El Blog de Hola Soy Ramón!

 

Scary Movie – 2026 – Michael Tiddes – #YoVoyAlCine

6/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Scary Movie: cuando el cadáver más terrorífico es el de la propia comedia

 

Michael Tiddes no es precisamente un nombre desconocido para los aficionados a las parodias disparatadas.

 

Su filmografía está ligada casi por completo a las colaboraciones con Marlon Wayans, con títulos como Paranormal Movie (A Haunted House), Paranormal Movie 2 y 50 sombras muy oscuras (Fifty Shades of Black).

 

Un director especializado en la comedia gamberra, el humor grueso y las referencias pop disparadas en todas direcciones. Su llegada a la sexta entrega de la saga parecía lógica, aunque el resultado invite a hacerse algunas preguntas incómodas.

 

La saga Scary Movie nació en el año 2000 de la mano de Keenen Ivory Wayans, convirtiéndose rápidamente en un fenómeno de taquilla gracias a su parodia salvaje de películas como Scream, Sé lo que hicisteis el último verano y otros éxitos del terror adolescente.

 

La primera entrega fue un enorme éxito comercial y sus secuelas mantuvieron durante años una notable popularidad, aunque con una recepción crítica cada vez más fría.

 

Hasta la fecha se han estrenado seis películas: Scary Movie (2000), Scary Movie 2 (2001), Scary Movie 3 (2003), Scary Movie 4 (2006), Scary Movie 5 (2013) y Scary Movie (2026).

 

La saga ha recaudado más de 800 millones de dólares en todo el mundo y se convirtió en la referencia de las parodias cinematográficas de comienzos de siglo, aunque muchos aficionados consideran que nunca volvió a alcanzar el nivel de frescura y éxito de sus primeras entregas.

 

 

Cutrecomentario

 

Hablar del argumento de Scary Movie sería una pérdida de tiempo. Y la película parece bastante empeñada en que el espectador también lo pierda.

 

La sexta entrega de una saga que comenzó en el año 2000 vuelve a la misma fórmula de siempre: bromear sobre el cine de terror, reírse de los éxitos recientes del género, lanzar referencias a diestro y siniestro y esperar que alguna funcione por simple acumulación estadística. Como cuando uno compra veinte décimos de lotería porque no confía en ninguno.

 

El problema es que la mayoría de los chistes no tienen gracia.

 

Y cuando una comedia no tiene gracia, la cosa se complica.

 

La película avanza a trompicones entre sketches, referencias, guiños y autorreferencias a sus propias entregas anteriores. No existe un verdadero hilo conductor capaz de mantener el interés.

 

Todo parece una sucesión de ocurrencias lanzadas contra la pantalla con la esperanza de que alguna sobreviva al impacto.

 

En mi caso, hubo momentos en los que desconecté completamente de lo que estaba viendo. No porque la película fuera compleja, sino precisamente por lo contrario. Lo que sucedía en pantalla me interesaba entre poco y nada.

 

Lo curioso es que la sala, que estaba ocupada aproximadamente en tres cuartas partes durante una sesión de viernes por la noche, sí reaccionaba de vez en cuando. Alguna carcajada aislada surgía aquí y allá. Y siendo justo, también hay algún gag visual que funciona razonablemente bien. Son pocos, pero existen. Alguna imagen absurda consigue arrancar una sonrisa.

 

El problema es que casi todo lo demás fracasa.

 

Los diálogos suelen estar construidos a base de gritos, exageraciones, histeria interpretativa y un ritmo frenético que parece querer ocultar la falta de ingenio. Mucho ruido y pocas nueces. O, siendo más exactos, mucho ruido y muy pocas risas.

 

La película está repleta de referencias al cine de terror contemporáneo, a personajes icónicos del género y a la propia historia de la franquicia. Pero la acumulación de guiños nunca sustituye a la creatividad. Reconocer una referencia no equivale automáticamente a reírse con ella.

 

Tampoco ayudan algunos personajes especialmente cargantes, que parecen diseñados para agotar la paciencia del espectador más que para hacerle gracia.

 

Y luego están los chistes sexuales. Muchos. Muchísimos. Algunos funcionan mínimamente, pero una buena parte resultan de un gusto bastante dudoso y transmiten la sensación de estar reciclados de un cajón olvidado de principios de los años dos mil.

 

Lo peor de todo es que la película ni siquiera cumple con su única misión. No pretende emocionar, ni reflexionar, ni sorprender. Solo quiere divertir. Y cuando una comedia fracasa en eso, se queda prácticamente sin argumentos para defenderse.

 

Las primeras entregas de Scary Movie tuvieron una aceptación considerable y llegaron a convertirse en fenómenos populares. Con el paso de los años la fórmula fue desgastándose hasta quedarse casi sin combustible. Esta sexta entrega no parece encontrar una forma de rejuvenecer la saga ni de justificar realmente su regreso.

 

Al final, el auténtico susto no está en los monstruos, los asesinos o los fantasmas que aparecen en pantalla.

 

El auténtico susto es comprobar que una película de casi dos horas puede contener tan pocas risas.

 

Mi puntuación: 2,31/10.

 

 

 

Dirigido por Michael Tiddes:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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La luz – 2026 – Fernando Franco – #YoVoyAlCine

6/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El cura, la culpa y la Iglesia moviendo muebles para que no se vean los cadáveres.

 

Fernando Franco vuelve con una película incómoda, áspera y muy poco apta para quienes van al cine buscando una tarde de palomitas y reconciliación con la humanidad.

 

La luz no ilumina precisamente una estancia bonita: apunta el foco hacia la pederastia dentro de la Iglesia católica, hacia el silencio institucional y hacia esa vieja costumbre de cambiar al cura de diócesis como quien mueve una lámpara de sitio.

 

Fernando Franco (Sevilla, 1976) es uno de los cineastas españoles más interesantes de su generación.

 

Debutó con la magnífica La herida (2013), que le valió el Goya a la mejor dirección novel, y posteriormente dirigió Morir (2017), la premiada La consagración de la primavera (2022), Subsuelo (2025) y ahora La luz.

 

Además, ha desarrollado una brillante carrera como montador en títulos tan destacados como Blancanieves, Que Dios nos perdone, Viaje al cuarto de una madre o Robot Dreams.

 

En cuanto a premios y nominaciones de La luz, de momento no constan galardones relevantes publicados. La película acaba de estrenarse, así que habrá que esperar a ver su recorrido.

 

Lo que sí llega con pedigrí es su equipo: Alberto San Juan tiene dos premios Goya, María Galiana ganó el Goya por Solas, y el reparto está lleno de esos actores que entran en escena y uno se sienta más recto en la butaca, por si acaso.

 

 

Cutrecomentario

 

La luz es una película interesante, muy sostenida por el personaje del padre Manuel, interpretado por un Alberto San Juan tremendo. La película vive, respira y se retuerce a través de sus ojos. Y también a través de esa mirada que se le ofrece al espectador, una mirada incómoda, casi cómplice, porque aquí no estamos ante una película de buenos y malos con cartelitos luminosos. Estamos ante algo mucho más desagradable: la culpa, el delito, la institución y el deseo de redención.

 

La película analiza la pederastia dentro de la Iglesia católica y, sobre todo, cómo esa institución ha escondido durante décadas estos crímenes trasladando sacerdotes de una diócesis a otra, como si el problema fuera de geografía y no de víctimas. La vieja técnica del “lo mandamos a otro sitio y que allí rece fuerte”. Una vergüenza con sotana administrativa.

 

El eje moral de la película queda resumido en una frase que pronuncia la madre del padre Manuel, interpretada por la veterana María Galiana, que sigue en activo con más de noventa años y con una presencia que ya quisieran muchos actores con cuarenta y gimnasio incluido. La frase viene a decir: “No podemos comprender lo que hiciste, pero sí podemos comprender lo que haces ahora”. Ahí está la película entera: el horror del pasado y la búsqueda desesperada, tal vez imposible, de algún tipo de perdón.

 

Ese sacerdote lleva treinta años viviendo obsesionado con su pecado para la Iglesia y con su delito para la sociedad. Porque aquí conviene no confundir términos: para la Iglesia podrá ser pecado, pero para la sociedad es delito. Y para las víctimas, una herida brutal.

 

Fernando Franco plantea muy bien esa diferencia, aunque la película a veces se desliza hacia lo discursivo, como si necesitara explicarse demasiado. Hay momentos en los que uno siente que el guion quiere levantar la mano en clase para subrayar su propia tesis.

 

Lo más discutible es que la película parece buscar cierta redención del personaje, aunque no de la Iglesia católica. Y ahí aparece el conflicto. Se puede entender el arrepentimiento, se puede mirar el dolor del culpable, se puede aceptar que un ser humano sea complejo. Pero cuando la película parece pedir compasión hacia el personaje, algo chirría. Porque la compasión con el victimario es terreno pantanoso. Muy pantanoso. De esos en los que das un paso y ya estás hundido hasta el cuello con el rosario en la mano.

 

El planteamiento, aun así, es estupendo. Un cura que después de tres décadas intenta redimirse pidiendo perdón. Un hombre que no puede escapar de lo que hizo. Un sacerdote que se enfrenta al peso de sus actos y también a la institución que lo protegió. Y ahí La luz funciona muy bien: cuando muestra que el pecado privado no fue nunca solo privado, porque hubo una maquinaria colectiva dispuesta a esconderlo.

 

Resulta muy curiosa la presencia de Nacho Sánchez.

En Mantícora, estupenda película de Carlos Vermut tal vez insuficientemente valorada, interpretaba a un pedófilo que no llegaba a cometer el acto, pero que vivía atrapado por esa pulsión.

Aquí, en cambio, interpreta a una víctima.

Paradojas del destino cinematográfico: un día eres el monstruo en potencia y otro día eres la herida. El cine español, cuando quiere, sabe hacer estos cruces con una mala leche finísima.

 

El reparto masculino es impresionante.

Pedro Casablanc, como siempre, está sublime. Es de esos actores que podrían leer la lista de la compra y parecería una amenaza institucional.

Miguel Rellán está absolutamente arrollador, con esa energía suya de señor entrañable que de pronto te clava una verdad en la frente.

Luis Callejo está estupendo y Ramón Barea vuelve a demostrar que es uno de esos secundarios que nunca fallan. Aparece y la película gana oficio, como si alguien hubiera apretado bien los tornillos.

 

Es también una película muy de personajes masculinos, y eso no es casualidad. Nos movemos dentro del ámbito de la Iglesia católica, una institución anacrónica en muchísimos sentidos, entre ellos el papel de la mujer dentro de su jerarquía. La mujer sigue fuera del poder real eclesiástico, contemplando desde la periferia un sistema diseñado, gestionado y protegido por hombres. Y claro, luego pasa lo que pasa: demasiados señores decidiendo en despachos cerrados qué hacer con los delitos de otros señores.

 

Hay un momento en el que el personaje de Alberto San Juan, en una especie de homilía confesional después de una misa, apunta como si permitir el matrimonio de los sacerdotes pudiera ser una solución. Pero ahí conviene hilar fino. Abrir el matrimonio dentro del clero puede ser un debate interesante, pero no resuelve la pederastia. Hay pederastas casados, con hijos, con vida familiar aparentemente normal, que abusan incluso dentro de su propia casa. El problema no es solo el celibato. Ojalá fuera tan sencillo. Sería cambiar una norma y listo. Pero no: la realidad, como casi siempre, viene con más barro.

 

También hay que distinguir entre pedofilia y pederastia. La pedofilia es una atracción sexual hacia menores. La pederastia es pasar al acto, cometer el abuso.

 

El padre Manuel fue pederasta en tres ocasiones; pedófilo probablemente toda su vida. Y esa diferencia no sirve para justificar nada, sino para entender el problema con precisión.

 

La atracción anómala hacia niños existe, pero debe ser contenida siempre. Siempre. Porque cuando se pasa al acto se destruye a personas inocentes, vulnerables e incapaces de defenderse.

 

El problema moral no es tener una pulsión. El problema es convertir esa pulsión en daño. El problema es abusar. El problema es herir. El problema es que una institución, en lugar de proteger a las víctimas, proteja al agresor. Y ahí La luz es especialmente valiosa, porque no se queda solo en el drama individual del cura arrepentido, sino que apunta al gran agujero negro: la Iglesia católica y su manera histórica de gestionar estos crímenes con silencio, traslado y esa cosa tan suya de llamar “pecado” a lo que debería llamarse “delito” con todas las letras.

 

La película quizá no sea perfecta. A veces es demasiado discursiva. A veces parece querer redimir más de lo que debería. A veces roza una compasión hacia el personaje que puede resultar molesta. Pero es una obra muy interesante, valiente en su planteamiento y sostenida por un Alberto San Juan enorme, capaz de transmitir culpa, miedo, cobardía, necesidad de perdón y una fragilidad casi insoportable.

 

La luz habla de la oscuridad. Y lo hace sin fuegos artificiales, sin subrayados baratos y sin convertir el horror en espectáculo. Solo por eso ya merece la pena. Aunque uno salga del cine con la sensación de que algunas luces, más que iluminar, queman.

 

Mi puntuación: 8,69/10.

 

 

 

Dirigido por Fernando Franco:

 

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Actividad de Ramón Bernadó en el Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

6/06/2026

 

 

 

 

 

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Palmares, experiencias y comentarios de holasoyramon en el Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

De cierta manera – 1974 – Sara Gómez – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

Guillermina (Corto Documental) – 2019 – Aída Esther Bueno Sarduy – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

Amílcar (Documental) – 2025 – Miguel Eek – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

O profeta – 2026 – Ique Langa – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

One woman one bra – 2025 – Vincho Nchogu – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

Trop c´est trop (Documental) – 2026 – Elisé Sawasawa – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

Ceux qui veillent (Documental) – 2025 – Karima Saïdi – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

Liborio – 2021 – Nino Martínez Sosa – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

Mulata – 2025 – Yarilis Ramos López – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

Siempre el mar (Corto de Animación) – 2026 – José Arturo Ballester Panelli – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

Promis le ciel – 2025 – Erige Sehiri – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

Aimé Césaire. Un homme une terre (Mediometraje Documental) – 1977 – Sarah Maldoror – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

Nos îles (Corto Documental)- 2023 – Aliha Thalien – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

Aicha (Corto) – 2025 – Sanaa El-Alaoui – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

L´mina (Corto) – 2025 – Randa Maroufi – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

Les jardins du paradis (Corto) – 2025 – Sonia Terrab – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

Samra´s dollhouse (Corto) – 2025 – Maissa Lihedheb – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

Sous les ruines (Corto) – 2025 – Nadhir Bouslama – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

Varations on a theme – 2026 – Devon Delmar, Jason Jacobs – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

Furcy, né libre – 2025 – Abd Al Malik – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

The woman who poked the leopard (Documental) – 2025 – Patience Nitumwesiga – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

On the hill (Documental) – 2025 – Belhassen Handous – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

The bird´s placebo (Corto Animación) – 2025 – Rami Jarboui – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

Taxi moto (Corto) – 2026 – Gaël Kamilindi – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

God sleepson sundays (Corto) – 2026 – Naishe Nyamubaya – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

Gardiennes de nuit (Corto) – 2025 – Nina Khada – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

Coeur bleu (Corto) – 2025 – Samuel Suffren – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

An open field (Mediometraje Documental) – 2025 – Teboho Edkins – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

 

Memory of Princess Mumbi – 2025 – Damien Hauser – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

 

 

 

 

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Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026 (VII)

 

Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026 (VI)

 

Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026 (V)

 

Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026 (IV)

 

Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026 (III)

 

Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026 (II)

 

‘Memory of Princess Mumbi’, 2025, de Damien Hauser – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026 (I)

 

 

 

 

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Crónica de “Lo que viene” Tenerife 2026 – Bocadillos de pata, croquetas perdidas, series, películas y mucha buena gente – #LQV26 – @PremiosFeroz

6/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Lo Que Viene Tenerife 2026: bocadillos de pata, croquetas perdidas, series, películas y mucha buena gente

 

Hay festivales a los que uno va por las películas. Hay festivales a los que uno va por las ruedas de prensa. Y luego está Lo Que Viene, un festival al que se va por todo eso y, además, por la gente.

 

Antes de empezar, toca dar las gracias a Roberto Mangas, director del Heraldo del Henares, periódico de referencia en Guadalajara y todo el Corredor del Henares. Gracias a su confianza he podido asistir acreditado a más de sesenta festivales de cine a lo largo de los años. Ya es una tradición. Una de esas buenas costumbres que conviene mantener.

 

 

 

Binter: cuando viajar en avión todavía parece viajar en avión

 

La aventura comenzó en la T2 de Barajas rumbo a Tenerife.

 

Y aquí hay que detenerse un momento para hablar de Binter.

 

En tiempos en los que muchas compañías aéreas parecen considerar que el pasajero es una molestia necesaria, resulta casi conmovedor encontrarse con una aerolínea que todavía trata bien a quien se sienta en sus aviones.

 

Tanto en el vuelo de ida como en el de vuelta recibimos un refrigerio sorprendentemente completo. En la ida, desayuno/almuerzo. En la vuelta, cena. Todo acompañado de bebida, café y algún dulce para rematar la faena.

 

Entre el célebre bocadillo de pata canario y el bocadillo de jamón del regreso, el viaje se hizo extraordinariamente agradable.

 

Parece una tontería, pero después de tantos vuelos en los que te cobran hasta por mirar por la ventanilla, encontrarse con estos detalles se agradece enormemente.

 

 

 

Un festival joven que ya tiene personalidad propia

 

Lo Que Viene celebraba su quinta edición.

 

Las primeras ediciones tuvieron lugar en Tudela. Después llegó un paréntesis y el pasado año el festival recaló en Tenerife de manera algo improvisada y en fechas que me impidieron asistir.

 

Este año, en cambio, todo se organizó con tiempo suficiente y la experiencia ha sido magnífica.

 

Porque Lo Que Viene no es exactamente un festival al uso. Aquí hay estrenos, series, películas, coloquios y ruedas de prensa, por supuesto. Pero también hay algo más.

 

Aquí se viene a tomar el pulso al audiovisual español.

 

Productoras, plataformas, televisiones, distribuidores, creadores, periodistas y profesionales del sector conviven durante cuatro días intercambiando proyectos, ideas y preocupaciones.

 

Y además está la familia.

 

La familia de la AICE, la Asociación de Informadores Cinematográficos de España.

 

En festivales grandes nos vemos continuamente, pero siempre con prisas.

 

Aquí compartimos hotel, comidas, coloquios y conversaciones interminables. Eso hace que las relaciones sean mucho más cercanas.

 

A todos ellos, gracias por el cariño habitual.

 

Y un abrazo especialmente fuerte para mis cuatro amigos del alma: Ricardito, Josecito, José Manuel y Pepe. A este último, además, un abrazo gigantesco por las circunstancias personales tan complicadas que tuvo que afrontar durante estos días.

 

 

 

1 de junio: jóvenes talentos y una inauguración prometedora

 

La actividad comenzó con un encuentro entre Carla Quílez e Iván Pellicer, ganadores del Premio Lo Que Viene al Talento Joven.

 

La conversación tuvo lugar en el TEA (Tenerife Espacio de las Artes), una sala con una acústica mejorable pero con unas butacas tan cómodas que casi daban ganas de quedarse a vivir allí. Un detalle que no suele abundar en los cines y teatros españoles, donde parece existir una conspiración nacional para castigar las lumbares del espectador.

 

La gran revelación del encuentro fue Carla Quílez.

 

Debutó con apenas trece años en La maternal, de Pilar Palomero, su interpretación le valió varios reconocimientos, como la Concha de Plata a la Mejor Interpretación Protagonista ex aequo junto a Paul Kircher en la 70 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, el Premio Gaudí a la Mejor Interpretación Revelación, la Medalla del Círculo de Escritores Cinematográficos a la Mejor Actriz Revelación y una nominación a los Premios Feroz a la Mejor Actriz de Cine.

 

Hoy tiene dieciocho y conserva algo mucho más difícil que el talento: la cabeza perfectamente amueblada.

 

Escucharla hablar resulta sorprendente. Tiene inteligencia, madurez, capacidad de reflexión y una naturalidad extraordinaria. Todo indica que estamos ante una actriz con un futuro enorme.

 

Iván Pellicer, por su parte, repasó una carrera impulsada especialmente por Querer, la magnífica serie de Alauda Ruiz de Azúa, donde interpretaba a uno de los hijos atrapados en una compleja situación familiar.

 

La jornada continuó con el estreno de Olivia, serie creada por Flipy y David Troncoso, cuya acogida personal fue bastante menos entusiasta.

 

Por la noche llegó la gala inaugural en el Centro de Arte La Recova y la entrega de los premios del festival.

 

Una ceremonia sencilla, cercana y voluntariosa que sirvió para dar el pistoletazo de salida a cuatro días muy intensos.

 

 

 

2 de junio: croquetas, acreditaciones y futuros proyectos

 

La mañana comenzó recogiendo acreditaciones en La Recova y revisitando Millennial Mal, la serie de Lorena Iglesias que ya habíamos visto en el Festival de Málaga.

 

Después llegó una de las grandes señas de identidad de Lo Que Viene: las presentaciones de contenidos.

 

Por allí desfilaron representantes de productoras, distribuidoras y plataformas como Movistar Plus+, Tornasol Media, Filmika Galaika, El Viaje Films y muchas otras compañías que mostraron algunos de los proyectos que veremos durante los próximos meses.

 

Pero el momento más divertido llegó durante la presentación sobre el sector audiovisual canario.

 

La organización tuvo la brillante idea de hacer coincidir la charla con el cóctel de mediodía.

 

El resultado fue memorable.

 

Los más inteligentes permanecieron junto a las bandejas de croquetas mientras escuchaban las intervenciones desde una prudente distancia.

 

Los más aplicados nos sentamos en primera fila para no perdernos detalle de las explicaciones.

 

Cuando terminó la charla, las croquetas habían desaparecido.

 

Una valiosa lección sobre estrategia de supervivencia festivalera.

 

 

 

 

El laboratorio de series

 

Uno de los proyectos más interesantes de esta edición fue el primer Laboratorio de Series de Lo Que Viene.

 

Más de 240 propuestas presentadas.

 

Seis seleccionadas.

 

Y tres proyectos finalistas que continuarán su desarrollo.

 

Resulta muy estimulante comprobar que existe una enorme cantidad de talento joven intentando abrirse paso en el sector audiovisual.

 

Porque si algo quedó claro durante estos días es que ideas siguen existiendo. Lo complicado es encontrar quién las financie.

 

 

 

3 de junio: taquillas, casting y alguna que otra tortura

 

La mañana estuvo protagonizada por la rueda de prensa de Nueve lunas, donde Patricia Ortega defendió con enorme convicción una película que aborda el embarazo de un hombre trans y que ya había pasado previamente por Málaga.

 

Fue una conversación interesante y pedagógica.

 

De esas que sirven para entender mejor realidades que hasta hace relativamente poco ni siquiera formaban parte de la conversación pública.

 

Más tarde llegaron nuevas presentaciones de contenidos y una mesa redonda especialmente interesante sobre el estado de la taquilla española.

 

Participaron profesionales de exhibición, distribución y análisis cinematográfico como Pau Brunet, Mercedes Romero o Fernando Bovaira.

 

Las conclusiones fueron tan interesantes como preocupantes.

 

Hace veinte años la asistencia a las salas doblaba las cifras actuales.

 

Muchas películas apenas permanecen una semana en cartel.

 

Los estrenos se acumulan.

 

El boca a oreja tiene cada vez menos tiempo para funcionar.

 

Y numerosas producciones terminan utilizando el paso por los cines como simple trampolín hacia las plataformas.

 

Fue una de las conversaciones más enriquecedoras de todo el festival.

 

 

 

 

Las mujeres que descubrieron medio cine español

 

Si hubiera que elegir la mejor actividad paralela del festival, probablemente sería el encuentro con las directoras de casting Eva Leira y Yolanda Serrano.

 

Durante más de dos horas ofrecieron una auténtica clase magistral.

 

Hablaron de intuición, talento, riesgos y descubrimientos.

 

Explicaron cómo apostaron por actores en los que casi nadie creía y cómo contribuyeron decisivamente a construir repartos de algunas de las películas más importantes del cine español reciente.

 

La sala estaba completamente llena.

 

Y no era para menos.

 

Pocas personas han influido tanto en el cine español contemporáneo desde una posición tan discreta.

 

 

Después llegó el desastre

 

Por la noche vimos El último mono, de Joaquín Mazón.

Ya he hablado extensamente de ella.

 

Digámoslo así. Hay películas que te reconcilian con el cine.

 

Y hay películas que te hacen plantearte si sería mejor dedicar el resto de tu vida a la cría de mejillones.

 

 

 

 

4 de junio: la gran sorpresa del festival

 

La última jornada nos reservaba la mejor película de todo el certamen.

 

Winnipeg, el barco de la esperanza, dirigida por Beñat Beitia y Elio Quiroga, fue sencillamente extraordinaria.

 

Una magnífica película de animación sobre el exilio republicano español y el histórico barco impulsado por Pablo Neruda para trasladar refugiados a Chile.

 

La animación es excelente.

 

La fotografía, bellísima.

 

Y la música compuesta por Diego Navarro alcanza momentos verdaderamente memorables.

 

Una obra emocionante, inteligente y profundamente humana.

 

De esas películas que justifican por sí solas la asistencia a un festival.

 

 

Animación, inteligencia artificial y futuro

 

La mañana continuó con la presentación de futuros proyectos de animación, incluyendo nuevas aventuras de Tadeo Jones y diversas producciones impulsadas por algunos de los estudios más importantes del país.

 

Después llegó una interesante mesa dedicada a la inteligencia artificial aplicada al audiovisual.

 

Un tema que inevitablemente genera entusiasmo, dudas, incertidumbre y algún que otro escalofrío.

 

Pero que ya forma parte del presente de la industria.

 

 

 

Y vuelta a casa

 

Después de la comida llegó el momento de regresar.

 

Aeropuerto.

Binter.

Cena a bordo.

Café.

Y muchas horas de conversaciones acumuladas en la memoria.

 

 

Balance final

 

Lo Que Viene 2026 ha vuelto a demostrar que se puede organizar un encuentro profesional útil, cercano y enormemente agradable.

 

Ha habido películas y series, algunas reguleras (siendo generosos). Una cuestión que habrá que mejorar en próximos Lo que viene.

 

Magníficos coloquios.

 

Y sobre todo excelentes conversaciones.

 

Mi agradecimiento a toda la organización, especialmente a Fernando de Luis-Orueta y al equipo de La Tropa Produce, que vuelven a demostrar una capacidad organizativa admirable.

 

Gracias también a todos los compañeros de la AICE y a su nueva presidenta, Alicia García de Francisco, una profesional brillante y una persona excepcional que afronta esta nueva etapa con ilusión, energía y muchas buenas ideas.

 

Dentro de poco volveremos a encontrarnos en Pontevedra con motivo de los Premios Feroz.

 

Hasta entonces, seguiremos haciendo lo único que sabemos hacer.

 

Ver películas.

 

Hablar de cine.

 

Y buscar desesperadamente las croquetas antes de que empiece el siguiente coloquio.

 

 

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Winnipeg, el barco de la esperanza (Animación) – 2026 – Beñat Beitia, Elio Quiroga – “Lo que viene” Tenerife 2026 – #LQV26 – @PremiosFeroz

6/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La patera más importante de la historia de España

 

 

Los directores

 

Beñat Beitia y Elio Quiroga codirigen Winnipeg, el barco de la esperanza, una ambiciosa producción de animación que recupera uno de los episodios más emocionantes y menos conocidos del exilio republicano español.

 

Elio Quiroga, además de director, es novelista y guionista, responsable de títulos como Fotos, La hora fría o el documental The Mystery of the King of Kinema.

 

Por su parte, Beñat Beitia ha desarrollado buena parte de su carrera en el ámbito de la animación y la producción audiovisual.

 

Juntos firman una obra que combina rigor histórico, emoción y una notable apuesta estética.

 

 

Premios y nominaciones

 

En el momento de su presentación en Lo Que Viene Tenerife 2026, la película iniciaba un más que probable recorrido por festivales especializados en animación.

 

Ya está confirmado que Winnipeg, el barco de la esperanza ha sido seleccionada para competir en la sección Contrechamp del Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy, considerado por muchos la Champions League de la animación mundial. Viendo el resultado, la noticia no sorprende lo más mínimo.

 

 

Cutrecomentario

 

Entre tanta serie, tanta comedia regulera y tanto producto diseñado por algoritmos que parecen haber aprendido cine viendo anuncios de detergente, Winnipeg, el barco de la esperanza fue una de las grandes alegrías de esta edición de Lo Que Viene.

 

Estamos ante una película de animación de una belleza visual extraordinaria.

 

La fotografía —sí, también existe fotografía en animación, aunque algún purista esté ya buscando una antorcha— evoluciona desde tonalidades oscuras y apagadas hacia colores cada vez más luminosos. Un viaje visual que acompaña perfectamente el recorrido emocional de sus protagonistas.

 

Y luego está la música.

 

La banda sonora de Diego Navarro es, sencillamente, magnífica.

 

Embriagadora. Emocionante. Fundamental para que la película alcance muchas de sus mejores secuencias.

 

Durante el coloquio posterior pudimos escuchar algunos fragmentos aislados y la sensación fue la misma: estamos ante uno de esos trabajos musicales que no acompañan la historia, sino que la elevan varios metros por encima de lo que ya era.

 

Desde aquí, una felicitación sincera al compositor tinerfeño.

 

La historia sigue a una niña y a su padre, un sindicalista catalán viudo, que deben abandonar Barcelona en enero de 1939 ante la inminente entrada de las tropas franquistas. A partir de ahí comienza una odisea que incluye la huida por la frontera francesa, el internamiento en campos de concentración y, finalmente, la esperanza representada por el famoso barco fletado gracias a la iniciativa de Pablo Neruda para trasladar refugiados españoles hasta Chile.

 

Uno de los grandes aciertos del filme es que evita idealizar a los exiliados. Aquí no hay santos ni héroes perfectos. Hay personas. Algunas solidarias. Algunas egoístas. Algunas destrozadas por el dolor. Otras violentas, pendencieras o directamente desagradables. Como suele ocurrir en la vida real. El personaje de Julen es quizá el mejor ejemplo de esa complejidad moral que atraviesa toda la película.

 

La narración adopta el punto de vista de la niña protagonista, que contempla un mundo incomprensible lleno de injusticias, hambre, miedo y desarraigo. Y precisamente por eso la película resulta especialmente eficaz. Porque los horrores históricos aparecen filtrados por unos ojos que todavía conservan la capacidad de asombrarse.

 

El único inconveniente es que buena parte de la historia es conocida. Ocurre un poco como cuando se vuelve a ver Titanic. Uno sabe perfectamente cómo va a terminar el viaje. La emoción no nace de la sorpresa, sino de acompañar a los personajes hasta el final del trayecto.

 

Probablemente no sea una película para niños muy pequeños, pero sí debería formar parte de la educación sentimental e histórica de muchos adolescentes. Porque conocer la historia no consiste en quedarse atrapado en ella. Consiste precisamente en comprenderla para no repetirla.

 

Y mientras algunos siguen insistiendo en que lo mejor es olvidar el pasado, películas como Winnipeg, el barco de la esperanza recuerdan algo muy sencillo: los pueblos que olvidan su historia suelen acabar estudiándola de nuevo… pero desde dentro.

 

Una magnífica película de animación, emocionante, hermosa y profundamente humana. De las que salen del cine contigo y te acompañan un buen rato después.

 

Mi puntuación: 8,85/10.

 

 

 

Dirigido por Beñat Beitia y Elio Quiroga:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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El último mono – 2026 – Joaquín Mazón – “Lo que viene” Tenerife 2026 – #LQV26 – @PremiosFeroz- @PremiosFeroz

6/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando la machosfera conoció a Barbie y ninguno sabía qué película estaba viendo

 

 

El director

 

Joaquín Mazón es uno de los artesanos más prolíficos de la comedia comercial española reciente.

 

Tras una larga trayectoria en televisión, ha dirigido películas como La familia Benetón, De perdidos a Río, La vida padre, Cuerpo de élite o La Navidad en sus manos.

 

Su cine suele apostar por el humor popular, los personajes extravagantes y un ritmo pensado para el gran público.

 

 

Cutrecomentario

 

Este producto de Gestopaya llegó a Lo Que Viene Tenerife dispuesto a resolver la guerra de sexos. Dos horas después, la única guerra que había conseguido resolver era la que mantenían mis neuronas para permanecer conscientes.

 

La propuesta enfrenta a Susana Abaitua y Juan Dávila. Ella representa una visión progresista del mundo; él, una especie de profeta de la machosfera que habla como si hubiera estado criogenizado desde 1957 y acabara de despertar en TikTok.

 

El problema es que la película confunde repetir una idea con desarrollar una historia. Todos los chistes giran alrededor de lo mismo. Feminismo. Machismo. Feminismo. Machismo. Feminismo. Machismo. A partir de cierto momento ya no sabía si estaba viendo una comedia romántica o atrapado en un bucle temporal dirigido por el peor día de Bill Murray.

 

La trama es tan endeble que los personajes cambian de opinión con una facilidad asombrosa. No evolucionan: giran sobre sí mismos como una veleta durante una borrasca.

 

Hubo un momento de la proyección en el que sentí la necesidad de levantar la mano y preguntar si alguien llevaba encima el montaje del director de otra película. Cualquiera. Me daba igual cuál.

 

Y luego está el gran problema ideológico del asunto. La película intenta colocarse en una especie de equidistancia entre feminismo y machismo, como si fueran dos posiciones equivalentes situadas en extremos opuestos de una balanza. Pero eso es tan absurdo como plantear un debate equilibrado entre la gravedad y tirarse por una ventana.

 

Lo más desconcertante es que la sala se reía. Había espectadores soltando carcajadas. Yo los observaba con la misma fascinación con la que Jane Goodall debía contemplar a los chimpancés descubriendo una herramienta nueva.

 

A mitad del metraje ya no sabía si cortarme las venas o dejármelas crecer. Finalmente opté por una tercera vía: mirar el reloj cada cuatro minutos y medio.

 

Juan Dávila hace exactamente lo que le pide la película. El problema es que quizá nadie debería haberle pedido eso.

 

Susana Abaitua intenta aportar algo de dignidad al conjunto, pero es como intentar apagar un incendio forestal armado con una pistola de agua.

 

Una película que pretende ser provocadora, romántica y divertida. No consigue ninguna de las tres cosas. Lo que sí logra es una hazaña extraordinaria: hacer que una hora y media parezca una condena de cumplimiento íntegro.

 

Si este era el último mono, quizá habría sido mejor dejar evolucionar al penúltimo.

 

Mi puntuación: Cero patatero/10.

 

 

 

Dirigido por Joaquín Mazón:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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El inmortal (Serie TV) – Temporada 3 – 2 primeros episodios – 2026 – José Manuel Lorenzo (Creador) – “Lo que viene” Tenerife 2026 – #LQV26 – @PremiosFeroz

6/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

 

Narcos, alijos y una jefa que se come la pantalla con patatas

 

 

El creador

 

José Manuel Lorenzo es el creador y productor de El inmortal, una serie inspirada libremente en la figura de un conocido líder de la banda madrileña de Los Miami durante los años noventa.

 

Lorenzo ha desarrollado buena parte de su carrera desde la productora DLO Producciones, impulsando títulos tan populares como La caza. Monteperdido, La caza. Tramuntana, La caza. Guadiana, Ni una más o Las largas sombras.

 

Con El inmortal ha conseguido uno de los thrillers criminales más sólidos y ambiciosos de la televisión española reciente.

 

 

Premios y nominaciones

 

Desde su estreno, El inmortal ha acumulado numerosas nominaciones en premios de la televisión española.

 

Destacan las candidaturas en los Premios Forqué, Premios Iris y Premios Feroz, además de diversos reconocimientos para Álex García por su interpretación del protagonista.

 

 

Cutrecomentario

 

Aunque había visto y comentado la primera temporada, confieso que llegaba a esta tercera temporada sin recordar nada. Lo normal habría sido sentirme más perdido que un pingüino en Benidorm, pero lo cierto es que la serie está construida con bastante inteligencia y en apenas unos minutos uno ya sabe quién es quién, qué se juega cada personaje y por dónde van los tiros. Nunca mejor dicho.

 

Estos dos episodios giran alrededor de un importante alijo procedente de Sudamérica que pretende desembarcar en las costas españolas mientras la policía intenta frustrar la operación. Hay tensión, persecuciones, traiciones y suficientes problemas como para que nadie tenga tiempo de aburrirse.

 

El personaje de Álex García ha abandonado el narcotráfico, o al menos lo intenta, pero las circunstancias vuelven a empujarlo hacia un mundo del que parece imposible escapar.

 

Paralelamente, la serie introduce conflictos familiares relacionados con una hija adolescente y una relación rota, con María Hervás compartiendo buena parte de esa trama más íntima.

 

Pero siendo sinceros, aquí hay alguien que roba el espectáculo. Y no es el protagonista.

 

La auténtica dueña de la función es Teresa Riott. Su personaje, La Rubia, se ha convertido en la nueva cabeza visible del imperio criminal de Los Miami y cada vez que aparece en pantalla la serie sube varias marchas. Tiene presencia, autoridad, carisma y una capacidad asombrosa para transmitir poder sin necesidad de levantar la voz. Mientras otros personajes parecen moverse dentro de la trama, ella da la sensación de controlar la trama.

 

Los ingredientes son conocidos: narcotraficantes, policías, ajustes de cuentas y familias disfuncionales. Nada especialmente novedoso. Pero está contado con oficio, buen ritmo y una notable capacidad para enganchar incluso a quien se incorpora en la tercera temporada. Y si Teresa Riott mantiene este nivel durante el resto de los episodios, puede acabar convirtiéndose en el auténtico motor de una temporada que apunta maneras.

 

Mi puntuación: 7,77/10.

 

 

 

José Manuel Lorenzo (Creador):

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Olivia (Serie TV) – 3 primeros episodios – 2026 – Flipy (Creador), David Troncoso (Creador) – “Lo que viene” Tenerife 2026 – #LQV26 – @PremiosFeroz

6/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El hombre del tiempo, el aceite milagroso y los chistes que no llegaron a madurar

 

Los creadores

 

David Troncoso y Flipy son los creadores de esta comedia rural que intenta sacar petróleo… perdón, aceite… de los conflictos familiares, las cooperativas de pueblo y los personajes extravagantes.

 

En el caso de Flipy —nombre artístico de Enrique Pérez Vergara— su faceta más conocida es la de actor y humorista en programas como El hormiguero, además de haber producido películas como Campamento Flipy.

 

La trayectoria de David Troncoso es menos mediática, aunque ambos firman aquí una propuesta claramente orientada al gran público y al humor costumbrista.

 

Premios y nominaciones

 

En el momento de su presentación en Lo Que Viene Tenerife 2026, Olivia se encontraba todavía pendiente de estreno comercial, por lo que no constan premios ni nominaciones relevantes.

 

Cutrecomentario

 

En el pequeño festival de Lo Que Viene, celebrado este año en Tenerife, cayó en nuestras ojos el visionado de los tres primeros episodios de Olivia, serie presentada por Flipy en persona.

 

La premisa no está mal: un meteorólogo mete la pata hasta el corvejón con una predicción disparatada y acaba huyendo de Canarias para refugiarse en los olivares familiares.

 

Allí le espera un padre que preferiría abrazar un cactus antes que reencontrarse con su hijo. Ese padre tiene el rostro de Nacho Novo, mientras que el atribulado meteorólogo está interpretado por Pablo Chiapella. Completan el núcleo familiar María Schwinning como la hija del protagonista y una galería de personajes rurales donde destaca un alcalde empeñado en comercializar un aceite casi milagroso, encarnado por Fernando Tejero.

 

El problema es que la serie vive y muere por la comedia. Y la comedia, para funcionar, necesita que los chistes hagan gracia. Aquí ocurre con demasiada frecuencia justo lo contrario.

 

Todo está contado con brocha gorda, sin apenas sutileza ni finura, abusando de personajes caricaturescos y situaciones que parecen confiar más en el ruido que en la inteligencia del gag.

 

La interpretación de María Schwinning resulta especialmente problemática. Da la sensación de que aún está buscando al personaje mientras la serie ya ha empezado hace dos capítulos. Francamente, cuesta encontrar una escena en la que convenza.

 

Entre tanto desaguisado sí hay un par de salvavidas. Kira Miró aporta su habitual simpatía y naturalidad delante de la cámara, y Lalachus demuestra una vez más que posee una vis cómica espontánea que funciona mejor que buena parte de los chistes escritos para la serie. De hecho, cuando aparece ella, uno recuerda que se suponía que estaba viendo una comedia.

 

Con solo tres episodios vistos todavía hay margen para la sorpresa. Pero de momento el aceite parece excelente, los olivares muy bonitos y el pronóstico meteorológico bastante claro: riesgo elevado de tormenta de tópicos con chubascos intermitentes de vergüenza ajena.

 

Mi puntuación: 2,42/10.

 

 

 

Flipy (Creador):

 

Ficha: En este enlace.

 

 

 

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Asesinato en la 3ª planta – Le crime du 3e étage – 2026 – Rémi Bezançon – #YoVoyAlCine

1/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Asesinato en la 3ª planta o cuando Hitchcock llama al timbre y nadie abre

 

Rémi Bezançon lleva años transitando entre la comedia y el drama con resultados generalmente apreciables.

 

Entre sus trabajos más conocidos figuran El primer día del resto de tu vida, Zarafa, Un acontecimiento feliz y Nos futurs.

 

Su cine suele moverse entre personajes cotidianos, emociones reconocibles y una cierta ligereza narrativa.

 

En esta ocasión intenta rendir homenaje al cine de misterio clásico, aunque el resultado se queda bastante lejos de las alturas a las que apunta.

 

Por el momento, Asesinato en la 3ª planta no cuenta con un recorrido especialmente destacado en premios internacionales.

 

Su principal atractivo reside en la reunión de Gilles Lellouche y Laetitia Casta y en su evidente voluntad de dialogar con el universo cinematográfico de Alfred Hitchcock.

 

 

Cutrecomentario

 

Hay películas que homenajean a Hitchcock. Hay películas que copian a Hitchcock. Y luego está Asesinato en la 3ª planta, que directamente le pide prestada La ventana indiscreta y la coloca encima de la mesa para que nadie tenga dudas.

 

La historia gira alrededor de un matrimonio formado por un escritor de novelas de misterio de enorme éxito comercial y dudosa calidad literaria, interpretado por Gilles Lellouche, y una profesora de cine de la Sorbona especializada en Hitchcock, encarnada por Laetitia Casta.

 

Ella explica a sus alumnos cómo en La ventana indiscreta la investigación criminal sirve también para recomponer una relación sentimental deteriorada. Lo curioso es que exactamente eso es lo que ocurre después en la propia película.

 

Por un lado tenemos la realidad. Por otro, las fantasías detectivescas que imagina el personaje de François, empeñado en convertir cualquier incidente cotidiano en una de sus novelas de capa y espada. El juego entre ficción y realidad tiene cierta gracia al principio, pero acaba resultando bastante previsible.

 

La película disfruta citando constantemente a Hitchcock. Aparecen referencias a Vértigo, Con la muerte en los talones y, por supuesto, La ventana indiscreta. Incluso Rebecca, la heroína literaria creada por el protagonista, parece un guiño evidente a Rebeca. El problema es que las referencias son bastante más interesantes que la historia que las contiene.

 

Como comedia funciona a ratos. Como intriga funciona regular. Y como homenaje cinéfilo tiene cierta simpatía. Pero la trama resulta simple, algo torpe y demasiado obvia para mantener el interés durante todo el metraje.

 

Laetitia Casta cumple con profesionalidad y elegancia. Está correcta, sin más.

 

En cambio Gilles Lellouche parece perdido durante buena parte de la película. Su personaje ya está escrito con brocha gorda, pero además la interpretación no ayuda precisamente a dotarlo de matices.

 

Al final queda una película agradable de ver si se afronta con indulgencia, cariño y una dosis razonable de generosidad.

 

Pero si alguien espera encontrarse con el heredero francés de Hitchcock, más vale que se siente cómodamente en la butaca, porque la espera puede hacerse bastante larga.

 

Mi puntuación: 5,52/10.

 

 

 

Dirigido por Rémi Bezançon:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Mallorca Confidencial – 2026 – David Ilundain – #YoVoyAlCine

1/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Mallorca Confidencial o Uno de los nuestros en bata y zapatillas

 

David Ilundain sigue construyendo una filmografía bastante peculiar dentro del cine español.

 

Debutó con B, la película, aquel tenso retrato de la declaración judicial de Luis Bárcenas, y posteriormente dirigió Uno para todos, uno de los dramas más reivindicables del cine reciente español.

 

Ahora cambia de registro para meterse en el thriller criminal con olor a barrio periférico, droga, clanes familiares y corrupción institucional.

 

No inventa la pólvora, pero al menos sabe cómo encender la mecha. (Academia de cine)

 

La película participó en la 29ª edición del Festival de Málaga dentro de su programación oficial, pero fuera de concurso.

 

Por el momento no consta un recorrido importante en premios nacionales, aunque sí ha despertado interés por el regreso de Lolita Flores a un papel protagonista de gran peso dramático. (Wikipedia)

 

 

Cutrecomentario

 

Estamos ante un thriller policíaco de drogas de los de toda la vida. Barrio marginal, negocios turbios, policías corruptos, lealtades familiares, traiciones y mucha gente tomando decisiones espantosas con una tranquilidad admirable.

 

La historia está narrada desde el punto de vista de Nela, una joven que acaba de salir de prisión tras tres años encerrada.

 

Durante toda la película escuchamos su voz en off y vemos el mundo a través de sus ojos.

 

Asia Ortega carga con buena parte del peso dramático y sale bastante airosa. Hay algún instante en el que aprieta demasiado el acelerador interpretativo y parece que va a romper el pedal, pero en general construye un personaje muy sólido y creíble.

 

El principal problema de la película es que vuelve a caer en algunos estereotipos bastante manoseados alrededor de la comunidad gitana.

 

Cuesta no levantar una ceja cuando el único personaje con estudios universitarios de todo el barrio resulta ser precisamente el que interpreta Elena Furiase.

 

Hay momentos en los que la película parece caminar por terrenos conocidos con demasiada comodidad.

 

Por ahí también aparece un policía corrupto interpretado por Jordi Sánchez, irreconocible bajo ese peluquín que parece haberse fugado de una película de sobremesa alemana.

 

Y se agradece la presencia de algún juez honesto, porque en el cine español reciente parece que los jueces solo existen para encubrir conspiraciones o mirar expedientes con cara de estreñimiento.

 

Pero aquí la gran reina de la función es Lolita Flores. Absolutamente esplendorosa. Ya demostró hace años en Rencor que tenía muchísimo más recorrido como actriz del que algunos querían admitir, y aquí vuelve a confirmarlo. Su Chusa es poderosa, creíble, inteligente y feroz. Una matriarca que domina cada escena sin necesidad de grandes discursos. Sale despeinada, en bata, sin maquillaje y con zapatillas de estar por casa, y aun así tiene más presencia que media cartelera española junta.

 

Lo sorprendente es que el cine español no la llame más veces. Porque cada vez que aparece demuestra que puede levantar una película entera prácticamente ella sola.

 

Por lo demás, Mallorca Confidencial se deja ver. Tiene ritmo, tiene cierta tensión y una estructura narrativa bastante funcional.

 

El problema es que nunca termina de convertirse en ese gran thriller que parece prometer.

 

Funciona, entretiene y se sigue con interés, pero tampoco provoca que nadie salga del cine creyendo haber descubierto al heredero balear de Martin Scorsese.

 

Y quizá eso sea lo mejor que puede decirse de ella: cumple sin hacer demasiado ruido. Aunque cuando aparece Lolita, el ruido lo hace ella sola.

 

Mi puntuación: 5,68/10.

 

 

 

Dirigido por David Ilundain:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Shrek (Animación) – 2001 – Andrew Adamson, Vicky Jenson – #YoVoyAlCine

1/06/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Shrek o cómo mandar a Disney a freír espárragos en su propio castillo

 

Andrew Adamson y Vicky Jenson fueron los responsables de una película que cambió para siempre la animación comercial.

 

Adamson había trabajado previamente en efectos visuales y más tarde dirigiría títulos tan populares como Shrek 2, Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario y Las crónicas de Narnia: El príncipe Caspian.

 

Por su parte, Jenson desarrolló gran parte de su carrera en animación, participando en clásicos de Disney como La sirenita, Hércules o El jorobado de Notre Dame antes de dar el salto a la dirección con esta película.

 

Shrek fue un éxito rotundo de crítica y público. Ganó el primer Óscar de la historia a la Mejor Película de Animación en la ceremonia de 2002 y también estuvo nominada al Óscar al Mejor Guion Adaptado.

 

Obtuvo además el BAFTA a la Mejor Película Familiar y fue premiada en numerosos certámenes internacionales, consolidando a DreamWorks como una alternativa real al dominio de Disney.

 

 

Cutrecomentario

 

Hay películas que envejecen regular. Luego está Shrek, que más de veinte años después sigue funcionando como un reloj suizo con problemas de higiene personal.

 

Aquí ya estaba todo. El ogro gruñón que quiere vivir tranquilo en su pantano, el amigo parlanchín incapaz de estar callado más de tres segundos, los secundarios delirantes y la costumbre de reírse de todos los cuentos clásicos mientras les roba los muebles.

 

Esta primera entrega sembró prácticamente todas las ideas que luego desarrollaría la saga, y lo sorprendente es que muchas siguen resultando frescas.

 

Alguien comparó a Shrek y Asno con Don Quijote y Sancho Panza, pero la comparación hace aguas por todos lados. Asno no es un pícaro curtido en la vida ni Shrek un idealista que persigue sueños imposibles.

 

El ogro simplemente quiere que le dejen en paz. Es un cascarrabias profesional que se esconde detrás de su fealdad y de su mala fama. Pero cuando encuentra a alguien dispuesto a aguantarle, primero Asno y después Fiona, descubre algo que le resulta todavía más aterrador que un dragón: relacionarse con otros seres vivos.

 

La película también tuvo la osadía de dinamitar los cuentos de hadas tradicionales. En pleno 2001 empezó a desmontar princesas pasivas, rescates obligatorios y príncipes perfectos.

 

El supuesto héroe resulta ser un tirano bajito con complejo de Napoleón, la princesa sabe defenderse sola y el amor verdadero no se parece en nada al que llevábamos décadas tragándonos en los cuentos de siempre.

 

Y además es divertidísima. Tiene chistes para niños, chistes para adultos, referencias cinéfilas, guiños que se siguen descubriendo en cada revisionado y un reparto de personajes imposible de olvidar.

 

Una de esas películas que se pueden ver una, diez o cincuenta veces sin que pierdan la gracia.

 

Hay ogros que viven en un pantano. Y luego está Shrek, que lleva un cuarto de siglo viviendo cómodamente en el imaginario colectivo. Y de ahí no hay quien lo eche.

 

Mi puntuación: 8,99/10.

 

 

 

Dirigido por Andrew Adamson y Vicky Jenson:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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The Mandalorian and Grogu – Star Wars: The Mandalorian and Grogu – 2026 – Jon Favreau – #YoVoyAlCine

31/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La extraña pareja de las galaxias.

 

The Mandalorian and Grogu supone el salto definitivo al cine de una de las series más exitosas que ha dado el universo Star Wars en la era Disney.

 

Dirigida por Jon Favreau, la película continúa directamente los acontecimientos narrados en la tercera temporada de The Mandalorian, funcionando casi como una cuarta temporada con esteroides, presupuesto galáctico y pantalla gigante.

 

Favreau es uno de esos tipos que tiene las manos metidas en media cultura popular contemporánea. Actor, guionista, productor y director, ha firmado títulos como Chef, Iron Man, Iron Man 2, El libro de la selva o El rey león.

 

Además, es uno de los principales arquitectos del actual universo televisivo de Star Wars junto a Dave Filoni, convirtiéndose prácticamente en el padrastro legal de media galaxia. (IMDb)

 

En el momento de su estreno, la película llega sin un recorrido importante de premios, aunque sí con una enorme expectación mediática por ser el regreso de Star Wars a los cines tras varios años de ausencia y por continuar una de las producciones más populares de Disney+. (StarWars.com)

 

La historia se sitúa después de los acontecimientos de El retorno del Jedi y también después de la tercera temporada de The Mandalorian.

 

El Imperio ha caído, pero los restos imperiales siguen sembrando problemas por toda la galaxia mientras la Nueva República intenta mantener el orden con más buena voluntad que presupuesto.

 

En ese contexto, Din Djarin y Grogu trabajan como una peculiar pareja de mercenarios al servicio de la Nueva República. (StarWars.com)

 

El personaje del Mandaloriano, interpretado por Pedro Pascal, apareció por primera vez en la serie The Mandalorian en 2019.

 

Se trata de Din Djarin, un cazarrecompensas criado por los mandalorianos tras ser rescatado durante las Guerras Clon.

 

Su evolución ha sido una de las más interesantes de todo el universo reciente de Star Wars: de pistolero frío y silencioso a padre adoptivo, guardaespaldas, mentor y prácticamente niñero armado de Grogu. (StarWars.com)

 

Entre las novedades destaca la presencia de Sigourney Weaver como la coronel Ward, una veterana piloto de la Nueva República curtida en la lucha contra el Imperio. Sí, la teniente Ripley ha cambiado los xenomorfos por los restos imperiales. Tampoco parece un mal negocio. (StarWars.com)

 

Otro personaje importante es Rotta el Hutt, interpretado por Jeremy Allen White. Los fans veteranos recordarán que Rotta apareció siendo apenas un bebé en Star Wars: The Clone Wars (2008), como hijo de Jabba el Hutt. Aquí reaparece convertido en un adulto musculado, bastante más peligroso y con bastantes cuentas pendientes. (StarWars.com)

 

También aparecen los llamados Mellizos Hutt, probablemente los personajes más delirantes de toda la función, junto a una galería de criminales, mercenarios, restos imperiales y criaturas imposibles que parecen salidas de una convención entre George Lucas y un vendedor de sustancias muy poco legales.

 

La acción viaja por distintos rincones de la galaxia, incluyendo mundos vinculados a la Nueva República, escenarios criminales dominados por los Hutt y zonas urbanas con una estética que recuerda descaradamente a Blade Runner, especialmente en la misión de rescate de Rotta. Ese ambiente de neones, suciedad futurista y personajes de aspecto dudoso funciona francamente bien. (Awn)

 

Y entrando ya en materia…

 

Como fan de Star Wars, cualquier nueva excursión por esta galaxia siempre tiene algo de visita familiar. Se conocen las manías, los defectos y las costumbres de todos, pero sigue apeteciendo volver.

 

The Mandalorian and Grogu es una película muy divertida, muy entretenida y con un tono claramente infantil. No pretende ser El Imperio contraataca ni falta que le hace.

 

Va a lo que va: aventuras, humor, criaturas raras, disparos láser y un muñeco verde que sigue robando escenas con una facilidad insultante.

 

El Mandaloriano aparece aquí convertido casi en una especie de superhéroe galáctico. Quizá demasiado poderoso en algunos momentos, pero dentro de los códigos actuales de la franquicia encaja bastante bien. Al final esto ya no es el western sucio de los primeros episodios de la serie; ahora estamos en una aventura mucho más luminosa y familiar.

 

La recreación visual del planeta donde se desarrolla el rescate de Rotta es una auténtica maravilla. Ahí sí aparece ese aroma a Blade Runner mezclado con la iconografía clásica de Star Wars, consiguiendo algunos de los mejores momentos visuales de toda la película.

 

Los Mellizos Hutt aportan además una dosis considerable de humor grotesco y absurdo. Son tan excesivos que terminan funcionando.

 

Algo parecido ocurre con Grogu, que sigue siendo el alivio cómico perfecto: mitad niño pequeño, mitad aprendiz Jedi, mitad desastre ambulante. Sí, salen tres mitades. Es Grogu. Puede hacerlo.

 

La película funciona especialmente bien en pantalla grande. Hay aventuras que en casa se disfrutan. Y hay aventuras que piden butaca, sonido atronador y una pantalla enorme para contemplar explosiones espaciales como si uno tuviera diez años otra vez.

 

No revoluciona la saga. Tampoco reinventa nada. Pero es un acierto.

 

Una entrega simpática, entretenidísima y con suficiente encanto como para salir del cine pensando que un segundo visionado tampoco sería precisamente una tragedia galáctica. 🚀

 

Mi puntuación: 7,66/10.

 

 

 

Dirigido por Jon Favreau:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Un mundo frágil y maravilloso – A Sad and Beautiful World – 2025 – Cyril Aris – #YoVoyAlCine

31/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Antes del amanecer… pero con bombas cayendo de fondo

 

 

Cyril Aris, un romántico en tierra de nadie

 

El director libanés Cyril Aris se ha movido hasta ahora principalmente en el terreno documental.

 

Entre sus trabajos más conocidos figuran The Swing (2018) y Dance of Outlaws (2012), obras muy vinculadas a la realidad social y política de Oriente Próximo.

 

Con Un mundo frágil y maravilloso da el salto al largometraje de ficción, manteniendo su mirada sobre un país marcado por las heridas de la guerra, aunque esta vez envuelto en una historia de amor.

 

 

Premios y nominaciones

 

Un mundo frágil y maravilloso tuvo su estreno mundial en el Festival de Sundance 2025, donde recibió críticas generalmente positivas por su aproximación íntima a la vida cotidiana en el Líbano.

 

La película ha participado en diversos festivales internacionales, consolidando la presencia de Cyril Aris como una de las voces emergentes del cine libanés contemporáneo.

 

 

Cutrecomentario

 

Hay países donde las parejas discuten por quién baja la basura. En Beirut, además, tienen que preocuparse de que no estalle una guerra por el camino.

 

Un mundo frágil y maravilloso cuenta la historia de dos personas que se enamoran siendo apenas unos niños, se separan por las circunstancias y vuelven a encontrarse años después.

 

Ella se ha convertido en una consultora absorbida por el trabajo.

 

Él regenta un restaurante heredado de su padre con bastante menos entusiasmo del que cabría esperar. Entre ambos sigue existiendo una atracción que el tiempo no ha conseguido borrar.

 

La película juega con dos escenarios paralelos. Por un lado está el Beirut convulso de las guerras, las crisis y la incertidumbre permanente.

 

Por otro, los conflictos personales de los protagonistas.

 

Ella arrastra el recuerdo de unos padres atrapados en discusiones eternas que acabaron en divorcio.

 

Él carga con el trauma de un accidente relacionado con la guerra en el que perdió a sus padres.

 

Son dos personas heridas intentando construir algo parecido a una vida normal en un lugar donde la normalidad parece un artículo de lujo.

 

La propuesta tiene interés porque el contexto libanés nunca es un simple decorado. Está ahí condicionando cada decisión importante, cada separación y cada reencuentro.

 

Además, los dos personajes principales están razonablemente bien construidos y consiguen mantener el interés durante buena parte del metraje.

 

El problema llega cuando la película decide que la mejor forma de expresar emociones es poner a los personajes a gritarse constantemente.

 

Aparecen varias discusiones que resultan forzadas, impostadas y completamente gratuitas. Más que aportar tensión dramática, generan la sensación de que alguien ha confundido intensidad emocional con subir el volumen de la voz.

 

Tampoco ayuda demasiado un doblaje que suena artificial en numerosos momentos. Da la impresión de que buena parte de los matices se han quedado por el camino. Es fácil imaginar que la experiencia mejora considerablemente en versión original subtitulada.

 

Al final queda una película aceptable, honesta y con cierto encanto, pero lejos de esas grandes obras que de vez en cuando llegan desde Oriente Próximo y consiguen iluminar realidades complejas con una fuerza extraordinaria.

 

Esta se deja ver con interés, pero no termina de enamorar tanto como pretende.

 

Quizá porque el amor resiste muchas cosas, pero los diálogos gritados tienen bastante peor pronóstico.

 

Mi puntuación: 5,56/10.

 

 

 

Dirigido por Cyril Aris:

 

 

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Palmares, experiencias y comentarios de holasoyramon en el Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

31/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

FCAT 2026: viento africano, cine sin alfombras rojas y una escapada a Tánger

 

Acudo como siempre acreditado por El Heraldo del Henares. Lo primero agradecer a su director Roberto Mangas su apoyo incondicional. Y vamos con el FCAT.

 

Hay festivales que viven pendientes de la alfombra roja, de los flashes y de ver quién lleva el traje más caro. Y luego está el Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger, que parece más preocupado por enseñarte el mundo que por deslumbrarte con él.

 

He llegado a esta edición casi por casualidad, empujado sobre todo por mi amigo Carlos Taillefer, académico, cinéfilo militante y auténtico evangelizador del FCAT. Llevaba años hablándome de este festival y, una vez vivido en primera persona, entiendo perfectamente su entusiasmo.

 

 

El palmarés: triunfa el cine de las migraciones y las identidades africanas

 

El gran premio del festival, el Premio AML-FCAT a la Mejor Película, fue para Promis le ciel, de la directora tunecina Erige Sehiri, una película centrada en la experiencia de las mujeres migrantes africanas dentro del propio continente africano. El jurado destacó su sensibilidad y complejidad a la hora de abordar cuestiones como el desarraigo, la autonomía personal y el derecho a elegir entre quedarse, marcharse o regresar.

 

La película también obtuvo el Premio del Público y el Premio Miradas Africanas de RTVA, convirtiéndose en la gran triunfadora de esta edición.

 

 

Personalmente, me parece un premio coherente. Estamos viendo cómo el cine africano contemporáneo cada vez se aleja más de los clichés occidentales sobre pobreza, guerras y miserias para centrarse en personajes complejos y realidades mucho más matizadas. Precisamente eso era lo que defendía la propia directora durante la lectura del palmarés.

 

El Premio Casa África a Mejor Dirección fue para Namir Abdel Messeeh por La vie après Siham, un documental que aborda el duelo familiar y la memoria a través de varias generaciones.

 

 

Las menciones especiales del jurado recayeron en Variations on a Theme, de Devon Delmar y Jason Jacobs, y en Ancestral Visions of the Future, de Lemohang Mosese.

 

 

El premio a la mejor actriz fue para Deborah Christelle Lobe Naney por Promis le ciel, mientras que el premio al mejor actor fue para Admiro De Laura Munguambe por O profeta.

 

Entre los cortometrajes destacó Les jardins du paradis, de Sonia Terrab, ganador del Premio FAMSI, mientras que God Sleeps on Sundays, de Naishe Nyamubaya, recibió una de las menciones especiales.

 

Y aquí sí me permito una pequeña alegría personal. De todas las películas vistas durante estos días, God Sleeps on Sundays fue una de las que más me interesó. Una historia aparentemente sencilla que terminaba hablando del choque entre tradición, religión y modernidad con una elegancia admirable. Un premio quizás se quedó grande, pero la mención especial me parece absolutamente merecida.

 

También me alegró ver reconocida la labor de directoras y cineastas que han aportado nuevas perspectivas sobre cuestiones como la identidad, la memoria histórica o el papel de la mujer africana en la sociedad contemporánea, temas muy presentes durante toda esta edición.

 

 

Tarifa, donde el viento manda más que el alcalde

 

Si tuviera que elegir un protagonista inesperado del festival, no sería ningún director ni ningún actor.

Sería el viento.

 

Pocas veces he visto una ciudad tan dominada por un fenómeno meteorológico. Durante varios días sopló con una intensidad tremenda. Hasta el punto de que algunas actividades deportivas habituales en la zona resultaban complicadas o directamente imposibles.

 

El viento condiciona la vida de Tarifa, pero también forma parte de su encanto. Es una ciudad pequeña, elegante, agradable para pasear y con una personalidad muy marcada. Tiene algo especial. Algo difícil de definir.

 

Quizá sea su posición geográfica.

 

Quizá sea saber que África está ahí mismo, al otro lado del mar.

 

O quizá sea simplemente que pocas ciudades consiguen mezclar tan bien turismo, historia y paisaje.

 

 

Un festival sencillo y cercano

 

El FCAT no es un gran monstruo festivalero. Y eso es precisamente una de sus virtudes.

 

Las mañanas solían arrancar con algún coloquio o encuentro. Por las tardes las actividades se concentraban principalmente entre el Teatro Alameda y la Casa de la Cultura.

 

Ninguna de las dos salas presume de gigantismo. Las pantallas son modestas, los aforos también, pero las películas se ven aceptablemente y, sobre todo, existe una cercanía muy poco habitual entre espectadores y cineastas.

 

Muchos directores y protagonistas presentan personalmente sus trabajos y participan después en coloquios abiertos.

 

No hay distancia.

 

No hay postureo.

 

No hay esa sensación de que uno está observando a las estrellas desde detrás de una barrera policial.

 

Todo resulta cercano, humano y accesible.

 

 

Un dato curioso: ellas ganan por goleada

 

Algo que me llamó muchísimo la atención fue la composición del público.

 

Las mujeres eran mayoría absoluta.

 

Pero absoluta de verdad.

 

En algunas sesiones, calculando a ojo, los hombres apenas representábamos un diez por ciento del total.

 

Ya sabemos que las actividades culturales suelen atraer más público femenino que masculino, pero aquí la diferencia era realmente espectacular.

 

Y el ambiente resultaba extraordinariamente agradable: respetuoso, participativo y con una curiosidad intelectual que daba gusto ver.

 

Mucho público, mucha conversación y muchas ganas de descubrir cinematografías alejadas de los circuitos habituales.

 

 

Turismo entre película y película

 

Una de las ventajas del festival es que deja tiempo para explorar la zona.

 

Y sería un pecado imperdonable no hacerlo.

 

La visita a Vejer de la Frontera fue una auténtica delicia. Un pueblo precioso, cargado de historia y con algunos rincones que parecen diseñados expresamente para que los fotógrafos gasten batería.

 

Pero si hubo una visita que me impresionó especialmente fue Baelo Claudia.

 

No exagero si digo que es una de las joyas arqueológicas más espectaculares que he visitado nunca.

 

La ciudad romana aparece prácticamente completa: foro, templos, calles principales, mercados, viviendas, factorías de salazón…

 

Uno pasea por allí y comprende perfectamente cómo era la vida cotidiana hace dos mil años.

 

Una visita absolutamente imprescindible.

 

 

Mi aventura africana: un día en Tánger

 

Y, por supuesto, estaba la tentación inevitable.

África.

 

Porque cuando uno está en Tarifa resulta imposible no mirar hacia el otro lado del Estrecho.

 

Así que aproveché para realizar una excursión guiada a Tánger.

 

La experiencia comienza ya en el propio puerto, con controles policiales españoles y marroquíes, pasaporte en mano y el correspondiente sello de entrada.

 

Siempre tiene algo de aventura cruzar una frontera.

 

Tánger conserva parte de ese carácter cosmopolita heredado de su pasado internacional. Se nota el peso de la historia colonial y también la influencia de las distintas culturas que han pasado por allí.

 

La medina, el zoco, las callejuelas y el ambiente general ofrecen una experiencia muy diferente a la española, aunque probablemente la ciudad no tenga tantos monumentos espectaculares como otros destinos marroquíes.

 

Fue una jornada magnífica en la que, además, tuve la suerte de coincidir con unos compañeros vascos estupendos que hicieron todavía más agradable la visita.

 

 

Balance final

 

Me marcho del FCAT con una impresión francamente positiva.

 

He descubierto películas, directores y realidades que difícilmente llegan a los circuitos comerciales.

 

He aprendido mucho en coloquios y presentaciones.

 

He conocido lugares maravillosos.

 

Y he confirmado que todavía existen festivales que ponen el cine por delante de todo lo demás.

 

Quizá el FCAT no tenga el glamour de Cannes ni la maquinaria mediática de San Sebastián.

 

Pero tiene algo mucho más difícil de conseguir.

Tiene alma.

 

Mi agradecimiento a toda la organización por el magnífico trato recibido durante estos días y, muy especialmente, a Carlos Taillefer, culpable directo de que haya acabado descubriendo uno de los festivales más singulares y estimulantes de cuantos he visitado.

 

Y sí.

Probablemente vuelva.

Aunque antes tendré que entrenar un poco para sobrevivir al viento de Tarifa.

 

 

Epílogo: mucho más que cine

 

Entre las películas que más me interesaron destacaría aquellas que fueron capaces de combinar una mirada africana propia con cuestiones universales.

 

Me gustó especialmente el acercamiento a las migraciones que proponía Promis le ciel, la sensibilidad de God Sleeps on Sundays, la recuperación de figuras históricas como Amílcar Cabral en Amílcar y la reivindicación de la memoria afrodescendiente que proponían trabajos como Guillermina.

 

También me resultó especialmente estimulante redescubrir a Sara Gómez a través de De cierta manera, una película que sigue conservando una sorprendente capacidad para incomodar medio siglo después de su realización.

 

Pero si algo me llevo del FCAT 2026 no son solamente las películas. Me llevo las conversaciones. Las explicaciones de Aída Esther Bueno Sarduy, que en más de una ocasión resultaron tan interesantes como las propias proyecciones.

 

 

Me llevo la generosidad de los cineastas que compartieron sus trabajos con el público. Me llevo el descubrimiento de una cinematografía poco habitual en nuestras pantallas.

 

Y me llevo también el viento de Tarifa, las calles de Vejer de la Frontera, las ruinas de Baelo Claudia, la escapada a Tánger y la sensación de haber estado durante una semana mirando África desde una distancia de apenas catorce kilómetros.

 

Aunque para la próxima edición intentaré ir un poco más preparado. No para las películas, ni para los coloquios, ni siquiera para cruzar el Estrecho.

Para el viento.

 

Porque en Tarifa uno puede discutir de cine africano, de colonialismo, de migraciones o de identidad cultural. Pero al Levante no le gana nadie. Ni siquiera el jurado del festival. 😄

 

 

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De cierta manera – 1974 – Sara Gómez – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

31/05/2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

De cierta manera: revolución sí, pero el machito que no me lo toquen

 

Sara Gómez fue una cineasta cubana pionera, considerada la primera mujer en dirigir un largometraje en Cuba. Formada en el entorno del ICAIC, trabajó como documentalista y abordó cuestiones de raza, clase, género y marginalidad en la Cuba revolucionaria.

 

Su filmografía incluye numerosos cortos documentales y un único largo, De cierta manera, que quedó como su gran testamento cinematográfico.

 

Murió en 1974, con solo 31 años, antes de terminar el montaje.

 

De cierta manera fue finalizada tras su muerte por compañeros como Tomás Gutiérrez Alea, Julio García Espinosa e Iván Arocha, y se estrenó en 1977.

 

La película ha sido reivindicada con el tiempo como una obra fundamental del cine cubano, especialmente por su mezcla de ficción y documental y por su mirada crítica hacia las contradicciones internas de la Revolución.

 

 

Cutrecomentario

 

De cierta manera pretende, precisamente de cierta manera, rescatar del olvido a Sara Gómez, una directora que incomodó bastante al relato oficial cubano. Porque una cosa es proclamar la revolución con pancartas, discursos y épica de manual, y otra muy distinta revolucionar de verdad la cabeza de los hombres. Y ahí, amigos, el castrismo pinchó más que una colchoneta barata.

 

La película cuenta la relación entre Yolanda, una maestra comprometida con la nueva sociedad revolucionaria, y Mario, un obrero que viene a ser el típico macarrilla de barrio: muy gallito, muy seguro de sí mismo y con una masculinidad de saldo que da más pereza que miedo. Vamos, un machito de manual, de esos que creen que el socialismo empieza en la fábrica y termina en cuanto una mujer les lleva la contraria.

 

El contexto es muy interesante: la Cuba de los años setenta, el intento de eliminar barriadas marginales y realojar a sus habitantes en viviendas más dignas, y esa obsesión revolucionaria por fabricar un “hombre nuevo”.

 

El problema, claro, es que el hombre nuevo se parecía sospechosamente al hombre viejo, pero con consignas políticas recién planchadas.

 

Sara Gómez mezcla ficción y documental con una libertad formal muy estimulante.

 

La historia sentimental sirve para hablar de educación, clase social, racismo, machismo y fracaso ideológico.

 

No es una película cómoda ni complaciente, y precisamente por eso sigue teniendo tanta fuerza.

 

La directora no dispara contra la Revolución desde fuera, sino desde dentro, señalando sus agujeros, sus límites y sus contradicciones.

 

La presentación de Aída Esther Bueno Sarduy, que acompañó la sesión doble en los cines Alameda de Tarifa, ayudó mucho a contextualizar la película.

 

Su lectura sobre el racismo y el machismo en la Cuba revolucionaria iluminó una obra que, vista hoy, conserva una vigencia bastante incómoda.

 

De cierta manera es una película valiosa, áspera y muy lúcida.

 

Un retrato de una revolución que quiso cambiarlo todo, pero que dejó intactas demasiadas miserias domésticas.

 

Porque cambiar el mundo está muy bien, pero cambiar al cuñado machista del barrio ya es otra empresa de alto riesgo.

 

Mi puntuación: 7,77/10.

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Guillermina (Corto Documental) – 2019 – Aída Esther Bueno Sarduy – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

31/05/2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Lo que el viento se llevó… y lo que las amas de cría nunca pudieron llevarse

 

Aída Esther Bueno Sarduy es antropóloga, investigadora, escritora y cineasta cubana afincada en España.

 

Su trabajo gira en torno a la memoria afrodescendiente, la esclavitud y las identidades negras en el mundo hispano. Entre sus obras más destacadas figuran Guillermina, Ataques de nervios y diversos trabajos académicos y audiovisuales centrados en la diáspora africana y la historia colonial.

 

Además de cineasta, destaca como una extraordinaria divulgadora capaz de trasladar conceptos complejos con claridad y cercanía.

 

Guillermina ha participado en numerosos festivales especializados en cine documental, memoria histórica y estudios afrodescendientes, convirtiéndose en una de las obras más reconocidas de su directora.

 

El corto ha sido especialmente valorado por su capacidad para rescatar historias invisibilizadas por los relatos oficiales.

 

 

Cutrecomentario

 

Hay documentales que cuentan una historia y otros que rescatan una ausencia. Guillermina pertenece claramente al segundo grupo.

 

El punto de partida es aparentemente sencillo. Un hombre recuerda a la mujer negra que lo cuidó en La Habana cuando era niño. Han pasado más de cuarenta años desde que abandonó Cuba, pero la memoria de Guillermina sigue intacta. La despedida fue dolorosa para ambos. Lloró el niño y lloró la cuidadora. Y a partir de ese recuerdo íntimo, Aída Esther Bueno Sarduy construye algo mucho más grande.

 

El documental utiliza fotografías históricas de amas de cría negras junto a niños blancos para rendir homenaje a esas mujeres afrodescendientes que alimentaron, cuidaron y quisieron a hijos ajenos mientras, muchas veces, los suyos quedaban relegados al abandono. Mujeres esclavizadas cuya historia rara vez aparece en los libros.

 

Resulta especialmente impactante conocer algunos de los detalles que la propia directora explicó durante el coloquio posterior. Muchas de aquellas mujeres daban su leche a los hijos de sus propietarios mientras sus propios bebés sobrevivían, cuando podían, con agua azucarada. Y muchas veces ni siquiera sobrevivían. Son de esas historias que obligan a replantearse imágenes aparentemente inocentes que hemos visto cientos de veces sin comprender realmente lo que escondían.

 

También resulta fascinante la explicación sobre aquellas fotografías del siglo XIX. No aparecían las amas de cría porque alguien quisiera retratarlas. Aparecían porque eran las únicas capaces de mantener quietos a los niños durante el largo tiempo de exposición que exigían las cámaras de la época. El sujeto de la fotografía era el niño blanco. La mujer negra era considerada simplemente una herramienta necesaria para que la imagen pudiera existir. Una explicación tan sencilla como devastadora.

 

El corto funciona bien como ejercicio de memoria y como acto de justicia histórica. Pero, siendo sincero, salí casi más impresionado por la propia Aída Esther Bueno Sarduy que por la película. Su claridad expositiva, su capacidad para contextualizar cada imagen y para hacer comprensibles realidades que a muchos occidentales blancos se nos escapan convierten sus intervenciones en auténticas lecciones magistrales.

 

Guillermina es un documental valioso. Pero escuchar a Aída Esther Bueno Sarduy hablar sobre él es, directamente, otro nivel. Mi más sincera enhorabuena y agradecimiento por una de las aportaciones más iluminadoras de este FCAT.

 

Mi puntuación: 7,75/10.

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Amílcar (Documental) – 2025 – Miguel Eek – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

31/05/2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cartas desde la revolución: cuando el Che africano escribía a casa

 

Miguel Eek es un documentalista mallorquín con una trayectoria centrada en historias humanas y políticas observadas desde la cercanía. Entre sus trabajos más conocidos figuran Vida y muerte de un arquitecto (2017), City for Sale (2022) y The Sleeper. El Caravaggio perdido (2024).

 

En Amílcar se acerca a una de las figuras más relevantes de la historia africana del siglo XX, combinando rigor histórico y sensibilidad narrativa para rescatar una personalidad tan fascinante como contradictoria.

 

Amílcar tuvo su estreno mundial en 2025 y ha participado en diversos festivales internacionales, entre ellos el Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger.

 

La película ha sido especialmente valorada por su labor de recuperación histórica y por la originalidad de su planteamiento narrativo, construido a partir de abundante material de archivo y correspondencia personal.

 

 

Cutrecomentario

 

Hay personajes históricos que parecen diseñados por un guionista especialmente inspirado. Amílcar Cabral era uno de ellos. Ingeniero agrónomo, poeta, intelectual, revolucionario, líder anticolonial y estratega político.

 

Una especie de mezcla entre profesor universitario, guerrillero y pensador utópico. No es extraño que muchos lo bautizaran como el “Che Guevara africano”, aunque seguramente él habría tenido algo que objetar a la comparación.

 

El documental de Miguel Eek opta por una fórmula bastante elegante para acercarse a su figura. No hay recreaciones innecesarias ni expertos apareciendo cada cinco minutos delante de una estantería. Aquí mandan las imágenes de archivo, los discursos del propio Cabral y, sobre todo, unas cincuenta cartas dirigidas a las dos mujeres que marcaron su vida sentimental. Primero Maria Helena Rodrigues, a quien conoció durante sus años universitarios en Lisboa, y después su segunda esposa.

 

A través de esas cartas, escuchadas en voz en off, aparece un hombre mucho más complejo de lo que suele mostrar la iconografía revolucionaria. El líder político convive con el enamorado, el intelectual con el marido ausente, el soñador con el dirigente obligado a tomar decisiones durísimas.

 

Porque el documental tampoco cae en la tentación de convertir a su protagonista en un santo laico. Cabral aparece como un idealista convencido de la necesidad de liberar Guinea-Bisáu y Cabo Verde del dominio colonial portugués, pero también como un dirigente capaz de ejercer una notable dureza contra quienes consideraba una amenaza para su movimiento. Como suele ocurrir con los grandes revolucionarios, la realidad resulta bastante más incómoda que los pósteres.

 

La película está bien construida, mantiene el interés durante todo el metraje y consigue algo que no siempre logran los documentales biográficos: despertar la curiosidad por seguir investigando al personaje una vez terminan los créditos.

 

Quizá no descubra una figura muy conocida para el público europeo, pero precisamente ahí reside una de sus mayores virtudes.

 

Un trabajo sólido, inteligente y original que demuestra que, a veces, unas cuantas cartas bien leídas pueden contar más de una revolución que cien horas de discursos grandilocuentes.

 

Y de paso recordar que la Historia suele estar escrita por personas bastante más complejas que las estatuas que levantan después.

 

Mi puntuación: 7,65/10.

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Star Wars: The Clone Wars (Animación) – 2008 – Dave Filoni – Disney+

28/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La guerra de los clones: cuando Anakin encontró una padawan chulita y la galaxia ganó mucho

 

Star Wars: The Clone Wars es una de esas películas raras dentro de la saga galáctica. No es una de las grandes entregas numeradas, no tiene la solemnidad operística de los episodios principales y, sin embargo, termina siendo una pieza bastante importante para entender todo lo que vino después. Sobre todo por una razón: aquí aparece Ahsoka Tano. Y eso, amigos de la Fuerza, no es poca cosa.

 

La película fue dirigida por Dave Filoni, uno de los grandes nombres modernos del universo Star Wars. Antes de convertirse en una especie de guardián espiritual de la franquicia —junto a Jon Favreau—, Filoni empezó aquí a construir su parcela galáctica.

 

Luego sería pieza clave en Star Wars: The Clone Wars, Star Wars Rebels, The Mandalorian, Ahsoka y otros productos donde la saga ha seguido respirando, a veces con oxígeno puro y otras con inhalador de urgencia.

 

En cuanto a premios, la película no tuvo precisamente una entrada triunfal por la puerta grande de la crítica. Fue nominada a los Premios Razzie como peor precuela, remake, plagio o secuela, aunque perdió frente a Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal. O sea, una derrota honrosa dentro de una categoría donde nadie quiere ganar, como cuando te nombran presidente de la comunidad.

 

La película se sitúa cronológicamente entre Star Wars: Episodio II – El ataque de los clones y Star Wars: Episodio III – La venganza de los Sith, en plena Guerra de los Clones. Es decir, estamos en ese momento en el que la República todavía parece la buena de la película, aunque ya sabemos que el canciller Palpatine está cocinando el desastre imperial a fuego lento, como una abuela malvada haciendo lentejas Sith.

 

El argumento se divide claramente en dos grandes bloques. Primero tenemos la batalla de Christophsis, donde Obi-Wan Kenobi, Anakin Skywalker y el capitán Rex se enfrentan al ejército droide separatista.

 

Conviene aclararlo: los clones son los soldados de la República, no los rebeldes. Aquí los malos de turno son los separatistas, dirigidos en la sombra por Conde Dooku y compañía. Luego vendrán los matices, porque en Star Wars todo el mundo acaba teniendo más capas que una cebolla con trauma familiar.

 

En esa primera parte ya aparecen los elementos clásicos: grandes batallas, sables láser, droides de combate diciendo tonterías, generales Jedi con pose de funcionario místico y soldados clones que, poco a poco, empiezan a tener más personalidad que muchos personajes de carne y hueso de algunas superproducciones actuales.

 

Después llega el verdadero motor de la historia: Ahsoka Tano. Yoda envía a esta joven padawan para que sea aprendiz de Anakin Skywalker, lo cual, visto con perspectiva, parece una decisión pedagógica bastante discutible. Poner a Anakin a formar a una adolescente impulsiva es como poner a un pirómano a dirigir un curso de prevención de incendios. Pero la cosa funciona.

 

Ahsoka Tano aparece aquí como una niña-jedi descarada, respondona, valiente y un poquito chulita. Precisamente por eso resulta tan atractiva. No entra en la saga pidiendo permiso, sino pegando codazos.

 

Su relación con Anakin es de lo mejor de la película: él no quiere una padawan y ella no está dispuesta a dejarse impresionar demasiado. De ese choque nace una dinámica estupenda que luego la serie desarrollará muchísimo mejor.

 

La misión principal consiste en rescatar a Rotta, el hijo de Jabba el Hutt, secuestrado dentro de una maniobra política muy propia de la saga.

 

La República necesita ganarse el favor de Jabba para que permita el paso de sus naves por rutas estratégicas del Borde Exterior.

 

Detrás del secuestro está la conspiración de Conde Dooku, Asajj Ventress y Ziro el Hutt, que intentan manipular la situación para que los hutt se pongan del lado separatista.

 

La aventura lleva a Anakin y Ahsoka hasta Teth, donde rescatan al pequeño hutt en un monasterio, y después hasta Tatooine, donde deben devolverlo a su padre.

 

Mientras tanto, Padmé Amidala investiga la traición de Ziro en Coruscant.

 

Todo muy galáctico, muy político y muy de “nadie está haciendo nada limpio aunque todos lleven túnicas muy dignas”.

 

La película sigue bastante bien los esquemas clásicos de Star Wars: aventura, humor, batallas, traiciones, intereses políticos y ese eterno choque entre idealismo y manipulación. Porque detrás de los sables láser y las naves hay algo muy reconocible: la guerra como negocio, la política como engaño y los líderes aparentemente nobles haciendo equilibrios morales sobre una cuerda bastante podrida.

 

Uno de los aciertos más claros es la presencia del capitán Rex, clon identificado como CT-7567. Aquí empieza como soldado leal de la República bajo las órdenes de Anakin y Ahsoka, pero luego se convertirá en uno de los clones más importantes de toda la saga. Lo veremos de forma destacada en la serie Star Wars: The Clone Wars, más tarde en Star Wars Rebels, ya veterano y superviviente, y también en Star Wars: La remesa mala, donde se sigue explorando el destino de los clones tras la caída de la República. Rex es fundamental porque convierte a los clones en algo más que soldados fabricados en serie: les da humanidad, memoria y conflicto.

 

También es muy disfrutable todo el despliegue de droides de combate.

 

Están los clásicos droides B1, esos esqueletos metálicos torpes y parlanchines que parecen diseñados por alguien que odiaba la eficacia militar.

 

Están los superdroides B2, más robustos y bastante más amenazantes.

 

Y aparecen también los droidekas, esos droides rodantes con escudos que siempre han dado bastante guerra y que tienen la mala costumbre de ser más elegantes en movimiento que muchos villanos de Marvel.

 

También resulta muy bonito todo el juego que hace la película con los robots clásicos de la saga. Aquí vuelve a aparecer el inmortal R2-D2, probablemente el único personaje verdaderamente imprescindible de todo Star Wars, porque este pequeño cubo con ruedas y mala leche aparece absolutamente en todas las etapas importantes de la franquicia. Da igual que cambien imperios, repúblicas, jedis o dictadores galácticos: ahí sigue R2, pitando cosas incomprensibles y salvando a todo el mundo mientras los humanos toman decisiones desastrosas.

 

Junto a él aparecen también los protocolarios C-3PO, siempre histéricos, exagerados y quejándose como si acabaran de descubrir Twitter, además de ese droide médico rojo FX-7, el robot quirúrgico que acompaña a los Jedi y que los veteranos de la saga reconocerán fácilmente por su aspecto de lámpara quirúrgica salida de una pesadilla hospitalaria galáctica.

 

Y hay además unas imágenes muy potentes de Ahsoka, Anakin y R2-D2 atravesando el desierto de Tatooine que inevitablemente conectan con el espíritu de Star Wars: Episodio IV – Una nueva esperanza.

 

Ese paisaje árido, infinito y polvoriento sigue funcionando como el gran escenario mítico de la saga. Pero en el caso de Anakin tiene además un peso emocional importante, porque está regresando a un planeta del que realmente no conserva ningún recuerdo feliz: la esclavitud, la separación de su madre y, posteriormente, el trauma terrible asociado a su muerte.

 

Detrás de la aventura galáctica sigue latiendo ahí el dolor de un personaje que ya empieza claramente a caminar hacia el lado oscuro aunque todavía conserve sonrisa de héroe.

 

La animación, vista hoy, tiene sus limitaciones. Los personajes parecen a ratos muñecos articulados tallados en madera galáctica, con expresiones faciales un poco rígidas. Pero también tiene encanto.

 

Hay energía, ritmo y una voluntad clara de construir un puente entre el cine y la serie posterior. De hecho, la película funciona casi como un episodio piloto largo, estrenado en salas para presentar este nuevo territorio narrativo.

 

Lo más interesante, sin duda, es Ahsoka Tano. En esta película aparece como una aprendiz algo insolente, muy joven, con ganas de demostrarlo todo y con esa mezcla de valentía e inconsciencia tan propia de quien aún no sabe en qué clase de desastre histórico se ha metido.

 

Con el tiempo, Ahsoka se convertirá en uno de los personajes más queridos de la saga. Crecerá en Star Wars: The Clone Wars, reaparecerá en Star Wars Rebels, dará el salto a la imagen real en The Mandalorian y El libro de Boba Fett, y acabará protagonizando su propia serie, Ahsoka, ya como adulta, marcada por la guerra, la pérdida y la sombra de su antiguo maestro.

 

Y eso hace que esta película gane valor con los años. Quizá en 2008 pudo parecer una entrega menor, incluso un producto infantil o de transición.

 

Pero hoy sabemos que aquí se estaba plantando una semilla importantísima. Ahsoka no era un simple añadido simpático: era uno de los grandes hallazgos modernos de Star Wars.

 

La película se ve con mucho agrado. No es perfecta, ni pretende serlo. Tiene momentos ingenuos, humor para críos, alguna secuencia algo mecánica y esa sensación de estar más cerca de la televisión que del gran cine.

 

Pero también tiene aventura, claridad narrativa, buenos personajes y una ligereza muy agradecida. No todo en Star Wars tiene que sonar como si estuvieran anunciando el fin de la civilización con trompetas imperiales.

 

Además, hay algo muy atractivo en ver a Anakin Skywalker todavía como héroe luminoso, impulsivo y carismático, antes de que la cosa se tuerza definitivamente y termine respirando como cafetera averiada. Aquí está en ese punto intermedio: arrogante, brillante, afectuoso y ya peligrosamente convencido de que las normas son para los demás. Vamos, una red flag con sable azul.

 

Star Wars: The Clone Wars no es una de las grandes cumbres de la saga, pero sí una pieza muy entretenida y bastante más importante de lo que parecía.

 

Tiene batallas, droides, intrigas políticas, hutts mafiosos, clones con alma y, sobre todo, la presentación de Ahsoka Tano, que terminaría convirtiéndose en una de las mejores incorporaciones de todo el universo galáctico.

 

Una película menor, sí. Pero menor como esos secundarios que entran por una puerta pequeña y acaban quedándose con la casa entera.

 

Mi puntuación: 7,75/10.

 

 

 

Dirigido por Dave Filoni:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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El encargado (Serie de TV) – 2022 – Temporada 3 – Mariano Cohn (Creador), Gastón Duprat (Creador) – Disney+

28/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El portero que debería dar más miedo que Hannibal Lecter… pero cae simpático el muy cabrón

 

Hay personajes televisivos que entran poco a poco en la cabeza del espectador. Y luego está Eliseo, el protagonista de El encargado, que directamente se te mete en el cerebro, te reorganiza la comunidad de vecinos y probablemente te cambia la cerradura mientras sonríe con cara de “yo solo quiero ayudar”.

 

La tercera temporada de El encargado confirma algo que ya era evidente en las dos anteriores: estamos ante una de las series más inteligentes, incómodas y perversamente divertidas que ha dado el audiovisual argentino reciente. Y sí, gran parte de la culpa la tiene un gigantesco Guillermo Francella, que aquí vuelve a realizar una interpretación absolutamente desbordante.

 

Los creadores de la serie, Mariano Cohn y Gastón Duprat, llevan años demostrando que son probablemente dos de los tipos más afilados y cínicos del panorama iberoamericano.

 

Su filmografía conjunta incluye títulos tan brillantes como El ciudadano ilustre, Competencia oficial, Mi obra maestra o 4×4, películas donde siempre aparecen las mismas obsesiones: la hipocresía social, el ego, el capitalismo salvaje, las apariencias culturales y la miseria moral disfrazada de sofisticación.

 

Y en El encargado vuelven a jugar exactamente a eso, pero con ascensor comunitario, reuniones de vecinos y olor a lejía de portal.

 

La serie ha sido además un éxito considerable tanto en Argentina como internacionalmente. Guillermo Francella ganó el Premio Platino al Mejor Actor de Serie por las primeras temporadas, mientras que la producción ha acumulado nominaciones en distintos premios latinoamericanos y una enorme repercusión crítica y popular. Porque sí, resulta que media humanidad disfruta viendo cómo un psicópata manipulador humilla elegantemente a todo el mundo.

 

Y ahí está la gran trampa maravillosa de esta tercera temporada.

 

Porque Eliseo es objetivamente un monstruo. Un tipo calculador, manipulador, egocéntrico y despiadado. Un sociópata de manual. Pero la serie consigue algo fascinante: poner continuamente al espectador de su lado. Y eso tiene muchísimo mérito. O muchísimo peligro psicológico. No estoy seguro.

 

En esta temporada, Eliseo acude a un congreso de encargados en Brasil y descubre algo fundamental: que el resto de sus compañeros son unos inútiles integrales. Mientras ellos siguen preocupados por goteras, bombillas y cuotas comunitarias, él visualiza un auténtico imperio empresarial. Y ahí aparece uno de los aspectos más interesantes de la serie: esa idea de convertir a un simple encargado de edificio en una especie de tiburón neoliberal capaz de detectar oportunidades de negocio donde otros solo ven cubos de basura.

 

Lo más divertido es que la serie termina funcionando casi como una fantasía de ascenso social. Eliseo se convierte en una especie de héroe empresarial extraño, un personaje que aparentemente desafía al sistema… utilizando las propias herramientas del sistema. Un neocapitalismo anticapitalista absolutamente delirante y, al mismo tiempo, extrañamente seductor.

 

Porque claro… uno debería odiar profundamente a Eliseo.

Pero no.

 

La serie logra que uno admire su inteligencia, su capacidad de adaptación y hasta su forma elegantemente miserable de sobrevivir. Eliseo siempre parece servicial, empático, humilde y colaborador. Y detrás de cada sonrisa hay una manipulación perfectamente calculada funcionando como un reloj suizo. Es un personaje terrorífico… pero tremendamente carismático.

 

Y ahí entra el trabajo monumental de Guillermo Francella. Lo suyo aquí es una lección interpretativa continua. Cada mirada, cada pausa, cada gesto aparentemente amable esconden una amenaza silenciosa.

 

Francella consigue algo dificilísimo: construir un personaje monstruoso sin perder jamás el encanto. El espectador sabe perfectamente que está viendo a un depredador social… y aun así quiere que gane.

 

Eso sí, la serie también sigue funcionando como una sátira salvaje de las clases medias urbanas, de las comunidades de propietarios y de la hipocresía social contemporánea. Todos parecen moralmente superiores hasta que necesitan algo de Eliseo. Entonces ya no importa tanto que espíe, manipule o chantajee discretamente a media humanidad.

 

Y quizá ahí esté el gran hallazgo de la serie: Eliseo no es un monstruo aislado. Es simplemente el producto perfecto de una sociedad donde la apariencia vale más que la ética y donde el éxito termina justificándolo absolutamente todo.

 

Una tercera temporada brillantísima, afilada, incómoda y tremendamente divertida. Y sí, otra vez toca rendirse ante Guillermo Francella, que directamente se ha inventado uno de los personajes televisivos más fascinantes y perversos de los últimos años.

 

El problema es que probablemente todos querríamos tener a Eliseo solucionándonos una avería… aunque luego desapareciera misteriosamente el testamento de la abuela.

 

Mi puntuación: 7,99/10.

 

 

 

Mariano Cohn (Creador), Gastón Duprat (Creador):

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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O profeta – 2026 – Ique Langa – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

28/05/2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El profeta que descubrió el milagro más grande del cine de autor: aburrir en formato cuadrado

 

Hay películas lentas. Hay películas contemplativas. Hay películas que se toman su tiempo. Y luego está O profeta, de Ique Langa, que directamente parece rodada para comprobar cuánto aguanta un ser humano sentado sin pedir auxilio a Protección Civil. Una experiencia cinematográfica que convierte esperar el turno en el ambulatorio en una montaña rusa emocional.

 

Lo primero que llama la atención es la apuesta estética. La película está rodada en un blanco y negro áspero y en formato 1:1, el viejo formato cuadrado que prácticamente desapareció con la televisión de tubo y las fotos del DNI de los años ochenta. Y claro, uno se pregunta inmediatamente: ¿para qué? ¿Qué aporta esto? ¿Qué pretende demostrar exactamente Ique Langa? Porque hay veces que ciertas decisiones formales parecen tomadas únicamente para que en un coloquio posterior alguien diga la palabra “rupturista” mientras acaricia una barba cuidadosamente descuidada.

 

Ique Langa, cineasta mozambiqueño, ha trabajado especialmente en el ámbito del cortometraje y del cine experimental, desarrollando una filmografía muy vinculada al simbolismo, la identidad africana y los lenguajes contemplativos.

 

En O profeta, su primer largometraje de ficción de gran recorrido internacional, mantiene esa línea autoral radical que parece más interesada en la experiencia sensorial que en la narración convencional. Una propuesta que seguramente entusiasmará a cierta crítica de gafapasta extrema y desesperará profundamente al resto de la humanidad.

 

La película ha pasado por el circuito de festivales internacionales y su presencia en el Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 confirma el interés que despierta dentro del cine africano contemporáneo más experimental.

 

Una de esas películas que suelen venir acompañadas de textos promocionales donde aparecen palabras como “poética”, “trascendencia”, “espiritualidad” o “deconstrucción de la mirada”. Mala señal casi siempre.

 

La historia, en realidad, podría haber tenido bastante interés. El protagonista es un pastor evangélico bastante torpe, con pocos fieles y dificultades hasta para leer ciertos pasajes bíblicos. Un hombre gris, mediocre y perdido que, tras una extraña experiencia en una cabaña perdida en la selva, comienza a adquirir fama y relevancia religiosa. Allí aparece uno de los elementos más fascinantes de la película: un hombre acondroplásico vestido con traje y pajarita que se dedica únicamente a barrer la tierra de la entrada. Una imagen perturbadora, surrealista y muy potente que hacía pensar que quizá la película iba a lanzarse definitivamente al delirio simbólico interesante.

Pero no.

 

Porque O profeta toma la peor decisión posible: aburrirse a sí misma.

 

La película se recrea continuamente en planos larguísimos, eternos, insufribles. Planos donde vemos al protagonista levantarse lentamente de la cama, abrocharse la camisa botón a botón, caminar durante minutos enteros mostrando únicamente cogotes y espaldas. Y no, eso no es cine profundo. Eso no es reflexión. Eso no es espiritualidad. Eso es convertir tareas domésticas en metraje.

 

Aquí el problema no es la lentitud. Hay cine lento extraordinario. El problema es que casi nada de lo que muestra tiene interés visual, dramático o emocional. El espectador no descubre nada nuevo observando durante varios minutos cómo un señor se anuda la ropa con parsimonia funcionarial. El cine contemplativo necesita tensión interna, atmósfera o capacidad hipnótica. Y aquí lo único hipnótico era la posibilidad muy real de quedarse dormido.

 

Da rabia porque debajo de todo esto sí parece haber una película interesante. El retrato de la culpa religiosa, de la fe popular, del fanatismo y de las transformaciones espirituales en ciertos entornos africanos podría haber dado muchísimo juego. Incluso esa mezcla entre superstición, evangelismo y miseria social tiene fuerza. Pero la película decide sacrificarlo todo en el altar del “mirad qué autor soy”.

 

Y mientras tanto, el público huyendo de la sala como si repartieran multas en la puerta.

 

De hecho, una parte importante de la experiencia consistía casi en observar quién aguantaba hasta el final. Una especie de supervivencia cinematográfica colectiva. Los que permanecieron sentados hasta los títulos de crédito merecen, sinceramente, algún tipo de reconocimiento institucional. Una medalla. Un diploma. Una botella de agua isotónica. Algo.

 

Porque sí, la película pretende reflexionar sobre la culpa, la fe y la transformación espiritual. Eso dicen los textos promocionales. Pero la realidad es que cuenta poquísimo y lo hace además con una autosuficiencia estética tremenda. Todo está tan preocupado por parecer trascendente que se olvida de algo fundamental: interesar.

 

Y el cine, incluso el más arriesgado y experimental, debería tener al menos un poco de amor por el espectador. Aquí da la sensación de que directamente lo castigan.

 

Mi puntuación: Cero patatero/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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One woman one bra – 2025 – Vincho Nchogu – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

28/05/2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Soltera y sola en la vida

 

Hay películas que parecen pequeñas, casi invisibles, y luego terminan soltando más bofetadas sociales que una tertulia de madrugada en una televisión local. One Woman One Bra, dirigida por Vincho Nchogu, entra precisamente en esa categoría.

 

Una película que empieza casi como una comedia costumbrista y acaba retratando con bastante mala leche las miserias del patriarcado africano… y las del paternalismo occidental. Vamos, que aquí no se salva ni el apuntador. Ni el sujetador.

 

Vincho Nchogu es productora, narradora multimedia y archivista digital especializada en sistemas de conocimiento indígenas.

 

Tras trabajar en documentales internacionales y producir la película brasileña Gabriel and the Mountain, presentada en la Semana de la Crítica de Cannes, alcanzó gran popularidad en Kenia con el podcast de investigación Case Number Zero, el más escuchado del país en 2021.

 

En 2025 debutó en la ficción con One Woman One Bra, seleccionada para la Bienal de Venecia, mientras desarrolla actualmente su segundo largometraje, el thriller keniano Kedong.

 

Esta producción Kenya-Nigeria demuestra una mirada bastante sólida, especialmente a la hora de mezclar crítica social, humor incómodo y drama identitario.

 

La película está hablada principalmente en inglés, aunque también aparecen diálogos en maá y suajili, lo que le aporta una riqueza cultural bastante interesante y una sensación de autenticidad que muchas coproducciones internacionales pierden por el camino.

 

La película ha pasado por el Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026, un escaparate fundamental para acercar cinematografías africanas que rara vez pisan las salas comerciales españolas.

 

La protagonista es Star, una mujer de 38 años que no conoció a sus padres, vive sola y encima tiene la osadía imperdonable de no estar casada. Vamos, el equivalente social a ir por el pueblo con una camiseta que diga “me gusta llevar la contraria”.

 

Cuando empiezan a repartirse títulos de propiedad en Sayid, su situación se vuelve dramática porque, al no tener vínculos familiares reconocidos, puede acabar expulsada de su propia casa.

 

La película utiliza esta situación para hablar de algo bastante demoledor: lo complicado que sigue siendo para muchas mujeres africanas existir fuera de los esquemas tradicionales. Si no eres esposa, hija reconocida o madre de alguien, prácticamente eres un error administrativo con piernas.

 

El detonante de la trama llega cuando encuentra una fotografía de su infancia realizada por un fotógrafo famoso. En ella aparece una mano junto a su rostro y Star empieza a obsesionarse con la idea de que podría ser la de su madre. Ahí la película vira hacia una especie de búsqueda identitaria bastante emotiva, aunque sin caer nunca en el melodrama lacrimógeno de anuncio navideño.

 

Pero el elemento más divertido —y más venenoso— aparece con la trama de la ONG occidental. Una cooperante blanca llega con la iluminada misión de repartir sujetadores entre las mujeres locales. Y claro, la película aprovecha para disparar con bala contra cierto tipo de cooperación internacional que parece diseñada por gente que jamás ha pisado el lugar que pretende “salvar”.

 

Mientras la población vive en condiciones durísimas, llega alguien convencido de que el problema prioritario del continente africano es la talla de copa.

 

Es una sátira bastante afilada sobre esa superioridad moral occidental disfrazada de ayuda humanitaria. El clásico “venimos a civilizaros”, pero versión lencería.

 

Lo mejor de la película es que no convierte esto en un panfleto. Hay humor, ironía y personajes bastante bien construidos. Incluso la cooperante evita convertirse en una caricatura total.

 

La película entiende que muchas veces el problema no es la maldad, sino la desconexión absoluta con la realidad. Gente que quiere ayudar… pero ayudando exactamente en lo que a ellos les hace sentirse mejor.

 

Formalmente es una película sencilla, sin grandes alardes visuales, pero muy bien narrada. El guion está bastante trabajado y sabe equilibrar las distintas capas del relato sin que aquello parezca una tesis doctoral filmada. Algo que se agradece muchísimo porque hay películas sociales africanas que parecen diseñadas para que el espectador europeo salga del cine sintiéndose culpable durante tres semanas. Aquí no. Aquí además hay sarcasmo y bastante retranca.

 

Y luego está el título. One Woman One Bra parece una broma absurda… 

Pues resulta que es el lema de esta campaña lanzada por esta fundación humanitaria.

 

Una película humilde, inteligente y con bastante más mala leche de lo que aparenta. De esas que empiezan casi como una anécdota y terminan dejándote pensando un rato largo.

 

Mi puntuación: 7,66/10.

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Figuras ocultas. Volumen 1. Mujer & Cine – Bichobola – Asociación Amigos del Cine de Azuqueca de Henares (ACAZ)

27/05/2026

 

 

 

 

 

FIGURAS OCULTAS


Mujer & Cine


Reivindicar a la mujer y su vínculo con el cine es el eje central de este nuevo monográfico. Durante gran parte del siglo XX, su presencia quedó relegada por una mirada patriarcal que condicionó su participación y otorgó el protagonismo casi absoluto a los hombres en la mayoría de los ámbitos y departamentos cinematográficos.


La presencia y protagonismo de las mujeres es incuestionable, y no sólo en la Dirección, cuyos datos son reveladores; sino también, en otros departamentos artísticos y técnicos. Surge así una “nueva mirada”, una sensibilidad diferente que podría convertirse en la principal revolución cinematográfica de este nuevo siglo.


Porque el cine no solo refleja la sociedad: también tiene el poder de transformarla. Y en esa transformación, las mujeres han dejado de ser Figuras Ocultas para convertirse en creadoras imprescindibles de la historia del Cine.

 

 

 

 

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Ébola: el virus que no vuela, pero cuando toca, toca fuerte

27/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Ébola: el virus que no vuela, pero cuando toca, toca fuerte

 

1. Qué es el virus Ébola

 

El virus Ébola pertenece a la familia Filoviridae, esos virus con forma filamentosa, como si alguien hubiera mirado un espagueti al microscopio y hubiera dicho: “esto no pinta bien”.

 

La enfermedad se llama hoy, de forma más amplia, enfermedad por virus del Ébola o Ebola disease, porque no hablamos de un único virus sino de varios orthoebolavirus capaces de producir cuadros graves en humanos y otros primates.

 

La enfermedad fue identificada en 1976 en brotes casi simultáneos en lo que hoy son la República Democrática del Congo y Sudán del Sur. (GOV.UK)

 

Los principales virus relacionados con enfermedad humana son Zaire ebolavirus, Sudan ebolavirus, Bundibugyo ebolavirus y Taï Forest ebolavirus.

 

El más famoso es Zaire ebolavirus, responsable de los grandes brotes de África occidental y de varios brotes en la República Democrática del Congo. (Organización Mundial de la Salud)

 

Es un virus de ARN, envuelto, relativamente frágil fuera del organismo si se le somete a desinfectantes adecuados, calor o limpieza correcta, pero muy peligroso cuando entra en contacto con mucosas, piel lesionada o sangre.

 

Su letalidad varía mucho según el virus concreto, el brote, la rapidez diagnóstica y la calidad del soporte médico.

 

La OMS suele situar la letalidad media alrededor del 50%, con brotes que han oscilado aproximadamente entre el 25% y el 90%. (Organización Mundial de la Salud)

 

 

2. El punto clave: cómo se transmite

 

Aquí conviene ponerse pesado, porque con el Ébola hay dos errores clásicos: pensar que se transmite como la gripe —falso— o pensar que solo se contagia si uno está en medio de una película apocalíptica con monos, militares y música inquietante —también falso.

 

El Ébola no se transmite por el aire como la gripe, el sarampión o la COVID en aerosoles. No basta con cruzarse con una persona infectada por la calle, compartir una sala o respirar el mismo aire a distancia.

 

La transmisión exige contacto directo con sangre, secreciones, órganos u otros fluidos corporales de una persona enferma o fallecida por Ébola, o contacto indirecto con objetos contaminados por esos fluidos. (Organización Panamericana de la Salud)

 

El detalle importante es “persona enferma”. Una persona infectada, pero todavía sin síntomas, no suele considerarse contagiosa.

 

El riesgo aparece cuando empiezan los síntomas: fiebre, malestar, vómitos, diarrea, sangrado, debilidad extrema. Y cuanto más avanzada está la enfermedad, mayor suele ser la carga viral y más peligrosos son los fluidos corporales. (Organización Mundial de la Salud)

 

Sangre, vómitos, diarrea y otros fluidos: el núcleo del problema

 

La transmisión más evidente ocurre por contacto con sangre, vómitos, heces, orina, saliva, sudor, leche materna, semen o fluidos vaginales de una persona enferma.

 

El virus entra por mucosas —ojos, boca, nariz—, por cortes o heridas en la piel, o por pinchazos accidentales.

 

Por eso los cuidadores familiares y el personal sanitario tienen un riesgo altísimo si no hay equipos de protección adecuados. (Organización Mundial de la Salud)

 

En los brotes africanos, la transmisión doméstica ha sido fundamental. Una persona enferma en casa necesita ayuda para beber, limpiarse, ir al baño, cambiar ropa, recibir cuidados básicos. Todo eso, que humanamente es lo más normal del mundo, se convierte en una autopista para el virus si no hay guantes, protección, aislamiento y formación. El Ébola no necesita alas: le basta con una familia cuidando sin medios. (Organización Mundial de la Salud)

 

El papel tremendo de los funerales

 

Los funerales han sido uno de los grandes motores de transmisión. En muchas comunidades, lavar, tocar, vestir o despedir físicamente al fallecido forma parte del rito y del respeto familiar.

 

El problema es que el cadáver de una persona muerta por Ébola puede contener cargas virales muy altas. Tocar el cuerpo, lavarlo o manipular ropa y sábanas contaminadas puede contagiar. (Reuters)

 

En el brote de 2026 en la República Democrática del Congo, las autoridades de Ituri llegaron a prohibir velatorios y limitar reuniones por el papel de los funerales en la propagación. Según Reuters, las medidas incluían que solo equipos entrenados manipularan cadáveres. Es una medida durísima culturalmente, pero epidemiológicamente tiene todo el sentido: en Ébola, un funeral inseguro puede convertirse en un multiplicador de casos. (Reuters)

 

Transmisión sanitaria: cuando el hospital se convierte en foco

 

Los hospitales pueden cortar la cadena de transmisión, pero si están desbordados o mal equipados pueden convertirse en focos.

 

El Ébola se transmite en centros sanitarios por pinchazos, contacto con sangre, limpieza insuficiente, falta de equipos de protección, errores al quitarse el traje protector o reutilización de material contaminado. Esto ocurrió en múltiples brotes, incluido el de África occidental de 2014-2016 y también en brotes posteriores en Uganda y RDC. (CDC)

 

Uno de los momentos más peligrosos para el sanitario es quitarse el equipo de protección. Parece una tontería burocrática, pero ahí se juega la vida: si el exterior del traje está contaminado y uno se toca la cara, los ojos o una zona de piel lesionada, el virus tiene puerta de entrada.

 

El caso español de Teresa Romero, en 2014, se vinculó precisamente a la atención de pacientes repatriados y a posibles fallos o dificultades en el protocolo de protección. (EL PAÍS English)

 

Objetos contaminados: la transmisión indirecta

 

También puede haber contagio por objetos contaminados: sábanas, ropa, agujas, jeringas, material sanitario, superficies con fluidos recientes.

 

No es que el virus salte de una mesa como un ninja, pero si hay sangre o vómito contaminado y alguien lo toca y luego se toca mucosas, el riesgo existe.

 

De ahí la importancia de limpieza con desinfectantes adecuados, manejo seguro de residuos, incineración o eliminación controlada de material contaminado y protocolos estrictos. (Organización Mundial de la Salud)

 

Transmisión sexual y supervivientes

 

Un aspecto menos conocido es que el virus puede persistir durante meses en algunos compartimentos inmunológicamente protegidos, como el semen.

 

Por eso se han documentado casos de transmisión sexual tras la recuperación clínica.

 

Las guías recomiendan seguimiento de supervivientes, asesoramiento sexual y, según contexto, pruebas del semen o uso de preservativo durante un periodo prolongado. Esto no convierte a los supervivientes en “peligros públicos”, ni muchísimo menos; convierte al seguimiento médico en algo esencial y evita estigmas, que ya bastante mochila llevan encima. (Organización Mundial de la Salud)

 

Animales y salto inicial al ser humano

 

El reservorio natural exacto no está completamente cerrado, aunque los murciélagos frugívoros se consideran candidatos importantes.

 

El salto al ser humano puede ocurrir por contacto con animales infectados, vivos o muertos, como murciélagos, primates no humanos o carne de animales silvestres. Después, el gran problema ya no es el animal: es la transmisión persona a persona. (Organización Mundial de la Salud)

 

3. Brotes históricos: de 1976 al gran desastre de África occidental

 

El Ébola se identificó en 1976 en brotes casi simultáneos en Yambuku, en la actual República Democrática del Congo, y en la zona de Nzara/Maridi, en el actual Sudán del Sur. Desde entonces han aparecido brotes de forma periódica, sobre todo en África central y oriental. (GOV.UK)

 

Durante años, los brotes fueron relativamente localizados: aldeas, zonas rurales, transmisión familiar y sanitaria, con contención más o menos rápida. Pero el virus cambió de escenario en 2014.

 

El brote de África occidental, iniciado en Guinea y extendido a Liberia y Sierra Leona, fue el mayor y más complejo de la historia: más de 28.600 casos y más de 11.300 muertes. También se extendió a otros países, incluidos Nigeria, Senegal, Mali, España, Reino Unido, Italia y Estados Unidos, aunque fuera de los tres países principales la transmisión fue mucho más limitada. (Organización Mundial de la Salud)

 

Aquel brote enseñó varias lecciones brutales: que el Ébola puede llegar a ciudades, que los sistemas sanitarios débiles se rompen rápido, que los entierros inseguros son decisivos, que la confianza comunitaria vale tanto como un laboratorio, y que reaccionar tarde sale carísimo en vidas. La OMS declaró la emergencia internacional en agosto de 2014 y el brote se dio por cerrado en 2016. (Organización Mundial de la Salud)

 

Después hubo otros brotes importantes, especialmente en RDC. El brote de Kivu/Ituri de 2018-2020 fue uno de los más graves, con más de 3.400 casos y más de 2.200 muertes, además de la enorme dificultad añadida del conflicto armado y la desconfianza hacia los equipos sanitarios. (Wikipedia)

 

4. El brote reciente: RDC y Uganda, 2026

 

El brote más reciente relevante, según la OMS, fue declarado en mayo de 2026 como emergencia de salud pública de importancia internacional. Está causado por Bundibugyo virus, una especie de orthoebolavirus menos habitual que Zaire ebolavirus y para la que no existen vacunas o tratamientos aprobados equivalentes a los disponibles frente a Zaire. (Organización Mundial de la Salud)

 

La OMS informó el 17 de mayo de 2026 de casos confirmados y numerosos sospechosos en la provincia de Ituri, en la República Democrática del Congo, con afectación de zonas sanitarias como Bunia, Rwampara y Mongbwalu. También se notificó expansión transfronteriza hacia Uganda. (Organización Mundial de la Salud)

 

Las cifras están cambiando con rapidez. La OMS citaba el 16 de mayo 8 casos confirmados, 246 sospechosos y 80 muertes sospechosas en Ituri; pocos días después, informes de agencias y organismos humanitarios hablaban ya de más de 500-700 casos sospechosos y más de 130-170 muertes sospechosas, lo que indica transmisión comunitaria sostenida, retraso diagnóstico y probable infradetección. (Organización Mundial de la Salud)

 

Este brote es especialmente preocupante por varios motivos: hay transmisión en comunidades, infecciones en sanitarios, expansión a zonas urbanas, movilidad de población, conflicto armado, desconfianza hacia las autoridades, problemas de laboratorio y falta de vacunas aprobadas para Bundibugyo virus. Es el cóctel epidemiológico que nadie pediría en barra, salvo un virus con muy mala leche. (CDC)

 

Además, el CDC emitió el 19 de mayo de 2026 una alerta sanitaria para clínicos y viajeros por el brote de RDC/Uganda, señalando que el riesgo para Estados Unidos era bajo, pero recomendando vigilancia, identificación rápida, aislamiento y medidas de salud pública. (CDC)

 

5. Síntomas: cómo empieza y cómo se complica

 

El periodo de incubación suele ser de 2 a 21 días. La enfermedad empieza de forma poco específica: fiebre, cansancio intenso, dolor muscular, cefalea, dolor de garganta. Vamos, que al principio puede parecer gripe, malaria, fiebre tifoidea o “me ha pasado un camión por encima”. Ese es uno de los grandes problemas: en zonas endémicas, muchas enfermedades empiezan igual. (Organización Mundial de la Salud)

 

Después pueden aparecer vómitos, diarrea, dolor abdominal, exantema, insuficiencia hepática o renal, alteraciones analíticas y, en algunos casos, hemorragias internas o externas. Aunque el imaginario popular se ha quedado con lo de “fiebre hemorrágica”, no todos los pacientes sangran de forma espectacular. El cine, como siempre, poniendo ketchup donde a veces hay fisiopatología. (Organización Mundial de la Salud)

 

La muerte, cuando ocurre, suele relacionarse con shock, fallo multiorgánico, deshidratación profunda, alteraciones electrolíticas, sepsis secundaria y respuesta inflamatoria descontrolada. La atención precoz mejora mucho el pronóstico: hidratación, electrolitos, control de vómitos y diarrea, soporte hemodinámico, oxígeno si hace falta y tratamiento de coinfecciones. (CDC)

 

 

6. Diagnóstico

 

El diagnóstico se confirma mediante pruebas de laboratorio, sobre todo RT-PCR, detección de antígenos o serología según el momento clínico.

 

Como los síntomas iniciales son inespecíficos, el diagnóstico no puede basarse solo en “tiene fiebre y mala pinta”.

 

Hace falta combinar clínica, epidemiología —viaje, contacto con caso, asistencia sanitaria, funeral, exposición a fluidos— y laboratorio. (Organización Mundial de la Salud)

 

En los brotes, el retraso diagnóstico es veneno epidemiológico: cada día sin identificar casos permite más contactos, más funerales inseguros, más transmisión doméstica y más exposición sanitaria.

 

En el brote de 2026 se ha señalado precisamente que los retrasos de laboratorio y la confusión inicial con otras enfermedades pudieron facilitar la expansión. (AP News)

 

7. Prevención: cortar la cadena, sin magia

 

La prevención se basa en identificar casos, aislarlos, rastrear contactos, vigilar durante 21 días, proteger a sanitarios, asegurar entierros seguros, limpiar y desinfectar, informar a la comunidad y vacunar cuando hay vacuna útil para la especie implicada.

 

Nada de esto suena glamuroso, pero funciona. La epidemiología es muchas veces fontanería: encontrar la fuga y cerrarla. (Organización Mundial de la Salud)

 

En la comunidad, la prevención exige evitar contacto directo con fluidos de personas enfermas, no tocar cadáveres de fallecidos sospechosos de Ébola, avisar a equipos sanitarios, usar medidas de protección si se cuida a alguien y no ocultar casos por miedo. Esto último es crucial: si la gente desconfía del sistema, esconde enfermos, huye de los equipos o mantiene funerales clandestinos. Y entonces el virus brinda con champán, metafóricamente hablando. (Reuters)

 

En hospitales, hacen falta equipos de protección individual, circuitos separados, formación práctica, observadores durante la retirada del equipo, manejo seguro de agujas, laboratorio protegido, transporte sanitario seguro y limpieza exhaustiva. Los sanitarios son una barrera, pero si se rompen las condiciones, se convierten en víctimas. (CDC)

 

8. Vacunas

 

Existe una vacuna aprobada frente a Zaire ebolavirus, conocida como rVSV-ZEBOV o Ervebo, que ha sido clave en estrategias de vacunación en anillo en brotes por Zaire. También hay vacunas y esquemas preventivos usados en determinados contextos frente a Zaire. Pero esto tiene letra pequeña importantísima: no todas las vacunas sirven para todas las especies de Ébola. (Organización Mundial de la Salud)

 

En el brote de Bundibugyo virus de 2026, el problema es precisamente que no hay vacuna aprobada específica ni tratamiento aprobado equivalente.

 

Puede haber investigación, uso compasivo o candidatos experimentales, pero no es lo mismo que disponer de una herramienta ya validada, almacenada y lista para usar a gran escala. (CDC)

 

9. Tratamiento

 

El tratamiento básico es soporte intensivo: líquidos, electrolitos, control de vómitos y diarrea, manejo del dolor y la fiebre, vigilancia renal y hepática, soporte de tensión arterial, oxígeno, transfusión si procede y tratamiento de infecciones asociadas.

 

Cuanto antes se haga, mejor. El Ébola mata más cuando encuentra sistemas sanitarios débiles, pacientes que llegan tarde y centros sin recursos. (CDC)

 

Para Zaire ebolavirus existen dos tratamientos aprobados por la FDA: Inmazeb y Ebanga, anticuerpos monoclonales dirigidos frente a ese virus concreto. Pero el CDC recalca que están disponibles para enfermedad por Orthoebolavirus zairense, no para todas las especies. Esto es clave en 2026, porque Bundibugyo virus queda fuera de esa cobertura aprobada. (CDC)

 

10. Ébola fuera de África

 

Fuera de África, el Ébola ha producido casos importados y algunas transmisiones secundarias limitadas, pero no brotes comunitarios sostenidos como los de África occidental.

 

Durante la epidemia de 2014-2016, hubo extensión a España, Reino Unido, Italia y Estados Unidos, entre otros países, generalmente por viajeros, cooperantes, sanitarios evacuados o transmisión sanitaria muy concreta. (Organización Mundial de la Salud)

 

En Estados Unidos, el caso paradigmático fue Thomas Eric Duncan, que viajó desde Liberia y fue diagnosticado en Dallas en septiembre de 2014. Dos enfermeras que lo atendieron se infectaron, lo que mostró que incluso sistemas sanitarios potentes pueden fallar si el reconocimiento inicial, el aislamiento y los protocolos no son impecables. (cdcmuseum.org)

 

En España, Teresa Romero, auxiliar de enfermería, se infectó en 2014 tras atender a misioneros repatriados con Ébola en el Hospital Carlos III.

 

Fue considerado el primer caso documentado de transmisión fuera de África durante aquella epidemia.

 

Sobrevivió, pero el caso dejó una crisis sanitaria, política y comunicativa de campeonato.

 

El perro Excalibur acabó siendo sacrificado, en una de esas decisiones que todavía hoy dan para debate, enfado y mucha ceja levantada. (EL PAÍS English)

 

En Europa, el riesgo general para la población se considera muy bajo cuando hay sistemas de detección, aislamiento y control adecuados.

 

La Comisión Europea y el ECDC han señalado en 2026 que el riesgo para residentes en la UE/EEE es muy bajo porque la transmisión requiere contacto directo con fluidos de una persona sintomática y porque la probabilidad de importación y transmisión secundaria sostenida es baja. (Public Health)

 

11. Ideas claras para no caer en el pánico

 

El Ébola es gravísimo, pero no es un virus mágico. No vuela, no atraviesa paredes, no contagia por mirar mal a alguien en el metro.

 

Necesita contacto estrecho con fluidos de una persona enferma o fallecida, o con material contaminado.

 

Esa es su debilidad epidemiológica: si se detecta pronto, se aísla bien, se protegen los contactos y se hacen entierros seguros, la transmisión se corta. (Organización Panamericana de la Salud)

 

El drama es que muchos brotes ocurren en lugares donde faltan hospitales, agua, confianza, seguridad y dinero. Ahí el virus no es solo un problema biológico: es un problema social, político, logístico y humano.

 

El Ébola se aprovecha de las grietas. Y en algunas zonas esas grietas no son grietas: son socavones con vistas al desastre. (Reuters)

 

 

Bibliografía básica y fuentes consultadas

 

OMS / WHO. Ebola disease fact sheet, actualizado en abril de 2025. (Organización Mundial de la Salud)

OMS / WHO. Ebola virus disease outbreak 2014-2016 – West Africa. (Organización Mundial de la Salud)

OMS / WHO. Declaración sobre brote por Bundibugyo virus en RDC/Uganda, mayo de 2026. (Organización Mundial de la Salud)

CDC. Ebola Disease Basics, actualizado en mayo de 2026. (CDC)

CDC. Health Alert Network: brote de Ébola en RDC y Uganda, mayo de 2026. (CDC)

CDC. Outbreak History: Ebola, actualizado en diciembre de 2025. (CDC)

ECDC. Factsheet about Ebola disease. (ECDC)

Comisión Europea / ECDC. Evaluación de riesgo para la UE/EEE en brote de Ébola 2026. (Public Health)

PAHO / WHO. Ebola Virus Disease. (Organización Panamericana de la Salud)

Reuters. Información sobre medidas funerarias y situación en Ituri, mayo de 2026. (Reuters)

AP News. Brote de Bundibugyo en RDC, mayo de 2026. (AP News)

Eurosurveillance. Experiencia epidemiológica española durante la crisis del Ébola. (eurosurveillance.org)

CDC MMWR. Cluster de Ébola en Estados Unidos, 2014. (CDC)

 

 

 

(Artículo redactado, según mis indicaciones, por IA y posteriormente corregido y modificado por holasoyramon)

 

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Trop c´est trop (Documental) – 2026 – Elisé Sawasawa – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

27/05/2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Caos en el Congo.

 

Hablar de Trop c’est trop es hablar de una película-documento rodada prácticamente con las tripas. Un documental que parece filmado mientras el operador esquiva balas, motos, piedras y probablemente hasta la desesperación colectiva.

 

Porque lo que muestra Trop c’est trop no es una guerra limpia ni organizada. Es el caos. El caos absoluto. Y pocas veces el cine documental consigue transmitirlo con esta sensación física de vértigo.

 

El documental está dirigido por Elisé Sawasawa, cineasta y periodista congoleño vinculado al documental social y político en la República Democrática del Congo.

 

No existe demasiada información internacional sobre su filmografía, algo tristemente habitual con muchos directores africanos fuera de los circuitos occidentales, pero precisamente trabajos como éste sirven para colocar su nombre sobre la mesa.

 

Aquí demuestra un talento tremendo para incrustar la cámara en medio del conflicto y convertir al espectador en otro refugiado más. No hay distancia. No hay comodidad. No hay narración académica desde un despacho europeo con aire acondicionado y café ecológico de comercio justo. Aquí la cámara corre, jadea y se mete en el barro.

 

En cuanto a premios y recorrido, Trop c’est trop forma parte de la programación del Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger, una selección especialmente sensible este año al cine documental ligado a conflictos africanos contemporáneos y a las consecuencias humanas de las guerras olvidadas por Occidente. 

 

Y luego llega el auténtico puñetazo del documental: la caída de Goma.

 

Porque la película arranca con esa sensación de derrumbe total cuando los rebeldes del M23 —apoyados por Ruanda, según denuncian el gobierno congoleño y buena parte de la comunidad internacional— toman la ciudad de Goma, capital de Kivu del Norte. Y ahí empieza una especie de descenso al infierno africano contemporáneo.

 

Gente huyendo con colchones en la cabeza, niños cargados a la espalda, motos atravesando calles imposibles, manifestaciones pidiendo armas, refugiados improvisando vida entre lonas y barro mientras todo alrededor parece desmoronarse.

 

Y la cámara de Elisé Sawasawa está ahí dentro. No mirando desde fuera. Dentro.

 

Eso es lo impresionante del documental. La sensación de inmersión absoluta. Muchas veces ni siquiera se entiende exactamente qué está ocurriendo. Pero probablemente porque ni los propios protagonistas lo entienden ya.

 

Hay una sensación constante de descomposición, de país agotado, de guerra enquistada hasta convertirse en paisaje cotidiano. Y el documental acierta precisamente en no intentar ordenar demasiado el horror. Porque el horror rara vez viene con esquema PowerPoint.

 

Hay momentos especialmente potentes en las manifestaciones contra la MONUSCO, la misión de la ONU en el Congo. La película deja bastante clara la sensación popular de abandono y fracaso. Y eso resulta demoledor. Porque hablamos de una fuerza internacional gigantesca formada por tropas de Kenia, Uganda, Tanzania, Malaui, Sudáfrica, Burundi y otros apoyos militares que, junto al ejército congoleño, fueron incapaces de evitar la caída de Goma.

 

El documental no necesita subrayarlo demasiado: basta con escuchar a la gente delante de la cámara. La frustración es total. La idea de que la ONU está allí pero no sirve para proteger a nadie planea continuamente sobre la película. Y eso convierte a Trop c’est trop en algo más incómodo que un simple reportaje bélico. Es casi una acusación filmada.

 

Formalmente, además, el trabajo tiene muchísima energía. Es un cine nervioso, físico, urgente. La moto desde la que se filman muchas secuencias parece otro personaje más. Hay momentos donde la cámara vibra tanto que parece que vaya a romperse, pero precisamente esa precariedad técnica se convierte en virtud narrativa. Todo transmite peligro. Todo transmite urgencia.

 

No es un documental “bonito”. Ni falta que le hace.

 

Es cine-testimonio. Cine hecho para dejar constancia de que aquello ocurrió mientras medio planeta miraba hacia otro lado cambiando la foto del perfil por cualquier otra tragedia más reciente. Porque el sufrimiento africano tiene una terrible facilidad para desaparecer del radar mediático occidental en cuanto deja de generar clics.

 

Y películas como Trop c’est trop sirven precisamente para impedir ese olvido. Aunque sea durante hora y pico. Aunque luego salgamos del cine y volvamos a preocuparnos por si la freidora de aire consume mucho.

 

Mi puntuación: 7,75/10.

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Ceux qui veillent (Documental) – 2025 – Karima Saïdi – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

27/05/2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La vida en un cementerio.

 

La directora belga-argelina Karima Saïdi lleva años moviéndose entre el documental de observación y las historias relacionadas con la identidad, la migración y la memoria.

 

En Ceux qui veillent vuelve a demostrar una paciencia infinita para colocar la cámara y esperar a que la vida —o la muerte— haga el resto.

 

No abundan demasiados títulos previos ampliamente conocidos fuera del circuito documental, pero su trabajo ha pasado por diferentes festivales europeos y suele caracterizarse por una mirada muy íntima y contemplativa.

 

Aquí directamente convierte un cementerio de Bruselas en una especie de pequeño universo paralelo donde conviven duelo, costumbre, religión y conversaciones con muertos. 

 

La película ha despertado interés especialmente por su enfoque antropológico y por la delicadeza con la que aborda los rituales funerarios y la convivencia multicultural dentro de un espacio tan peculiar como ese sector reservado a no cristianos en un cementerio belga.

 

Y claro, la película tiene algo hipnótico. Porque uno empieza pensando que va a ver simplemente gente visitando tumbas y acaba metido en un catálogo emocional de cómo cada ser humano procesa la ausencia.

 

Hay quien limpia la lápida como si estuviera encerando el coche antes de pasar la ITV, quien riega flores con una devoción absoluta y quien directamente mantiene discusiones con el fallecido como si el hombre estuviera sentado en el banco de al lado fumándose un puro.

 

La historia de esa mujer hablando con Paolo resulta demoledora y tierna al mismo tiempo. Le recrimina que la haya dejado sola, que la haya abandonado, mientras el hijo intenta sostener emocionalmente la situación con una delicadeza extraordinaria. Ahí el documental encuentra su mejor versión: cuando deja de observar simplemente rituales y empieza a mostrar vínculos humanos profundamente reconocibles. Porque al final todos conocemos a alguien que sigue hablándole a quien ya no está.

 

Eso sí, también hay que decirlo: la película entra en una cierta reiteración. El tono pausado acaba siendo tan pausado que por momentos parece que el tiempo se detiene dentro del cementerio y fuera también.

 

La estructura insiste constantemente sobre las mismas ideas y la sensación de bucle aparece varias veces.

 

Hay espectadores que conectarán profundamente con esa cadencia contemplativa y otros que sentirán que están viendo durante hora y pico la versión existencialista de un señor pasando el plumero.

 

Pero incluso cuando se repite, el documental conserva interés. Sobre todo porque funciona como retrato antropológico de una Europa multicultural donde las diferencias religiosas terminan compartiendo exactamente el mismo destino: una parcela de tierra, unas flores de plástico y familiares intentando sobrevivir a la ausencia como pueden. Y eso, contado sin subrayados ni sentimentalismo barato, tiene bastante mérito.

 

Mi puntuación: 5,55/10.

 

 

 

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