El Blog de Hola Soy Ramón!

 

Al Médico con Ramón – Tratamiento integral de la menopausia: no va de una pastilla, va de entender todo el sistema

25/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Tratamiento integral de la menopausia: cómo abordar una revolución hormonal sin volverse loco (ni quedarse corto)

 

 

Hormonas, alternativas terapéuticas, salud mental y prevención: una mirada completa a una etapa que exige algo más que soluciones rápidas.


 

 

La menopausia no es un síntoma, ni dos, ni tres. Es un cambio global del organismo. Y como todo cambio global, no se soluciona con un parche.

 

Pretender tratar la menopausia solo con una crema, una pastilla o una recomendación suelta es como intentar arreglar una gotera con un chicle: puede aliviar, pero no resuelve el problema.

 

El abordaje real tiene que ser integral, individualizado y, sobre todo, bien entendido.


 

 

1. La terapia hormonal sustitutiva: la herramienta más potente… y la más malinterpretada

 

La terapia hormonal sustitutiva (THS) sigue siendo, a día de hoy, el tratamiento más eficaz para los síntomas derivados de la caída de estrógenos.

 

No hay otro tratamiento que iguale su capacidad para controlar los sofocos, mejorar el sueño o revertir la atrofia urogenital.

 

Desde el punto de vista fisiológico, su lógica es sencilla: si el problema es la falta de hormonas, la solución es reponerlas. Pero claro, en medicina lo sencillo rara vez es simple.

 

Durante años, la THS quedó marcada por el miedo tras la publicación de los resultados del estudio WHI a principios de los años 2000. Aquello se tradujo en titulares alarmistas y en una retirada masiva del tratamiento.

 

Con el tiempo, y con análisis más finos, se ha comprendido que el problema no era tanto la terapia en sí, sino el contexto en el que se utilizaba.

 

Hoy sabemos que el momento de inicio es clave. Existe lo que se denomina la “ventana de oportunidad”: iniciar la THS en mujeres menores de 60 años o dentro de los primeros diez años tras la menopausia se asocia a un perfil de seguridad mucho más favorable. En ese grupo, los beneficios superan claramente a los riesgos en muchas pacientes.

 

Los beneficios son bien conocidos. La THS reduce de manera muy significativa los sofocos, mejora la calidad del sueño y tiene un efecto claro sobre la calidad de vida. A nivel óseo, disminuye la pérdida de masa y reduce el riesgo de fracturas. También tiene efectos positivos sobre la mucosa vaginal y el tracto urinario.

 

Sin embargo, no es un tratamiento inocuo. El uso prolongado de combinaciones de estrógenos y progestágenos se ha asociado a un aumento discreto del riesgo de cáncer de mama. También existe un incremento del riesgo de trombosis venosa, especialmente con la vía oral, y un ligero aumento del riesgo de ictus en mujeres de mayor edad.

 

Aquí es donde entra el matiz que tantas veces se pierde: no todas las terapias hormonales son iguales. La vía transdérmica, por ejemplo, parece tener un menor impacto sobre el riesgo trombótico. El tipo de progestágeno también influye. Y, sobre todo, el perfil individual de cada mujer marca la indicación.

 

Por eso, la THS no es ni el enemigo público número uno ni la solución universal.

 

Es una herramienta potente que, bien utilizada, puede cambiar radicalmente la experiencia de la menopausia.


 

 

2. Alternativas no hormonales: cuando las hormonas no son una opción

 

No todas las mujeres pueden o desean utilizar terapia hormonal. En estos casos, el abordaje se orienta hacia tratamientos que, sin ser tan eficaces globalmente, pueden aliviar síntomas concretos.

 

Para los sofocos, algunos fármacos como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina o la gabapentina han demostrado una eficacia moderada. No eliminan los síntomas como la THS, pero pueden reducir su intensidad y frecuencia.

 

En el ámbito urogenital, el tratamiento local con estrógenos vaginales ofrece resultados muy buenos, con una absorción sistémica mínima. Es una opción especialmente útil para la sequedad vaginal y la dispareunia, incluso en mujeres en las que la terapia hormonal sistémica está contraindicada.

 

La salud ósea merece una mención especial. La pérdida de masa ósea en la menopausia no es anecdótica, es un problema de salud pública. Aquí, además del calcio y la vitamina D, existen fármacos específicos como los bisfosfonatos o el denosumab, que se utilizan en mujeres con riesgo elevado de fractura.

 

En cuanto al metabolismo, no hay atajos farmacológicos eficaces a largo plazo. El aumento de peso y la redistribución grasa requieren un abordaje basado en la alimentación y el ejercicio. Puede sonar poco atractivo, pero es lo que funciona.


 

 

3. El papel del apoyo psicológico: cuando la biología se mezcla con la vida

 

Uno de los grandes errores en el abordaje de la menopausia es reducirla a una cuestión hormonal. El componente psicológico es fundamental.

 

La fluctuación y posterior descenso de los estrógenos influye en neurotransmisores clave como la serotonina, lo que puede favorecer la aparición de ansiedad o síntomas depresivos. A esto se suma el impacto del insomnio, los cambios vitales asociados a esta etapa y, en muchos casos, factores sociales y personales.

 

El apoyo psicológico no es un lujo, es una parte del tratamiento. La terapia cognitivo-conductual ha demostrado eficacia en el manejo del insomnio y en la reducción del impacto de los sofocos. Además, puede ayudar a mejorar la adaptación emocional a esta etapa.

 

No se trata de “psicologizar” la menopausia, sino de entender que el cerebro también forma parte del sistema.


 

 

4. Estilo de vida: la base silenciosa que lo sostiene todo

 

Si hay un pilar que atraviesa todo el tratamiento de la menopausia es el estilo de vida. Y aquí no hay novedades revolucionarias, pero sí evidencia sólida.

 

El ejercicio físico regular tiene efectos sobre el estado de ánimo, la salud cardiovascular, la masa ósea y el metabolismo. No es un complemento, es parte del tratamiento.

 

La alimentación equilibrada, especialmente patrones como la dieta mediterránea, contribuye a reducir el riesgo cardiovascular y a controlar el peso. El sueño, muchas veces alterado en esta etapa, debe cuidarse como una prioridad.

 

Y el tabaco, una vez más, juega en contra. Acelera la pérdida ósea y empeora el perfil cardiovascular.


 

 

5. Seguimiento médico: prevenir mejor que lamentar

 

La menopausia marca un punto de inflexión en términos de riesgo de enfermedad crónica. Por eso, el seguimiento médico cobra especial importancia.

 

Las revisiones ginecológicas deben mantenerse, al igual que el cribado de cáncer de mama mediante mamografía.

 

El control cardiovascular, incluyendo tensión arterial, perfil lipídico y glucosa, es fundamental, ya que el riesgo aumenta tras la menopausia.

 

En mujeres con factores de riesgo, la densitometría ósea permite detectar de forma precoz la osteoporosis.

 

No se trata de medicalizar la vida, sino de adelantarse a los problemas.


 

 

6. Sexualidad: redescubrir en lugar de renunciar

 

La sexualidad en la menopausia no desaparece, pero cambia. Los factores físicos, como la sequedad vaginal, se combinan con factores emocionales y relacionales.

 

El tratamiento local, el uso de lubricantes y, sobre todo, la comunicación en pareja son claves para mantener una vida sexual satisfactoria.

 

En muchos casos, esta etapa permite redefinir la sexualidad de una forma más libre y consciente.


 

 

7. Conclusión: la clave está en el enfoque global

 

El tratamiento de la menopausia no puede ser parcial. No basta con tratar los sofocos o mejorar el sueño. Es necesario un enfoque que integre todos los aspectos: hormonal, físico, psicológico y preventivo.

 

La terapia hormonal puede ser una herramienta excelente cuando está bien indicada. Las alternativas no hormonales tienen su papel. El apoyo psicológico es imprescindible en muchos casos. Y el estilo de vida y el seguimiento médico son la base que sostiene todo lo demás.

 

En definitiva, no se trata de “pasar” la menopausia.
Se trata de entenderla y manejarla con criterio.

 

Porque cuando se hace bien, deja de ser un problema… y pasa a ser simplemente otra etapa de la vida.


 

 

 

8. Algoritmo práctico de tratamiento de la menopausia (para no perderse en el camino)

 

Porque una cosa es la teoría… y otra lo que haces cuando tienes delante a una paciente con sofocos, insomnio y mala leche (justificada, todo hay que decirlo).


 

 

Paso 1: identificar el problema principal

 

No todas las menopausias son iguales, así que lo primero es ver qué predomina:

 

  • Sofocos y sudoración

 

  • Insomnio

 

  • Sequedad vaginal / dispareunia

 

  • Cambios de ánimo

 

  • Aumento de peso / riesgo metabólico

 

  • Riesgo óseo

 

Aquí no hay que tratar “la menopausia”, sino lo que más molesta o preocupa.


 

 

Paso 2: valorar si es candidata a THS

 

Aquí está la gran decisión.

 

Se plantea THS si:

 

  • Síntomas moderados o severos

 

  • Menos de 60 años o <10 años desde menopausia

 

  • Sin contraindicaciones

 

 

Antes de indicar:

 

  • Historia clínica completa

 

  • Evaluar riesgo cardiovascular

 

  • Antecedentes de cáncer de mama

 

  • Riesgo trombótico

 

 

Si todo cuadra → la THS suele ser la mejor opción.

 

Si no cuadra → hay que ir por otras vías (y no pasa nada).


 

 

 

Paso 3: elegir el tipo de tratamiento

 

Aquí viene la parte fina.

 

Si se decide THS:

 

  • Útero presente → estrógenos + progestágeno

 

  • Sin útero → solo estrógenos

 

 

Preferir vía transdérmica si:

 

  • Riesgo trombótico

 

  • Obesidad

 

  • Factores cardiovasculares

 

Si el problema es solo vaginal:


👉 tratamiento local (mucho más simple y seguro)


 

 

 

Paso 4: si no hay THS (o no se quiere)

 

Se actúa por síntomas:

 

Sofocos → ISRS / gabapentina


Sequedad vaginal → lubricantes o estrógenos locales


Insomnio → higiene del sueño + terapia cognitivo-conductual


Ansiedad / ánimo → apoyo psicológico ± fármacos

 

 

No es tan potente como la THS, pero bien manejado funciona razonablemente.


 

 

Paso 5: intervenir siempre sobre estilo de vida

 

Esto no es opcional.

 

Ejercicio regular (clave para todo)

 

  • Dieta equilibrada

 

  • Control de peso

 

  • Evitar tabaco

 

  • Cuidar el sueño

 

Da igual el tratamiento que pongas: sin esto, el resultado siempre será peor.


 

 

 

Paso 6: valorar riesgo óseo y cardiovascular

 

Aquí hay que levantar la vista del síntoma.

 

  • Densitometría si riesgo de osteoporosis

 

  • Control de tensión arterial

 

  • Perfil lipídico

 

  • Glucosa

 

 

Si hay riesgo:


👉 tratar específicamente (no basta con “vigilar”).


 

 

Paso 7: seguimiento (porque esto no es poner y olvidarse)

 

  • Reevaluar síntomas

 

  • Ajustar dosis si hay THS

 

  • Vigilar efectos adversos

 

  • Reforzar hábitos

 

La menopausia es un proceso dinámico. El tratamiento también debe serlo.


 

 

Mini resumen (modo café rápido)

 

  • Si hay síntomas importantes → pensar en THS

 

  • Si no se puede o no se quiere → tratamiento dirigido

 

  • Siempre → estilo de vida + prevención

 

  • Y sobre todo → individualizar


 

 

 

Cierre final

 

La menopausia no se trata con recetas universales ni con soluciones mágicas. Se trata entendiendo a la paciente, sus síntomas y su contexto.

 

Un buen tratamiento no es el más sofisticado.
Es el que mejor encaja.

 

Y cuando eso ocurre, la diferencia se nota. Mucho.

 

 

 

 

Bibliografía

  • North American Menopause Society (NAMS). 2022 Hormone Therapy Position Statement.

 

  • Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO). Guía de menopausia.

 

  • WHI Investigators. Risks and benefits of estrogen plus progestin. JAMA.

 

  • Nelson HD. Menopause. The Lancet.

 

  • Pinkerton JV. Menopause management. Obstetrics & Gynecology Clinics.

 

  • Santoro N. Perimenopause and menopause. J Clin Endocrinol Metab.

 

  • Freeman EW. Hormones and mood in menopause. Arch Gen Psychiatry.

 

  • Greendale GA. Bone loss in menopause. Ann Intern Med.

 

  • Soares CN. Mood disorders in menopause. Menopause Journal.

 

 

 

 

 

 

(Artículo redactado, según mis indicaciones, por IA y posteriormente corregido y modificado por holasoyramon)

 

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Casi todo bien – 2026 – Andrés Salmoyraghi, Rafael López Saubidet – #YoVoyAlCine

25/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Casi todo bien… salvo escribir 1500 páginas que no se lee ni tu madre”

 

Sobre los directores, Andrés Salmoyraghi y Rafael López Saubidet, hay que decirlo claro: no son nombres todavía muy asentados en el largometraje.

 

Casi todo bien supone prácticamente su carta de presentación en este formato, tras trabajos previos más ligados a otros ámbitos (publicidad, guion, proyectos menores).

 

Aquí se lanzan a una comedia con alma de drama, que no es precisamente el camino fácil para debutar. Valientes, desde luego.

 

Y entrando en materia, Casi todo bien es una comedia… pero de esas que duelen un poco. Porque en el fondo esto es un drama como una casa, muy en la línea de lo que decía Billy Wilder: la diferencia entre comedia y tragedia es cuestión de tono. Aquí el tono te hace sonreír, pero si rascas un poco, hay bastante miseria emocional debajo.

 

El protagonista, Hilario (interpretado por Marcel Borràs), es ese tipo que todos hemos conocido… o peor, hemos sido en algún momento: un amante de la literatura desde niño, convencido de su talento, que a los treinta y muchos sigue aferrado a una novela imposible de 1500 páginas que no va a publicar absolutamente nadie.

 

Y vive en una especie de limbo vital, en una habitación conseguida de rebote, trabajando en una librería donde básicamente pierde el tiempo y alimentando un sueño que ya huele a naftalina.

 

Es un personaje patético, sí, pero también reconocible. De esos que dan pena y risa a la vez.

 

Y entonces aparece ella. Silma López, magnética, luminosa, con una energía que parece venir de otro planeta. Una chica completamente ajena a ese mundo literario intensito, profesora de esas clases de gimnasio donde la gente salta, suda y sobrevive como puede. Vamos, la antítesis perfecta del protagonista.

 

Y claro, pasa lo que tiene que pasar: ella le da vida. Literalmente. Le sacude, le arrastra, le pone frente a algo que no son palabras sino emociones reales. Y ahí es donde la película encuentra su mejor idea: la reflexión sobre qué es la literatura. Si es postureo intelectual o si es, simplemente, escribir desde lo que uno vive y siente de verdad.

 

Alrededor, un desfile de secundarios que elevan el conjunto: Julián Villagrán, siempre en ese punto entre lo entrañable y lo caótico; Secun de la Rosa, fantástico como ese escritor de “novela fácil” que seguramente vende más que el protagonista sin despeinarse; Adelfa Calvo, impecable como jefa que mira con resignación; y Lorenzo Ferro, completando ese pequeño ecosistema de perdedores funcionales.

 

La película acaba siendo eso: el retrato de un perdedor. Pero no uno épico, sino uno bastante torpe, bastante incapaz de vivir fuera de sus propias fantasías literarias. Un tipo que quiere vivir en los libros porque la vida real le queda grande… y que cuando por fin tiene algo auténtico delante, no sabe qué hacer con ello.

 

Casi todo bien funciona mejor como drama disfrazado de comedia que como comedia pura. Tiene momentos muy lúcidos, personajes bien dibujados y una idea central interesante: que vivir en la literatura está muy bien… hasta que te das cuenta de que la vida va por otro lado.

Y ahí, amigo, no hay editorial que te salve.

 

Mi puntuación: 6,55/10.

 

 

 

Dirigido por Andrés Salmoyraghi, Rafael López Saubidet:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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El cielo gira (Documental) – 2004 – Mercedes Álvarez – Asociación Amigos del Cine de Azuqueca de Henares (ACAZ)

25/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“El cielo gira… pero aquí no hay prisa, ni falta que hace”

 

Mercedes Álvarez es una directora española que se mueve más en el terreno del documental con mirada autoral que en el cine comercial de palomitas.

 

El cielo gira fue su debut en largo y ya dejó claro por dónde iban los tiros: cine contemplativo, pausado y con vocación poética.

 

Después ha firmado trabajos como Mercado de futuros, donde vuelve a reflexionar sobre el paso del tiempo y los cambios en la sociedad.

 

No es una cineasta de grandes estrenos, pero sí de las que tienen una voz muy reconocible… y muy tranquila, aviso.

 

Y claro, en El cielo gira no hay giros de guion, ni persecuciones, ni nadie gritando “¡corre!”. Aquí lo que hay es tiempo. Mucho tiempo. Y silencio. Más silencio todavía.

 

La propia Mercedes Álvarez vuelve a su pueblo natal, donde fue la última persona que nació allí, y se encuentra con un lugar que parece suspendido en otra dimensión.

 

Una España rural que no corre, que no compite, que simplemente está… esperando a desaparecer sin hacer ruido. El mayor acontecimiento puede ser un coche de campaña electoral que llega, pega dos carteles y se va. Fin del espectáculo.

 

La película se empapa completamente de ese ritmo: pausado, lento, casi hipnótico. Aquí los protagonistas son los sonidos mínimos: perros ladrando, moscas zumbando, pájaros cantando. Si alguien busca acción, mejor que se vaya a ver otra cosa. Esto es casi una experiencia sensorial de la despoblación.

 

Y luego está ese hallazgo casi poético: el pintor que se está quedando ciego y que decide retratar ese mundo que también está desapareciendo. Un tipo que pierde la vista mientras pinta un paisaje que se apaga. No hace falta ser muy listo para ver la metáfora, pero oye, funciona.

 

También quedan imágenes que se te quedan pegadas: ese viejo olmo muerto, arrancado y convertido en una especie de escultura sin vida, como símbolo perfecto de todo lo que se está extinguiendo; o ese palacio abandonado de unos condes que nadie recuerda, con unos obreros intentando convertirlo en hotel… proyecto que suena más a ilusión que a realidad.

 

Y en todo esto hay un elemento clave que eleva la propuesta: la fotografía de Alberto Rodríguez, sencillamente preciosa.

 

La película está rodada con cámara fija, con planos estáticos que huyen de cualquier aturdimiento visual. Aquí no hay nervio, no hay prisa, no hay montaje histérico: la forma acompaña al fondo. Esa quietud se contagia, se mete en el espectador, y convierte cada plano en una especie de cuadro donde el tiempo parece suspendido.

 

El resultado es un documental que no es fácil, ni pretende serlo. Es lento, muy lento, y a ratos parece que el tiempo se ha quedado a echar la siesta. Pero también tiene una belleza rara, casi hipnótica, que atrapa si entras en su juego.

 

Una apuesta arriesgada de Juan Ignacio en la Asociación Amigos del Cine de Azuqueca de Henares (ACAZ), pero que sale airosa. No es para todos los públicos, pero quien conecte con ese ritmo y esa mirada, sale tocado.

 

Cine de contemplar, de escuchar y de dejarse llevar… aunque a veces parezca que el cielo gira más rápido que la propia película.

 

Mi puntuación: 7,70/10.

 

 

 

Dirigido por Mercedes Álvarez:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Michael (Musical) – 2026 – Antoine Fuqua – #YoVoyAlCine

25/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Michael: santo, mártir… y ni una cagada de la llama”

 

Antoine Fuqua no es precisamente un director de musicales para bailar en la ducha.

Es más bien de tiros, sudor y miradas intensas.

 

Ahí están Training Day (con Óscar para Denzel Washington), El protector, Los siete magníficos, Objetivo: Washington D.C. o Emancipation.

 

Vamos, que lo suyo suele ser repartir estopa con estilo.

 

Por eso sorprende verlo metido en un biopic musical sobre Michael Jackson, cambiando las balas por el moonwalk. Y oye, lo intenta… pero no termina de cambiar del todo de registro.

 

Y entrando en el asunto, Michael es un biopic de esos que ahora salen como churros, centrado en la vida del artista entre 1966 y 1988. Un periodo suficientemente jugoso como para montar el espectáculo… y también lo bastante controlado como para no meterse en demasiados charcos.

 

La película no es tanto un retrato complejo como una especie de geografía emocional del personaje, pero con GPS trucado: todo apunta a que Michael Jackson era poco menos que un ángel caído del cielo.

 

Se justifican sus rarezas con bastante mimo: su amor por los animales (rata, llama, jirafa… aquello parece más un safari que Neverland), su dificultad para relacionarse con la gente “normal” porque todo el mundo le pedía autógrafos… y claro, así cualquiera se acaba haciendo amigo de una llama. Por cierto, detalle técnico: en el cine los animales no cagan. Misterio sin resolver.

 

También se sugiere —aunque sin entrar de lleno— el tema de su consumo de fármacos, ligado a dolores crónicos por cirugías y al famoso accidente con quemaduras en el cuero cabelludo, que aquí casi parece una experiencia cercana a la muerte con épica incluida. Todo muy medido, muy suavecito.

 

Y luego está el elefante en la habitación… que directamente no aparece. El tema de las acusaciones de abusos se esquiva con elegancia olímpica, reconduciéndolo hacia su amor por los niños enfermos y su faceta caritativa.

 

La película prefiere no despeinarse. Ya si eso, lo dejamos para la secuela, que es donde promete venir la mandanga de verdad.

 

Porque claro, en todo cuento hace falta un villano. Y aquí ese papel recae en su padre, interpretado por Colman Domingo, que se entrega con entusiasmo… quizá demasiado. Un padre tiránico, disciplinario hasta lo militar, con cinturón en mano y cero matices. Vamos, el malo oficial con cartel luminoso.

 

En lo musical, eso sí, la cosa funciona. Ver recreadas las actuaciones y escuchar temazos de Michael Jackson en pantalla grande siempre es un gustazo. Ahí la película gana muchos puntos. Y Jaafar Jackson, su sobrino, cumple: se parece, se mueve bien, pero le falta ese magnetismo casi sobrenatural que tenía el original. No es culpa suya, es que competir con ese nivel es jugar en modo leyenda.

 

En resumen, Michael se deja ver, entretiene y tiene momentos brillantes, pero es un biopic demasiado blanqueado, demasiado reverencial y con más miedo que valentía.

 

Se nota que esto es solo el primer asalto: una introducción bien peinada a la espera de una segunda parte que, si se atreve, debería meterse en el barro.

 

De momento, mucho espectáculo, mucha música… y muy poco conflicto real. Como una fiesta en Neverland donde todo es bonito… y nadie recoge lo que deja la jirafa.

 

Mi puntuación: 5,65/10.

 

 

 

Dirigido por Antoine Fuqua:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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No te olvidaré – Reminders of Him – 2026 – Vanessa Caswill – #YoVoyAlCine

25/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Amor, culpa y redención… versión siesta con café y manta”

 

Sobre la directora, Vanessa Caswill, tampoco hay mucho donde rascar si uno se pone exquisito.

 

Es una realizadora británica que ha trabajado bastante en televisión, con episodios de series como Little Women (miniserie de 2017) o Gold Digger.

 

Vamos, que no viene precisamente del cine de autor con ínfulas, sino de ese terreno donde el drama emocional se cocina a fuego lento… y con presupuesto ajustadito.

 

Aquí da el salto a un proyecto más ambicioso, pero sin abandonar del todo ese aroma a telefilm que ya trae de serie.

 

Y entrando en harina, No te olvidaré juega en esa liga que todos conocemos: drama de culpa, redención y segundas oportunidades… con más azúcar que un donut glaseado.

 

La premisa tiene su miga: una chica que provoca un accidente de tráfico bajo los efectos de las drogas, pierde a su novio, entra en prisión y, de paso, da a luz a una hija que acaba en manos de los padres del fallecido. Vamos, que el combo tragedia + culpa viene bien cargado desde el minuto uno.

 

Cuando sale de la cárcel, la protagonista —interpretada por Maika Monroe, que cumple con solvencia y además tiene ese punto de magnetismo que hace que la cámara la quiera— regresa a ese típico pueblo de la América profunda donde todo el mundo sabe más de tu vida que tú mismo. Y ahí empieza el desfile: miradas incómodas, silencios largos y ese ambiente rural que huele a café recalentado y secretos mal enterrados.

 

Lo más curioso es que, contra todo pronóstico, lo mejor de la película no es el romance (que lo hay, claro, y bastante previsible) ni el drama lacrimógeno, sino ese retrato de la América rural decadente. Ese lugar donde la vida parece tranquila pero está llena de tensiones soterradas, donde todos se conocen y, precisamente por eso, nadie olvida nada.

 

El problema es que todo lo demás suena demasiado visto. El guion tira de manual: redención, amor improbable con el amigo del novio fallecido (porque claro, esto no podía faltar), y conflictos que se intuyen a kilómetros.

 

Es un folletín con aspiraciones, pero folletín al fin y al cabo.

 

Eso sí, se deja ver. No molesta, entretiene lo justo y tiene ese acabado digno que la coloca un peldaño por encima del telefilm de sobremesa estándar.

 

Pero tampoco engaña a nadie: esto no viene a revolucionar el cine, viene a acompañarte una tarde… y luego desaparecer sin hacer mucho ruido.

 

En resumen: drama correcto, romance previsible y un entorno rural que, curiosamente, es lo que le da algo de personalidad a una película que, por lo demás, juega sobre seguro.

 

Vamos, cine de manta y siesta… pero con cierta dignidad.

 

 

Mi puntuación: 5,46/10.

 

 

 

Dirigido por Vanessa Caswill:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Muchos besos y muchas gracias.

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We the Hispanos: The Hispanic Roots of the United States (Documental) – 2026 – José Luis López-Linares – #YoVoyAlCine

21/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

América era más española de lo que pensabas… pero te lo cuentan a salto de mata

 

Vamos con José Luis López-Linares, documentalista español con larga trayectoria y bastante prestigio dentro del género.

 

Ha firmado trabajos como Un instante en la vida ajena (2003), sobre la vida íntima de una familia burguesa a través de filmaciones domésticas, o España, la primera globalización (2021), donde ya mostraba su interés por reivindicar el papel histórico de España en el mundo.

 

Su cine suele ser didáctico, elegante en lo visual y muy centrado en recuperar relatos históricos que, según su mirada, han quedado algo olvidados o mal contados.

 

 

Cutrecomentario:

 

Hay que reconocerle la buena intención a José Luis López-Linares en We the Hispanos: The Hispanic Roots of the United States. La idea es potente: reivindicar el papel de lo hispano en la historia de Estados Unidos, que no es precisamente pequeño. Vamos, que antes de que llegaran los vaqueros de Hollywood, ya había bastante español dando vueltas por allí.

 

El documental arranca con una especie de repaso a la conquista y a cómo territorios como California, Florida, Texas o Nuevo México fueron parte del Imperio español.

 

Luego entra en otro tema muy interesante: el apoyo (más bien discreto, tirando a tapado) de España en la guerra de independencia americana contra los ingleses. Y oye, no fue poca cosa. Se menciona incluso el peso de ese apoyo en batallas clave y la influencia posterior en la propia Constitución estadounidense.

 

Hasta aquí, todo bien. Interesante, necesario y con material de sobra para hacer un documental de los que se ven en institutos… y se entienden.

 

El problema es el cómo.

 

Porque todo esto está contado con imágenes muy potentes, muy bien rodadas, con calidad visual indiscutible… pero narrativamente es un pequeño caos.

 

Va saltando de un sitio a otro de Estados Unidos, de la costa este a la oeste, mezclando épocas, conceptos y geografías con cierta alegría.

 

A ratos parece que Florida está a la vuelta de la esquina de California y que todo ocurrió en la misma tarde.

 

Y claro, siendo un documental que pretende ser didáctico, se le echa en falta precisamente eso: didáctica. Un poco más de orden, de cronología, de estructura. Menos batiburrillo y más hilo conductor.

 

Además, hay un momento en el que entra el tema del marianismo y la devoción a la Virgen de Guadalupe, que sí, forma parte de la cultura hispana, pero aquí da la sensación de estar metido un poco con calzador. Como si alguien hubiera dicho: “oye, esto también es importante” y lo hubieran añadido sin encajarlo del todo en el conjunto.

 

La película se construye a base de testimonios: historiadores, políticos, artistas… todos defendiendo esa raíz hispana de Estados Unidos. Y entre todo ese desfile de voces, hay una frase que resume bastante bien el tono del asunto: “una persona que habla tres idiomas es trilingüe, dos idiomas bilingüe… y una que solo habla uno, inglés, es norteamericano”. Dardo con sonrisa.

 

En resumen, un documental interesante, con un tema muy potente y necesario, visualmente impecable… pero narrativamente algo desordenado.

 

De esos que te hacen pensar “esto es importante”… mientras intentas recolocar mentalmente todo lo que te han contado.

 

Mi puntuación: 5,55/10.

 

 

 

Dirigido por José Luis López-Linares:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Super Mario Galaxy: La película (Animación) – 2026 – Aaron Horvath, Michael Jelenic – #YoVoyAlCine

21/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Mucho color, muchas galaxias… y yo buscando el botón de pausa

 

Vamos con Aaron Horvath y Michael Jelenic, dos nombres muy ligados a la animación gamberra de los últimos años. Ambos vienen de la televisión, especialmente de la serie Teen Titans Go!, donde ya demostraron ese gusto por el ritmo acelerado, el humor un poco loco y el bombardeo constante de estímulos.

 

También dieron el salto al cine con ¡Teen Titans Go! La película (2018), que ya era un festival de chistes por minuto. Y claro, aquí, con Mario y las galaxias, han decidido no levantar el pie del acelerador… ni para respirar.

 

 

Cutrecomentario:

 

Lo primero: la animación de Super Mario Galaxy: La película es una barbaridad. Pero una barbaridad de las que te dejan con la boca abierta. Nivel técnico altísimo, colores que parecen salirse de la pantalla, diseño visual cuidado al milímetro… vamos, que si esto fuera un concurso de fuegos artificiales, se llevaba el primer premio sin despeinarse.

 

Ahora bien… tanto brillo tiene su precio.

 

La película va a un ritmo absolutamente frenético. Todo el rato están pasando cosas, estímulos, explosiones de color, giros, movimientos… esto no es una peli, es un TikTok de dos horas con presupuesto de Hollywood.

 

Está claramente pensada para una generación que consume contenido a toda velocidad, que cambia de vídeo cada cinco segundos y que puede estar viendo tres pantallas a la vez sin despeinarse.

 

¿Problema? Que a algunos nos da un poco de fatiga visual.

 

Porque llega un momento, sobre todo en el tramo final, en esa gran batalla épica (que debería ser el clímax, el momento de estar agarrado a la butaca), en el que uno entra en una especie de trance raro. No por emoción… sino por saturación. Demasiada información, demasiado ruido visual, demasiado todo. Y en vez de estar emocionado, estás casi adormilado. Como cuando comes demasiado dulce y ya no sabes ni qué estás comiendo.

 

El fontanero sigue siendo encantador, eso no cambia. Pero los villanos tienen ese puntito de “sí, vale, sois malos”, sin mucha más chicha. Todo funciona más como espectáculo que como historia.

 

Eso sí, hay que reconocerlo: es una película que a las nuevas generaciones les va a flipar. Porque está diseñada justo para ese tipo de consumo: rápido, intenso, sin pausa y sin silencio.

 

Para los que ya empezamos a entrar en la categoría de “senior” (aunque duela admitirlo), la cosa cambia. Se agradece el despliegue visual, se admira el trabajo técnico… pero también se echa de menos un poquito de aire, de pausa, de que te dejen respirar entre explosión y explosión.

 

Un espectáculo visual impresionante… que a ratos te deja con la sensación de que has visto demasiado en demasiado poco tiempo. Y no siempre eso es bueno.

 

Mi puntuación: 4,80/10.

 

 

 

Dirigido por Aaron Horvath y Michael Jelenic:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Prime Crime: A True Story – Dead Man’s Wire – 2025 – Gus Van Sant – #YoVoyAlCine

21/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Secuestro, cable y mucho señor estadounidense convencido de que él solito arregla el mundo

 

Vamos con Gus Van Sant, que no necesita demasiadas presentaciones.

 

El director de Mi Idaho privado, Todo por un sueño, El indomable Will Hunting, Elephant, Paranoid Park o Milk lleva décadas moviéndose entre el cine más indie, el retrato incómodo y alguna incursión más convencional.

 

Aquí vuelve con una historia real de esas que solo podían pasar en Estados Unidos, país donde a veces la mediación social parece menos popular que una escopeta bien cargada.

 

Según la ficha de FilmAffinity, la película figura en España como Prime Crime: A True Story, aunque su título original es Dead Man’s Wire

 

 

Cutrecomentario:

 

Prime Crime: A True Story parte de un hecho real bastante tremendo: el caso de Tony Kiritsis, que en 1977 secuestró al hijo de un empresario inmobiliario y le colocó al cuello un mecanismo letal conectado a una escopeta. O sea, el título no iba de ponerse poético: iba literalmente de que cualquier mal movimiento podía mandar todo al garete de la forma más salvaje posible. La película recrea ese secuestro y el circo mediático que se montó alrededor.

 

Lo curioso es que la película se mueve entre el drama y una especie de comedia raruna, incómoda, casi absurda por momentos. Y eso le da un aire muy particular. Porque lo que cuenta es terrible, pero está narrado de una manera que deja espacio para lo grotesco, para lo estrafalario y para esa sensación tan norteamericana de “a mí me han agraviado y ya me ocupo yo personalmente del asunto, sin necesidad de sindicatos, plataformas ni cosas colectivas”. Individualismo a granel, con consecuencias bastante peores que escribir una queja en atención al cliente.

 

Los actores están bien, aunque no siempre parecen del todo ajustados al tono. Pero hay que reconocer que Al Pacino aparece en modo Al Pacino desatado, que al final es un subgénero propio. Interpreta al padre del rehén, un tipo de esos que no van a pedir perdón ni aunque se hunda el edificio, ni aunque la vida de su hijo esté pendiendo de un cable, nunca mejor dicho. Y esa desmesura, la verdad, tiene su gracia.

 

La película resulta curiosa, interesante a ratos, y con un punto de crítica social bastante evidente. De fondo está esa América donde el agravio personal se convierte en espectáculo nacional y donde la televisión, la policía y el secuestrador acaban formando una función bastante disparatada. Además, varias críticas han señalado justo eso: que Van Sant construye la película como un homenaje al cine americano de los setenta, con ecos de Tarde de perros y de ese cine nervioso y mugriento de otra época. 

 

Ahora bien, también da la impresión de que le sobra algo de metraje. Seguramente esta historia, más apretada y más breve, habría entrado mejor. Y esas imágenes finales en los créditos, subrayando que todo ocurrió de verdad, a mí me sacan un poco. Como si la peli no se fiara del todo de sí misma y necesitara rematar con el clásico “eh, que esto pasó de verdad, no me lo he inventado”. Pues vale, gracias.

 

En conjunto, una película curiosa, con un caso real potentísimo, tonos un poco descompensados y un Gus Van Sant que sigue teniendo oficio, aunque da la sensación de que lleva tiempo sin dar una de esas películas que te dejan temblando de verdad.

 

Ésta se ve con interés, tiene momentos buenos y deja poso, pero no acaba de ser redonda. Vamos, que no está mal, pero tampoco como para tirar cohetes. Ni cables.

 

Mi puntuación: 5,55/10.

 

 

“Dead Man’s Wire” se traduce literalmente como “el cable de un hombre muerto”, pero no es una frase cualquiera ni algo poético: viene de este caso real bastante turbio.

 

Hace referencia al suceso de 1977 protagonizado por Tony Kiritsis, un tipo que secuestró a su banquero y le ató una escopeta al cuello con un cable. La gracia macabra del invento era que, si alguien intentaba liberarlo o el propio rehén se movía demasiado, el cable accionaba el arma. Es decir, una especie de trampa mortal automática.

 

A partir de ahí, la expresión se usa en sentido figurado para describir situaciones de tensión extrema en las que cualquier movimiento puede desencadenar una catástrofe.

 

Vamos, ese momento en el que sabes que cualquier paso en falso lo puede liar todo muchísimo… pero sin necesidad de escopetas, a ser posible. “Dead Man’s Wire”.

 

 

 

Dirigido por Gus Van Sant:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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La mujer más rica del mundo – La femme la plus riche du monde – 2025 – Thierry Klifa – #YoVoyAlCine

21/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando el dinero no compra el buen gusto (pero sí a un gañán de lujo)

 

Vamos con Thierry Klifa, director francés con una carrera discreta pero constante dentro del cine galo más elegante que revolucionario.

 

Ha firmado títulos como Une vie à t’attendre (2004), Le héros de la famille (2006) o Les yeux de sa mère (2011), siempre moviéndose en terrenos de drama con cierto aroma sofisticado, muy de personajes burgueses con más problemas emocionales que económicos.

 

No es un cineasta de grandes fuegos artificiales, más bien de cocción lenta y mirada a las relaciones humanas… aunque aquí haya billetaje de por medio como para comprar media Francia.

 

 

Cutrecomentario:

 

Película inspirada en la figura de Liliane Bettencourt, heredera de L’Oréal y protagonista de uno de los salseos más finos y escandalosos de Francia.

 

Vamos, que aquí hay dinero, poder y gente aprovechándose… o sea, un martes cualquiera en según qué círculos.

 

Esta es la típica peli que depende mucho de cómo entres. Si te metes en la historia, te lo puedes pasar bastante bien; si te quedas fuera mirando con distancia, igual te da más pereza que una sobremesa de domingo con cuñados.

 

El eje es la relación entre Isabelle Huppert (aquí como Marianne Farrere, y sí, está divina porque esta mujer ya nace con el modo “divina activado”) y el vividor de turno, Laurent Lafitte, que interpreta a Pierre-Alain Fantin, un tipo que empieza siendo simpático y acaba cayendo como una patada en el hígado. Es ese personaje que cuanto más habla, más deseas que alguien le quite la tarjeta de crédito… o directamente la palabra.

 

Lo curioso es que Marianne encuentra en este sujeto algo que no tenía: alguien que le habla claro, sin filtros, incluso con cierta zafiedad. Y claro, eso en un mundo de aduladores de lujo debe de ser como descubrir el fuego. El problema es que el fuego quema… y la cartera también.

 

La película juega mucho con esa incomodidad: ver cómo una fortuna descomunal se va diluyendo en manos de un tipo bastante impresentable.  Si eres de los que les duele tirar el dinero, aquí lo pasas regular. Da hasta angustia ver semejante despilfarro en alguien tan… poco recomendable.

 

Mención especial para Raphaël Personnaz como Jérôme Bonjean, el mayordomo. Probablemente el personaje más interesante: leal, contenido, casi representando lo que debería ser el entorno de Marianne, no lo que es. Un oasis de dignidad en medio del circo.

 

Por ahí también planea el escándalo político del marido, con ese pasado turbio como colaboracionista que añade una capa más de mala conciencia a tanto lujo.

 

Y esos momentos en los que los personajes miran a cámara y sueltan su discurso… curiosos, sí, pero también un poco de “oye, que te lo explico por si no lo has pillado”.

 

En conjunto, una película interesante, con material potente pero que podría haber dado bastante más de sí.

 

No es brillante, pero tiene ese puntito de morbo elegante que engancha lo justo.

 

Y Isabelle Huppert, claro. Siempre estupenda. Tan creíble como millonaria… aunque uno sufra viendo en qué se gasta el dinero.

 

Mi puntuación: 6,57/10.

 

 

 

Dirigido por Thierry Klifa:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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La momia de Lee Cronin – Lee Cronin’s The Mummy – 2026 – Lee Cronin – #YoVoyAlCine

21/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La momia versión “posesión infernal con arena en los zapatos”

 

Vamos con Lee Cronin, un director irlandés que le ha cogido gustillo a hacer sufrir al personal.

 

Se dio a conocer con Bosque maldito (2019), una de esas pelis de terror atmosférico con niños chungos que no invitan precisamente a montar una guardería.

 

Pero donde pegó el salto fue con Posesión infernal: El despertar (2023), heredera gamberra de la saga de Evil Dead, donde ya dejó claro que lo suyo es el terror sucio, visceral y sin muchas ganas de pedir perdón.

 

Aquí sigue esa misma línea: menos sustos finos y más “te dejo pegado a la butaca con cara de haber olido algo muerto”.

 

Y claro, con este currículum, lo de hacer una momia clásica… pues como que no iba a ser.

 

 

Cutrecomentario:

 

Estamos ante una versión muy libre del mito de la momia, tan libre que por momentos parece que alguien se ha equivocado de película y ha puesto El exorcista en vez de una de tumbas egipcias.

 

Porque sí, hay momia, pero lo que realmente tenemos aquí es una posesión en toda regla, con niña inquietante incluida y una casa que da más mal rollo que una reunión de vecinos con derramas.

 

A ver, uno recuerda con cariño aquellas aventuras de La momia (1999) con Brendan Fraser, que eran puro entretenimiento palomitero, con humor, acción y momias que daban más risa que miedo. Aquí no. Aquí Lee Cronin viene a mancharlo todo. Literalmente.

 

La peli empieza contenida, como diciendo “tranquilos, que voy a ser elegante”.

 

Pero poco a poco se le va yendo la mano hasta convertirse en un festival de lo desmedido: gore a saco, cosas muy sucias, momentos bastante asquerosos… de esos que te hacen apartar la mirada pero seguir mirando, porque somos así de básicos.

 

Además, tiene ese rollo de casa encantada que funciona bastante bien. La casa se convierte en un personaje más, y cuando la niña momificada empieza a hacer de las suyas, aquello se vuelve un sitio en el que no te quedarías ni aunque te pagaran la hipoteca.

 

¿El resultado? Pues un producto muy bien elaborado dentro de su género.

 

No es la momia de toda la vida, ni falta que le hace. Es más bien un cruce entre posesión demoníaca, terror doméstico y festival de vísceras. Y oye, funciona.

 

Divierte, da miedo, da asco… y a los fans del terror les da justo lo que buscan: un refugio donde pasarlo mal pero con gusto. Que al final, para eso venimos a estas películas. Para sufrir un rato y salir diciendo: “oye, qué bien lo he pasado pasándolo mal”.

 

Mi puntuación: 6,75/10.

 

 

 

Dirigido por Lee Cronin:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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El chico de los pantalones rosas – Il ragazzo dai pantaloni rosa – 2024 – Margherita Ferri – #YoVoyAlCine

19/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El chaval perfecto entra en el instituto y se encuentra con un miserable.

 

La italiana Margherita Ferri no es precisamente una recién llegada caída de un olivo. Se formó entre la UCLA y el Centro Sperimentale di Cinematografia de Roma, y ya había llamado la atención con Zen sul ghiaccio sottile, presentada en la sección Biennale College de Venecia 2018, una película también muy pendiente de la adolescencia, la identidad y los márgenes. Vamos, que lo suyo no es el cine de marcianitos ni de señores que explotan cosas: le interesa la fragilidad de los chavales y cómo el mundo se empeña en fastidiarla. 

 

Y en esa misma línea se mueve El chico de los pantalones rosas, basada en el caso real de Andrea Spezzacatena, el adolescente italiano que se suicidó en 2012 tras sufrir acoso y ciberacoso.

 

La película, además, no pasó precisamente de puntillas: tuvo estreno en la Festa del Cinema di Roma en octubre de 2024, estuvo en competición en Tallinn Black Nights, fue candidata al David di Donatello a mejor guion adaptado y acabó convertida en un auténtico fenómeno popular. O sea, que no: no era una peli huérfana de festivales, ni mucho menos. 

 

En Italia pegó un petardazo serio. A finales de 2024 ya se hablaba de más de 9 millones de euros de recaudación y de la película italiana más vista del año; después siguió creciendo hasta rondar los 10 millones y superar 1,6 millones de espectadores. Para una película de denuncia social sobre bullying, no está nada mal: no es que funcionara bien, es que arrasó con más fuerza que muchos títulos teóricamente más comerciales. Y luego todavía dio el salto a Netflix en Italia, lo que amplió aún más su repercusión. 

 

La película nos presenta a Andrea, interpretado por Samuele Carrino, y la verdad es que el chaval está estupendo.

 

Es un adolescente casi modélico: buen estudiante, deportista, sensible, empático con sus padres, amante de la música, con esa cosa de niño bueno que parece diseñado para caer bien sin esfuerzo. Incluso llega a cantar en un coro ante el Papa, detalle que refuerza esa imagen de criatura aplicada, noble y casi demasiado perfecta para el mundo infecto que le toca sufrir. Y ahí está una de las claves del filme: se esfuerza mucho en mostrarnos lo estupendo que era este chico para que luego el golpe del acoso entre con toda la mala leche del mundo.

 

En su vida aparece ese otro chico, más guapo, más chulo, más seguro de sí mismo, de esos que en el instituto van dejando un rastro de idiotez envuelto en carisma barato.

 

Andrea siente hacia él una mezcla rara de admiración, fascinación y deseo de parecerse a lo que representa. Mala idea, claro. Porque esa atracción acaba siendo nefasta.

 

El muchacho, lejos de aportarle algo, se convierte en una figura cruel, uno de esos pequeños tiranos de patio escolar que quizá actúan por envidia, por miedo, por inseguridad o por una mezcla explosiva de todo junto. Y detrás de él se forma el clásico coro de palmeros del acoso, esa masa de seguidores sin criterio que convierte la cobardía individual en violencia colectiva.

 

El refugio emocional está en la amiga del protagonista, interpretada con mucha solvencia por Sara Ciocca, que funciona como apoyo, como consuelo y como recordatorio de que en mitad del estercolero humano a veces aparece alguien decente.

 

También está muy bien Claudia Pandolfi, que compone a la madre con mucha verdad y sin sobreactuar el dolor, lo cual siempre se agradece.

 

Entre los intérpretes, la película va bien servida: aquí hay nivel, y eso ayuda mucho a que el conjunto funcione. 

 

Ahora bien, el título El chico de los pantalones rosas es casi un spoiler con luces de neón, porque el asunto de los pantalones no aparece hasta bastante avanzado el metraje.

 

El nombre tiene gancho, sí, pero también condiciona la mirada del espectador y casi reduce una historia muy compleja a su símbolo más llamativo.

 

En el fondo, la película habla menos de unos pantalones que de la demolición de un adolescente sensible a manos de una panda de energúmenos con conexión a internet. Podría haberse llamado El hijo perfecto, Crónica de una crueldad escolar o Manual para destrozar a un chaval decente, y tampoco habría desentonado.

 

La película está bien construida, emociona y cumple muy bien su función de denuncia.

 

Se nota que está diseñada para señalar el bullying, el ciberacoso, la cobardía de grupo y la indiferencia que a veces rodea estas tragedias.

 

Todo está bastante calculado para que el espectador entienda quién es la víctima, quién hace daño y cómo ese daño se multiplica cuando otros ríen la gracia, callan o miran para otro lado.

 

Puede parecer un poco subrayada en esa voluntad pedagógica, sí, pero tampoco es que el tema pida precisamente sutileza de encaje de bolillos.

 

No inventa la pólvora, eso también hay que decirlo. La película carga las tintas, ordena emocionalmente al espectador y aprieta bien los botones de la empatía. Pero lo hace con eficacia y con una claridad que probablemente explica parte de su éxito brutal en Italia: es una peli pensada para que la entienda todo el mundo, para que duela, para que indigne y para que deje una conversación incómoda al salir del cine. Y visto el patio, bastante falta hace.

 

El chico de los pantalones rosas funciona.

 

Tiene buenas interpretaciones, una historia tremenda detrás, una directora que sabe manejar el material con sensibilidad y una vocación de denuncia muy clara.

 

No es cine especialmente sutil ni revolucionario, pero sí cine útil, emotivo y bien armado. Y a veces eso vale más que ponerse estupendo.

 

Porque salir del cine conmovido está bien; salir con ganas de no comportarse como un canalla, mejor todavía.

 

Mi puntuación: 6,56/10.

 

 

 

Dirigido por Margherita Ferri:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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La habitación de Mariana – La chambre de Mariana – 2025 – Emmanuel Finkiel – #YoVoyAlCine

19/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El niño del armario.

 

El francés Emmanuel Finkiel es un director con una trayectoria bastante peculiar dentro del cine europeo, muy centrado en la memoria y los traumas históricos.

 

Se dio a conocer con Voyages (1999), una película sobre el exilio judío que ya apuntaba por dónde iban sus obsesiones.

 

Más adelante firmó La douleur (2017), adaptación de Marguerite Duras, ambientada también en la Segunda Guerra Mundial.

 

Vamos, que lo suyo es remover el pasado, pero con un estilo más bien contenido, tirando a introspectivo y, a veces, algo árido.

 

En La habitación de Mariana nos trasladamos a la Ucrania ocupada por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, un contexto que ya de por sí pone los pelos de punta.

 

Conviene recordar que Ucrania fue uno de los escenarios más brutales del Holocausto: tras la invasión alemana de 1941 (Operación Barbarroja), los Einsatzgruppen ejecutaron a cientos de miles de judíos en fusilamientos masivos, como el tristemente famoso barranco de Babi Yar.

 

No había cámaras de gas: aquí el horror era directo, a tiro limpio.

 

Y ese clima de persecución constante es el que sobrevuela toda la película.

 

La historia sigue a Hugo, un niño judío de once años que es dejado al cuidado de Mariana, amiga de su madre y prostituta.

 

El chaval pasa media película metido en un armario, espiando el mundo a través de rendijas, aprendiendo que la vida es básicamente una mala noticia tras otra.

 

Desde ahí observa a su cuidadora: una mujer vitalista, un poco caótica, alcohólica, rebelde… pero también humana, que hace lo que puede con lo que tiene. Y esa relación, entre lo extraño y lo afectivo, es el núcleo emocional del relato.

Ahora bien, el problema es cómo se cuenta todo esto. La película no está mal narrada, pero es de un teatral que tira para atrás. Mucho encierro, mucha oscuridad, mucho mirar sin ver.

 

El armario se convierte casi en protagonista… y el espectador acaba un poco dentro también, pero no por inmersión, sino porque no ve gran cosa.

 

Falta acción, falta emoción y, lo más grave, faltan momentos que realmente te agarren por dentro.

 

El joven Arten Kirik, que interpreta a Hugo, cumple sin más. Es un niño con cara de niño, pero su interpretación resulta bastante plana, poco convincente, como si la película le quedara grande. Y eso en una historia que depende tanto de su mirada… pues pesa.

 

La habitación de Mariana tiene una premisa potente, un contexto histórico devastador y un personaje femenino interesante. Pero se queda a medio gas.

 

Se deja ver, sí, pero no remata. Ni emociona como debería ni aporta nada especialmente nuevo.

 

Un drama correcto… que se queda encerrado en su propio armario.

 

Para terminar, quizá lo más interesante de la película sea esa mezcla de realidad y ensoñación que se produce en la mente del niño, una especie de refugio mental que le permite sobrevivir.

 

A través de recuerdos fragmentados de sus amigos, de su familia y, sobre todo, de su madre, construye una burbuja íntima que amortigua, aunque sea mínimamente, la brutalidad del mundo exterior.

 

Es ahí donde la película encuentra algo de verdad emocional… aunque no siempre sepa aprovecharlo del todo.

 

Mi puntuación: 5,64/10.

 

 

 

Dirigido por Emmanuel Finkiel:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Incontrolable (I Swear) – 2025 – Kirk Jones – #YoVoyAlCine

19/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Coprolalia y tics.

 

El británico Kirk Jones es un director con querencia por el cine amable y de vocación claramente popular.

 

Se dio a conocer con la simpática Waking Ned (1998), aquella comedia irlandesa sobre un muerto muy vivo para cobrar la lotería, y después ha transitado por terrenos más comerciales como Qué esperar cuando estás esperando (2012).

 

Su cine suele moverse en coordenadas accesibles, buscando la lágrima fácil o la sonrisa cómplice, sin demasiadas complicaciones formales. Vamos, que no viene a revolucionar el lenguaje cinematográfico, sino a caer bien. Y eso, también tiene su público.

 

Y aquí llega Incontrolable (I Swear), una producción británica que ha caído de pie entre el público, con notas bastante altas (en FilmAffinity ronda el 7,7) y hasta con el beneplácito de Carlos Boyero, que no suele regalar caramelos precisamente.

 

La peli nos cuenta la historia real de John Davidson, un chaval con síndrome de Tourette que tiene que lidiar no solo con sus tics, sino con algo peor: la incomprensión de su entorno.

 

El asunto es claro: no es tanto la enfermedad como la mirada ajena. La familia, la sociedad, el típico vecino que opina sin tener ni idea… todos contribuyen a que la vida del protagonista sea un pequeño infierno cotidiano. Hasta que aparece una especie de familia de acogida que, milagro, entiende de qué va esto y le deja respirar. Y claro, ahí la cosa mejora, porque en el Tourette la clave no es solo médica, sino humana: comprensión, paciencia y un mínimo de empatía, que no cuesta dinero.

 

Por cierto, conviene recordar de qué hablamos. El síndrome de Tourette es un trastorno neurológico que aparece en la infancia y se caracteriza por tics motores y vocales (movimientos o sonidos involuntarios). No, no todo el mundo va soltando palabrotas como un carretero poseído: la famosa coprolalia es minoritaria, aunque sea lo más llamativo. Suele haber base genética, empeora con el estrés y, en muchos casos, mejora con la edad. El tratamiento pasa por terapia y, a veces, medicación.

 

Últimamente se investiga incluso la estimulación del nervio mediano: una especie de “pulserita eléctrica” en la muñeca que podría modular la actividad cerebral y reducir los tics. Suena futurista, pero ojo, está en fase experimental. No es el Santo Grial.

 

Volviendo a la peli: está muy bien construida, eso no se le puede negar. Kirk Jones sabe tocar las teclas emocionales y llevar al espectador de la risa al nudo en la garganta con bastante soltura.

 

Es una película de superación personal, de esas que te abrazan un poco fuerte y te dicen “todo va a salir bien”.

 

Los personajes están dibujados con brocha gorda: los buenos son muy buenos y los malos, pues eso, más malos que un lunes sin café.

 

El enfoque de la enfermedad tira por la vía amable: hay momentos cómicos, otros claramente ternuristas, y todo está pensado para que el público salga con el corazón calentito. Y lo consigue, no nos vamos a engañar.

 

Pero también hay que decirlo: no inventa nada. Es el mismo esquema de siempre, el manual del drama inspirador con todos sus pasos bien marcados.

 

Incontrolable (I Swear) es una película eficaz, entretenida y con buenas intenciones.

 

Se ve bien, emociona lo justo y cumple con lo que promete.

 

Ahora bien, tampoco es la obra maestra que algunos venden. Es otra más de superación personal, bien hecha, sí, pero sin arriesgar lo más mínimo.

 

Vamos, cine cómodo… que a veces viene bien, pero no cambia la historia del cine.

 

Mi puntuación: 5,56/10.

 

 

 

Dirigido por Kirk Jones:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Buena suerte, pásalo bien, no mueras – Good Luck, Have Fun, Don’t Die – 2025 – Gore Verbinski – #YoVoyAlCine

18/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Salvar el mundo desde el McMenú: “vengo del futuro… y traigo combo”

 

Gore Verbinski es de esos directores que igual te hace un blockbuster descomunal que una rareza incómoda sin despeinarse.

 

Ahí están Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra (y sus secuelas), Rango, The Ring (La señal) o La cura del bienestar.

 

Vamos, un tipo que no se casa con nadie y que siempre mete un puntito raro a lo que toca.

 

Con Buena suerte, pásalo bien, no mueras vuelve a esa vena más gamberra y desatada, donde parece que le han dicho: “haz lo que te dé la gana”… y ha dicho: “sujétame el cubata”.

 

La película es, directamente, una locura. Una mezcla de comedia, ciencia ficción, inteligencia artificial, redes sociales, fin del mundo y gente muy perdida por la vida.

 

Todo arranca cuando un tipo con chaleco bomba entra en una hamburguesería (ya empezamos bien) para reclutar a un grupo de desconocidos que, según él, tienen que salvar el mundo. ¿El motivo? Viene del futuro. ¿La credibilidad? La justa. ¿El detalle importante? Que ya lo ha intentado 117 veces y ha fracasado en todas.

 

El personaje vive atrapado en un bucle temporal, en plan Atrapado en el tiempo pero con más mala leche y menos marmota simpática. Y claro, en cada intento aprende algo… o eso intenta. Para romper el ciclo, junta a un grupo de individuos que parecen sacados de un casting de “a ver quién está peor”: gente diversa, fracasada, desconectada… pero con algo dentro que quizá sirva para cambiar las cosas.

 

A través de flashbacks vamos conociendo sus vidas, y ahí la película aprovecha para meterle un buen palo a la sociedad actual: gente enganchada al móvil, viviendo para las redes, con la cabeza agachada y la vida pasando de largo. Un retrato bastante reconocible… y un poco incómodo, porque todos pillamos algo.

 

La peli tiene acción, tiene comedia y tiene momentos muy divertidos. Ahora bien, también es excesiva. Demasiado disparatada a ratos.

 

Verbinski pisa el acelerador sin mirar atrás y eso hace que en algunos momentos funcione como un tiro… y en otros descarrile un poco. Es de esas películas que no piden permiso, te atropellan y ya si eso luego recoges tus ideas del suelo.

 

A mí me ha divertido mucho. Pero también es de esas que pueden sacar de quicio a más de uno.

 

Si entras en su juego, te lo pasas en grande. Si te resistes, te va a parecer un caos insoportable.

 

Buena suerte, pásalo bien, no mueras es un cóctel raro, pasado de rosca y con bastante mala leche… pero con chispa. Tal como está el panorama, igual hace falta un loco con chaleco bomba (cinematográfico, tranquilos) para sacudir un poco al personal.

 

Mi puntuación: 7,85/10.

 

 

 

Dirigido por Gore Verbinski:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Atrapando a un monstruo – Dust Bunny – 2025 – Bryan Fuller – #YoVoyAlCine

18/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El conejito del polvo que se vino arriba (y te amarga la infancia)

 

Bryan Fuller no es precisamente un recién llegado, aunque en cine haya jugado menos que en televisión.

 

Es el creador de series de culto como Hannibal, Pushing Daisies o Dead Like Me, donde ya dejaba claro que lo suyo es mezclar lo macabro con lo poético y lo extraño con lo bonito.

 

Tiene un estilo muy reconocible: estética cuidada, personajes raritos (en el buen sentido) y una tendencia a convertir lo perturbador en algo casi… elegante. Con Atrapando a un monstruo da un paso más en esa mezcla tan suya.

 

La premisa es de esas que parecen simples pero esconden dinamita: una niña de ocho años convencida de que debajo de su cama vive un monstruo. Pero no uno cualquiera, claro. Aquí hablamos de un conejito de pelusa mutado, de esos que todos hemos visto alguna vez bajo la cama… pero que, por suerte, no suelen crecer ni desarrollar malas intenciones. Ese bicho es, en realidad, el reflejo de su vida: una niña que va saltando de casa de acogida en casa de acogida, con más miedo dentro que fuera.

 

La película está contada desde su mirada, y eso lo cambia todo. Porque su forma de ver el mundo mezcla realidad, fantasía y pesadilla sin pedir permiso. Lo cotidiano se vuelve inquietante y lo inquietante, curiosamente, tiene su lógica interna. Y ahí aparece el vecino, interpretado por Mads Mikkelsen (sí, ese tipo que siempre parece saber más de lo que dice), al que la niña convierte en una especie de cazador de monstruos improvisado. Una figura medio salvadora, medio sospechosa.

 

Visualmente, la película es un caramelito raro: tiene ecos de León (El profesional) en la relación entre adulto y niña, un puntito gamberro que recuerda a Quentin Tarantino en ciertos estallidos de violencia, y una estética que a ratos parece sacada del catálogo de Wes Anderson, pero pasada por un filtro más oscuro. Todo eso mezclado… y sorprendentemente funciona.

 

Porque sí, es divertida. Pero no en plan “vamos a reírnos con palomitas”. Es divertida en ese sentido incómodo en el que te lo estás pasando bien mientras pasan cosas bastante bestias. Hay violencia, hay tensión, y hay momentos que no son precisamente para ir con niños, aunque el cartel te quiera engañar. Esto no es una peli infantil. Ni de lejos.

 

Lo mejor es cómo están construidos los personajes. La niña es el centro absoluto y funciona de maravilla, y el resto gira a su alrededor sin desentonar. La dirección de actores de Fuller es muy sólida, y consigue que todo ese universo extraño tenga coherencia.

 

Al final, Atrapando a un monstruo es una de esas películas que juega a ser cuento… pero de los de antes, de los que daban mal rollo.

 

Un relato sobre el miedo, la infancia y la necesidad de inventarse héroes cuando la realidad no te da ninguno.

 

Y oye, si después de verla miras debajo de la cama antes de dormir… tampoco pasa nada. Es por precaución.

 

Mi puntuación: 8,77/10.

 

 

 

Dirigido por Bryan Fuller:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Encadenados – Notorious – 1946 – Alfred Hitchcock – Wilder Cinema – #YoVoyAlCine

18/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Amor, nazis y llaves. La hija del espía.

 

Alfred Hitchcock no dirigía películas: jugaba al ajedrez con las emociones del espectador… y siempre iba dos jugadas por delante.

 

Su filmografía es un museo del suspense: Rebeca, Recuerda, La ventana indiscreta, Vértigo (De entre los muertos), Con la muerte en los talones, Psicosis o Los pájaros.

 

En Encadenados (1946), además de tensar la cuerda como nadie, demuestra que el veneno emocional puede ser más peligroso que cualquier bomba.

 

Aquí el espionaje es casi una excusa. Lo que de verdad importa es la relación entre Ingrid Bergman y Cary Grant, y ahí es donde la película se vuelve incómoda de verdad. Porque sí, Cary Grant, uno de los actores más carismáticos de la historia del cine, con esa elegancia natural que parece que no le cuesta, aquí hace algo casi impensable: resultar desagradable. Y no de pasada, no. Durante buena parte del metraje es directamente cruel.

 

El personaje de Devlin se enamora de Alicia Huberman, pero ese amor viene envenenado. Ella es una mujer herida, marcada por la condena de su padre como espía nazi, que intenta escapar de ese pasado llevando una vida libre, despreocupada, moderna, incluso desinhibida para su época. Y eso a él le chirría. Mucho. Porque debajo de ese traje impecable hay un tipo bastante más rancio de lo que parece: orgulloso, machista, incapaz de gestionar sus propios sentimientos sin castigar a la otra persona.

 

Y ahí está lo interesante: la relación se convierte en un campo de minas emocional. Él la humilla, la empuja a situaciones denigrantes, la utiliza… todo mientras no es capaz de admitir que la quiere. Y eso hace que el personaje sea incómodo, incluso antipático. Pensar en Cary Grant como alguien desagradable cuesta… pero aquí lo consigue. Y eso tiene mérito.

 

Ingrid Bergman, por su parte, está descomunal. Sostiene el personaje con una mezcla de fragilidad, dignidad y tristeza que hace que todo duela más. Porque al final es ella la que paga el precio de ese juego emocional tan sucio.

 

Luego está el famoso asunto de la llave… y aquí viene el pero serio. Hay un momento clave en el guion, ese juego de llaves que articula buena parte de la tensión, que no termina de estar bien planteado. Chirría. Es un fallo que, visto hoy, resulta bastante evidente y que afecta a la solidez del conjunto. Lo curioso es que, tratándose de Hitchcock, se le perdona casi sin pestañear. Como si el resto estuviera tan bien hecho que nos diera un poco igual ese tropiezo.

 

Por eso, aunque Encadenados está considerada uno de los grandes clásicos del cine de intriga y una de las obras importantes de Hitchcock, deja la sensación de ser una película menor dentro de su filmografía. No porque no funcione —que funciona—, sino porque ese guion, que parece querer ser perfecto, no termina de estarlo.

 

En cualquier caso, verla en pantalla grande gracias a iniciativas como Wilder Cinema es un gustazo. Recuperar estos clásicos en condiciones, con presentaciones cuidadas y contexto, es casi un acto de resistencia cultural. Y oye, aunque tenga sus costuras, ver a Hitchcock manejando el suspense y las emociones sigue siendo una lección. De las que no caducan.

 

Mi puntuación: 8,88/10.

 

 

 

Dirigido por Alfred Hitchcock:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Torrente presidente – 2026 – Santiago Segura – #YoVoyAlCine

18/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“España va bien… pero él va peor”

 

Hay que reconocerle a Santiago Segura que tiene más vidas que su criatura.

 

Director, actor, productor y, básicamente, el dueño del chiringuito, lleva décadas exprimiendo al personaje nacido en Torrente, el brazo tonto de la ley (1998), que ya tuvo secuelas como Torrente 2: Misión en Marbella, Torrente 3: El protector, Torrente 4: Lethal Crisis y Torrente 5: Operación Eurovegas.

 

Entre medias, se nos puso familiar con la saga Padre no hay más que uno, donde demostró que también sabe hacer caja sin necesidad de caspa, pero aquí vuelve a su terreno natural: el barro moral, el chiste grueso y el retrato grotesco de lo peor de nosotros mismos. Y en eso, el tío, hay que admitirlo, es eficaz.

 

El personaje ya lo conocemos y no ha mejorado con los años (tampoco lo pretendía): zafio, cutre, sin escrúpulos, reaccionario hasta la caricatura… un fósil moral que ni siquiera pertenece a un pasado real, sino a uno inventado que da más miedo que nostalgia.

 

En esta ocasión, lo meten en política —una decisión que parece lógica: si algo le faltaba a Torrente era un escaño— y lo ficha un partido que recuerda sospechosamente a ciertos discursos actuales. Claro, el mecanismo funciona porque el mensaje simple entra fácil, como la comida rápida: sabes que es malo, pero oye, te lo comes.

 

La peli funciona a base de chistes, algunos muy efectivos.

 

Te ríes, a veces mucho, pero no tanto por lo que ves sino por lo que reconoces. Hay espejo. Y cuando hay espejo, incomoda un poco… pero también hace gracia. Es ese humor que te deja pensando: “esto me suena demasiado”.

 

Luego está el desfile. Porque esto ya no es un reparto, es una romería. Desde Gabino Diego, Ramón Langa o Carlos Areces hasta cameos imposibles como Willy Bárcenas, Omar Montes, Florentino Fernández, Bertín Osborne, Jordi Évole, Pablo Motos, Ana Rosa Quintana, Yola Berrocal, Mariano Rajoy o incluso Kevin Spacey (sí, has leído bien). Y la lista sigue hasta el infinito y más allá. La película se convierte en una especie de bingo de famosos: vas tachando caras mientras intentas no perder el hilo… si es que hay hilo.

 

Y aquí viene el pero. En el último tramo, la película pega un volantazo raro hacia la violencia y el gore que no encaja demasiado bien. Pasa de la sátira burra al festival de casquería sin transición, y eso descoloca. No es que moleste por sí mismo, es que rompe el tono. Y cuando rompes el tono en una comedia, te cargas parte de la gracia. Ahí, personalmente, la peli pierde fuelle.

 

Aun así, Torrente sigue siendo lo que siempre ha sido: un esperpento. Un muñeco desagradable que, paradójicamente, nos divierte porque señala cosas reales. Un personaje despreciable que funciona precisamente por eso. Y mientras siga llenando salas, Santiago Segura seguirá sacándolo a pasear, como quien saca al perro aunque sepa que va a hacer sus cosas en medio del salón.

 

Segura tiene ese superpoder: hacer películas que la crítica mira de reojo… y el público paga religiosamente.

 

Mi puntuación: 5,55/10.

 

 

 

Dirigido por Santiago Segura:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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CINE MUDO…PERO NO SILENCIOSO (Antología) – Bichobola – Asociación Amigos del Cine de Azuqueca de Henares (ACAZ)

16/04/2026

 

 

 

 

 

 

CINE MUDO…PERO NO SILENCIOSO


Antología


Durante más de tres décadas, desde 1895 (pistoletazo de salida del nacimiento del Cine) hasta 1927 (“El cantor de Jazz”), considerada la primera película semisonora, el cine vivió una etapa fascinante en la que, aunque las películas no eran habladas, nunca fueron realmente silenciosas.

 

En este monográfico, a modo de antología, recorreremos este periodo conocido como Cine Mudo, deteniéndonos en sus momentos clave: los pioneros, las grandes escuelas y movimientos, su música, el nacimiento de Hollywood o el auge del Star System, entre otros.


¡Os esperamos el próximo jueves para viajar juntos por este periodo de gran creatividad y capacidad de emocionar sin palabras!

 

 

 

 

 

 

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Sólo el cielo lo sabe – All that Heaven Allows – 1955 – Douglas Sirk – Asociación Amigos del Cine de Azuqueca de Henares (ACAZ)

13/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La viuda y el jardinero.

 

Douglas Sirk es un director alemán que tuvo que abandonar su país perseguido por el nazismo por sus relaciones con una muchacha judía. En EE.UU. realizó la mayor parte de su carrera como director. Se le conoce como el rey del melodrama.

 

Sólo el cielo lo sabe es una de sus mejores películas.

 

Trata el amor entre un atractivo y joven jardinero y una viuda rica.

 

Rock Hudson y Jane Wyman son la pareja en cuestión. Esta relación no es bien vista por la clase social a la que pertenece la viuda.

 

Resulta especialmente atractiva la fotografía, muy clara, con colores vivos pero no chirriantes. Acompaña una magnífica música.

 

Pero además de melodrama hay crítica social.

 

Sirk abandonó América en la época de la caza de brujas y se retiró a Suiza donde falleció.

 

Si te gusta el melodrama, no te la puedes perder.

 

Mi puntuación: 7,88/10.

 

 

 

Dirigido por Douglas Sirk:

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Actividad de Ramón Bernadó en el Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

4/04/2026

 

 

 

 

 

 

Actividad en holasoyramon.com:

 

Alcarria TV – Al Cine con Ramón y Diego – Festival de Málaga 29 (2026) – Oscar 2026

 

Palmarés, experiencias y comentarios de holasoyramon – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

La familia Benetón +2 – 2026 – Joaquín Mazón – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

Cochinas (Serie TV) – 2026 – Carlos del Hoyo (Creador) – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

La mujer de la fila – 2025 – Benjamín Ávila – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

Cada día nace un listo – 2026 – Arantxa Echevarria – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

El jardín que soñamos – 2026 – Joaquin del Paso – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

Ángeles – 2025 – Paula Markovitch – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

El corazón del lobo – 2025 – Francisco J. Lombardi – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

La buena hija – 2025 – Júlia de Paz – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

El inventor del cine invisible (Mediometraje) (Documental) – 2025 – Manuel Jiménez Núñez – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

Pizza Movies – 2026 – Carlo Padial – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

Yo no moriré de amor – 2026 – Marta Matute – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

A una isla de ti – 2026 – Alexis Morante – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

Si es martes, es asesinato (Serie) – 2026 – Carlos Vila (Creador) – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

Iván & Hadoum – 2026 – Ian de la Rosa – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

Mala bestia – 2026 – Bàrbara Farré – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

Mil pedazos – 2026 – Sergio Castro-San Martin – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

Millennial Mal (Serie) – 2026 – Lorena Iglesias (Creadora) – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

Los justos – 2026 – Jorge Lara, Fer Pérez – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

Lapönia – 2026 – David Serrano – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

Viaje al país de los blancos – 2026 – Dani Sancho – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

Por cien millones (Minserie) – 2026 – Oriol Capel (Creador), Nacho G. Velilla (Creador) – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

Mi querida señorita – 2026 – Fernando González Molina – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

Neurótica anónima – 2026 – Jorge Perugorría – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

9 lunas – 2026 – Patricia Ortega – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

Solos – 2026 – Guillermo Ríos Bordón – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

Día de caza – 2026 – Pedro Aguilera – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

Hangar rojo – 2026 – Juan Pablo Sallato – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

Corredora – 2026 – Laura García Alonso – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

Altas capacidades – 2026 – Víctor García León – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

Calle Málaga – 2025 – Maryam Touzani – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

 

 

 

Actividad en El Heraldo del Henares:

 

XXIX Festival de Cine de Málaga 2026 (I)

 

XXIX Festival de Cine de Málaga 2026 (II)

 

XXIX Festival de Cine de Málaga 2026 (III)

 

XXIX Festival de Cine de Málaga 2026 (IV)

 

XXIX Festival de Cine de Málaga 2026 (V)

 

XXIX Festival de Cine de Málaga 2026 (VI)

 

XXIX Festival de Cine de Málaga 2026 (VII)

 

XXIX Festival de Cine de Málaga 2026 (VIII)

 

Experiencias, comentarios y Palmarés del 29 Festival de Málaga 2026 #29FestivalMálaga – @festivalmalagaXXIX (y IX)

 

 

 

 

Alcarria TV – Al Cine con Ramón y Diego – Festival de Málaga 29 (2026) – Oscar 2026

 

 

 

 

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Whistle: El silbido del mal – Whistle – 2025 – Corin Hardy – #YoVoyAlCine

3/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

No silbes… o te viene tu yo del futuro a darte la del pulpo

 

El director Corin Hardy ya ha demostrado que le gusta moverse en terrenos oscuros y con cierta personalidad visual.

Ahí está The Hallow (2015), una película de terror bastante atmosférica ambientada en bosques irlandeses, y también La monja (2018), dentro del universo Expediente Warren, donde jugaba más en terreno de estudio pero sin perder ese gusto por lo inquietante.

 

No es un revolucionario del género, pero sí alguien que sabe crear atmósferas y manejar el terror con oficio.

 

En Whistle: El silbido del mal apuesta por una idea potente y la desarrolla con bastante eficacia.

 

Porque aquí lo importante es la idea.

 

Un grupo de chavales en un instituto —ese instituto que parece americano aunque esto venga de Canadá, que ya es un clásico— encuentra un objeto extraño: una especie de calavera azteca que funciona como silbato.

 

Y ojo al concepto, que es donde la película gana muchos puntos: cuando soplas, condenas a muerte a quien escucha el silbido. Pero no de cualquier manera. Lo que viene a por ti es tu yo del futuro, justo antes de morir.

 

Es decir, te matas a ti mismo… pero con unos años más, más hecho polvo y con cara de haber tenido un día regulero.

 

Y claro, eso tiene su gracia.

 

Porque cuando intentas defenderte, en realidad estás peleando contra ti mismo. Contra esa versión futura más decrépita, más enferma, más cercana al final.

 

Y la película explota bastante bien ese concepto, que es lo más interesante que tiene.

 

No sé si es completamente original, pero desde luego lo parece, y dentro de un género donde muchas veces todo suena a refrito, se agradece.

 

Luego, eso sí, la cosa se convierte en lo que es: un slasher.

 

Muertes truculentas, tensión más o menos bien llevada y una estructura bastante clásica.

 

No hay mucho más, pero tampoco hace falta mucho más.

 

Las protagonistas, Chrys y Ellie, a las que dan vida las jóvenes actrices Dafne Keen y Sophie Nélisse, funcionan bien, además dentro de una historia de amor entre dos chicas que está tratada con bastante naturalidad. No es lo que sostiene la película, pero sí le da un pequeño plus emocional.

 

Y luego están los “malos”, que si te paras a pensarlo tienen su aquel: uno de origen africano, otro un pastor religioso… y otro personaje que aparece después con rasgos orientales. Vamos, que si uno se pone a buscar lecturas, encuentra cosas. Pero también se puede no buscar nada y quedarse tan tranquilo, que tampoco pasa nada.

 

En el fondo, Whistle: El silbido del mal es eso: una película que quizá no reinventa el terror, pero que tiene una idea lo suficientemente potente como para enganchar.

 

Está bien construida, es efectiva, tiene momentos bastante logrados y, sobre todo, tiene ese punto de encanto que hace que la veas con gusto.

 

No va a cambiar el género, pero oye… al menos aquí, si te matan, eres tú mismo. Y eso siempre tiene un punto poético. O inquietante. O directamente fastidiado. Según se mire.

 

Mi puntuación: 7,66/10.

 

 

 

Dirigido por Corin Hardy:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Scream 7 – 2026 – Kevin Williamson – #YoVoyAlCine

3/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Ghostface vuelve… y los chavales se portan mejor que en misa

 

Antes de entrar en Scream 7 hay que rendir pleitesía a la saga.

Porque lo de Scream no es normal.

Desde aquella primera Scream (1996) dirigida por Wes Craven, que redefinió el slasher con ironía, mala leche y mucha inteligencia, hasta las secuelas Scream 2 (1997), Scream 3 (2000), Scream 4 (2011) y el resurgir reciente con Scream (2022) y Scream VI (2023), la franquicia ha conseguido algo muy raro: sobrevivir a varias generaciones sin perder su esencia.

 

La original sigue siendo la mejor, claro. Aquello fue un bombazo: revitalizó el cine de terror adolescente y convirtió a Ghostface en icono inmediato.

 

Pero lo más curioso es que, casi 30 años después, la saga sigue convocando a chavales al cine como si esto acabara de empezar. Y eso tiene bastante mérito.

 

Y ahora llega Kevin Williamson.

 

El creador original de la saga, guionista de la primera Scream, de Scream 2 y de Scream 4, da aquí el salto a la dirección dentro de la franquicia.

También ha estado detrás de títulos como Sé lo que hicisteis el último verano o la serie Dawson crece, así que conoce perfectamente el terreno del terror juvenil y de los personajes que hablan mucho antes de que alguien saque el cuchillo.

En Scream 7 juega sobre seguro: respeta el ADN de la saga y no intenta reinventar nada que no haga falta.

 

Y eso, para bien o para mal, define la película.

 

Porque Scream 7 es exactamente lo que esperas. Ni más, ni menos.

Un slasher de manual: jóvenes, asesinatos con cierta alegría, uno o varios culpables bajo la máscara de Ghostface y ese juego constante de sospechas.

 

No viene a cambiar las reglas, viene a seguir jugando con ellas.

 

Y oye, funciona.

 

Pero casi más interesante que la película fue la experiencia en la sala.

Cine medio lleno de adolescentes —momento en el que uno se prepara mentalmente para el apocalipsis de móviles, risas y comentarios— y, sorpresa, se comportaron de lujo.

Atentos, metidos en la película, respetuosos… salvo el clásico espécimen que entra y sale veinte veces a por palomitas como si estuviera en un maratón de pasos.

Pero el resto, impecables.

Igual hay esperanza para la humanidad y todo.

 

En cuanto al reparto, hay que decirlo: Neve Campbell está estupenda. 52 años, apenas retocada, natural, creíble… da gusto verla.

En cambio, Courteney Cox, con 61, ha optado por el camino contrario y el resultado es… inquietante.

Hay momentos en los que no tienes claro si el rostro más terrorífico de la película es el suyo o el de Ghostface. Y eso añade una capa extra de suspense que no sé si estaba en el guion.

 

La película no aporta nada especialmente nuevo. Pero tampoco lo pretende. Y quizá ahí está su virtud: en seguir dando exactamente lo que promete. Ni revolución ni desastre. Continuidad.

 

Al final, Scream 7 es como volver a un viejo parque de atracciones: sabes lo que hay, sabes cómo va a acabar… pero te subes igual. Y lo pasas bien.

 

Y mientras siga habiendo chavales llenando salas para ver cómo alguien con máscara apuñala a otros chavales… esta saga tiene cuerda para rato. Y nosotros, oye, tampoco nos vamos a quejar demasiado.

 

Mi puntuación: 6,77/10.

 

 

 

Dirigido por Kevin Williamson:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Proyecto Salvación – Project Hail Mary – 2026 – Phil Lord, Christopher Miller – #YoVoyAlCine

3/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Salvar el mundo… pero si no me molesta mucho, gracias

 

Phil Lord y Christopher Miller llevan años demostrando que saben hacer cine comercial sin parecer tontos.

Ahí están Lluvia de albóndigas, Infiltrados en clase, Infiltrados en la universidad o La LEGO película para confirmarlo.

Y además han estado detrás de una joya como Spider-Man: Un nuevo universo.

 

Cuando se meten en un proyecto grande, al menos sabes que no va a ser el típico blockbuster con piloto automático.

 

En Proyecto Salvación se meten de lleno en la ciencia ficción basada en la novela de Andy Weir, y lo hacen manteniendo ese equilibrio suyo entre espectáculo, humor y cierta inteligencia narrativa.

 

Y aquí el que manda es Ryan Gosling.

 

Porque Proyecto Salvación es, básicamente, él.

Está en todos los planos, sostiene toda la película y lo hace además desde un personaje que rompe bastante con el héroe clásico.

Su Ryland Grace es un tipo brillante, sí, pero que no tiene ninguna intención de ser un salvador.

Más bien todo lo contrario: él lo que quiere es vivir tranquilo, dar sus clases y no meterse en líos.

Es ese perfil tan reconocible del genio que preferiría ser mediocre para no complicarse la vida… pero claro, cuando eres el más listo de la sala, te vienen a buscar.

Y ahí aparece la NASA y, en concreto, una estupenda Sandra Hüller, que se encarga de reclutarlo con bastante mala leche fina.

 

La película tira mucho de humor, y eso le sienta bien.

No se toma demasiado en serio a sí misma, lo cual, en una historia de posible extinción global, es casi de agradecer.

Además, hay un trabajo bastante cuidado con la música, que acompaña muy bien el tono ligero y aventurero.

 

Pero donde de verdad encuentra su corazón es en la relación entre Ryland Grace y ese alienígena al que bautiza como Rocky.

Un personaje que, sobre el papel, es literalmente un montón de “piedras” con patas (voz y movimiento de Javier Botet), pero que termina teniendo una personalidad y una expresividad sorprendente.

Y ahí está la magia: en cómo dos seres completamente distintos pueden construir una amistad profunda, sincera y emocionante.

Esa relación es, sin duda, el núcleo de la película.

 

Luego hay una idea bastante interesante que sobrevuela todo el relato: el papel de la realidad virtual como refugio.

Cuando la realidad es inhóspita, desoladora o directamente insoportable, la ficción —esa especie de videojuego emocional— puede convertirse en un lugar seguro.

Un sitio donde hay belleza, esperanza y cierta sensación de control.

Y la película juega con eso de forma bastante sugerente.

 

Es verdad que, por momentos, Proyecto Salvación puede resultar algo sencilla, incluso un poco vaga en algunos planteamientos.

No es la ciencia ficción más profunda ni la más arriesgada del mundo.

Pero también es cierto que funciona.

Y funciona muy bien.

 

Es simpática, es entretenida, tiene corazón y se ve con mucho agrado.

No va a cambiar la historia del género, pero sí demuestra que todavía se pueden hacer aventuras espaciales con humor, con personajes y con algo que no siempre abunda: encanto.

 

Mi puntuación: 7,68/10.

 

 

 

Dirigido por Phil Lord y Christopher Miller:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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¡La novia! – The Bride! – 2026 – Maggie Gyllenhaal – #YoVoyAlCine

3/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La novia se desmadra (y menos mal)

 

Para entender La novia (2026) hay que mirar muy atrás, concretamente a La novia de Frankenstein (1935), dirigida por James Whale y protagonizada por Boris Karloff y Elsa Lanchester.

 

Aquella película no era una secuela cualquiera: fue una obra maestra absoluta del cine de terror clásico, producida por la Universal, que elevó el género a otro nivel.

 

Con una mezcla de horror, humor negro y un punto de sofisticación insólito para la época, se convirtió en un éxito de crítica y público, y en una pieza fundamental del imaginario del monstruo trágico.

 

La icónica imagen de la novia, con ese peinado imposible, ha quedado grabada en la historia del cine para siempre.

 

Vamos, que tocar ese material es como meterse a hacer una versión de Mozart: o te sale bien o haces el ridículo.

 

Y aquí entra Maggie Gyllenhaal.

 

Porque la directora de La novia no es ninguna recién llegada.

 

Como actriz ha construido una carrera muy sólida con títulos como Secretary, The Dark Knight o Crazy Heart, siempre con ese punto de intensidad y riesgo que la hace distinta.

 

Pero lo realmente interesante es su salto a la dirección con La hija oscura (2021), una película incómoda, psicológica, muy bien recibida por la crítica, que ya dejaba claro que aquí había una autora con personalidad.

Gyllenhaal no dirige para agradar, dirige para remover.

Y eso, en un remake de un clásico intocable, tiene bastante mérito… o bastante peligro.

 

Y claro, en lugar de hacer un remake respetuoso, decide dinamitarlo todo.

 

Porque La novia no se parece prácticamente en nada a la original.

 

Es un remake en el sentido más libre posible: coge la idea, la retuerce, la exagera y la convierte en otra cosa.

 

La narración es desordenada, incluso anárquica por momentos, pero al mismo tiempo hay una construcción muy consciente detrás.

No es caos porque sí, es caos con intención.

 

La película tiene un aire de terror clásico, pero pasado por un filtro camp bastante evidente, con momentos que rozan lo excesivo… y otros que directamente se lanzan de cabeza.

 

Y ahí es donde entra Jessie Buckley, absolutamente desatada.

Su interpretación es salvaje, exagerada, intensa… y totalmente hipnótica.

Se come la pantalla sin pedir permiso.

 

Es una película disparatada, sí.

Pero también erudita, ambiciosa y, en muchos momentos, sorprendentemente cruel.

Hay una mirada incómoda, casi agresiva, que no busca gustar sino provocar.

Y eso, hoy en día, ya es casi un acto revolucionario.

 

Por eso resulta curioso leer a Carlos Boyero, que la ha despachado como una “gritona y prescindible adaptación”, con “música desesperante” y sin emoción alguna.

Pues mira, esta vez no.

Esta vez discrepo bastante.

Porque esa supuesta falta de orden, ese exceso, ese griterío… forman parte precisamente de su propuesta.

 

Igual el problema no es la película.

Igual es que hay quien sigue esperando que el cine nuevo se comporte como el de antes.

 

Y La novia no está aquí para comportarse bien.

Está aquí para liarla.

Y lo consigue.

 

Mi puntuación: 8,79/10.

 

 

 

Dirigido por Maggie Gyllenhaal:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Elegir mi vida – Partir un jour – 2025 – Amélie Bonnin – #YoVoyAlCine

3/04/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Volver al pueblo, reencontrarte con tu ex… y encima cantar: planazo

 

La directora Amélie Bonnin juega aquí claramente en la liga del cine francés más íntimo y cotidiano, ese que no necesita grandes fuegos artificiales para contar cosas importantes.

 

No estamos ante una autora con una filmografía muy conocida a nivel internacional, pero sí ante alguien que demuestra tener sensibilidad para retratar personajes en momentos de cambio vital.

 

En Elegir mi vida (Partir un jour) apuesta por una puesta en escena sencilla, sin alardes, muy centrada en los actores y en los pequeños gestos, dejando que la historia respire.

 

Su mirada es cercana, casi costumbrista, y se nota que le interesa más lo emocional que lo espectacular. Y eso, bien llevado, funciona.

 

Porque la película va justo de eso: de una vida que parecía encarrilada… hasta que deja de estarlo.

 

La protagonista, interpretada por Juliette Armanet, es una millennial que está viviendo ese sueño tan contemporáneo de abrir su propio restaurante tras haber pasado por un concurso tipo MasterChef francés.

Vamos, lo que antes era triunfar en la tele ahora es montar un negocio con identidad propia y plato estrella con nombre impronunciable.

 

Pero el enésimo infarto de su padre la obliga a volver al pueblo. Y ahí se activa el mecanismo de las películas que hablan de decisiones: antiguos novios, familia, recuerdos, rutinas olvidadas… y ese restaurante de comida casera que representa una vida que parecía superada pero que sigue ahí, esperando.

 

El regreso no es solo geográfico, es mental. Porque de pronto se ve atrapada entre dos fuerzas muy claras:
por un lado, el apego familiar, esa obligación moral de cuidar, de estar, de no fallar;
y por otro, su propia vida, su desarrollo personal, económico y social, lo que había empezado a construir lejos de todo eso.

 

Y claro, elegir no es tan fácil como parece cuando lo ves desde fuera.

 

El pueblo, además, la recibe como si fuera una estrella, simplemente por haber salido en televisión.

Ese punto tiene bastante retranca, porque refleja muy bien esa fama rápida que hoy te convierte en alguien… y mañana ya veremos.

 

La película está salpicada de intervenciones musicales interpretadas por los propios actores, sin obsesión por la perfección. Y eso le da un aire muy natural, muy orgánico.

A mí este tipo de mezcla entre historia cotidiana y música siempre me funciona.

Es inevitable acordarse de El otro lado de la cama, y claro, ahí ya me tienes ganado.

 

Y luego está Juliette Armanet, que sostiene todo con una interpretación que es puro equilibrio: emoción sin exceso, naturalidad sin artificio.

Muy creíble.

Muy de verdad.

De esas que hacen que la película funcione incluso cuando todo es aparentemente sencillo.

 

Porque sí, esta es una película sencilla. Pero también es divertida, emotiva y con bastante corazón.

De esas que no te cambian la vida… pero te hacen pensar en la tuya, que al final viene a ser lo mismo, pero sin tanto marketing.

 

Mi puntuación: 7,66/10.

 

 

 

Dirigido por Amélie Bonnin:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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