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Al Médico con Ramón – Cómo los números separan los hechos médicos de nuestras intuiciones y demuestran el valor de las vacunas

24/07/2026

 

 

 

 

 

 

Las matemáticas no opinan

 

Cómo los números separan los hechos médicos de nuestras intuiciones y demuestran el valor de las vacunas

 

Hay cuestiones sobre las que podemos discutir durante horas.

 

Podemos debatir si El padrino es mejor que El padrino. Parte II, si la tortilla de patatas debe llevar cebolla o si el vecino necesita realmente un taladro percutor los domingos a las ocho de la mañana.

 

Pero hay terrenos en los que la opinión tiene poco recorrido.

 

Dos más dos son cuatro.

 

Un número primo solo es divisible exactamente por uno y por sí mismo.

 

El número π expresa la relación entre la longitud de una circunferencia y su diámetro, aunque dibujemos la circunferencia en Madrid, en Marte o en un planeta situado al otro lado de la galaxia.

 

Si existiera una civilización extraterrestre inteligente, seguramente utilizaría símbolos diferentes. Tal vez no escribiría “2”, “4” o “π”. Pero, si desarrollara una matemática equivalente, descubriría las mismas relaciones.

 

Los símbolos son convenciones humanas.

 

Las relaciones matemáticas que representan no dependen de nuestras modas, nuestras ideologías ni nuestros gobiernos.

 

Esta universalidad ha alimentado durante siglos una pregunta filosófica fascinante: ¿inventamos las matemáticas o las descubrimos?

 

Los realistas matemáticos consideran que las entidades matemáticas existen independientemente de nosotros.

Otras corrientes entienden las matemáticas como sistemas formales creados a partir de axiomas, definiciones y reglas lógicas.

 

No hay una respuesta filosófica definitiva.

 

Lo que sí resulta difícil discutir es su extraordinaria capacidad para describir la realidad y servir de herramienta a las ciencias naturales.

La física, la química, la ingeniería, la informática, la epidemiología y buena parte de la medicina moderna serían impensables sin matemáticas.

 

Ahora bien, conviene introducir desde el principio un matiz importante.

 

Las matemáticas pueden ser exactas.

 

La medicina, no.

 

Una ecuación puede ser infalible dentro del sistema formal en el que ha sido construida. Un paciente, por desgracia, no suele haber leído el manual.

 

 

 

 

 

Matemáticas puras y ciencias experimentales

 

Las matemáticas son una ciencia formal.

 

Parten de axiomas, definiciones y reglas de inferencia.

Si aceptamos los axiomas y seguimos correctamente las reglas, una demostración matemática establece necesariamente su conclusión.

 

En medicina trabajamos de otra manera.

 

No partimos únicamente de axiomas.

Observamos personas, enfermedades, microorganismos, tratamientos y resultados.

Realizamos experimentos, recogemos datos y tratamos de distinguir qué parte de lo observado se debe a una intervención, qué parte al azar y qué parte a otros factores que no habíamos previsto.

 

La medicina es una ciencia empírica.

 

No suele proporcionar certezas absolutas del tipo:

“Este tratamiento funcionará siempre en todas las personas”.

 

Lo habitual es que formule conclusiones como:

“En una población de determinadas características, este tratamiento reduce la probabilidad de sufrir este desenlace en cierta proporción, con este margen de incertidumbre y durante este periodo”.

 

Parece menos rotundo.

 

También es mucho más honrado.

 

Las matemáticas no convierten la medicina en geometría.

No eliminan la variabilidad biológica, los errores de medición, los sesgos ni los factores desconocidos.

 

Lo que hacen es permitirnos medir la incertidumbre, detectar patrones y comprobar si una diferencia observada es compatible con un efecto real o puede explicarse razonablemente por el azar.

 

La medicina sin matemáticas sería una colección de anécdotas con bata blanca.

 

 

 

 

 

La experiencia personal no es una estadística

 

Nuestra mente funciona especialmente bien contando historias.

 

Recordamos al paciente que tomó un remedio y mejoró.

Al vecino que fumó hasta los noventa años.

Al niño que tuvo fiebre el día siguiente a vacunarse.

A la persona que pasó la COVID sin apenas síntomas y concluyó que todo aquello fue una exageración.

 

Estas experiencias pueden ser completamente ciertas.

 

Pero no permiten establecer una regla general.

 

Que una persona mejore después de tomar un producto no demuestra que haya mejorado gracias a él.

 

Podría haberse recuperado espontáneamente.

 

Podría haber recibido simultáneamente otro tratamiento.

 

Podría haber sido diagnosticada incorrectamente.

 

Podría haber experimentado una fluctuación natural de los síntomas.

 

También podría haber mejorado realmente gracias al producto.

 

Para distinguir unas posibilidades de otras necesitamos comparación.

 

Cuando afirmamos que una intervención funciona, estamos comparando dos escenarios:

 

  • lo que ocurre cuando se aplica;

  •  
  • lo que habría ocurrido sin aplicarla.

 

El segundo escenario presenta un inconveniente bastante molesto: no podemos observar simultáneamente ambos mundos en la misma persona.

 

No podemos vacunar y no vacunar al mismo individuo al mismo tiempo, exponerlo al mismo virus en las mismas condiciones y comprobar las dos consecuencias.

 

Por eso recurrimos a grupos de personas y a la estadística.

 

 

 

Cómo se construye una evidencia médica

 

De una sospecha a un ensayo clínico

 

Antes de administrar una vacuna de manera generalizada, debe atravesar varias etapas de investigación.

 

En la fase preclínica se estudia en el laboratorio y, cuando corresponde, en modelos animales.

 

Se analiza su capacidad para inducir una respuesta inmunitaria y se buscan problemas de toxicidad.

 

Los primeros estudios en humanos suelen centrarse principalmente en la seguridad, la tolerabilidad y la dosis.

 

En fases posteriores aumenta el número de participantes y se estudian más detalladamente la respuesta inmunitaria y los efectos adversos.

 

Finalmente, los ensayos de fase III comparan la vacuna con un placebo o con otra intervención en miles o decenas de miles de participantes.

Su objetivo es medir la eficacia y obtener una estimación más precisa de la seguridad.

 

Esta clasificación por fases es útil, aunque no siempre constituye una sucesión rígida.

Algunas fases pueden solaparse, especialmente durante una emergencia sanitaria, sin que ello implique eliminar los requisitos fundamentales de evaluación.

 

Lo importante no es que transcurran muchos años por obligación litúrgica.

Lo importante es que se respondan adecuadamente las preguntas sobre calidad, dosis, respuesta inmunitaria, eficacia y seguridad.

 

 

 

 

La aleatorización: dejar que decida el azar

 

En un ensayo clínico aleatorizado, los participantes se asignan al azar a los grupos que se comparan.

 

¿Por qué?

 

Porque las personas que deciden recibir un tratamiento pueden diferenciarse de quienes lo rechazan.

 

Pueden ser más jóvenes.

 

Más sanas.

 

Más cuidadosas.

 

Tener mejor acceso al sistema sanitario.

 

O, al contrario, pueden recibirlo precisamente porque presentan más enfermedades y mayor riesgo.

 

Si comparáramos directamente unos grupos con otros, podríamos atribuir al tratamiento diferencias que en realidad ya existían previamente.

 

La aleatorización intenta repartir los factores conocidos y desconocidos de manera equilibrada entre los grupos.

 

No garantiza que los grupos sean idénticos, especialmente si la muestra es pequeña.

Pero reduce considerablemente la posibilidad de que una diferencia sistemática explique los resultados.

 

 

 

El enmascaramiento

 

Cuando los participantes no saben qué intervención han recibido hablamos de enmascaramiento o cegamiento.

 

Cuando tampoco lo saben los profesionales que los atienden o valoran los resultados, se reduce todavía más el riesgo de que las expectativas influyan en la comunicación de síntomas, la atención prestada o la interpretación de los desenlaces.

 

No siempre es posible mantener un doble ciego perfecto.

 

Algunas intervenciones son fáciles de reconocer y ciertos efectos secundarios pueden hacer sospechar qué producto recibió cada participante.

 

Pero, cuando es viable, el enmascaramiento mejora la fiabilidad del estudio.

 

 

 

El placebo

 

El placebo no pretende engañar por deporte a los participantes.

 

Permite comparar la intervención con un grupo que recibe una experiencia aparentemente similar sin el componente activo estudiado.

 

Así se controlan mejor las expectativas, el seguimiento médico y otros factores que podrían influir en la percepción y comunicación de los síntomas.

 

Sin embargo, no siempre es ético utilizar un placebo.

 

Si existe una intervención eficaz que reduce claramente un riesgo grave, no sería aceptable privar de ella a un grupo únicamente para facilitar el experimento.

 

En esos casos se compara el nuevo tratamiento con el estándar disponible.

 

 

 

El tamaño muestral

 

Un ensayo con veinte participantes puede detectar un efecto gigantesco, pero tendrá dificultades para identificar diferencias moderadas o efectos adversos infrecuentes.

 

Antes de comenzar el estudio se calcula el tamaño muestral necesario según:

 

  • la frecuencia esperada del desenlace;

  •  
  • la magnitud del efecto que se quiere detectar;

  •  
  • el nivel de incertidumbre aceptado;

  •  
  • la potencia estadística deseada;

  •  
  • las pérdidas previsibles durante el seguimiento.

 

 

Si la muestra es insuficiente, el estudio puede no detectar un efecto que realmente existe.

 

Si es enorme, puede encontrar diferencias estadísticamente significativas pero clínicamente insignificantes.

 

El tamaño importa, pero no sustituye al buen diseño.

 

Un estudio gigantesco y sesgado sigue siendo un estudio gigantesco y sesgado. Solo produce el error con más decimales.

 

 

 

 

Publicar bien también importa

 

Las directrices CONSORT establecen criterios para comunicar de manera transparente los ensayos aleatorizados: cómo se seleccionó a los participantes, cómo se realizó la aleatorización, cuántos abandonaron el estudio, qué desenlaces se midieron y qué resultados y daños se observaron.

La actualización CONSORT 2025 mantiene ese objetivo de hacer que los ensayos puedan evaluarse e interpretarse críticamente.

 

Un estudio mal comunicado puede ocultar problemas fundamentales.

 

No basta con que los investigadores digan que hicieron un ensayo excelente. Hay que poder comprobarlo.

 

 

 

Los números fundamentales

 

Riesgo absoluto

 

El riesgo absoluto es la probabilidad de que ocurra un desenlace en un grupo durante un periodo concreto.

 

Supongamos que 100 de cada 10.000 personas no vacunadas desarrollan una enfermedad.

 

El riesgo absoluto sería del 1%.

 

Si entre 10.000 vacunados aparecen 20 casos, el riesgo en ese grupo sería del 0,2%.

 

 

 

Riesgo relativo

 

El riesgo relativo compara ambos riesgos.

 

En nuestro ejemplo:

 

0,2% dividido entre 1% equivale a 0,2.

 

Eso significa que el riesgo del grupo vacunado es una quinta parte del observado en el no vacunado.

 

 

 

Reducción relativa del riesgo

 

La reducción relativa sería del 80%.

 

Es una cifra llamativa y útil, pero no cuenta toda la historia.

 

 

 

Reducción absoluta del riesgo

 

La reducción absoluta sería:

1% menos 0,2% = 0,8 puntos porcentuales.

 

La reducción relativa informa sobre la proporción en que cambia el riesgo.

 

La absoluta informa sobre cuántos acontecimientos se evitan realmente en esa población concreta.

 

Ambas son necesarias.

 

Presentar solo la reducción relativa puede exagerar la impresión de beneficio cuando el riesgo inicial es muy bajo.

 

Presentar únicamente la reducción absoluta puede minimizar una intervención muy eficaz en un periodo en el que la enfermedad circula poco.

 

El glosario de medicina basada en la evidencia de BMJ distingue expresamente riesgo absoluto, reducción absoluta, riesgo relativo y número necesario para tratar, y recuerda que las medidas absolutas dependen del riesgo basal de la población.

 

BMJ son las siglas de British Medical Journal, una de las revistas médicas científicas más prestigiosas y veteranas del mundo. La publica en Reino Unido el BMJ Group.

 

Actualmente, la revista se llama oficialmente The BMJ. Publica estudios, revisiones y contenidos sobre medicina basada en la evidencia, salud pública y práctica clínica.

 

Significa que un mismo tratamiento puede parecer muy eficaz si se expresa con cifras relativas, pero bastante más modesto cuando se dan los números absolutos.

 

Por ejemplo, si una enfermedad aparece en 2 de cada 1.000 personas sin tratamiento y en 1 de cada 1.000 con tratamiento:

 

  • Riesgo absoluto sin tratamiento: 2 de cada 1.000.
  •  
  • Riesgo absoluto con tratamiento: 1 de cada 1.000.
  •  
  • Reducción absoluta del riesgo: 1 caso menos por cada 1.000 personas.
  •  
  • Reducción relativa del riesgo: 50 %, porque el riesgo se reduce a la mitad.
  •  
  • Número necesario para tratar (NNT): 1.000. Hay que tratar a 1.000 personas para evitar un caso.
  •  

Por eso importa el riesgo basal, es decir, la probabilidad inicial de sufrir la enfermedad. Una reducción relativa del 50 % puede ser muy relevante en una población de alto riesgo y aportar un beneficio muy pequeño en otra de bajo riesgo.

 

En resumen: el porcentaje relativo impresiona; la cifra absoluta explica lo que realmente ocurre.

 

 

 

 

 

Número necesario a vacunar

 

El número necesario a vacunar es el inverso de la reducción absoluta del riesgo.

 

En el ejemplo anterior:

1 dividido entre 0,008 = 125.

 

Habría que vacunar aproximadamente a 125 personas para evitar un caso durante el periodo estudiado.

 

Este número no es una propiedad fija de la vacuna.

 

Puede variar según:

 

  • la intensidad de la transmisión;

  •  
  • la duración del seguimiento;

  •  
  • la edad;

  •  
  • las enfermedades previas;

  •  
  • la inmunidad anterior;

  •  
  • la variante circulante;

  •  
  • el desenlace analizado.

 

El número necesario para evitar una infección leve será diferente del necesario para evitar una hospitalización o una muerte.

 

Tampoco significa que solo una de esas 125 personas “haya recibido beneficio” y las demás hayan sido vacunadas inútilmente.

Varias pueden haber reducido su riesgo sin que podamos saber cuál habría enfermado en el mundo alternativo sin vacuna.

 

 

 

Significación estadística y relevancia clínica

 

La significación estadística intenta valorar si una diferencia observada resulta difícil de explicar únicamente por el azar bajo una determinada hipótesis.

 

Pero una diferencia estadísticamente significativa no tiene por qué ser importante.

 

Imaginemos un medicamento que reduce la duración media de un catarro de siete días a seis días y veintitrés horas.

 

Con millones de participantes, la diferencia podría ser estadísticamente significativa.

 

Desde el punto de vista clínico, sería bastante menos emocionante que descubrir un yogur olvidado en la nevera.

 

Por eso debemos valorar:

 

  • el tamaño del efecto;

  •  
  • la precisión de la estimación;

  •  
  • la gravedad del desenlace;

  •  
  • los posibles daños;

  •  
  • la calidad de la evidencia;

  •  
  • la importancia para el paciente.

 

 

 

Intervalos de confianza

 

Una estimación obtenida en un estudio cambiaría ligeramente si repitiéramos la investigación con otras personas.

 

El intervalo de confianza expresa la incertidumbre alrededor de esa estimación.

 

Un intervalo estrecho indica mayor precisión.

 

Uno amplio significa que los datos son compatibles con resultados bastante diferentes.

 

Si afirmamos que una vacuna reduce el riesgo un 70%, pero el intervalo es compatible con una reducción situada entre el 10% y el 90%, sabemos bastante menos que si el intervalo se encuentra entre el 67% y el 73%.

 

Los intervalos no eliminan la incertidumbre.

 

La muestran.

 

Eso es una virtud, aunque comercialmente quede menos vistoso que prometer certeza cósmica.

 

 

 

De un estudio a una conclusión fiable

 

Revisiones sistemáticas

 

Una revisión sistemática intenta localizar todos los estudios relevantes que respondan a una pregunta definida.

 

Debe explicar:

 

  • dónde se buscó;

  •  
  • qué criterios se utilizaron;

  •  
  • qué estudios se incluyeron;

  •  
  • cómo se evaluó su calidad;

  •  
  • cómo se combinaron los resultados.

 

 

Su fortaleza no consiste simplemente en acumular artículos.

 

Consiste en reducir la selección interesada.

 

Porque siempre es posible encontrar un estudio aislado que apoye casi cualquier afirmación, especialmente si uno busca con suficiente entusiasmo y muy poca vergüenza metodológica.

 

 

 

 

Metaanálisis

 

Un metaanálisis es un estudio que reúne y analiza estadísticamente los resultados de varias investigaciones sobre una misma pregunta.

 

Por ejemplo, si diez ensayos estudian si un medicamento reduce los infartos, el metaanálisis combina sus datos para obtener una conclusión global más sólida que la de cada ensayo por separado.

 

Cuando los estudios son suficientemente comparables, un metaanálisis puede combinar matemáticamente sus resultados.

 

Esto aumenta la precisión y permite explorar por qué aparecen diferencias entre investigaciones.

 

Eso sí: juntar muchos estudios no convierte automáticamente el resultado en bueno.

 

Si los estudios incluidos son pequeños, están mal diseñados o son muy diferentes entre sí, el metaanálisis también será poco fiable.

 

En medicina se resume con una expresión bastante gráfica: si metes basura, obtienes basura.

 

 

 

Sesgo de publicación

 

Los estudios que obtienen resultados positivos o llamativos tienen más posibilidades de publicarse que aquellos que no encuentran diferencias.

 

Esto puede dar una imagen exagerada del beneficio de una intervención.

 

Por eso es importante registrar previamente los ensayos y sus desenlaces.

 

Si un investigador mide veinte resultados y publica únicamente los dos favorables, el lector puede creer que la intervención acertó de pleno cuando quizá solo ganó la lotería estadística.

 

 

 

GRADE: no toda evidencia pesa lo mismo

 

El sistema GRADE ofrece un marco transparente para valorar la certeza de la evidencia y la fuerza de las recomendaciones.

Considera aspectos como:

  • riesgo de sesgo;

  • inconsistencia;

  • imprecisión;

  • falta de aplicabilidad directa;

  • posible sesgo de publicación.

 

La evidencia puede clasificarse como de certeza alta, moderada, baja o muy baja.

Además, una recomendación no depende exclusivamente de la eficacia: también incorpora daños, valores de los pacientes, recursos, equidad y viabilidad.

 

Por eso afirmar que “existe un estudio” aporta poca información.

 

La pregunta correcta es:

 

¿Qué diseño tiene?

 

¿Qué calidad?

 

¿Con cuántas personas?

 

¿Mide desenlaces relevantes?

 

¿Coincide con el resto de la evidencia?

 

 

 

Las vacunas no son un dogma

 

Una vacuna no es buena simplemente porque se llame vacuna.

 

Debe evaluarse como cualquier otra intervención médica.

 

Necesitamos saber:

  • qué enfermedad pretende prevenir;

  • con qué eficacia;

  • frente a qué desenlace;

  • durante cuánto tiempo;

  • en qué población;

  • qué reacciones adversas produce;

  • con qué frecuencia;

  • cuál es el riesgo de la enfermedad;

  • qué alternativas existen.

 

Una vacuna puede ofrecer un beneficio enorme en niños pequeños, personas mayores o pacientes inmunodeprimidos y un beneficio absoluto mucho menor en otros grupos.

 

Una recomendación puede ser razonable durante una epidemia intensa y modificarse cuando cambian la transmisión, la inmunidad colectiva o las variantes.

 

Esto no convierte la vacunación en una opinión.

 

La convierte en medicina.

 

 

 

 

Cómo funciona una vacuna

 

El sistema inmunitario reconoce componentes extraños, activa células especializadas y genera anticuerpos y memoria inmunológica.

 

Las vacunas presentan un antígeno, una parte del microorganismo, una versión atenuada o inactivada, o las instrucciones para producir temporalmente una proteína antigénica.

 

El objetivo es preparar la respuesta inmunitaria sin obligar a la persona a sufrir previamente todos los riesgos de la infección natural.

 

Existen vacunas:

  • vivas atenuadas;

  • inactivadas;

  • de subunidades proteicas;

  • polisacáridas;

  • conjugadas;

  • de toxoides;

  • de vectores virales;

  • de ARN mensajero.

 

No funcionan todas de la misma manera ni ofrecen idéntica protección.

 

Algunas producen una inmunidad duradera.

 

Otras necesitan refuerzos.

 

Algunas son muy eficaces evitando la infección.

 

Otras protegen fundamentalmente frente a las complicaciones graves.

 

Una vacuna que reduce hospitalizaciones y muertes puede ser valiosa aunque no impida todos los contagios.

 

Los cinturones de seguridad tampoco evitan todos los accidentes.

Por suerte, todavía no se ha creado una asociación que proponga retirarlos porque alguien murió llevándolo puesto.

 

 

 

 

La historia de las vacunas: enfermedades que dejaron de ser paisaje cotidiano

 

La viruela: una enfermedad eliminada del planeta

 

Durante siglos, la viruela provocó epidemias devastadoras, muertes, ceguera y cicatrices permanentes.

 

En 1796, Edward Jenner utilizó material procedente de una lesión de viruela vacuna para inmunizar al niño James Phipps, basándose en la observación de que quienes habían padecido viruela vacuna (de vacas) parecían estar protegidos frente a la viruela humana.

 

El procedimiento de Jenner no cumpliría los estándares éticos y metodológicos actuales, pero abrió el camino de la vacunación moderna.

 

Tras campañas internacionales de vigilancia, vacunación y búsqueda activa de casos, la Organización Mundial de la Salud declaró erradicada la viruela en 1980.

 

Es la única enfermedad humana que ha sido erradicada mundialmente mediante una intervención sanitaria deliberada.

 

La erradicación no puede explicarse únicamente por la higiene, la alimentación o el desarrollo económico.

 

La viruela desapareció también de regiones pobres porque se interrumpió su transmisión mediante vacunación y vigilancia epidemiológica.

 

 

 

 

Poliomielitis: de las salas de pulmón de acero a la casi erradicación

 

La poliomielitis puede producir parálisis irreversible y afectar a los músculos respiratorios.

 

Durante el siglo XX, sus epidemias generaron un enorme temor en numerosos países.

 

La introducción de las vacunas desarrolladas por Jonas Salk y Albert Sabin cambió radicalmente su epidemiología.

 

La vacuna inactivada de Salk se administra mediante inyección.

 

La vacuna oral de Sabin, compuesta por virus atenuados, permitió campañas masivas y contribuyó enormemente a reducir la transmisión.

 

La poliomielitis salvaje ha sido eliminada de la mayor parte del mundo, aunque la erradicación completa todavía no se ha logrado.

 

Su historia también enseña que ninguna intervención está libre de complejidades.

 

La vacuna oral puede, de manera muy infrecuente, originar poliovirus derivados de la vacuna en poblaciones con coberturas insuficientes.

 

Eso no demuestra que la estrategia fuera inútil.

 

Demuestra que las políticas deben adaptarse al momento epidemiológico y al tipo de vacuna disponible.

 

 

 

 

Sarampión: mucho más que unos granitos

 

El sarampión es una de las enfermedades más contagiosas conocidas.

 

Puede provocar neumonía, encefalitis, secuelas neurológicas y muerte.

 

Una sola dosis de vacuna genera respuesta inmunitaria en aproximadamente el 95% de los receptores; una segunda dosis ofrece otra oportunidad de inmunización a quienes no respondieron inicialmente.

 

La vacunación frente al sarampión ha sido la intervención individual que más ha contribuido al impacto global del Programa Ampliado de Inmunización.

 

El estudio publicado en The Lancet en 2024 estimó que la vacunación contra el sarampión evitó alrededor de 93,7 millones de muertes entre 1974 y 2024, más del 60% de todas las vidas atribuidas a las vacunas analizadas.

 

Cuando disminuye la cobertura, el sarampión reaparece.

 

No porque el virus tenga nostalgia, sino porque encuentra nuevamente suficientes personas susceptibles.

 

 

 

Difteria, tétanos y tosferina

 

La difteria puede producir una pseudomembrana en la garganta, obstrucción respiratoria, miocarditis y afectación neurológica.

 

La vacuna no actúa directamente contra la bacteria, sino contra su toxina mediante un toxoide inactivado.

 

El tétanos también se previene mediante un toxoide.

 

A diferencia del sarampión, el tétanos no se transmite de persona a persona.

Sus esporas se encuentran en el ambiente.

Por eso la protección colectiva no puede eliminar el riesgo individual: cada persona necesita su propia inmunización.

 

La tosferina puede resultar especialmente grave en lactantes.

Las vacunas actuales no eliminan completamente la circulación de la bacteria y la protección disminuye con el tiempo, pero reducen la enfermedad y sus complicaciones.

 

Estas diferencias recuerdan que hablar de “las vacunas” como si fueran un producto único tiene tanto sentido como discutir sobre “los medicamentos” en bloque.

 

 

 

 

Haemophilus influenzae tipo b

 

Antes de la vacuna conjugada, Haemophilus influenzae tipo b era una causa importante de meningitis bacteriana, epiglotitis y sepsis infantil.

 

Las vacunas polisacáridas iniciales eran poco eficaces en lactantes.

 

La conjugación del polisacárido con una proteína transformó la respuesta inmunitaria y permitió proteger a los niños pequeños.

 

Es un ejemplo magnífico de cómo inmunología, química y epidemiología pueden resolver un problema que parecía difícil de superar.

 

 

 

Hepatitis B: una vacuna contra el cáncer

 

La infección crónica por el virus de la hepatitis B puede provocar cirrosis y carcinoma hepatocelular.

 

La vacunación neonatal reduce la transmisión de madre a hijo, que presenta un alto riesgo de convertirse en infección crónica.

 

Por este motivo, la vacuna frente a la hepatitis B suele describirse como la primera vacuna contra un cáncer humano: al prevenir una infección oncogénica, disminuye el riesgo posterior de cáncer hepático.

 

 

 

Virus del papiloma humano: prevenir antes de que aparezca el tumor

 

La infección persistente por determinados tipos de virus del papiloma humano es la causa necesaria de la gran mayoría de los cánceres de cuello uterino y participa también en otros cánceres anogenitales y orofaríngeos.

 

Las vacunas contra el VPH se administran preferentemente antes del inicio de la exposición al virus.

 

Los ensayos demostraron una alta eficacia frente a infecciones persistentes y lesiones precancerosas causadas por los tipos incluidos en las vacunas en personas no infectadas previamente.

 

El efecto máximo sobre la mortalidad por cáncer necesita décadas para observarse, porque transcurre mucho tiempo entre la infección y el desarrollo tumoral.

 

Eso no es una excusa para desconfiar.

 

Es la historia natural de la enfermedad.

 

 

 

 

¿Cuántas vidas han salvado las vacunas?

 

En 2024, un amplio trabajo publicado en The Lancet modelizó el impacto de cincuenta años del Programa Ampliado de Inmunización.

 

Incluyó catorce enfermedades, 194 países y territorios y el periodo comprendido entre 1974 y 2024.

 

La estimación central fue de aproximadamente 154 millones de muertes evitadas.

 

Unos 146 millones correspondían a menores de cinco años.

 

Los programas de vacunación habrían contribuido cerca del 40% de la reducción observada en la mortalidad infantil mundial durante ese periodo.

 

El estudio estimó además miles de millones de años de vida saludable ganados.

 

Son cifras enormes.

 

Precisamente por eso debemos explicar cómo se calculan.

 

 

 

Una vida salvada no lleva una etiqueta

 

Cuando una persona vacunada no muere, no aparece sobre su cabeza un cartel que diga:

“Esta muerte ha sido evitada por la dosis administrada el martes”.

 

Los investigadores construyen un escenario contrafactual.

 

Un escenario contrafactual es una situación imaginaria que plantea qué habría ocurrido si las cosas hubieran sido diferentes.

 

En medicina, por ejemplo: un paciente toma una vacuna y no enferma. El escenario contrafactual sería preguntarnos: ¿qué habría pasado con ese mismo paciente si no se hubiera vacunado?

 

Como no podemos observar simultáneamente ambas situaciones en la misma persona, se comparan grupos similares: unos reciben la intervención y otros no.

 

Dicho de manera sencilla: es el escenario del «qué habría pasado si…».

 

Calculan qué habría ocurrido probablemente si las coberturas vacunales hubieran sido diferentes o si las vacunas no se hubieran introducido.

 

Para ello utilizan:

  • incidencia histórica;

  • mortalidad;

  • eficacia vacunal;

  • coberturas;

  • estructura de edad;

  • dinámica de transmisión;

  • evolución demográfica;

  • inmunidad;

  • tendencias sanitarias.

  •  

Después comparan el escenario simulado sin vacunación con los acontecimientos observados.

 

El resultado no es un recuento exacto.

 

Es una estimación con márgenes de incertidumbre.

 

Pero que exista incertidumbre no significa que no sepamos nada.

 

No podemos precisar cuántos granos de arena contiene una playa, pero eso no permite sostener seriamente que solo hay diecisiete.

 

 

 

El agua potable y las vacunas

 

Se repite con frecuencia que las vacunas son la intervención sanitaria que más vidas ha salvado después del agua potable.

 

La frase tiene fuerza divulgativa, pero conviene tratarla con cautela.

 

No existe una clasificación universal que permita ordenar con exactitud agua potable, saneamiento, antibióticos, vacunas, nutrición, atención obstétrica y mejoras socioeconómicas.

 

Sus efectos se solapan y dependen del periodo y del lugar analizados.

 

No es necesario fabricar un podio.

 

La evidencia permite afirmar que el agua segura, el saneamiento y la vacunación se encuentran entre las intervenciones de salud pública más importantes de la historia.

 

Con 154 millones de muertes evitadas estimadas en medio siglo, las vacunas no necesitan que les regalemos una medalla retórica.

 

 

 

 

COVID-19: ciencia en directo y bajo una lupa gigantesca

 

La pandemia de COVID-19 reunió prácticamente todas las dificultades posibles:

  • un virus nuevo;

  • escasa inmunidad inicial;

  • transmisión respiratoria;

  • enorme movilidad internacional;

  • sistemas sanitarios saturados;

  • variantes sucesivas;

  • inmunidad cambiante;

  • información científica producida a gran velocidad;

  • desinformación circulando todavía más deprisa.

 

La población pudo contemplar el proceso científico casi en directo.

 

Eso tuvo ventajas.

 

También permitió ver sus costuras.

 

Los resultados preliminares, los debates entre expertos y las modificaciones de recomendaciones, que normalmente se desarrollan durante años en círculos especializados, aparecían cada mañana en televisión.

 

Muchas personas interpretaron los cambios como prueba de incompetencia o engaño.

 

Pero modificar una conclusión cuando cambian los datos no es una traición al método científico.

 

Es el método científico.

 

 

 

Los ensayos iniciales

 

El ensayo pivotal de la vacuna BNT162b2 de Pfizer y BioNTech aleatorizó a 43.548 participantes.

 

En el análisis principal se produjeron 8 casos de COVID-19 en el grupo vacunado y 162 en el grupo placebo a partir de siete días después de la segunda dosis.

 

La eficacia estimada frente a la COVID sintomática fue del 95%, con un intervalo creíble del 90,3% al 97,6%.

 

El ensayo de la vacuna mRNA-1273 de Moderna, con más de 30.000 participantes, estimó una eficacia del 94,1% frente a la enfermedad sintomática durante el periodo inicial de observación.

 

Estos resultados no demostraban que:

  • la protección fuera permanente;

  • se evitaran todas las infecciones;

  • la transmisión desapareciera;

  • las futuras variantes fueran igualmente sensibles;

  • no pudiera existir ningún efecto adverso muy raro.

  •  

Demostraban algo concreto:

En aquellas condiciones, durante aquel periodo y frente a las variantes circulantes, los vacunados desarrollaron mucha menos COVID sintomática que los participantes que recibieron placebo.

 

La ampliación del seguimiento de BNT162b2 mostró una eficacia aproximada del 91,3% hasta seis meses, con un descenso gradual.

 

La ciencia no cambió retroactivamente el resultado inicial.

 

Amplió el periodo observado.

 

 

 

De la cepa original a alfa y delta

 

Las vacunas iniciales se diseñaron frente al virus identificado en 2020.

 

La variante alfa mostró mayor transmisibilidad, pero las vacunas mantuvieron una protección sustancial.

 

Con delta se observó cierta reducción, especialmente después de una sola dosis.

Tras dos dosis, la efectividad frente a enfermedad sintomática continuó siendo elevada, aunque algo inferior a la observada frente a alfa.

 

Los estudios del mundo real mostraron además que la protección frente a la infección disminuía con el tiempo, mientras que la protección frente a hospitalización y muerte era más duradera.

 

 

 

 

Ómicron cambió nuevamente el escenario

 

Ómicron acumulaba numerosas mutaciones y presentaba un escape inmunitario considerable.

 

Las dos dosis originales ofrecieron una protección mucho menor frente a la enfermedad sintomática por ómicron que frente a delta.

 

Una dosis de refuerzo recuperaba parte de esa protección, aunque también disminuía con el tiempo.

 

Sin embargo, la protección frente a hospitalización y muerte siguió siendo mayor que la protección frente a la infección leve, especialmente tras dosis de refuerzo y entre personas con inmunidad híbrida por vacunación e infección previa.

 

Esto explica buena parte de la confusión pública.

 

Al principio se comunicaron cifras de eficacia muy elevadas frente a enfermedad sintomática.

 

Después aparecieron variantes capaces de infectar a muchas personas vacunadas.

 

Algunos interpretaron que las vacunas habían dejado de funcionar.

 

Pero el desenlace había cambiado.

 

Una vacuna puede mostrar:

  • escasa protección frente a cualquier infección;

  • protección moderada frente a síntomas;

  • protección mayor frente a hospitalización;

  • protección todavía importante frente a muerte.

  •  

No hay una única cifra llamada “eficacia de la vacuna”.

 

Hay una eficacia para cada desenlace, variante, población y momento.

 

 

 

La inmunidad disminuye

 

La respuesta inmunitaria no permanece necesariamente constante.

 

Los niveles de anticuerpos descienden con el tiempo.

 

Eso no implica que desaparezca toda la memoria inmunitaria, pero puede facilitar las infecciones, especialmente en mucosas respiratorias.

 

Además, el envejecimiento y la inmunosupresión reducen la intensidad y duración de la respuesta.

 

Por eso las dosis de refuerzo pueden ofrecer un beneficio considerable en personas mayores y vulnerables y uno absoluto mucho menor en jóvenes sanos con inmunidad previa.

 

Una política racional no debe limitarse a preguntar si un refuerzo aumenta los anticuerpos.

 

Debe preguntar cuánto reduce hospitalizaciones y muertes en cada grupo y durante cuánto tiempo.

 

 

 

¿Cuántas vidas salvaron las vacunas frente a la COVID?

 

Un estudio publicado en The Lancet Infectious Diseases estimó el impacto de la vacunación durante su primer año.

 

Utilizando las muertes oficiales notificadas, calculó unos 14,4 millones de fallecimientos evitados.

 

Al utilizar el exceso de mortalidad como indicador, la estimación ascendió a 19,8 millones.

 

Estas cifras proceden de modelos matemáticos, no de observaciones directas.

 

Los modelos incorporaron:

  • coberturas vacunales;

  • eficacia frente a infección y muerte;

  • transmisión;

  • variantes;

  • mortalidad;

  • inmunidad;

  • estructura demográfica.

 

El exceso de mortalidad intenta comparar el número total de muertes observado con el que habría sido esperable sin la pandemia.

 

Tiene la ventaja de incluir muertes no diagnosticadas y efectos indirectos.

 

También puede incorporar fallecimientos derivados de interrupciones asistenciales, crisis económicas, retrasos diagnósticos u otros factores.

 

Por eso no equivale exactamente a “muertes causadas directamente por el virus”.

 

Los modelos deben interpretarse, no venerarse.

 

Pero descartarlos por contener supuestos sería absurdo.

Todos los análisis sobre acontecimientos que no pueden observarse directamente necesitan supuestos.

 

En la Región Europea de la OMS, una investigación publicada en The Lancet Respiratory Medicine estimó que la vacunación redujo al menos un 59% las muertes relacionadas con COVID entre diciembre de 2020 y marzo de 2023 y evitó alrededor de 1,6 millones de fallecimientos, principalmente entre mayores de sesenta años.

 

 

 

 

Farmacovigilancia: la investigación no termina con la autorización

 

Los ensayos clínicos pueden incluir decenas de miles de personas.

 

Eso permite detectar efectos adversos relativamente frecuentes.

 

Pero si un problema aparece una vez por cada cien mil o un millón de dosis, es posible que no se observe durante el ensayo.

 

Después de la autorización comienza una etapa imprescindible:

 

La vigilancia en millones de personas.

 

 

 

 

Acontecimiento adverso no significa reacción adversa

 

Un acontecimiento adverso posterior a la vacunación es cualquier problema de salud que ocurre después de recibirla.

 

Puede estar causado por la vacuna.

 

Puede coincidir temporalmente.

 

Puede relacionarse con una enfermedad previa.

 

Puede deberse a un error de administración.

 

Puede incluso ser consecuencia de la ansiedad asociada al procedimiento.

 

Una reacción adversa implica que existe al menos una sospecha razonable de relación causal con el producto.

 

La diferencia parece semántica, pero es fundamental.

 

Si una persona sufre un infarto dos días después de vacunarse, el acontecimiento debe estudiarse.

 

Pero la secuencia temporal no demuestra causalidad.

 

Cuando vacunamos a millones de personas, inevitablemente se producirán infartos, ictus, abortos, diagnósticos de cáncer y fallecimientos durante los días siguientes.

 

Habrían ocurrido algunos de ellos aunque se hubiera administrado agua con azúcar.

 

La pregunta no es:

“¿Ocurrió después?”

 

La pregunta es:

“¿Ocurrió con mayor frecuencia de la esperada?”

 

 

 

Vigilancia pasiva

 

Los sistemas de notificación espontánea permiten que profesionales, fabricantes o ciudadanos comuniquen sospechas de acontecimientos adversos.

 

Son muy útiles como sistema de alerta temprana.

 

Pueden detectar agrupaciones inesperadas de síntomas.

 

Pero tienen limitaciones:

  • infranotificación;

  • notificación estimulada por noticias;

  • información incompleta;

  • duplicados;

  • ausencia de un grupo comparador;

  • imposibilidad de calcular directamente la incidencia;

  • falta de confirmación causal.

 

El sistema estadounidense VAERS (**), por ejemplo, acepta informes independientemente de que se considere probable que la vacuna causara el problema.

Sus registros son sospechas que deben investigarse, no una lista de daños demostrados.

 

Sumar todas las notificaciones y presentarlas como muertes causadas por las vacunas es metodológicamente indefendible.

 

Sería como sumar todas las llamadas recibidas por un hospital y concluir que todas terminaron en diagnóstico confirmado.

 

**VAERS significa Vaccine Adverse Event Reporting System, que puede traducirse como Sistema de Notificación de Acontecimientos Adversos relacionados temporalmente con las Vacunas.

Es el sistema estadounidense de vigilancia gestionado conjuntamente por los CDC y la FDA. Recoge notificaciones de problemas médicos ocurridos después de una vacunación.

La precisión importante: que un caso aparezca en VAERS no demuestra que la vacuna lo haya causado. El sistema sirve para detectar posibles señales de seguridad que luego deben estudiarse mediante investigaciones más rigurosas. Registra coincidencias temporales; no establece por sí solo causalidad.

 

 

 

Vigilancia activa

 

La vigilancia activa utiliza historias clínicas, bases de datos sanitarias y poblaciones definidas para comparar la frecuencia de determinados acontecimientos entre vacunados y no vacunados o entre distintos periodos.

 

El Vaccine Safety Datalink estadounidense vincula información de grandes organizaciones sanitarias y permite estudiar acontecimientos raros y graves en poblaciones con denominadores conocidos.

 

Aquí sí podemos calcular tasas.

 

Podemos comparar, por ejemplo:

  • casos por cada cien mil vacunados;

  • casos esperados según la incidencia histórica;

  • diferencias por edad;

  • diferencias por sexo;

  • diferencias según la dosis;

  • intervalos temporales de riesgo.

 

 

Una señal no es una sentencia

 

Cuando aparece una frecuencia inesperada de un acontecimiento hablamos de una señal de seguridad.

 

La señal debe evaluarse.

 

Se revisa:

  • la secuencia temporal;

  • la plausibilidad biológica;

  • la existencia de explicaciones alternativas;

  • la relación con la dosis;

  • la consistencia entre países;

  • el exceso sobre la frecuencia basal;

  • la calidad diagnóstica;

  • los resultados de estudios controlados.

  •  

La OMS dispone de procedimientos específicos para la evaluación causal de acontecimientos adversos posteriores a la inmunización.

 

Una señal puede confirmarse.

 

Puede descartarse.

 

O puede permanecer incierta.

 

La incertidumbre no debe ocultarse, pero tampoco rellenarse con imaginación.

 

 

 

Los principales riesgos identificados con las vacunas contra la COVID

 

Miocarditis y pericarditis

 

Las vacunas de ARN mensajero se asociaron a casos muy infrecuentes de miocarditis y pericarditis.

 

El riesgo fue mayor:

  • en varones jóvenes;

  • después de la segunda dosis;

  • durante los días inmediatamente posteriores;

  • con algunas diferencias según el producto y el intervalo entre dosis.

 

 

La Agencia Europea de Medicamentos incorporó la miocarditis y la pericarditis como efectos adversos muy raros de Comirnaty y Spikevax, observados con mayor frecuencia en varones jóvenes y habitualmente dentro de los catorce días posteriores.

 

Reconocer este riesgo no invalida las vacunas.

 

Obliga a calcular el balance beneficio-riesgo por edad y sexo, ajustar dosis e intervalos y vigilar cuidadosamente.

 

También hay que comparar el riesgo posvacunal con las complicaciones cardiacas asociadas a la infección por SARS-CoV-2.

 

No vale comparar la vacuna con un universo en el que el virus no existe.

 

 

 

Trombosis con trombocitopenia

 

Las vacunas de vectores adenovirales de AstraZeneca y Janssen se asociaron a un síndrome muy raro de trombosis en localizaciones inusuales acompañado de plaquetas bajas.

 

La señal fue detectada tras la administración masiva.

 

Las autoridades modificaron las recomendaciones, limitaron el uso en determinados grupos y actualizaron la información del producto.

 

Este episodio demuestra dos cosas simultáneamente:

Las vacunas pueden producir efectos adversos graves muy raros.

Y los sistemas de farmacovigilancia pueden detectarlos y actuar.

 

La ciencia no gana credibilidad fingiendo que no existen riesgos.

 

La gana encontrándolos.

 

 

 

Beneficio y riesgo no son iguales para todos

 

Imaginemos una vacuna que causa un efecto adverso grave en una de cada cien mil dosis.

 

En una persona de ochenta años, durante una ola con elevada mortalidad, el beneficio de evitar hospitalización o muerte puede superar ampliamente ese riesgo.

 

En un adolescente sano, con inmunidad previa y una incidencia baja, el beneficio absoluto puede ser mucho menor.

 

Eso no significa necesariamente que la vacuna sea peligrosa para el adolescente.

 

Significa que el balance puede ser más estrecho.

 

Las recomendaciones deben tener en cuenta:

  • edad;

  • sexo;

  • comorbilidad;

  • infección previa;

  • circulación del virus;

  • tipo de vacuna;

  • dosis anteriores;

  • desenlace que se desea prevenir.

  •  

La medicina personalizada no consiste únicamente en secuenciar genes.

 

También consiste en no tratar a toda la población como si fueran clones estadísticos.

 

 

Cómo se manipulan las estadísticas

 

Utilizar porcentajes sin denominadores

 

“Los casos aumentaron un 100%”.

 

Puede significar que pasaron de uno a dos.

 

El porcentaje es correcto.

 

La impresión que produce puede ser completamente engañosa.

 

 

 

Mostrar solo el riesgo relativo

 

Decir que una intervención reduce un riesgo a la mitad suena espectacular.

 

Pero si el riesgo pasa de dos por millón a uno por millón, la reducción absoluta es de un caso por millón.

 

Puede seguir siendo relevante, pero el lector necesita ambos datos.

 

 

 

Comparar grupos de edades diferentes

 

Durante la vacunación masiva contra la COVID, las personas mayores presentaban coberturas mucho más elevadas y, al mismo tiempo, un riesgo basal de muerte muchísimo mayor.

 

Podía haber más fallecidos vacunados en números absolutos simplemente porque casi todos los ancianos estaban vacunados.

 

Para evaluar la eficacia había que comparar tasas dentro de grupos similares de edad, no sumar personas como quien cuenta garbanzos.

 

 

 

Ignorar el tiempo transcurrido

 

Comparar a personas recién vacunadas con otras cuya última dosis fue administrada un año antes mezcla situaciones diferentes.

 

También es necesario considerar el periodo inmediatamente posterior a la vacunación, cuando todavía no se ha desarrollado plenamente la respuesta inmunitaria.

 

 

Elegir el periodo que conviene

 

Si seleccionamos cuidadosamente el día inicial y el final de una gráfica, podemos fabricar tendencias muy convincentes.

 

La estadística permite analizar datos.

 

El ilusionismo estadístico permite elegirlos.

 

 

 

Confundir mortalidad y letalidad

 

La mortalidad expresa las muertes en una población.

 

La letalidad indica la proporción de personas diagnosticadas con una enfermedad que fallecen.

 

Si disminuye el diagnóstico de casos leves, la letalidad aparente puede aumentar aunque la mortalidad real no cambie.

 

 

 

Correlación no es causalidad

 

Si aumenta la vacunación y simultáneamente aumentan determinados diagnósticos, no podemos concluir automáticamente que una cosa causó la otra.

 

Puede existir:

  • envejecimiento poblacional;

  • mejor detección;

  • cambios asistenciales;

  • mayor supervivencia;

  • una tercera variable;

  • simple coincidencia temporal.

 

La causalidad requiere mucho más que dos líneas que suben juntas en un gráfico.

 

 

 

 

Los límites de los modelos matemáticos

 

Un modelo es una representación simplificada de la realidad.

 

Puede ser extraordinariamente útil.

 

También puede equivocarse.

 

Sus resultados dependen de:

  • los datos introducidos;

  • los supuestos;

  • las variables consideradas;

  • las relaciones elegidas;

  • la estabilidad del comportamiento humano;

  • la capacidad del patógeno para cambiar.

 

Durante una epidemia, un modelo puede estimar hospitalizaciones futuras según diferentes escenarios de transmisión o vacunación.

 

No pretende adivinar el futuro con certeza.

 

Pretende responder:

“¿Qué ocurriría probablemente si se cumplen estas condiciones?”

 

Cuando las personas cambian su comportamiento, aparecen tratamientos, varía la inmunidad o surge una nueva variante, las predicciones deben actualizarse.

 

Decir que un modelo fracasó porque no acertó exactamente el número de casos es como criticar una previsión meteorológica porque llovió dos kilómetros más al este.

 

Hay modelos malos.

 

Hay predicciones excesivamente seguras.

 

Y hay decisiones políticas que seleccionan el escenario que más les conviene.

 

Por eso debemos examinar:

  • quién construyó el modelo;

  • qué datos utilizó;

  • qué supuestos adoptó;

  • qué incertidumbre comunicó;

  • si realizó análisis de sensibilidad;

  • si sus predicciones se contrastaron después.

 

Las matemáticas no convierten un supuesto discutible en una verdad universal.

 

Solo muestran sus consecuencias con gran disciplina.

 

 

La ciencia debe ser cuestionada

 

Decir que “la ciencia es incuestionable” sería un error.

 

La ciencia debe ser cuestionada constantemente.

 

Pero hay maneras serias y maneras bastante pintorescas de hacerlo.

 

Cuestionar científicamente consiste en:

  • revisar la metodología;

  • examinar los datos;

  • señalar sesgos;

  • reproducir resultados;

  • proponer hipótesis alternativas;

  • publicar pruebas mejores.

 

No consiste en afirmar que todos los investigadores están comprados y enlazar un vídeo de un señor que vende suplementos desde un garaje.

 

La autoridad científica no procede de una bata, un cargo ni una cuenta con muchos seguidores.

 

Procede de la calidad de la evidencia.

 

Y esa evidencia siempre está abierta a revisión.

 

 

Las vacunas no necesitan fe

 

Las vacunas no funcionan porque creamos en ellas.

 

Tampoco dejan de funcionar porque alguien publique un mensaje furioso en una red social.

 

Funcionan cuando reducen de manera reproducible:

  • infecciones;

  • enfermedad sintomática;

  • hospitalizaciones;

  • secuelas;

  • muertes.

 

Y resultan recomendables cuando ese beneficio esperado supera razonablemente los riesgos en la población concreta.

 

No todas las vacunas son igualmente eficaces.

 

No todas son necesarias en todas las personas.

 

No todas mantienen indefinidamente su protección.

 

No todas bloquean la transmisión.

 

No todas presentan el mismo perfil de seguridad.

 

Precisamente por eso se investigan por separado.

 

Criticar una recomendación concreta puede ser completamente razonable.

 

Negar en bloque dos siglos de vacunación y cientos de millones de vidas salvadas estimadas requiere algo más que desconfianza.

 

Requiere ignorar una cantidad verdaderamente industrial de datos.

 

 

 

Conclusión: entre la intuición y los hechos

 

Nuestra intuición es útil.

 

Nos permite reaccionar rápidamente, reconocer patrones y tomar decisiones cotidianas.

 

Pero es una herramienta limitada.

 

Ve causalidad donde solo hay coincidencia.

 

Recuerda los casos llamativos y olvida los acontecimientos normales.

 

Da más importancia a una historia emotiva que a un millón de observaciones silenciosas.

 

Las matemáticas no eliminan completamente estos errores.

 

Pero nos obligan a formular mejor las preguntas.

 

¿Cuántas personas enfermaron?

 

¿En comparación con quién?

 

¿Durante cuánto tiempo?

 

¿Con qué incertidumbre?

 

¿La diferencia es clínicamente importante?

 

¿Existen daños?

 

¿En qué grupos?

 

¿Los resultados se reproducen?

 

Las matemáticas no administran vacunas.

 

No atienden una neumonía.

 

No consuelan a una familia.

 

Pero permiten saber si una intervención evita neumonías, hospitalizaciones y funerales.

 

Los números pueden parecer fríos.

 

Sin embargo, detrás de cada curva que desciende hay personas que continuaron viviendo.

 

Niños que no sufrieron meningitis.

 

Pacientes que no quedaron paralizados.

 

Mujeres que no desarrollarán un cáncer de cuello uterino.

 

Ancianos que no ingresaron en una UCI.

 

Las matemáticas no opinan.

 

Nosotros sí.

 

Y precisamente por eso las necesitamos.

 

 

 

 

 

En resumen: las matemáticas, las vacunas y por qué los datos importan más que las opiniones

 

Si tuviera que resumir todo este artículo en una sola frase sería esta:

 

Las matemáticas no tienen ideología, no tienen opiniones y no entienden de bulos.

Simplemente describen la realidad lo mejor que permiten los datos.

 

Y esa es precisamente la gran diferencia entre una opinión y la evidencia científica.

 

Todos tenemos intuiciones.

Todos conocemos a alguien que dice: «A mí me pasó esto» o «Yo conozco a uno que…».

Las anécdotas forman parte de la vida, pero la medicina moderna no puede construirse sobre ellas.

Se construye comparando miles o millones de casos, utilizando herramientas matemáticas para saber si un tratamiento realmente funciona o si simplemente estamos confundiendo una coincidencia con una causa.

 

Las matemáticas son una ciencia muy especial.

Dos más dos son cuatro aquí, en la Luna o en la galaxia de Andrómeda.

Eso no significa que la medicina sea exacta como una ecuación, porque las personas somos mucho más complejas que los números.

Pero sí significa que disponemos de herramientas extraordinariamente fiables para medir riesgos, beneficios e incertidumbres.

 

Y aquí aparece una idea importante: la ciencia no promete certezas absolutas; promete acercarse cada vez más a la verdad.

 

La medicina nunca dice: «Esto funcionará siempre».

Lo que dice es: «Con los datos disponibles, este tratamiento reduce significativamente la probabilidad de enfermar, ingresar o morir».

Parece una diferencia pequeña, pero en realidad es enorme.

La buena ciencia reconoce siempre sus límites.

 

Eso nos lleva a las vacunas.

 

Las vacunas no son un acto de fe.

Nadie debería vacunarse porque «lo diga un experto».

Deberíamos hacerlo porque los datos muestran que, cuando se comparan millones de personas vacunadas con millones de personas no vacunadas, aparecen menos enfermedades graves, menos hospitalizaciones y menos fallecimientos.

 

Y esa comparación no se hace mirando un caso aislado.

Se hace mediante ensayos clínicos, estudios observacionales, revisiones sistemáticas y metaanálisis, herramientas que permiten separar el ruido de la señal.

 

Durante la pandemia de COVID vimos cómo mucha gente confundía una experiencia personal con una conclusión científica.

 

«Mi vecino se vacunó y enfermó.»

 

Perfectamente posible.

 

Pero la pregunta científica nunca es esa.

 

La pregunta es: ¿qué ocurrió en millones de personas?

 

Porque una vacuna nunca prometió impedir todos los contagios.

Igual que un cinturón de seguridad no evita todos los accidentes.

Lo que hace es reducir enormemente las probabilidades de sufrir consecuencias graves.

 

Otra enseñanza importante que nos dejó la pandemia fue comprobar cómo funciona realmente la ciencia.

 

Muchos interpretaron los cambios de recomendaciones como una señal de que los científicos no sabían lo que hacían.

 

En realidad ocurría justo lo contrario.

 

La ciencia cambia cuando aparecen mejores datos.

 

Eso no es un defecto.

 

Es su mayor virtud.

 

Las primeras vacunas se diseñaron contra el virus original.

 

Después llegaron alfa, delta, ómicron y otras variantes.

 

 

Cambió el virus, cambió la inmunidad de la población y cambiaron las recomendaciones.

 

Lo raro habría sido que permanecieran exactamente iguales.

 

También aprendimos algo muy importante sobre la seguridad.

 

Ningún medicamento ni ninguna vacuna están completamente libres de riesgos.

 

La diferencia es que esos riesgos se buscan de manera activa.

 

Existe todo un sistema internacional de farmacovigilancia dedicado exclusivamente a detectar efectos adversos poco frecuentes.

Cuando aparece una señal de alarma, se investiga.

A veces se confirma.

Otras veces se descarta.

Y cuando es necesario, se modifican las recomendaciones.

 

Eso no demuestra que las vacunas sean inseguras.

 

Demuestra que el sistema de vigilancia funciona.

 

También merece la pena mirar hacia atrás.

 

Hace apenas unas décadas enfermedades como la poliomielitis, la difteria o el sarampión formaban parte de la vida cotidiana.

Miles de niños morían o quedaban con secuelas permanentes.

Hoy muchas personas ni siquiera las conocen porque la vacunación las ha convertido en algo extraordinariamente raro en gran parte del mundo.

 

El mejor ejemplo sigue siendo la viruela.

 

Es la única enfermedad humana erradicada completamente gracias a una campaña mundial de vacunación.

 

No desapareció porque el virus se cansara.

 

Desapareció porque la ciencia consiguió vencerlo.

 

Los estudios más recientes calculan que los programas de vacunación han salvado aproximadamente 154 millones de vidas desde 1974.

 

Son estimaciones matemáticas, no un recuento persona por persona, pero reflejan la enorme magnitud del impacto de las vacunas en la salud mundial.

 

Y eso nos lleva a la última idea.

 

Las matemáticas no sustituyen al sentido común.

 

Lo mejoran.

 

Nos ayudan a distinguir entre una casualidad y una causa.

 

Entre una impresión y un hecho.

 

Entre un titular llamativo y una conclusión bien demostrada.

 

Vivimos en una época en la que cualquiera puede opinar sobre cualquier asunto. Eso es una magnífica noticia.

 

Pero las opiniones no pesan todas igual.

 

Cuando detrás de una afirmación hay millones de datos, cientos de estudios, investigadores independientes y décadas de trabajo científico, ya no estamos hablando simplemente de una opinión.

 

Estamos hablando de la mejor explicación que la humanidad ha sido capaz de construir hasta este momento.

 

Y esa es, precisamente, la grandeza de la ciencia.

 

No exige que creamos en ella.

 

Solo nos pide una cosa mucho más sencilla y mucho más difícil al mismo tiempo:

 

Que estemos dispuestos a cambiar de opinión cuando los datos demuestren que estábamos equivocados.

 

 

 

 

 

Bibliografía científica y metodológica

 

Matemáticas, estadística y medicina basada en la evidencia

 

Stanford Encyclopedia of Philosophy. Philosophy of Mathematics. Revisión académica de las principales corrientes filosóficas sobre la naturaleza de las matemáticas.

 

BMJ Best Practice. A glossary of evidence-based medicine terms. Definiciones de riesgo absoluto, riesgo relativo, reducción absoluta, número necesario para tratar y número necesario para dañar.

 

BMJ Best Practice. Understanding statistics: risk. Explicación de las diferencias entre medidas relativas y absolutas y de su dependencia del riesgo basal.

 

Mann, B. “Absolute risk, relative risk, and number needed to treat”. BMJ, 2011.

 

GRADE Working Group. Marco metodológico para valorar la certeza de la evidencia y la fuerza de las recomendaciones.

 

Hopewell, S., et al. “CONSORT 2025 statement: updated guideline for reporting randomised trials”. Publicado simultáneamente en BMJ, JAMA, The Lancet, Nature Medicine y PLOS Medicine, 2025.

 

 

Historia e impacto general de las vacunas

 

Shattock, A. J., et al. “Contribution of vaccination to improved survival and health: modelling 50 years of the Expanded Programme on Immunization”. The Lancet, 2024; 403:2307-2316. Estimación de 154 millones de muertes evitadas entre 1974 y 2024.

 

World Health Organization. A Brief History of Vaccination. Historia general de la vacunación.

 

World Health Organization. History of smallpox vaccination. Historia de la vacuna y erradicación mundial de la viruela.

 

Fenner, F., et al. Smallpox and its Eradication. World Health Organization, 1988. Obra de referencia sobre la historia y erradicación de la viruela.

 

Centers for Disease Control and Prevention. Epidemiology and Prevention of Vaccine-Preventable Diseases — The Pink Book. Manual de referencia sobre enfermedades inmunoprevenibles.

 

World Health Organization. Documentos técnicos sobre la vacunación neonatal frente a hepatitis B y prevención de transmisión vertical, cirrosis y cáncer hepático.

 

International Agency for Research on Cancer. Informes sobre vacunación frente al virus del papiloma humano y prevención del cáncer de cuello uterino.

 

 

Vacunas frente a la COVID-19

 

Polack, F. P., et al. “Safety and Efficacy of the BNT162b2 mRNA Covid-19 Vaccine”. The New England Journal of Medicine, 2020; 383:2603-2615.

 

Thomas, S. J., et al. “Safety and Efficacy of the BNT162b2 mRNA Covid-19 Vaccine through 6 Months”. The New England Journal of Medicine, 2021.

 

Baden, L. R., et al. “Efficacy and Safety of the mRNA-1273 SARS-CoV-2 Vaccine”. The New England Journal of Medicine, 2021; 384:403-416.

 

El Sahly, H. M., et al. “Efficacy of the mRNA-1273 SARS-CoV-2 Vaccine at Completion of Blinded Phase”. The New England Journal of Medicine, 2021.

 

Graña, C., et al. “Efficacy and safety of COVID-19 vaccines”. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2022; CD015477.

 

Lopez Bernal, J., et al. “Effectiveness of Covid-19 Vaccines against the B.1.617.2 Delta Variant”. The New England Journal of Medicine, 2021.

 

Andrews, N., et al. “Covid-19 Vaccine Effectiveness against the Omicron Variant”. The New England Journal of Medicine, 2022.

 

Lin, D. Y., et al. “Effectiveness of Covid-19 Vaccines over a 9-Month Period in North Carolina”. The New England Journal of Medicine, 2022.

 

Abu-Raddad, L. J., et al. “Effect of mRNA Vaccine Boosters against SARS-CoV-2 Omicron Infection in Qatar”. The New England Journal of Medicine, 2022.

 

Watson, O. J., et al. “Global impact of the first year of COVID-19 vaccination: a mathematical modelling study”. The Lancet Infectious Diseases, 2022.

 

Meslé, M. M. I., et al. “Estimated number of lives directly saved by COVID-19 vaccination programmes in the WHO European Region”. The Lancet Respiratory Medicine, 2024.

 

 

 

Farmacovigilancia y seguridad

 

World Health Organization. Causality assessment of an adverse event following immunization: user manual for the revised WHO classification. Segunda edición actualizada.

 

World Health Organization. Global Manual on Surveillance of Adverse Events Following Immunization. Guía internacional de vigilancia, investigación y evaluación causal.

 

European Medicines Agency. Safety of COVID-19 vaccines. Información regulatoria sobre miocarditis, pericarditis, trombosis con trombocitopenia y otras señales de seguridad.

 

European Medicines Agency, Pharmacovigilance Risk Assessment Committee. Evaluaciones de la señal de miocarditis y pericarditis tras vacunas de ARN mensajero.

 

Centers for Disease Control and Prevention. Vaccine Adverse Event Reporting System. Descripción, utilidad y limitaciones del sistema de notificación espontánea VAERS.

 

Centers for Disease Control and Prevention. Vaccine Safety Datalink. Sistema de vigilancia activa y análisis de efectos adversos raros.

 

 

(Artículo redactado, según mis indicaciones, por IA y posteriormente corregido y modificado por holasoyramon)

 

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Chistes y críticas en holasoyramon.com

Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

 

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Misión en París (Las aventuras del capitán Alatriste 8) – Novela – Arturo Pérez-Reverte – #algunaveztambienleo

23/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Los tres mosqueteros y el español que no estaba para fiestas

 

Arturo Pérez-Reverte fue reportero de guerra durante más de veinte años antes de dedicarse plenamente a la literatura.

 

Esa experiencia explica su facilidad para describir hombres embarrados, cansados y con pocas esperanzas de cobrar la soldada.

 

Entre sus obras más destacadas figuran El maestro de esgrima, El club Dumas, La tabla de Flandes, La piel del tambor, La reina del Sur, Falcó, Sidi y Línea de fuego.

 

Es miembro de la Real Academia Española desde 2003.

 

Después de catorce años de ausencia, Diego Alatriste regresa con una aventura de capa, espada, barro y pocas alegrías.

 

Estamos en 1627, durante el reinado de Felipe IV, con el conde-duque de Olivares manejando los asuntos del imperio y encargando una delicada misión secreta en París.

 

El relato vuelve a estar contado desde la memoria de Íñigo Balboa, ya convertido en miembro de los Correos Reales.

 

Allí se reúne con Alatriste, Francisco de Quevedo y Sebastián Copons, que siguen siendo una cuadrilla estupenda para meterse en problemas y bastante menos recomendable para organizar una despedida de soltero.

 

La gran diversión está en el cruce entre el universo de Alatriste y el de Los tres mosqueteros, de Alejandro Dumas.

 

No es una simple gracieta para lectores iniciados, sino un encuentro entre dos maneras de entender la aventura: la gallardía casi teatral de los franceses frente al fatalismo, la mugre y la eficacia homicida de los españoles.

 

Pero lo más admirable vuelve a ser el lenguaje.

Pérez-Reverte no reproduce exactamente el castellano del siglo XVII —de hacerlo necesitaríamos diccionario, paciencia y posiblemente un escribano—, sino que construye una lengua con sabor antiguo, perfectamente comprensible y extraordinariamente eficaz para introducirnos en la época.

 

La novela convierte el esplendor cultural del Siglo de Oro en el decorado de una España que ya empezaba a mostrar una profunda decadencia política, económica y militar.

Mucho imperio, mucha honra y las costuras del jubón a punto de reventar.

 

Misión en París es una estupenda novela de aventuras, pero mantiene ese poso amargo que distingue a la saga.

 

Alatriste sabe perfectamente cuál es su lugar en el mundo: sus victorias nunca serán reconocidas y sus fracasos no quedarán sin castigo.

 

Hay en él algo de nihilismo, bastante fatalismo y una tristeza que nunca termina de marcharse.

 

Un soldado puede sobrevivir a una emboscada, atravesar París y despachar a varios enemigos, pero no escapar de la conciencia de estar luchando por un mundo condenado.

 

Una aventura emocionante y divertida, aunque siempre acompañada por la melancolía de quienes ganan las batallas para que otros aparezcan en los retratos.

 

Mi puntuación: 7/10.

 

 

Hasta ahora se han publicado ocho novelas de Las aventuras del capitán Alatriste, en este orden:

 

  • El capitán Alatriste (1996)
    En el Madrid de 1623, Alatriste acepta el encargo de asaltar a dos viajeros ingleses.

  • La misión termina mezclando espías, intereses políticos y personajes históricos.

  • Aquí conocemos también al joven Íñigo Balboa, narrador de la saga.

 

  • Limpieza de sangre (1997)
    Alatriste y Quevedo intentan rescatar a una muchacha recluida en un convento.

  • La operación los enfrenta a la Inquisición, al fanatismo religioso y a las obsesiones españolas por la pureza de sangre.

  • Más sombría que la primera.

  •  
  • El sol de Breda (1998)
    Íñigo acompaña a Alatriste durante el asedio de Breda, en Flandes.

  • Es la novela más bélica de la serie y muestra desde dentro la vida miserable y heroica de los Tercios.

  • El famoso cuadro de Velázquez planea sobre toda la historia.

 

  • El oro del rey (2000)
    De regreso en Sevilla, Alatriste recibe el encargo de apoderarse de un cargamento de oro procedente de las Indias antes de que caiga en manos de contrabandistas.

  • Espadas, corrupción, bajos fondos y Hacienda; es decir, España en estado puro.

  •  
  • El caballero del jubón amarillo (2003)
    La acción se introduce en el mundo del teatro del Siglo de Oro.

  • Alatriste mantiene una relación con la actriz María de Castro y termina implicado en una conspiración que amenaza al propio Felipe IV.

  • También gana importancia la peligrosa Angélica de Alquézar.

  •  
  • Corsarios de Levante (2006)
    Alatriste e Íñigo navegan por el Mediterráneo a bordo de una galera española.

  • Combaten contra corsarios berberiscos y turcos mientras conocen la brutalidad de la guerra marítima.

  • Aquí no hay crucero con pulserita: hay hambre, cadenas y degollinas.

  •  
  • El puente de los Asesinos (2011)
    Los protagonistas viajan a Venecia para participar en una conspiración política destinada a cambiar el gobierno de la República.

  • Es una historia de espionaje, disfraces, traiciones y callejones donde conviene no preguntar por qué se llama así el puente.

  •  
  • Misión en París (2025)
    Íñigo, ya miembro de los Correos Reales, se reúne en París con Alatriste, Quevedo y Sebastián Copons.

  • Una misión ideada por el conde-duque de Olivares los lleva hasta la Francia de Richelieu y los cruza con los personajes de Los tres mosqueteros, de Alejandro Dumas.

  •  

En conjunto, la saga cuenta tanto las aventuras de Alatriste como la educación sentimental, militar y bastante poco saludable de Íñigo Balboa.

Todo ello sobre el esplendor cultural y la decadencia política de la España de Felipe IV.

 

 

El autor es Arturo Pérez-Reverte:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Tarzán y su compañera – Tarzan and His Mate – 1934 – Cedric Gibbons, Jack Conway

23/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Jane, la verdadera reina de la selva

 

La dirección oficial corresponde a Cedric Gibbons, legendario director artístico de la MGM y responsable visual de películas como El mago de Oz, Luz que agoniza o Un americano en París.

Esta fue su única experiencia acreditada como director.

 

Sin embargo, fue sustituido durante el rodaje por Jack Conway, que no apareció en los créditos y que después firmaría Viva Villa!, Historia de dos ciudades y Saratoga.

Vamos, que en aquella selva había más directores que exploradores.

 

En 2003, Tarzán y su compañera fue incorporada al National Film Registry de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos por su importancia cultural, histórica y estética.

 

Segunda entrega de la saga protagonizada por Johnny Weissmuller y Maureen O’Sullivan, y repetición, con pequeñas variaciones, del esquema de Tarzán de los monos.

 

Unos cazadores regresan a la selva buscando el marfil del mítico cementerio de elefantes. Jane Parker intenta conseguir la colaboración de Tarzán, pero este comprende que el lugar es sagrado y decide impedir el saqueo.

Ecologista antes de que existieran las bolsas de tela.

 

El repertorio de aventuras no escatima fauna: cocodrilos, leones, rinocerontes y elefantes.

Tarzán pelea contra todo lo que se mueve, recibe un balazo y se recupera gracias a unos chimpancés con conocimientos médicos sorprendentemente avanzados.

La bala solo le roza, pero la recuperación sigue siendo uno de esos milagros terapéuticos que conviene no preguntar demasiado.

 

Vista hoy, resulta especialmente desagradable la representación de los africanos.

Son mostrados como seres simples, caricaturescos y prescindibles, mientras su vida vale menos que cualquiera de los colmillos que transportan.

El racismo colonial no es un detalle aislado: forma parte del propio mecanismo narrativo de la aventura.

Se les explota, se les dispara y se les elimina con una despreocupación bastante siniestra.

 

Pero la película pertenece por completo a Maureen O’Sullivan.

Estamos ante una producción anterior a la aplicación estricta del Código Hays, y su Jane aparece con un minúsculo taparrabos, las caderas al aire y una libertad sexual que desaparecería en las siguientes entregas.

 

La famosa secuencia en la que nada completamente desnuda fue realizada bajo el agua por la campeona olímpica Josephine McKim, doble de la actriz, aunque el montaje pretende naturalmente que estamos contemplando a Jane.

 

La relación entre Jane y Tarzán tiene algo animal, sensual y, curiosamente, tierno.

Ella se siente atraída por ese hombre salvaje con el que apenas puede comunicarse: él parece proporcionarle una satisfacción bastante terrenal y ella intenta enseñarle el amor, el lenguaje y algún rudimento de convivencia.

Un intercambio cultural con pocas palabras y bastante músculo.

 

Maureen O’Sullivan está arrebatadora, seductora y absolutamente dueña de la película.

 

Más que Tarzán y su compañera, esto podría haberse titulado Jane y el señor del taparrabos.

 

Una aventura disparatada y entretenida, muy envejecida en su mirada colonial, pero fascinante por su sensualidad precódigo y por una protagonista que se come a Tarzán, al cocodrilo y, si se descuidan, también al rinoceronte.

 

Mi puntuación: 6,56/10.

 

 

 

Dirigido por Cedric Gibbons, Jack Conway:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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La odisea – The Odyssey – 2026 – Christopher Nolan – #YoVoyAlCine

23/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Náufrago en Ítaca: veinte años para descubrir que siempre se puede volver a casa… y encontrarla llena de okupas

 

Christopher Nolan, el cineasta que no conoce la palabra pequeño

 

Christopher Nolan comenzó rodando cortometrajes prácticamente artesanales: Tarantella (1989), Larceny (1996) y Doodlebug (1997). En ellos ya aparecían algunas de sus obsesiones: la identidad, la percepción de la realidad, el tiempo y unos personajes bastante peor de la cabeza de lo que ellos mismos sospechan.

 

Su primer largometraje fue Following (1998), un thriller realizado con poquísimo dinero, rodado los fines de semana y construido mediante una narración fragmentada.

 

Con Memento (2000) alcanzó el reconocimiento internacional contando la historia prácticamente al revés.

El truco podía parecer una exhibición de virtuosismo, pero funcionaba porque la forma reproducía la desorientación mental del protagonista.

 

Después llegó Insomnio (2002), remake de la película noruega homónima, con Al Pacino, Robin Williams y Hilary Swank.

Fue su primera gran producción de estudio y la demostración de que podía manejar estrellas, presupuesto y atmósferas sin perder personalidad.

 

Con Batman Begins (2005) resucitó al personaje de Batman después de que Joel Schumacher lo hubiera dejado cinematográficamente listo para ingresar en la UCI.

Nolan convirtió al superhéroe en protagonista de un drama oscuro sobre el miedo, la culpa y la corrupción.

 

Entre medias dirigió El truco final (El prestigio) (2006), duelo de magos, egos y obsesiones con Christian Bale y Hugh Jackman.

Una película que funciona como uno de los números de ilusionismo que describe: preparación, giro y prestigio final.

 

Con El caballero oscuro (2008) llevó el cine de superhéroes hasta los territorios del thriller criminal y regaló a Heath Ledger un Joker inolvidable.

 

Nolan cerró la trilogía con El caballero oscuro: La leyenda renace (2012), más grandilocuente y algo menos redonda, pero igualmente ambiciosa.

 

Antes había dirigido Origen (2010), una película de atracos dentro de los sueños que consiguió convertir varias capas de realidad, unas peonzas y un tutorial de arquitectura mental en un enorme éxito comercial.

 

En Interstellar (2014) mezcló agujeros negros, relatividad, viajes espaciales y melodrama familiar.

Incluso quienes no entendimos del todo las explicaciones científicas comprendimos perfectamente que Matthew McConaughey tenía que llorar mucho dentro de una nave.

 

En 2015 rodó el cortometraje documental Quay, dedicado a los hermanos animadores Stephen y Timothy Quay.

 

Después llegó Dunkerque (2017), donde volvió a jugar con varias escalas temporales para contar una derrota militar convertida en operación de supervivencia colectiva.

 

Tenet (2020) llevó su pasión por manipular el tiempo hasta el punto de que buena parte del público salió del cine convencida de haber visto algo extraordinario, aunque incapaz de explicar qué demonios acababa de ocurrir.

 

Con Oppenheimer (2023) alcanzó la consagración definitiva.

Transformó la biografía de un físico en un thriller de tres horas y obtuvo siete premios Óscar, incluidos los de mejor película y mejor dirección.

Fueron los dos primeros Óscar competitivos de Christopher Nolan, que hasta entonces había acumulado candidaturas sin llevarse la estatuilla.

 

Y ahora se embarca en La odisea (2026), su decimotercer largometraje.

Una superproducción de unos 250 millones de dólares basada en el poema épico de Homero, el texto fundacional al que, en cierto modo, llevan conduciendo todas sus películas anteriores: tiempo alterado, montaje fragmentado, culpa, identidad, memoria y un protagonista que intenta regresar a un hogar que tal vez ya no exista.

 

 

Los pasajeros habituales de la nave de Nolan

 

Para esta travesía, Christopher Nolan ha vuelto a llamar a unos cuantos intérpretes conocidos de su cine.

 

Matt Damon, aquí convertido en Odiseo, ya había participado en Interstellar y Oppenheimer.

 

Anne Hathaway, que interpreta a Penélope, estuvo en El caballero oscuro: La leyenda renace e Interstellar.

 

Robert Pattinson, ahora Antínoo, protagonizó Tenet, mientras que Elliot Page formó parte del equipo de Origen.

 

También repiten Benny Safdie, visto en Oppenheimer; Himesh Patel, procedente de Tenet; Bill Irwin, la voz y referencia física del robot TARS en Interstellar; y Josh Stewart, presente en El caballero oscuro: La leyenda renace.

 

Por el contrario, Tom Holland, Zendaya, Lupita Nyong’o, Charlize Theron, John Leguizamo, Jon Bernthal, Mia Goth y Samantha Morton se incorporan por primera vez al universo de Nolan.

 

Aquí no hay reparto: hay una concentración de estrellas que podría verse desde el Olimpo.

 

Tras el triunfo de Oppenheimer, Nolan se perfila nuevamente como uno de los nombres importantes de la próxima temporada de premios.

Es demasiado pronto para hablar de nominaciones concretas, pero la campaña ya apunta alto y la película reúne interpretación, fotografía, montaje, música, diseño de producción y dirección suficientes para poner a trabajar horas extras a los académicos.

 

 

Cutrecomentario

 

Quien entre en La odisea esperando una alegre película de aventuras, con monstruos, espadazos y un héroe enseñando abdominales al atardecer, puede llevarse una sorpresa.

 

Esta no es tanto la historia de una hazaña como la crónica de un fracaso.

 

La película habla de la derrota, del dolor, de la culpa y de las penalidades.

 

Habla de un hombre que ganó una guerra, pero quedó destruido por la manera de ganarla.

 

Odiseo, interpretado por Matt Damon, lleva sobre los hombros el peso de haber ideado el caballo de Troya y de ser uno de los responsables de la matanza ocurrida dentro de la ciudad.

 

La Guerra de Troya tampoco aparece presentada como una romántica expedición destinada a rescatar a Helena.

Bajo la leyenda amorosa asoman intereses políticos, económicos y estratégicos: controlar Troya significaba dominar rutas comerciales decisivas.

Vamos, que detrás del amor más célebre de la Antigüedad también había geopolítica.

Nada nuevo bajo el sol ni bajo Donald Trump.

 

Odiseo pasa veinte años lejos de Ítaca: diez combatiendo en Troya y otros diez intentando regresar.

 

El supuesto triunfador comienza el viaje acompañado por sus hombres y lo termina completamente solo.

 

Cada etapa supone una pérdida, cada decisión abre una nueva herida y cada encuentro parece confirmar que los dioses lo han tomado como entretenimiento para las tardes aburridas del Olimpo.

 

Nolan organiza el relato alrededor de tres personajes: Odiseo, Penélope y Telémaco.

 

El montaje de Jennifer Lame alterna sus respectivos puntos de vista y consigue mantener el interés durante sus 173 minutos, evitando que el viaje quede reducido a una simple sucesión de episodios mitológicos.

 

Tom Holland interpreta a Telémaco, atrapado entre la esperanza y la incertidumbre.

No sabe si su padre continúa vivo, desea ocupar el lugar que cree corresponderle como rey y, al mismo tiempo, no puede hacerlo mientras Penélope siga esperando el regreso de su marido.

 

Anne Hathaway compone una Penélope firme, inteligente y sufriente, cercada por unos pretendientes que observan Ítaca como quien contempla un piso vacío en el centro de Madrid.

Ella constituye el principal obstáculo para quienes desean repartirse el reino y mantiene viva una fidelidad que puede parecer esperanza, obstinación o ambas cosas al mismo tiempo.

 

Mientras tanto, Odiseo atraviesa un Mediterráneo que no tiene absolutamente nada de folleto turístico.

No hay crucero, pulserita ni bufé libre.

Es un mar violento, imprevisible y hostil, que va devorando barcos, compañeros y cualquier resto de optimismo.

 

La película recoge los grandes episodios del poema de Homero, aunque los reorganiza, condensa y adapta con libertad.

Conviene recordar que La odisea no es una novela, sino un poema épico compuesto probablemente entre los siglos VIII y VII antes de Cristo.

Nolan conserva su estructura quebrada, llena de relatos dentro de otros relatos y de saltos temporales.

Al director debió de hacerle tanta ilusión encontrar una narración no lineal escrita hace unos 2.700 años que seguramente pensó que Homero era de los suyos.

 

Zendaya (siempre maravillosa) interpreta a Atenea, protectora de Odiseo y voz divina que lo orienta, lo aconseja y, en ocasiones, parece surgir de su propia conciencia.

Su presencia traduce muy bien esa relación de los héroes griegos con unos dioses que hablan, intervienen y manejan a los mortales como fichas sobre un tablero.

 

Charlize Theron encarna a Calipso, la ninfa que retiene a Odiseo durante siete años en la isla de Ogigia y pretende convertirlo en su compañero inmortal.

No es exactamente su “segunda esposa”, aunque la relación funciona como una familia impuesta, sostenida mediante la seducción, el aislamiento y, en la versión de Nolan, una voluntad progresivamente anulada.

Más que un refugio amoroso, Ogigia termina siendo una prisión con unas vistas estupendas.

 

Especialmente poderosa resulta la manera en que la película presenta la soledad final de Odiseo.

Ha perdido a todos sus hombres, ha fracasado como jefe y ya no conserva nada del orgulloso guerrero que salió de Troya.

 

Su regreso no representa el desfile victorioso de un héroe, sino la lenta reconstrucción de un ser humano despedazado.

 

Solo después de perderlo todo puede Odiseo renacer.

 

La parte final adquiere así una dimensión catártica.

 

El regreso a Ítaca no borra el sufrimiento ni convierte retrospectivamente sus derrotas en victorias.

Lo obliga a enfrentarse a las consecuencias de su ausencia, al paso del tiempo y a un hogar ocupado por quienes ya lo daban por muerto.

 

Matt Damon ofrece una interpretación física, fatigada y dolorosa.

Su Odiseo no es un héroe de mármol, sino un hombre envejecido por la guerra, el mar y la culpa.

 

Anne Hathaway aporta contención y dignidad, mientras Tom Holland transmite bien la impaciencia de un hijo que ha crecido bajo la sombra de un padre convertido en leyenda.

 

Técnicamente, la película es descomunal.

 

La fotografía de Hoyte van Hoytema convierte el mar, los paisajes y los cuerpos en elementos narrativos.

 

La música de Ludwig Göransson se integra con las imágenes sin limitarse a subrayarlas, y el montaje de Jennifer Lame enlaza los tres ejes del relato con una precisión extraordinaria.

 

La odisea es, además, la primera película de ficción rodada íntegramente con cámaras de película IMAX.

Se utilizó negativo de 65 mm, destinado a copias de exhibición IMAX de 70 mm, y se consumieron más de 600 kilómetros de celuloide.

El voluminoso equipo podía alcanzar unos 136 kilos y obligaba a rodar en fragmentos de alrededor de tres minutos antes de cambiar la carga. 

 

El resultado posee una definición, una profundidad y una escala impresionantes.

 

El pequeño inconveniente es que prácticamente ninguna sala española puede proyectarla en IMAX 70 mm fotoquímico y con la relación de aspecto original.

 

Nolan fabrica un Rolls-Royce visual y luego buena parte del planeta tiene que conducirlo por una carretera comarcal.

 

Su perfeccionismo es admirable, aunque también tenga algo de empresa faraónica concebida para muy pocos templos.

 

La película ha comenzado con enorme fuerza comercial: recaudó alrededor de 264 millones de dólares en todo el mundo durante su primer fin de semana, frente a un presupuesto estimado de 250 millones.

No parece, por tanto, que Odiseo vaya a naufragar en taquilla. 

 

Las valoraciones iniciales también son excelentes.

En el momento de redactar este comentario mantiene un 8,5 en IMDb —una nota siempre provisional— y las críticas la sitúan entre los trabajos más ambiciosos de Nolan. 

 

El crítico José Luis Alarcón, colaborador de Radio Marca, comentó en un grupo de WhatsApp que había visto una auténtica obra maestra.

Mi primera reacción fue pensar: “Josecico, te has venido arriba”.

Pero, después de darle vueltas, resulta difícil negar que la película reúne casi todos los ingredientes necesarios: grandes interpretaciones, una fotografía extraordinaria, música perfectamente ensamblada, montaje excepcional y una concepción visual de enorme potencia.

 

Eso no significa que sea una película para todos los públicos.

Quien espere una aventura heroica puede encontrarse con una obra áspera, dolorosa y sombría.

Aquí hay monstruos, dioses y grandes escenarios, pero su verdadero argumento es el sufrimiento de un hombre que contempla cómo su mundo se descompone.

 

Nolan no ensalza al héroe: lo desnuda, lo castiga y lo obliga a regresar convertido en otra persona.

 

La odisea habla de la caída de un imperio, de la brutalidad escondida detrás de las leyendas y del precio que pagan quienes regresan de una guerra creyendo que han vencido.

 

Es espectacular, pero no complaciente; monumental, pero profundamente triste.

 

¿Una obra maestra? Tal vez convenga dejar que repose un poco, como los buenos vinos y algunos traumatismos craneoencefálicos. Pero, si no lo es, se queda peligrosamente cerca.

 

Mi puntuación: 9,87/10.

 

 

 

Dirigido por Christopher Nolan:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Plataforma Corral: De ida y vuelta – Dramaturgia Laura Garmo y Nacho León / Dirección: Cristina Marín-Miró – Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro 2026 – #Almagro49

13/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Plataforma Corral: De ida y vuelta o cómo montar una conquista de América con cuatro actores… y salir victoriosos

 

Cristina Marín-Miró dirige este montaje con dramaturgia de Laura Garmo y Nacho León, una propuesta concebida específicamente para el Corral de Comedias de Almagro dentro de la Plataforma Corral.

 

Su trabajo se caracteriza por explorar nuevas formas de acercar el teatro clásico al público contemporáneo, combinando humor, música, participación del espectador y reflexión histórica sin perder nunca el carácter lúdico del espectáculo.

 

 

Cutrecomentario

 

El último espectáculo de mi paso por el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro volvía a celebrarse en el incomparable Corral de Comedias. Y regresar allí siempre produce una sensación especial.

 

Si la noche tiene magia, el mediodía tiene otro protagonista: el calor manchego, que a las doce ya aprieta con ganas. Menos mal que sobre cada butaca nos esperaba un abanico de cartón.

Durante buena parte de la función, además de espectadores, nos convertimos en eficientes ventiladores humanos.

 

La propuesta reúne únicamente a cuatro intérpretes. Cuatro actores que no solo interpretan personajes: también recitan, cantan, bailan, tocan instrumentos musicales y cambian continuamente de registro con una facilidad admirable.

 

El montaje juega con el metateatro. Los propios actores representan distintas obras dentro de la propia representación, utilizando ese recurso para confrontar dos relatos completamente distintos sobre el descubrimiento y la conquista de América.

 

Por un lado aparece la visión tradicional, heroica e imperial que durante décadas nos vendieron los libros de texto, el cine histórico y el NO-DO.

 

Por otro, la mirada de los pueblos indígenas y la denuncia formulada por Fray Bartolomé de las Casas sobre la violencia, los abusos y la destrucción que acompañaron aquella conquista. Ese contraste constituye el verdadero corazón del espectáculo.

 

Resulta especialmente interesante comprobar cómo un tema histórico tan complejo puede abordarse desde el humor sin perder profundidad.

 

Hay números musicales, momentos de danza, mucho sentido del ritmo y una puesta en escena enormemente dinámica.

 

Uno de los recursos más simpáticos consiste en hacer participar al público.

Algunos espectadores son invitados espontáneamente a subir al escenario, donde reciben pequeñas intervenciones que se integran con naturalidad en la función.

Lejos de resultar un mero truco para arrancar risas, la participación termina formando parte del propio discurso teatral.

 

Quiero destacar especialmente al actor-espectador que interpreta al sacerdote.

Se entrega al personaje con una convicción extraordinaria y consigue algunos de los momentos más divertidos de toda la representación.

Es imposible no rendirse a semejante despliegue de energía.

 

El espectáculo anunciaba una duración de cincuenta minutos, pero acabó superando ampliamente la hora y veinte. Y, sinceramente, no supuso ningún problema. Cuando una función mantiene el interés y el ritmo, el reloj deja de importar.

 

Fue un magnífico colofón para las cinco representaciones que tuve la fortuna de disfrutar durante esta primera visita al Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro.

 

Y aquí termina también mi pequeño viaje.

 

Solo puedo dar las gracias a mi amigo Carlos Taillefer, responsable de que esta aventura haya sido posible y organizador impecable de unos días inolvidables.

 

Gracias también, de corazón, a Mila, Fernando y Javier, por su hospitalidad, su cariño y por hacerme sentir como en casa desde el primer momento.

 

Gracias a ellos he podido descubrir Almagro mucho más allá del festival.

Me llevo el recuerdo de una ciudad preciosa, llena de palacios, iglesias, conventos —hoy ya sin vida conventual—, calles amplias y una de las plazas mayores más hermosas de España.

Un lugar que respira historia en cada esquina.

 

Y no quiero terminar sin mencionar la alegría que supuso reencontrarme con los amigos de La Tropa, especialmente con Fernando de Luis-Orueta, una de esas personas que siempre recibe a todo el mundo con una sonrisa sincera y un afecto que se agradece muchísimo.

 

Me marcho con la sensación de haber descubierto uno de esos festivales que cualquier amante de la cultura debería visitar alguna vez.

No solo por el teatro. También por la ciudad, por su gente y por la maravillosa capacidad que tiene Almagro para hacer que uno quiera volver antes incluso de haberse ido.

 

Mi puntuación: 7,68/10.

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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A quién contaré yo mis quejas – Concierto / Recital – Dirección: Rosa León y Pepe Viyuela – Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro 2026 – #Almagro49

13/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

A quién contaré yo mis quejas o cuando Rosa León y Pepe Viyuela demostraron que los romances nunca pasan de moda

 

Rosa León y Pepe Viyuela firman la dirección artística de este recital-concierto, una propuesta que combina música, poesía y teatro para revisitar el romancero tradicional desde una mirada contemporánea.

 

Rosa León, una de las grandes voces de la canción de autor española, lleva décadas recuperando y difundiendo el patrimonio musical popular.

 

Pepe Viyuela, por su parte, ha desarrollado una brillante carrera teatral, televisiva y cinematográfica, con títulos como La gran aventura de Mortadelo y Filemón, Aída, El milagro de P. Tinto o _Planta 4ª, sin abandonar nunca los escenarios.

 

 

Cutrecomentario

 

Hablar de este espectáculo obliga a empezar por el lugar donde se representa: el Corral de Comedias de Almagro, probablemente el corazón del festival y uno de esos espacios que justifican por sí solos un viaje.

 

Es el único corral de comedias del siglo XVII conservado íntegramente en el mundo.

Cruzar su puerta es hacer un pequeño viaje en el tiempo. Su patio empedrado, las galerías de madera, los palcos y corredores conservan prácticamente la misma estructura que contemplaron los espectadores del Siglo de Oro.

Construido en 1628 por Leonardo de Oviedo en el patio de un antiguo mesón, sobrevivió durante siglos cambiando de uso hasta que, casi por casualidad, fue redescubierto en 1954 durante unas obras en la antigua taberna que ocupaba el edificio.

Desde entonces ha sido restaurado y convertido en el gran símbolo del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, donde los textos clásicos vuelven a representarse bajo las estrellas como hace casi cuatrocientos años.

 

Y solo por sentarse allí ya merece la pena la experiencia.

 

El espectáculo es una sucesión de romances tradicionales interpretados por Rosa León y recitados por Pepe Viyuela, que también participa ocasionalmente en algunas canciones.

 

El acompañamiento musical —cuerda, teclados, batería y una excelente segunda voz femenina— aporta una sonoridad muy cuidada y convierte el recital en algo mucho más rico que una simple sucesión de canciones.

 

Los dos grandes ejes del montaje están muy claros. Por un lado, la visión de la mujer en los romances tradicionales; por otro, la situación de quienes fueron marginados, perseguidos o expulsados por una sociedad intolerante. Y todo ello estableciendo constantes puentes con la realidad actual, demostrando que los clásicos siguen teniendo muchas cosas que decir.

 

Rosa León está sencillamente magnífica. Sorprende comprobar lo poco que ha cambiado su voz.

Conserva ese timbre cálido e inconfundible que tantas veces escuchamos hace décadas y mantiene una presencia escénica llena de serenidad y emoción.

 

Pepe Viyuela, mientras tanto, aporta el contrapunto humorístico.

Su gestualidad, sus silencios y esos ademanes tan característicos forman ya parte de su personalidad artística.

Hay momentos en los que siguen resultando muy divertidos y otros en los que uno tiene la sensación de estar viendo recursos demasiado conocidos.

Pero su simpatía y cercanía terminan imponiéndose.

 

Tuvimos además la fortuna de coincidir con Rosa León a la mañana siguiente durante el desayuno. No pude resistirme a felicitarla por el espectáculo y decirle lo sorprendentemente joven y estupenda que está.

Charlando con ella no pude evitar recordar aquellos primeros años de la Transición, cuando acudía a las fiestas del Partido Comunista y ella era una de las voces que sonaban constantemente, mucho antes de que pudiera verla en persona y cuando solo la conocía a través de aquellos viejos casetes.

 

Este recital demuestra que los romances siguen vivos cuando quienes los interpretan saben dotarlos de emoción, inteligencia y verdad. Y eso fue exactamente lo que ocurrió en el escenario del incomparable Corral de Comedias de Almagro.

 

Mi puntuación: 7,68/10.

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

 

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Chistes y críticas en holasoyramon.com

Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

 

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La vengadora de las mujeres De: Lope de Vega / Versión: Alfonso Plou y María López Insausti / Dirección: Carlos Martín – Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro 2026 – #Almagro49

13/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La vengadora de las mujeres o cuando Lope de Vega inventó el feminismo… y luego apareció Cupido

 

Carlos Martín dirige esta producción de Teatro del Temple, compañía que supera ya las tres décadas de trayectoria y que alcanza con este montaje su espectáculo número 60.

 

Habitual del teatro clásico y contemporáneo, ha desarrollado una sólida carrera escénica junto a la compañía aragonesa, afrontando textos de Shakespeare, Valle-Inclán, Cervantes o Lope de Vega.

 

En esta ocasión dirige una inteligente versión de Alfonso Plou y María López Insausti, coproducida con la Compañía Nacional de Teatro Clásico.

 

 

Cutrecomentario

 

La tercera función de mi recorrido por el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro tuvo lugar en uno de los espacios más impresionantes del certamen: el Espacio Iberdrola (AUREA), instalado en la antigua iglesia del Monasterio-Universidad de Nuestra Señora del Rosario, un edificio renacentista del siglo XVI ligado a la Orden de Calatrava. Tras siglos de usos muy diversos —desde molino de aceite hasta fábrica de muebles—, el festival consiguió recuperar este magnífico espacio para convertirlo en uno de los teatros más bellos del país. Ver teatro clásico entre esos muros es ya media función.

 

Y luego llega Lope de Vega para hacer la otra media.

 

Porque hay algo que nunca deja de sorprenderme: qué modernos siguen sonando sus textos. En esta ocasión conocemos a Laura, una princesa culta, independiente y de fuerte personalidad que crea una escuela femenina para reivindicar la inteligencia y la capacidad de las mujeres. Incluso desafía a sus pretendientes con la espada, escondida tras una máscara de esgrima. Lo que escribe Lope hace cuatro siglos resulta sorprendentemente avanzado para su época.

 

Eso sí, estamos en una comedia del Siglo de Oro, así que al final el amor vuelve a poner orden en el tablero. Es una constante en muchas de sus obras: los personajes discuten, conspiran, se enfrentan… pero termina imponiéndose el sentimiento.

 

La función tiene además un ritmo magnífico. Los personajes cómicos funcionan de maravilla, los diálogos son ágiles y el verso vuelve a demostrar que puede ser enormemente divertido cuando está bien dicho.

 

Y aquí quiero detenerme en un detalle que para mí resulta fundamental: la dicción de los actores es impecable. Se entiende absolutamente todo. Parece una obviedad, pero no siempre ocurre. Después de alguna experiencia menos afortunada durante el festival, aquí da gusto comprobar cómo cada palabra llega con claridad al espectador. Y cuando un texto es tan brillante como el de Lope de Vega, comprender cada verso multiplica el disfrute.

 

La escenografía acompaña sin estridencias y permite que el auténtico protagonista sea el texto, interpretado por un reparto que mantiene el nivel de principio a fin.

 

Salí del teatro con la misma sensación que había tenido el día anterior con La dama boba: la de haber comprobado que los clásicos no necesitan rejuvenecer artificialmente para seguir vivos. Basta con interpretarlos bien. Y cuando eso ocurre, cuatrocientos años desaparecen de golpe y uno descubre que Lope de Vega sigue entendiendo al ser humano mejor que muchos autores contemporáneos.

 

Mi puntuación: 7,78/10.

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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La dama boba de Lope de Vega – Rodrigo Arribas – Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro 2026 – #Almagro49

13/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La dama boba o cómo Lope de Vega demuestra que Cupido es el mejor profesor particular

 

Rodrigo Arribas lleva años dedicándose a acercar el teatro del Siglo de Oro al espectador actual desde la Fundación Siglo de Oro.

 

Como director y dramaturgo ha firmado montajes como La dama boba, El perro del hortelano, La francesa Laura, La tierra de jauja o Amor secreto hasta celos, siempre con la intención de que los clásicos respiren como si hubieran sido escritos ayer. 

 

Cutrecomentario

 

La segunda función de mi estreno en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro tuvo lugar en el Espacio Globalcaja, la Casa Palacio de los Villarreal, un precioso patio del siglo XVI convertido en teatro al aire libre. Aquí el techo no existe. Lo sustituye el cielo manchego, que por la noche refresca bastante menos de lo que uno agradecería, pero que aporta un encanto imposible de reproducir entre cuatro paredes.

 

Y entonces apareció Lope de Vega.

 

Porque el texto en verso de La dama boba sigue siendo una auténtica maravilla más de cuatro siglos después. No hay una sola sensación de museo. Todo fluye con una naturalidad asombrosa gracias a una adaptación que respeta el original mientras dialoga con el espectador de hoy.

 

La escenografía, aparentemente sencilla, resulta de una eficacia enorme. Unas puertas, unas cortinas y un continuo entrar y salir de los actores construyen un espacio dinámico que nunca deja de respirar. No hacen falta grandes artificios cuando las ideas funcionan.

Y funcionan.

 

Los intérpretes están sencillamente magníficos. Hay ritmo, precisión, sentido del humor y una naturalidad admirable para enfrentarse al verso sin convertirlo en una exhibición de declamación. Todo parece sencillo… precisamente porque está muy bien hecho.

 

Fue además un placer reencontrarme con Joaquín Notario, uno de esos actores que dignifican cualquier escenario con solo aparecer. Al día siguiente coincidimos en el restaurante Marqués, en la Plaza Mayor de Almagro, donde tuvimos ocasión de felicitarle personalmente por su interpretación. No pudo ser más cercano, amable y cariñoso. Da gusto comprobar que los grandes actores también pueden ser grandes personas.

 

La gran idea de La dama boba sigue teniendo una vigencia absoluta: el amor como fuerza capaz de transformar a las personas. Una hermana considerada inteligente acaba perdiendo pie mientras la supuestamente boba despierta gracias al descubrimiento del amor.

 

Detrás de la comedia, Lope habla de la capacidad de adaptación, especialmente de las mujeres, obligadas durante siglos a sobrevivir en un mundo construido por y para los hombres.

 

Y esa lectura sigue siendo plenamente contemporánea.

 

Confieso que hubo momentos en los que me emocioné de verdad. De esa emoción serena que solo producen las grandes obras cuando uno siente que está asistiendo a algo especial. Alguna lágrima furtiva terminó deslizándose por mi ya inevitablemente senil rostro.

No me avergüenzo lo más mínimo. Para eso existe el arte.

 

Mi puntuación: 8,98/10.

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Cautivas por Cervantes – Emilio Manzano – Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro 2026 – #Almagro49

13/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cautivas por Cervantes o cuando el verso necesita subtítulos

 

Emilio Manzano es dramaturgo, director de escena y creador escénico.

 

Su trabajo se mueve entre el teatro contemporáneo, la poesía y la investigación escénica, con una especial atención al diálogo entre los textos clásicos y las preocupaciones del presente.

 

Entre sus montajes destacan La grieta, Volverse pequeño, La yapa y este Cautivas por Cervantes, nacido de una residencia artística del propio Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro y estrenado en su 49.ª edición.

 

Cutrecomentario

 

Mi estreno en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro se produce gracias a la invitación de mi amigo Carlos Taillefer, magnífico organizador de este viaje cuyo objetivo era tan sencillo como irresistible: conocer Almagro, empaparme del festival y ver unas cuantas funciones.

 

La primera parada fue el Teatro Municipal, antes llemado Teatro Principal. Una auténtica bombonera neoclásica inaugurada en 1865, acogedora y elegante, de esas que todavía conservan el encanto de los teatros de toda la vida. Me recordó inevitablemente al Teatro Principal de Zaragoza, aunque en versión más íntima. El continente, desde luego, es una maravilla.

 

La propuesta de Emilio Manzano parte de textos como Los baños de Argel, La gran sultana y El gallardo español, estableciendo un puente entre el cautiverio vivido por Miguel de Cervantes y las distintas formas de cautividad contemporáneas: la guerra, la exclusión, la identidad o la condición de la mujer como víctima. La intención es tan ambiciosa como pertinente. 

 

Mi problema llega con la forma.

 

La declamación constante acaba resultándome agotadora. Lejos de acercarme al texto, termina levantando una barrera. Las tres actrices ponen sobre el escenario una entrega absoluta y un enorme compromiso interpretativo, pero el montaje juega en su contra.

 

Y aquí aparece el mayor obstáculo de la función: la microfonía. Las intérpretes actúan microfonadas y el sonido presenta una distorsión que dificulta entender buena parte del texto. Si a eso se suma una dicción que no siempre resulta cristalina, el espectador termina invirtiendo más energía en intentar descifrar las palabras que en dejarse llevar por ellas. Y eso, en una obra sustentada precisamente en el valor del texto, es un problema importante.

 

Siempre merece la pena sentarse en una butaca de teatro. Esa cercanía física con los actores tiene una magia que el cine jamás podrá reproducir. Pero, en esta ocasión, el esfuerzo de escuchar terminó pesando más que el placer de asistir a la representación.

 

Una lástima, porque detrás había una idea con mucho recorrido. A mí, sin embargo, esta primera cita con Cautivas por Cervantes me dejó bastante frío.

 

Mi puntuación: 4,35/10.

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Tarzán de los monos – Tarzan, the Ape Man – 1932 – W.S. Van Dyke

13/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Tarzán era un culturista y Jane le robaba la película

 

W.S. Van Dyke fue uno de los grandes artesanos de la Metro-Goldwyn-Mayer.

 

Director rápido, eficaz y todoterreno, firmó películas tan importantes como Trader Horn, La cena de los acusados, San Francisco o María Antonieta.

 

Nunca fue un autor al estilo de Ford o Hitchcock, pero sabía contar historias con un ritmo endiablado y un enorme sentido del espectáculo.

 

Con Tarzán de los monos creó, además, la imagen definitiva del personaje para varias generaciones.

 

 

Cutrecomentario

 

Recuerdo haber visto esta película siendo un crío, en aquella televisión cuadrada en blanco y negro que presidía el salón de la casa de la calle Predicadores número 66, donde pasé prácticamente toda mi infancia.

 

La recordaba con muchísimo cariño.

 

Los elefantes arrasando el poblado, Tarzán peleándose con los leones… esas eran las imágenes que habían sobrevivido en mi memoria.

 

Lo curioso es que al revisarla, ya instalado oficialmente en eso que llaman tercera edad —que traducido al castellano significa que uno ya va siendo un anciano—, descubro que la verdadera protagonista de la película no es Tarzán, sino Jane Parker.

 

Y ahí aparece una Maureen O’Sullivan absolutamente esplendorosa.

 

Su personaje resulta fascinante precisamente porque está lleno de contradicciones.

 

Es una mujer decidida, viaja a África sin achantarse, sabe manejar un rifle y demuestra iniciativa… pero al mismo tiempo pasa media película gritando como si le pagaran por decibelios.

 

Tan pronto transmite valentía como desespera con ese aire de damisela permanentemente aterrorizada. Y, aun así, tiene un encanto irresistible.

 

Además, es ella quien toma realmente la iniciativa sentimental. Porque, seamos sinceros, Johnny Weissmuller está como un queso. Es un salvaje integral, apenas articula cuatro palabras, pero el físico ayuda bastante a la hora de enamorar a Jane.

 

Visualmente la película sigue teniendo mucho mérito. Se mezclan imágenes documentales rodadas en África con transparencias y trucajes que hoy resultan ingenuos, pero también bastante ingeniosos. Lo que en 1932 debió parecer un prodigio técnico sigue conservando un encanto artesanal difícil de imitar.

 

Y luego están las peleas de Weissmuller con leones, leopardos y demás fauna africana. Probablemente muchas estén aceleradas o montadas con todo tipo de recursos, pero el resultado sigue funcionando sorprendentemente bien. Da esa sensación de un Hollywood salvaje, donde todavía parecía que cualquier locura era posible delante de una cámara.

 

Eso sí, también hay que verla con el contexto histórico muy presente. La película rezuma supremacismo y racismo por los cuatro costados.

 

Los indígenas africanos aparecen retratados como personajes torpes, miedosos y caricaturescos, y la representación de otra tribu resulta todavía más llamativa. En un momento se habla de pigmeos, para acabar mostrando personas con acondroplasia caracterizadas como africanos. Vista hoy, esa representación resulta directamente incómoda.

 

Pero, haciendo el esfuerzo de contextualizarla y de separar la película de unos valores que hoy serían completamente inaceptables, sigue siendo un entretenimiento muy eficaz.

 

Conserva el aroma de las aventuras clásicas y esa capacidad que tienen algunos títulos de transportarte automáticamente a la infancia.

 

Y sí, lo confieso. Maureen O’Sullivan me vuelve a conquistar. Ya sé que su personaje es chillón, ya sé que resulta un poco ñoño por momentos… pero qué queréis que os diga. Me parece absolutamente encantadora.

Maureen, te adoro.

 

Mi puntuación: 7,55/10.

 

 

 

Dirigido por W.S. Van Dyke:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Curiosidades de Tarzán de los monos (1932)

 

Aunque durante décadas muchos espectadores pensaron que los elefantes de la película eran africanos, en realidad eran elefantes asiáticos, mucho más fáciles de adiestrar. Para disfrazarlos les colocaron grandes orejas postizas y colmillos falsos, intentando que parecieran auténticos paquidermos africanos. En las secuelas abandonaron incluso ese truco, convencidos de que nadie apreciaría la diferencia.

 

Otro de los grandes misterios del cine clásico siempre ha sido el famoso grito de Tarzán. Durante años se dijo que había sido creado mezclando distintos sonidos en el estudio, pero tanto Maureen O’Sullivan como Johnny Weissmuller defendieron siempre que el alarido era completamente suyo. De hecho, Weissmuller llegó a reproducirlo en televisión, en el programa The Mike Douglas Show, para zanjar la discusión.

 

La producción dejó también una anécdota de lo más curiosa: varios de los monos utilizados durante el rodaje escaparon y acabaron estableciendo una población salvaje en la zona de Silver Springs, en Florida, donde sus descendientes siguieron viviendo durante décadas.

 

La película nació casi por casualidad.

MGM tenía una enorme cantidad de imágenes rodadas en África que habían sobrado de Trader Horn (1931), también dirigida por W.S. Van Dyke.

En un primer momento el estudio pensó unir a Trader Horn con Tarzán en una misma aventura, pero finalmente optó por dedicar toda la película al hombre mono, reutilizando buena parte de aquel valioso material documental.

 

 

 

Muchos besos y muchas gracias.

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Ese oscuro objeto del deseo – Cet obscur objet du désir – 1977 – Luis Buñuel

13/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ese oscuro objeto del deseo – 1977 – Luis Buñuel (Comentario con anécdotas y curiosidades publicado en 2016)

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Ese oscuro objeto del deseo o cómo Buñuel convirtió el calentón en una obra maestra

 

Luis Buñuel no necesita presentación.

 

Es uno de esos cineastas irrepetibles que inventó un lenguaje propio y se fue dejando al resto intentando descifrarlo.

 

Del surrealismo de Un perro andaluz y La edad de oro al clasicismo envenenado de Viridiana, El ángel exterminador, Belle de jour, Tristana, El discreto encanto de la burguesía o El fantasma de la libertad, su filmografía es una sucesión de provocaciones, ironías y puñetazos a la lógica.

 

Ese oscuro objeto del deseo fue, además, su última película, un testamento cinematográfico a la altura de su leyenda.

 

La película fue nominada al Óscar a la mejor película de habla no inglesa y al mejor guion adaptado para Luis Buñuel y Jean-Claude Carrière.

 

También obtuvo una nominación al Globo de Oro como mejor película extranjera y recibió importantes premios de la crítica, entre ellos los del National Board of Review, la National Society of Film Critics, la Asociación de Críticos de Los Ángeles y el CEC al mejor director. 

 

 

Cutrecomentario

 

Ya escribí sobre esta película en 2016, así que no tenía sentido repetirme. Simplemente me apetecía volver a verla. Y, claro, volver a Buñuel siempre es una fiesta.

 

Porque la gran virtud de Buñuel es que hizo un cine que nadie había hecho antes… y que nadie ha vuelto a hacer después. Su universo sigue siendo absolutamente original. Hay directores con muchos imitadores; Buñuel no tiene ninguno.

 

Aquí, además, vuelve a colar esas bromas privadas tan suyas. Mientras asistimos a una historia de pasión enfermiza, aparecen atentados terroristas casi como ruido de fondo y ese delirante “grupo armado del Niño Jesús”, una de esas ocurrencias surrealistas que le hacían gracia al propio Buñuel, aunque medio patio de butacas se quedara pensando qué demonios acababa de ver. Y precisamente ahí reside parte de su encanto.

 

La película es, en el fondo, la historia de un deseo condenado a no satisfacerse jamás. Fernando Rey, magnífico como Mathieu Faber, vive obsesionado con Conchita, interpretada de forma insólita por Ángela Molina y Carole Bouquet. Y ahí está una de las ideas más brillantes de toda la película.

 

Lo normal habría sido utilizar una actriz para el lado apasionado y otra para el lado frío del personaje. Buñuel hace exactamente lo contrario: cambia de actriz cuando le da la gana, sin explicación alguna, sin seguir ninguna lógica psicológica. Y funciona. Sorprendentemente funciona. Dos mujeres completamente distintas acaban construyendo un único personaje de forma totalmente orgánica.

 

Y hay que decirlo: Ángela Molina está absolutamente deslumbrante. Su presencia en pantalla es magnética y ese inolvidable flamenco-striptease pertenece por derecho propio a la antología del cine español.

 

Mientras tanto, Mathieu se consume persiguiendo un deseo imposible.

 

Conchita lo seduce, lo rechaza, lo humilla, vuelve a acercarlo y vuelve a alejarlo.

 

El deseo nunca satisfecho acaba siendo mucho más poderoso que el deseo cumplido.

 

Da la sensación de que, si alguna vez hubiera consumado la relación, toda esa obsesión se habría evaporado en cuestión de minutos.

 

También aparece esa misoginia tan característica del cine de Buñuel, donde la mujer suele convertirse en objeto de fascinación, de deseo y también de desconcierto para unos hombres incapaces de comprenderla.

 

Puede discutirse, puede incomodar, pero forma parte inseparable de su mirada y aquí queda representada con una claridad extraordinaria.

 

Una genialidad más del maestro.

 

Una película que no pierde un gramo de personalidad casi cincuenta años después y que confirma que revisitar a Buñuel nunca es una pérdida de tiempo; es recordar que hubo un cineasta capaz de inventar un mundo que solo existía dentro de su cabeza.

 

Mi puntuación: 9,77/10.

 

 

 

Dirigido por Luis Buñuel:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Centauros de la Alcarria – 2026-07-10 – Vaiana, cine hecho en Guadalajara y la animación domina la taquilla en Centauros de la Alcarria

12/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Centauros de la Alcarria en Nueva Alcarria

 

Podcast de Centauros de la Alcarria

 

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Lecciones de Cine: Entrevistas a cargo de Laurent Tirard. Clases magistrales de grandes directores explicadas por ellos mismos – Ensayo – 2003 – Laurent Tirard – #algunaveztambienleo

9/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Veintiún directores, veintiuna maneras de hacer cine… y ninguna receta mágica

 

Laurent Tirard era periodista y crítico de cine cuando tuvo una idea tan sencilla como brillante: hacer las mismas preguntas a algunos de los mejores directores del mundo para descubrir si existía una fórmula secreta para dirigir películas.

 

El resultado fue este magnífico ensayo, publicado originalmente en 2002 y editado en España en 2003, que recopila las conversaciones mantenidas con veintiún cineastas, muchas de ellas realizadas durante el Festival de Cannes para la revista francesa Studio.

 

Años después, Tirard se convertiría en director de cine con películas como El pequeño Nicolás o Las vacaciones del pequeño Nicolás

 

 

Directores entrevistados

 

  • John Boorman

  •  
  • Sydney Pollack

  •  
  • Claude Sautet

  •  
  • Woody Allen

  •  
  • Bernardo Bertolucci

  •  
  • Martin Scorsese

  •  
  • Wim Wenders

  •  
  • Pedro Almodóvar

  •  
  • Tim Burton

  •  
  • David Cronenberg

  •  
  • Jean-Pierre Jeunet

  •  
  • David Lynch

  •  
  • Oliver Stone

  •  
  • John Woo

  •  
  • Joel Coen

  •  
  • Ethan Coen

  •  
  • Takeshi Kitano

  •  
  • Emir Kusturica

  •  
  • Lars von Trier

  •  
  • Wong Kar-wai

  •  
  • Jean-Luc Godard

 

 

 

Cutrecomentario

 

Hay libros sobre cine que te cuentan cómo debería hacerse una película. Y luego está Lecciones de cine, que viene a demostrar exactamente lo contrario: que no existe una única manera de hacer cine.

 

Eso es precisamente lo más apasionante del libro.

 

Laurent Tirard formula prácticamente las mismas preguntas a todos los directores y descubre que cada uno responde algo completamente distinto.

 

No hay dogmas. No hay normas inamovibles. Solo hay cineastas intentando encontrar su propio camino.

 

Todos hablan de dónde colocar la cámara, de cómo preparar un rodaje, de la relación con los actores, del montaje o de la planificación de las escenas.

 

Y, sin embargo, casi ninguno coincide con el anterior.

 

Hay quien prepara cada plano al milímetro mediante un storyboard y quien llega al rodaje sin haber decidido todavía dónde pondrá la cámara.

 

Algunos aseguran que ruedan únicamente lo imprescindible.

 

Otros prefieren llenar kilómetros de celuloide con varias cámaras para construir la película después en la sala de montaje.

 

Hay una palabra que aparece constantemente: intuición.

 

Incluso los directores más meticulosos reconocen que, llegado el momento, la planificación puede saltar por los aires porque el plano perfecto aparece de repente delante de sus ojos.

 

Algunos incluso ruedan la versión que habían preparado y otra guiándose únicamente por el instinto para comparar cuál funciona mejor.

 

También resulta fascinante comprobar cómo cada uno entiende la dirección de actores.

 

Hay directores que hablan durante horas con cada intérprete en privado.

 

Otros apenas les dicen dos frases.

 

Algunos dejan total libertad para que los actores se muevan por el decorado y adaptan la puesta en escena a sus movimientos.

 

Otros hacen exactamente lo contrario y colocan a los intérpretes como piezas de un tablero de ajedrez.

 

Me llamó especialmente la atención Woody Allen.

Su filosofía es casi desarmante.

Coloca la cámara, sitúa a los actores delante de ella y procura darles las mínimas indicaciones posibles porque considera que, cuanto menos intervenga, más naturales serán las interpretaciones.

No es casualidad que ruede con una rapidez asombrosa.

 

Pero quizá la mayor enseñanza del libro no tenga nada que ver con la técnica.

 

Todos coinciden en que los directores se sienten especialmente cómodos cuando ruedan sus propios guiones, porque la película nace de una visión completamente personal.

 

Y, sobre todo, todos llegan a una conclusión que debería grabarse en mármol en cualquier escuela de cine: la mejor manera de aprender a hacer películas es viendo películas, analizándolas críticamente y, sobre todo, rodando. Equivocándose una y otra vez. Porque el cine no se aprende únicamente leyendo libros. Se aprende haciendo cine.

 

Si alguien busca un manual con recetas infalibles, se ha equivocado de libro.

 

Si, por el contrario, quiere escuchar cómo piensan algunos de los mayores cineastas de las últimas décadas, este ensayo es una auténtica clase magistral.

 

Y una de las más entretenidas que se pueden leer sobre el oficio de dirigir.

 

Mi puntuación: 8/10.

 

 

 

El autor es  Laurent Tirard:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

 

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La noche de los generales – The Night of the Generals – 1967 – Anatole Litvak

9/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

CSI Berlín… con generales, nazis y asesino en serie.

 

Anatole Litvak fue uno de esos directores todoterreno capaces de moverse con soltura entre el cine negro, el drama y el thriller.

 

A lo largo de su carrera firmó títulos tan destacados como Anastasia, La serpiente de cascabel, La larga noche, Confesiones de un espía nazi o El viaje.

 

En La noche de los generales demostró una enorme habilidad para combinar géneros en una producción ambiciosa que mezcla el cine bélico con el suspense policíaco y el melodrama romántico.

 

La película obtuvo tres nominaciones a los Premios BAFTA (mejor dirección artística, mejor fotografía y mejor diseño de vestuario) y fue nominada también al Globo de Oro a la mejor banda sonora original, compuesta por Maurice Jarre.

 

 

Cutrecomentario

 

Reconozco que nunca había visto La noche de los generales y me ha llevado una agradable sorpresa.

 

Es una de esas películas que el paso del tiempo ha respetado muchísimo mejor de lo que cabría esperar.

 

Lo más curioso es cómo entrelaza tres tramas completamente distintas sin que el conjunto se resienta.

 

Por un lado, tenemos el romance entre un cabo, pianista antes de la guerra y convertido por accidente en héroe de la batalla de Stalingrado, y la hija de un general alemán, una mujer con un carácter bastante más independiente de lo habitual para la época.

 

Por otro lado, la película se adentra en la Operación Valkiria, aunque desde un punto de vista diferente al de Valkiria. Aquí no se centra tanto en los preparativos internos del atentado contra Hitler, sino en cómo se articula la conspiración entre los mandos militares destinados en París para acabar con el régimen nazi.

 

Y, como si todo eso fuera poco, aparece una tercera trama: la investigación del brutal asesinato de varias prostitutas.

 

El encargado de seguir las pistas es un obstinado mayor interpretado por Omar Sharif, un personaje que no abandona la investigación ni cuando esta pone en peligro su propia vida.

 

Décadas después será un inspector de Interpol, interpretado por Philippe Noiret, quien retome el caso para intentar cerrarlo definitivamente.

 

En el centro de todo está un extraordinario Peter O’Toole, dando vida a un general alemán despiadado y profundamente perturbador.

 

Aunque no sea el protagonista absoluto, toda la película gravita alrededor de su personaje, que desprende una inquietud constante cada vez que aparece en pantalla.

 

El resultado es un thriller bélico con ingredientes románticos y policíacos sorprendentemente bien ensamblados.

 

Todo fluye con naturalidad y mantiene el interés durante sus más de dos horas de metraje.

 

Es verdad que, vista hoy, hay momentos que desprenden un ligero tufillo a culebrón, pero nunca lo suficiente como para estropear una película que sigue funcionando extraordinariamente bien casi sesenta años después.

 

A veces uno revisita clásicos por obligación. En este caso, la sensación es la contraria: da rabia no haberla descubierto mucho antes.

 

Mi puntuación: 7,67/10.

 

 

 

Dirigido por Anatole Litvak:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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The Killer (El asesino) – Dip huet seung hun (The Killer) – 1989 – John Woo

9/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

John Woo y la fábrica de balas infinitas

 

John Woo fue uno de los grandes responsables de revolucionar el cine de acción desde Hong Kong.

 

Su estilo, basado en tiroteos coreografiados como si fueran un ballet, el uso obsesivo de la cámara lenta y un sentido casi operístico de la violencia, influyó decisivamente en directores como Quentin Tarantino, Robert Rodriguez o las hermanas Wachowski.

 

Antes de dar el salto a Hollywood con Blanco humano, Broken Arrow (Alarma nuclear), Cara a cara o Misión: Imposible 2, firmó clásicos como A Better Tomorrow, The Killer (El asesino) y Hard Boiled (Hervidero)

 

La película obtuvo el premio a la Mejor Dirección para John Woo en los Hong Kong Film Awards, además de varias nominaciones, entre ellas mejor película, mejor guion y mejor fotografía.

 

Con el paso de los años se ha convertido en una de las obras más influyentes del cine de acción moderno.

 

 

Cutrecomentario

 

Recuerdo perfectamente cuándo vi The Killer (El asesino) por primera vez.

 

Salí del cine convencido de que aquello era el futuro del cine de acción.

 

Ese montaje frenético, los tiroteos perfectamente coreografiados, las dos pistolas empuñadas al mismo tiempo y esos cargadores que parecían conectados directamente a una central de fabricación de balas, porque nunca se vaciaban.

 

La historia también tenía su punto de romanticismo imposible.

 

Un sicario que mata con una frialdad pasmosa, pero que resulta tener un corazón de oro y procura proteger a mujeres y niños siempre que puede.

 

Esa contradicción era parte del encanto del personaje.

 

Luego está ella, convertida prácticamente en la clásica princesa doliente.

 

Pierde la vista tras un disparo cercano y, como médico, no puedo evitar sonreír.

 

Un disparo al lado de un ojo no provoca una opacidad corneal bilateral porque sí.

 

Pero bueno, si aceptamos las pistolas con munición infinita, tampoco vamos ahora a pedir un tratado de oftalmología.

 

Lo curioso es comprobar cómo la película ha envejecido bastante peor de lo que esperaba.

 

Aquellas escenas de acción que en 1989 parecían revolucionarias hoy dejan ver demasiado el artificio.

 

La cámara lenta, que entonces imponía, en algunos momentos provoca casi una sonrisa involuntaria.

 

Y la historia del asesino protector de la damisela necesitada de salvación también acusa el paso del tiempo.

 

La sensibilidad actual, especialmente tras el movimiento Me Too, ha convertido este tipo de relaciones en algo bastante más difícil de aceptar sin levantar una ceja.

 

Y qué decir de las interpretaciones… los actores están de risa. En su momento probablemente nadie iba al cine buscando matices interpretativos, sino ver cómo volaban los casquillos. Pero vistas hoy, algunas actuaciones parecen sacadas de un culebrón con pistolas.

 

Sigue siendo una película importante porque marcó un antes y un después en el cine de acción e inspiró a medio Hollywood.

 

Pero una cosa es reconocer su influencia y otra muy distinta fingir que el tiempo no le ha pasado factura.

 

A algunas películas los años las convierten en clásicos.

 

A The Killer (El asesino), en cambio, le han quitado bastante pólvora.

 

Mi puntuación: 5,73/10.

 

 

 

Dirigido por John Woo:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Once (Una vez) – 2007 – John Carney

9/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando dos almas rotas afinan la misma canción (o cómo enamorarse sin necesidad de besarse)

 

La ópera prima de John Carney ya contenía absolutamente todo lo que iba a desarrollar en el resto de su filmografía.

 

El director irlandés ha convertido la música en el auténtico motor de sus historias, siempre protagonizadas por personajes heridos que encuentran en las canciones una tabla de salvación.

 

Después llegarían Begin Again, Sing Street, Modern Love, Flora y su hijo Max y Letras robadas, todas ellas variaciones sobre un mismo tema: la música como refugio, terapia y oportunidad para empezar de nuevo

 

La película fue un fenómeno inesperado.

Ganó el Premio del Público en el Festival de Sundance, el Independent Spirit Award a la mejor película extranjera y la canción “Falling Slowly”, compuesta e interpretada por Glen Hansard y Markéta Irglová, obtuvo el Óscar a la mejor canción original.

Además, la banda sonora fue nominada al Grammy y el filme acumuló decenas de premios y nominaciones internacionales.

 

 

Cutrecomentario

 

He dejado esta película para el final de la filmografía de John Carney, aunque, curiosamente, es la primera que dirigió.

 

Y resulta fascinante comprobar que todo lo que caracteriza su cine ya estaba aquí desde el minuto uno.

 

Tenemos a un músico callejero desengañado, que canta versiones para sacar unas monedas mientras guarda para sí las canciones que realmente le salen del alma.

 

Entre actuación y actuación ayuda a su padre en una tienda de reparación de aspiradoras.

 

Ella es una inmigrante checa, casada, con una hija, que sobrevive limpiando casas o vendiendo flores.

 

Es pianista, pero ni siquiera tiene un piano donde tocar.

 

Dos personajes rotos, desvalidos y emocionalmente cojos que terminan encontrándose gracias a la música.

 

Y ahí está el auténtico corazón de la película.

 

La relación entre ellos no se construye a través del romance convencional, sino mediante las canciones.

 

La música habla por ellos, los une, los cura y les permite expresar todo aquello que serían incapaces de decir con palabras.

 

Es exactamente la misma idea que John Carney ha ido reinterpretando una y otra vez durante toda su carrera.

 

La puesta en escena también tiene mucho de experimento.

 

Cámara al hombro que no deja de moverse, fotografía grisácea, casi apagada, y un aire melancólico que impregna cada plano.

 

No busca la belleza perfecta, sino la verdad de unos personajes que parecen estar improvisando su propia vida.

 

Como ocurre con casi todas las películas de John Carney, estamos ante una de esas obras que conectan con el público con una facilidad asombrosa.

 

Probablemente porque no intentan impresionar, sino emocionar desde la sencillez.

 

Claro que, al ser la primera, el efecto sorpresa era mucho mayor.

 

Después vendrían otras excelentes películas, pero Once (Una vez) fue la que marcó el camino.

 

Y pocas veces un director ha dejado tan claro desde su debut cuál iba a ser su melodía durante toda una carrera.

 

Mi puntuación: 6,67/10.

 

 

 

Dirigido por John Carney:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Alcarria TV – Al Cine con Ramón y Diego – 2026-07-07 – Minions & Monsters, Supergirl

9/07/2026

 

 

 

 

 

 

Programa semanal para radio y televisión dedicado al cine y a las series.

 

Coordinado por José Luis Solano y con la presencia del productor y cinéfilo Diego Gismero y con la del crítico de cine Ramón Bernadó.

 

Espacio grabado en Zoom para Alcarria TV y EsRadio Guadalajara.

 

Se analizan las películas que son estrenadas en los Multicines Guadalajara y las series de todas las plataformas de streaming.

 

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Alcarria TV – Al Médico con Ramón – Niños, pantallas y redes sociales: cuando el chupete digital se nos fue de las manos

8/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Programa semanal para EsRadio Guadalajara y Alcarria TV, presentado por José Luis Solano, con la participación del Dr. Ramón Bernadó.

 

Este profesional con más de cuarenta años de ejercicio nos explica temas relacionados con la salud.

 

Se comenzó a emitir desde Abril de 2020 en plena pandemia.

 

Ha realizado un recorrido por diversas enfermedades, trastornos mentales y adicciones.

 

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Flora y su hijo Max – Flora and Son – 2023 – John Carney – Movistar Plus+

8/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Una guitarra encontrada en la basura vale más que cien terapeutas

 

John Carney lleva años empeñado en demostrar que una buena canción puede arreglar vidas que parecen irreparables.

 

El director irlandés alcanzó el reconocimiento internacional con Once, continuó explorando esa idea en Begin Again, la perfeccionó en Sing Street y volvió a insistir en ella con Flora y su hijo Max.

 

Su cine tiene una personalidad muy reconocible: personajes heridos, música como refugio y un optimismo que siempre está al borde de resultar empalagoso… aunque casi siempre consigue salir airoso.

 

La película fue seleccionada para el Festival de Sundance de 2023, donde tuvo una excelente acogida, y las canciones “High Life” y “Meet in the Middle” fueron preseleccionadas para el Óscar a la mejor canción original.

 

Además, recibió varias nominaciones en los premios irlandeses IFTA, entre ellas a mejor película, dirección y actriz protagonista para Eve Hewson.

 

 

Cutrecomentario

 

Había una película de John Carney que todavía tenía pendiente y, como era de esperar, vuelve a tocar la misma melodía de siempre: la música como elemento de salvación personal.

 

Cuando uno encuentra una fórmula que funciona, ¿para qué cambiarla?

 

Estamos ante una familia obrera completamente desestructurada. Los padres viven separados, el padre procura escaquearse siempre que puede de sus responsabilidades y Flora mantiene una relación explosiva con su hijo adolescente, Max. Se quieren, seguramente, pero lo disimulan francamente bien.

 

Todo cambia cuando ella encuentra una guitarra abandonada en un contenedor. La arregla con la intención de regalársela al chaval, aunque acaba siendo ella quien comienza a recibir clases online con un profesor estadounidense interpretado por Joseph Gordon-Levitt, estableciendo con él una relación bastante peculiar, a medio camino entre la amistad, la complicidad y algo que nunca termina de definirse del todo, tal vez, amor.

 

Como ocurre en casi toda la filmografía de John Carney, la música acaba convirtiéndose en el lenguaje que los personajes no son capaces de hablar con palabras. No solo ayuda a la madre, también sirve para tender un puente hacia ese hijo con el que parecía imposible entenderse.

 

La película está muy bien construida, tiene ritmo, resulta simpática y desprende un optimismo contagioso. Es de esas historias pensadas para que el espectador salga del sofá con una sonrisa. Vamos, la típica película de la que más de una señora de sesenta años saldrá diciendo: “¡Qué bonita!”. Y probablemente tenga razón.

 

Eso sí, también hay que reconocer que John Carney vuelve a pecar de lo mismo de siempre. Todo está bastante edulcorado, los conflictos parecen encontrar solución con relativa facilidad y la realidad queda suavizada por ese envoltorio de buen rollo que tanto le gusta al director.

 

Mención especial para Jack Reynor, que interpreta al padre de Max. Ofrece varios momentos de gran nivel y demuestra un carisma que más tarde volvería a aprovechar John Carney en otros proyectos.

 

También Eve Hewson sostiene la película con mucha personalidad, componiendo una protagonista imperfecta, impulsiva y bastante más compleja de lo que parece en un primer momento.

 

No es la mejor película de John Carney, pero sí otra muestra de ese cine suyo tan reconocible, tan amable y tan optimista que consigue que durante un rato uno crea que una guitarra encontrada en la basura puede cambiar una vida. Aunque luego llegue la factura de la luz y nos devuelva al mundo real.

 

Mi puntuación: 6,67/10.

 

 

 

Dirigido por John Carney:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Outcome – 2026 – Jonah Hill – Apple TV

8/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Muchos perdones que pedir.

 

Jonah Hill dirige, coescribe e interpreta esta comedia negra, su tercer largometraje como director tras En los 90 y el documental Stutz.

 

Se confirma como un cineasta interesado por personajes rotos, inseguros y en permanente búsqueda de identidad.

 

Aquí cambia los monopatines y la terapia por los excesos de Hollywood, firmando una película visualmente atractiva, dinámica y con un reparto de auténtico lujo. 

 

Como actor, Jonah Hill lleva años demostrando que es mucho más que el secundario gracioso de turno.

 

Saltó a la fama con Supersalidos, consolidó su popularidad con Infiltrados en clase y Infiltrados en la universidad, y sorprendió a quienes solo lo veían como cómico gracias a interpretaciones de enorme nivel en Moneyball: Rompiendo las reglas y El lobo de Wall Street, dos trabajos que le valieron sendas nominaciones al Óscar como mejor actor de reparto.

 

También ha dejado huella en títulos como No mires arriba, Juego de armas o poniendo voz a personajes de las sagas Cómo entrenar a tu dragón y La LEGO película.

 

Aquí vuelve a demostrar que se mueve como pez en el agua interpretando personajes incómodos, neuróticos y capaces de sacar de quicio al más paciente.

 

 

Cutrecomentario

 

Hay actores que interpretan a un asesino implacable, a un hacker mesiánico o a un samurái de ciencia ficción. Y luego está Keanu Reeves, que aquí decide hacer algo todavía más difícil: interpretar a una estrella de Hollywood obligada a mirarse al espejo.

 

Su Reef Hawk empezó siendo un niño prodigio y, con los años, fue coleccionando enemigos con el mismo entusiasmo con el que otros coleccionan premios.

 

Tras cinco años limpio de heroína intenta regresar al cine, pero antes tendrá que enfrentarse a algo mucho más complicado que una adicción: los cadáveres emocionales que ha ido dejando por el camino.

La película utiliza una trama de chantaje como excusa para hablar de otra cosa mucho más interesante: la fama, el ego, el arrepentimiento y la dificultad de reconstruir relaciones que uno mismo se encargó de dinamitar.

 

Al final, el mensaje resulta bastante claro: es mucho más importante ser buena persona que una gran estrella. Parece una frase de taza de desayuno, pero aquí funciona sorprendentemente bien.

 

Me ha alegrado muchísimo volver a ver a Cameron Diaz después de tantos años prácticamente desaparecida de la gran pantalla. Conserva ese magnetismo tan natural que siempre ha tenido y aporta calidez al personaje de la amiga de la infancia que todavía cree que debajo del famoso sigue existiendo el chaval que conoció.

 

Y luego aparece Martin Scorsese en un pequeño papel que sabe aprovechar estupendamente. No será candidato al Oscar como actor, pero demuestra que delante de la cámara también sabe desenvolverse con bastante soltura. Tiene presencia, naturalidad y, sobre todo, ese carisma que no se aprende en ninguna escuela.

 

El abogado de crisis interpretado por Jonah Hill merece capítulo aparte. Es un personaje deliberadamente histriónico, excesivo y con tendencia a sacar de quicio al espectador. Supongo que esa era precisamente la intención. En algunos momentos lo consigue demasiado bien.

 

También resulta muy divertida la reflexión sobre los nuevos “roles” que cotizan al alza en Hollywood. Hay un momento especialmente brillante cuando alguien le hace ver a Reef que convertirse en víctima de una extorsión puede beneficiar incluso a su carrera, porque hoy en día el papel de víctima vende extraordinariamente bien. Es una pulla bastante afilada hacia una industria obsesionada con la imagen pública y la narrativa perfecta.

 

Los cinéfilos disfrutarán viendo a Keanu Reeves alejarse por completo de los fantasmas de Matrix, de John Wick o incluso de Speed. Aquí no reparte balazos ni salva el mundo. Lo único que intenta salvar es su conciencia, y eso resulta bastante más complicado.

 

Hay además un simpático cameo de Drew Barrymore, siempre encantadora, interpretándose a sí misma en su programa de televisión. Uno de esos pequeños regalos que hacen sonreír.

 

Visualmente, Jonah Hill rueda con mucho gusto. La fotografía es colorista, el montaje tiene ritmo y el conjunto posee un aire muy agradable.

 

Eso sí, es una película que parece diseñada para disfrutarse tranquilamente en el sofá de casa, exactamente donde Apple TV+ quería que la viéramos.

 

No reinventa el cine, ni falta que le hace. Es una sátira amable sobre Hollywood, sobre la cancelación, sobre las segundas oportunidades y sobre esa vieja verdad que muchos famosos descubren demasiado tarde: pedir perdón suele salir bastante más barato que contratar un abogado de crisis. 

 

Mi puntuación: 5,66/10.

 

 

 

Dirigido por Jonah Hill:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Al Médico con Ramón – Niños, pantallas y redes sociales: cuando el chupete digital se nos fue de las manos

6/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Niños, pantallas y redes sociales: cuando el chupete digital se nos fue de las manos

 

Durante años hemos hablado de “las pantallas” como si fueran una sola cosa: televisión, móvil, tableta, videojuegos, YouTube, TikTok, Instagram, WhatsApp, pornografía, apuestas, deberes online, videollamadas con los abuelos y dibujos animados mientras los padres intentan ducharse sin que arda la cocina.

 

Pero no todo es lo mismo.

 

No es igual ver una película en familia que pasarse tres horas haciendo scroll infinito en TikTok a las dos de la mañana.

 

No es igual jugar media hora a un videojuego que recibir insultos en un grupo de clase.

 

No es igual una videollamada con la abuela que un algoritmo sirviendo vídeos de autolesiones a una niña vulnerable.

 

El problema no es “la tecnología” en abstracto.

 

La tecnología puede enseñar, conectar, entretener y abrir ventanas al mundo.

 

El problema aparece cuando las pantallas sustituyen al sueño, al juego físico, a la lectura, al aburrimiento creativo, a la conversación familiar, al deporte, a la socialización real y, en los más pequeños, al contacto humano que construye el lenguaje, la atención y la regulación emocional. Ahí la cosa cambia. Y bastante.

 

La Organización Mundial de la Salud ya recomendó en 2019 limitar de forma clara el sedentarismo con pantallas en menores de cinco años, integrándolo dentro de una visión global: más actividad física, mejor sueño y menos tiempo sentados delante de dispositivos.

 

La Asociación Española de Pediatría ha sido todavía más contundente en sus recomendaciones recientes: evitar pantallas antes de los seis años y limitar mucho su uso entre los seis y los doce.

 

La American Academy of Pediatrics, en su actualización de 2026, ya no habla solo de “tiempo de pantalla”, sino de “ecosistemas digitales”: plataformas, algoritmos, modelos de negocio, publicidad, videojuegos, redes sociales, asistentes de inteligencia artificial y contenidos diseñados para retener la atención infantil.

 

Dicho en castellano de andar por casa: el móvil no es una ventana inocente. Es una máquina diseñada para que cueste soltarla.

 

Y a un cerebro infantil o adolescente, todavía en obras, se le pide que compita contra empresas con ejércitos de ingenieros, psicólogos del comportamiento y algoritmos dopados. Es como poner a un chaval de doce años a defender a Messi en 2009. Mucha ilusión, pero pocas probabilidades.

 

 

1. Qué dice realmente la evidencia

 

Conviene empezar con una advertencia: no todo lo que se dice sobre pantallas está demostrado con la misma fuerza. En medicina, como en el cine, no es lo mismo una obra maestra que un tráiler engañoso.

 

Hay asociaciones bastante consistentes entre uso excesivo de pantallas y peor sueño, sedentarismo, obesidad, problemas de atención, menor rendimiento escolar, ansiedad, depresión, baja autoestima, exposición a contenidos dañinos, ciberacoso y riesgo de uso problemático. Pero demostrar causalidad directa es más complicado.

 

Un adolescente deprimido puede usar más redes sociales porque está deprimido; y a la vez, ese uso puede empeorar su depresión. La flecha puede ir en los dos sentidos.

 

A veces, además, hay una tercera variable: soledad, conflicto familiar, acoso escolar, bajo nivel socioeconómico, trastorno previo, falta de sueño o ausencia de límites.

 

Por eso la postura rigurosa no es decir: “las pantallas causan todos los males”. Eso sería falso y bastante cuñado.

 

La postura correcta es: el uso precoz, excesivo, no supervisado, nocturno, solitario, compulsivo o ligado a contenidos dañinos se asocia a múltiples problemas de salud infantil y adolescente, y en algunos ámbitos la plausibilidad biológica y la consistencia de los estudios justifican medidas preventivas claras.

 

La evidencia más sólida se concentra en cuatro áreas: sueño, actividad física/obesidad, salud mental y exposición a riesgos online.

 

También hay datos relevantes sobre miopía, dolor musculoesquelético, lenguaje, atención, aprendizaje y conducta.

 

 

 

2. Trastornos del sueño: el primer cadáver en la escena del crimen

 

El sueño es uno de los grandes perjudicados. Y no hablamos de una tontería. En niños y adolescentes, dormir mal afecta al crecimiento, al aprendizaje, a la memoria, al estado de ánimo, al control de impulsos, al rendimiento escolar y al metabolismo.

 

Las pantallas alteran el sueño por varias vías.

 

Primero, desplazan tiempo: si el niño está con el móvil, no está durmiendo.

 

Segundo, activan emocionalmente: un videojuego competitivo, una discusión por WhatsApp o un vídeo de miedo no son precisamente una nana de Mozart.

 

Tercero, la luz, especialmente la azul, puede interferir con la secreción de melatonina.

 

Y cuarto, el móvil en el dormitorio convierte la noche en una feria: notificaciones, mensajes, vídeos cortos y “solo cinco minutos más”, que suelen ser cuarenta y cinco. El clásico “una más y lo dejo”, versión infantil del casino.

 

Una revisión sistemática reciente encontró asociación robusta entre mayor tiempo de pantalla y peores resultados de sueño, especialmente en adolescentes.

 

La AAP (American Academy of Pediatrics) también insiste en la importancia de rutinas familiares, ausencia de pantallas en dormitorios y límites claros en horarios nocturnos.

 

La recomendación práctica es sencilla: pantallas fuera del dormitorio, nada de móvil durante la noche y desconexión al menos una hora antes de acostarse.

 

En adolescentes puede sonar a declaración de guerra, pero dormir no es negociable.

 

El cerebro adolescente ya tiene suficiente con sobrevivir a sus propias hormonas.

 

 

3. Obesidad, sedentarismo y riesgo cardiovascular

 

El uso excesivo de pantallas favorece el sedentarismo.

 

Y el sedentarismo, cuando se combina con picoteo, publicidad de comida insana y menos actividad física, se convierte en una autopista hacia la obesidad infantil.

 

No es solo que el niño esté sentado. Es que muchas veces está sentado comiendo peor, durmiendo menos y moviéndose menos.

 

La pantalla funciona como ladrona de tiempo saludable.

 

Quita minutos al juego activo, al deporte, a caminar, a saltar, a aburrirse y a inventarse una aventura con una caja de cartón, que sigue siendo uno de los grandes inventos de la humanidad.

 

Los estudios poblacionales muestran asociación entre alto tiempo de pantalla no escolar y peores indicadores de actividad física, sueño, peso, salud mental y apoyo percibido.

 

Un análisis de los CDC publicado en 2025 consideró alto uso recreativo cuatro o más horas diarias y lo relacionó con resultados adversos en varias áreas de salud.

 

La OMS insiste en que las recomendaciones para menores de cinco años deben entenderse como un equilibrio de 24 horas: actividad física, sueño suficiente y poco tiempo sedentario con pantallas.

 

El problema se agrava cuando las pantallas se usan durante las comidas.

 

Comer viendo vídeos reduce la atención a la saciedad, facilita comer más y empobrece la conversación familiar.

 

Además, la publicidad digital no es inocente: alimentos ultraprocesados, bebidas azucaradas y marketing personalizado llegan a los menores con una precisión que ya quisiera un misil.

 

 

4. Miopía y fatiga visual

 

La miopía infantil está aumentando en muchas regiones del mundo.

 

No todo se debe a las pantallas, pero el exceso de trabajo de cerca y la falta de tiempo al aire libre parecen factores relevantes.

 

La exposición a luz natural y el juego exterior tienen un papel protector frente a la progresión de la miopía.

 

Por eso, la receta no es solo “menos móvil”, sino “más calle”.

 

Además de miopía, las pantallas favorecen fatiga visual digital: escozor, sequedad ocular, visión borrosa, cefalea, parpadeo reducido y dificultad para enfocar tras uso prolongado.

 

En niños pequeños puede manifestarse como irritabilidad, rechazo a leer, frotamiento ocular o cefaleas inespecíficas.

 

La prevención es razonable: pausas frecuentes, buena iluminación, distancia adecuada, evitar pantallas pequeñas durante mucho tiempo y asegurar tiempo diario al aire libre.

 

La regla 20-20-20 —cada 20 minutos mirar 20 segundos a unos 20 pies, unos 6 metros— no cura la civilización, pero ayuda algo.

 

 

 

5. Dolor cervical, cefaleas y problemas musculoesqueléticos

 

El “cuello de móvil” no es una epidemia medieval, pero existe.

 

Niños y adolescentes pasan muchas horas con la cabeza inclinada, hombros adelantados y espalda en postura de gamba triste.

 

Eso favorece dolor cervical, dorsalgia, cefaleas tensionales y molestias en muñecas o pulgares.

 

La prevención no tiene glamour, pero funciona: limitar sesiones largas, alternar posturas, apoyar bien la espalda, elevar la pantalla, hacer pausas, moverse y fortalecer la musculatura.

 

En medicina preventiva muchas veces lo eficaz parece aburrido. Como las verduras. Como Hacienda. Como algunas películas de tres horas con planos fijos de una puerta.

 

 

6. Lenguaje, desarrollo cerebral y primera infancia

 

En menores de seis años el tema es especialmente delicado.

 

El cerebro infantil aprende por interacción humana: mirada, voz, gestos, turnos de conversación, juego simbólico, movimiento, exploración y vínculo.

 

Una pantalla puede entretener, pero no sustituye a una persona.

 

En lactantes y preescolares, el exceso de pantallas se ha asociado con retrasos en lenguaje, menor calidad de sueño, problemas de autorregulación, peor atención y menos interacción familiar.

 

La clave no es solo el contenido: es lo que la pantalla desplaza.

 

Un niño pequeño no aprende igual viendo a un personaje nombrar colores que jugando con un adulto que responde, corrige, espera, sonríe y ajusta el lenguaje a su nivel.

 

La AEP recomienda evitar pantallas antes de los seis años y subraya que no existe una cantidad segura de exposición en los más pequeños.

 

La AAP, aunque tradicionalmente ha permitido excepciones como videollamadas familiares, insiste ahora en valorar edad, contenido, contexto, compañía adulta y diseño de la plataforma.

 

Una idea práctica: en primera infancia, la pantalla no debe ser chupete emocional habitual.

 

Si cada rabieta se apaga con un móvil, el niño aprende a regularse con estímulo externo inmediato.

Luego nos sorprendemos de que no tolere el aburrimiento, la espera o la frustración. Pero le hemos entrenado nosotros, con toda la buena intención y todo el cansancio del mundo.

 

 

7. Atención, aprendizaje y rendimiento escolar

 

Las pantallas fragmentan la atención cuando se usan de forma multitarea: deberes con WhatsApp abierto, vídeos de fondo, notificaciones, música, pestañas infinitas, mensajes del grupo de clase y el cerebro intentando hacer de centralita.

 

El resultado suele ser peor concentración, más errores, más tiempo para terminar tareas y menor profundidad de aprendizaje.

 

No todo uso educativo es bueno por el hecho de ser digital. Hay herramientas útiles, claro.

 

Pero digitalizar por digitalizar puede ser una solemne tontería con Wi-Fi.

 

En niños pequeños, escribir a mano, leer en papel, manipular objetos, dibujar y conversar siguen teniendo un valor cognitivo enorme.

 

Los estudios sobre rendimiento académico muestran resultados variables, pero el patrón general es claro: el uso recreativo excesivo, especialmente nocturno y no supervisado, se asocia con peor rendimiento; el uso educativo guiado puede ser beneficioso si está bien diseñado, tiene objetivo claro y no sustituye habilidades básicas.

 

 

8. Salud mental: ansiedad, depresión y autoestima

 

Este es el terreno más sensible.

 

Las redes sociales pueden ofrecer apoyo, pertenencia, información y expresión creativa. P

 

ara algunos adolescentes aislados, enfermos o pertenecientes a minorías, internet puede ser un espacio de acompañamiento. Sería injusto negarlo.

 

Pero también hay riesgos claros: comparación social constante, idealización corporal, búsqueda de validación, exposición a vidas falsas, miedo a quedarse fuera, ciberacoso, presión sexual, contacto con desconocidos, contenidos autolesivos y dificultad para desconectar.

 

El informe del Surgeon General de Estados Unidos sobre redes sociales y salud mental juvenil advierte que no puede concluirse que las redes sean suficientemente seguras para niños y adolescentes, y señala preocupación por el uso casi constante, la exposición a contenidos dañinos y los posibles efectos sobre sueño, autoestima y salud mental.

 

Según ese informe, hasta el 95% de los adolescentes de 13 a 17 años en EE. UU. usa alguna plataforma social, y más de un tercio afirma usar redes “casi constantemente”.

 

La asociación entre redes sociales y depresión no debe simplificarse.

 

No todos los adolescentes se afectan igual.

 

Importan sexo, edad, vulnerabilidad previa, autoestima, tipo de contenido, tiempo de uso, uso activo o pasivo, apoyo familiar y experiencias de acoso.

 

Pero los adolescentes con síntomas depresivos, ansiedad, trastornos alimentarios, soledad o baja autoestima son especialmente vulnerables a determinados contenidos.

 

La pregunta clínica útil no es solo “¿cuántas horas?”.

Es también: ¿qué ve?, ¿con quién habla?, ¿qué siente después?, ¿duerme peor?, ¿ha dejado actividades?, ¿se compara continuamente?, ¿recibe insultos?, ¿oculta el uso?, ¿se angustia si no puede conectarse?, ¿hay cambios de conducta?

 

 

9. Imagen corporal, trastornos alimentarios y autolesiones

 

Las redes sociales son una trituradora de autoestima para muchos adolescentes.

 

Cuerpos perfectos, filtros, dietas milagro, rutinas extremas, cirugía estética normalizada, “antes y después”, retos de adelgazamiento, influencers vendiendo inseguridad con sonrisa de anuncio dental. Todo eso impacta.

 

En niñas y adolescentes, la exposición repetida a ideales corporales irreales se asocia con insatisfacción corporal, comparación social, baja autoestima y conductas alimentarias de riesgo.

 

En chicos también aparece presión por musculatura, definición corporal, rendimiento sexual y apariencia física.

 

Especialmente preocupantes son los contenidos relacionados con autolesiones, suicidio y trastornos de la conducta alimentaria.

 

Algunos adolescentes no los buscan inicialmente, pero los algoritmos pueden recomendarlos tras interacciones previas con contenidos de tristeza, soledad o malestar.

 

Aquí el problema no es solo el contenido: es la amplificación automatizada.

 

Ante señales de alarma —pérdida rápida de peso, aislamiento, autolesiones, frases de desesperanza, abandono de actividades, insomnio grave, consumo oculto de contenidos dañinos— no basta con “quitar el móvil”.

 

Hay que evaluar salud mental, riesgo autolítico, acoso, dinámica familiar y necesidad de atención especializada.

 

 

 

10. Uso problemático, dependencia y adicción conductual

 

No todo uso intenso es adicción.

 

Un adolescente puede usar mucho el móvil en una etapa concreta sin tener un trastorno.

 

Pero existe el uso problemático: pérdida de control, irritabilidad al retirar el dispositivo, fracaso repetido al intentar reducirlo, abandono de actividades, mentiras, conflicto familiar, empeoramiento académico y persistencia pese a consecuencias negativas.

 

Los videojuegos tienen una categoría específica en la CIE-11: trastorno por videojuegos, definido por deterioro del control, prioridad creciente del juego sobre otras actividades y continuación pese a consecuencias negativas.

 

Con redes sociales se habla más de uso problemático que de adicción formal, pero el patrón puede ser muy parecido.

 

Las plataformas están diseñadas con recompensas variables: notificaciones, likes, comentarios, rachas, scroll infinito, autoplay, recompensas sociales impredecibles.

 

El cerebro adolescente, sensible a recompensa y aprobación social, es terreno fértil.

 

No es falta de voluntad. Es neurodesarrollo peleando contra diseño persuasivo. David contra Goliat, pero Goliat lleva algoritmo y departamento de marketing.

 

 

11. Ciberacoso: cuando el patio del colegio no cierra nunca

 

Antes, el acoso escolar podía parar al llegar a casa.

 

Ahora el móvil mete al agresor en el dormitorio.

 

El ciberacoso añade varias crueldades: anonimato, difusión masiva, permanencia del contenido, humillación pública, imposibilidad de escapar y espectadores que amplifican.

 

Las consecuencias pueden ser graves: ansiedad, depresión, absentismo, bajo rendimiento, somatizaciones, aislamiento, autolesiones e ideación suicida.

 

Naciones Unidas recoge que más de un tercio de jóvenes en 30 países declara haber sufrido ciberacoso y uno de cada cinco ha faltado a clase por ese motivo.

 

Señales de alarma: miedo al móvil, cambios bruscos de humor tras conectarse, ocultamiento de pantalla, rechazo a ir al colegio, pérdida de amigos, bajada de notas, trastornos del sueño, quejas físicas repetidas y aislamiento.

 

La respuesta debe ser rápida: guardar pruebas, no responder impulsivamente, informar al centro escolar, activar protocolos, denunciar si hay amenazas, extorsión o difusión de imágenes íntimas, y acompañar emocionalmente al menor.

 

Decir “pasa de ellos” suele servir lo mismo que recomendar tila en un incendio.

 

 

 

12. Grooming, sextorsión y violencia sexual digital

 

Este apartado es incómodo, pero imprescindible.

 

Internet facilita que adultos contacten con menores, ganen su confianza y los manipulen para obtener imágenes íntimas o encuentros.

 

UNICEF advierte de que la explotación y abuso sexual facilitados por tecnología son una de las amenazas más alarmantes: agresores conocidos o desconocidos pueden ganarse la confianza del niño y luego manipularlo o extorsionarlo.

 

Grooming significa engaño y manipulación de un menor por parte de un adulto, normalmente a través de internet, para ganarse su confianza con una finalidad sexual.

 

Suele empezar con mensajes aparentemente inocentes: amistad, halagos, regalos, secretos compartidos… Luego el adulto va subiendo el tono: pide fotos, conversaciones sexuales, vídeos íntimos o incluso quedar en persona.

 

En español podríamos traducirlo como acoso sexual a menores por internet o captación sexual de menores, aunque se usa mucho la palabra inglesa grooming.

 

Dicho en bruto: es cuando un depredador se disfraza de amigo.

 

El grooming suele seguir fases: contacto aparentemente inocente, confianza, secreto, sexualización progresiva, petición de imágenes, chantaje y control.

 

Puede ocurrir en redes sociales, chats, videojuegos, foros o aplicaciones de mensajería.

 

La prevención no puede limitarse a “no hables con desconocidos”.

 

Muchos menores no perciben al agresor como desconocido después de semanas de conversación.

 

Hay que educar en privacidad, consentimiento, presión emocional, chantaje, imágenes íntimas y petición de ayuda sin miedo al castigo.

 

Si el menor cree que le van a quitar el móvil y machacarle, callará. Y el silencio es el hábitat natural del abusador.

 

 

 

13. Pornografía precoz

 

La exposición temprana a pornografía es cada vez más frecuente y puede distorsionar la construcción de la sexualidad.

 

La pornografía comercial suele mostrar cuerpos irreales, ausencia de consentimiento explícito, prácticas violentas o humillantes, roles de género deformados y una sexualidad centrada en rendimiento, no en afecto, comunicación y respeto.

 

No todos los adolescentes expuestos desarrollan problemas, pero el consumo precoz, repetido y no contextualizado puede asociarse con expectativas sexuales irreales, presión para prácticas no deseadas, normalización de violencia, dificultades en relaciones afectivas y problemas de imagen corporal.

 

La solución no es fingir que no existe. Existe. Y bastante.

 

La respuesta eficaz combina educación afectivo-sexual, filtros razonables, supervisión, conversación abierta y límites.

 

Hablar de sexualidad no “incita”; educa.

 

Lo que incita es dejar que el algoritmo haga de profesor sustituto, y encima sin oposiciones.

 

 

 

14. Apuestas, compras, publicidad y presión comercial

 

El ecosistema digital infantil no solo entretiene: vende.

 

Vende productos, cuerpos, estilos de vida, comida, apuestas, micropagos, cajas de recompensa, suscripciones, skins, monedas virtuales y la idea de que existir es consumir.

 

La OCDE clasifica los riesgos digitales para menores en categorías como contenido, contacto, conducta y riesgos comerciales, subrayando que el entorno digital ofrece oportunidades, pero también riesgos complejos y cambiantes.

 

Los videojuegos con micropagos y recompensas aleatorias pueden familiarizar al menor con dinámicas parecidas al juego de azar.

 

No son idénticas a una tragaperras, pero a veces se le parecen demasiado como para estar tranquilos.

 

Y la publicidad encubierta de influencers dificulta que el niño distinga recomendación honesta de anuncio pagado.

 

 

 

15. Desinformación, retos virales y contenidos violentos

 

Los niños y adolescentes pueden acceder a contenidos violentos, retos peligrosos, pseudociencia, teorías conspirativas, discursos de odio, misoginia, racismo, autolesiones, dietas extremas y consejos sanitarios absurdos.

 

Como médico, uno tiembla especialmente cuando un adolescente modifica medicación o conducta de salud por lo que ha visto en redes.

 

El doctor TikTok tiene bata, pero suele ser de disfraz.

 

La alfabetización digital debe formar parte de la prevención: enseñar a contrastar fuentes, identificar publicidad, entender algoritmos, detectar manipulación emocional y pedir ayuda.

 

Prohibir sin educar deja al menor indefenso cuando inevitablemente accede.

 

 

 

16. ¿Hay beneficios?

 

Después de leer todo lo anterior, alguien podría pensar que las pantallas son poco menos que un invento diabólico. Pero sería una conclusión equivocada.

 

Como ocurre con casi todo en medicina, la realidad es bastante más compleja.

 

Las pantallas no son buenas ni malas por sí mismas. Son herramientas. Igual que un cuchillo puede servir para preparar una ensalada o para cometer un delito, un teléfono móvil puede convertirse en una extraordinaria herramienta educativa o en un serio problema de salud, dependiendo del uso que se haga de él.

 

De hecho, la inmensa mayoría de los estudios científicos actuales coinciden en que el debate ya no debe centrarse únicamente en el tiempo de pantalla.

 

Cada vez tiene más importancia el contexto en el que se utilizan, la edad del niño, el tipo de contenido que consume, el grado de supervisión por parte de los adultos y, sobre todo, si ese uso sustituye o no a actividades esenciales para el desarrollo.

 

Un niño que dedica cuarenta minutos a realizar una actividad interactiva de calidad acompañado de sus padres probablemente está obteniendo un beneficio.

 

Otro que permanece cuatro horas seguidas consumiendo vídeos cortos generados por un algoritmo difícilmente lo está.

 

 

 

Una herramienta extraordinaria para aprender

 

Internet ha puesto al alcance de cualquier niño una cantidad de conocimiento que hace apenas veinte años habría parecido ciencia ficción.

 

Hoy un escolar puede recorrer virtualmente el interior del cuerpo humano, visitar museos de cualquier parte del mundo, observar cómo funciona un volcán, escuchar una conferencia de un premio Nobel, aprender astronomía viendo imágenes del telescopio espacial James Webb o practicar idiomas con personas que viven a miles de kilómetros.

 

Las plataformas educativas permiten adaptar el ritmo de aprendizaje a cada alumno.

 

Existen aplicaciones que ayudan a mejorar la lectura, el cálculo, la pronunciación de idiomas o determinadas dificultades específicas del aprendizaje.

 

En niños con enfermedades crónicas o largas hospitalizaciones, las tecnologías digitales permiten continuar la escolarización y mantener el contacto con profesores y compañeros, reduciendo el aislamiento social.

 

Durante la pandemia de COVID-19 quedó demostrado que, sin las herramientas digitales, millones de niños habrían perdido completamente el acceso a la educación durante meses.

 

Naturalmente, la enseñanza presencial sigue siendo insustituible para el desarrollo social y emocional, pero la tecnología constituye un excelente complemento cuando se utiliza con criterio.

 

 

Favorecen la creatividad

 

Existe una imagen muy extendida según la cual todos los niños utilizan el móvil únicamente para perder el tiempo.

 

La realidad es mucho más diversa.

 

Muchos adolescentes utilizan herramientas digitales para crear música, editar fotografías, producir vídeos, diseñar animaciones, escribir relatos, programar videojuegos, dibujar digitalmente o aprender fotografía.

 

Aplicaciones de edición de vídeo, programas de ilustración o plataformas de programación han despertado auténticas vocaciones profesionales.

 

No pocos diseñadores gráficos, músicos, cineastas o desarrolladores informáticos comenzaron simplemente experimentando con un ordenador durante la adolescencia.

 

La diferencia fundamental está entre consumir contenidos de forma pasiva y crear contenidos propios.

 

La creatividad exige esfuerzo, planificación, aprendizaje y capacidad de resolver problemas.

 

El consumo pasivo únicamente exige deslizar un dedo sobre la pantalla.

 

 

 

Una ventana al mundo

 

Internet también ha democratizado el acceso a la cultura.

 

Bibliotecas digitales, películas clásicas, documentales, conferencias, conciertos, cursos universitarios gratuitos y millones de publicaciones científicas pueden consultarse desde cualquier domicilio con conexión a internet.

 

Nunca había resultado tan sencillo acceder al conocimiento.

 

Eso sí, la abundancia de información obliga a desarrollar pensamiento crítico.

 

Saber buscar información es importante.

 

Saber distinguir una fuente fiable de un bulo lo es todavía más.

 

Precisamente por ello, numerosos expertos consideran que la alfabetización digital debería enseñarse desde la escuela con la misma importancia que la comprensión lectora.

 

 

 

Facilitan las relaciones sociales

 

Las redes sociales suelen aparecer asociadas a problemas psicológicos, y con razón en determinados casos.

 

Sin embargo, también pueden cumplir una función muy positiva.

 

Muchos adolescentes encuentran en internet grupos con intereses similares: lectura, cine, música, ciencia, dibujo, videojuegos, idiomas o cualquier otra afición.

 

En ocasiones, jóvenes que viven en pequeños municipios o presentan enfermedades poco frecuentes consiguen contactar con personas que atraviesan situaciones parecidas, reduciendo la sensación de aislamiento.

 

También resultan especialmente útiles para adolescentes con discapacidades físicas o enfermedades que limitan su movilidad.

 

Para ellos, internet puede convertirse en una herramienta de integración social extraordinariamente valiosa.

 

Naturalmente, estas ventajas nunca sustituyen las relaciones presenciales, pero pueden complementarlas de forma muy beneficiosa.

 

 

 

Un recurso muy útil para la salud

 

La tecnología también ha transformado la atención sanitaria.

 

Existen aplicaciones que ayudan a controlar la diabetes, registrar crisis epilépticas, recordar la toma de medicación, realizar rehabilitación, controlar el asma o monitorizar determinados parámetros de salud.

 

Los adolescentes con enfermedades crónicas disponen hoy de comunidades de apoyo donde compartir experiencias con otros pacientes y familias.

 

En salud mental también existen aplicaciones de relajación, entrenamiento en mindfulness o terapia cognitivo-conductual que, utilizadas bajo supervisión profesional, pueden convertirse en herramientas útiles, aunque nunca deben sustituir la atención médica cuando ésta es necesaria.

 

 

Los videojuegos no siempre son el enemigo

 

Los videojuegos suelen ser los grandes villanos cuando se habla de pantallas.

 

Sin embargo, numerosos estudios muestran que determinados videojuegos pueden mejorar habilidades como la coordinación óculo-manual, la velocidad de reacción, la percepción espacial, la resolución de problemas, la planificación o la cooperación entre compañeros.

 

Muchos videojuegos obligan a diseñar estrategias, administrar recursos, tomar decisiones complejas o colaborar con otros jugadores para alcanzar objetivos comunes.

 

Incluso algunos hospitales utilizan videojuegos como herramienta de rehabilitación física o para disminuir la ansiedad antes de determinados procedimientos médicos.

 

Naturalmente, estos posibles beneficios desaparecen cuando el juego se convierte en una conducta compulsiva o desplaza actividades fundamentales como el sueño, el estudio, el deporte o las relaciones familiares.

 

 

El verdadero problema no son las pantallas

 

Quizá ésta sea la idea más importante de todo el artículo.

 

Las investigaciones más recientes indican que el principal problema no reside en las pantallas por sí mismas, sino en el uso excesivo, precoz, descontrolado o inadecuado de las mismas.

 

Una hora utilizando una aplicación educativa con un padre no tiene absolutamente nada que ver con cuatro horas consumiendo vídeos recomendados por un algoritmo diseñado para captar la atención.

 

Tampoco es comparable una videollamada con los abuelos, una clase online o un documental científico con navegar durante horas por contenidos violentos, pornográficos o claramente perjudiciales.

 

La calidad del contenido importa tanto o más que el tiempo de exposición.

 

Por eso, cada vez más expertos proponen abandonar la vieja pregunta: «¿Cuántas horas pasa delante de una pantalla?» para sustituirla por otra mucho más útil: «¿Qué hace exactamente cuando está delante de esa pantalla?».

 

 

 

La clave está en el equilibrio

 

Probablemente ésa sea la conclusión más sensata.

 

Las pantallas forman parte de la vida cotidiana y seguirán haciéndolo durante las próximas décadas.

 

Pretender eliminar completamente la tecnología sería tan poco realista como recomendable.

 

El objetivo debe ser enseñar a los niños y adolescentes a utilizarla de forma inteligente, crítica, segura y equilibrada.

 

Cuando las pantallas enriquecen la educación, favorecen la creatividad, mejoran la comunicación y no sustituyen al sueño, al ejercicio físico, a la lectura, al juego libre ni a las relaciones personales, pueden convertirse en una herramienta extraordinaria.

 

Cuando ocupan el lugar de todo lo demás, dejan de ser una ayuda para convertirse en un problema.

 

Como ocurre con tantos aspectos de la salud, el secreto no está en la prohibición absoluta, sino en el equilibrio.

 

 

 

17. Recomendaciones por edades

 

Menores de 3 años

 

Evitar pantallas, salvo videollamadas familiares puntuales.

 

Priorizar juego físico, interacción cara a cara, canciones, cuentos, suelo, calle, objetos reales y rutinas.

 

Nada de pantallas para comer, dormir o calmar rabietas de forma habitual.

 

 

 

De 3 a 6 años

 

La recomendación más prudente, siguiendo la línea de la AEP, es evitar pantallas o reducirlas al mínimo, siempre con adulto, contenido de calidad y tiempo muy limitado.

 

Nada de dispositivos propios.

 

Nada de pantallas en dormitorio.

 

Nada de uso automático como niñera emocional.

 

 

De 6 a 12 años

 

Uso limitado, supervisado y pactado.

 

La AEP habla de máximo aproximado de una hora diaria en esta franja.

 

Prioridad absoluta: sueño, colegio, lectura, deporte, juego, familia y amigos.

 

Sin redes sociales generalistas.

 

Sin móvil propio con internet libre.

 

Control parental razonable, pero sobre todo acompañamiento.

 

 

 

Adolescencia

 

Aquí no sirve solo prohibir.

 

Hay que negociar, educar y supervisar.

 

Reglas claras: móvil fuera del dormitorio por la noche, horarios, privacidad, no compartir imágenes íntimas, pedir ayuda ante acoso o chantaje, revisar bienestar emocional y fomentar actividades offline.

 

Retrasar redes sociales todo lo posible es sensato. Y cuando lleguen, entrar con acompañamiento, no con barra libre.

 

 

 

 

18. Papel de la familia

 

Los niños hacen más caso a lo que ven que a lo que se les sermonea.

 

Si el adulto está todo el día con el móvil, la autoridad moral para decir “deja la pantalla” queda un poco pocha.

 

La AEP señala asociación entre el tiempo de pantalla de los padres y el de los hijos, especialmente durante comidas y en dormitorios.

 

 

Medidas familiares útiles:

 

  • Comidas sin pantallas.

 

  • Dormitorios sin dispositivos.

 

  • Carga nocturna de móviles fuera de la habitación.

 

  • Normas familiares escritas.

 

  • Tiempo diario al aire libre.

 

  • Lectura compartida.

 

  • Control parental sin espionaje humillante.

 

  • Conversaciones frecuentes sobre redes, privacidad y sexualidad.

 

  • Adultos dando ejemplo.

 

 

El objetivo no es una casa amish con fibra óptica escondida, sino una familia que manda sobre la tecnología y no al revés.

 

 

 

19. Papel del colegio

 

La escuela no debería confundir modernidad con meter tabletas a granel.

 

La digitalización educativa debe demostrar beneficio, no imponerse por moda.

 

En infantil y primaria temprana, la prioridad sigue siendo lenguaje, psicomotricidad, lectura, escritura, juego, atención sostenida y vínculo.

 

Los centros deben tener protocolos frente a ciberacoso, normas sobre móviles, educación digital, formación a familias y coordinación con pediatría y salud mental.

 

También deben revisar críticamente el uso de plataformas comerciales que recogen datos de menores.

 

 

 

20. Papel del pediatra y del médico de familia

 

La anamnesis digital debería formar parte de la consulta.

 

Igual que preguntamos por sueño, alimentación o ejercicio, hay que preguntar por pantallas.

 

 

Preguntas útiles:

 

¿Cuántas horas usa pantallas fuera del colegio?

¿Tiene móvil propio?

¿Duerme con el móvil en la habitación?

¿Qué redes usa?

¿Ha sufrido acoso?

¿Ha visto contenido sexual o violento?

¿Hay conflictos familiares por el dispositivo?

¿Ha dejado deporte, lectura o amigos?

¿Cómo se siente después de usar redes?

¿Hay autolesiones, tristeza, ansiedad o ideación suicida?

 

No se trata de demonizar.

 

Se trata de detectar riesgos.

 

El fonendo no sirve para escuchar algoritmos, pero la entrevista clínica sí.

 

 

 

21. Señales de alarma

 

Conviene consultar si aparecen:

 

  • Insomnio persistente.

 

  • Bajada brusca del rendimiento escolar.

 

  • Aislamiento.

 

  • Irritabilidad intensa al retirar pantallas.

 

  • Mentiras o uso oculto.

 

  • Abandono de actividades previas.

 

  • Ansiedad o tristeza tras conectarse.

 

  • Pérdida de peso o preocupación corporal extrema.

 

  • Autolesiones.

 

  • Ideas de muerte.

 

  • Ciberacoso.

 

  • Chantaje con imágenes.

 

  • Consumo problemático de pornografía.

 

  • Gasto económico no controlado.

 

  • Uso nocturno compulsivo.

 

En estos casos, quitar el móvil puede ser parte del plan, pero no todo el plan.

Hay que buscar qué está pasando debajo.

 

 

 

 

22. Decálogo práctico para padres

 

  1. No introducir pantallas pronto. Cuanto más tarde, mejor.

 

  1. No usar el móvil como chupete emocional habitual.

 

  1. Nada de pantallas en dormitorios.

 

  1. Nada de pantallas durante comidas.

 

  1. Apagar dispositivos al menos una hora antes de dormir.

 

  1. Retrasar móvil propio y redes sociales todo lo posible.

 

  1. Supervisar contenidos, contactos y privacidad.

 

  1. Priorizar deporte, calle, sueño, lectura y amigos reales.

 

  1. Hablar de pornografía, acoso, sextorsión y privacidad sin montar un drama inquisitorial.

 

  1. Dar ejemplo adulto. Este punto duele, pero cura.

 

 

 

23. Conclusión

 

Las pantallas no son veneno. Pero tampoco son agua bendita.

 

Son herramientas potentes en manos de cerebros en desarrollo y dentro de plataformas diseñadas para captar atención, generar dependencia y monetizar conducta. Por eso la infancia necesita protección, límites y acompañamiento.

 

La evidencia no permite afirmar que toda pantalla cause daño, pero sí justifica una postura preventiva clara: nada o casi nada en los primeros años, límites firmes en la infancia, retraso del móvil y redes sociales, vigilancia del sueño, acompañamiento familiar, educación digital y respuesta rápida ante señales de alarma.

 

El objetivo no es criar niños analógicos en una cueva. Es criar niños libres. Y hoy, paradójicamente, para ser libre hace falta aprender a apagar una pantalla.

 

 

Bibliografía seleccionada

 

  1. World Health Organization. Guidelines on physical activity, sedentary behaviour and sleep for children under 5 years of age. Geneva: WHO; 2019.

 

  1. American Academy of Pediatrics. Digital Ecosystems, Children, and Adolescents: Policy Statement. Pediatrics. 2026.

 

  1. American Academy of Pediatrics. Digital Ecosystems, Children, and Adolescents: Technical Report. Pediatrics. 2026.

 

  1. U.S. Surgeon General. Social Media and Youth Mental Health: The U.S. Surgeon General’s Advisory. 2023.

 

  1. Asociación Española de Pediatría. Nuevas recomendaciones sobre pantallas en infancia y adolescencia. 2025.

 

  1. Asociación Española de Pediatría. La AEP actualiza sus recomendaciones sobre uso de pantallas en infancia y adolescencia. 2024.

 

  1. Centers for Disease Control and Prevention. Associations Between Screen Time Use and Health Outcomes Among Children and Adolescents. 2025.

 

  1. He X, et al. Association of screen time and sleep outcomes: systematic review. 2025.

 

  1. UNICEF. Keeping children safe online.

 

  1. United Nations. Child and Youth Safety Online.

 

  1. OECD. Children in the Digital Environment: Revised Typology of Risks. OECD Digital Economy Papers; 2021.

 

  1. UNICEF Innocenti. Childhood in a Digital World. 2025.

 

 

(Artículo redactado, según mis indicaciones, por IA y posteriormente corregido y modificado por holasoyramon)

 

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Hermanos – 2026 – Carol Rodríguez Colás, Marina Rodríguez Colás – #YoVoyAlCine

6/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Supersalidos cruzando la Diagonal

 

Las hermanas Carol Rodríguez Colás y Marina Rodríguez Colás ya demostraron con Chavalas que conocían el barrio desde dentro, sin paternalismos ni estampitas de postal.

 

Aquella fue una de las sorpresas más agradables del cine español reciente, con un retrato tan divertido como honesto de cuatro amigas cuyos caminos habían tomado direcciones muy distintas.

 

En Hermanos vuelven al mismo territorio, pero cambian el foco hacia la adolescencia masculina y la amistad entre tres chavales de la periferia barcelonesa.

 

Cutrecomentario

 

Las hermanas Rodríguez Colás vuelven a hacer cine de barrio.

 

Pero no ese barrio de postal que tanto gusta en algunos anuncios, sino el de verdad. El de las familias que llegan justas a fin de mes, donde sobrevivir es casi una asignatura obligatoria y donde la multiculturalidad ya no es una excepción, sino el paisaje cotidiano.

 

Los protagonistas son tres chicos de orígenes distintos que se sienten hermanos. De ahí el título.

 

La película arranca cuando uno de ellos conoce a una chica de un ambiente mucho más acomodado, una “pija”, como él mismo la define, cuya madre da trabajo a la suya limpiando la casa.

 

La invitación a una fiesta de cumpleaños en la zona alta de Barcelona desencadena una pequeña odisea que va complicándose conforme abandonan su barrio. 

 

La gran idea de la película no es la amistad, sino el peso que sigue teniendo el origen social. Porque por mucho que todos los adolescentes escuchen la misma música, vistan parecido o compartan redes sociales, hay fronteras invisibles que continúan separando unos mundos de otros.

 

El trayecto hasta la fiesta resulta casi más interesante que la propia celebración. Allí aparece ese tono agridulce que las directoras manejan con bastante habilidad. Sin levantar la voz ni convertir el relato en un panfleto, dejan claro que las diferencias de clase siguen marcando el destino de muchas personas.

 

Y aquí viene el spoiler de los gordos. El plano final resume toda la película. Mientras la niña rica, después de una noche de fiesta, se va tranquilamente a dormir, el chico del barrio humilde se queda limpiando. No hacen falta discursos sobre desigualdad cuando una sola imagen explica tan bien quién puede permitirse descansar y quién tiene que recoger los restos de la fiesta.

 

También resulta interesante comprobar cómo lo castizo ha cambiado de rostro.

 

Los barrios populares ya son plenamente multiculturales y esa diversidad aparece retratada con absoluta naturalidad, sin convertir a nadie en “el inmigrante de la película”.

 

En cambio, donde menos ha evolucionado la sociedad es en determinados sectores acomodados, que siguen observando a la clase trabajadora con una condescendencia apenas disimulada.

 

Las hermanas Rodríguez Colás continúan haciendo cine social, aunque lo envuelvan en una comedia costumbrista de apariencia ligera. Y ahí reside buena parte de su talento: entretienen mientras hablan de meritocracia, racismo, clasismo y orgullo de barrio sin necesidad de subrayarlo cada cinco minutos. 

 

No alcanza el frescor de Chavalas, que me sigue pareciendo una película superior, pero mantiene intacta la mirada de sus directoras: cercana, honesta y profundamente comprometida con unos personajes que rara vez ocupan el centro del cine español.

 

Mi puntuación: 6,66/10.

 

 

 

Dirigido por Carol y Marina Rodríguez Colás:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Los músicos – Les musiciens – 2025 – Grégory Magne – #YoVoyAlCine

6/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuatro Stradivarius y un guion con GPS incorporado

 

Grégory Magne es un director francés que ya había transitado la comedia amable con L’air de rien y Perfumes, seguramente su película más conocida.

 

En Los músicos vuelve a moverse en ese terreno de personajes enfrentados que tienen que aprender a convivir sin matarse con un atril.

 

Grégory Magne fue premiado como mejor director en el Festival de Cine Francés de Málaga por Los músicos. La banda sonora corre a cargo de Grégoire Hetzel.

 

 

Cutrecomentario

 

Los músicos parte de una premisa bastante atractiva.

 

Una rica heredera, Astrid Thompson, decide cumplir el sueño de su padre: reunir cuatro instrumentos Stradivarius para interpretar una obra inédita de un compositor que lleva más de treinta años sin ser expuesta públicamente.

 

El caprichito no es precisamente barato. Hay que contratar a cuatro grandes concertistas, localizar al compositor para que ponga orden en el gallinero, pagar una iglesia con una sonoridad especial y, por supuesto, intentar monetizar todo el tinglado con vídeos, eventos y exposición cultural de alto copete. Vamos, filantropía con factura y plan de marketing.

 

El conflicto nace de los egos. Los cuatro músicos son excelentes, pero cada uno viene con su talento, sus manías y su ego en tamaño sinfónico. Nunca han trabajado realmente como grupo y la película se centra en ese proceso por el que tendrán que aprender a tocar juntos, escucharse y funcionar como un cuarteto en lugar de como cuatro solistas peleándose por el oxígeno.

 

La idea fundamental de la película es clara: cuatro buenos músicos no hacen necesariamente un buen cuarteto.

Hace falta escucha, renuncia y algo de humildad, esa cosa tan rara en ciertos ambientes artísticos como una butaca cómoda en un cine antiguo.

 

El problema es que Los músicos es absolutamente previsible. Desde muy pronto sabemos cómo va a terminar. No cabe ni la más mínima duda. Y lo peor no es solo que el desenlace se vea venir con prismáticos de ópera, sino que también el desarrollo resulta bastante anunciado. Los choques, las reconciliaciones, las pequeñas revelaciones y el aprendizaje colectivo siguen un camino demasiado marcado.

 

La película tiene tono amable, no aburre y entretiene mínimamente. Pero tampoco sorprende. Va poniendo obstáculos con educación francesa, sin despeinarse demasiado, como si hasta los conflictos hubieran pedido permiso antes de entrar en escena.

 

Lo que salva la función es la música. Ahí la película sí respira. Escuchar esos instrumentos, entender algo de la sonoridad de los Stradivarius, ver cómo cada intérprete se enfrenta a la partitura y asistir a esa búsqueda de armonía tiene verdadero interés.

 

La música aporta emoción, elegancia y cuerpo a una historia que, sin ella, se quedaría bastante raquítica.

 

Porque esa es la cuestión: sin la música, esto sería una debacle bastante fina, con mantel blanco, pero debacle al fin y al cabo. La partitura funciona como flotador, salvavidas y equipo de reanimación cardiopulmonar. Y gracias a ella, Los músicos consigue salir a flote.

 

No estamos ante una gran película, sino ante una obra simpática, correcta y demasiado programada.

 

Un concierto agradable con un guion que desafina por previsible.

 

Mi puntuación: 6,55/10.

 

 

 

Dirigido por Grégory Magne:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Cosas que no olvidaré – Per te – 2025 – Alessandro Aronadio – #YoVoyAlCine

6/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Una vida que no podrá ser recordada.

 

Alessandro Aronadio se ha especializado en combinar comedia y drama con una naturalidad poco habitual en el cine italiano reciente.

 

Debutó con Due vite per caso, llamó la atención con Orecchie, continuó con la sátira religiosa Io c’è, dio el salto internacional gracias a Era ora (remake italiano de la española El increíble finde menguante) y ahora firma Cosas que no olvidaré, probablemente su trabajo más íntimo y emocional hasta la fecha. (Wikipedia)

 

La película obtuvo una nominación al Premio David Giovani en los Premios David di Donatello 2025, un reconocimiento otorgado por estudiantes italianos al filme que consideran más representativo de su generación. (FilmAffinity)

 

 

Cutrecomentario

 

Hay películas que uno empieza a ver con la extraña sensación de que ya las ha visto. No porque sean un plagio, sino porque recorren caminos muy transitados.

 

Cosas que no olvidaré es una de ellas. Vuelve sobre ese terreno tan delicado como fértil de la superación personal frente a una enfermedad devastadora.

 

El protagonista, interpretado con enorme voluntad por Edoardo Leo, recibe un diagnóstico de demencia precoz.

 

Sabe que, poco a poco e irremediablemente, va a desconectarse de la realidad.

 

La memoria será la primera víctima, pero no la única.

 

Curiosamente, la película centra casi toda su atención en el olvido, cuando cualquier profesional sanitario sabe que una demencia también implica deterioro cognitivo progresivo, pérdida de capacidades funcionales y, muy especialmente, trastornos conductuales que suelen ser los que terminan desgastando y rompiendo el equilibrio familiar.

 

El verdadero conflicto no es tanto la enfermedad como la forma de convivir con ella.

 

¿Cómo le explicas a un niño de once años que su padre va a dejar de reconocer el mundo… y probablemente también a él? Ahí encuentra la película sus mejores momentos.

 

Alessandro Aronadio intenta navegar entre el drama y la sonrisa, utilizando pequeños instantes de humor para aliviar una historia que, de otro modo, sería casi insoportable.

 

A ratos funciona discretamente bien y consigue emocionar sin apretar demasiado el acelerador.

 

En otros momentos, sin embargo, el equilibrio se rompe y la maquinaria sentimental empieza a hacer demasiado ruido.

 

Ese es precisamente el principal problema de la película.

 

Como ocurre con muchas producciones basadas en hechos reales, aparece esa sensación de que alguien está moviendo los hilos para dirigir las emociones del espectador.

 

Hay escenas que nacen de forma natural y otras que parecen diseñadas con escuadra y cartabón para provocar el lagrimeo.

 

Y cuando uno percibe el truco, la emoción pierde parte de su fuerza.

 

Aun así, el trabajo de Edoardo Leo sostiene buena parte del metraje y evita que el conjunto caiga definitivamente en el melodrama más empalagoso.

 

La película intenta conmover desde la humanidad antes que desde la tragedia, y aunque no siempre acierta, se agradece el esfuerzo.

 

No descubre nada nuevo sobre el cine de enfermedades degenerativas, pero deja algunos momentos sinceros que consiguen quedarse en la memoria.

 

Paradójicamente, eso es precisamente lo que su protagonista sabe que acabará perdiendo.

 

Mi puntuación: 5.55/10.

 

 

 

Dirigido por Alessandro Aronadio:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Akira (Animación) – 1988 – Katsuhiro Ōtomo – #YoVoyAlCine

5/07/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Neo-Tokio explota y yo necesito un blister de Enantyum

 

Katsuhiro Ōtomo dirigió Akira adaptando su propio manga, con guion coescrito junto a Izo Hashimoto.

 

La película se estrenó en Japón en 1988 y en España llegó a los cines en 1992.

 

Fue una superproducción de anime para la época, con un presupuesto citado entre 700 millones y 1.100 millones de yenes, según las fuentes, y se ha convertido en una de las grandes películas de culto de la animación japonesa.

 

Akira ganó el premio del público en el Festival de Cine Fantástico de Ámsterdam y su influencia posterior en la ciencia ficción, el cyberpunk y el anime occidentalizado ha sido enorme.

 

 

Cutrecomentario

 

Akira es animación, ciencia ficción, acción, thriller futurista, cyberpunk, posapocalipsis, holocausto nuclear, manga, body horror y película de culto. Vamos, que sólo le falta salir en Sálvame discutiendo con Lydia Lozano.

 

Reconozco que, si la había visto, la había olvidado totalmente. Y eso que no es precisamente una película discreta: explota todo, grita todo, se hincha todo y Neo-Tokio parece diseñado por un urbanista con fiebre y mala leche.

 

Es una película densísima, llena de ideas, personajes, tramas, subtramas, conspiraciones, militares, moteros, niños con poderes, científicos, políticos y gente corriendo por pasillos como si regalaran croquetas al fondo. Al final todo se une, sí, pero durante buena parte del metraje uno va agarrado al manillar intentando no caerse.

 

Tengo además un pequeño problema, y no es broma: prosopagnosia oriental. Me cuesta identificar rostros orientales. Y aunque el anime tiende a occidentalizar las caras, aquí he sufrido para separar personajes. A ratos no sabía si estaba viendo una trama nueva o al mismo señor con otro flequillo.

 

La película impacta, eso es indudable. Tiene imágenes poderosísimas, una animación brutal para 1988 y una energía visual que sigue siendo apabullante. Pero también me aturde. Mucho tiro, mucha explosión, mucha persecución y escenas que parecen alargarse dentro del mismo tono de caos permanente.

 

No niego su importancia histórica ni su condición de obra de culto. Sería absurdo. Pero tampoco voy a fingir que he visto la gran revelación mística del anime. A mí me deja más bien frío, como si me hubieran metido dos horas dentro de una batidora nuclear.

 

Y luego está Akira, que más que un personaje es una idea, una fuerza, una energía absoluta que irradian los seres vivos… o algo parecido. Tal vez sea eso. Tal vez sea otra cosa. Tal vez necesito leerme el manga con tila y una libreta.

 

Akira es monumental, influyente, excesiva y agotadora. Una película que admiro más de lo que disfruto. Y eso también pasa. No todo culto tiene que convertirse en religión personal.

 

No he puesto “steampunk” porque lo correcto aquí es más bien cyberpunk. Lo otro era ponerle chistera a la moto de Kaneda.

 

Mi puntuación: 5,55/10.

 

 

 

Dirigido por Katsuhiro Ōtomo:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Muchos besos y muchas gracias.

¡Nos vemos en el cine!

 

 

 

Chistes y críticas en holasoyramon.com

Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

 

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