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Cuarto día en Málaga, lunes nueve de marzo: del debate sobre Papá Noel a las grietas morales de la sociedad – Gema Santamaría – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

11/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Frío, cine y un amor imposible: crónica del quinto día (diez de marzo)  en el Festival de Málaga

 
 
 

Por Gema Santamaría

Crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria

 
 

El Festival de Málaga vivía hoy una de esas jornadas en las que el cine y la meteorología parecen ponerse de acuerdo para fastidiar un poco al personal. La mañana amanecía con un frío poco habitual para la ciudad y la tarde traía lluvia. Por la noche el termómetro volvía a caer. Varios veteranos del certamen comentaban que nunca recordaban una edición con un tiempo tan desapacible. Pero ya se sabe: el festival continúa aunque haya que entrar al cine con bufanda.

 

 

La inquietante Mala bestia

 

La primera proyección del día, a las ocho y media de la mañana en los cines Albéniz, fue Mala bestia, dirigida por Bárbara Farré, cineasta conocida hasta ahora sobre todo por su trabajo en televisión y por cortometrajes como La última virgen y Barcelona 92. En este salto al largometraje propone una historia incómoda y enigmática.

 

La película sigue a Atenea, una niña que vive en una especie de internado para menores, o vete tú a saber qué y que posteriormente pasa a convivir con una familia de acogida, o vete tú a saber qué.

 

 El personaje está interpretado por María Schwinning, acompañada por Iria del Río y Roger Casamajor, que dan vida a la pareja que decide hacerse cargo de la pequeña.

 

El relato está construido de manera deliberadamente fragmentaria. Mala bestia ofrece pocas explicaciones y obliga al espectador a recomponer el puzzle de lo que está ocurriendo. La sensación durante buena parte del metraje es la de avanzar entre sombras, tratando de encontrar una lógica interna a los acontecimientos. Ese esfuerzo, precisamente, forma parte de la propuesta de la directora: una narración inquietante que deja espacio para la interpretación.

 

 

Una pausa cultural en el Museo de Málaga

 

Entre la primera sesión y la siguiente hubo tiempo para una pequeña escapada cultural. A pocos minutos de los cines Albéniz se encuentra el Museo de Málaga, instalado en el Palacio de la Aduana. El museo está organizado en tres niveles: la planta superior dedicada a arqueología, la primera planta centrada en pintura del siglo XIX y arte contemporáneo, y una planta baja muy singular.

 

Esa planta inferior funciona prácticamente como un gran almacén visitable. Allí se exponen piezas que aún no han sido completamente catalogadas. No hay cartelas ni explicaciones detalladas, pero sí la sensación curiosa de pasear por los bastidores de un museo. La arquitectura del edificio es espectacular y el personal de recepción, extraordinariamente amable Porque, como suele decirse en estas jornadas, no solo de cine vive el cultureta.

 

 

El amor y las fronteras en Iván y Hadoum

 

La segunda proyección de la mañana, a las doce y media, venía precedida de cierto prestigio festivalero. Iván y Hadoun, dirigida por Ian de la Rosa, había pasado previamente por el Festival de Berlín, en la sección Panorama, donde obtuvo el Teddy Award al mejor largometraje.

 

La historia se sitúa en una planta envasadora de hortalizas en Almería. Allí trabaja Iván, un joven del pueblo que acaba siendo ascendido a encargado. En ese mismo lugar conoce a Hadoum, una trabajadora de origen marroquí interpretada por Herminia Loh.

 

Lo que comienza como una relación afectiva pronto se convierte en un relato sobre las barreras sociales y culturales. La película examina las diferencias entre ambas familias, los prejuicios que aparecen entre ellas y, de fondo, la realidad laboral de muchos trabajadores en el sector agrícola.

 

En los corrillos posteriores a la proyección varios críticos comentaban que podría ser una de las candidatas serias a la Biznaga de Oro. Su mezcla de melodrama íntimo y mirada social ha dejado una impresión notable en buena parte del público del festival.

 

 

La comedia turística de A una isla de ti

 

La tercera película del día fue A una isla de ti, dirigida por Alexis Morante, cineasta conocido por títulos como El universo de Oliver y por diversos trabajos documentales.

 

La historia arranca con un chef inglés abandonado por su pareja justo antes de la boda. Tras una noche de borrachera, al borde del desastre emocional —y casi también físico—, es rescatado por Salvador, un hombre español ya entrado en la cuarentena. A partir de ese encuentro comienza una comedia romántica que mezcla equívocos sentimentales y paisajes paradisíacos.

 

El reparto está encabezado por Freddy Dennis como el joven británico y Jaime Zatarain como Salvador. Junto a ellos aparecen Toni AcostaJulia Martínez y un muy simpático Carlos González, que interpreta a Pichi, probablemente el personaje más natural y divertido de la película.

 

La presentación fue curiosa. El director del festival, Juan Antonio Vigar, apareció junto a la alcaldesa de Torremolinos para introducir la película, lo que hacía pensar que el municipio tendría un papel relevante en la historia. Sin embargo, a medida que avanzaba el metraje quedaba claro que el verdadero protagonista paisajístico era Gran Canaria.

 

Playas como Maspalomas, zonas turísticas como Playa del Inglés y diversos rincones de la isla aparecen en pantalla con insistencia, hasta el punto de que la película adquiere un cierto aire de promoción turística. La explicación llegó después: A una isla de ti también se proyectará en el próximo festival de cine de Torremolinos, que se celebrará en unas semanas.

 

Como comedia romántica ligera cumple su función, aunque claramente está pensada para un público poco exigente y con ganas de pasar un rato agradable sin complicaciones.

 

 

 

Regreso al frío

 

Con la noche ya caída y la temperatura de nuevo bajando en las calles de Málaga, la jornada terminaba con ese cansancio agradable que dejan los días intensos de festival. Tres películas, un museo y muchos comentarios cruzados entre críticos.

 

El Festival de Málaga continúa avanzando entre aplausos, debates y cafés rápidos entre proyección y proyección. Mañana volverá a salir el sol —o eso esperamos— y las pantallas de los Albéniz volverán a encenderse.

 

 

Por Gema Santamaría
Crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria

 
 

 

 

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A una isla de ti – 2026 – Alexis Morante – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

11/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Gran Canaria, amor y otras catástrofes turísticas

 

 

Alexis Morante, un director con querencia por la música y los biopics

 

El director Alexis Morante (Algeciras, 1978) se ha labrado una carrera bastante peculiar dentro del cine español, moviéndose entre el documental musical y la ficción.

 

Ha dirigido trabajos como Camarón: Flamenco y revolución (2018), un documental muy celebrado sobre Camarón de la Isla, y también el biopic musical Héroes: Silencio y rock & roll (2021), centrado en Héroes del Silencio.

 

En ficción ha firmado la comedia musical El universo de Oliver (2022), ambientada en la Andalucía de los años ochenta.

 

Su filmografía demuestra interés por la cultura popular y la música, aunque en esta ocasión decide probar suerte con una comedia romántica de ambiente turístico.

 

 

Cutrecomentario

 

Una de las situaciones más… digamos cosmonómicas que dejó este pase en el Festival de Málaga fue la presentación previa.

 

Salió al escenario Juan Antonio Vigar, director del festival, y presentó nada menos que a la alcaldesa de Torremolinos, que pronunció unas palabras antes de que apareciera el equipo de la película: Alexis Morante, productores, actores y demás tropa.

 

Claro, después de semejante introducción institucional uno piensa: “Esto se va a desarrollar en Torremolinos fijo”. Pues no. Ni Torremolinos, ni Málaga, ni nada parecido.

 

La película transcurre prácticamente entera en Gran Canaria, convertida en una especie de publirreportaje turístico con sol, playa y planos que parecen sacados de un vídeo promocional del Cabildo.

 

Mientras veía aquello, intentaba encontrar el misterioso vínculo entre Torremolinos y el despliegue turístico canario… y no había manera.

 

La historia gira en torno a una supuesta comedia romántica entre un cocinero británico que llega a España tras un desengaño amoroso y el padre de la amiga de este chico.

 

El gran conflicto dramático —agárrense— consiste en que ni la hija ni la amiga deben enterarse de la relación. Ese es el motor cómico de la película.

 

Sobre el papel podría dar lugar a equívocos divertidos, situaciones embarazosas y algún momento ingenioso.

 

En la práctica, lo que aparece en pantalla son escenas absurdas, situaciones penosas y diálogos que producen más desconcierto que risa.

 

La comedia brilla por su ausencia.

 

Si alguien encuentra el humor, que avise.

 

Las interpretaciones tampoco ayudan demasiado. La mayoría se mueven entre lo rígido y lo directamente ridículo, con un tono de sal gruesa que hace que todo resulte aún más chirriante.

 

Hay momentos en los que la sensación es la de estar viendo una especie de sitcom fallida mezclada con anuncio turístico.

 

El único que consigue salvar los muebles es Carlos González, que aparece con una naturalidad que casi parece de otra película. Está simpático, suelto y con cierta gracia, algo que lo hace destacar todavía más entre el caos interpretativo general.

 

La experiencia en sala tuvo además un punto de tensión personal: detrás de mi fila estaba sentada la alcaldesa de Torremolinos. Y claro, levantarse y salir huyendo a mitad de proyección habría quedado un poco feo diplomáticamente. Así que tocó resistir estoicamente hasta el final.

 

Después de la proyección llegó la explicación del misterio: la relación con Torremolinos es que dentro de unas semanas habrá allí un festival donde A una isla de ti volverá a proyectarse.

 

Y en ese momento surgió un pensamiento muy sincero: si algún día me invitan al Festival de Torremolinos, por favor, que no sea para volver a ver A una isla de ti.

 

Porque estamos ante una película francamente terrible. Y da un poco de pena que un festival como el de Málaga, que tantas veces programa cine interesante, se vea de vez en cuando obligado —o comprometido— a incluir producciones de una calidad tan, digamos, discutible.

 

Mi puntuación: 2,20/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Si es martes, es asesinato (Serie) – 2026 – Carlos Vila (Creador) – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

11/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Turismo por Lisboa… con cadáver incluido (y chistes en busca y captura)

 

Carlos Vila, creador de la serie Si es martes, es asesinato, es un guionista español con bastante recorrido en televisión.

 

Ha participado en el desarrollo y escritura de series populares como Los misterios de Laura (2009-2014), una comedia policial que tuvo bastante éxito y hasta versión estadounidense.

 

También ha trabajado en ficciones como El comisario o Motivos personales.

 

Con esta nueva serie intenta volver a ese terreno híbrido entre el misterio y el humor, pero trasladando la acción a un viaje turístico que acaba convirtiéndose en investigación criminal improvisada.

 

 

Cutrecomentario

 

La premisa de Si es martes, es asesinato tiene su gracia, al menos sobre el papel.

 

Un autobús lleno de turistas españoles se planta en Lisboa en un viaje organizado de esos en los que el guía habla demasiado y el café del hotel sabe a calcetín mojado.

 

Todo parece bastante cutrecillo desde el principio, pero la cosa se anima cuando, la primera noche, aparece asesinado el personaje interpretado por Pedro Casablanc.

 

A partir de ahí, varios miembros del grupo —Álex García, Inma Cuesta, Ana Wagener y Biel Montoro— deciden ponerse en plan detectives aficionados e investigar el asunto por su cuenta. Vamos, una especie de Cluedo turístico con fondo de tranvías amarillos.

 

La serie se pasea bastante por Lisboa: tranvías, cuestas imposibles, escaleras infinitas, callejones con azulejos y el inevitable Castello mirando desde arriba. Visualmente el paseo está bien, porque Lisboa siempre queda resultona. El problema es lo que pasa entre paseo y paseo.

 

La serie intenta ser un thriller procedimental en clave de comedia. Y ahí es donde empiezan los problemas. Porque la comedia, sencillamente, no funciona.

 

Los personajes parecen sacados de un catálogo de clichés turísticos y las situaciones van cayendo en lo absurdo con una alegría bastante preocupante.

 

Lo que debería ser ingenioso termina siendo más bien ridículo, y lo que debería provocar risas provoca más bien silencio incómodo.

 

Inma Cuesta aparece bastante sobreactuada, como si estuviera interpretando a alguien que cree estar en una comedia mucho más divertida de lo que realmente es.

 

Ana Wagener, en el papel de una canaria, no deja de lanzar chascarrillos isleños con una insistencia que roza el deporte de riesgo humorístico.

 

El problema es que ninguno hace gracia.

 

En medio de este pequeño caos interpretativo, la única que parece caminar con cierta dignidad es Luisa Gabasa, actriz enorme capaz de sostener con elegancia casi cualquier material que le pongan delante. Y aquí, desde luego, tiene trabajo.

 

El reparto, sobre el papel, es atractivo. Pero el resultado final es bastante desastroso.

 

Situaciones incoherentes, personajes que parecen vivir en universos paralelos y un tono que no sabe si quiere ser thriller, comedia o excursión organizada del IMSERSO.

 

La serie es una producción de Disney+, lo cual demuestra que el algoritmo también puede tener días malos.

 

Eso sí, hay que agradecer un detalle importante: en el Festival de Málaga solo proyectaron dos episodios.

 

Porque si hubieran puesto más, lo mismo el verdadero asesinato habría ocurrido en los Cines Albéniz. Y esta vez con varios críticos como sospechosos. 🔪🎬

 

Mi puntuación: 2,33/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

 

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Iván & Hadoum – 2026 – Ian de la Rosa – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

11/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Amor bajo plástico (y bajo el sello Berlín-approved)”

 

Ian de la Rosa es un director y guionista español nacido en Almería.

 

Hasta ahora había desarrollado sobre todo una carrera en el cortometraje, con títulos como Farrucas (2021), un trabajo muy premiado que abordaba la identidad de género en el contexto de una familia gitana.

 

También había participado como guionista en proyectos televisivos y cinematográficos.

 

Con Iván & Hadoum (2026) da el salto al largometraje, además jugando en casa: la historia está ambientada en los invernaderos de Almería, ese mar de plásticos que parece un decorado de ciencia ficción agrícola.

 

 

Cutrecomentario

 

Iván & Hadoum llega al Festival de Málaga con una medalla colgada al cuello: el Premio Teddy al mejor largometraje en la Berlinale, galardón dedicado a películas de temática LGTBIQ+. Y claro, cuando una peli aterriza con ese sello berlinés, parece que viene ya bendecida por la crítica internacional, como si llevara un certificado de “obra importante” pegado en la frente.

 

La historia, en realidad, es bastante sencilla. Muy sencilla.

 

Simplificando mucho: amor entre Hadoum, una chica de origen marroquí, y Iván, un chico transexual.

 

Ambos trabajan en una envasadora de alimentos en un pueblo de Almería rodeado de invernaderos. Es decir, un entorno donde el tomate madura rápido, pero las mentalidades a veces no tanto.

 

La película sigue el desarrollo de esa relación: cómo se conocen, cómo se acercan, cómo chocan con el entorno.

 

Aparecen los problemas familiares, las tensiones culturales y ese clásico cóctel de pueblo pequeño donde todo el mundo opina sobre la vida de los demás.

 

En ese sentido, la propuesta tiene elementos interesantes: habla de identidad, de inmigración, de diferencias culturales y de la dificultad de amar cuando tu contexto social parece diseñado para complicarlo todo.

 

Hasta ahí, bien.

 

El problema es que la película insiste y vuelve a insistir en lo mismo.

 

La relación amorosa se convierte en un bucle narrativo donde volvemos una y otra vez al mismo punto emocional. Como si el guion hubiera decidido que, por si no lo habíamos pillado, había que repetir la idea tres o cuatro veces más.

 

Y luego están las escenas de playa. Varias. Con ese aire de intimidad erótica contemplativa que parece pensado para subrayar la conexión entre los personajes… pero que, tras la tercera vez, empiezan a dar la sensación de que alguien ha descubierto que la luz del atardecer queda muy bonita y ha decidido explotarla sin límite.

 

La película plantea temas relevantes, eso es indiscutible. Pero su desarrollo dramático es bastante plano y termina resultando reiterativo.

 

Da la impresión de que la potencia temática pesa más que la potencia cinematográfica.

 

Y claro, aquí aparece la gran sospecha cinéfila: cuando una película llega con premio de Berlín, muchos críticos ya entran a la sala con el aplauso medio preparado. El famoso “marchamo festivalero”, que a veces convierte películas simplemente correctas en supuestas obras imprescindibles.

 

¿Es Iván & Hadoum una mala película? No.


¿Es la maravilla que algunos están vendiendo? Tampoco.

 

Más bien es una película correcta, con buenas intenciones, pero bastante modesta en lo narrativo y algo repetitiva.

 

Una de esas obras que parecen más interesantes en el dossier de prensa que en la pantalla.

 

Y oye, eso también pasa en Málaga. Bastante más de lo que nos cuentan.

 

Mi puntuación: 5,64/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Mala bestia – 2026 – Bàrbara Farré – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

11/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando el misterio es tan misterioso que ni el propio guion sabe muy bien de qué va.

 

La directora Bàrbara Farré procede sobre todo del terreno televisivo y de la comedia.

 

Ha trabajado como realizadora en programas muy populares de la televisión española como La resistencia, Late Motiv o El cielo puede esperar, donde demostró un gran pulso para el ritmo y el humor.

 

También ha dirigido cortometrajes y piezas de ficción breve.

 

Con Mala bestia da un salto hacia un terreno bastante distinto: una película más atmosférica y enigmática, muy alejada del tono ligero con el que se había movido hasta ahora.

 

 

Cutrecomentario

 

Mala bestia sigue a Atenea, una adolescente que vive en una especie de internado u orfanato —la película nunca termina de aclararlo del todo— y que acaba siendo acogida por un matrimonio relativamente joven. Tampoco queda muy claro en qué condiciones ni por qué. Y esa sensación de incertidumbre es, en realidad, el motor de toda la película.

 

Atenea está en ese territorio incómodo que es la adolescencia: quiere ser adulta, pero al mismo tiempo rechaza todo lo que implica serlo. Un limbo emocional en el que uno ya no es niño, pero tampoco sabe muy bien qué demonios significa ser mayor. La película intenta capturar ese momento vital, ese desconcierto permanente.

 

El problema es que Mala bestia decide contar esa historia a base de incógnitas.

 

El espectador —al menos este humilde servidor— se pasa buena parte del metraje intentando averiguar qué está pasando realmente.

 

La película va soltando retazos, pequeñas pistas, fragmentos de información… como si estuviéramos montando un puzle al que, por desgracia, le faltan varias piezas.

 

Hay algo en ese misterio que resulta atractivo. Ese aire ambiguo recuerda en algunos momentos al cine de Ingmar Bergman, donde los silencios, las miradas y los espacios tienen tanto peso como los diálogos. Pero claro, Bergman jugaba con el enigma para llegar a una revelación emocional o filosófica. Aquí el círculo no termina de cerrarse.

 

El resultado es una película con un cierto magnetismo, con atmósfera y con ambición estética, pero que al mismo tiempo mantiene al espectador a cierta distancia.

 

Uno observa lo que ocurre en pantalla con curiosidad… aunque sin llegar a sentirse realmente dentro de la historia.

 

Mala bestia es una película intrigante, sugerente y un poco desconcertante.

 

Tiene ese encanto del misterio, sí, pero también esa sensación de estar viendo un rompecabezas al que alguien olvidó añadir la última pieza.

 

Y claro, cuando termina la película uno se queda pensando: “Vale… ¿pero exactamente qué ha pasado aquí?”. Y no siempre en el buen sentido.

 

Mi puntuación: 5,55/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

 

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Cuarto día en Málaga, lunes nueve de marzo: del debate sobre Papá Noel a las grietas morales de la sociedad – Gema Santamaría – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

10/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuarto día en Málaga, lunes nueve de marzo: del debate sobre Papá Noel a las grietas morales de la sociedad

 

Por Gema Santamaría, crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria

 

La cuarta jornada del Festival de Málaga comenzó temprano, a las ocho y media de la mañana, en los Cines Albéniz, en la sala 1, la más grande del complejo. Un lugar magnífico para comenzar el día de cine con Laponia, la nueva película de David Serrano, uno de los nombres más populares del cine español contemporáneo.

 

David Serrano es responsable de varios éxitos de taquilla que marcaron la comedia española de los años dos mil, como El otro lado de la cama (2002), Días de fútbol (2003) o Los dos lados de la cama (2005). En esta ocasión presenta una propuesta muy distinta: una película abiertamente teatral, basada en la obra de Cristina Clemente y Marc Angelet, que no oculta en ningún momento su origen escénico.

 

La historia transcurre casi íntegramente en una casa situada en la Laponia finlandesa, aunque el rodaje se realizó realmente en Getxo, en Vizcaya, que aquí sirve para recrear el paisaje nórdico. La trama arranca con una situación aparentemente trivial: una familia española viaja al norte de Europa para que su hijo conozca el lugar donde vive Papá Noel. Esa familia está formada por Natalia Verbeke y Julián López.

 

Sin embargo, el conflicto estalla cuando la hija de la otra pareja —un matrimonio formado por un finlandés y una española interpretada por Ángela Cervantes— le dice al pequeño que Papá Noel no existe, que son los padres.

 

Ese pequeño comentario desencadena un intenso debate entre las dos parejas: ¿hay que decir siempre la verdad a los niños o es legítimo mantener ciertas ilusiones? La película convierte esa discusión en un enfrentamiento cultural entre dos maneras de entender la educación, la infancia y la verdad.

 

El resultado son 89 minutos sostenidos casi exclusivamente por el diálogo. Los personajes discuten, se contradicen y se enfrentan con réplicas inteligentes que funcionan bien, aunque la sensación teatral es permanente. Más que una película plenamente cinematográfica, Laponia se percibe como una adaptación escénica trasladada a la pantalla.

 

La rueda de prensa posterior contó con buena parte del equipo. Julián López, siempre cercano y con su habitual sentido del humor, se convirtió en uno de los protagonistas del encuentro con la prensa. Llamó la atención que Natalia Verbeke acaparara más atención mediática que Ángela Cervantes, pese a que ambas tienen un peso dramático muy similar dentro de la historia.

 

Tras la proyección, antes de la siguiente sesión, llegó uno de esos pequeños placeres del festival: un paseo hasta La Malagueta, la playa urbana de Málaga. El día se había vuelto más amable que en jornadas anteriores. El sol aparecía tímidamente y el ambiente era inequívocamente mediterráneo: gente paseando por la arena, algunos valientes tomando el sol y un par de bañistas desafiando el agua todavía fría.

 

Curiosamente, las temperaturas no eran muy distintas a las que estos días se registran en el centro de la península. Málaga, que suele presumir de clima cálido, se mostraba en esta edición algo más fresca de lo habitual.

 

La segunda proyección de la mañana fue Los justos, dirigida por Jorge A. Lara, otra película que también parte de un dispositivo teatral. En este caso, nueve ciudadanos son convocados para formar parte de un jurado popular que debe decidir sobre la culpabilidad de un poderoso empresario acusado de corrupción.

 

Encerrados en una sala, los miembros del jurado —nueve perfiles que representan distintos sectores de la sociedad española— deben responder a una serie de preguntas que determinarán el destino del acusado. El reparto es coral y reúne a intérpretes de gran nivel: Carmen MachiPilar CastroAnne GabaraínBruna Cusí,y Vito Sanz ,entre otros.

 

La película comienza como un drama judicial clásico, explorando el funcionamiento del jurado popular en España. Sin embargo, el relato cambia de rumbo cuando los miembros del jurado reciben una inquietante propuesta clandestina que pone a prueba sus convicciones morales.

 

A partir de ese momento, la historia se convierte en una especie de disección de la España contemporánea. Cada personaje arrastra problemas económicos o personales, y la película muestra cómo esas fragilidades condicionan las decisiones éticas. El planteamiento resulta interesante, aunque su desarrollo vuelve a evidenciar el origen teatral del material. Muchas historias personales se relatan verbalmente cuando quizá habrían ganado fuerza mediante flashbacks o recursos más cinematográficos.

 

Por la tarde llegó el turno de Mil pedazos, una producción chilena dirigida por Sergio Castro San Martín y protagonizada por Daniel Muñoz y Paola Giannini.

 

La película arranca con un retrato de una familia en crisis. Las tensiones entre los padres son evidentes y el viaje que emprenden hacia el interior de Chile termina en un accidente que desencadena una serie de acontecimientos inquietantes.

 

Lo que sigue es un relato austero, incluso áspero, construido con una sobriedad formal extrema. El paisaje chileno aparece desolador, casi inhóspito, y los personajes parecen arrastrar un peso emocional que se transmite al espectador.

 

La película no lo explica todo. Al contrario: exige al público que reconstruya los hechos y establezca las conexiones entre los diferentes fragmentos del relato. Es un cine que demanda esfuerzo y atención, y probablemente no todos los espectadores entren en su propuesta. Pero precisamente ahí reside su interés: es una película que invita a la reflexión y al debate.

 

La jornada concluyó en el Teatro Cervantes con la entrega de la Biznaga Ciudad del Paraíso a la actriz Victoria Vera. La ceremonia incluyó un recorrido audiovisual por su trayectoria, acompañado por intervenciones de diversas personalidades del mundo cultural.

 

Uno de los momentos más recordados fue la evocación de un calificativo que marcó su carrera: el de “musa de la Transición”, expresión acuñada por Francisco Umbral y respaldada posteriormente por figuras como Antonio Gala o el alcalde madrileño Enrique Tierno Galván.

 

La carrera cinematográfica de Victoria Vera se desarrolló sobre todo entre los años setenta y comienzos de los noventa, en paralelo al cambio cultural que vivió el cine español durante la Transición. Aunque su popularidad también estuvo muy ligada a la televisión, participó en varias películas relevantes que marcaron distintas etapas de su trayectoria.

 

Uno de sus primeros papeles destacados llegó con Fulanita y sus menganos (1976), comedia dirigida por Pedro Lazaga. En esta película interpreta a Mapi, una joven que viaja a París para asistir a un congreso internacional de prostitutas. El film se inscribe en el contexto del llamado cine del destape que proliferó en la segunda mitad de los años setenta, y supuso una de las primeras apariciones relevantes de la actriz en el cine comercial español.

 

A mediados de los años ochenta participó en la curiosa coproducción de terror Monster Dog (Leviatán) (1984), dirigida por Claudio Fragasso y protagonizada por el músico Alice Cooper. Se trata de una película fantástica rodada en parte en España que, con el tiempo, ha adquirido cierto estatus de película de culto dentro del cine de terror europeo de aquella década.

 

Poco después protagonizó el thriller psicológico Acosada (1985), dirigido por Sebastià d’Arbó. La película gira en torno a una mujer que urde un plan para asesinar a su marido y que adopta la identidad de un personaje cinematográfico para llevar a cabo su propósito. Este trabajo consolidó a Victoria Vera como una actriz capaz de desenvolverse también en registros dramáticos más complejos.

 

Uno de los títulos más conocidos de su filmografía es Asignatura aprobada (1987), dirigida por José Luis Garci. En esta película interpreta a Elena Álvarez, un personaje central en un drama que aborda las relaciones sentimentales y la crisis personal en la España de los años ochenta. El film tuvo una notable repercusión internacional y fue la candidata española al Óscar a la mejor película extranjera en 1988.

 

A finales de esa década intervino en Pasión de hombre (1989), dirigida por José Antonio de la Loma y protagonizada por Anthony Quinn. Esta coproducción internacional mezclaba drama y romance y situaba a Victoria Vera junto a una de las grandes estrellas del cine clásico estadounidense.

 

Ya en los años noventa participó en Family Express (1991), dirigida por Georges Nicolas Hayek, una producción europea en la que compartió reparto con Peter Fonda. La película, rodada como coproducción entre varios países, representa una de sus últimas intervenciones destacadas en el cine.

 

Aunque estas películas conforman el núcleo principal de su trayectoria cinematográfica, conviene recordar que la gran popularidad de Victoria Vera llegó también gracias a su trabajo en televisión, especialmente con series muy influyentes en la cultura audiovisual española como Cañas y barro (1978) y Los gozos y las sombras (1982), que la consolidaron definitivamente como una de las actrices más reconocibles de su generación.

 

En su discurso de agradecimiento, visiblemente emocionada, Victoria Vera reflexionó sobre la relación entre teatro y democracia, recordando cómo el escenario se convirtió durante la Transición en un espacio de libertad y de expresión artística. También reivindicó la continuidad entre el trabajo teatral y cinematográfico: “los actores somos los mismos”, afirmó.

 

El Teatro Cervantes, inaugurado en 1870 y uno de los espacios culturales más emblemáticos de la ciudad, ofrecía el marco perfecto para ese homenaje. Su decoración historicista y su cuidada iluminación contribuyeron a cerrar la jornada con una atmósfera solemne y elegante.

 

Así terminó un cuarto día de festival que osciló entre el humor, el debate moral y la introspección dramática. Una jornada variada que recordó, una vez más, que el cine sigue siendo un espejo complejo de la sociedad.

 
 
 
 
 
 
Gema Santamaría, crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria

 

 

 

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Mil pedazos – 2026 – Sergio Castro-San Martin – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

10/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando la familia se rompe… y el paisaje termina de rematarla

 

El director chileno Sergio Castro San Martín lleva años trabajando en el cine independiente de su país, moviéndose en territorios bastante poco complacientes.

 

Entre sus trabajos más conocidos están La mujer de barro (2015), un drama muy áspero ambientado en el desierto de Atacama, y Tierra sola (2017), documental rodado en la isla de Pascua que ya mostraba su gusto por los espacios aislados y los personajes atrapados en situaciones límite.

 

Con Mil pedazos vuelve a ese territorio incómodo, donde los paisajes parecen pesar tanto como los propios personajes.

 

 

Cutrecomentario

 

La última película de este día en el Festival de Málaga llega desde Chile y no es precisamente una comedia navideña.

 

Mil pedazos es una de esas películas que te dejan con el ánimo como el paisaje: seco, vacío y con ganas de un café fuerte.

 

La historia arranca con una familia que ya viene bastante averiada de serie.

 

Un matrimonio interpretado por Daniel Muñoz y Paola Giannini, una niña y una perra.

 

La familia está en pleno proceso de descomposición emocional: separación en ciernes, tensiones acumuladas y un ambiente que se podría cortar con cuchillo.

 

El padre parece una especie de criatura cansada que camina por inercia, mientras que la madre es quien mantiene las riendas de la situación… o al menos lo intenta.

 

En mitad de ese clima familiar bastante poco festivo ocurre un accidente en un paraje absolutamente brutal del norte de Chile. Un desierto montañoso donde lo único que hay alrededor es… nada. Y cuando digo nada, es nada de verdad. Ni gente, ni animales, ni esperanza.

 

A partir de ahí la película se desarrolla con una sequedad formal tremenda.

 

Sergio Castro San Martín no explica demasiado, no subraya nada y deja que el espectador vaya reconstruyendo lo que ocurre poco a poco.

 

Es de esas películas que te obligan a ir completando el puzzle en tu cabeza mientras avanzan las escenas.

 

El resultado es bastante desolador.

 

Los personajes están atrapados en un duelo brutal por lo que ha sucedido y el paisaje parece amplificar ese vacío emocional.

 

Esos planos enormes del desierto chileno, infinitos y completamente deshabitados, terminan siendo casi un personaje más de la historia.

 

Hay elementos que desconciertan un poco.

 

Por ejemplo, el uso de una cámara digital por parte de la niña, que parece situarnos en una época cercana a los primeros años del siglo XXI, cuando los móviles aún no eran omnipresentes.

 

Pero más adelante la madre utiliza un teléfono móvil con total normalidad, lo que deja una cierta sensación de descoloque temporal.

 

También resulta intrigante el comportamiento del padre en algunos momentos.

 

En dos ocasiones se lava con agua como si estuviera intentando purificarse, como si estuviera limpiando algo más que el polvo del desierto. Eso deja la sospecha de que quizá cargue con algún tipo de culpa por el accidente que ha destrozado a la familia.

 

En cualquier caso, Mil pedazos es una película muy interesante. De esas que no te lo dan todo masticado y que invitan a discutirla después con calma.

 

No es cómoda, no es amable y desde luego no es la típica película para salir del cine con una sonrisa.

 

Pero precisamente por eso resulta tan estimulante.

 

De las que generan conversación.

 

Y de las que siguen dando vueltas en la cabeza cuando ya has salido del cine. Aunque sea con el ánimo tan seco como el desierto chileno.

 

Mi puntuación: 7,67/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Millennial Mal (Serie) – 2026 – Lorena Iglesias (Creadora) – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

10/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cómo colarse en la universidad con 40… y salir con tres capítulos de paciencia menos

 

La serie está creada y protagonizada por Lorena Iglesias, humorista y guionista que ha trabajado en televisión y en proyectos de comedia.

 

Ha colaborado en programas como La Resistencia o Yu: No te pierdas nada, además de participar en diferentes formatos humorísticos y en internet.

 

Millennial Mal es uno de sus proyectos más personales, en el que asume tanto la creación como el papel protagonista, intentando trasladar su universo cómico al formato de serie.

 

 

Cutrecomentario

 

En el Festival de Málaga nos ponen tres episodios de Millennial Mal. Tres. No uno para probar. Tres. Algo así como cuando en el médico te dicen que la vacuna puede dar algo de fiebre… pero no te explican cuánta.

 

La premisa es la siguiente: Lorena Iglesias interpreta a una mujer de cuarenta y muchos años —aunque visualmente parece que haya superado con holgura la barrera de los cincuenta— que pierde su trabajo como bibliotecaria.

 

En medio de su crisis vital descubre una beca para estudiar Historia en la universidad… pero con una condición: está reservada para menores de 30 años.

 

¿Solución? Pues hacerse pasar por joven.

 

Para ello contará con la ayuda de dos chicas veinteañeras que conoce por casualidad y que intentarán “rejuvenecerla” a base de cambios de look, actitud y supuesta mentalidad millennial.

 

La teoría suena a comedia generacional con cierto potencial: choque de edades, impostura, redes sociales, postureo universitario…

 

El problema es que una cosa es la idea… y otra muy distinta el resultado.

 

La serie intenta moverse en el terreno de la comedia, pero se queda atrapada en algo bastante peor: la ausencia total de gracia. Y eso en una comedia es un pequeño inconveniente. Como rodar una película de submarinos sin agua.

 

De los tres episodios que se proyectan, el primero resulta directamente insoportable.

 

El segundo consigue el pequeño milagro de ser todavía peor.

 

Y el tercero ya entra en territorio casi experimental: comprobar hasta qué punto un espectador puede mantenerse sentado esperando que llegue una broma que nunca llega.

 

El gran problema de Millennial Mal es que su humor parece basado en la idea de que basta con decir cosas raras o exageradas para que el público se ría. Pero el público, que a veces es muy poco colaborador, decide no hacerlo.

 

Y no hay nada más incómodo que una comedia que se esfuerza muchísimo en ser graciosa… y no lo consigue.

 

Una lástima, porque el punto de partida —una mujer obligada a fingir ser veinteañera para sobrevivir laboralmente— podría haber dado para una sátira interesante sobre la precariedad, la edad y el culto absurdo a la juventud.

 

Pero al final la sensación es que la serie naufraga completamente.

 

Penosa. Penosa. Penosa.

 

Y eso que solo vimos tres capítulos.

 

Imaginarse una temporada completa ya requiere una beca… pero de resistencia psicológica.

 

Mi puntuación: 2,53/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Los justos – 2026 – Jorge Lara, Fer Pérez – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

10/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Nueve jurados, un millón de euros… y la moral en liquidación

 

La película está dirigida por Jorge Lara y Fer Pérez, dos cineastas que hasta ahora han trabajado sobre todo en televisión, publicidad y proyectos audiovisuales de menor formato.

 

Los justos supone uno de sus primeros largometrajes de ficción con mayor visibilidad en el circuito de festivales.

 

Su trayectoria previa no es especialmente extensa en cine comercial, lo que explica también el tono contenido y muy teatral del proyecto, claramente apoyado en el guion y en el trabajo de los actores.

 

 

Cutrecomentario

 

Los justos es una película que parte de una premisa tan sencilla como inquietante: nueve ciudadanos están reunidos para decidir la culpabilidad de un empresario acusado de corrupción.

 

Vamos, algo que recuerda inevitablemente a Doce hombres sin piedad, pero en versión española, con menos hombres, menos solemnidad… y bastante más tentaciones por el camino.

 

Porque aquí llega el truco de la función. Cada uno de los miembros del jurado recibe una fotografía de esas que cambian según la inclinas —de las que teníamos todos de pequeños— con un mensaje que básicamente viene a decir: hay un millón de euros esperando… si tomas la decisión correcta. O la incorrecta. Según se mire.

 

Y claro, ahí empieza el verdadero espectáculo.

 

La película plantea algo que todos intuimos pero que pocas veces queremos admitir: vivimos en una sociedad que condena la corrupción con gran entusiasmo… siempre que la corrupción sea de otros. Pero cuando el dinero aparece delante de nuestras narices, la moral empieza a hacer cosas muy raras.

 

Los nueve personajes funcionan como nueve estereotipos bastante reconocibles de la sociedad española actual. Cada uno con sus problemas personales, sus dificultades económicas o sus frustraciones. Porque aquí nadie vive en la abundancia. Y cuando las cuentas no salen a final de mes, la ética se vuelve un concepto bastante flexible.

 

La película es absolutamente teatral.

 

Todo se sostiene en el diálogo, en los enfrentamientos verbales, en las posiciones morales que van cambiando según sopla el viento… o según se mire la foto del millón de euros.

 

Dentro del reparto, quienes llevan claramente la voz cantante son Carmen Machi y Vito Sanz (que interpretan a dos de los personajes más potentes del grupo).

 

Carmen Machi, como casi siempre, se mueve con una naturalidad insultante, dominando cada escena en la que aparece.

 

El principal reproche que se le puede hacer a la película tiene que ver con algo muy sencillo: el cine tiene herramientas que aquí apenas se utilizan.

 

Cuando los personajes empiezan a explicar sus vidas, sus problemas o sus motivaciones, uno no puede evitar pensar: ¿por qué no mostrarlo en lugar de contarlo?

 

Un simple flashback habría aportado aire cinematográfico a lo que termina siendo un largo coloquio filmado.

 

Pero claro, eso cuesta dinero.

 

Y Los justos es claramente una producción de presupuesto modesto.

 

Rodar en más escenarios, añadir personajes o reconstruir el pasado de cada uno habría supuesto otra película mucho más cara… probablemente más cinematográfica… pero también bastante más difícil de levantar.

 

Así que al final la película termina hablando de algo muy curioso: de cómo el dinero condiciona la moral… y también el propio cine.

 

Porque seamos sinceros: ¿a quién no le vendría bien un millón de euros?

Incluso para rodar una película un poco más cara.

O para votar en un jurado.

O para dormir mucho más tranquilo por las noches.

 

Mi puntuación: 6,56/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

 

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Lapönia – 2026 – David Serrano – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

10/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cómo arruinar la Navidad discutiendo sobre Papá Noel

 

David Serrano es uno de esos directores españoles que han demostrado que la comedia comercial bien hecha también puede tener personalidad.

 

Saltó a la fama con la muy popular El otro lado de la cama (2002), aquel musical gamberro que convirtió las canciones de los 80 en argumento cinematográfico.

 

Después llegarían Días de fútbol (2003), Los dos lados de la cama (2005), Una hora más en Canarias (2010) o Tenemos que hablar (2016).

 

También ha trabajado mucho en teatro y como guionista, lo que explica perfectamente por qué en Laponia el diálogo manda y la puesta en escena recuerda tanto a una función teatral.

 

 

Cutrecomentario

 

Laponia es una película que podría haberse rodado perfectamente en un escenario con cuatro focos, una mesa, un sofá y un árbol de Navidad. Y probablemente funcionaría igual de bien. O igual de mal, según el humor que uno tenga ese día.

 

La premisa es sencilla: dos hermanas se reúnen en Navidad en la Laponia finlandesa con sus respectivos maridos. Natalia Verbeke (que interpreta a la hermana que llega desde España) aparece con su pareja, el siempre reconocible Julián López, que aquí encarna a un profesor bastante intenso.

 

La otra hermana, interpretada por Ángela Cervantes, vive allí con su marido finlandés, al que da vida Vebjørn Enger.

 

Y claro, lo que empieza como una reunión navideña civilizada acaba convirtiéndose en un debate filosófico con sidra, vino y reproches familiares.

 

El detonante del conflicto es aparentemente inocente: ¿hay que mantener la ilusión de Papá Noel en los niños o decirles la verdad desde pequeños? A partir de ahí se abre la caja de Pandora.

 

Empiezan a salir viejas heridas familiares, reproches entre hermanas, diferencias culturales entre españoles y nórdicos y esa eterna discusión entre la mentira piadosa y la verdad incómoda.

 

La película funciona casi exclusivamente a base de diálogo. Mucho diálogo. Muchísimo diálogo. Tanto que uno tiene la sensación de estar viendo una obra de teatro filmada, que de hecho no anda muy lejos de la realidad: el guion parte de una obra teatral muy exitosa escrita por Cristina Clemente y Marc Angelet.

 

Lo mejor del conjunto son claramente los actores. Los cuatro están muy bien, pero Ángela Cervantes juega en otra liga. Tiene una naturalidad y una fuerza que se comen la pantalla sin necesidad de levantar mucho la voz. Es, de largo, lo mejor de la película.

 

Julián López, por su parte, se mete en un papel dramático que intenta ser serio… pero su vis cómica es tan potente que cuesta no esperar que en cualquier momento suelte una de esas frases absurdas marca de la casa. No es culpa suya: hay actores que llevan el humor pegado al ADN.

 

En resumen, Laponia es una película entretenida, bien interpretada y con un conflicto interesante sobre la mesa.

 

Pero también es, sin disimularlo demasiado, teatro filmado. Lo cual no es necesariamente malo… salvo que uno haya ido al cine esperando ver algo más que cuatro personas discutiendo durante hora y media sobre Papá Noel y la educación de los niños.

 

Eso sí: después de verla dan ganas de pasar las Navidades en silencio. O mejor aún… en Laponia, pero cada uno en su cabaña. 🎄

 

Mi puntuación: 5,57/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Viaje al país de los blancos – 2026 – Dani Sancho – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

9/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Del sueño europeo a la realidad: cuando el ‘país de los blancos’ no era exactamente lo que parecía

 

 

El director Dani Sancho se encarga de llevar a la pantalla Viaje al país de los blancos, una película basada en la historia real del activista ghanés Ousman Umar.

 

Sancho ha trabajado sobre todo en el ámbito televisivo y documental, y en esta ocasión se enfrenta a un relato con vocación claramente social y humanista, centrado en la inmigración y en el proceso personal de crecimiento de su protagonista.

 

No es una superproducción ni pretende reinventar el cine social, pero sí busca contar una historia real con intención emocional y pedagógica.

 

 

Cutrecomentario

 

Viaje al país de los blancos cuenta la historia real de Ousman Umar, un niño de Ghana que crece escuchando historias sobre un lugar casi mítico: Europa. O, como lo llaman en su entorno, “el país de los blancos”. Un sitio lejano donde aparentemente todo es prosperidad, oportunidades y vida fácil.

 

Con esa idea en la cabeza, el joven decide emprender un viaje que no tiene nada de fácil.

 

Lo que sigue es el recorrido clásico que ya conocemos por otras películas sobre inmigración: travesías peligrosas, dificultades constantes y un choque brutal entre el sueño y la realidad.

 

Finalmente llega a Barcelona, donde descubre algo que muchos migrantes encuentran al aterrizar en Europa: que aquello que parecía un paraíso desde lejos es, en realidad, un lugar mucho más complicado de lo que imaginaba.

 

La película se centra sobre todo en el proceso de crecimiento del personaje.

 

Ese niño que sale de su aldea se convierte poco a poco en un adulto que intenta abrirse camino en un país extraño. Y ahí aparece un personaje clave: Montse, la mujer que decide acogerlo en su familia y darle algo más que ayuda puntual. Le ofrece afecto, estabilidad y la posibilidad de construir un futuro.

 

Y Ousman Umar no solo aprovecha esa oportunidad, sino que acaba transformándola en algo mucho mayor.

 

Cinematográficamente hablando, la película no inventa nada nuevo.

 

Este tipo de relatos sobre inmigración los hemos visto muchas veces en pantalla y, siendo honestos, existen ejemplos más potentes y mejor construidos.

 

Es inevitable acordarse de Io capitano (2023), la magnífica película de Matteo Garrone que pasó por el Festival de San Sebastián y que abordaba el mismo tema con mucha más fuerza narrativa.

 

Pero eso no significa que Viaje al país de los blancos no funcione. Funciona. Y además emociona.

 

En parte por la historia que cuenta, pero sobre todo por algo que ocurrió fuera de la pantalla. En la proyección del Festival de Málaga estaba presente el verdadero Ousman Umar, que participó en el coloquio posterior.

 

Y cuando ves a la persona real que ha vivido todo eso sentado delante de ti, la película adquiere otra dimensión.

 

De repente deja de ser solo cine y pasa a ser también testimonio. Y eso cambia bastante la experiencia.

 

La sala respondió con un aplauso muy fuerte cuando Ousman Umar apareció para hablar con el público. Fue uno de esos momentos en los que el festival se convierte en algo más que una sucesión de películas: se convierte en un encuentro humano.

 

Al final, Viaje al país de los blancos es una historia de superación.

 

Una historia sencilla, bienintencionada, que invita a reflexionar sobre cómo tratamos a los niños y jóvenes inmigrantes que llegan a España.

 

No es la película definitiva sobre el tema. Pero sí es una película honesta. Y a veces eso también cuenta.

 

Mi puntuación: 5,65/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Por cien millones (Minserie) – 2026 – Oriol Capel (Creador), Nacho G. Velilla (Creador) – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

9/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Secuestrar a Quini para salir de deudas: el plan perfecto… salvo por un pequeño detalle, que es todo

 

 

Detrás de Por cien millones están Oriol Capel y Nacho G. Velilla, dos nombres muy reconocibles dentro de la comedia española reciente.

 

Velilla, zaragozano, lleva años demostrando que sabe cómo hacer reír al público: dirigió éxitos como Fuera de carta (2008), Que se mueran los feos (2010) o Perdiendo el norte (2015), además de series muy populares como Aída.

 

Capel, por su parte, ha trabajado sobre todo en televisión como guionista y creador en proyectos como 7 vidas o Aída, lo que explica ese olfato para la comedia de personajes y para los diálogos que parecen sacados directamente de la barra de un bar.

 

 

Cutrecomentario

 

La tarde del tercer día del Festival de Málaga se puso televisiva. En vez de película, tocaba serie. Bueno, miniserie. De Por cien millones se proyectaron los dos primeros capítulos: cien minutos en total, que pasaron volando.

 

La historia nos lleva a Zaragoza, año 1981. España todavía está intentando entender qué demonios está pasando tras la Transición, los pantalones de campana aún resisten en algunos armarios y el fútbol sigue siendo religión nacional.

 

En ese contexto aparecen tres mecánicos que no atraviesan precisamente su mejor momento económico. Deudas por todos lados, negocios que no terminan de arrancar y una sensación general de estar atrapados en la miseria económica. Así que, como suele pasar en las grandes ideas criminales… deciden secuestrar a un futbolista.

 

Pero no a cualquiera. Nada menos que Enrique Castro “Quini”, delantero del FC Barcelona y uno de los jugadores más famosos del país, que en la temporada 1980-81 estaba peleando por el Pichichi.

 

La serie reconstruye aquel secuestro real que en su momento tuvo en vilo a toda España. Y lo hace desde un tono bastante peculiar: mezcla de drama y comedia. Porque sí, lo que ocurrió fue dramático —para Quini, para su familia y para todo el entorno—, pero la serie decide mirar también al lado absurdo de la historia.

 

Según explicó Nacho G. Velilla en la rueda de prensa del festival, el guion se ha construido a partir de documentación real: declaraciones policiales, testimonios de la familia e incluso palabras de los propios secuestradores, que acabaron cumpliendo ocho años de prisión.

 

Y lo curioso es que el caso tardó bastante en resolverse porque la policía estaba convencida de que detrás había una banda criminal muy sofisticada.

 

Nadie imaginaba que los responsables eran tres tipos bastante normales con más deudas que neuronas delictivas.

 

El trío protagonista funciona muy bien. Raúl Arévalo, Vito San y Gabriel Guevara interpretan a estos tres aspirantes a criminal con perfiles muy distintos pero perfectamente complementarios. Cada uno con su carácter, sus miedos y sus meteduras de pata.

 

El reparto femenino tampoco se queda atrás: Natalia Huarte, María De Nati y la siempre eficaz Aixa Villagrán, que tiene ese talento especial para aparecer en pantalla y elevar cualquier escena.

 

También se deja ver Julia de Castro, estupenda como la mujer de Quini, aportando la parte más emocional del relato.

 

Y por ahí aparece también Jorge Asín, que es casi patrimonio cultural de Aragón. Su presencia no es casual: Velilla explicó que antes del rodaje el guion fue leído y grabado por Asín para que los actores pudieran estudiar el acento aragonés. Y la verdad es que se nota: el esfuerzo por reproducir ese tono está bastante conseguido.

 

Los dos episodios que se han podido ver en Málaga funcionan muy bien. Son ágiles, muy divertidos y además retratan con bastante cariño aquella España de comienzos de los ochenta. Una España de talleres mecánicos, bares de barrio y gente intentando sobrevivir como puede.

 

Y también dejan caer una idea bastante interesante: la precariedad de la clase trabajadora española no es precisamente un invento del siglo XXI. Ya estaba ahí hace más de cuarenta años.

 

Una serie muy entretenida, con humor, con ritmo y con una historia real tan absurda que parece inventada. Y eso siempre es buena señal para una comedia. Porque a veces la realidad escribe los mejores guiones… aunque empiecen con tres mecánicos pensando que secuestrar a Quini es una buena idea.

 

Mi puntuación: 8,68/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Mi querida señorita – 2026 – Fernando González Molina – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

9/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Mi querida señorita 2.0: identidad, Pamplona y una escapada a Madrid para respirar un poco.

 

El director Fernando González Molina lleva años moviéndose con soltura entre el cine comercial y la televisión de gran presupuesto.

 

Ha dirigido títulos muy populares como Tres metros sobre el cielo (2010), Tengo ganas de ti (2012) o Palmeras en la nieve (2015).

 

En televisión también ha firmado proyectos de gran impacto como El guardián invisible (2017), Legado en los huesos (2019) y Ofrenda a la tormenta (2020), adaptaciones de la trilogía del Baztán de Dolores Redondo.

 

Es un director con buen pulso narrativo y clara vocación de conectar con el público amplio.

 

 

Cutrecomentario

 

Más que un remake de Mi querida señorita (1972), la película que dirigió Jaime de Armiñán con guion suyo y de José Luis Borau, esta nueva versión es una especie de revisitación o actualización del clásico.

 

Aquella estaba protagonizada por José Luis López Vázquez y Julieta Serrano y, en plena España franquista, hablaba de identidad sexual con una sutileza que hoy resulta admirable.

 

La película de 2026 juega en otra liga temporal.

 

Estamos en el siglo XXI, en una España donde —al menos sobre el papel— se puede hablar de estas cosas con bastante más libertad.

 

Aquí la protagonista es Adela, interpretada por Elizabeth Martínez, una chica solitaria que arrastra desde la infancia una historia médica complicada relacionada con intervenciones gonadales. Es decir, una identidad sexual construida a golpe de bisturí y de decisiones ajenas.

 

La película sitúa a Adela en una Pamplona gris, lluviosa, fría, opresiva. Una ciudad que parece diseñada para que nadie levante demasiado la cabeza.

 

Sus padres, interpretados con firmeza por Nagore Aramburu, mantienen un control férreo sobre su vida. Horarios, normas, expectativas… todo muy ordenado, muy correcto, muy asfixiante.

 

En ese ambiente tan poco respirable aparece una pequeña ventana al mundo: una fisioterapeuta interpretada por Anna Castillo, que además sueña con convertirse en actriz. Ella será, de alguna manera, la chispa que le recuerda a Adela que existe algo parecido a la libertad.

 

Mientras tanto, hay novio en escena. Eneko Sagardoy interpreta a un chico que le declara su amor y que además se encarga de definir Pamplona con una frase bastante graciosa: una ciudad con “cien personas y diez calles”. Exagerado, pero se entiende la idea.

 

Y entonces llega el momento clave: la huida. Adela se va a Madrid, y ahí la película cambia completamente de tono.

 

Frente a la ciudad cerrada del norte aparece la capital, donde la protagonista empieza a construir algo parecido a una familia elegida: amigos, apoyo, red afectiva.

 

En ese nuevo universo aparecen Manu Ríos y Lola Rodríguez, que dan vida a ese grupo de amigos que ayudan a Adela —que ahora se hace llamar AD— a encontrar su lugar.

 

No quiero olvidarme de María Galiana como la abuela, que siempre es un placer ver en pantalla, porque tiene ese talento raro de parecer completamente natural incluso cuando está diciendo cosas muy serias.

 

La película habla, básicamente, de identidad. De buscar quién eres cuando todo el mundo parece tener una opinión sobre lo que deberías ser. Y también de algo más simple: de intentar ser feliz aunque no tengas ni idea de cómo hacerlo.

 

Aquí entran en juego Javier Calvo y Javier Ambrossi, los Javis, que están detrás del proyecto como productores e ideólogos. Y claro, eso se nota. La película es mucho más explícita, más discursiva, incluso más didáctica que la original de 1972.

 

La comparación con la obra de Jaime de Armiñán es inevitable. Aquella tenía una delicadeza y una ambigüedad que hoy casi parecen de otro planeta. Pero también hay que decir que jugaba con la censura franquista encima de la mesa. Aquella película tenía que insinuar lo que no podía decir.

 

Esta nueva Mi querida señorita dice las cosas sin rodeos. Es más directa, más emocional, más contemporánea.

 

Son películas distintas para épocas distintas.

 

Y, por cierto, conviene recordar un dato: la original de 1972 fue un auténtico fenómeno en España y se convirtió en una de las películas más importantes del año.

 

Habrá que ver si esta nueva versión consigue algo parecido.

 

Desde luego, la historia que cuenta —la de alguien intentando descubrir quién es— sigue siendo igual de universal que hace más de cincuenta años. Y eso, al final, siempre conecta con el público.

 

Mi puntuación: 7,66/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Neurótica anónima – 2026 – Jorge Perugorría – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

9/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando el cine resiste… aunque el presupuesto esté en números rojos

 

 

El director

 

Jorge Perugorría (La Habana, 1965) es uno de los rostros más conocidos del cine cubano.

 

Actor antes que director, saltó a la fama internacional con Fresa y chocolate (1993), dirigida por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, película que fue nominada al Oscar y que lo convirtió en una especie de icono del cine cubano contemporáneo.

 

Con el tiempo ha ido alternando interpretación, producción y dirección.

 

Como realizador ha firmado títulos como Se vende (2012), una comedia amarga sobre la Cuba contemporánea, y el documental Habana Selfies (2019).

 

Neurótica anónima supone uno de sus trabajos más modestos, casi de guerrilla, pero también uno de los más personales en su defensa del cine como espacio cultural y sentimental.

 

 

Cutrecomentario

 

El tercer día del Festival de Málaga arrancó con una producción cubana pequeña, pequeñísima… pero con mucho corazón. Neurótica anónima, dirigida por Jorge Perugorría y protagonizada —y escrita— por Mirta Ibarra, es una de esas películas hechas con cuatro duros, mucha fe y bastante amor por el cine.

 

La historia parte de una premisa sencilla: un cine de barrio en La Habana está a punto de cerrar porque el negocio ya no da ni para pagar la luz del proyector y el edificio amenaza ruina. Ante ese desastre cultural, los trabajadores y algunos vecinos deciden resistir. ¿Cómo? Pues rodando un documental con testimonios del barrio para denunciar el cierre. Una especie de cine dentro del cine… dentro del cine. Muy meta todo.

 

Pero lo curioso es que ese falso documental acaba convirtiéndose en un retrato bastante lúcido de la Cuba actual.

 

Entre testimonio y testimonio se cuelan comentarios sobre la precariedad del día a día, sobre instituciones absurdamente grandilocuentes —como centros para tratar la neurosis que parecen palacios surrealistas— y sobre la eterna distancia entre la retórica oficial y la vida real.

 

El hilo conductor es el personaje de Mirta Ibarra, que interpreta a Iluminada, una mujer que vive el cine como si fuera una religión. Y gracias a ella la película se convierte en una especie de collage cinéfilo lleno de guiños.

 

Porque Neurótica anónima funciona también como un homenaje bastante descarado al cine.

 

Van apareciendo referencias a un montón de clásicos: Memorias del subdesarrollo de Tomás Gutiérrez Alea, Lucía de Humberto Solás, La pasión de Juana de Arco de Carl Theodor Dreyer, Psicosis de Alfred Hitchcock, Fresa y chocolate, La dolce vita de Federico Fellini, Moscú no cree en las lágrimas de Vladimir Menshov, Hasta cierto punto de Tomás Gutiérrez Alea, El lado oscuro del corazón de Eliseo Subiela, Repulsión de Roman Polanski, Thelma & Louise de Ridley Scott o Cerrado por reformas de Orlando Rojas, entre otras. Me olvidaba de Tiempos modernos

 

Vamos, que la película es un festival de citas y recuerdos cinéfilos.

 

A ratos parece más una declaración de amor al cine que una película propiamente dicha.

 

¿Funciona siempre? Pues no del todo.

 

El presupuesto se nota —y mucho—, el ritmo es irregular y hay momentos que parecen más teatro filmado que cine.

 

Pero también tiene algo entrañable: esa sensación de cine hecho por pura necesidad de contar algo.

 

Al final Neurótica anónima es eso: una película de resistencia.

 

Un recordatorio de que el cine, incluso cuando está medio en ruinas, sigue siendo un lugar donde reunirse, discutir, recordar películas y, de paso, intentar entender el mundo.

 

Y oye… en tiempos de plataformas, algoritmos y pantallas de móvil, ver una película que defiende el cine en sala tiene algo casi revolucionario. Aunque esté hecha con el presupuesto de una máquina de palomitas. 🍿

 

Mi puntuación: 7,67/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

 

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Crónica del tercer día del Festival de Málaga 29 (2026) – Cine, identidad y memoria en una jornada luminosa – Gema Santamaría – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

9/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Crónica del tercer día del Festival de Málaga 2026

 

 

Cine, identidad y memoria en una jornada luminosa

 

 

Por Gema Santamaría — Crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria

 

 

El Festival de Málaga alcanzó este 8 de marzo su tercer día con una temperatura más amable y un ambiente que empezaba a sentirse plenamente festivalero. Tras dos jornadas intensas, el certamen entró en una fase en la que el cine empieza a desplegar toda su variedad: producciones modestas, cine social, historias de identidad y también propuestas televisivas que dialogan con la historia reciente. Cuatro proyecciones y otras tantas ruedas de prensa han marcado una jornada rica y diversa.

 

 

Un homenaje al cine desde La Habana

 

La mañana comenzó con Neurótica anónima, una curiosa producción cubana dirigida por Jorge Perugorría y protagonizada por Mirta Ibarra, que además firma el guión.

 

La película podría definirse como cine de guerrilla: presupuesto muy reducido, imaginación desbordante y un amor evidente por el cine. La historia sigue a Iluminada, una acomodadora de un viejo cine de barrio en La Habana que ve peligrar su mundo cuando se anuncia el cierre de la sala.

 

A partir de ese punto, la película se convierte en un juego de cine dentro del cine. La protagonista interpreta su propia vida a través de referencias a clásicos de la historia del séptimo arte: La dolce vitaRepulsiónTiempos modernos o La pasión de Juana de Arco, entre otras.

 

El resultado es una película divertida y muy cinematográfica, un homenaje tanto al cine clásico como al propio acto de ir al cine. Incluso hay momentos que recuerdan abiertamente a Thelma & Louise, con descapotable incluido, algo que en la actual La Habana casi parece una hazaña logística.

 

En la rueda de prensa, Mirta Ibarra se confirmó como el verdadero corazón del proyecto, mientras Jorge Perugorría apareció con barba y abundante melena, caracterizado por el personaje que interpreta en un rodaje en curso. La conversación derivó inevitablemente hacia la difícil situación que vive Cuba, marcada por la escasez de combustible y las dificultades económicas.

 

 

Identidad y libertad en una reinterpretación contemporánea

 

La segunda proyección del día fue Mi querida señorita, dirigida por Fernando González Molina y producida por Javier Calvo y Javier Ambrossi, los conocidos “Javis”.

 

La película toma como punto de partida conceptual el clásico de Jaime de ArmiñánMi querida señorita (1972), protagonizado por José Luis López Vázquez y Julieta Serrano, pero lo reinterpreta desde una perspectiva contemporánea.

 

La historia sigue a una joven que vive en Pamplona y que lucha por encontrar su identidad, según muestra la película esta persona presenta un fenotipo femenino, aunque tiene gónadas masculinas no visibles, ya que están ocultas en el conducto inguinal, lo que se denominaba, pseudohermafroditismo masculino, esto se engloba hoy dentro de los estados intersexuales. La ciudad aparece retratada como un espacio cerrado donde todos se conocen y donde las convenciones sociales pesan como una losa.

 

La protagonista decide romper con ese mundo y huir a Madrid, donde encuentra una nueva familia emocional y también el amor, encarnado en una fisioterapeuta que aspira a convertirse en actriz, interpretada por Anna Castillo.

 

El reparto reúne nombres muy reconocibles: Paco LeónNagore AranburuManu Ríos o Eneko Sagardoy.

 

En la rueda de prensa, Calvo y Ambrossi ofrecieron una larga explicación sobre el proyecto. Insistieron en que no se trata de un remake del filme de Armiñán, sino de una reinterpretación contemporánea inspirada en la idea original, situada en los primeros años del siglo XXI.

 

La sesión comenzó, además, con un aplauso a Nagore Aranburu, recientemente premiada con un Goya como mejor actriz de reparto por Los domingos, lo que añadió un tono emotivo al encuentro.

 

 

Comedia sobre un secuestro real

 

Por la tarde llegó una propuesta televisiva: los dos primeros episodios de la miniserie Por 100 millones, creada por Nacho García Velilla y escrita junto a Oriol Capel.

 

La serie recrea el famoso secuestro del futbolista Quini en 1981, cuando el delantero del FC Barcelona fue retenido por tres mecánicos zaragozanos que exigían un rescate de cien millones de pesetas.

 

Aunque el hecho real fue dramático, la serie adopta un tono de comedia que funciona sorprendentemente bien. Los protagonistas —Raúl ArévaloVito Sanz y Gabriel Guevara— interpretan a los secuestradores con un equilibrio entre absurdo y desesperación social que recuerda al cine negro español pasado por el filtro del humor.

 

El reparto incluye también a Aixa VillagránNatalia HuarteMaría de NatiJorge Asín y Julia de Castro, esta última en el papel de la esposa del futbolista.

 

En la rueda de prensa, Nacho García Velilla explicó cómo la serie intenta retratar no solo el delito sino también el contexto social de la España de comienzos de los ochenta. Vito Sanz, especialmente inspirado, protagonizó algunos de los momentos más divertidos del encuentro.

 

 

Un viaje desde África hasta Europa

 

La jornada concluyó con Viaje al país de los blancos, dirigida por Dani Sancho, una película inspirada en la historia real de Ousman Umar.

 

El filme narra el viaje de un niño de 12 años que abandona Ghana con la esperanza de llegar a Europa. Tras un recorrido durísimo, termina en Barcelona, donde durante un tiempo vive en la calle hasta que encuentra apoyo en una familia que lo acoge.

 

La historia se convierte en un relato de superación personal: el protagonista logra estudiar y acaba fundando una ONG dedicada a promover la educación en su país de origen.

 

La presencia en la rueda de prensa del propio Ousman Umar, cuya historia inspira la película, añadió una dimensión emocional muy fuerte. Su capacidad comunicativa y su entusiasmo terminaron por reforzar el impacto de una película que, aunque narrativamente sencilla, resulta profundamente inspiradora.

 

 

Un pequeño paréntesis cultural

 

Entre la primera y la segunda proyección hubo tiempo para una breve escapada al Teatro Soho CaixaBank, impulsado por Antonio Banderas, uno de los centros culturales más dinámicos de la ciudad.

 

El paseo estuvo guiado por José María Tena, figura muy conocida de la cultura malagueña, que compartió algunas historias sobre la vida musical de la ciudad y el papel de sus orquestas.

 

 

Un festival que ya respira cine

 

El tercer día del Festival de Málaga dejó la sensación de que el certamen ya ha encontrado su ritmo. Cine cubano hecho con imaginación, reflexiones sobre la identidad, comedia histórica y cine social han convivido en una misma jornada.

 

Cuatro películas, cuatro ruedas de prensa y muchas conversaciones en los pasillos del festival. Málaga sigue demostrando que su festival no es solo un escaparate del cine en español, sino también un espacio donde las historias —grandes o pequeñas— encuentran siempre un público dispuesto a escucharlas.

 

Mañana, más cine. Y seguramente, también más historias que contar.

 

 

Gema Santamaría — Crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria

 

 

 

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Un capitán entre la conciencia y el ruido del festival Crónica del segundo día del Festival de Málaga 29 (2026) – Gema Santamaría – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

8/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un capitán entre la conciencia y el ruido del festival

 

Crónica del segundo día del Festival de Málaga 2026

 

Por Gema Santamaría — Crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria

 

El segundo día del Festival de Málaga amaneció frío y con un cielo gris que amenazaba lluvia sin decidirse nunca a cumplir la amenaza. Un día de ese tipo que parece pedir cine: oscuridad de sala, historias intensas y café caliente entre proyección y proyección.

 

Y el festival, desde luego, no tardó en darnos material.

 

La sorpresa del día: Hangar Rojo

 

La primera proyección de la mañana fue una auténtica sorpresa. La chilena Hangar Rojo, dirigida por Juan Pablo Sayago, se ha convertido —al menos por ahora— en la gran película del festival. Un film de apenas 81 minutos rodado en un austero blanco y negro que logra una intensidad poco habitual.

 

La película sitúa su acción el 11 de septiembre de 1973, el día del golpe militar que llevó al poder al general Augusto Pinochet y acabó con el gobierno del presidente Salvador Allende. El protagonista es un capitán de la escuela de aviación chilena que se encuentra atrapado en un dilema moral: obedecer órdenes o mantenerse fiel al orden constitucional.

 

El relato se desarrolla con una sobriedad admirable. No hay discursos grandilocuentes ni dramatismo exagerado. La narración observa los acontecimientos con cierta distancia, casi con frialdad, permitiendo que sea el espectador quien complete el juicio moral.

 

Destaca de forma extraordinaria Nicolás Zárate, que interpreta a ese capitán atrapado entre la obediencia y la conciencia. Su trabajo es contenido, sobrio, lleno de pequeños gestos que transmiten más que muchos diálogos.

 

Tras la proyección tuvo lugar una rueda de prensa con el director y parte del equipo. Fue curioso comprobar cómo Nicolás Zárate aparecía completamente transformado respecto a su personaje: otro aspecto, otro estilo, casi irreconocible. Es uno de esos momentos en los festivales en los que el cine y la realidad parecen pertenecer a mundos distintos.

 

Paseo por el puerto y cafés a precio de Venecia

 

Tras la rueda de prensa tocó aire libre. Un paseo por el centro de Málaga, rumbo al Muelle 1, la zona renovada del puerto. El cielo seguía indeciso entre nubes y claros, pero el ambiente era agradable.

 

Eso sí, el turismo se deja notar.

 

Parada técnica para un café con leche: cuatro euros por taza. Precio de turista internacional. Exactamente el mismo que uno paga en la isla de Venecia. Málaga tiene esas dos caras tan españolas: la del barrio donde el café cuesta poco más de un euro y la del paseo turístico donde la cuenta llega con cierto dramatismo.

 

El paseo por el puerto, pese a la multitud, resultó de lo más placentero. Turistas, barcos, tiendas, y ese aire mediterráneo que hace que todo parezca un poco más amable.

 

Intentando competir con La caza

 

La siguiente cita cinematográfica fue Día de caza, dirigida por Pedro Aguilera y protagonizada por Carmen MachiRossy de PalmaBlanca Portillo y la joven Zoe Arnao.

 

En la rueda de prensa el propio director explicó que su intención era hacer una reinterpretación de La caza, la mítica película de Carlos Saura de 1966, pero trasladando la historia a personajes femeninos.

 

El problema es evidente: competir con La caza es poco menos que suicida.

 

La película comienza con cierto aire de comedia costumbrista. Tiene ecos lejanos de La escopeta nacional de Luis García Berlanga e incluso algunos momentos que recuerdan a Los santos inocentes de Mario Camus. El problema es que invocar esos títulos implica jugar en una liga muy distinta.

 

De las protagonistas, Rossy de Palma es quien domina claramente la pantalla. Está en su territorio, segura, divertida y con presencia. Blanca Portillo, magnífica actriz sobre todo en teatro, aparece aquí algo sobreactuada. Y Carmen Machi, que siempre parece interpretar una variación de sí misma, vuelve a demostrar que ese registro lo domina con absoluta naturalidad.

 

La rueda de prensa fue muy entretenida. Escuchar a estas actrices siempre merece la pena, pero especialmente a Rossy de Palma, que estuvo espontánea, divertida y con una naturalidad que contagió a toda la sala.

 

Un drama de diálogos interminables: Solos

 

Tras una comida abundante —y sorprendentemente barata— en un bar cercano al Mercado de la Merced, llegó la sesión de las cinco de la tarde con Solos, dirigida por Guillermo Ríos Bordón.

 

La película reúne a cuatro intérpretes: Kira MiróCarlos SantosSalva Reina y Elia Galera. Y básicamente consiste en eso: cuatro personajes hablando sin parar sobre sus conflictos personales.

 

Conflictos que, por desgracia, resultan en muchos casos mezquinos, ridículos o simplemente poco interesantes. El guión está plagado de frases que parecen sacadas de manuales de autoayuda. La puesta en escena se basa casi exclusivamente en primeros planos y planos de detalle, lo que refuerza la sensación de estar ante un producto pensado más para televisión que para una sala de cine.

 

Sorprendentemente, la película fue muy aplaudida por el público. Una sospecha que entre los espectadores habría familiares, amigos y miembros del equipo.

 

En la rueda de prensa posterior, director y actores defendieron el proyecto con entusiasmo, intentando encontrar profundidad filosófica donde cuesta bastante encontrarla.

 

Emociones familiares en Nueve lunas

 

La cuarta película del día fue Nueve lunas, dirigida por Patricia Ortega, cineasta venezolana afincada en España que el pasado año presentó Mamacruz en la Seminci de Valladolid.

 

La historia plantea una situación peculiar: un joven trans que se encuentra en proceso de transición acaba quedándose embarazado por una serie de circunstancias bastante poco verosímiles. El protagonista está interpretado por Zack GómezRolls, acompañado por Jorge SanzMaría León y Kiti Mánver.

 

La película apuesta por un tono claramente emocional, muy orientado al gran público. Todo se desarrolla con un aire amable, incluso edulcorado, en el que los conflictos parecen resolverse con demasiada facilidad.

 

En la rueda de prensa destacó Jorge Sanz, que habló con mucha sensatez sobre la necesidad de seguir aprendiendo en la vida y sobre el respeto hacia la identidad de cada persona. Un discurso sencillo pero sincero que fue de lo más interesante del encuentro.

 

María León, apasionada como siempre, aportó también energía y entusiasmo a una conversación que terminó pasadas las nueve y media de la noche.

 

Cuatro películas y el cansancio del festival

 

Al salir del cine el clima era más amable que por la mañana. La noche malagueña parecía reconciliarse con el festival.

 

Había una última proyección nocturna, pero después de cuatro películas y cuatro ruedas de prensa, el cansancio era ya evidente. Un festival también exige resistencia: no solo ver cine, sino escuchar, preguntar, tomar notas y mantener la atención durante largas jornadas.

 

El Festival de Málaga tiene, eso sí, algo muy especial: la cercanía. Las ruedas de prensa están abiertas no solo a la prensa sino también al público, lo que genera encuentros muy vivos entre espectadores, cineastas y actores. Hoy las salas estaban prácticamente llenas.

 

Pero si hay que quedarse con un momento del día, no hay duda: la poderosa impresión que dejó Hangar Rojo. Una película que revisita uno de los episodios más dramáticos de la historia de Chile con una serenidad que resulta profundamente perturbadora.

 

Y que, quién sabe, quizá termine siendo una de las grandes revelaciones del festival.

 

Mañana, más cine desde Málaga.

 

Gema Santamaría

Nueva Alcarria

 

 

 

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Málaga abre el telón: vejez, educación y salud mental en una primera jornada con alma – Gema Santamaría – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

8/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

El Festival de Málaga arrancó su vigesimonovena edición con una jornada que combinó emoción, reflexión social y un cine profundamente humano. Tres películas muy distintas marcaron el tono de un primer día en el que la ciudad volvió a convertirse en capital del cine en español, entre alfombras rojas, salas llenas y conversaciones apasionadas en cada esquina del centro histórico.

 

 

La inauguración: la belleza de envejecer con dignidad

 

La jornada comenzó con la película inaugural, Calle Málaga, dirigida por la cineasta marroquí Maryam Touzani, una de las voces más interesantes del cine mediterráneo actual. Touzani ya había demostrado su talento con títulos como Adam (2019) y El caftán azul (2022), dos obras de enorme sensibilidad que la situaron en el mapa internacional. En esta ocasión firma su primer largometraje rodado en español, una coproducción entre Marruecos, España, Francia, Alemania y Bélgica. La película tuvo su estreno mundial en el Festival de Venecia, donde obtuvo el premio del público en su sección correspondiente, y fue elegida por Marruecos como candidata al Óscar a mejor película internacional.

 

La protagonista es Carmen Maura, que ofrece una interpretación colosal como María Ángeles, una mujer de 79 años que vive en Tánger, en el barrio donde transcurrió toda su vida. Su existencia tranquila, llena de pequeños rituales cotidianos y relaciones con vecinos y comerciantes, se ve alterada cuando su hija Clara —interpretada por Marta Etura— llega desde Madrid con la intención de vender el piso familiar. 

 

La película explora el conflicto entre generaciones, pero también algo mucho más profundo: la defensa del derecho a decidir sobre la propia vida cuando se llega a la vejez. En ese proceso, María Ángeles se resiste a abandonar su casa y, casi sin esperarlo, redescubre el amor al conocer a un anticuario interpretado por Ahmed Boulane.

 

Es una película luminosa, emotiva, profundamente nostálgica. Un canto a la memoria, a los lugares que nos sostienen y a la libertad personal incluso en la última etapa de la vida.

 

Tras la proyección tuvo lugar la rueda de prensa, con la presencia de la directora y del equipo artístico. Como era de esperar, todas las miradas se dirigieron a Carmen Maura, auténtica estrella de la mañana. La actriz se mostró cercana y divertida, reivindicando la idea de que después de los ochenta se puede seguir viviendo con intensidad, independencia y deseo.

 

En una breve conversación posterior comentaba algo muy revelador: durante años le incomodaba que la gente la parara por la calle, pero ahora disfruta ese contacto con el público. Porque —decía— una película no solo se hace para rodarla, sino para que alguien la vea.

 

La rueda de prensa estuvo moderada por Fernando Méndez-Leite, presidente de la Academia de Cine, que como es habitual dirigió el encuentro con su tono pausado y cordial. Antes de empezar, saludó afectuosamente al grupo de críticos que ocupábamos las primeras filas, junto a la jefa de prensa del festival.

 

 

La tarde en el Albéniz: educación, clase social y postureo

 

La segunda película del día se proyectó a las cuatro de la tarde en los Cines Albéniz, una de las sedes más emblemáticas del festival. Situados junto al Teatro Romano y a los pies de la Alcazaba, a escasos metros de la Plaza de la Merced, estos cines tienen ese encanto de los lugares con historia donde el cine todavía se vive con cierta liturgia.

 

La película era Altas capacidades, dirigida por Víctor García León, una comedia dramática protagonizada por Marián ÁlvarezIsrael Elejalde y Juan Diego Botto.

 

La historia parte de una premisa muy reconocible: los padres de un niño conflictivo deciden cambiarlo de colegio y matricularlo en un centro privado de élite. Lo que en apariencia es una decisión educativa se revela pronto como un intento de ascenso social.

 

La película arranca con fuerza y contiene momentos realmente divertidos, especialmente gracias al personaje interpretado por Juan Diego Botto, que aporta comicidad. Sin embargo, a medida que avanza el relato parece perder algo de fuelle. La idea es estupenda, pero el desarrollo no siempre está a la altura de sus posibilidades.

 

Eso sí, la película acierta al retratar una sociedad dominada por el postureo y la obsesión por el estatus. Todos los personajes parecen atrapados en una especie de competición social permanente, donde el colegio del niño funciona casi como una tarjeta de presentación.

 

Curiosamente, los únicos personajes que conservan algo de cordura son los abuelos, padres del personaje de Marián Álvarez, representantes de una generación que observa con cierto estupor el delirio competitivo de los adultos actuales.

 

 

La noche: correr contra los fantasmas

 

La tercera y última película de la jornada fue Corredora, dirigida por Laura García Alonso, un drama que aborda la salud mental con notable sensibilidad.

 

La protagonista es Alba Sáez, que interpreta a una joven atleta marcada por la muerte de su madre en un accidente. Ese trauma desencadena un episodio de delirio paranoide, que culmina en un grave accidente.Tras el ingreso hospitalario y el tratamiento con neurolépticos, la película se centra en su difícil proceso de reconstrucción personal.

 

Junto a ella destacan Marina Salas, en el papel de su hermana, y Álex Brendemühl, un actor que siempre aporta profundidad y matices a cualquier historia en la que participa.

 

Corredora es una película sencilla en su planteamiento, pero interesante en su mirada. Retrata con bastante precisión ese universo del pensamiento paranoide que tantas veces resulta incomprensible para quienes lo observan desde fuera. Más que una historia sobre el deporte, es un relato sobre la fragilidad mental y la posibilidad —siempre compleja— de volver a levantarse.

 

 

Un festival que vuelve a latir

 

Así terminó la primera jornada del Festival de Málaga, con tres películas que, cada una a su manera, hablaban de la vida cuando ésta se complica: la vejez, la presión social o la enfermedad mental.

 

Málaga volvió a demostrar que no es solo un festival de alfombra roja. Es también un lugar donde el cine se encuentra con la vida cotidiana, donde las historias pequeñas adquieren dimensión universal.

 

Y apenas es el primer día. El festival acaba de empezar.

 

 

Gema Santamaría – Crítica de cine. Colaboradora de Nueva Alcarria

 

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9 lunas – 2026 – Patricia Ortega – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

8/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Embarazo, identidad y una capa de almíbar que casi empalaga

 

Patricia Ortega es una directora y guionista venezolana nacida en 1977, con una filmografía todavía breve pero bastante visible en el cine de autor reciente.

 

Su ópera prima fue Yo, imposible (2018), y después firmó Mamacruz (2023), que le dio bastante proyección internacional.

 

Ahora presenta 9 lunas, escrita junto a Olmo Figueredo González-Quevedo y José Ortuño, y protagonizada por Zack Gómez-Rolls, Jorge Sanz, María León, Sara Sálamo, Fernando Guallar y Kiti Mánver

 

 

Cutrecomentario

 

La cuarta película de este segundo día del Festival de Málaga ha sido 9 lunas, de Patricia Ortega, y la verdad es que plantea un punto de partida potente: un hombre trans que todavía no ha completado su transición se queda embarazado.

 

La película se mete así en terrenos como la identidad, la maternidad, la transexualidad y la masculinidad, o sea, en un buen jardín. 

 

El protagonista está interpretado por Zack Gómez-Rolls, y su personaje vive una situación personal y social que, sobre el papel, daba para una película áspera, incómoda y con colmillo.

 

Pero 9 lunas opta casi siempre por un camino mucho más amable, más sentimental y bastante más edulcorado de lo que uno diría que pide una historia así.

 

Ahí está, para mí, uno de sus problemas gordos: la benevolencia casi general del entorno resulta poco creíble si se compara con una realidad social que sigue siendo bastante menos comprensiva y bastante más cafre.

 

Esa España tolerante, tan mona, tan civilizada, aparece aquí como si ya estuviéramos todos haciendo un máster en empatía, y no. Ojalá, pero no. 

 

Eso no impide que la película tenga momentos que emocionan. Y emocionan de verdad.

 

Es fácil entrar en el dolor de alguien que pelea por sostener su identidad frente a un mundo que le va poniendo pegas, etiquetas y miraditas de esas que no pagan alquiler pero ocupan mucho espacio. En ese sentido, la película toca fibras sensibles y algunas las toca bien.

 

Lo que pasa es que el personaje principal también tiene una deriva que complica la empatía.

 

En su intento de afirmarse en su nueva identidad masculina, a ratos se pasa de frenada y se convierte en un pequeño machirulo bastante antipático.

 

Y ahí la conexión con él se resiente, porque una cosa es entender el conflicto y otra muy distinta tener ganas de irse de cañas con el muchacho.

 

En el reparto secundario hay cosas que sí funcionan. Jorge Sanz está muy bien como ese padre que intenta adaptarse a realidades nuevas sin dejar de ser un señor de otra generación, y lo hace con naturalidad y con una vis cómica muy agradecida.

 

María León vuelve a demostrar esa capacidad tan suya para transmitir verdad popular, cercanía y humanidad sin esfuerzo aparente.

 

Y Kiti Mánver, que casi siempre sabe estar donde tiene que estar, compone una abuela comprensiva pero también exigente, sin caer en la caricatura. 

 

En resumen: 9 lunas es una comedia dramática con un tema muy actual y con buenas intenciones, que se ve sin dolor y hasta deja algún momento emotivo, pero que está demasiado azucarada y demasiado pendiente de gustar.

 

Aprueba, sí, pero con esa nota justita del alumno que cae simpático, participa en clase, pero el examen lo ha hecho regular tirando a normalito.

 

Mi puntuación: 5,56/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Solos – 2026 – Guillermo Ríos Bordón – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

8/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Solos (o cuatro amigos, un piso… y hora y media de terapia de grupo que nadie pidió)

 

El director Guillermo Ríos Bordón es un realizador canario que ha trabajado sobre todo en televisión y en el ámbito del audiovisual comercial.

 

Durante años ha dirigido programas y formatos televisivos y también ha participado en proyectos cinematográficos como director y guionista.

 

Con Solos se acerca a un terreno muy particular: la adaptación cinematográfica de una obra teatral escrita por Paloma Bravo, que ya había tenido recorrido sobre los escenarios.

 

El salto del teatro al cine siempre es delicado. A veces sale bien. Otras… pues no tanto.


 

 

Cutrecomentario

 

La tercera película del segundo día del Festival de Málaga fue Solos, y el título, hay que reconocerlo, tiene bastante sentido. Porque al final el espectador también se siente bastante solo… sentado en la butaca intentando sobrevivir a lo que ocurre en la pantalla.

 

La película adapta la obra teatral de Paloma Bravo, y se nota muchísimo su origen escénico.

 

Todo sucede prácticamente en un apartamento, donde cuatro amigos se reúnen para celebrar sus cumpleaños. Un planteamiento que, en teoría, podría dar bastante juego dramático.

 

El reparto lo forman Kira Miró, Carlos Santos, Alba Reina y Elia Galera.

 

Se supone que son personas que han tenido cierto éxito en la vida: profesionales con trabajos bien posicionados, vidas aparentemente encarriladas… bueno, todos menos el personaje que interpreta Alba Reina, que es profesor de instituto. Y ya sabemos que en España dedicarse a la educación suele significar más vocación que sueldo.

 

La reunión empieza con buen rollo, brindis, recuerdos y sonrisas de compromiso… pero poco a poco van saliendo rencores, reproches y viejas cuentas pendientes. Algo que, en principio, podría funcionar muy bien como retrato de una generación.

 

El problema es que todo se articula a través de diálogos interminables. Pero interminables de verdad. Conversaciones que parecen escritas a base de frases sacadas de manuales de autoayuda de aeropuerto.

 

El resultado es una sucesión de discusiones que se hacen pesadas, repetitivas y francamente irritantes.

 

Los personajes hablan, hablan y vuelven a hablar… pero casi nunca dicen nada que resulte interesante o mínimamente verosímil.

 

La cámara se obstina en sacar primeros planos y de detalle demostrando que estamos ante un producto meramente televisivo.

 

Especialmente irritante resulta la exposición sobre la depresión. Irritante y ofensivo.

 

Y eso que el reparto es competente. Pero cuando el material de base no funciona, ni Kira Miró, ni Carlos Santos, ni Elia Galera pueden hacer milagros.

 

La película además intenta rematar la función con un final melodramático, muy intenso, muy trascendente… que acaba de coronar el conjunto con una guinda bastante indigesta.

 

Lo más sorprendente de todo fue la reacción del público en la sala del festival: aplausos bastante entusiastas.

 

Confieso que aquello me dejó perplejo.

 

Aunque, pensándolo bien, la explicación más lógica es sencilla: probablemente entre el público habría muchos amigos, familiares y miembros del equipo de la película.

 

Porque si no… cuesta entender tanto entusiasmo ante un producto que, sinceramente, resulta un pequeño (gran) desastre cinematográfico.

 

Mi puntuación: 2,11/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

 

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Día de caza – 2026 – Pedro Aguilera – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

8/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Día de caza (o cómo meterse en el jardín de Carlos Saura… y salir con los pantalones llenos de barro)

 

El director Pedro Aguilera no es precisamente un recién llegado. Este cineasta cordobés lleva años moviéndose en el cine de autor español y en el circuito de festivales.

 

Debutó con La influencia (2007), presentada en la Quincena de Realizadores de Cannes, y posteriormente dirigió Demonios tus ojos (2017), un thriller inquietante que pasó por varios festivales internacionales.

 

También ha trabajado como guionista y ha mantenido siempre una línea de cine bastante personal, más cercana al drama psicológico que al cine comercial.

 

Con Día de caza, presentada en el Festival de Málaga, Aguilera decide meterse en un terreno peligrosísimo: revisitar uno de los grandes clásicos del cine español.


 

 

Cutrecomentario

 

Hay decisiones en la vida que requieren cierta prudencia. Por ejemplo: no discutir con tu suegra, no pedir la última ronda cuando ya llevas cuatro gin-tonics… y **no intentar rehacer una obra maestra de Carlos Saura.

 

Pues bien, Pedro Aguilera ha decidido saltarse ese último consejo.

 

En la rueda de prensa posterior a la proyección, el propio director explicó que Día de caza es una especie de revisitación en clave femenina y contemporánea de La caza (1966), la mítica película de Carlos Saura escrita junto a Angelino Fonns y protagonizada por Ismael Merlo, Alfredo Mayo, José María Prada y Emilio Gutiérrez Caba. Una película que es, ni más ni menos, uno de los grandes clásicos del cine español.

 

Así que, claro, cuando alguien dice que va a rehacer algo así, uno se pone automáticamente en modo “esto va a acabar regular”.

 

La nueva versión cambia el grupo masculino por cuatro mujeres: Carmen Machi, Rosy de Palma, Blanca Portillo y la joven Zoe Arnao. Tres amigas —más la sobrina de una de ellas— que se van a una dehesa a cazar.

 

Lo que parece una jornada campestre termina sacando a la superficie viejos rencores, reproches y tensiones acumuladas.

 

La intención es clara: igual que La caza era una metáfora feroz de la sociedad española de la posguerra, aquí se intenta hacer un retrato de la sociedad actual. El problema es que la intención no basta.

 

La película arranca con algunos elementos que recuerdan vagamente al universo berlanguiano —momentos que podrían evocar La escopeta nacional— o incluso ciertos ecos del cine rural español como Los santos inocentes de Mario Camus. Pero son solo destellos aislados, ideas sueltas que nunca terminan de cuajar en un conjunto sólido.

 

Y luego está el problema de la dirección de actores.

 

Porque con un reparto así uno espera fuegos artificiales interpretativos. Pero la cosa sale bastante torcida.

 

Blanca Portillo aparece excesiva, sobreactuada, en un registro que chirría.

 

Carmen Machi parece hacer básicamente de Carmen Machi, algo que suele funcionar… pero aquí se queda corto.

 

Zoe Arnao queda un poco perdida en medio del asunto, casi como si estuviera de invitada en la película.

 

La única que realmente se salva del desastre es Rosy de Palma, que aporta una presencia extraña, magnética, que al menos da algo de personalidad a la función.

 

Al final, lo que queda es una sensación bastante clara: la película nace de una premisa equivocada. Intentar dialogar con una obra tan gigantesca como La caza exige una humildad enorme o una idea verdaderamente brillante.

Aquí no hay ni lo uno ni lo otro.

 

Y el resultado es lo que pasa cuando alguien se mete en un berenjenal cinematográfico con demasiada confianza: la realidad termina pasando por encima como una apisonadora.

 

Mi puntuación: 4,13/10.

 

 

 

 

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Hangar rojo – 2026 – Juan Pablo Sallato – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

8/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cómo vivir un golpe de Estado pegado al cogote de un capitán

 

El chileno Juan Pablo Sallato firma Hangar rojo, una película pequeña en duración pero bastante grande en impacto.

 

Del director no hay demasiada información pública ni una filmografía extensa y conocida en el circuito comercial internacional.

 

Todo apunta a que se mueve sobre todo en el ámbito del cine independiente chileno y de los festivales.

 

Con Hangar rojo parece dar un salto importante de visibilidad.

 

Y, visto lo visto, sería buena idea seguirle la pista.


 

 

Cutrecomentario

 

La segunda jornada del Festival de Málaga arrancó con una de esas sorpresas que te reconcilian con levantarte temprano para ir al cine.

 

Porque a veces pasa lo contrario: madrugas, te tragas un café malísimo del festival y luego la película es peor que el café. Pero aquí no.

 

Hangar rojo es una producción chilena rodada en un blanco y negro precioso, de esos que parecen tallados con cincel.

 

Dura apenas 81 minutos, lo cual, en tiempos de películas que duran lo mismo que una boda gitana, ya es un alivio.

 

La historia nos pega literalmente al cogote del capitán Jorge Silva durante las horas previas y posteriores al golpe militar del 11 de septiembre de 1973 en Chile.

 

Ese día en el que Augusto Pinochet y compañía decidieron que la democracia era un concepto demasiado moderno para ellos y que el presidente Salvador Allende debía desaparecer del mapa.

 

El capitán es un militar de carrera: disciplinado, serio, responsable. Un tipo que cree en la cadena de mando.

 

El problema llega cuando la cadena de mando empieza a exigir cosas que chocan de frente con la Constitución y con la conciencia.

 

Ahí está el corazón de la película: el dilema moral de un hombre atrapado en medio de una maquinaria que empieza a devorar todo lo que toca.

 

El actor Nicolás Zárate sostiene prácticamente toda la película sobre sus hombros. Y lo hace con una interpretación sobria, contenida y muy inteligente. Apenas necesita gestos grandes: con miradas, silencios y pequeñas tensiones en el rostro transmite perfectamente la inquietud y el conflicto interno del personaje.

 

La película funciona como thriller político, como drama íntimo y como reconstrucción histórica. Y lo hace sin necesidad de discursos ni de grandes explicaciones. Todo se respira en el ambiente: la tensión, el caos, el miedo, la sensación de que el país se está rompiendo en pedazos.

 

En apenas hora y veinte consigue transmitir muchísimo.

 

Es de esas películas que salen pequeñas en presupuesto pero grandes en densidad dramática.

 

Ahora bien, no todo es perfecto en esta vida. Porque Sallato tiene una fijación preocupante con los planos de cogote. Mucho plano detrás del capitán, siguiendo su nuca como si la película fuera un documental sobre cervicales. Y ya se sabe: el plano-cogote es uno de los pecados capitales del lenguaje cinematográfico.

 

Aun así, el resultado es soberbio.

 

Una película seca, tensa, muy bien medida, que te mete dentro de una situación moral imposible.

 

Y lo mejor: te obliga a preguntarte qué habrías hecho tú.

 

Que es, probablemente, la pregunta más incómoda que puede provocar una película. Y también la más interesante.

 

Mi puntuación: 8,77/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

 

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Festivales 2026

7/03/2026

 

 

 

 

 

2026

Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

 

 

 

 

 

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Corredora – 2026 – Laura García Alonso – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

7/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Correr para no pensar (o cómo huir de tus propios fantasmas)

 

La directora Laura García Alonso firma Corredora, que ha presentado en el Festival de Málaga 2026.

 

No es una cineasta especialmente conocida todavía y su filmografía es muy breve, por lo que esta película funciona prácticamente como carta de presentación.

 

En bases de datos de cine apenas aparecen trabajos previos relevantes como largometraje, lo que sitúa a Corredora en el terreno de la ópera prima o del primer trabajo con cierta visibilidad dentro del circuito festivalero.

 

 

Cutrecomentario

 

Corredora nos cuenta la historia de Cris, una atleta de élite que vive en un centro de alto rendimiento y cuya especialidad es, básicamente, correr. Correr mucho. Correr siempre. Correr como si le persiguiera algo. Y, en cierto modo, sí: le persigue su propio pasado.

 

La protagonista está interpretada con bastante naturalidad por Alba Sáez, que da vida a una chica marcada por una tragedia temprana: la muerte de su madre cuando era niña. Desde entonces su vida ha sido una huida constante hacia adelante.

 

Correr como terapia, correr como anestesia emocional, correr como si el cronómetro pudiera borrar los recuerdos.

 

Pero el pasado tiene la mala costumbre de volver. Y lo hace en forma de delirios paranoides que se cuelan en su cabeza y que le empujan a comportamientos cada vez más inquietantes.

 

No estamos ante el típico drama deportivo de superación personal con música épica de fondo. Aquí la carrera es más mental que física.

 

Alrededor de Cris orbitan dos figuras clave: su hermana, interpretada por Marina Salas, y su padre, al que da vida Álex Brendemühl. Ambos representan esa mezcla de amor, desconcierto y miedo que suele rodear a la enfermedad mental en las familias.

 

Porque uno de los grandes aciertos de la película es abordar un tema que rara vez se muestra con claridad en el cine: la psicosis y los delirios paranoides.

 

La película muestra algo muy real: el enfermo muchas veces no reconoce su enfermedad y la sociedad, por su parte, tampoco sabe muy bien qué hacer con ella. A eso se suma otro detalle incómodo pero cierto: los efectos secundarios de la medicación antipsicótica pueden ser muy duros, lo que convierte el tratamiento en una carrera de obstáculos.

 

Así que Chris sigue corriendo. Corre porque no sabe hacer otra cosa. Corre para intentar dejar atrás una mente que a veces parece ir en su contra.

 

El resultado es una película interesante, bastante sólida y con un tema de fondo potente.

 

No es cine de palomitas ni pretende serlo.

 

Más bien es una historia sobre cómo convivir con una mente que, de vez en cuando, decide jugar en tu contra.

 

Y sobre lo poco preparada que sigue estando la sociedad para entender algo tan complejo como la enfermedad mental.

 

En resumen: una película que se ve con interés, que abre un melón incómodo y que recuerda que, a veces, la carrera más dura no es la que se hace en la pista, sino la que ocurre dentro de la cabeza.

 

Mi puntuación: 7,55/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Altas capacidades – 2026 – Víctor García León – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

7/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Mi hijo es superdotado… o eso digo yo en el grupo de WhatsApp del cole

 

Víctor García León, especialista en observar nuestras pequeñas miserias

 

El madrileño Víctor García León lleva años moviéndose con bastante soltura en el territorio de la comedia incómoda, esa que mira a la clase media con una mezcla de ironía y mala leche.

 

Debutó con Más pena que gloria (2001), una película que ya dejaba claro su gusto por los personajes algo perdidos.

 

Después firmó Selfie (2017), una sátira política muy afilada sobre el hijo pijo de un ministro corrupto que fue muy celebrada en festivales.

 

También ha trabajado en televisión en series como Vota Juan, Vamos Juan o Venga Juan, donde volvió a demostrar su habilidad para retratar el ridículo humano sin demasiada piedad.

 

Su cine suele fijarse en personajes bastante patéticos… lo cual, siendo sinceros, nos incluye a casi todos.


 

 

Cutrecomentario

 

Altas capacidades se mueve en el terreno de la comedia social contemporánea, ese territorio en el que uno se ríe… pero también se reconoce un poquito en la pantalla, lo cual siempre da un poco de vergüencilla.

 

La historia gira alrededor de una pareja interpretada por Marian Álvarez e Israel Elejalde, padres de un niño llamado Fer (Fernando para los documentos oficiales, Fer para el caos cotidiano) que empieza a dar problemas en su colegio público.

 

La solución que aparece en el horizonte es la típica fantasía aspiracional de cierta clase media: llevar al niño a uno de esos colegios privados carísimos donde, además de educar al crío, parece que también te suben el estatus social automáticamente. Algo así como comprarte un coche de alta gama… pero con uniforme escolar.

 

En medio de todo este lío aparece el jefe del personaje de Israel Elejalde, interpretado por Juan Diego Botto, que está francamente estupendo haciendo de ese jefe gilipollas que cree que es gracioso. De esos que sueltan bromitas incómodas en la oficina mientras todo el mundo sonríe por compromiso. Cada vez que aparece en pantalla la película gana bastante vida.

 

Botto demuestra, una vez más, que es un actor magnífico.

 

La película arranca con una idea bastante potente y con bastante brío.

 

Parece que va a convertirse en una sátira bastante mordaz sobre el postureo social, esa obsesión moderna por aparentar que tu hijo es un genio, un talento especial o, en el peor de los casos, un incomprendido por el sistema educativo.

 

Pero poco a poco la cosa se va suavizando. El guion prometía más mala leche de la que finalmente ofrece, y uno se queda con la sensación de que podría haber sido una comedia mucho más afilada.

 

Lo curioso es que prácticamente todos los personajes son bastante idiotas. No se salva casi nadie. Padres obsesionados con el ascenso social, entornos escolares absurdos, egos inflados… todo el mundo tiene algo de ridículo.

 

Los únicos personajes que parecen tener algo de sentido común son los padres del personaje de Marián Álvarez, que funcionan como una especie de oasis de cordura dentro del caos.

 

Y también destaca Natalia Reyes, que interpreta a la viuda de un narco asesinado cuyo hijo, Samu, también estudia en ese mismo colegio. Su personaje aporta un contrapunto curioso y bastante interesante dentro de este microcosmos social.

 

La película no aburre, avanza con soltura y tiene momentos divertidos.

 

Pero deja la sensación de que ese guion, que apuntaba maneras muy prometedoras, podría haber dado más de sí.

 

Eso sí, la idea de fondo está muy bien tirada: vivimos en una sociedad donde el postureo lo invade todo, y donde muchos padres están convencidos de que su hijo es especial, único y extraordinario… aunque a veces lo único extraordinario sea la capacidad de negarse a ver la realidad.

 

En resumen: Altas capacidades es una comedia simpática y reconocible que se deja ver con agrado, aunque uno sale del cine pensando que podría haber sido bastante más salvaje.

 

Y quizá también pensando en el grupo de WhatsApp del cole… que da para otra película entera.

 

Mi puntuación: 5,55/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Calle Málaga – 2025 – Maryam Touzani – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

7/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando tu hija quiere vender tu casa… y tú solo quieres bajar a comprar tomates

 

Maryam Touzani, una cineasta que mira a los personajes con cariño

 

La directora marroquí Maryam Touzani se ha convertido en una de las voces más interesantes del cine del Magreb en los últimos años.

 

Antes de ponerse detrás de la cámara fue actriz y guionista, colaborando estrechamente con Nabil Ayouch.

 

Como directora llamó mucho la atención con Adam (2019), un delicado drama sobre dos mujeres que conviven en Casablanca, y dio un paso más con El caftán azul (The Blue Caftan, 2022), una película elegante y muy celebrada en festivales que incluso fue la candidata de Marruecos a los Óscar.

 

Su cine suele moverse en territorios íntimos: personajes heridos, emociones contenidas y conflictos domésticos que terminan diciendo mucho sobre la sociedad en la que viven.

 

No es una directora de grandes aspavientos; lo suyo es la mirada tranquila y la sensibilidad.


 

 

Cutrecomentario

 

Calle Málaga llega con una buena carta de presentación: pasó por el Festival de Venecia y además fue la película elegida por Marruecos para representar al país en los Premios Óscar. Pero más allá de ese pedigrí festivalero, lo que realmente sostiene la película es un nombre propio: Carmen Maura.

 

Aquí interpreta a Mari Ángeles, una señora mayor que vive en Tánger, donde nació, hija de españoles y completamente integrada en el barrio. Su universo es pequeño pero muy reconocible: el tendero de confianza, el verdulero, el paseo por la calle y esa sensación maravillosa de pertenecer a un sitio donde todo el mundo te conoce.

 

Ese lugar se llama Calle Málaga —sí, existe de verdad— y es su pequeño paraíso cotidiano.

 

Pero claro, el cine vive de los problemas, no de la felicidad estable.

 

Y el conflicto llega cuando aparece su hija, interpretada por Marta Etura, que está pasando por un divorcio complicado. Necesita dinero y resulta que la casa donde vive la madre está a su nombre porque el padre la puso así en su día.

 

Traducido al castellano claro: hay que vender la casa.

 

Y aquí empieza el drama. Porque Mari Ángeles se encuentra de repente con una decisión brutal encima de la mesa: abandonar la casa de su vida, irse a una residencia o trasladarse a Madrid con su hija a un entorno que no conoce y que probablemente le resulte hostil.

 

La película juega con un tono muy cálido, casi de caricia emocional.

 

Touzani no busca el melodrama desatado sino algo más suave: la empatía.

 

Habla de algo bastante universal, esa curiosa ceguera que a veces tienen los hijos cuando creen que la vida de sus padres mayores ya está prácticamente amortizada.

 

Pero resulta que no.

 

Porque incluso en la tercera edad se puede seguir viviendo, eligiendo, riendo… e incluso enamorándose. Y eso le ocurre a Mari Ángeles cuando aparece en su vida un anticuario que le devuelve una chispa que parecía apagada.

 

El ritmo es tranquilo, sosegado, de esos que hoy en día algunos espectadores llaman “lento” y otros llaman “civilizado”.

 

Es una película tierna, amable y sin demasiadas pretensiones, pero precisamente ahí está su encanto: no intenta epatar, intenta emocionar.

 

Y lo consigue.

 

Además, Carmen Maura está magnífica. Tiene esa mezcla de ironía, fragilidad y carácter que hace que el personaje resulte absolutamente creíble.

 

Después de la proyección en el Festival de Málaga, en la rueda de prensa estuvo encantadora y dejó una frase muy sensata: para ella lo importante es que las películas las vea la gente, porque hacer cine para que nadie lo vea no tiene demasiado sentido.

 

No le falta razón.

 

Calle Málaga termina con un final abierto que deja flotando la pregunta sobre qué significa realmente “tener un hogar”.

 

Y sales del cine con la sensación de haber visto una historia pequeña… pero muy humana.

 

Ojalá encuentre su público. Porque es de esas películas que no hacen ruido, pero dejan buen sabor de boca.

 

Y en estos tiempos de explosiones digitales y superhéroes musculados, eso casi se agradece.

 

Mi puntuación: 7,67/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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