en una cosa muy poco épica: trabajos. Muchos. Pequeños. A veces absurdos. Casi siempre útiles. Y todos, de alguna manera, necesarios para llegar a aquel 29 de julio de 1981 en el que, con la tinta del título aún fresca, ya estaba pasando consulta en Mandayona haciendo una sustitución de verano. Así, sin anestesia.

 

Porque sí: terminé Medicina ese julio. Empecé en el 75 y acabé en el 81. Y entre medias, una colección de “trabajillos” que hoy, vistos con perspectiva, darían para un máster en supervivencia.

 

El primero que recuerdo fue de camarero. Bueno… camarero elevado. Literalmente. Me subían a una caja de cerveza —de las de madera, que aquello tenía más astillas que dignidad— para que llegara a la cafetera en el restaurante de mi padre, el Coimbra, en la calle Coimbra de Zaragoza, al ladito del Huerva. Yo tendría 14 años. Me plantaban allí en bodas y comuniones a hacer cafés como si no hubiera un mañana. Y oye, no se me daba mal. Luego venía lo mejor: comer lo que no se había servido. Y aquello, amigos, era gloria bendita.

 

Ese fue el inicio. Luego llegaron los veranos en el Parque Sindical. Mi padre, don Fernando, y su socio tenían la concesión de los bares y el restaurante desde la inauguración, y allí me pasé años, desde los 14 hasta los 22, currando julio y agosto (y algún septiembre de propina). Jornadas completas, de sol a cierre, sirviendo Coca-Colas, cafés y copas de Soberano, Fundador, Veterano, Terry… todo el catálogo etílico nacional. El primer sueldo: 3.000 pesetas. Aquello me pareció Wall Street.

 

No me disgustaba. Conocí a mucha gente, hice amigos y aprendí que el cliente siempre tiene razón… aunque no la tenga. Durante el año también iba a reforzar bodas y eventos, pero eso mi padre lo consideraba formación gratuita. Vamos, que no veía un duro. Pero con lo de verano y otros apaños fui pagando la universidad, los libros (que revendía como un broker de apuntes) y hasta el carnet de conducir. Y sí, me compré un coche: un Seat 600 con matrícula de Barcelona, más viejo que Matusalén —creo que tenía 17 años— por 17.000 pesetas. Una ganga… si no te importaba que arrancara cuando le daba la gana.

 

Pero claro, no todo era servir cafés con sonrisa. También probé el campo. Fui temporero antes de que se llamara así, básicamente. Vendimié tres años en Mara, cerca de Cariñena. Aquello sí que era duro. Por la mañana, frío de cortarte la cara. Al mediodía, calor de desierto. Y por la tarde, el infierno: moscas, avispas, abejas… no podías ni abrir la boca sin riesgo de comerte una fauna entera. Cortaba uvas con una pequeña hoz, pero sobre todo cargaba estos al remolque. Trabajo físico del bueno.

 

Allí fui por un amigo, Delfín. Un tío estupendo. Murió muy joven, con 20 o 21 años, de una hemorragia cerebral jugando al fútbol. De esas cosas que te dejan tocado para siempre.

 

También recogí cebollas. Y aquí el dato estrella: entre tres personas movimos 65 toneladas en unos 12 días. Cebollas gigantes, casi de kilo, para exportación. Yo me llevaba una cada día a casa y mi madre estaba hasta el gorro de cebolla. Normal.

 

Y manzanas. Eso vino por un compañero de la facultad que tenía más negocios que un político en excedencia. Dormíamos en un hostal bastante… digamos “mejorable”, y trabajábamos de sol a sol. Pero oye, se sacaba dinero.

 

 

 

Entre medias fui peón de albañil. En Zaragoza. Trabajo curioso: no construía nada, pero lo movía todo. Ladrillos, sacos, herramientas… El capataz señalaba: “eso de ahí, allí”. Y yo, con el carretillo, a obedecer. Al final del día recogía herramientas en sitios donde parecía que las habían escondido para un juego del tesoro.

 

Me llamaban “Ramoncico”. Siempre. No sé por qué, pero en casi todos los trabajos. Comía bocadillo mientras los demás regaban la comida con vino como si fuera agua. Y luego estaba lo de “mojar las paredes”. Por fuera, agua. Por dentro… orujo. Aquello me parecía una barbaridad. Lo probaba y, en cuanto podía, lo tiraba. Porque subirse a un andamio con eso en el cuerpo… era jugar a la ruleta rusa versión albañil.

 

También limpié garajes. Ahora hay máquinas. Antes, escoba y riñones. Recuerdo uno en La Jota que parecía el Sahara con parking. Cuatro dedos de polvo y escombro. Me dieron 8.000 pesetas. Pensé que lo hacía en dos días. Ja. Me pasé horas y horas, días enteros, sacando sacos sin ver el final. Ahí aprendí que el optimismo es bonito… pero peligroso.

 

Con unos amigos, Conchita y Quique, limpiamos pisos reformados en el centro. Trabajo fino: quitar yeso, limpiar alicatados, dejar todo listo para estrenar. Era duro, pero al menos había conversación.

 

Y luego está el episodio de la Mejillonera. Fiestas del Pilar. Yo, 16-17 años. Contratado como camarero… pero en realidad era el rey del mejillón. Limpiando todo el día. Eso sí, de vez en cuando salía a barra a servir algo, para no perder glamour. Luego, vuelta al mejillón.

 

Hice también mudanzas. Dos veces. Y con eso tuve suficiente para toda la vida. Jornadas maratonianas, cargando y descargando sin parar. Recuerdo un segundo sin ascensor… y aún me duelen las piernas de pensarlo.

 

Y el mejor negocio: los apuntes. Aquí sí que hubo cerebro. Un grupo de compañeros hacíamos apuntes, los editábamos y los vendíamos por suscripción. Tercero: microbiología. Cuarto: dermatología. Quinto: medicina interna. Teníamos 300 o 400 suscriptores. Aquello era una pequeña industria editorial clandestina en el hall de la facultad. Y además, estudiabas mejor. Redondo.

 

Con todo esto, fui tirando. Me pagué la carrera, los libros, el coche, la gasolina… Mis padres ponían casa, comida y ropa. El resto, a base de trabajillos.

 

Y así, entre cafés, cebollas, ladrillos, mejillones y apuntes, llegué a aquel verano del 81.

 

El día 29 ya estaba trabajando de médico.

Casi sin darme cuenta.

Pero con mucho, mucho rodaje.

 

 

 

 

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Al Médico con Ramón – Agujetas: qué son, por qué aparecen y cómo manejarlas sin mitos

30/04/2026

 

 

 

 

 

 

Agujetas: qué son, por qué aparecen y cómo manejarlas sin mitos


 

 

Introducción

 

Las “agujetas” —nombre popular del dolor muscular de aparición tardía o Delayed Onset Muscle Soreness (DOMS)— son una experiencia prácticamente universal en cualquier persona que haya hecho ejercicio más allá de lo que su cuerpo tenía previsto.

 

Aparecen horas después del esfuerzo, alcanzan su pico uno o dos días más tarde y, durante ese tiempo, convierten gestos cotidianos —bajar escaleras, sentarse, levantarse— en pequeñas epopeyas personales.

 

Durante años se explicaron con teorías simplistas, como la acumulación de ácido láctico, pero la evidencia científica actual ha desmontado esas ideas.

 

Hoy sabemos que las agujetas son el resultado de un proceso complejo que implica daño microscópico en el músculo y una respuesta inflamatoria organizada.

 

Para entender bien este fenómeno, conviene empezar desde la base: cómo está construido el músculo y cómo funciona. Porque sin esa base, las agujetas parecen un castigo arbitrario; con ella, son simplemente la consecuencia lógica de cómo estamos diseñados.


 

 

 

Estructura y funcionamiento del músculo

 

El músculo esquelético es un tejido altamente organizado cuya función principal es generar movimiento mediante la contracción. Su arquitectura es jerárquica. Un músculo completo está formado por fascículos, que a su vez contienen fibras musculares. Estas fibras no son otra cosa que células alargadas y multinucleadas, especializadas en la contracción.

 

Dentro de cada fibra hay estructuras aún más finas, las miofibrillas, que contienen las unidades funcionales del músculo: los sarcómeros.

 

Cada sarcómero está delimitado por los discos Z y contiene dos tipos de filamentos: los finos, formados por actina, y los gruesos, formados por miosina. Esta disposición ordenada es la clave de la contracción muscular.

 

 

El mecanismo de contracción se explica mediante el modelo de los filamentos deslizantes. Cuando llega un impulso nervioso, se libera acetilcolina en la unión neuromuscular, lo que desencadena un potencial de acción en la fibra. Este potencial provoca la liberación de calcio desde el retículo sarcoplásmico. El calcio permite que la miosina interactúe con la actina, generando un movimiento de “tirón” que acorta el sarcómero. Este proceso requiere ATP, que actúa como fuente de energía.

 

En función de cómo se produce esta contracción, se distinguen tres tipos.

 

En la contracción concéntrica el músculo se acorta;

 

en la isométrica no cambia su longitud;

 

y en la excéntrica, el músculo se alarga mientras sigue generando fuerza.

 

Este último tipo, aparentemente paradójico, es el que más se relaciona con la aparición de agujetas. Es el típico caso de bajar una cuesta o controlar el descenso de una pesa: el músculo está trabajando, pero cediendo al mismo tiempo.


 

 

 

Definición y características clínicas

 

El DOMS se manifiesta como un dolor muscular de inicio diferido que aparece entre 12 y 24 horas después del ejercicio, alcanza su máxima intensidad entre las 24 y 72 horas y puede prolongarse hasta una semana.

 

El dolor suele ser difuso, mal localizado y se acompaña de rigidez, sensibilidad al tacto y una disminución transitoria de la fuerza. No es un dolor incapacitante en condiciones normales, pero sí lo bastante molesto como para alterar la actividad diaria.

 

A diferencia de una lesión muscular aguda, no aparece de forma inmediata ni se asocia a signos evidentes como hematomas o una pérdida brusca de función.

 

Es, por así decirlo, un dolor “retardado”, que llega cuando uno ya se había olvidado del esfuerzo.


 

 

Evolución histórica del concepto

 

Durante décadas se atribuyó el origen de las agujetas al ácido láctico acumulado durante el ejercicio. Esta teoría resultaba intuitiva: el ejercicio intenso produce lactato y el dolor aparece después. Sin embargo, no resistió el escrutinio científico.

 

El lactato se elimina del músculo en pocas horas, mucho antes de que el dolor alcance su máximo. Además, hay actividades con gran producción de lactato que no generan agujetas significativas.

 

El modelo actual se centra en el daño microestructural del músculo y la respuesta inflamatoria que se desencadena a continuación.

 

Es un cambio de paradigma: de un problema metabólico transitorio a un proceso de microlesión y reparación.


 

 

Fisiopatología: lo que pasa realmente dentro del músculo

 

El ejercicio, especialmente el que incluye contracciones excéntricas, provoca pequeñas alteraciones estructurales en las fibras musculares.

 

No se trata de roturas visibles, sino de desorganización microscópica en los sarcómeros y en los discos Z. Esta alteración compromete la integridad del sarcolema y de las estructuras internas de la célula.

 

Como consecuencia, se produce una alteración en el manejo del calcio. El retículo sarcoplásmico pierde su capacidad de regular adecuadamente su liberación, lo que lleva a un aumento de calcio intracelular. Este calcio activa enzimas que degradan proteínas musculares, amplificando el daño inicial.

 

A partir de ahí entra en juego el sistema inmune. Se produce una respuesta inflamatoria caracterizada por la llegada de neutrófilos y macrófagos al tejido dañado. Estas células liberan mediadores inflamatorios, como citoquinas y prostaglandinas, que cumplen una doble función: facilitar la reparación y, al mismo tiempo, sensibilizar los receptores del dolor.

 

El resultado final es una mayor percepción dolorosa ante estímulos normales. El músculo no solo está dañado, sino que además está “hipersensible”. De ahí esa sensación de dolor incluso con movimientos suaves o presión ligera.


 

 

Factores que favorecen la aparición de agujetas

 

No todos los ejercicios ni todas las personas generan el mismo grado de DOMS. El factor más determinante es el tipo de contracción. El trabajo excéntrico es, con diferencia, el más lesivo desde el punto de vista microscópico.

 

El trabajo muscular excéntrico es ese en el que el músculo se activa mientras se alarga. O sea, está trabajando… pero “cediendo”. No es que el músculo se relaje, al contrario: está frenando un movimiento, como si fuera un amortiguador biológico. De hecho, es el tipo de contracción que más microlesiones produce (hola, agujetas del día siguiente 😅), pero también es clave para ganar fuerza y prevenir lesiones.

 

Ejemplos claros:

  • Bajar una pesa en un curl de bíceps (cuando el brazo se estira lentamente).

 

  • Descender en una sentadilla (los cuádriceps controlan la bajada).

 

  • Bajar escaleras (los músculos frenan el cuerpo en cada paso).

 

  • Correr cuesta abajo (los músculos de las piernas van “frenando” el impacto).

 

Vamos, que es el momento en el que el músculo dice: “vale, tiro para atrás… pero con dignidad”.

 

El nivel de entrenamiento también influye de forma clara. Las personas no entrenadas presentan una mayor susceptibilidad, pero incluso los deportistas experimentados pueden desarrollar agujetas cuando introducen un estímulo nuevo o cambian la rutina.

 

La intensidad y el volumen del ejercicio son variables clave: a mayor carga acumulada, mayor probabilidad de daño muscular.

 

También existen factores individuales, como la edad o la genética, que modulan la respuesta inflamatoria y la resistencia estructural del músculo.


 

 

Adaptación: el efecto de la sesión repetida

 

Uno de los aspectos más interesantes del DOMS es que el propio organismo aprende de la experiencia.

 

Tras una primera sesión que provoca agujetas, el músculo se adapta y responde de forma mucho más eficiente ante estímulos similares en el futuro. Este fenómeno, conocido como “repeated bout effect”, implica cambios tanto estructurales como neuromusculares.

 

El músculo refuerza sus estructuras, mejora la coordinación de sus fibras y modula la respuesta inflamatoria.

 

El resultado es una menor aparición de daño y, por tanto, menos dolor en sesiones posteriores.

 

Es, en esencia, la base biológica del entrenamiento: el cuerpo se vuelve menos “sorprendido” por lo que ya conoce.


 

 

Diagnóstico diferencial

 

Aunque las agujetas son un proceso benigno, es importante diferenciarlas de otras patologías que pueden presentarse con dolor muscular.

 

La rotura muscular, también conocida como desgarro, es una lesión en la que se produce una ruptura real de fibras musculares.

A diferencia del DOMS, el dolor aparece de forma inmediata durante el ejercicio, suele ser localizado y puede acompañarse de un chasquido o sensación de “tirón”.

Posteriormente pueden aparecer inflamación y hematoma, y la pérdida de fuerza es mucho más marcada.

 

La rabdomiólisis es un cuadro mucho más grave en el que se produce una destrucción masiva de fibras musculares, con liberación de su contenido al torrente sanguíneo.

Se asocia a ejercicio extremo, deshidratación o determinadas condiciones médicas.

Clínicamente se manifiesta con dolor muscular intenso, debilidad generalizada y, de forma característica, orina oscura debido a la presencia de mioglobina.

Es una urgencia médica porque puede causar daño renal.

 

El síndrome compartimental es otra entidad grave que se produce cuando aumenta la presión dentro de un compartimento muscular cerrado, comprometiendo la circulación y la función nerviosa.

El dolor es desproporcionado respecto al estímulo inicial, no mejora con el reposo y puede acompañarse de hormigueo, pérdida de sensibilidad o debilidad. Requiere intervención urgente.

 

En comparación con estas patologías, las agujetas tienen un curso predecible, autolimitado y sin signos de alarma.


 

 

Prevención

 

La forma más eficaz de prevenir las agujetas no es eliminar el ejercicio, sino introducirlo de forma progresiva.

 

El músculo necesita tiempo para adaptarse.

 

Incrementar la carga de manera gradual permite que las estructuras musculares se refuercen sin sufrir un daño excesivo.

 

El calentamiento mejora la preparación neuromuscular, aunque no evita completamente la aparición de DOMS.

 

La regularidad en el entrenamiento es fundamental, ya que mantiene activo el efecto de adaptación.

 

La nutrición también juega un papel importante. Un aporte adecuado de proteínas facilita la reparación muscular, y una correcta hidratación contribuye al funcionamiento celular.

 

Algunos estudios han explorado el papel de antioxidantes o ácidos grasos omega-3, aunque los resultados no son concluyentes.


 

 

Tratamiento

 

El tratamiento de las agujetas es fundamentalmente sintomático.

 

El ejercicio suave suele ser una de las estrategias más eficaces, ya que mejora la circulación y reduce la sensación de rigidez.

 

El masaje ha demostrado cierto beneficio en la reducción del dolor, probablemente por su efecto sobre la circulación y la modulación de la respuesta inflamatoria.

 

La crioterapia, como la aplicación de frío, puede aliviar los síntomas a corto plazo, aunque su efecto no es uniforme en todos los casos.

 

Los antiinflamatorios no esteroideos pueden reducir el dolor, pero su uso sistemático es controvertido, ya que podrían interferir con los procesos de adaptación muscular. Es decir, alivian, pero quizá “boicotean” parte del beneficio del entrenamiento.

 

Los estiramientos, pese a su popularidad, no han demostrado una eficacia clara ni en la prevención ni en el tratamiento del DOMS. O dicho de otra manera: estirar está bien, pero no es la solución milagro.


 

 

Mitos frecuentes

 

El clásico remedio del agua con azúcar carece de base científica. No existe ningún mecanismo fisiológico que lo respalde. Es uno de esos mitos que sobreviven porque son sencillos y reconfortantes.

 

Tampoco es cierto que haya que evitar cualquier ejercicio si se tienen agujetas. La actividad suave suele ser beneficiosa y forma parte de la recuperación.

 

Y, por último, no es verdad que las agujetas sean necesarias para mejorar. Son una posible consecuencia del entrenamiento, no un requisito.


 

 

Implicaciones clínicas y deportivas

 

Desde el punto de vista deportivo, las agujetas pueden disminuir el rendimiento, alterar la técnica y aumentar el riesgo de lesión si se entrena sin control. En personas que empiezan a hacer ejercicio, pueden ser un factor de abandono si no se explican adecuadamente.

 

En el ámbito clínico, comprender el DOMS es fundamental para prescribir ejercicio terapéutico de forma adecuada. Permite diferenciar entre un dolor esperado y uno patológico, evitando tanto la sobreprotección como la negligencia.


 

 

Perspectivas actuales de investigación

 

La investigación actual se centra en comprender mejor la interacción entre el sistema inmune y el músculo durante la recuperación.

 

También se estudian intervenciones nutricionales específicas y estrategias de recuperación más eficaces.

 

En los últimos años ha surgido interés por el papel del microbioma en la modulación de la inflamación, lo que abre nuevas líneas de investigación en un campo que, a pesar de lo cotidiano del fenómeno, sigue teniendo muchas preguntas abiertas.


 

 

Conclusión

 

Las agujetas no son un misterio ni un castigo, sino una respuesta fisiológica compleja al daño muscular inducido por el ejercicio.

 

Implican alteraciones estructurales microscópicas, una respuesta inflamatoria organizada y una posterior adaptación del tejido.

 

Entenderlas permite entrenar mejor, prevenir molestias innecesarias y evitar mitos que poco ayudan.

 

La clave sigue siendo la progresión, la constancia y cierta paciencia. Porque el músculo aprende… pero necesita que no lo machaquen como si fuera inmortal.

 

Y sí, seguirán apareciendo de vez en cuando. Como ese recordatorio incómodo de que el cuerpo tiene memoria… y sentido del humor bastante discutible.


 

 

Bibliografía

 

La siguiente selección recoge revisiones clave, estudios experimentales y textos de referencia sobre el dolor muscular de aparición tardía (DOMS), fisiología muscular y recuperación tras el ejercicio:

 

 

Revisiones generales sobre DOMS y fisiopatología

 

  • Cheung, K., Hume, P., & Maxwell, L. (2003). Delayed onset muscle soreness: treatment strategies and performance factors. Sports Medicine, 33(2), 145–164.

  •  
  • Armstrong, R. B. (1984). Mechanisms of exercise-induced delayed onset muscular soreness: a brief review. Medicine & Science in Sports & Exercise, 16(6), 529–538.

  •  
  • Clarkson, P. M., & Hubal, M. J. (2002). Exercise-induced muscle damage in humans. American Journal of Physical Medicine & Rehabilitation, 81(11 Suppl), S52–S69.

  •  
  • Proske, U., & Morgan, D. L. (2001). Muscle damage from eccentric exercise: mechanism, mechanical signs, adaptation and clinical applications. Journal of Physiology, 537(Pt 2), 333–345.

  •  
  • Paulsen, G., Mikkelsen, U. R., Raastad, T., & Peake, J. M. (2012). Leucocytes, cytokines and satellite cells: what role do they play in muscle damage and regeneration following eccentric exercise? Exercise Immunology Review, 18, 42–97.


 

 

Daño muscular y respuesta inflamatoria

 

  • Tidball, J. G. (2005). Inflammatory processes in muscle injury and repair. American Journal of Physiology-Regulatory, Integrative and Comparative Physiology, 288(2), R345–R353.

  •  
  • Peake, J. M., Neubauer, O., Della Gatta, P. A., & Nosaka, K. (2017). Muscle damage and inflammation during recovery from exercise. Journal of Applied Physiology, 122(3), 559–570.

  •  
  • Smith, L. L. (1991). Acute inflammation: the underlying mechanism in delayed onset muscle soreness? Medicine & Science in Sports & Exercise, 23(5), 542–551.


 

 

Contracción excéntrica y daño estructural

 

  • Fridén, J., & Lieber, R. L. (1992). Structural and mechanical basis of exercise-induced muscle injury. Medicine & Science in Sports & Exercise, 24(5), 521–530.

  •  
  • McArdle, W. D., Katch, F. I., & Katch, V. L. (2015). Exercise Physiology: Nutrition, Energy, and Human Performance. Lippincott Williams & Wilkins.

  •  
  • Lieber, R. L., & Fridén, J. (2002). Mechanisms of muscle injury after eccentric contraction. Journal of Science and Medicine in Sport, 5(3), 253–265.


 

 

Adaptación muscular y repeated bout effect

 

  • McHugh, M. P. (2003). Recent advances in the understanding of the repeated bout effect: the protective effect against muscle damage from a single bout of eccentric exercise. Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports, 13(2), 88–97.

  •  
  • Hyldahl, R. D., & Hubal, M. J. (2014). Lengthening our perspective: morphological, cellular, and molecular responses to eccentric exercise. Muscle & Nerve, 49(2), 155–170.


 

 

Prevención y tratamiento del DOMS

 

  • Herbert, R. D., & de Noronha, M. (2007). Stretching to prevent or reduce muscle soreness after exercise. Cochrane Database of Systematic Reviews, Issue 4.

  •  
  • Torres, R., Ribeiro, F., Alberto Duarte, J., & Cabri, J. M. (2012). Evidence of the physiotherapeutic interventions used currently after exercise-induced muscle damage: systematic review and meta-analysis. Physical Therapy in Sport, 13(2), 101–114.

  •  
  • Dupuy, O., Douzi, W., Theurot, D., Bosquet, L., & Dugué, B. (2018). An evidence-based approach for choosing post-exercise recovery techniques to reduce markers of muscle damage, soreness, fatigue, and inflammation. Frontiers in Physiology, 9, 403.

  •  
  • Barnett, A. (2006). Using recovery modalities between training sessions in elite athletes: does it help? Sports Medicine, 36(9), 781–796.


 

 

Farmacología y recuperación

 

  • Mackey, A. L., & Kjaer, M. (2017). The breaking and making of healthy adult human skeletal muscle in vivo. Skeletal Muscle, 7(1), 24.

  •  
  • Trappe, T. A., et al. (2001). Influence of ibuprofen and acetaminophen on skeletal muscle adaptations to resistance exercise in older adults. American Journal of Physiology-Endocrinology and Metabolism, 280(3), E551–E556.


 

 

Rabdomiólisis y patología muscular (diagnóstico diferencial)

 

  • Huerta-Alardín, A. L., Varon, J., & Marik, P. E. (2005). Bench-to-bedside review: Rhabdomyolysis — an overview for clinicians. Critical Care, 9(2), 158–169.

  •  
  • Torres, P. A., Helmstetter, J. A., Kaye, A. M., & Kaye, A. D. (2015). Rhabdomyolysis: pathogenesis, diagnosis, and treatment. Ochsner Journal, 15(1), 58–69.


 

 

Fisiología muscular básica

 

  • Guyton, A. C., & Hall, J. E. (2021). Tratado de Fisiología Médica. Elsevier.

  •  
  • Hall, J. E. (2020). Guyton and Hall Textbook of Medical Physiology.

  • Elsevier.

  • Silverthorn, D. U. (2019). Human Physiology: An Integrated Approach. Pearson.


 

 

Nota final

 

Esta bibliografía combina artículos clásicos (que sentaron las bases del conocimiento actual) con revisiones más recientes que actualizan la evidencia. Si alguien se los lee todos… probablemente ya no tendrá agujetas, pero sí una ligera sobrecarga intelectual bastante digna 😄

 

 

 

(Artículo redactado, según mis indicaciones, por IA y posteriormente corregido y modificado por holasoyramon)

 

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El cazador – The Deer Hunter – 1978 – Michael Cimino – Wilder Cinema – #YoVoyAlCine

30/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Ya nada fue igual.

 

“Tres colegas, una boda, Vietnam… y ya si eso luego terapia”

 

El director Michael Cimino firmó aquí su gran obra maestra antes de que Hollywood le pusiera la cruz con La puerta del cielo.

 

Venía de dirigir Un botín de 500.000 dólares y con esta película tocó techo: Oscar, prestigio y carta blanca… que luego se le fue de las manos. Un talento enorme con tendencia al exceso, vamos.

 

Y ahora sí, al lío.

 

Esto no es solo una peli sobre Vietnam. Es la peli sobre cómo una guerra te destroza por dentro aunque vuelvas entero por fuera. Y lo hace con una estructura en tres actos que es puro manual de cine… pero sin que se note el manual, que es lo difícil.

 

Primero, la América profunda. Esa comunidad de inmigrantes (de origen eslavo) currando en la fábrica, bebiendo como si no hubiera mañana y celebrando una boda larguísima que, ojo, funciona mejor que muchas pelis enteras. Ahí hay verdad, hay vida, hay ese rollo casi documental que te mete dentro. Una boda que huele a sudor, vodka y tradición. Y sí, recuerda un poco a El padrino, pero aquí sin mafia, solo con resaca.

 

Luego llega Vietnam. Y aquí ya no hay bromas. El horror. La degradación. La locura. La famosa ruleta rusa (que no está documentada como práctica real, pero da igual, funciona como símbolo brutal). Cimino te mete en un infierno donde los personajes dejan de ser héroes para convertirse en carne emocional picada. No hay épica, hay angustia.

 

Y después, lo peor: volver. Porque volver no significa regresar. Significa sobrevivir con lo que has visto. Robert De Niro se marca un tercer acto de esos de quitarse el sombrero, con ese sentimiento de culpa de “¿por qué yo sí y otros no?”. Ese regreso incómodo, roto, donde ya nada encaja.

 

Y en medio, un reparto que da miedo de lo bueno que es:

Meryl Streep, en su primera nominación al Oscar (luego ya sabemos… se abonó a las nominaciones como quien paga Netflix),


Christopher Walken, que se llevó el Oscar y está absolutamente desatado,


John Cazale, siempre enorme (y siempre en obras maestras, el tío no fallaba), nuestro Fredo de El Padrino,


y John Savage, completando un grupo de personajes que parecen de verdad.

 

La película arrasó: 5 Oscars, incluyendo Mejor Película y Mejor Director, y se convirtió en uno de esos títulos que cambiaron la percepción pública sobre Vietnam. No porque diera datos, sino porque enseñó cicatrices.

 

Una obra maestra sin discusión. De las que duelen, de las que se te quedan dentro y de las que te recuerdan que el cine, cuando quiere, te destroza mejor que la vida real… pero en solo tres horas. Y sin tener que ir a la guerra, que ya es algo.

 

Mi puntuación: 9,88/10.

 

 

 

El cazador: cuando rodar una película parecía peor que ir a terapia

 

El cazadorThe Deer Hunter, 1978— no solo fue una película enorme: fue también un rodaje con pinta de prueba de resistencia, casting emocional y concurso de “a ver quién sale vivo de aquí”.

 

Dirigida por Michael Cimino, ganó cinco Óscar, entre ellos mejor película, mejor dirección, mejor actor de reparto para Christopher Walken, mejor montaje y mejor sonido. Además, recibió nueve nominaciones y convirtió a Meryl Streep en nominada al Óscar por primera vez. 

 

Una de las anécdotas más brutales tiene a Christopher Walken escupiendo en la cara de Robert De Niro por indicación de Cimino. La reacción de De Niro fue real: se quedó helado, luego furioso, y casi se larga del rodaje. Vamos, que el método interpretativo ese día pidió excedencia.

 

Las bofetadas de las escenas de la ruleta rusa también fueron reales. Nada de “te hago como que te doy”. Aquí se repartía cariño tailandés con la mano abierta. Incluso se cuenta que De Niro sugirió que Walken recibiera una bofetada sin avisar para capturar una reacción auténtica. La cara de Walken, por tanto, no era actuación: era “acabo de replantearme mi contrato”.

 

El caso de John Cazale es el más conmovedor. Llegó al rodaje enfermo de cáncer de pulmón, y por eso sus escenas se filmaron primero. El estudio quiso reemplazarlo al considerarlo difícil de asegurar, pero Meryl Streep, que era su pareja, amenazó con abandonar si lo echaban. También está documentada la historia de que Robert De Niro ayudó pagando el seguro para que pudiera trabajar. Cazale murió en marzo de 1978, poco después del rodaje, sin llegar a ver la película terminada. 

 

Otra joya del caos: cuando John Savage grita “Michael, hay ratas aquí”, no estaba solo actuando. Le gritaba a Michael Cimino porque en el río había ratas de verdad. El director, viendo que aquello funcionaba dramáticamente, lo dejó en la película. Cine de autor: tú sufres, yo monto.

 

El realismo llegó a niveles de insensatez fina. De Niro y Savage hicieron ellos mismos la caída al río, repitiéndola numerosas veces. Las escenas de Vietnam se rodaron en condiciones duras, con humedad, insectos y jaulas de bambú junto al río Kwai. Todo muy bonito para el folleto turístico de “Tailandia: ven y pierde la paz mental”.

 

Meryl Streep tampoco lo tuvo fácil. Su personaje, Linda, era inicialmente muy poco desarrollado en el guion, y Cimino le permitió construir parte de sus líneas. De Niro la había visto en teatro y la propuso para el papel. Con ella llegó también John Cazale, y con Cazale, una capa emocional que atraviesa toda la película.

 

La famosa boda fue otro rodaje dentro del rodaje. Cimino quiso que los extras se comportaran como si aquello fuera una boda real. Les pidió cajas envueltas como regalos falsos, pero muchos aparecieron con regalos auténticos. La producción buscaba realismo y casi acaba con lista de boda.

 

La ceremonia se rodó en la Catedral Ortodoxa Rusa de San Teodosio, en Cleveland. El coro era real y tuvo que repetir los himnos una barbaridad de veces. Si al final alguien perdió la fe, tampoco sería raro.

 

La película también generó una enorme polémica por las escenas de ruleta rusa. Muchos críticos y veteranos señalaron que no había pruebas documentadas de que aquello se practicara así durante la Guerra de Vietnam. Cimino defendió que la película no pretendía ser un documento histórico literal, sino una parábola sobre la presión, el trauma y la destrucción moral. Aun así, la controversia la acompañó desde el estreno. 

 

En el Festival de Berlín de 1979 la cosa ardió. La delegación soviética abandonó el certamen por considerar ofensivo el retrato de los vietnamitas, y después se sumaron otros países del bloque socialista. Una película, un festival y media Guerra Fría sentada en la misma sala. Mal plan para tomar palomitas. 

 

La estrategia de estreno también fue muy astuta: lanzamiento limitado para críticos y académicos, nominaciones al Óscar, y después estreno amplio. Hoy eso nos parece normal, pero El cazador ayudó a consolidar esa táctica de “primero prestigio, luego taquilla”.

 

El sonido fue otra obsesión de Cimino. Fue su primera película con Dolby Stereo, y dedicó meses a la mezcla. No quería solo que se oyera bien: quería que el espectador entrara en la película como quien se cae por una trampilla emocional.

 

Y luego está la maldición del éxito. El cazador convirtió a Michael Cimino en genio bendecido por Hollywood. Ese prestigio le abrió la puerta a La puerta del cielo, cuyo desastre industrial casi se estudia en las escuelas de cine con casco y chaleco reflectante. La cima y el precipicio, separados por un Óscar y un presupuesto desbocado.

 

Con los años, El cazador ha quedado como una película monumental, incómoda, discutible, excesiva y fascinante. El American Film Institute la situó en el puesto 53 de su lista de 2007 de las mejores películas estadounidenses.

 

Una obra maestra, sí. Pero también una película que demuestra que algunos rodajes no se hacen: se sobreviven.

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

Dirigido por Michael Cimino:

 

Michael Cimino: el genio que ganó el Óscar… y luego incendió Hollywood (con gasolina súper)

 

Hay directores que hacen historia. Y luego está Michael Cimino, que hizo historia… y después se pasó la historia por encima con una excavadora.

 

Un tipo capaz de firmar una obra maestra como El cazador y, acto seguido, protagonizar uno de los mayores desastres de la historia del cine con La puerta del cielo. Vamos, que no conocía el término medio: o tocaba el cielo o te dejaba la cuenta bancaria llorando.

 

 

De arquitecto a cineasta con mirada de francotirador

 

Michael Cimino nació en Nueva York en 1939. Antes de meterse en el cine, estudió arquitectura y arte. Esto no es un dato random: explica bastante su obsesión enfermiza por el encuadre, la composición y que todo estuviera colocado exactamente donde él quería. Era de los que si una taza estaba dos centímetros fuera de sitio, paraba el rodaje. Y si hacía falta, repetía la toma veinte veces. O cincuenta. O las que hicieran falta hasta que el equipo empezara a plantearse cambiar de profesión.

 

Entró en Hollywood como guionista. Su primer gran salto fue coescribiendo Harry el fuerte (1973), dirigida por Ted Post y protagonizada por Clint Eastwood. Ahí ya dejó claro que sabía manejar historias duras, de tipos con más capas que una cebolla y con menos ganas de sonreír que un notario en lunes.

 

Pero donde empezó a enseñar los dientes de verdad fue con su debut como director en Un botín de 500.000 dólares (1974), también con Eastwood. Una mezcla de cine negro y comedia que no es su obra más recordada, pero que ya dejaba ver su estilo: personajes marcados, atmósferas densas y una narrativa que no te da la mano precisamente.

 

 

El pelotazo: cuando El cazador lo cambió todo

 

Y entonces llegó 1978. Y llegó el terremoto.

 

El cazador no fue solo una película. Fue un puñetazo en el estómago. Una historia sobre la guerra de Vietnam que, más que hablar de balas, hablaba de lo que pasa después: el trauma, la culpa, la descomposición emocional. O, dicho en fino, cómo te rompe la cabeza la guerra aunque sobrevivas.

 

La película arrasó: cinco Óscar, incluyendo mejor película y mejor director para Cimino. Nominaciones para Robert De Niro y Meryl Streep, y estatuilla para Christopher Walken. Crítica rendida, público impactado y Hollywood diciendo: “este tío es un genio”.

 

Y claro, cuando Hollywood te llama genio… peligro.

 

 

El ego entra en escena (y no paga entrada)

 

El éxito de El cazador convirtió a Cimino en un director con carta blanca. Y él no la usó para pedir un café. No. La usó para hacer lo que le dio la gana.

 

 

Su siguiente proyecto fue La puerta del cielo (1980). Un western ambicioso, enorme, con aspiraciones épicas. El problema: también fue un caos monumental.

 

El rodaje se descontroló. Presupuesto disparado. Reescrituras constantes. Tomas repetidas hasta el infinito. Cimino rodando escenas durante días para conseguir la luz “perfecta”. El estudio, United Artists, viendo cómo el dinero desaparecía más rápido que un político en rueda de prensa incómoda.

 

El resultado: un fracaso de taquilla brutal. De esos que hacen temblar a la industria. La película fue destrozada por la crítica en su estreno (aunque con los años ha sido parcialmente reivindicada, porque el cine es así de caprichoso). Pero el daño ya estaba hecho.

 

Se dice —y no es exageración— que La puerta del cielo contribuyó a hundir United Artists. Y, de paso, se cargó la carrera de Cimino tal y como la conocíamos.

 

De genio a apestado en dos años. Récord mundial no oficial.

 

 

Después del apocalipsis

 

Tras el desastre, Cimino siguió rodando, pero nunca volvió a estar en la primera línea.

 

Dirigió El año del dragón (1985), con Mickey Rourke, una película potente pero polémica por su retrato de la comunidad china. Luego vinieron títulos como El siciliano (1987), Horas desesperadas (1990) o El cazador de sueños (1996). Películas con momentos interesantes, pero lejos del impacto de El cazador.

 

Hollywood ya no confiaba en él como antes. Y él tampoco parecía dispuesto a rebajar su estilo ni un milímetro. Era un director de los de “o se hace como yo digo o no se hace”. Y en una industria que vive del equilibrio entre arte y dinero… eso suele acabar regular.

 

 

Un tipo peculiar (por decirlo suave)

 

Cimino siempre fue un personaje rodeado de misterio. Su biografía tiene zonas difusas, versiones contradictorias y cierto aire de leyenda urbana. Le gustaba construir su propia narrativa personal, como si su vida fuera otra de sus películas.

 

También era famoso por su obsesión con el detalle. Controlaba cada elemento del rodaje: decorados, vestuario, iluminación… Todo tenía que encajar en su visión. Eso le convirtió en un director admirado… y temido. Trabajar con él no era precisamente un spa emocional.

 

Pero también hay que decirlo: cuando esa obsesión funcionaba, el resultado era cine con mayúsculas.

 

 

El legado: entre la obra maestra y el desastre

 

Hablar de Michael Cimino es hablar de extremos.

 

Por un lado, El cazador, una de las grandes películas del cine estadounidense, incluida en múltiples listas de lo mejor de la historia. Una obra que sigue siendo referencia cuando se habla de cine bélico y de trauma.

 

Por otro, La puerta del cielo, símbolo del descontrol, del ego sin freno y de cómo un proyecto puede hundir a un estudio entero.

 

Entre medias, una filmografía irregular, con destellos de talento y momentos de caos.

 

Pero ojo: reducir a Cimino a “el del desastre” sería injusto. Fue un cineasta con una visión muy clara, con una sensibilidad especial para retratar la amistad, la masculinidad y la fragilidad humana. Y con un estilo visual que, cuando estaba inspirado, era puro espectáculo.

 

 

El final de la historia

 

Michael Cimino murió en 2016. Se fue sin volver a dirigir una gran producción, pero dejando una huella imborrable en la historia del cine.

 

Su historia es casi una película en sí misma: ascenso meteórico, gloria absoluta, caída espectacular y legado discutido.

 

Si Hollywood fuera una partida de ruleta rusa —muy apropiado, por cierto—, Cimino sería el tipo que dispara, gana, vuelve a disparar… y decide meter otra bala “para darle más intensidad”.

 

Y claro, así pasa lo que pasa.

 

 

 

 

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Magnolia – 1999 – Paul Thomas Anderson – Filmin

29/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Lluvia de traumas con pronóstico de anfibios

 

Magnolia es una película de 1999 escrita y dirigida por Paul Thomas Anderson, uno de esos cineastas que no filman: organizan terremotos emocionales con cámara.

 

Venía de llamar mucho la atención con Boogie Nights y después firmaría títulos como Embriagado de amor, Pozos de ambición, The Master, Puro vicio, El hilo invisible y Licorice Pizza.

 

En Magnolia, con apenas veintinueve años, ya parecía dirigir como si llevara tres vidas encerrado en una sala de montaje.

 

La película ganó el Oso de Oro en el Festival de Berlín y obtuvo tres nominaciones a los Oscar: mejor actor secundario para Tom Cruise, mejor guion original para Paul Thomas Anderson y mejor canción original por Save Me, de Aimee Mann.

 

Tom Cruise ganó además el Globo de Oro como mejor actor secundario.

 

Vamos, que la película no pasó precisamente de puntillas, aunque puntillas tampoco usa: entra con botas, trauma y megáfono.

 

 

Cutrecomentario

 

Magnolia es una película extraña, ambiciosa, desmesurada y muy consciente de que quiere ser una película de culto. Y lo consigue, aunque a ratos parezca que la película se mira al espejo y se dice: “Qué intensa soy, madre mía”.

 

Estamos ante un melodrama de vidas cruzadas ambientado en el Valle de San Fernando, en Los Ángeles. Nueve tramas paralelas, nueve heridas abiertas, nueve maneras distintas de estar hecho polvo y seguir respirando por pura cabezonería. Hay un niño prodigio, un presentador de concurso televisivo, un exniño prodigio, un moribundo, su hijo perdido, la esposa del moribundo, su enfermero y varios personajes que parecen arrastrar una mochila emocional llena de ladrillos mojados.

 

Todos tienen algo en común: son personajes golpeados por la vida, maltratados por el pasado, atrapados en una existencia mediocre o directamente dolorosa. Buscan una salida, una redención, una explicación o, al menos, que alguien les diga que no están solos en este festival de desgracias encadenadas.

 

Llama mucho la atención Tom Cruise como Frank T.J. Mackey, ese predicador de autoayuda machista, misógino hasta la médula, vendedor de testosterona envasada al vacío y gurú de la masculinidad más rancia. Un personaje con un pasado que no ha sabido soportar y que se protege bajo una coraza de chulería, gritos y frases de seminario para hombres que necesitan urgentemente terapia y quizá también una tila.

 

La interpretación de Tom Cruise ha sido muy celebrada, y es verdad que tiene fuerza, presencia y entrega. Pero a mí me parece exagerada, desmedida, casi pasada de rosca. No termino de comprar esa idea de que aquí demuestra ser un grandísimo actor. Entrega hay, claro. Sudor también. Pero sutileza, lo que se dice sutileza, poquita. Como ir a comprar pan con un lanzallamas.

 

Donde sí veo auténtico brillo interpretativo es en Julianne Moore, que está magnífica, rota, nerviosa, desesperada y llena de verdad.

 

También están estupendos William H. Macy, con esa mezcla de ternura y patetismo que maneja como nadie, y John C. Reilly, que demuestra una vez más que puede parecer despistado y, al mismo tiempo, sostener una escena con una humanidad tremenda.

 

El reparto incluye además a Philip Baker Hall, Jason Robards, Philip Seymour Hoffman, Melora Walters, Melinda Dillon y Jeremy Blackman. Casi nada: una reunión de intérpretes en estado de gracia y algún que otro en estado de sobreactuación controlada.

 

La película dura más de tres horas —según las fuentes, alrededor de 188-189 minutos— y se nota. No porque aburra, sino porque es una de esas obras que no quieren contarte una historia: quieren meterte en una centrifugadora de culpa, azar, dolor, soledad, televisión basura, padres tóxicos, hijos abandonados y canciones de Aimee Mann. Una merienda ligera, vamos.

 

Visualmente, Paul Thomas Anderson demuestra una maestría sensacional. Hay planos secuencia que siguen a los personajes por pasillos, platós, habitaciones y espacios estrechos con una fluidez impresionante.

 

El montaje es estupendo, la puesta en escena tiene nervio y el director consigue que tantas historias, tantos decorados y tantos personajes no se conviertan en una paella narrativa con exceso de ingredientes.

 

Pero lo mejor de Magnolia es que, pese a su tamaño descomunal, es una película íntima, lírica y profundamente poética. Tiene una sensibilidad muy especial para hablar de la culpa, del perdón, de los padres que destrozan a sus hijos y de los hijos que no saben qué hacer con esas ruinas heredadas.

 

Es exagerada, sí. Es aparatosa, también. Pero tiene alma. Y eso, en una película tan ambiciosa, no siempre ocurre.

 

Magnolia es cine grande, imperfecto, excesivo, emocional y a ratos fascinante. Una película que se mueve entre el melodrama, la tragedia íntima y el milagro absurdo. Y cuando todo va mal, cuando parece que ya no queda salida posible, conviene recordar una cosa: a veces pueden llover ranas.

 

Y eso, amigos, ni el hombre del tiempo de Antena 3 lo tiene fácil para explicarlo.

 

Mi puntuación: 8,75/10.

 

 

 

Curiosidades de Magnolia: cuando Paul Thomas Anderson decidió que tres horas, nueve tramas y una lluvia de ranas eran “una cosita íntima”

 

Magnolia nació, según cuentan las notas de producción y varias entrevistas, como una película pequeña. Paul Thomas Anderson quería hacer algo más contenido después de Boogie Nights, pero aquello empezó a crecer como una enredadera con ansiedad. El propio proyecto acabó convertido en un mosaico coral sobre culpa, padres horribles, hijos rotos, azar, perdón y gente que necesita urgentemente un abrazo… o un psiquiatra de guardia.

 

Una de las grandes claves de la película está en la música de Aimee Mann. Anderson llegó a decir que el guion podía entenderse casi como una adaptación de sus canciones. De hecho, una frase de “Deathly” —“Now that I’ve met you, would you object to never seeing each other again?*— acabó convertida en una línea central del personaje de Melora Walters. Vamos, que aquí la banda sonora no acompaña: manda.

*“Deathly” —“Ahora que te he conocido, ¿te importaría no volver a verme nunca?”

 

El fichaje de Tom Cruise también tiene su miga. Cruise era admirador de Boogie Nights y contactó con Anderson mientras rodaba Eyes Wide Shut con Stanley Kubrick. De ahí salió Frank T.J. Mackey, ese gurú testosterónico de la seducción que parece salido de una convención de machirulos con micrófono de diadema. Anderson investigó a gurús reales de ligue y autoayuda masculina para construir el personaje.

 

Y aún hay más: Tom Cruise contó recientemente que parte del famoso monólogo de Mackey no estaba desarrollado al principio. Él mismo preparó una versión, con puesta en escena incluida, para enseñársela a Paul Thomas Anderson. El director se quedó, digamos, bastante impactado. Bendito susto: Cruise acabó consiguiendo por esta película una nominación al Oscar y ganó el Globo de Oro al mejor actor secundario.

 

Otra curiosidad jugosa es la de Jason Robards, que interpreta a Earl Partridge, un hombre moribundo. Anderson escribió el papel pensando en él, aunque el actor tuvo problemas de salud y estuvo a punto de no hacerlo. Al final participó, y la cosa resulta casi estremecedora: fue su último papel en cine. De esas coincidencias que en Magnolia no parecen coincidencias, sino señales con luces de neón.

 

La famosa lluvia de ranas, una de las imágenes más recordadas de la película, no salió de la nada. Anderson se inspiró en los textos de Charles Fort, recopilador de fenómenos extraños. También se ha relacionado la escena con el Éxodo bíblico, aunque Anderson dijo que al principio no era consciente de esa conexión. Es decir: quería rareza cósmica y le salió plaga bíblica deluxe.

 

El rodaje tampoco fue precisamente un paseíto por el parque. Comenzó el 12 de enero de 1999 y terminó el 24 de junio, con unos 90 días de rodaje más segunda unidad. Para una película coral de 189 minutos, con largos planos secuencia y coreografías de cámara bastante endiabladas, casi parece poco. Casi.

 

En premios, Magnolia recibió tres nominaciones al Oscar: mejor actor secundario para Tom Cruise, mejor guion original para Paul Thomas Anderson y mejor canción original por “Save Me”, de Aimee Mann. No ganó ninguno, porque los Oscar a veces son como una tómbola de feria, pero sí conquistó el Oso de Oro en la Berlinale de 2000.

 

En resumen, Magnolia es una película hecha de excesos, intuiciones, canciones, heridas familiares y ranas cayendo del cielo como si Dios hubiera perdido los papeles. Y lo más curioso es que, con todo ese aparente desmadre, sigue funcionando como una de las obras más personales, desbordadas y emocionantes de Paul Thomas Anderson. Una película que no se ve: te cae encima. Como las ranas, pero con mejor montaje.

 

 

 

 

Dirigido por Paul Thomas Anderson:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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BYE, BYE, AMERICAN PIE Hermanos Coen – Bichobola – Asociación Amigos del Cine de Azuqueca de Henares (ACAZ)

28/04/2026

 

 

 

 

 

 

🎬 BYE, BYE, AMERICAN PIE

 

Hermanos Coen

 

Inclasificables e imprevisibles para el gran público, los
Hermanos Coen han desarrollado al filo de Hollywood una
carrera cinematográfica que abarca desde 1984, estreno de su
ópera prima “Sangre fácil”, hasta 2018, fecha de su última
película juntos “La balada de Buster Scruggs”.

 

Más de tres décadas dirigiendo, guionizando y editando una
filmografía tan personal como fascinante, donde el famoso
Sueño Americano, ha sido analizado desde su peculiar y
excéntrica perspectiva: Bye, bye, american pie

 

“Nuestros filmes son tremendamente americanos tanto por el
marco en el que se desarrollan las historias, como por los
personajes que los protagonizan…se basan en la verdadera
cultura pop, esa que los europeos se toman tan en serio”.

 

Joel y Ethan Coen

n

 

 

 

 

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Alcarria TV – Al Médico con Ramón – Tratamiento integral de la menopausia: no va de una pastilla, va de entender todo el sistema

28/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Programa semanal para EsRadio Guadalajara y Alcarria TV, presentado por José Luis Solano, con la participación del Dr. Ramón Bernadó.

 

Este profesional con cuarenta años de ejercicio nos explica temas relacionados con la salud.

 

Se emite desde Abril de 2020 en plena pandemia.

 

Ha realizado un recorrido por diversas enfermedades, trastornos mentales y adicciones.

 

Al Médico con Ramón – Tratamiento integral de la menopausia: no va de una pastilla, va de entender todo el sistema

 

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Turno de noche – Cold Storage – 2026 – Jonny Campbell – #YoVoyAlCine

28/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Setas espaciales, vómito verde y Liam Neeson con lumbalgia: el pack completo”

 

Jonny Campbell no es precisamente un novato, aunque tampoco es de esos directores que uno tenga tatuados en la memoria cinéfila.

 

Ha trabajado sobre todo en televisión, con series como Westworld, Black Mirror o Altered Carbon, donde ha demostrado solvencia visual y buen pulso narrativo en terrenos de ciencia ficción y thriller.

 

En cine, sin embargo, no ha tenido una carrera especialmente destacada, y con Turno de noche da el salto a un proyecto que mezcla terror, comedia y serie B sin complejos.

 

En cuanto a premios y nominaciones, Turno de noche se mueve en ese territorio donde los festivales miran para otro lado con cierta elegancia. No constan premios relevantes ni nominaciones destacadas. Vamos, que no ha venido a competir por la Palma de Oro, sino por la risa fácil y el chorreo verde.

 

 

Cutrecomentario

 

Aquí la cosa va de un hongo verde venido del espacio. Sí, has leído bien. Un hongo. Verde. Espacial. Y además con muy mala leche, porque mata rápido y de forma bastante poco elegante: haciendo que los cuerpos exploten y esparzan su asquerosidad por doquier. Un festival de fluidos digno de una cena navideña que se ha torcido.

 

La película mezcla comedia de terror con cine de pandemias y, sorprendentemente, con cierto aire de cine laboral. Porque aquí, entre explosión y explosión, también hay gente currando, que bastante tienen con lo suyo como para encima lidiar con setas asesinas.

 

Al frente del cotarro está Liam Neeson, que ya es experto en repartir estopa, pero aquí decide reírse un poco de sí mismo. Interpreta a un tipo con lumbalgia, lo cual le da un punto bastante humano… y bastante poco épico. Hay momentos en los que parece que va a salvar el mundo, pero antes tiene que estirarse la espalda. Cine de acción con ibuprofeno.

 

Junto a él, Lesley Manville, aportando ese toque de seriedad británica que siempre viene bien cuando todo lo demás es un desparrame de vómito verde y gore de color pistacho.

 

La película se mueve entre salpicadura gore y humor más o menos gamberro, construyendo unos personajes que, sorprendentemente, están bastante bien perfilados para lo que se espera de un producto así. No es que vayan a ganar un Goya, pero al menos no parecen salidos de un casting de urgencia.

 

¿Funciona? Pues sí. Es divertida, tiene ritmo y sabe perfectamente qué tipo de película quiere ser: una serie B con cariño, que homenajea ese cine Z que tantos buenos ratos nos dio en sesiones dobles de adolescencia, con palomitas, risas y cero pretensiones.

 

¿Problema? Que se olvida rápido. Muy rápido. Sales del cine, te tomas un café y ya estás dudando de si lo del hongo era verde o azul. Pero oye, el rato te lo ha hecho pasar.

 

Turno de noche es una gamberrada simpática, con vísceras fluorescentes y sentido del humor, que no aspira a nada más que entretener… y lo consigue.

 

No es cine para recordar, pero sí para disfrutar sin pensar demasiado. Que tampoco está mal.

 

Mi puntuación: 5,66/10.

 

 

 

Dirigido por Jonny Campbell:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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La ahorcada – 2026 – Miguel Ángel Lamata – #YoVoyAlCine

28/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Amor tóxico… pero de los que te hacen mirar el móvil para huir”

 

Miguel Ángel Lamata es un viejo conocido del cine español que siempre se ha movido entre la comedia gamberra y el experimento raro.

 

En su filmografía aparecen títulos como Tensión sexual no resuelta, Nuestros amantes o Los futbolísimos, donde ha demostrado cierto pulso para la comedia ligera y el entretenimiento más o menos digno.

 

Aquí, sin embargo, cambia de tercio y se lanza a un melodrama con tintes de terror… decisión valiente, sí; acertada, ya tal.

 

En cuanto a premios y nominaciones, La ahorcada juega en otra liga: la de “aquí no ha pasado nadie”. No consta su paso por festivales relevantes ni reconocimientos destacables. Vamos, que no ha levantado alfombras rojas precisamente… más bien ha pasado de puntillas, y gracias.

 

 

Cutrecomentario

 

La ahorcada pretende ser un melodrama de terror con historia de amor-odio más allá de la muerte. Ya de entrada suena a relación tóxica con plus paranormal, que siempre da para terapia… o para película. El problema es que aquí la cosa no pasa de la intención.

 

El guion es un auténtico caos. Si lo que buscaba era desconcertar al espectador, objetivo cumplido con matrícula: uno no sabe muy bien qué está pasando, ni por qué, ni para qué. Eso sí, no es ese desconcierto estimulante que te atrapa… es más bien el de “¿me he perdido algo o esto no hay por dónde cogerlo?”. Y claro, entre susto fallido y escena rara, lo que llega no es inquietud, sino un tedio bastante serio.

 

La dirección de actores tampoco ayuda. Eduardo Noriega aparece totalmente desdibujado, irreconocible en el peor sentido posible. Amaia Salamanca, pobrecilla, parece que está en otra película distinta y no le han pasado el guion correcto. Y luego está Cristina Gallego, haciendo de médium ultraseria, en un personaje que chirría tanto que parece metido con calzador en mitad del desastre.

 

Si hay que salvar a alguien del naufragio, quizá sea Norma Ruiz, en su papel de divorciada joven y atractiva, que al menos parece tener claro en qué película está… cosa que no es poco viendo el panorama.

 

La película, además, se divide en dos partes: una primera que funciona mal y una segunda que consigue el milagro de funcionar aún peor. Es como bajar una cuesta… pero hacia el aburrimiento.

 

En resumen: La ahorcada es de esas películas que intentan mucho y consiguen poco.

 

Un cóctel de terror, melodrama y relaciones tóxicas que acaba siendo, directamente, infumable. Y viendo el resultado, tampoco sorprende que no haya pasado por festivales ni haya dado mucho que hablar.

 

Aquí no hay fantasma que dé miedo… lo único que asusta es lo larga que se hace.

 

Mi puntuación: 2,52/10.

 

 

 

Dirigido por Miguel Ángel Lamata:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Hoppers (Animación) – 2026 – Daniel Chong – #YoVoyAlCine

28/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Avatar, pero con castores y sin ponerse estupenda”

 

Daniel Chong debuta en el largometraje de Pixar con Hoppers: Operación Castor, aunque no llega precisamente en pañales: es el creador de la estupenda serie EscandalososWe Bare Bears— y dirigió We Bare Bears: The Movie.

 

Aquí se mete en terreno Pixar con una historia escrita por Jesse Andrews, sobre Mabel, una joven que transfiere su conciencia a un castor robótico para comunicarse con los animales.

 

La película es una producción de Pixar Animation Studios y se estrenó en EE. UU. el 6 de marzo de 2026.

 

En cuanto a premios, de momento no constan galardones ni nominaciones relevantes registradas para Hoppers: Operación Castor.

 

IMDb la tiene todavía sin premios en su ficha, así que aquí no vamos a inventarnos una Espiga de Oro de la Ribera del Castor, por mucho que apetezca. 

 

 

Cutrecomentario

 

Hoppers: Operación Castor es una excelente película. Sí, excelente. Tampoco pasa nada por decirlo, que no se va a abrir el suelo de la sala ni va a salir Buzz Lightyear a pedir explicaciones.

 

Estamos ante una cinta con mensaje ecologista, con discurso de reconciliación entre humanos y naturaleza, y con una animación 3D brillante, luminosa, muy bien trabajada.

 

Los efectos visuales del agua son directamente impresionantes: Pixar sigue sabiendo hacer que una charca parezca el Amazonas con plus de belleza y presupuesto.

 

La historia tiene una premisa muy simpática: una humana que se mete en el cuerpo de un castor robótico para entender el mundo animal desde dentro. Vamos, lo típico que uno hace un martes si tiene una tarde libre y problemas de socialización.

 

La película juega bien esa idea, mezcla aventura, comedia y emoción, y consigue que sus personajes resulten entrañables sin ponerse demasiado empalagosa.

 

Ahora bien, conviene no venirse arriba como si acabáramos de descubrir el Santo Grial con cola de castor.

 

Pixar nos ha dado auténticas maravillas: Toy Story, Up, Del revés, Coco, WALL·E, Buscando a Nemo… y Hoppers: Operación Castor no está en esa liga de obras maestras. Es muy buena, sí, pero no una de esas películas que te dejan mirando al infinito pensando en el sentido de la vida y en si has abrazado poco a tu familia.

 

Funciona estupendamente como entretenimiento. Es divertida, simpática, visualmente apabullante y tiene pequeñas dosis de emoción muy bien colocadas. También incluye alguna píldora de humor muy eficaz, de esas que no te hacen caerte de la butaca, pero sí sonreír con gusto. Y eso, en estos tiempos, ya es bastante: una sonrisa sin anestesia ni suscripción premium.

 

Puede que algunos elementos del guion sean algo complicados para una audiencia infantil muy pequeña. Hay tecnología, conciencia transferida, ecologismo, conflicto humano-animal y alguna idea que quizá a los más canijos les pase un poco por encima. Pero la película compensa eso con ritmo, color, personajes agradables y un tono muy accesible.

 

Hoppers es una película luminosa, divertida, con corazón y con castores, que siempre suma.

 

No es la gran obra maestra de Pixar, pero sí una aventura muy disfrutable, técnicamente impecable y con un mensaje bonito sin necesidad de ponerse un chaleco reflectante de ONG animada.

 

Mi puntuación: 7,75/10.

 

 

 

Dirigido por Daniel Chong:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Las guerreras k-pop (Animación) – K-Pop Demon Hunters – 2025 – Chris Appelhans, Maggie Kang – Netflix

27/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando Blackpink se mete a exorcista: purpurina contra el demonio de turno

 

Detrás de Las guerreras K-pop (ojo, que el título en España no está del todo asentado, porque Netflix va a su bola) están Chris Appelhans y Maggie Kang.

 

Appelhans es más conocido por Wish Dragon (2021), una simpática producción animada con aroma a cuento clásico y dragón concediendo deseos, mientras que Kang ha trabajado sobre todo como animadora y artista en estudios potentes, participando en proyectos de Disney y DreamWorks. Aquí ambos se lanzan a este batiburrillo de idols, demonios y coreografías con más brillo que una bola de discoteca en Nochevieja.

 

En cuanto a premios y nominaciones… pues la cosa está más tranquila que una sala de cine en agosto a las cuatro de la tarde. No hay constancia de grandes galardones ni de presencia destacada en festivales importantes. Es más un producto de consumo directo para plataforma que un aspirante a pasear alfombra roja.

 

Y vamos al lío.

 

La película llega precedida por un hype curioso, con fandom entregado y ganas de ver idols repartiendo estopa a demonios. Y sí, lo que ofrece es exactamente eso: musical pop a saco, coreografías bien montadas y un universo hiperfemenino donde el glitter no se negocia. Todo muy vistoso, muy colorido, muy “mírame y no me toques”.

 

La trama no se complica demasiado la vida: superheroínas con estética K-pop enfrentándose al mal de toda la vida, aunque con ese pequeño giro de ambigüedad moral que tanto gusta ahora. Una de las protagonistas tiene su lado oscuro (porque si no, no hay drama), y el enemigo principal es un demonio con cara de ídolo coreano que podría venderte un perfume mientras te roba el alma. Todo muy lógico.

 

Eso sí, entre canción y canción, llegan las peleas… y aquí es donde la cosa se desinfla un poco. Las batallitas son rutinarias, sin mucha chispa, como si estuvieran ahí por obligación contractual. Cumplen, pero no emocionan. Y eso en una peli de acción con demonios pues… hombre, se nota.

 

Al final queda una película que se deja ver, que entretiene sin molestar y que probablemente hará las delicias del público más fan del K-pop. Pero tampoco va a cambiar la historia del cine ni te va a hacer replantearte tu existencia. Ni frío ni calor. Como un refresco sin gas: entra fácil, pero no deja huella.

 

Mi puntuación: 5,50/10.

 

 

 

Dirigido por Chris Appelhans, Maggie Kang:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Después de Kim – 2026 – Ángeles González-Sinde – #YoVoyAlCine

26/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Benidorm, duelo y resaca emocional: lágrimas entre sangría y karaoke”

 

Ángeles González-Sinde dirige Después de Kim, y sí, hay que reconocer que la sorpresa existe. Guionista de largo recorrido —con títulos como La buena estrella o Todos estamos invitados— y directora de películas como La suerte dormida o Una palabra tuya (Goya al mejor guion adaptado), también carga con el “pecado original” de haber participado en Mentiras y gordas, esa cosa que muchos preferiríamos borrar del disco duro emocional. Aquí, sin embargo, intenta un giro más serio, mezclando drama familiar con thriller, con resultados… curiosos.

 

En cuanto a premios y nominaciones, Después de Kim no ha destacado especialmente en grandes galardones hasta ahora. Su paso por festivales ha sido discreto y la crítica, en general, más bien tibia o directamente fría, con opiniones como la de Javier Ocaña en El País, bastante poco entusiasmado (y no le falta parte de razón, todo sea dicho).

 

Y ahora viene lo curioso: contra todo pronóstico… funciona. O al menos, a ratos funciona bastante bien.

 

La historia arranca con una premisa potente: dos padres argentinos, Darío Grandinetti y Adriana Ozores, que interpretan a Juan y Gloria, viajan a España tras enterarse de que su hija, con la que no tenían relación desde hacía años, ha sido asesinada. Así, sin anestesia. Y por si fuera poco, hay un nieto desaparecido y un marido que también está en el aire. Todo apunta a un crimen machista, con la policía española investigando mientras ellos intentan procesar un duelo que llega tarde y mal.

 

Y todo esto… en Benidorm. En verano. Con turistas en chanclas, karaokes infames, despedidas de soltero nivel “vergüenza ajena” y litros de sangría corriendo como si no hubiera mañana.

 

Y aquí está la clave de la película: ese contraste. Ese choque brutal entre el dolor íntimo de los protagonistas y el entorno festivo, hortera y desbordado de Benidorm. Mientras uno está destrozado por dentro, el de al lado está cantando a Raphael con una peluca rubia y un mojito en la mano. Y esa idea, hay que reconocerlo, funciona. Tiene mala leche, tiene intención y tiene personalidad.

 

Luego está el thriller. Y ahí la cosa ya se tambalea un poco más. La investigación policial avanza de forma algo torpe, con situaciones que no terminan de estar bien resueltas y un guion que a veces verbaliza demasiado lo que debería sugerir. Hay momentos en los que la película parece querer ser más importante de lo que realmente es, como si se mirara demasiado en el espejo.

 

Pero aun así, hay algo que engancha. Quizá sean las interpretaciones —muy sólidas tanto Grandinetti como Ozores—, quizá ese Benidorm convertido en escenario emocional casi grotesco, o quizá simplemente que la película tiene más ideas buenas que malas, aunque no siempre sepa manejarlas.

 

Lo más inesperado es que Después de Kim termina dejando poso. No es redonda, ni mucho menos. Tiene fallos evidentes. Pero también tiene alma, y eso no es tan habitual.

 

Y oye, quién lo iba a decir: Ángeles González-Sinde dando una alegría. El mundo del cine nunca deja de sorprender. Para bien… y a veces, como aquí, un poco también.

 

Mi puntuación: 7,68/10.

 

 

 

Dirigido por Ángeles González-Sinde:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Kraken: El libro negro de las horas – 2026 – Manuel Sanabria, Joaquín Llamas – #YoVoyAlCine

26/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Kraken: mucho libro negro, pero el guion en blanco”

 

Manuel Sanabria y Joaquín Llamas dirigen a cuatro manos este thriller español basado en la novela homónima de Eva García Sáenz de Urturi, cuarta entrega del universo Kraken.

 

Sanabria tiene amplia trayectoria en televisión y series como La pecera de Eva, Impares o Frágiles; Llamas también viene de una larga carrera televisiva.

 

Aquí intentan llevar al cine un material de misterio, pasado familiar, libros rarísimos y asesinatos con solemnidad de biblioteca donde nadie se atreve a toser. 

 

En cuanto a premios, no constan grandes galardones ni nominaciones cinematográficas relevantes hasta la fecha. La película sí pasó por el Festival de Málaga 2026 y llegó a los cines españoles el 24 de abril de 2026, distribuida por Vértice 360. 

 

Kraken: El libro negro de las horas se mueve en dos tiempos y alrededor de dos personajes: Unai López de Ayala, alias Kraken, interpretado por Alejo Sauras, e Ítaca Expósito, con Aitziber Luma como Ítaca joven y Natalia Millán en su versión adulta. O sea, dos tramas, dos épocas y la promesa de que todo acabará encajando. Promesa, digo. Cumplirse, cumplirse… ya tal.

 

Unai es un exinspector y perfilador criminal, uno de esos tipos listos que miran una mancha en la pared y deducen que el asesino desayunó churros. Investiga entre Vitoria y Madrid junto a Esti, interpretada por Maggie Civantos, y Mencía, inspectora de patrimonio a la que da vida Natalia Rodríguez, aquí con un look casi albino que parece pedir su propia subtrama.

 

La película tiene cosas atractivas. Las localizaciones exteriores de Vitoria y Madrid lucen bastante bien: el Barrio de las Letras, el Retiro, la Cuesta de Moyano, la Catedral de Santa María de Vitoria… Todo eso da empaque, aire de thriller culto y postal criminal con tapa dura.

 

También hay persecuciones, movimiento, misterio bibliográfico y ese aroma a “vamos a montar una saga” que se huele desde la fila siete.

 

El problema gordo está en el guion. Y cuando falla el guion en un thriller, es como si en una paella falla el arroz: puedes ponerle gambas, azafrán y hasta un cameo de Antonio Banderas, que aquello no levanta.

 

Los dos asesinatos que sostienen la trama no terminan de resultar convincentes, algunas situaciones se resuelven de manera bastante “porque sí” y todo avanza con más artificio que verdadera tensión.

 

La historia de Ítaca tampoco acaba de tener la fuerza ni la credibilidad que debería. Y la parte de Kraken, que tendría que ser el motor emocional y policial de la película, se queda coja porque Alejo Sauras no termina de sostener el personaje. Si la idea es levantar una saga policiaca sobre sus hombros, alguien debería revisar el cálculo estructural, porque esto no aguanta ni con cemento armado.

 

La realización es efectista y no está mal: hay oficio, ritmo visual y una puesta en escena que intenta darle empaque al asunto. Pero el envoltorio no tapa que la historia hace aguas. Mucho libro negro, mucho pasado oscuro, mucho viaje Vitoria-Madrid, pero poca convicción.

 

Kraken: El libro negro de las horas quiere ser un thriller inquietante, elegante y con vocación de saga, pero se queda en una película fallida, con buenas localizaciones, alguna idea potente y un guion que parece escrito con tinta simpática: al principio promete, pero luego desaparece.

 

Termino siendo enigmático: hay unas cuantas interpretaciones que son de traca, más que malas, pésimas. Y no cito nombres…

 

Mi puntuación: 4,75/10.

 

 

 

Dirigido por Manuel Sanabria, Joaquín Llamas:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Un poeta – 2025 – Simón Mesa Soto – #YoVoyAlCine

26/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Poeta, borracho y superviviente: Bukowski se queda corto en Medellín”

 

El colombiano Simón Mesa Soto se confirma como uno de esos directores que no vienen a caer bien, sino a remover.

 

Ganador de la Palma de Oro al mejor cortometraje en Cannes con Leidi (2014), su filmografía es breve pero muy contundente, centrada en retratar realidades sociales sin edulcorantes.

 

Tras varios trabajos en corto, da el salto al largo con Un poeta, manteniendo ese pulso crudo, casi documental, que no pide permiso ni perdón.

 

En cuanto a premios, Un poeta ha pasado por festivales importantes, incluyendo su estreno en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes 2025, lo que ya es una carta de presentación bastante seria. La película ha sido destacada por su mirada social y su estilo incómodo, generando división entre crítica y público (vamos, lo típico cuando alguien hace algo con personalidad).

 

Vamos a hacer el intento —con todo el respeto del mundo— de hablar un poquito en colombiano, porque la peli lo pide y el cuerpo también.

 

Parce, lo primero que hay que decir de Un poeta es que tiene un valor berraco. Simón Mesa Soto se la juega toda poniendo en pantalla a un protagonista que no es que no sea atractivo… es que directamente te genera rechazo. Y ahí está la gracia. Este poeta, interpretado de forma brutal por Ubeymar Ríos (que ojo, es su única película), es un tipo ya mayor, desordenado, medio sucio, incómodo, de esos que uno ve venir y cruza de acera.

 

El hombre vive de la pensión de la mamá —ojo al dato—, ha publicado dos libritos y se autodenomina poeta, aunque todo el mundo a su alrededor tiene bastante claro que lo que es, es un parado con ínfulas.

 

Es el antihéroe definitivo, un friki de la poesía que da más pena que admiración.

 

Y su vida… uff, su vida es un desastre total: alcoholismo, relaciones familiares hechas trizas, especialmente con su hija, con la que tiene una relación bastante turbia que roza el acoso. Incómodo es poco.

 

Y cuando ya parece que este man no tiene arreglo, aparece Yurlady, una niña interpretada por Rebeca Andrade, que escribe poemas sobre su vida cotidiana en un entorno de marginalidad absoluta. Una casa donde cabe medio barrio: hermanos, sobrinos, embarazos, abuela, tíos… y una madre que solo aparece los domingos porque trabaja interna. Vamos, un cuadro social de los que no salen en los anuncios de turismo.

 

Y es ahí donde la peli encuentra su corazón. Este poeta ve en la niña una especie de luz, un faro, algo a lo que agarrarse para intentar salir de su miseria personal. Y sin hacer spoilers, lo que viene después es una mezcla muy rara, pero muy potente.

 

Porque la peli es rara, sí. Tiene momentos muy duros, bastante sórdidos, pero también otros de una ternura inesperada.

 

Es trágica, pero a ratos tiene un humor muy negro que te descoloca.

 

Es fea, pero a su manera también es bonita. Vamos, que no sabes muy bien dónde meterla.

 

Y ojo, no es una película fácil. Hay gente que probablemente en los primeros minutos ya esté mirando el reloj o pensando en la cena. Pero si entras en su juego, si te dejas llevar por ese ritmo y ese personaje incómodo, la película te acaba atrapando.

 

No es para todos los públicos. Pero precisamente por eso merece mucho la pena.

 

Mi puntuación: 7,58/10.

 

 

 

Dirigido por Simón Mesa Soto:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Al Médico con Ramón – Tratamiento integral de la menopausia: no va de una pastilla, va de entender todo el sistema

25/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Tratamiento integral de la menopausia: cómo abordar una revolución hormonal sin volverse loco (ni quedarse corto)

 

 

Hormonas, alternativas terapéuticas, salud mental y prevención: una mirada completa a una etapa que exige algo más que soluciones rápidas.


 

 

La menopausia no es un síntoma, ni dos, ni tres. Es un cambio global del organismo. Y como todo cambio global, no se soluciona con un parche.

 

Pretender tratar la menopausia solo con una crema, una pastilla o una recomendación suelta es como intentar arreglar una gotera con un chicle: puede aliviar, pero no resuelve el problema.

 

El abordaje real tiene que ser integral, individualizado y, sobre todo, bien entendido.


 

 

1. La terapia hormonal sustitutiva: la herramienta más potente… y la más malinterpretada

 

La terapia hormonal sustitutiva (THS) sigue siendo, a día de hoy, el tratamiento más eficaz para los síntomas derivados de la caída de estrógenos.

 

No hay otro tratamiento que iguale su capacidad para controlar los sofocos, mejorar el sueño o revertir la atrofia urogenital.

 

Desde el punto de vista fisiológico, su lógica es sencilla: si el problema es la falta de hormonas, la solución es reponerlas. Pero claro, en medicina lo sencillo rara vez es simple.

 

Durante años, la THS quedó marcada por el miedo tras la publicación de los resultados del estudio WHI a principios de los años 2000. Aquello se tradujo en titulares alarmistas y en una retirada masiva del tratamiento.

 

Con el tiempo, y con análisis más finos, se ha comprendido que el problema no era tanto la terapia en sí, sino el contexto en el que se utilizaba.

 

Hoy sabemos que el momento de inicio es clave. Existe lo que se denomina la “ventana de oportunidad”: iniciar la THS en mujeres menores de 60 años o dentro de los primeros diez años tras la menopausia se asocia a un perfil de seguridad mucho más favorable. En ese grupo, los beneficios superan claramente a los riesgos en muchas pacientes.

 

Los beneficios son bien conocidos. La THS reduce de manera muy significativa los sofocos, mejora la calidad del sueño y tiene un efecto claro sobre la calidad de vida. A nivel óseo, disminuye la pérdida de masa y reduce el riesgo de fracturas. También tiene efectos positivos sobre la mucosa vaginal y el tracto urinario.

 

Sin embargo, no es un tratamiento inocuo. El uso prolongado de combinaciones de estrógenos y progestágenos se ha asociado a un aumento discreto del riesgo de cáncer de mama. También existe un incremento del riesgo de trombosis venosa, especialmente con la vía oral, y un ligero aumento del riesgo de ictus en mujeres de mayor edad.

 

Aquí es donde entra el matiz que tantas veces se pierde: no todas las terapias hormonales son iguales. La vía transdérmica, por ejemplo, parece tener un menor impacto sobre el riesgo trombótico. El tipo de progestágeno también influye. Y, sobre todo, el perfil individual de cada mujer marca la indicación.

 

Por eso, la THS no es ni el enemigo público número uno ni la solución universal.

 

Es una herramienta potente que, bien utilizada, puede cambiar radicalmente la experiencia de la menopausia.


 

 

2. Alternativas no hormonales: cuando las hormonas no son una opción

 

No todas las mujeres pueden o desean utilizar terapia hormonal. En estos casos, el abordaje se orienta hacia tratamientos que, sin ser tan eficaces globalmente, pueden aliviar síntomas concretos.

 

Para los sofocos, algunos fármacos como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina o la gabapentina han demostrado una eficacia moderada. No eliminan los síntomas como la THS, pero pueden reducir su intensidad y frecuencia.

 

En el ámbito urogenital, el tratamiento local con estrógenos vaginales ofrece resultados muy buenos, con una absorción sistémica mínima. Es una opción especialmente útil para la sequedad vaginal y la dispareunia, incluso en mujeres en las que la terapia hormonal sistémica está contraindicada.

 

La salud ósea merece una mención especial. La pérdida de masa ósea en la menopausia no es anecdótica, es un problema de salud pública. Aquí, además del calcio y la vitamina D, existen fármacos específicos como los bisfosfonatos o el denosumab, que se utilizan en mujeres con riesgo elevado de fractura.

 

En cuanto al metabolismo, no hay atajos farmacológicos eficaces a largo plazo. El aumento de peso y la redistribución grasa requieren un abordaje basado en la alimentación y el ejercicio. Puede sonar poco atractivo, pero es lo que funciona.


 

 

3. El papel del apoyo psicológico: cuando la biología se mezcla con la vida

 

Uno de los grandes errores en el abordaje de la menopausia es reducirla a una cuestión hormonal. El componente psicológico es fundamental.

 

La fluctuación y posterior descenso de los estrógenos influye en neurotransmisores clave como la serotonina, lo que puede favorecer la aparición de ansiedad o síntomas depresivos. A esto se suma el impacto del insomnio, los cambios vitales asociados a esta etapa y, en muchos casos, factores sociales y personales.

 

El apoyo psicológico no es un lujo, es una parte del tratamiento. La terapia cognitivo-conductual ha demostrado eficacia en el manejo del insomnio y en la reducción del impacto de los sofocos. Además, puede ayudar a mejorar la adaptación emocional a esta etapa.

 

No se trata de “psicologizar” la menopausia, sino de entender que el cerebro también forma parte del sistema.


 

 

4. Estilo de vida: la base silenciosa que lo sostiene todo

 

Si hay un pilar que atraviesa todo el tratamiento de la menopausia es el estilo de vida. Y aquí no hay novedades revolucionarias, pero sí evidencia sólida.

 

El ejercicio físico regular tiene efectos sobre el estado de ánimo, la salud cardiovascular, la masa ósea y el metabolismo. No es un complemento, es parte del tratamiento.

 

La alimentación equilibrada, especialmente patrones como la dieta mediterránea, contribuye a reducir el riesgo cardiovascular y a controlar el peso. El sueño, muchas veces alterado en esta etapa, debe cuidarse como una prioridad.

 

Y el tabaco, una vez más, juega en contra. Acelera la pérdida ósea y empeora el perfil cardiovascular.


 

 

5. Seguimiento médico: prevenir mejor que lamentar

 

La menopausia marca un punto de inflexión en términos de riesgo de enfermedad crónica. Por eso, el seguimiento médico cobra especial importancia.

 

Las revisiones ginecológicas deben mantenerse, al igual que el cribado de cáncer de mama mediante mamografía.

 

El control cardiovascular, incluyendo tensión arterial, perfil lipídico y glucosa, es fundamental, ya que el riesgo aumenta tras la menopausia.

 

En mujeres con factores de riesgo, la densitometría ósea permite detectar de forma precoz la osteoporosis.

 

No se trata de medicalizar la vida, sino de adelantarse a los problemas.


 

 

6. Sexualidad: redescubrir en lugar de renunciar

 

La sexualidad en la menopausia no desaparece, pero cambia. Los factores físicos, como la sequedad vaginal, se combinan con factores emocionales y relacionales.

 

El tratamiento local, el uso de lubricantes y, sobre todo, la comunicación en pareja son claves para mantener una vida sexual satisfactoria.

 

En muchos casos, esta etapa permite redefinir la sexualidad de una forma más libre y consciente.


 

 

7. Conclusión: la clave está en el enfoque global

 

El tratamiento de la menopausia no puede ser parcial. No basta con tratar los sofocos o mejorar el sueño. Es necesario un enfoque que integre todos los aspectos: hormonal, físico, psicológico y preventivo.

 

La terapia hormonal puede ser una herramienta excelente cuando está bien indicada. Las alternativas no hormonales tienen su papel. El apoyo psicológico es imprescindible en muchos casos. Y el estilo de vida y el seguimiento médico son la base que sostiene todo lo demás.

 

En definitiva, no se trata de “pasar” la menopausia.
Se trata de entenderla y manejarla con criterio.

 

Porque cuando se hace bien, deja de ser un problema… y pasa a ser simplemente otra etapa de la vida.


 

 

 

8. Algoritmo práctico de tratamiento de la menopausia (para no perderse en el camino)

 

Porque una cosa es la teoría… y otra lo que haces cuando tienes delante a una paciente con sofocos, insomnio y mala leche (justificada, todo hay que decirlo).


 

 

Paso 1: identificar el problema principal

 

No todas las menopausias son iguales, así que lo primero es ver qué predomina:

 

  • Sofocos y sudoración

 

  • Insomnio

 

  • Sequedad vaginal / dispareunia

 

  • Cambios de ánimo

 

  • Aumento de peso / riesgo metabólico

 

  • Riesgo óseo

 

Aquí no hay que tratar “la menopausia”, sino lo que más molesta o preocupa.


 

 

Paso 2: valorar si es candidata a THS

 

Aquí está la gran decisión.

 

Se plantea THS si:

 

  • Síntomas moderados o severos

 

  • Menos de 60 años o <10 años desde menopausia

 

  • Sin contraindicaciones

 

 

Antes de indicar:

 

  • Historia clínica completa

 

  • Evaluar riesgo cardiovascular

 

  • Antecedentes de cáncer de mama

 

  • Riesgo trombótico

 

 

Si todo cuadra → la THS suele ser la mejor opción.

 

Si no cuadra → hay que ir por otras vías (y no pasa nada).


 

 

 

Paso 3: elegir el tipo de tratamiento

 

Aquí viene la parte fina.

 

Si se decide THS:

 

  • Útero presente → estrógenos + progestágeno

 

  • Sin útero → solo estrógenos

 

 

Preferir vía transdérmica si:

 

  • Riesgo trombótico

 

  • Obesidad

 

  • Factores cardiovasculares

 

Si el problema es solo vaginal:


👉 tratamiento local (mucho más simple y seguro)


 

 

 

Paso 4: si no hay THS (o no se quiere)

 

Se actúa por síntomas:

 

Sofocos → ISRS / gabapentina


Sequedad vaginal → lubricantes o estrógenos locales


Insomnio → higiene del sueño + terapia cognitivo-conductual


Ansiedad / ánimo → apoyo psicológico ± fármacos

 

 

No es tan potente como la THS, pero bien manejado funciona razonablemente.


 

 

Paso 5: intervenir siempre sobre estilo de vida

 

Esto no es opcional.

 

Ejercicio regular (clave para todo)

 

  • Dieta equilibrada

 

  • Control de peso

 

  • Evitar tabaco

 

  • Cuidar el sueño

 

Da igual el tratamiento que pongas: sin esto, el resultado siempre será peor.


 

 

 

Paso 6: valorar riesgo óseo y cardiovascular

 

Aquí hay que levantar la vista del síntoma.

 

  • Densitometría si riesgo de osteoporosis

 

  • Control de tensión arterial

 

  • Perfil lipídico

 

  • Glucosa

 

 

Si hay riesgo:


👉 tratar específicamente (no basta con “vigilar”).


 

 

Paso 7: seguimiento (porque esto no es poner y olvidarse)

 

  • Reevaluar síntomas

 

  • Ajustar dosis si hay THS

 

  • Vigilar efectos adversos

 

  • Reforzar hábitos

 

La menopausia es un proceso dinámico. El tratamiento también debe serlo.


 

 

Mini resumen (modo café rápido)

 

  • Si hay síntomas importantes → pensar en THS

 

  • Si no se puede o no se quiere → tratamiento dirigido

 

  • Siempre → estilo de vida + prevención

 

  • Y sobre todo → individualizar


 

 

 

Cierre final

 

La menopausia no se trata con recetas universales ni con soluciones mágicas. Se trata entendiendo a la paciente, sus síntomas y su contexto.

 

Un buen tratamiento no es el más sofisticado.
Es el que mejor encaja.

 

Y cuando eso ocurre, la diferencia se nota. Mucho.

 

 

 

 

Bibliografía

  • North American Menopause Society (NAMS). 2022 Hormone Therapy Position Statement.

 

  • Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO). Guía de menopausia.

 

  • WHI Investigators. Risks and benefits of estrogen plus progestin. JAMA.

 

  • Nelson HD. Menopause. The Lancet.

 

  • Pinkerton JV. Menopause management. Obstetrics & Gynecology Clinics.

 

  • Santoro N. Perimenopause and menopause. J Clin Endocrinol Metab.

 

  • Freeman EW. Hormones and mood in menopause. Arch Gen Psychiatry.

 

  • Greendale GA. Bone loss in menopause. Ann Intern Med.

 

  • Soares CN. Mood disorders in menopause. Menopause Journal.

 

 

 

 

 

 

(Artículo redactado, según mis indicaciones, por IA y posteriormente corregido y modificado por holasoyramon)

 

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Casi todo bien – 2026 – Andrés Salmoyraghi, Rafael López Saubidet – #YoVoyAlCine

25/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Casi todo bien… salvo escribir 1500 páginas que no se lee ni tu madre”

 

Sobre los directores, Andrés Salmoyraghi y Rafael López Saubidet, hay que decirlo claro: no son nombres todavía muy asentados en el largometraje.

 

Casi todo bien supone prácticamente su carta de presentación en este formato, tras trabajos previos más ligados a otros ámbitos (publicidad, guion, proyectos menores).

 

Aquí se lanzan a una comedia con alma de drama, que no es precisamente el camino fácil para debutar. Valientes, desde luego.

 

Y entrando en materia, Casi todo bien es una comedia… pero de esas que duelen un poco. Porque en el fondo esto es un drama como una casa, muy en la línea de lo que decía Billy Wilder: la diferencia entre comedia y tragedia es cuestión de tono. Aquí el tono te hace sonreír, pero si rascas un poco, hay bastante miseria emocional debajo.

 

El protagonista, Hilario (interpretado por Marcel Borràs), es ese tipo que todos hemos conocido… o peor, hemos sido en algún momento: un amante de la literatura desde niño, convencido de su talento, que a los treinta y muchos sigue aferrado a una novela imposible de 1500 páginas que no va a publicar absolutamente nadie.

 

Y vive en una especie de limbo vital, en una habitación conseguida de rebote, trabajando en una librería donde básicamente pierde el tiempo y alimentando un sueño que ya huele a naftalina.

 

Es un personaje patético, sí, pero también reconocible. De esos que dan pena y risa a la vez.

 

Y entonces aparece ella. Silma López, magnética, luminosa, con una energía que parece venir de otro planeta. Una chica completamente ajena a ese mundo literario intensito, profesora de esas clases de gimnasio donde la gente salta, suda y sobrevive como puede. Vamos, la antítesis perfecta del protagonista.

 

Y claro, pasa lo que tiene que pasar: ella le da vida. Literalmente. Le sacude, le arrastra, le pone frente a algo que no son palabras sino emociones reales. Y ahí es donde la película encuentra su mejor idea: la reflexión sobre qué es la literatura. Si es postureo intelectual o si es, simplemente, escribir desde lo que uno vive y siente de verdad.

 

Alrededor, un desfile de secundarios que elevan el conjunto: Julián Villagrán, siempre en ese punto entre lo entrañable y lo caótico; Secun de la Rosa, fantástico como ese escritor de “novela fácil” que seguramente vende más que el protagonista sin despeinarse; Adelfa Calvo, impecable como jefa que mira con resignación; y Lorenzo Ferro, completando ese pequeño ecosistema de perdedores funcionales.

 

La película acaba siendo eso: el retrato de un perdedor. Pero no uno épico, sino uno bastante torpe, bastante incapaz de vivir fuera de sus propias fantasías literarias. Un tipo que quiere vivir en los libros porque la vida real le queda grande… y que cuando por fin tiene algo auténtico delante, no sabe qué hacer con ello.

 

Casi todo bien funciona mejor como drama disfrazado de comedia que como comedia pura. Tiene momentos muy lúcidos, personajes bien dibujados y una idea central interesante: que vivir en la literatura está muy bien… hasta que te das cuenta de que la vida va por otro lado.

Y ahí, amigo, no hay editorial que te salve.

 

Mi puntuación: 6,55/10.

 

 

 

Dirigido por Andrés Salmoyraghi, Rafael López Saubidet:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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El cielo gira (Documental) – 2004 – Mercedes Álvarez – Asociación Amigos del Cine de Azuqueca de Henares (ACAZ)

25/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“El cielo gira… pero aquí no hay prisa, ni falta que hace”

 

Mercedes Álvarez es una directora española que se mueve más en el terreno del documental con mirada autoral que en el cine comercial de palomitas.

 

El cielo gira fue su debut en largo y ya dejó claro por dónde iban los tiros: cine contemplativo, pausado y con vocación poética.

 

Después ha firmado trabajos como Mercado de futuros, donde vuelve a reflexionar sobre el paso del tiempo y los cambios en la sociedad.

 

No es una cineasta de grandes estrenos, pero sí de las que tienen una voz muy reconocible… y muy tranquila, aviso.

 

Y claro, en El cielo gira no hay giros de guion, ni persecuciones, ni nadie gritando “¡corre!”. Aquí lo que hay es tiempo. Mucho tiempo. Y silencio. Más silencio todavía.

 

La propia Mercedes Álvarez vuelve a su pueblo natal, donde fue la última persona que nació allí, y se encuentra con un lugar que parece suspendido en otra dimensión.

 

Una España rural que no corre, que no compite, que simplemente está… esperando a desaparecer sin hacer ruido. El mayor acontecimiento puede ser un coche de campaña electoral que llega, pega dos carteles y se va. Fin del espectáculo.

 

La película se empapa completamente de ese ritmo: pausado, lento, casi hipnótico. Aquí los protagonistas son los sonidos mínimos: perros ladrando, moscas zumbando, pájaros cantando. Si alguien busca acción, mejor que se vaya a ver otra cosa. Esto es casi una experiencia sensorial de la despoblación.

 

Y luego está ese hallazgo casi poético: el pintor que se está quedando ciego y que decide retratar ese mundo que también está desapareciendo. Un tipo que pierde la vista mientras pinta un paisaje que se apaga. No hace falta ser muy listo para ver la metáfora, pero oye, funciona.

 

También quedan imágenes que se te quedan pegadas: ese viejo olmo muerto, arrancado y convertido en una especie de escultura sin vida, como símbolo perfecto de todo lo que se está extinguiendo; o ese palacio abandonado de unos condes que nadie recuerda, con unos obreros intentando convertirlo en hotel… proyecto que suena más a ilusión que a realidad.

 

Y en todo esto hay un elemento clave que eleva la propuesta: la fotografía de Alberto Rodríguez, sencillamente preciosa.

 

La película está rodada con cámara fija, con planos estáticos que huyen de cualquier aturdimiento visual. Aquí no hay nervio, no hay prisa, no hay montaje histérico: la forma acompaña al fondo. Esa quietud se contagia, se mete en el espectador, y convierte cada plano en una especie de cuadro donde el tiempo parece suspendido.

 

El resultado es un documental que no es fácil, ni pretende serlo. Es lento, muy lento, y a ratos parece que el tiempo se ha quedado a echar la siesta. Pero también tiene una belleza rara, casi hipnótica, que atrapa si entras en su juego.

 

Una apuesta arriesgada de Juan Ignacio en la Asociación Amigos del Cine de Azuqueca de Henares (ACAZ), pero que sale airosa. No es para todos los públicos, pero quien conecte con ese ritmo y esa mirada, sale tocado.

 

Cine de contemplar, de escuchar y de dejarse llevar… aunque a veces parezca que el cielo gira más rápido que la propia película.

 

Mi puntuación: 7,70/10.

 

 

 

Dirigido por Mercedes Álvarez:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Michael (Musical) – 2026 – Antoine Fuqua – #YoVoyAlCine

25/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Michael: santo, mártir… y ni una cagada de la llama”

 

Antoine Fuqua no es precisamente un director de musicales para bailar en la ducha.

Es más bien de tiros, sudor y miradas intensas.

 

Ahí están Training Day (con Óscar para Denzel Washington), El protector, Los siete magníficos, Objetivo: Washington D.C. o Emancipation.

 

Vamos, que lo suyo suele ser repartir estopa con estilo.

 

Por eso sorprende verlo metido en un biopic musical sobre Michael Jackson, cambiando las balas por el moonwalk. Y oye, lo intenta… pero no termina de cambiar del todo de registro.

 

Y entrando en el asunto, Michael es un biopic de esos que ahora salen como churros, centrado en la vida del artista entre 1966 y 1988. Un periodo suficientemente jugoso como para montar el espectáculo… y también lo bastante controlado como para no meterse en demasiados charcos.

 

La película no es tanto un retrato complejo como una especie de geografía emocional del personaje, pero con GPS trucado: todo apunta a que Michael Jackson era poco menos que un ángel caído del cielo.

 

Se justifican sus rarezas con bastante mimo: su amor por los animales (rata, llama, jirafa… aquello parece más un safari que Neverland), su dificultad para relacionarse con la gente “normal” porque todo el mundo le pedía autógrafos… y claro, así cualquiera se acaba haciendo amigo de una llama. Por cierto, detalle técnico: en el cine los animales no cagan. Misterio sin resolver.

 

También se sugiere —aunque sin entrar de lleno— el tema de su consumo de fármacos, ligado a dolores crónicos por cirugías y al famoso accidente con quemaduras en el cuero cabelludo, que aquí casi parece una experiencia cercana a la muerte con épica incluida. Todo muy medido, muy suavecito.

 

Y luego está el elefante en la habitación… que directamente no aparece. El tema de las acusaciones de abusos se esquiva con elegancia olímpica, reconduciéndolo hacia su amor por los niños enfermos y su faceta caritativa.

 

La película prefiere no despeinarse. Ya si eso, lo dejamos para la secuela, que es donde promete venir la mandanga de verdad.

 

Porque claro, en todo cuento hace falta un villano. Y aquí ese papel recae en su padre, interpretado por Colman Domingo, que se entrega con entusiasmo… quizá demasiado. Un padre tiránico, disciplinario hasta lo militar, con cinturón en mano y cero matices. Vamos, el malo oficial con cartel luminoso.

 

En lo musical, eso sí, la cosa funciona. Ver recreadas las actuaciones y escuchar temazos de Michael Jackson en pantalla grande siempre es un gustazo. Ahí la película gana muchos puntos. Y Jaafar Jackson, su sobrino, cumple: se parece, se mueve bien, pero le falta ese magnetismo casi sobrenatural que tenía el original. No es culpa suya, es que competir con ese nivel es jugar en modo leyenda.

 

En resumen, Michael se deja ver, entretiene y tiene momentos brillantes, pero es un biopic demasiado blanqueado, demasiado reverencial y con más miedo que valentía.

 

Se nota que esto es solo el primer asalto: una introducción bien peinada a la espera de una segunda parte que, si se atreve, debería meterse en el barro.

 

De momento, mucho espectáculo, mucha música… y muy poco conflicto real. Como una fiesta en Neverland donde todo es bonito… y nadie recoge lo que deja la jirafa.

 

Mi puntuación: 5,65/10.

 

 

 

Dirigido por Antoine Fuqua:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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