

Una Seminci muy viva y un palmarés para discutir
Palmarés, experiencias y comentarios de holasoyramon · 71.ª SEMINCI · Valladolid 2026
La 71.ª Semana Internacional de Cine de Valladolid se despide con salas llenas, una cosecha irregular y un palmarés que invita —como mandan las buenas costumbres festivaleras— a discutirlo durante el viaje de vuelta.
He pasado unos días de películas, amigos y paseos; salgo con varias obras excelentes en la memoria y con la sensación de que el jurado y yo hemos frecuentado salas distintas.
Mi acreditación de prensa: prueba documental de que no me colé en todas esas películas.
La Espiga y las espinas del palmarés
La Espiga de Oro ha sido para Dao, de Alain Gomis, una coproducción de Francia, Senegal y Guinea-Bisáu.
No la he visto: sus 185 minutos nos hicieron renunciar a más de uno, que en un festival también hay que dejar tiempo para comer y para llegar a la siguiente sesión sin practicar atletismo urbano.
Algún amigo que sí entró tampoco salió proclamando que acabara de descubrir el cine definitivo.
El jurado —Francesca Andreoli, Grégoire Hetzel, Dennis Lim, Elena Manrique y Federico Veiroj— ha destacado su forma singular y ese espacio poroso entre ficción y documental.
Puede que ahí esté la clave; a mí me toca reconocer que este año me he quedado fuera.
Dao, de Alain Gomis, Espiga de Oro.
La Espiga de Plata recayó en La Gradiva, de Marine Atlan.
La película me pareció interesante, pero no una gran obra; conozco espectadores que abandonaron la sala, vencidos por el sopor.
Su premio al montaje también me sorprende: había películas con un trabajo de edición que, a mi juicio, respiraba con más brío.
La mención especial para Aquí, de Tiago Guedes, no puedo discutirla: tampoco la vi.
El palmarés tiene ese don de premiar, a veces, películas que uno no ha conseguido ver.
El cine, además de arte, es una agenda endiablada.
La Gradiva, de Marine Atlan, Espiga de Plata y premio al montaje.
Aquí, de Tiago Guedes, mención especial.
El premio a la mejor dirección para La libertad doble, de Lisandro Alonso, sí me ha dejado patidifuso.
Seguimos a un leñador en la pampa, en una vida remota, pobre y áspera.
Entiendo que su propuesta contemplativa pueda seducir; a mí, sin embargo, me resultó muy aburrida.
Muchos planos fijos, la cámara delante del hombre y la espera: una espera que, en mi caso, no llegó a convertirse en revelación cinematográfica.
Que el jurado la haya distinguido por la dirección me parece uno de esos misterios que sostienen las tertulias cinéfilas y alargan las sobremesas.
La libertad doble, de Lisandro Alonso.
En cambio, coincido plenamente con el premio a mejor actriz para Alba Rohrwacher por A Good Little Soldier, de Stéphane Brizé.
Su trabajo es sensacional y la película, una mirada incisiva al capitalismo empresarial y a sus mecanismos de dominación, combina reflexión y humor con una soltura estupenda.
El premio al mejor actor para Swann Arlaud, por Un hombre de nuestro tiempo, me parece menos convincente: su personaje, un funcionario indolente y de gesto contenido, me dejó frío.
Tampoco me llamó la atención la fotografía sepia de la película, premiada en esta edición.
Y el premio de guion para Everytime, de Sandra Wollner, no lo puedo valorar: no la vi.
A Good Little Soldier, de Stéphane Brizé, con Alba Rohrwacher.
Un hombre de nuestro tiempo, de Emmanuel Marre.
Everytime, de Sandra Wollner, premio Miguel Delibes al mejor guion.
Las películas que me llevo
Mi favorita —o una de las grandes— es Una mujer desconocida (Woman Unknown), de May el-Toukhy, con Mathilde Arcel en una interpretación magnífica.
La película mira la liberación de Dinamarca tras la Segunda Guerra Mundial desde la experiencia de una mujer y recuerda que, en las venganzas colectivas, ellas suelen quedar más expuestas.
Es una reflexión poderosa y una película que merecía salir del festival con más reconocimiento.
También me ha entusiasmado Rose, de Markus Schleinzer: blanco y negro de gran belleza, una historia ambientada en la Alemania del siglo XVII y una Sandra Hüller extraordinaria.
Me sobra la voz en off, pero es una objeción pequeña frente a una película enorme.
Por suerte, el público de la Sección Oficial la reconoció con su premio.
Rose, de Markus Schleinzer, Premio del Público de la Sección Oficial.
La violinista, película de animación coproducida por España y Singapur, nos lleva a la Segunda Guerra Mundial en el sudeste asiático y me pareció maravillosa.
Cartas de Estado (Yellow Letters), de İlker Çatak, el director de Sala de profesores, mantiene la tensión y deja mucho que pensar.
Y Prosecution, de Faraz Shariat, es un auténtico bombazo: una fiscal de origen coreano se enfrenta a la violencia de la ultraderecha y a la infiltración de esa ideología en las instituciones alemanas.
Una película urgente, enérgica y con una protagonista que decide no resignarse.
La cosecha, en conjunto, ha sido irregular.
Hubo películas excelentes y otras más flojas; el cine español, a mi modo de ver, no alcanzó un gran nivel, aunque sí dejó propuestas curiosas.
En una programación tan amplia se sale con entusiasmo, alguna decepción y, de vez en cuando, la certeza de que el asiento de la sala empieza a conocerle a uno demasiado bien.
Una ciudad que facilita el festival
Un festival se sostiene también con público y organización.
La Seminci ha comunicado un primer balance provisional de más de 100.000 espectadores en las salas de Valladolid.
Las sesiones llenas no son una anécdota: el público acompaña y convierte la ciudad en parte de la experiencia.
Esa respuesta popular es uno de los grandes éxitos de esta edición.
Para la prensa, Valladolid es muy amable: las salas están cerca y moverse entre ellas no exige una expedición con provisiones.
Este año cambió el sistema de entradas y al principio fue un pequeño laberinto; sin la ayuda de un compañero, quizá habría acabado viendo la pantalla de la web en vez de la pantalla grande.
Superado ese trámite, todo resulta fácil.
La ciudad es acogedora, se come bien por precios razonables y pasear por el casco antiguo es una delicia.
Tuvimos mañanas frías y tardes estupendas, sin lluvia: el tiempo también parecía haber solicitado acreditación.
Un paseo por la memoria gráfica de la Seminci.
La calle Santiago, la Plaza Mayor y sus terrazas estaban llenas de vallisoletanos disfrutando del centro.
Me he sentido muy cómodo.
No voy a hacer el censo de amistades, pero nos juntamos un buen grupo y las fotos lo certifican.
Este año he estado poco en el llamado famoseo: saludos discretos, cero persecuciones fotográficas y bastante respeto por quienes venían a trabajar.
A cambio, asistí a muchas ruedas de prensa; algunas me hicieron mirar de otra manera películas que ya había visto.
La Plaza Mayor, con ese cielo que hizo fácil salir a pasear entre sesiones.
Valladolid también tuvo tiempo para una pausa junto a las fuentes.
Amigos y compañeros de festival: la mejor compañía entre una película y la siguiente.
Otra reunión de cinéfilos, con la acreditación bien visible y la conversación seguramente en marcha.
Este año la Seminci ha estado inevitablemente atravesada por el recuerdo de José Luis Cienfuegos, director carismático, cercano y accesible.
Hubo quien le reprochó que programara a golpe de contraprogramación; nadie puede negar que ayudó a elevar el Festival de Gijón, el de Sevilla y después la Seminci.
Sus codirectores de esta edición, Mariona Viader y Javier H. Estrada, han asumido el reto de continuar ese legado y su presencia se ha notado en el ambiente.
Así que me despido con un festival bien organizado, salas llenas, películas excelentes y amigos con quienes comentar hasta los planos fijos más largos.
¿Qué más se puede pedir?
Que el festival siga creciendo y que nos veamos el año que viene.
La Seminci es más veterana que yo; por una vez, que siga siendo ella quien me dé ejemplo.
Una tristeza que acompañó al festival
La edición quedó marcada por el accidente ferroviario ocurrido en la provincia de Toledo.
Durante esos días hubo continuas muestras de recuerdo y solidaridad con las víctimas, sus familias y las personas que participaron en las tareas de rescate.
La gala de clausura se suspendió, mientras las proyecciones continuaron.
El festival siguió adelante, pero bajo una tristeza compartida que se sintió en Valladolid y en todo el país.
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Chistes y críticas en holasoyramon.com
Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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