El Blog de Hola Soy Ramón!

 

The Mandalorian and Grogu – Star Wars: The Mandalorian and Grogu – 2026 – Jon Favreau – #YoVoyAlCine

31/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La extraña pareja de las galaxias.

 

The Mandalorian and Grogu supone el salto definitivo al cine de una de las series más exitosas que ha dado el universo Star Wars en la era Disney.

 

Dirigida por Jon Favreau, la película continúa directamente los acontecimientos narrados en la tercera temporada de The Mandalorian, funcionando casi como una cuarta temporada con esteroides, presupuesto galáctico y pantalla gigante.

 

Favreau es uno de esos tipos que tiene las manos metidas en media cultura popular contemporánea. Actor, guionista, productor y director, ha firmado títulos como Chef, Iron Man, Iron Man 2, El libro de la selva o El rey león.

 

Además, es uno de los principales arquitectos del actual universo televisivo de Star Wars junto a Dave Filoni, convirtiéndose prácticamente en el padrastro legal de media galaxia. (IMDb)

 

En el momento de su estreno, la película llega sin un recorrido importante de premios, aunque sí con una enorme expectación mediática por ser el regreso de Star Wars a los cines tras varios años de ausencia y por continuar una de las producciones más populares de Disney+. (StarWars.com)

 

La historia se sitúa después de los acontecimientos de El retorno del Jedi y también después de la tercera temporada de The Mandalorian.

 

El Imperio ha caído, pero los restos imperiales siguen sembrando problemas por toda la galaxia mientras la Nueva República intenta mantener el orden con más buena voluntad que presupuesto.

 

En ese contexto, Din Djarin y Grogu trabajan como una peculiar pareja de mercenarios al servicio de la Nueva República. (StarWars.com)

 

El personaje del Mandaloriano, interpretado por Pedro Pascal, apareció por primera vez en la serie The Mandalorian en 2019.

 

Se trata de Din Djarin, un cazarrecompensas criado por los mandalorianos tras ser rescatado durante las Guerras Clon.

 

Su evolución ha sido una de las más interesantes de todo el universo reciente de Star Wars: de pistolero frío y silencioso a padre adoptivo, guardaespaldas, mentor y prácticamente niñero armado de Grogu. (StarWars.com)

 

Entre las novedades destaca la presencia de Sigourney Weaver como la coronel Ward, una veterana piloto de la Nueva República curtida en la lucha contra el Imperio. Sí, la teniente Ripley ha cambiado los xenomorfos por los restos imperiales. Tampoco parece un mal negocio. (StarWars.com)

 

Otro personaje importante es Rotta el Hutt, interpretado por Jeremy Allen White. Los fans veteranos recordarán que Rotta apareció siendo apenas un bebé en Star Wars: The Clone Wars (2008), como hijo de Jabba el Hutt. Aquí reaparece convertido en un adulto musculado, bastante más peligroso y con bastantes cuentas pendientes. (StarWars.com)

 

También aparecen los llamados Mellizos Hutt, probablemente los personajes más delirantes de toda la función, junto a una galería de criminales, mercenarios, restos imperiales y criaturas imposibles que parecen salidas de una convención entre George Lucas y un vendedor de sustancias muy poco legales.

 

La acción viaja por distintos rincones de la galaxia, incluyendo mundos vinculados a la Nueva República, escenarios criminales dominados por los Hutt y zonas urbanas con una estética que recuerda descaradamente a Blade Runner, especialmente en la misión de rescate de Rotta. Ese ambiente de neones, suciedad futurista y personajes de aspecto dudoso funciona francamente bien. (Awn)

 

Y entrando ya en materia…

 

Como fan de Star Wars, cualquier nueva excursión por esta galaxia siempre tiene algo de visita familiar. Se conocen las manías, los defectos y las costumbres de todos, pero sigue apeteciendo volver.

 

The Mandalorian and Grogu es una película muy divertida, muy entretenida y con un tono claramente infantil. No pretende ser El Imperio contraataca ni falta que le hace.

 

Va a lo que va: aventuras, humor, criaturas raras, disparos láser y un muñeco verde que sigue robando escenas con una facilidad insultante.

 

El Mandaloriano aparece aquí convertido casi en una especie de superhéroe galáctico. Quizá demasiado poderoso en algunos momentos, pero dentro de los códigos actuales de la franquicia encaja bastante bien. Al final esto ya no es el western sucio de los primeros episodios de la serie; ahora estamos en una aventura mucho más luminosa y familiar.

 

La recreación visual del planeta donde se desarrolla el rescate de Rotta es una auténtica maravilla. Ahí sí aparece ese aroma a Blade Runner mezclado con la iconografía clásica de Star Wars, consiguiendo algunos de los mejores momentos visuales de toda la película.

 

Los Mellizos Hutt aportan además una dosis considerable de humor grotesco y absurdo. Son tan excesivos que terminan funcionando.

 

Algo parecido ocurre con Grogu, que sigue siendo el alivio cómico perfecto: mitad niño pequeño, mitad aprendiz Jedi, mitad desastre ambulante. Sí, salen tres mitades. Es Grogu. Puede hacerlo.

 

La película funciona especialmente bien en pantalla grande. Hay aventuras que en casa se disfrutan. Y hay aventuras que piden butaca, sonido atronador y una pantalla enorme para contemplar explosiones espaciales como si uno tuviera diez años otra vez.

 

No revoluciona la saga. Tampoco reinventa nada. Pero es un acierto.

 

Una entrega simpática, entretenidísima y con suficiente encanto como para salir del cine pensando que un segundo visionado tampoco sería precisamente una tragedia galáctica. 🚀

 

Mi puntuación: 7,66/10.

 

 

 

Dirigido por Jon Favreau:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Un mundo frágil y maravilloso – A Sad and Beautiful World – 2025 – Cyril Aris – #YoVoyAlCine

31/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Antes del amanecer… pero con bombas cayendo de fondo

 

 

Cyril Aris, un romántico en tierra de nadie

 

El director libanés Cyril Aris se ha movido hasta ahora principalmente en el terreno documental.

 

Entre sus trabajos más conocidos figuran The Swing (2018) y Dance of Outlaws (2012), obras muy vinculadas a la realidad social y política de Oriente Próximo.

 

Con Un mundo frágil y maravilloso da el salto al largometraje de ficción, manteniendo su mirada sobre un país marcado por las heridas de la guerra, aunque esta vez envuelto en una historia de amor.

 

 

Premios y nominaciones

 

Un mundo frágil y maravilloso tuvo su estreno mundial en el Festival de Sundance 2025, donde recibió críticas generalmente positivas por su aproximación íntima a la vida cotidiana en el Líbano.

 

La película ha participado en diversos festivales internacionales, consolidando la presencia de Cyril Aris como una de las voces emergentes del cine libanés contemporáneo.

 

 

Cutrecomentario

 

Hay países donde las parejas discuten por quién baja la basura. En Beirut, además, tienen que preocuparse de que no estalle una guerra por el camino.

 

Un mundo frágil y maravilloso cuenta la historia de dos personas que se enamoran siendo apenas unos niños, se separan por las circunstancias y vuelven a encontrarse años después.

 

Ella se ha convertido en una consultora absorbida por el trabajo.

 

Él regenta un restaurante heredado de su padre con bastante menos entusiasmo del que cabría esperar. Entre ambos sigue existiendo una atracción que el tiempo no ha conseguido borrar.

 

La película juega con dos escenarios paralelos. Por un lado está el Beirut convulso de las guerras, las crisis y la incertidumbre permanente.

 

Por otro, los conflictos personales de los protagonistas.

 

Ella arrastra el recuerdo de unos padres atrapados en discusiones eternas que acabaron en divorcio.

 

Él carga con el trauma de un accidente relacionado con la guerra en el que perdió a sus padres.

 

Son dos personas heridas intentando construir algo parecido a una vida normal en un lugar donde la normalidad parece un artículo de lujo.

 

La propuesta tiene interés porque el contexto libanés nunca es un simple decorado. Está ahí condicionando cada decisión importante, cada separación y cada reencuentro.

 

Además, los dos personajes principales están razonablemente bien construidos y consiguen mantener el interés durante buena parte del metraje.

 

El problema llega cuando la película decide que la mejor forma de expresar emociones es poner a los personajes a gritarse constantemente.

 

Aparecen varias discusiones que resultan forzadas, impostadas y completamente gratuitas. Más que aportar tensión dramática, generan la sensación de que alguien ha confundido intensidad emocional con subir el volumen de la voz.

 

Tampoco ayuda demasiado un doblaje que suena artificial en numerosos momentos. Da la impresión de que buena parte de los matices se han quedado por el camino. Es fácil imaginar que la experiencia mejora considerablemente en versión original subtitulada.

 

Al final queda una película aceptable, honesta y con cierto encanto, pero lejos de esas grandes obras que de vez en cuando llegan desde Oriente Próximo y consiguen iluminar realidades complejas con una fuerza extraordinaria.

 

Esta se deja ver con interés, pero no termina de enamorar tanto como pretende.

 

Quizá porque el amor resiste muchas cosas, pero los diálogos gritados tienen bastante peor pronóstico.

 

Mi puntuación: 5,56/10.

 

 

 

Dirigido por Cyril Aris:

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Palmares, experiencias y comentarios de holasoyramon en el Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

31/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

FCAT 2026: viento africano, cine sin alfombras rojas y una escapada a Tánger

 

Acudo como siempre acreditado por El Heraldo del Henares. Lo primero agradecer a su director Roberto Mangas su apoyo incondicional. Y vamos con el FCAT.

 

Hay festivales que viven pendientes de la alfombra roja, de los flashes y de ver quién lleva el traje más caro. Y luego está el Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger, que parece más preocupado por enseñarte el mundo que por deslumbrarte con él.

 

He llegado a esta edición casi por casualidad, empujado sobre todo por mi amigo Carlos Taillefer, académico, cinéfilo militante y auténtico evangelizador del FCAT. Llevaba años hablándome de este festival y, una vez vivido en primera persona, entiendo perfectamente su entusiasmo.

 

 

El palmarés: triunfa el cine de las migraciones y las identidades africanas

 

El gran premio del festival, el Premio AML-FCAT a la Mejor Película, fue para Promis le ciel, de la directora tunecina Erige Sehiri, una película centrada en la experiencia de las mujeres migrantes africanas dentro del propio continente africano. El jurado destacó su sensibilidad y complejidad a la hora de abordar cuestiones como el desarraigo, la autonomía personal y el derecho a elegir entre quedarse, marcharse o regresar.

 

La película también obtuvo el Premio del Público y el Premio Miradas Africanas de RTVA, convirtiéndose en la gran triunfadora de esta edición.

 

 

Personalmente, me parece un premio coherente. Estamos viendo cómo el cine africano contemporáneo cada vez se aleja más de los clichés occidentales sobre pobreza, guerras y miserias para centrarse en personajes complejos y realidades mucho más matizadas. Precisamente eso era lo que defendía la propia directora durante la lectura del palmarés.

 

El Premio Casa África a Mejor Dirección fue para Namir Abdel Messeeh por La vie après Siham, un documental que aborda el duelo familiar y la memoria a través de varias generaciones.

 

 

Las menciones especiales del jurado recayeron en Variations on a Theme, de Devon Delmar y Jason Jacobs, y en Ancestral Visions of the Future, de Lemohang Mosese.

 

 

El premio a la mejor actriz fue para Deborah Christelle Lobe Naney por Promis le ciel, mientras que el premio al mejor actor fue para Admiro De Laura Munguambe por O profeta.

 

Entre los cortometrajes destacó Les jardins du paradis, de Sonia Terrab, ganador del Premio FAMSI, mientras que God Sleeps on Sundays, de Naishe Nyamubaya, recibió una de las menciones especiales.

 

Y aquí sí me permito una pequeña alegría personal. De todas las películas vistas durante estos días, God Sleeps on Sundays fue una de las que más me interesó. Una historia aparentemente sencilla que terminaba hablando del choque entre tradición, religión y modernidad con una elegancia admirable. Un premio quizás se quedó grande, pero la mención especial me parece absolutamente merecida.

 

También me alegró ver reconocida la labor de directoras y cineastas que han aportado nuevas perspectivas sobre cuestiones como la identidad, la memoria histórica o el papel de la mujer africana en la sociedad contemporánea, temas muy presentes durante toda esta edición.

 

 

Tarifa, donde el viento manda más que el alcalde

 

Si tuviera que elegir un protagonista inesperado del festival, no sería ningún director ni ningún actor.

Sería el viento.

 

Pocas veces he visto una ciudad tan dominada por un fenómeno meteorológico. Durante varios días sopló con una intensidad tremenda. Hasta el punto de que algunas actividades deportivas habituales en la zona resultaban complicadas o directamente imposibles.

 

El viento condiciona la vida de Tarifa, pero también forma parte de su encanto. Es una ciudad pequeña, elegante, agradable para pasear y con una personalidad muy marcada. Tiene algo especial. Algo difícil de definir.

 

Quizá sea su posición geográfica.

 

Quizá sea saber que África está ahí mismo, al otro lado del mar.

 

O quizá sea simplemente que pocas ciudades consiguen mezclar tan bien turismo, historia y paisaje.

 

 

Un festival sencillo y cercano

 

El FCAT no es un gran monstruo festivalero. Y eso es precisamente una de sus virtudes.

 

Las mañanas solían arrancar con algún coloquio o encuentro. Por las tardes las actividades se concentraban principalmente entre el Teatro Alameda y la Casa de la Cultura.

 

Ninguna de las dos salas presume de gigantismo. Las pantallas son modestas, los aforos también, pero las películas se ven aceptablemente y, sobre todo, existe una cercanía muy poco habitual entre espectadores y cineastas.

 

Muchos directores y protagonistas presentan personalmente sus trabajos y participan después en coloquios abiertos.

 

No hay distancia.

 

No hay postureo.

 

No hay esa sensación de que uno está observando a las estrellas desde detrás de una barrera policial.

 

Todo resulta cercano, humano y accesible.

 

 

Un dato curioso: ellas ganan por goleada

 

Algo que me llamó muchísimo la atención fue la composición del público.

 

Las mujeres eran mayoría absoluta.

 

Pero absoluta de verdad.

 

En algunas sesiones, calculando a ojo, los hombres apenas representábamos un diez por ciento del total.

 

Ya sabemos que las actividades culturales suelen atraer más público femenino que masculino, pero aquí la diferencia era realmente espectacular.

 

Y el ambiente resultaba extraordinariamente agradable: respetuoso, participativo y con una curiosidad intelectual que daba gusto ver.

 

Mucho público, mucha conversación y muchas ganas de descubrir cinematografías alejadas de los circuitos habituales.

 

 

Turismo entre película y película

 

Una de las ventajas del festival es que deja tiempo para explorar la zona.

 

Y sería un pecado imperdonable no hacerlo.

 

La visita a Vejer de la Frontera fue una auténtica delicia. Un pueblo precioso, cargado de historia y con algunos rincones que parecen diseñados expresamente para que los fotógrafos gasten batería.

 

Pero si hubo una visita que me impresionó especialmente fue Baelo Claudia.

 

No exagero si digo que es una de las joyas arqueológicas más espectaculares que he visitado nunca.

 

La ciudad romana aparece prácticamente completa: foro, templos, calles principales, mercados, viviendas, factorías de salazón…

 

Uno pasea por allí y comprende perfectamente cómo era la vida cotidiana hace dos mil años.

 

Una visita absolutamente imprescindible.

 

 

Mi aventura africana: un día en Tánger

 

Y, por supuesto, estaba la tentación inevitable.

África.

 

Porque cuando uno está en Tarifa resulta imposible no mirar hacia el otro lado del Estrecho.

 

Así que aproveché para realizar una excursión guiada a Tánger.

 

La experiencia comienza ya en el propio puerto, con controles policiales españoles y marroquíes, pasaporte en mano y el correspondiente sello de entrada.

 

Siempre tiene algo de aventura cruzar una frontera.

 

Tánger conserva parte de ese carácter cosmopolita heredado de su pasado internacional. Se nota el peso de la historia colonial y también la influencia de las distintas culturas que han pasado por allí.

 

La medina, el zoco, las callejuelas y el ambiente general ofrecen una experiencia muy diferente a la española, aunque probablemente la ciudad no tenga tantos monumentos espectaculares como otros destinos marroquíes.

 

Fue una jornada magnífica en la que, además, tuve la suerte de coincidir con unos compañeros vascos estupendos que hicieron todavía más agradable la visita.

 

 

Balance final

 

Me marcho del FCAT con una impresión francamente positiva.

 

He descubierto películas, directores y realidades que difícilmente llegan a los circuitos comerciales.

 

He aprendido mucho en coloquios y presentaciones.

 

He conocido lugares maravillosos.

 

Y he confirmado que todavía existen festivales que ponen el cine por delante de todo lo demás.

 

Quizá el FCAT no tenga el glamour de Cannes ni la maquinaria mediática de San Sebastián.

 

Pero tiene algo mucho más difícil de conseguir.

Tiene alma.

 

Mi agradecimiento a toda la organización por el magnífico trato recibido durante estos días y, muy especialmente, a Carlos Taillefer, culpable directo de que haya acabado descubriendo uno de los festivales más singulares y estimulantes de cuantos he visitado.

 

Y sí.

Probablemente vuelva.

Aunque antes tendré que entrenar un poco para sobrevivir al viento de Tarifa.

 

 

Epílogo: mucho más que cine

 

Entre las películas que más me interesaron destacaría aquellas que fueron capaces de combinar una mirada africana propia con cuestiones universales.

 

Me gustó especialmente el acercamiento a las migraciones que proponía Promis le ciel, la sensibilidad de God Sleeps on Sundays, la recuperación de figuras históricas como Amílcar Cabral en Amílcar y la reivindicación de la memoria afrodescendiente que proponían trabajos como Guillermina.

 

También me resultó especialmente estimulante redescubrir a Sara Gómez a través de De cierta manera, una película que sigue conservando una sorprendente capacidad para incomodar medio siglo después de su realización.

 

Pero si algo me llevo del FCAT 2026 no son solamente las películas. Me llevo las conversaciones. Las explicaciones de Aída Esther Bueno Sarduy, que en más de una ocasión resultaron tan interesantes como las propias proyecciones.

 

 

Me llevo la generosidad de los cineastas que compartieron sus trabajos con el público. Me llevo el descubrimiento de una cinematografía poco habitual en nuestras pantallas.

 

Y me llevo también el viento de Tarifa, las calles de Vejer de la Frontera, las ruinas de Baelo Claudia, la escapada a Tánger y la sensación de haber estado durante una semana mirando África desde una distancia de apenas catorce kilómetros.

 

Aunque para la próxima edición intentaré ir un poco más preparado. No para las películas, ni para los coloquios, ni siquiera para cruzar el Estrecho.

Para el viento.

 

Porque en Tarifa uno puede discutir de cine africano, de colonialismo, de migraciones o de identidad cultural. Pero al Levante no le gana nadie. Ni siquiera el jurado del festival. 😄

 

 

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De cierta manera – 1974 – Sara Gómez – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

31/05/2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

De cierta manera: revolución sí, pero el machito que no me lo toquen

 

Sara Gómez fue una cineasta cubana pionera, considerada la primera mujer en dirigir un largometraje en Cuba. Formada en el entorno del ICAIC, trabajó como documentalista y abordó cuestiones de raza, clase, género y marginalidad en la Cuba revolucionaria.

 

Su filmografía incluye numerosos cortos documentales y un único largo, De cierta manera, que quedó como su gran testamento cinematográfico.

 

Murió en 1974, con solo 31 años, antes de terminar el montaje.

 

De cierta manera fue finalizada tras su muerte por compañeros como Tomás Gutiérrez Alea, Julio García Espinosa e Iván Arocha, y se estrenó en 1977.

 

La película ha sido reivindicada con el tiempo como una obra fundamental del cine cubano, especialmente por su mezcla de ficción y documental y por su mirada crítica hacia las contradicciones internas de la Revolución.

 

 

Cutrecomentario

 

De cierta manera pretende, precisamente de cierta manera, rescatar del olvido a Sara Gómez, una directora que incomodó bastante al relato oficial cubano. Porque una cosa es proclamar la revolución con pancartas, discursos y épica de manual, y otra muy distinta revolucionar de verdad la cabeza de los hombres. Y ahí, amigos, el castrismo pinchó más que una colchoneta barata.

 

La película cuenta la relación entre Yolanda, una maestra comprometida con la nueva sociedad revolucionaria, y Mario, un obrero que viene a ser el típico macarrilla de barrio: muy gallito, muy seguro de sí mismo y con una masculinidad de saldo que da más pereza que miedo. Vamos, un machito de manual, de esos que creen que el socialismo empieza en la fábrica y termina en cuanto una mujer les lleva la contraria.

 

El contexto es muy interesante: la Cuba de los años setenta, el intento de eliminar barriadas marginales y realojar a sus habitantes en viviendas más dignas, y esa obsesión revolucionaria por fabricar un “hombre nuevo”.

 

El problema, claro, es que el hombre nuevo se parecía sospechosamente al hombre viejo, pero con consignas políticas recién planchadas.

 

Sara Gómez mezcla ficción y documental con una libertad formal muy estimulante.

 

La historia sentimental sirve para hablar de educación, clase social, racismo, machismo y fracaso ideológico.

 

No es una película cómoda ni complaciente, y precisamente por eso sigue teniendo tanta fuerza.

 

La directora no dispara contra la Revolución desde fuera, sino desde dentro, señalando sus agujeros, sus límites y sus contradicciones.

 

La presentación de Aída Esther Bueno Sarduy, que acompañó la sesión doble en los cines Alameda de Tarifa, ayudó mucho a contextualizar la película.

 

Su lectura sobre el racismo y el machismo en la Cuba revolucionaria iluminó una obra que, vista hoy, conserva una vigencia bastante incómoda.

 

De cierta manera es una película valiosa, áspera y muy lúcida.

 

Un retrato de una revolución que quiso cambiarlo todo, pero que dejó intactas demasiadas miserias domésticas.

 

Porque cambiar el mundo está muy bien, pero cambiar al cuñado machista del barrio ya es otra empresa de alto riesgo.

 

Mi puntuación: 7,77/10.

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Guillermina (Corto Documental) – 2019 – Aída Esther Bueno Sarduy – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

31/05/2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Lo que el viento se llevó… y lo que las amas de cría nunca pudieron llevarse

 

Aída Esther Bueno Sarduy es antropóloga, investigadora, escritora y cineasta cubana afincada en España.

 

Su trabajo gira en torno a la memoria afrodescendiente, la esclavitud y las identidades negras en el mundo hispano. Entre sus obras más destacadas figuran Guillermina, Ataques de nervios y diversos trabajos académicos y audiovisuales centrados en la diáspora africana y la historia colonial.

 

Además de cineasta, destaca como una extraordinaria divulgadora capaz de trasladar conceptos complejos con claridad y cercanía.

 

Guillermina ha participado en numerosos festivales especializados en cine documental, memoria histórica y estudios afrodescendientes, convirtiéndose en una de las obras más reconocidas de su directora.

 

El corto ha sido especialmente valorado por su capacidad para rescatar historias invisibilizadas por los relatos oficiales.

 

 

Cutrecomentario

 

Hay documentales que cuentan una historia y otros que rescatan una ausencia. Guillermina pertenece claramente al segundo grupo.

 

El punto de partida es aparentemente sencillo. Un hombre recuerda a la mujer negra que lo cuidó en La Habana cuando era niño. Han pasado más de cuarenta años desde que abandonó Cuba, pero la memoria de Guillermina sigue intacta. La despedida fue dolorosa para ambos. Lloró el niño y lloró la cuidadora. Y a partir de ese recuerdo íntimo, Aída Esther Bueno Sarduy construye algo mucho más grande.

 

El documental utiliza fotografías históricas de amas de cría negras junto a niños blancos para rendir homenaje a esas mujeres afrodescendientes que alimentaron, cuidaron y quisieron a hijos ajenos mientras, muchas veces, los suyos quedaban relegados al abandono. Mujeres esclavizadas cuya historia rara vez aparece en los libros.

 

Resulta especialmente impactante conocer algunos de los detalles que la propia directora explicó durante el coloquio posterior. Muchas de aquellas mujeres daban su leche a los hijos de sus propietarios mientras sus propios bebés sobrevivían, cuando podían, con agua azucarada. Y muchas veces ni siquiera sobrevivían. Son de esas historias que obligan a replantearse imágenes aparentemente inocentes que hemos visto cientos de veces sin comprender realmente lo que escondían.

 

También resulta fascinante la explicación sobre aquellas fotografías del siglo XIX. No aparecían las amas de cría porque alguien quisiera retratarlas. Aparecían porque eran las únicas capaces de mantener quietos a los niños durante el largo tiempo de exposición que exigían las cámaras de la época. El sujeto de la fotografía era el niño blanco. La mujer negra era considerada simplemente una herramienta necesaria para que la imagen pudiera existir. Una explicación tan sencilla como devastadora.

 

El corto funciona bien como ejercicio de memoria y como acto de justicia histórica. Pero, siendo sincero, salí casi más impresionado por la propia Aída Esther Bueno Sarduy que por la película. Su claridad expositiva, su capacidad para contextualizar cada imagen y para hacer comprensibles realidades que a muchos occidentales blancos se nos escapan convierten sus intervenciones en auténticas lecciones magistrales.

 

Guillermina es un documental valioso. Pero escuchar a Aída Esther Bueno Sarduy hablar sobre él es, directamente, otro nivel. Mi más sincera enhorabuena y agradecimiento por una de las aportaciones más iluminadoras de este FCAT.

 

Mi puntuación: 7,75/10.

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Amílcar (Documental) – 2025 – Miguel Eek – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

31/05/2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cartas desde la revolución: cuando el Che africano escribía a casa

 

Miguel Eek es un documentalista mallorquín con una trayectoria centrada en historias humanas y políticas observadas desde la cercanía. Entre sus trabajos más conocidos figuran Vida y muerte de un arquitecto (2017), City for Sale (2022) y The Sleeper. El Caravaggio perdido (2024).

 

En Amílcar se acerca a una de las figuras más relevantes de la historia africana del siglo XX, combinando rigor histórico y sensibilidad narrativa para rescatar una personalidad tan fascinante como contradictoria.

 

Amílcar tuvo su estreno mundial en 2025 y ha participado en diversos festivales internacionales, entre ellos el Festival de Cine Africano de Tarifa-Tánger.

 

La película ha sido especialmente valorada por su labor de recuperación histórica y por la originalidad de su planteamiento narrativo, construido a partir de abundante material de archivo y correspondencia personal.

 

 

Cutrecomentario

 

Hay personajes históricos que parecen diseñados por un guionista especialmente inspirado. Amílcar Cabral era uno de ellos. Ingeniero agrónomo, poeta, intelectual, revolucionario, líder anticolonial y estratega político.

 

Una especie de mezcla entre profesor universitario, guerrillero y pensador utópico. No es extraño que muchos lo bautizaran como el “Che Guevara africano”, aunque seguramente él habría tenido algo que objetar a la comparación.

 

El documental de Miguel Eek opta por una fórmula bastante elegante para acercarse a su figura. No hay recreaciones innecesarias ni expertos apareciendo cada cinco minutos delante de una estantería. Aquí mandan las imágenes de archivo, los discursos del propio Cabral y, sobre todo, unas cincuenta cartas dirigidas a las dos mujeres que marcaron su vida sentimental. Primero Maria Helena Rodrigues, a quien conoció durante sus años universitarios en Lisboa, y después su segunda esposa.

 

A través de esas cartas, escuchadas en voz en off, aparece un hombre mucho más complejo de lo que suele mostrar la iconografía revolucionaria. El líder político convive con el enamorado, el intelectual con el marido ausente, el soñador con el dirigente obligado a tomar decisiones durísimas.

 

Porque el documental tampoco cae en la tentación de convertir a su protagonista en un santo laico. Cabral aparece como un idealista convencido de la necesidad de liberar Guinea-Bisáu y Cabo Verde del dominio colonial portugués, pero también como un dirigente capaz de ejercer una notable dureza contra quienes consideraba una amenaza para su movimiento. Como suele ocurrir con los grandes revolucionarios, la realidad resulta bastante más incómoda que los pósteres.

 

La película está bien construida, mantiene el interés durante todo el metraje y consigue algo que no siempre logran los documentales biográficos: despertar la curiosidad por seguir investigando al personaje una vez terminan los créditos.

 

Quizá no descubra una figura muy conocida para el público europeo, pero precisamente ahí reside una de sus mayores virtudes.

 

Un trabajo sólido, inteligente y original que demuestra que, a veces, unas cuantas cartas bien leídas pueden contar más de una revolución que cien horas de discursos grandilocuentes.

 

Y de paso recordar que la Historia suele estar escrita por personas bastante más complejas que las estatuas que levantan después.

 

Mi puntuación: 7,65/10.

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Star Wars: The Clone Wars (Animación) – 2008 – Dave Filoni – Disney+

28/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La guerra de los clones: cuando Anakin encontró una padawan chulita y la galaxia ganó mucho

 

Star Wars: The Clone Wars es una de esas películas raras dentro de la saga galáctica. No es una de las grandes entregas numeradas, no tiene la solemnidad operística de los episodios principales y, sin embargo, termina siendo una pieza bastante importante para entender todo lo que vino después. Sobre todo por una razón: aquí aparece Ahsoka Tano. Y eso, amigos de la Fuerza, no es poca cosa.

 

La película fue dirigida por Dave Filoni, uno de los grandes nombres modernos del universo Star Wars. Antes de convertirse en una especie de guardián espiritual de la franquicia —junto a Jon Favreau—, Filoni empezó aquí a construir su parcela galáctica.

 

Luego sería pieza clave en Star Wars: The Clone Wars, Star Wars Rebels, The Mandalorian, Ahsoka y otros productos donde la saga ha seguido respirando, a veces con oxígeno puro y otras con inhalador de urgencia.

 

En cuanto a premios, la película no tuvo precisamente una entrada triunfal por la puerta grande de la crítica. Fue nominada a los Premios Razzie como peor precuela, remake, plagio o secuela, aunque perdió frente a Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal. O sea, una derrota honrosa dentro de una categoría donde nadie quiere ganar, como cuando te nombran presidente de la comunidad.

 

La película se sitúa cronológicamente entre Star Wars: Episodio II – El ataque de los clones y Star Wars: Episodio III – La venganza de los Sith, en plena Guerra de los Clones. Es decir, estamos en ese momento en el que la República todavía parece la buena de la película, aunque ya sabemos que el canciller Palpatine está cocinando el desastre imperial a fuego lento, como una abuela malvada haciendo lentejas Sith.

 

El argumento se divide claramente en dos grandes bloques. Primero tenemos la batalla de Christophsis, donde Obi-Wan Kenobi, Anakin Skywalker y el capitán Rex se enfrentan al ejército droide separatista.

 

Conviene aclararlo: los clones son los soldados de la República, no los rebeldes. Aquí los malos de turno son los separatistas, dirigidos en la sombra por Conde Dooku y compañía. Luego vendrán los matices, porque en Star Wars todo el mundo acaba teniendo más capas que una cebolla con trauma familiar.

 

En esa primera parte ya aparecen los elementos clásicos: grandes batallas, sables láser, droides de combate diciendo tonterías, generales Jedi con pose de funcionario místico y soldados clones que, poco a poco, empiezan a tener más personalidad que muchos personajes de carne y hueso de algunas superproducciones actuales.

 

Después llega el verdadero motor de la historia: Ahsoka Tano. Yoda envía a esta joven padawan para que sea aprendiz de Anakin Skywalker, lo cual, visto con perspectiva, parece una decisión pedagógica bastante discutible. Poner a Anakin a formar a una adolescente impulsiva es como poner a un pirómano a dirigir un curso de prevención de incendios. Pero la cosa funciona.

 

Ahsoka Tano aparece aquí como una niña-jedi descarada, respondona, valiente y un poquito chulita. Precisamente por eso resulta tan atractiva. No entra en la saga pidiendo permiso, sino pegando codazos.

 

Su relación con Anakin es de lo mejor de la película: él no quiere una padawan y ella no está dispuesta a dejarse impresionar demasiado. De ese choque nace una dinámica estupenda que luego la serie desarrollará muchísimo mejor.

 

La misión principal consiste en rescatar a Rotta, el hijo de Jabba el Hutt, secuestrado dentro de una maniobra política muy propia de la saga.

 

La República necesita ganarse el favor de Jabba para que permita el paso de sus naves por rutas estratégicas del Borde Exterior.

 

Detrás del secuestro está la conspiración de Conde Dooku, Asajj Ventress y Ziro el Hutt, que intentan manipular la situación para que los hutt se pongan del lado separatista.

 

La aventura lleva a Anakin y Ahsoka hasta Teth, donde rescatan al pequeño hutt en un monasterio, y después hasta Tatooine, donde deben devolverlo a su padre.

 

Mientras tanto, Padmé Amidala investiga la traición de Ziro en Coruscant.

 

Todo muy galáctico, muy político y muy de “nadie está haciendo nada limpio aunque todos lleven túnicas muy dignas”.

 

La película sigue bastante bien los esquemas clásicos de Star Wars: aventura, humor, batallas, traiciones, intereses políticos y ese eterno choque entre idealismo y manipulación. Porque detrás de los sables láser y las naves hay algo muy reconocible: la guerra como negocio, la política como engaño y los líderes aparentemente nobles haciendo equilibrios morales sobre una cuerda bastante podrida.

 

Uno de los aciertos más claros es la presencia del capitán Rex, clon identificado como CT-7567. Aquí empieza como soldado leal de la República bajo las órdenes de Anakin y Ahsoka, pero luego se convertirá en uno de los clones más importantes de toda la saga. Lo veremos de forma destacada en la serie Star Wars: The Clone Wars, más tarde en Star Wars Rebels, ya veterano y superviviente, y también en Star Wars: La remesa mala, donde se sigue explorando el destino de los clones tras la caída de la República. Rex es fundamental porque convierte a los clones en algo más que soldados fabricados en serie: les da humanidad, memoria y conflicto.

 

También es muy disfrutable todo el despliegue de droides de combate.

 

Están los clásicos droides B1, esos esqueletos metálicos torpes y parlanchines que parecen diseñados por alguien que odiaba la eficacia militar.

 

Están los superdroides B2, más robustos y bastante más amenazantes.

 

Y aparecen también los droidekas, esos droides rodantes con escudos que siempre han dado bastante guerra y que tienen la mala costumbre de ser más elegantes en movimiento que muchos villanos de Marvel.

 

También resulta muy bonito todo el juego que hace la película con los robots clásicos de la saga. Aquí vuelve a aparecer el inmortal R2-D2, probablemente el único personaje verdaderamente imprescindible de todo Star Wars, porque este pequeño cubo con ruedas y mala leche aparece absolutamente en todas las etapas importantes de la franquicia. Da igual que cambien imperios, repúblicas, jedis o dictadores galácticos: ahí sigue R2, pitando cosas incomprensibles y salvando a todo el mundo mientras los humanos toman decisiones desastrosas.

 

Junto a él aparecen también los protocolarios C-3PO, siempre histéricos, exagerados y quejándose como si acabaran de descubrir Twitter, además de ese droide médico rojo FX-7, el robot quirúrgico que acompaña a los Jedi y que los veteranos de la saga reconocerán fácilmente por su aspecto de lámpara quirúrgica salida de una pesadilla hospitalaria galáctica.

 

Y hay además unas imágenes muy potentes de Ahsoka, Anakin y R2-D2 atravesando el desierto de Tatooine que inevitablemente conectan con el espíritu de Star Wars: Episodio IV – Una nueva esperanza.

 

Ese paisaje árido, infinito y polvoriento sigue funcionando como el gran escenario mítico de la saga. Pero en el caso de Anakin tiene además un peso emocional importante, porque está regresando a un planeta del que realmente no conserva ningún recuerdo feliz: la esclavitud, la separación de su madre y, posteriormente, el trauma terrible asociado a su muerte.

 

Detrás de la aventura galáctica sigue latiendo ahí el dolor de un personaje que ya empieza claramente a caminar hacia el lado oscuro aunque todavía conserve sonrisa de héroe.

 

La animación, vista hoy, tiene sus limitaciones. Los personajes parecen a ratos muñecos articulados tallados en madera galáctica, con expresiones faciales un poco rígidas. Pero también tiene encanto.

 

Hay energía, ritmo y una voluntad clara de construir un puente entre el cine y la serie posterior. De hecho, la película funciona casi como un episodio piloto largo, estrenado en salas para presentar este nuevo territorio narrativo.

 

Lo más interesante, sin duda, es Ahsoka Tano. En esta película aparece como una aprendiz algo insolente, muy joven, con ganas de demostrarlo todo y con esa mezcla de valentía e inconsciencia tan propia de quien aún no sabe en qué clase de desastre histórico se ha metido.

 

Con el tiempo, Ahsoka se convertirá en uno de los personajes más queridos de la saga. Crecerá en Star Wars: The Clone Wars, reaparecerá en Star Wars Rebels, dará el salto a la imagen real en The Mandalorian y El libro de Boba Fett, y acabará protagonizando su propia serie, Ahsoka, ya como adulta, marcada por la guerra, la pérdida y la sombra de su antiguo maestro.

 

Y eso hace que esta película gane valor con los años. Quizá en 2008 pudo parecer una entrega menor, incluso un producto infantil o de transición.

 

Pero hoy sabemos que aquí se estaba plantando una semilla importantísima. Ahsoka no era un simple añadido simpático: era uno de los grandes hallazgos modernos de Star Wars.

 

La película se ve con mucho agrado. No es perfecta, ni pretende serlo. Tiene momentos ingenuos, humor para críos, alguna secuencia algo mecánica y esa sensación de estar más cerca de la televisión que del gran cine.

 

Pero también tiene aventura, claridad narrativa, buenos personajes y una ligereza muy agradecida. No todo en Star Wars tiene que sonar como si estuvieran anunciando el fin de la civilización con trompetas imperiales.

 

Además, hay algo muy atractivo en ver a Anakin Skywalker todavía como héroe luminoso, impulsivo y carismático, antes de que la cosa se tuerza definitivamente y termine respirando como cafetera averiada. Aquí está en ese punto intermedio: arrogante, brillante, afectuoso y ya peligrosamente convencido de que las normas son para los demás. Vamos, una red flag con sable azul.

 

Star Wars: The Clone Wars no es una de las grandes cumbres de la saga, pero sí una pieza muy entretenida y bastante más importante de lo que parecía.

 

Tiene batallas, droides, intrigas políticas, hutts mafiosos, clones con alma y, sobre todo, la presentación de Ahsoka Tano, que terminaría convirtiéndose en una de las mejores incorporaciones de todo el universo galáctico.

 

Una película menor, sí. Pero menor como esos secundarios que entran por una puerta pequeña y acaban quedándose con la casa entera.

 

Mi puntuación: 7,75/10.

 

 

 

Dirigido por Dave Filoni:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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El encargado (Serie de TV) – 2022 – Temporada 3 – Mariano Cohn (Creador), Gastón Duprat (Creador) – Disney+

28/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El portero que debería dar más miedo que Hannibal Lecter… pero cae simpático el muy cabrón

 

Hay personajes televisivos que entran poco a poco en la cabeza del espectador. Y luego está Eliseo, el protagonista de El encargado, que directamente se te mete en el cerebro, te reorganiza la comunidad de vecinos y probablemente te cambia la cerradura mientras sonríe con cara de “yo solo quiero ayudar”.

 

La tercera temporada de El encargado confirma algo que ya era evidente en las dos anteriores: estamos ante una de las series más inteligentes, incómodas y perversamente divertidas que ha dado el audiovisual argentino reciente. Y sí, gran parte de la culpa la tiene un gigantesco Guillermo Francella, que aquí vuelve a realizar una interpretación absolutamente desbordante.

 

Los creadores de la serie, Mariano Cohn y Gastón Duprat, llevan años demostrando que son probablemente dos de los tipos más afilados y cínicos del panorama iberoamericano.

 

Su filmografía conjunta incluye títulos tan brillantes como El ciudadano ilustre, Competencia oficial, Mi obra maestra o 4×4, películas donde siempre aparecen las mismas obsesiones: la hipocresía social, el ego, el capitalismo salvaje, las apariencias culturales y la miseria moral disfrazada de sofisticación.

 

Y en El encargado vuelven a jugar exactamente a eso, pero con ascensor comunitario, reuniones de vecinos y olor a lejía de portal.

 

La serie ha sido además un éxito considerable tanto en Argentina como internacionalmente. Guillermo Francella ganó el Premio Platino al Mejor Actor de Serie por las primeras temporadas, mientras que la producción ha acumulado nominaciones en distintos premios latinoamericanos y una enorme repercusión crítica y popular. Porque sí, resulta que media humanidad disfruta viendo cómo un psicópata manipulador humilla elegantemente a todo el mundo.

 

Y ahí está la gran trampa maravillosa de esta tercera temporada.

 

Porque Eliseo es objetivamente un monstruo. Un tipo calculador, manipulador, egocéntrico y despiadado. Un sociópata de manual. Pero la serie consigue algo fascinante: poner continuamente al espectador de su lado. Y eso tiene muchísimo mérito. O muchísimo peligro psicológico. No estoy seguro.

 

En esta temporada, Eliseo acude a un congreso de encargados en Brasil y descubre algo fundamental: que el resto de sus compañeros son unos inútiles integrales. Mientras ellos siguen preocupados por goteras, bombillas y cuotas comunitarias, él visualiza un auténtico imperio empresarial. Y ahí aparece uno de los aspectos más interesantes de la serie: esa idea de convertir a un simple encargado de edificio en una especie de tiburón neoliberal capaz de detectar oportunidades de negocio donde otros solo ven cubos de basura.

 

Lo más divertido es que la serie termina funcionando casi como una fantasía de ascenso social. Eliseo se convierte en una especie de héroe empresarial extraño, un personaje que aparentemente desafía al sistema… utilizando las propias herramientas del sistema. Un neocapitalismo anticapitalista absolutamente delirante y, al mismo tiempo, extrañamente seductor.

 

Porque claro… uno debería odiar profundamente a Eliseo.

Pero no.

 

La serie logra que uno admire su inteligencia, su capacidad de adaptación y hasta su forma elegantemente miserable de sobrevivir. Eliseo siempre parece servicial, empático, humilde y colaborador. Y detrás de cada sonrisa hay una manipulación perfectamente calculada funcionando como un reloj suizo. Es un personaje terrorífico… pero tremendamente carismático.

 

Y ahí entra el trabajo monumental de Guillermo Francella. Lo suyo aquí es una lección interpretativa continua. Cada mirada, cada pausa, cada gesto aparentemente amable esconden una amenaza silenciosa.

 

Francella consigue algo dificilísimo: construir un personaje monstruoso sin perder jamás el encanto. El espectador sabe perfectamente que está viendo a un depredador social… y aun así quiere que gane.

 

Eso sí, la serie también sigue funcionando como una sátira salvaje de las clases medias urbanas, de las comunidades de propietarios y de la hipocresía social contemporánea. Todos parecen moralmente superiores hasta que necesitan algo de Eliseo. Entonces ya no importa tanto que espíe, manipule o chantajee discretamente a media humanidad.

 

Y quizá ahí esté el gran hallazgo de la serie: Eliseo no es un monstruo aislado. Es simplemente el producto perfecto de una sociedad donde la apariencia vale más que la ética y donde el éxito termina justificándolo absolutamente todo.

 

Una tercera temporada brillantísima, afilada, incómoda y tremendamente divertida. Y sí, otra vez toca rendirse ante Guillermo Francella, que directamente se ha inventado uno de los personajes televisivos más fascinantes y perversos de los últimos años.

 

El problema es que probablemente todos querríamos tener a Eliseo solucionándonos una avería… aunque luego desapareciera misteriosamente el testamento de la abuela.

 

Mi puntuación: 7,99/10.

 

 

 

Mariano Cohn (Creador), Gastón Duprat (Creador):

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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O profeta – 2026 – Ique Langa – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

28/05/2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El profeta que descubrió el milagro más grande del cine de autor: aburrir en formato cuadrado

 

Hay películas lentas. Hay películas contemplativas. Hay películas que se toman su tiempo. Y luego está O profeta, de Ique Langa, que directamente parece rodada para comprobar cuánto aguanta un ser humano sentado sin pedir auxilio a Protección Civil. Una experiencia cinematográfica que convierte esperar el turno en el ambulatorio en una montaña rusa emocional.

 

Lo primero que llama la atención es la apuesta estética. La película está rodada en un blanco y negro áspero y en formato 1:1, el viejo formato cuadrado que prácticamente desapareció con la televisión de tubo y las fotos del DNI de los años ochenta. Y claro, uno se pregunta inmediatamente: ¿para qué? ¿Qué aporta esto? ¿Qué pretende demostrar exactamente Ique Langa? Porque hay veces que ciertas decisiones formales parecen tomadas únicamente para que en un coloquio posterior alguien diga la palabra “rupturista” mientras acaricia una barba cuidadosamente descuidada.

 

Ique Langa, cineasta mozambiqueño, ha trabajado especialmente en el ámbito del cortometraje y del cine experimental, desarrollando una filmografía muy vinculada al simbolismo, la identidad africana y los lenguajes contemplativos.

 

En O profeta, su primer largometraje de ficción de gran recorrido internacional, mantiene esa línea autoral radical que parece más interesada en la experiencia sensorial que en la narración convencional. Una propuesta que seguramente entusiasmará a cierta crítica de gafapasta extrema y desesperará profundamente al resto de la humanidad.

 

La película ha pasado por el circuito de festivales internacionales y su presencia en el Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 confirma el interés que despierta dentro del cine africano contemporáneo más experimental.

 

Una de esas películas que suelen venir acompañadas de textos promocionales donde aparecen palabras como “poética”, “trascendencia”, “espiritualidad” o “deconstrucción de la mirada”. Mala señal casi siempre.

 

La historia, en realidad, podría haber tenido bastante interés. El protagonista es un pastor evangélico bastante torpe, con pocos fieles y dificultades hasta para leer ciertos pasajes bíblicos. Un hombre gris, mediocre y perdido que, tras una extraña experiencia en una cabaña perdida en la selva, comienza a adquirir fama y relevancia religiosa. Allí aparece uno de los elementos más fascinantes de la película: un hombre acondroplásico vestido con traje y pajarita que se dedica únicamente a barrer la tierra de la entrada. Una imagen perturbadora, surrealista y muy potente que hacía pensar que quizá la película iba a lanzarse definitivamente al delirio simbólico interesante.

Pero no.

 

Porque O profeta toma la peor decisión posible: aburrirse a sí misma.

 

La película se recrea continuamente en planos larguísimos, eternos, insufribles. Planos donde vemos al protagonista levantarse lentamente de la cama, abrocharse la camisa botón a botón, caminar durante minutos enteros mostrando únicamente cogotes y espaldas. Y no, eso no es cine profundo. Eso no es reflexión. Eso no es espiritualidad. Eso es convertir tareas domésticas en metraje.

 

Aquí el problema no es la lentitud. Hay cine lento extraordinario. El problema es que casi nada de lo que muestra tiene interés visual, dramático o emocional. El espectador no descubre nada nuevo observando durante varios minutos cómo un señor se anuda la ropa con parsimonia funcionarial. El cine contemplativo necesita tensión interna, atmósfera o capacidad hipnótica. Y aquí lo único hipnótico era la posibilidad muy real de quedarse dormido.

 

Da rabia porque debajo de todo esto sí parece haber una película interesante. El retrato de la culpa religiosa, de la fe popular, del fanatismo y de las transformaciones espirituales en ciertos entornos africanos podría haber dado muchísimo juego. Incluso esa mezcla entre superstición, evangelismo y miseria social tiene fuerza. Pero la película decide sacrificarlo todo en el altar del “mirad qué autor soy”.

 

Y mientras tanto, el público huyendo de la sala como si repartieran multas en la puerta.

 

De hecho, una parte importante de la experiencia consistía casi en observar quién aguantaba hasta el final. Una especie de supervivencia cinematográfica colectiva. Los que permanecieron sentados hasta los títulos de crédito merecen, sinceramente, algún tipo de reconocimiento institucional. Una medalla. Un diploma. Una botella de agua isotónica. Algo.

 

Porque sí, la película pretende reflexionar sobre la culpa, la fe y la transformación espiritual. Eso dicen los textos promocionales. Pero la realidad es que cuenta poquísimo y lo hace además con una autosuficiencia estética tremenda. Todo está tan preocupado por parecer trascendente que se olvida de algo fundamental: interesar.

 

Y el cine, incluso el más arriesgado y experimental, debería tener al menos un poco de amor por el espectador. Aquí da la sensación de que directamente lo castigan.

 

Mi puntuación: Cero patatero/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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One woman one bra – 2025 – Vincho Nchogu – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

28/05/2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Soltera y sola en la vida

 

Hay películas que parecen pequeñas, casi invisibles, y luego terminan soltando más bofetadas sociales que una tertulia de madrugada en una televisión local. One Woman One Bra, dirigida por Vincho Nchogu, entra precisamente en esa categoría.

 

Una película que empieza casi como una comedia costumbrista y acaba retratando con bastante mala leche las miserias del patriarcado africano… y las del paternalismo occidental. Vamos, que aquí no se salva ni el apuntador. Ni el sujetador.

 

Vincho Nchogu es productora, narradora multimedia y archivista digital especializada en sistemas de conocimiento indígenas.

 

Tras trabajar en documentales internacionales y producir la película brasileña Gabriel and the Mountain, presentada en la Semana de la Crítica de Cannes, alcanzó gran popularidad en Kenia con el podcast de investigación Case Number Zero, el más escuchado del país en 2021.

 

En 2025 debutó en la ficción con One Woman One Bra, seleccionada para la Bienal de Venecia, mientras desarrolla actualmente su segundo largometraje, el thriller keniano Kedong.

 

Esta producción Kenya-Nigeria demuestra una mirada bastante sólida, especialmente a la hora de mezclar crítica social, humor incómodo y drama identitario.

 

La película está hablada principalmente en inglés, aunque también aparecen diálogos en maá y suajili, lo que le aporta una riqueza cultural bastante interesante y una sensación de autenticidad que muchas coproducciones internacionales pierden por el camino.

 

La película ha pasado por el Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026, un escaparate fundamental para acercar cinematografías africanas que rara vez pisan las salas comerciales españolas.

 

La protagonista es Star, una mujer de 38 años que no conoció a sus padres, vive sola y encima tiene la osadía imperdonable de no estar casada. Vamos, el equivalente social a ir por el pueblo con una camiseta que diga “me gusta llevar la contraria”.

 

Cuando empiezan a repartirse títulos de propiedad en Sayid, su situación se vuelve dramática porque, al no tener vínculos familiares reconocidos, puede acabar expulsada de su propia casa.

 

La película utiliza esta situación para hablar de algo bastante demoledor: lo complicado que sigue siendo para muchas mujeres africanas existir fuera de los esquemas tradicionales. Si no eres esposa, hija reconocida o madre de alguien, prácticamente eres un error administrativo con piernas.

 

El detonante de la trama llega cuando encuentra una fotografía de su infancia realizada por un fotógrafo famoso. En ella aparece una mano junto a su rostro y Star empieza a obsesionarse con la idea de que podría ser la de su madre. Ahí la película vira hacia una especie de búsqueda identitaria bastante emotiva, aunque sin caer nunca en el melodrama lacrimógeno de anuncio navideño.

 

Pero el elemento más divertido —y más venenoso— aparece con la trama de la ONG occidental. Una cooperante blanca llega con la iluminada misión de repartir sujetadores entre las mujeres locales. Y claro, la película aprovecha para disparar con bala contra cierto tipo de cooperación internacional que parece diseñada por gente que jamás ha pisado el lugar que pretende “salvar”.

 

Mientras la población vive en condiciones durísimas, llega alguien convencido de que el problema prioritario del continente africano es la talla de copa.

 

Es una sátira bastante afilada sobre esa superioridad moral occidental disfrazada de ayuda humanitaria. El clásico “venimos a civilizaros”, pero versión lencería.

 

Lo mejor de la película es que no convierte esto en un panfleto. Hay humor, ironía y personajes bastante bien construidos. Incluso la cooperante evita convertirse en una caricatura total.

 

La película entiende que muchas veces el problema no es la maldad, sino la desconexión absoluta con la realidad. Gente que quiere ayudar… pero ayudando exactamente en lo que a ellos les hace sentirse mejor.

 

Formalmente es una película sencilla, sin grandes alardes visuales, pero muy bien narrada. El guion está bastante trabajado y sabe equilibrar las distintas capas del relato sin que aquello parezca una tesis doctoral filmada. Algo que se agradece muchísimo porque hay películas sociales africanas que parecen diseñadas para que el espectador europeo salga del cine sintiéndose culpable durante tres semanas. Aquí no. Aquí además hay sarcasmo y bastante retranca.

 

Y luego está el título. One Woman One Bra parece una broma absurda… 

Pues resulta que es el lema de esta campaña lanzada por esta fundación humanitaria.

 

Una película humilde, inteligente y con bastante más mala leche de lo que aparenta. De esas que empiezan casi como una anécdota y terminan dejándote pensando un rato largo.

 

Mi puntuación: 7,66/10.

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Figuras ocultas. Volumen 1. Mujer & Cine – Bichobola – Asociación Amigos del Cine de Azuqueca de Henares (ACAZ)

27/05/2026

 

 

 

 

 

FIGURAS OCULTAS


Mujer & Cine


Reivindicar a la mujer y su vínculo con el cine es el eje central de este nuevo monográfico. Durante gran parte del siglo XX, su presencia quedó relegada por una mirada patriarcal que condicionó su participación y otorgó el protagonismo casi absoluto a los hombres en la mayoría de los ámbitos y departamentos cinematográficos.


La presencia y protagonismo de las mujeres es incuestionable, y no sólo en la Dirección, cuyos datos son reveladores; sino también, en otros departamentos artísticos y técnicos. Surge así una “nueva mirada”, una sensibilidad diferente que podría convertirse en la principal revolución cinematográfica de este nuevo siglo.


Porque el cine no solo refleja la sociedad: también tiene el poder de transformarla. Y en esa transformación, las mujeres han dejado de ser Figuras Ocultas para convertirse en creadoras imprescindibles de la historia del Cine.

 

 

 

 

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Ébola: el virus que no vuela, pero cuando toca, toca fuerte

27/05/2026

 

 

 

 

 

 

 

Ébola: el virus que no vuela, pero cuando toca, toca fuerte

 

1. Qué es el virus Ébola

 

El virus Ébola pertenece a la familia Filoviridae, esos virus con forma filamentosa, como si alguien hubiera mirado un espagueti al microscopio y hubiera dicho: “esto no pinta bien”.

 

La enfermedad se llama hoy, de forma más amplia, enfermedad por virus del Ébola o Ebola disease, porque no hablamos de un único virus sino de varios orthoebolavirus capaces de producir cuadros graves en humanos y otros primates.

 

La enfermedad fue identificada en 1976 en brotes casi simultáneos en lo que hoy son la República Democrática del Congo y Sudán del Sur. (GOV.UK)

 

Los principales virus relacionados con enfermedad humana son Zaire ebolavirus, Sudan ebolavirus, Bundibugyo ebolavirus y Taï Forest ebolavirus.

 

El más famoso es Zaire ebolavirus, responsable de los grandes brotes de África occidental y de varios brotes en la República Democrática del Congo. (Organización Mundial de la Salud)

 

Es un virus de ARN, envuelto, relativamente frágil fuera del organismo si se le somete a desinfectantes adecuados, calor o limpieza correcta, pero muy peligroso cuando entra en contacto con mucosas, piel lesionada o sangre.

 

Su letalidad varía mucho según el virus concreto, el brote, la rapidez diagnóstica y la calidad del soporte médico.

 

La OMS suele situar la letalidad media alrededor del 50%, con brotes que han oscilado aproximadamente entre el 25% y el 90%. (Organización Mundial de la Salud)

 

 

2. El punto clave: cómo se transmite

 

Aquí conviene ponerse pesado, porque con el Ébola hay dos errores clásicos: pensar que se transmite como la gripe —falso— o pensar que solo se contagia si uno está en medio de una película apocalíptica con monos, militares y música inquietante —también falso.

 

El Ébola no se transmite por el aire como la gripe, el sarampión o la COVID en aerosoles. No basta con cruzarse con una persona infectada por la calle, compartir una sala o respirar el mismo aire a distancia.

 

La transmisión exige contacto directo con sangre, secreciones, órganos u otros fluidos corporales de una persona enferma o fallecida por Ébola, o contacto indirecto con objetos contaminados por esos fluidos. (Organización Panamericana de la Salud)

 

El detalle importante es “persona enferma”. Una persona infectada, pero todavía sin síntomas, no suele considerarse contagiosa.

 

El riesgo aparece cuando empiezan los síntomas: fiebre, malestar, vómitos, diarrea, sangrado, debilidad extrema. Y cuanto más avanzada está la enfermedad, mayor suele ser la carga viral y más peligrosos son los fluidos corporales. (Organización Mundial de la Salud)

 

Sangre, vómitos, diarrea y otros fluidos: el núcleo del problema

 

La transmisión más evidente ocurre por contacto con sangre, vómitos, heces, orina, saliva, sudor, leche materna, semen o fluidos vaginales de una persona enferma.

 

El virus entra por mucosas —ojos, boca, nariz—, por cortes o heridas en la piel, o por pinchazos accidentales.

 

Por eso los cuidadores familiares y el personal sanitario tienen un riesgo altísimo si no hay equipos de protección adecuados. (Organización Mundial de la Salud)

 

En los brotes africanos, la transmisión doméstica ha sido fundamental. Una persona enferma en casa necesita ayuda para beber, limpiarse, ir al baño, cambiar ropa, recibir cuidados básicos. Todo eso, que humanamente es lo más normal del mundo, se convierte en una autopista para el virus si no hay guantes, protección, aislamiento y formación. El Ébola no necesita alas: le basta con una familia cuidando sin medios. (Organización Mundial de la Salud)

 

El papel tremendo de los funerales

 

Los funerales han sido uno de los grandes motores de transmisión. En muchas comunidades, lavar, tocar, vestir o despedir físicamente al fallecido forma parte del rito y del respeto familiar.

 

El problema es que el cadáver de una persona muerta por Ébola puede contener cargas virales muy altas. Tocar el cuerpo, lavarlo o manipular ropa y sábanas contaminadas puede contagiar. (Reuters)

 

En el brote de 2026 en la República Democrática del Congo, las autoridades de Ituri llegaron a prohibir velatorios y limitar reuniones por el papel de los funerales en la propagación. Según Reuters, las medidas incluían que solo equipos entrenados manipularan cadáveres. Es una medida durísima culturalmente, pero epidemiológicamente tiene todo el sentido: en Ébola, un funeral inseguro puede convertirse en un multiplicador de casos. (Reuters)

 

Transmisión sanitaria: cuando el hospital se convierte en foco

 

Los hospitales pueden cortar la cadena de transmisión, pero si están desbordados o mal equipados pueden convertirse en focos.

 

El Ébola se transmite en centros sanitarios por pinchazos, contacto con sangre, limpieza insuficiente, falta de equipos de protección, errores al quitarse el traje protector o reutilización de material contaminado. Esto ocurrió en múltiples brotes, incluido el de África occidental de 2014-2016 y también en brotes posteriores en Uganda y RDC. (CDC)

 

Uno de los momentos más peligrosos para el sanitario es quitarse el equipo de protección. Parece una tontería burocrática, pero ahí se juega la vida: si el exterior del traje está contaminado y uno se toca la cara, los ojos o una zona de piel lesionada, el virus tiene puerta de entrada.

 

El caso español de Teresa Romero, en 2014, se vinculó precisamente a la atención de pacientes repatriados y a posibles fallos o dificultades en el protocolo de protección. (EL PAÍS English)

 

Objetos contaminados: la transmisión indirecta

 

También puede haber contagio por objetos contaminados: sábanas, ropa, agujas, jeringas, material sanitario, superficies con fluidos recientes.

 

No es que el virus salte de una mesa como un ninja, pero si hay sangre o vómito contaminado y alguien lo toca y luego se toca mucosas, el riesgo existe.

 

De ahí la importancia de limpieza con desinfectantes adecuados, manejo seguro de residuos, incineración o eliminación controlada de material contaminado y protocolos estrictos. (Organización Mundial de la Salud)

 

Transmisión sexual y supervivientes

 

Un aspecto menos conocido es que el virus puede persistir durante meses en algunos compartimentos inmunológicamente protegidos, como el semen.

 

Por eso se han documentado casos de transmisión sexual tras la recuperación clínica.

 

Las guías recomiendan seguimiento de supervivientes, asesoramiento sexual y, según contexto, pruebas del semen o uso de preservativo durante un periodo prolongado. Esto no convierte a los supervivientes en “peligros públicos”, ni muchísimo menos; convierte al seguimiento médico en algo esencial y evita estigmas, que ya bastante mochila llevan encima. (Organización Mundial de la Salud)

 

Animales y salto inicial al ser humano

 

El reservorio natural exacto no está completamente cerrado, aunque los murciélagos frugívoros se consideran candidatos importantes.

 

El salto al ser humano puede ocurrir por contacto con animales infectados, vivos o muertos, como murciélagos, primates no humanos o carne de animales silvestres. Después, el gran problema ya no es el animal: es la transmisión persona a persona. (Organización Mundial de la Salud)

 

3. Brotes históricos: de 1976 al gran desastre de África occidental

 

El Ébola se identificó en 1976 en brotes casi simultáneos en Yambuku, en la actual República Democrática del Congo, y en la zona de Nzara/Maridi, en el actual Sudán del Sur. Desde entonces han aparecido brotes de forma periódica, sobre todo en África central y oriental. (GOV.UK)

 

Durante años, los brotes fueron relativamente localizados: aldeas, zonas rurales, transmisión familiar y sanitaria, con contención más o menos rápida. Pero el virus cambió de escenario en 2014.

 

El brote de África occidental, iniciado en Guinea y extendido a Liberia y Sierra Leona, fue el mayor y más complejo de la historia: más de 28.600 casos y más de 11.300 muertes. También se extendió a otros países, incluidos Nigeria, Senegal, Mali, España, Reino Unido, Italia y Estados Unidos, aunque fuera de los tres países principales la transmisión fue mucho más limitada. (Organización Mundial de la Salud)

 

Aquel brote enseñó varias lecciones brutales: que el Ébola puede llegar a ciudades, que los sistemas sanitarios débiles se rompen rápido, que los entierros inseguros son decisivos, que la confianza comunitaria vale tanto como un laboratorio, y que reaccionar tarde sale carísimo en vidas. La OMS declaró la emergencia internacional en agosto de 2014 y el brote se dio por cerrado en 2016. (Organización Mundial de la Salud)

 

Después hubo otros brotes importantes, especialmente en RDC. El brote de Kivu/Ituri de 2018-2020 fue uno de los más graves, con más de 3.400 casos y más de 2.200 muertes, además de la enorme dificultad añadida del conflicto armado y la desconfianza hacia los equipos sanitarios. (Wikipedia)

 

4. El brote reciente: RDC y Uganda, 2026

 

El brote más reciente relevante, según la OMS, fue declarado en mayo de 2026 como emergencia de salud pública de importancia internacional. Está causado por Bundibugyo virus, una especie de orthoebolavirus menos habitual que Zaire ebolavirus y para la que no existen vacunas o tratamientos aprobados equivalentes a los disponibles frente a Zaire. (Organización Mundial de la Salud)

 

La OMS informó el 17 de mayo de 2026 de casos confirmados y numerosos sospechosos en la provincia de Ituri, en la República Democrática del Congo, con afectación de zonas sanitarias como Bunia, Rwampara y Mongbwalu. También se notificó expansión transfronteriza hacia Uganda. (Organización Mundial de la Salud)

 

Las cifras están cambiando con rapidez. La OMS citaba el 16 de mayo 8 casos confirmados, 246 sospechosos y 80 muertes sospechosas en Ituri; pocos días después, informes de agencias y organismos humanitarios hablaban ya de más de 500-700 casos sospechosos y más de 130-170 muertes sospechosas, lo que indica transmisión comunitaria sostenida, retraso diagnóstico y probable infradetección. (Organización Mundial de la Salud)

 

Este brote es especialmente preocupante por varios motivos: hay transmisión en comunidades, infecciones en sanitarios, expansión a zonas urbanas, movilidad de población, conflicto armado, desconfianza hacia las autoridades, problemas de laboratorio y falta de vacunas aprobadas para Bundibugyo virus. Es el cóctel epidemiológico que nadie pediría en barra, salvo un virus con muy mala leche. (CDC)

 

Además, el CDC emitió el 19 de mayo de 2026 una alerta sanitaria para clínicos y viajeros por el brote de RDC/Uganda, señalando que el riesgo para Estados Unidos era bajo, pero recomendando vigilancia, identificación rápida, aislamiento y medidas de salud pública. (CDC)

 

5. Síntomas: cómo empieza y cómo se complica

 

El periodo de incubación suele ser de 2 a 21 días. La enfermedad empieza de forma poco específica: fiebre, cansancio intenso, dolor muscular, cefalea, dolor de garganta. Vamos, que al principio puede parecer gripe, malaria, fiebre tifoidea o “me ha pasado un camión por encima”. Ese es uno de los grandes problemas: en zonas endémicas, muchas enfermedades empiezan igual. (Organización Mundial de la Salud)

 

Después pueden aparecer vómitos, diarrea, dolor abdominal, exantema, insuficiencia hepática o renal, alteraciones analíticas y, en algunos casos, hemorragias internas o externas. Aunque el imaginario popular se ha quedado con lo de “fiebre hemorrágica”, no todos los pacientes sangran de forma espectacular. El cine, como siempre, poniendo ketchup donde a veces hay fisiopatología. (Organización Mundial de la Salud)

 

La muerte, cuando ocurre, suele relacionarse con shock, fallo multiorgánico, deshidratación profunda, alteraciones electrolíticas, sepsis secundaria y respuesta inflamatoria descontrolada. La atención precoz mejora mucho el pronóstico: hidratación, electrolitos, control de vómitos y diarrea, soporte hemodinámico, oxígeno si hace falta y tratamiento de coinfecciones. (CDC)

 

 

6. Diagnóstico

 

El diagnóstico se confirma mediante pruebas de laboratorio, sobre todo RT-PCR, detección de antígenos o serología según el momento clínico.

 

Como los síntomas iniciales son inespecíficos, el diagnóstico no puede basarse solo en “tiene fiebre y mala pinta”.

 

Hace falta combinar clínica, epidemiología —viaje, contacto con caso, asistencia sanitaria, funeral, exposición a fluidos— y laboratorio. (Organización Mundial de la Salud)

 

En los brotes, el retraso diagnóstico es veneno epidemiológico: cada día sin identificar casos permite más contactos, más funerales inseguros, más transmisión doméstica y más exposición sanitaria.

 

En el brote de 2026 se ha señalado precisamente que los retrasos de laboratorio y la confusión inicial con otras enfermedades pudieron facilitar la expansión. (AP News)

 

7. Prevención: cortar la cadena, sin magia

 

La prevención se basa en identificar casos, aislarlos, rastrear contactos, vigilar durante 21 días, proteger a sanitarios, asegurar entierros seguros, limpiar y desinfectar, informar a la comunidad y vacunar cuando hay vacuna útil para la especie implicada.

 

Nada de esto suena glamuroso, pero funciona. La epidemiología es muchas veces fontanería: encontrar la fuga y cerrarla. (Organización Mundial de la Salud)

 

En la comunidad, la prevención exige evitar contacto directo con fluidos de personas enfermas, no tocar cadáveres de fallecidos sospechosos de Ébola, avisar a equipos sanitarios, usar medidas de protección si se cuida a alguien y no ocultar casos por miedo. Esto último es crucial: si la gente desconfía del sistema, esconde enfermos, huye de los equipos o mantiene funerales clandestinos. Y entonces el virus brinda con champán, metafóricamente hablando. (Reuters)

 

En hospitales, hacen falta equipos de protección individual, circuitos separados, formación práctica, observadores durante la retirada del equipo, manejo seguro de agujas, laboratorio protegido, transporte sanitario seguro y limpieza exhaustiva. Los sanitarios son una barrera, pero si se rompen las condiciones, se convierten en víctimas. (CDC)

 

8. Vacunas

 

Existe una vacuna aprobada frente a Zaire ebolavirus, conocida como rVSV-ZEBOV o Ervebo, que ha sido clave en estrategias de vacunación en anillo en brotes por Zaire. También hay vacunas y esquemas preventivos usados en determinados contextos frente a Zaire. Pero esto tiene letra pequeña importantísima: no todas las vacunas sirven para todas las especies de Ébola. (Organización Mundial de la Salud)

 

En el brote de Bundibugyo virus de 2026, el problema es precisamente que no hay vacuna aprobada específica ni tratamiento aprobado equivalente.

 

Puede haber investigación, uso compasivo o candidatos experimentales, pero no es lo mismo que disponer de una herramienta ya validada, almacenada y lista para usar a gran escala. (CDC)

 

9. Tratamiento

 

El tratamiento básico es soporte intensivo: líquidos, electrolitos, control de vómitos y diarrea, manejo del dolor y la fiebre, vigilancia renal y hepática, soporte de tensión arterial, oxígeno, transfusión si procede y tratamiento de infecciones asociadas.

 

Cuanto antes se haga, mejor. El Ébola mata más cuando encuentra sistemas sanitarios débiles, pacientes que llegan tarde y centros sin recursos. (CDC)

 

Para Zaire ebolavirus existen dos tratamientos aprobados por la FDA: Inmazeb y Ebanga, anticuerpos monoclonales dirigidos frente a ese virus concreto. Pero el CDC recalca que están disponibles para enfermedad por Orthoebolavirus zairense, no para todas las especies. Esto es clave en 2026, porque Bundibugyo virus queda fuera de esa cobertura aprobada. (CDC)

 

10. Ébola fuera de África

 

Fuera de África, el Ébola ha producido casos importados y algunas transmisiones secundarias limitadas, pero no brotes comunitarios sostenidos como los de África occidental.

 

Durante la epidemia de 2014-2016, hubo extensión a España, Reino Unido, Italia y Estados Unidos, entre otros países, generalmente por viajeros, cooperantes, sanitarios evacuados o transmisión sanitaria muy concreta. (Organización Mundial de la Salud)

 

En Estados Unidos, el caso paradigmático fue Thomas Eric Duncan, que viajó desde Liberia y fue diagnosticado en Dallas en septiembre de 2014. Dos enfermeras que lo atendieron se infectaron, lo que mostró que incluso sistemas sanitarios potentes pueden fallar si el reconocimiento inicial, el aislamiento y los protocolos no son impecables. (cdcmuseum.org)

 

En España, Teresa Romero, auxiliar de enfermería, se infectó en 2014 tras atender a misioneros repatriados con Ébola en el Hospital Carlos III.

 

Fue considerado el primer caso documentado de transmisión fuera de África durante aquella epidemia.

 

Sobrevivió, pero el caso dejó una crisis sanitaria, política y comunicativa de campeonato.

 

El perro Excalibur acabó siendo sacrificado, en una de esas decisiones que todavía hoy dan para debate, enfado y mucha ceja levantada. (EL PAÍS English)

 

En Europa, el riesgo general para la población se considera muy bajo cuando hay sistemas de detección, aislamiento y control adecuados.

 

La Comisión Europea y el ECDC han señalado en 2026 que el riesgo para residentes en la UE/EEE es muy bajo porque la transmisión requiere contacto directo con fluidos de una persona sintomática y porque la probabilidad de importación y transmisión secundaria sostenida es baja. (Public Health)

 

11. Ideas claras para no caer en el pánico

 

El Ébola es gravísimo, pero no es un virus mágico. No vuela, no atraviesa paredes, no contagia por mirar mal a alguien en el metro.

 

Necesita contacto estrecho con fluidos de una persona enferma o fallecida, o con material contaminado.

 

Esa es su debilidad epidemiológica: si se detecta pronto, se aísla bien, se protegen los contactos y se hacen entierros seguros, la transmisión se corta. (Organización Panamericana de la Salud)

 

El drama es que muchos brotes ocurren en lugares donde faltan hospitales, agua, confianza, seguridad y dinero. Ahí el virus no es solo un problema biológico: es un problema social, político, logístico y humano.

 

El Ébola se aprovecha de las grietas. Y en algunas zonas esas grietas no son grietas: son socavones con vistas al desastre. (Reuters)

 

 

Bibliografía básica y fuentes consultadas

 

OMS / WHO. Ebola disease fact sheet, actualizado en abril de 2025. (Organización Mundial de la Salud)

OMS / WHO. Ebola virus disease outbreak 2014-2016 – West Africa. (Organización Mundial de la Salud)

OMS / WHO. Declaración sobre brote por Bundibugyo virus en RDC/Uganda, mayo de 2026. (Organización Mundial de la Salud)

CDC. Ebola Disease Basics, actualizado en mayo de 2026. (CDC)

CDC. Health Alert Network: brote de Ébola en RDC y Uganda, mayo de 2026. (CDC)

CDC. Outbreak History: Ebola, actualizado en diciembre de 2025. (CDC)

ECDC. Factsheet about Ebola disease. (ECDC)

Comisión Europea / ECDC. Evaluación de riesgo para la UE/EEE en brote de Ébola 2026. (Public Health)

PAHO / WHO. Ebola Virus Disease. (Organización Panamericana de la Salud)

Reuters. Información sobre medidas funerarias y situación en Ituri, mayo de 2026. (Reuters)

AP News. Brote de Bundibugyo en RDC, mayo de 2026. (AP News)

Eurosurveillance. Experiencia epidemiológica española durante la crisis del Ébola. (eurosurveillance.org)

CDC MMWR. Cluster de Ébola en Estados Unidos, 2014. (CDC)

 

 

 

(Artículo redactado, según mis indicaciones, por IA y posteriormente corregido y modificado por holasoyramon)

 

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Trop c´est trop (Documental) – 2026 – Elisé Sawasawa – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

27/05/2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Caos en el Congo.

 

Hablar de Trop c’est trop es hablar de una película-documento rodada prácticamente con las tripas. Un documental que parece filmado mientras el operador esquiva balas, motos, piedras y probablemente hasta la desesperación colectiva.

 

Porque lo que muestra Trop c’est trop no es una guerra limpia ni organizada. Es el caos. El caos absoluto. Y pocas veces el cine documental consigue transmitirlo con esta sensación física de vértigo.

 

El documental está dirigido por Elisé Sawasawa, cineasta y periodista congoleño vinculado al documental social y político en la República Democrática del Congo.

 

No existe demasiada información internacional sobre su filmografía, algo tristemente habitual con muchos directores africanos fuera de los circuitos occidentales, pero precisamente trabajos como éste sirven para colocar su nombre sobre la mesa.

 

Aquí demuestra un talento tremendo para incrustar la cámara en medio del conflicto y convertir al espectador en otro refugiado más. No hay distancia. No hay comodidad. No hay narración académica desde un despacho europeo con aire acondicionado y café ecológico de comercio justo. Aquí la cámara corre, jadea y se mete en el barro.

 

En cuanto a premios y recorrido, Trop c’est trop forma parte de la programación del Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger, una selección especialmente sensible este año al cine documental ligado a conflictos africanos contemporáneos y a las consecuencias humanas de las guerras olvidadas por Occidente. 

 

Y luego llega el auténtico puñetazo del documental: la caída de Goma.

 

Porque la película arranca con esa sensación de derrumbe total cuando los rebeldes del M23 —apoyados por Ruanda, según denuncian el gobierno congoleño y buena parte de la comunidad internacional— toman la ciudad de Goma, capital de Kivu del Norte. Y ahí empieza una especie de descenso al infierno africano contemporáneo.

 

Gente huyendo con colchones en la cabeza, niños cargados a la espalda, motos atravesando calles imposibles, manifestaciones pidiendo armas, refugiados improvisando vida entre lonas y barro mientras todo alrededor parece desmoronarse.

 

Y la cámara de Elisé Sawasawa está ahí dentro. No mirando desde fuera. Dentro.

 

Eso es lo impresionante del documental. La sensación de inmersión absoluta. Muchas veces ni siquiera se entiende exactamente qué está ocurriendo. Pero probablemente porque ni los propios protagonistas lo entienden ya.

 

Hay una sensación constante de descomposición, de país agotado, de guerra enquistada hasta convertirse en paisaje cotidiano. Y el documental acierta precisamente en no intentar ordenar demasiado el horror. Porque el horror rara vez viene con esquema PowerPoint.

 

Hay momentos especialmente potentes en las manifestaciones contra la MONUSCO, la misión de la ONU en el Congo. La película deja bastante clara la sensación popular de abandono y fracaso. Y eso resulta demoledor. Porque hablamos de una fuerza internacional gigantesca formada por tropas de Kenia, Uganda, Tanzania, Malaui, Sudáfrica, Burundi y otros apoyos militares que, junto al ejército congoleño, fueron incapaces de evitar la caída de Goma.

 

El documental no necesita subrayarlo demasiado: basta con escuchar a la gente delante de la cámara. La frustración es total. La idea de que la ONU está allí pero no sirve para proteger a nadie planea continuamente sobre la película. Y eso convierte a Trop c’est trop en algo más incómodo que un simple reportaje bélico. Es casi una acusación filmada.

 

Formalmente, además, el trabajo tiene muchísima energía. Es un cine nervioso, físico, urgente. La moto desde la que se filman muchas secuencias parece otro personaje más. Hay momentos donde la cámara vibra tanto que parece que vaya a romperse, pero precisamente esa precariedad técnica se convierte en virtud narrativa. Todo transmite peligro. Todo transmite urgencia.

 

No es un documental “bonito”. Ni falta que le hace.

 

Es cine-testimonio. Cine hecho para dejar constancia de que aquello ocurrió mientras medio planeta miraba hacia otro lado cambiando la foto del perfil por cualquier otra tragedia más reciente. Porque el sufrimiento africano tiene una terrible facilidad para desaparecer del radar mediático occidental en cuanto deja de generar clics.

 

Y películas como Trop c’est trop sirven precisamente para impedir ese olvido. Aunque sea durante hora y pico. Aunque luego salgamos del cine y volvamos a preocuparnos por si la freidora de aire consume mucho.

 

Mi puntuación: 7,75/10.

 

 

 

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Ceux qui veillent (Documental) – 2025 – Karima Saïdi – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

27/05/2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La vida en un cementerio.

 

La directora belga-argelina Karima Saïdi lleva años moviéndose entre el documental de observación y las historias relacionadas con la identidad, la migración y la memoria.

 

En Ceux qui veillent vuelve a demostrar una paciencia infinita para colocar la cámara y esperar a que la vida —o la muerte— haga el resto.

 

No abundan demasiados títulos previos ampliamente conocidos fuera del circuito documental, pero su trabajo ha pasado por diferentes festivales europeos y suele caracterizarse por una mirada muy íntima y contemplativa.

 

Aquí directamente convierte un cementerio de Bruselas en una especie de pequeño universo paralelo donde conviven duelo, costumbre, religión y conversaciones con muertos. 

 

La película ha despertado interés especialmente por su enfoque antropológico y por la delicadeza con la que aborda los rituales funerarios y la convivencia multicultural dentro de un espacio tan peculiar como ese sector reservado a no cristianos en un cementerio belga.

 

Y claro, la película tiene algo hipnótico. Porque uno empieza pensando que va a ver simplemente gente visitando tumbas y acaba metido en un catálogo emocional de cómo cada ser humano procesa la ausencia.

 

Hay quien limpia la lápida como si estuviera encerando el coche antes de pasar la ITV, quien riega flores con una devoción absoluta y quien directamente mantiene discusiones con el fallecido como si el hombre estuviera sentado en el banco de al lado fumándose un puro.

 

La historia de esa mujer hablando con Paolo resulta demoledora y tierna al mismo tiempo. Le recrimina que la haya dejado sola, que la haya abandonado, mientras el hijo intenta sostener emocionalmente la situación con una delicadeza extraordinaria. Ahí el documental encuentra su mejor versión: cuando deja de observar simplemente rituales y empieza a mostrar vínculos humanos profundamente reconocibles. Porque al final todos conocemos a alguien que sigue hablándole a quien ya no está.

 

Eso sí, también hay que decirlo: la película entra en una cierta reiteración. El tono pausado acaba siendo tan pausado que por momentos parece que el tiempo se detiene dentro del cementerio y fuera también.

 

La estructura insiste constantemente sobre las mismas ideas y la sensación de bucle aparece varias veces.

 

Hay espectadores que conectarán profundamente con esa cadencia contemplativa y otros que sentirán que están viendo durante hora y pico la versión existencialista de un señor pasando el plumero.

 

Pero incluso cuando se repite, el documental conserva interés. Sobre todo porque funciona como retrato antropológico de una Europa multicultural donde las diferencias religiosas terminan compartiendo exactamente el mismo destino: una parcela de tierra, unas flores de plástico y familiares intentando sobrevivir a la ausencia como pueden. Y eso, contado sin subrayados ni sentimentalismo barato, tiene bastante mérito.

 

Mi puntuación: 5,55/10.

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Liborio – 2021 – Nino Martínez Sosa – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

26/05/2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El profeta del huracán

 

Nino Martínez Sosa es un cineasta dominicano formado también como montador.

 

Liborio fue su debut en el largometraje y se estrenó mundialmente en el Festival de Rotterdam 2021, dentro de la Tiger Competition.

 

Antes de dirigir, trabajó en montaje y colaboró con Jaime Rosales en películas como Las horas del día, La soledad, Tiro en la cabeza y Sueño y silencio. Vamos, que debutante sí, pero recién bajado del guindo, no. 

 

Liborio también compitió en el Festival de Göteborg y ha circulado por espacios internacionales como New Directors/New Films.

 

En el FCAT 2026 aparece dentro de la retrospectiva “Islas”, dedicada a los territorios insulares africanos y afrodescendientes. 

 

La película recupera la figura de Olivorio Mateo Ledesma, conocido como Papá Liborio, campesino dominicano convertido en líder religioso y mesiánico a comienzos del siglo XX.

 

La historia arranca con su desaparición durante un huracán y su regreso como profeta, sanador y guía de una comunidad que se refugia en las montañas buscando vivir al margen del poder establecido.

 

Todo se complica, claro, cuando aparecen los marines estadounidenses con esa delicadeza imperial tan suya: “venimos a poner orden”, frase que históricamente suele significar “agáchense que repartimos”. 

 

Lo más interesante de Liborio es su estructura coral. Nino Martínez Sosa no cuenta la historia desde un único punto de vista, sino que la va construyendo a través de varias miradas: el propio Liborio, su seguidora y compañera, el joven que se une a la causa, el capitán estadounidense que pretende acabar con el grupo, la joven que contempla el desastre y ese niño salvado por Liborio, que lo mira casi como a una figura milagrosa.

 

Ese cambio de perspectivas es lo que da más fuerza a una película que mezcla campesinado caribeño, espiritualidad popular, cristianismo, secta, resistencia comunitaria y represión colonial.

 

La película se desenvuelve bien, con un tono sobrio y una atmósfera muy pegada a la tierra, al barro, al monte y a esa mezcla de fe, hambre y dignidad que empuja a los personajes.

 

Y al fondo aparece lo de siempre: el poder aplastando a cualquiera que se salga un poco del carril. Porque el opresor, sea local o importado, tiene una alergia tremenda a la gente que decide organizarse por su cuenta.

 

Liborio funciona como relato histórico, como drama espiritual y como denuncia de esa intolerancia que siempre encuentra uniforme, bandera o excusa para justificarse.

 

No es una película fácil ni complaciente, pero sí una obra sólida, singular y con una mirada muy interesante sobre la memoria afrocaribeña.

 

Mi puntuación: 6,65/10.

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Mulata – 2025 – Yarilis Ramos López – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

26/05/2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La mulata que no quería esconderse.

 

Yarilis Ramos López es una cineasta puertorriqueña cuya obra se mueve entre la recuperación de la memoria afrocaribeña, la identidad racial y las heridas históricas del colonialismo en el Caribe.

 

Mulata forma parte de esa corriente de trabajos que intentan rescatar historias silenciadas sobre la negritud y el mestizaje en Puerto Rico, un tema que durante mucho tiempo se intentó esconder debajo de la alfombra como quien barre polvo antes de una visita incómoda.

 

No he encontrado demasiada información sobre filmografía previa extensa ni grandes premios internacionales asociados todavía a Yarilis Ramos López, aunque la presencia de Mulata en el Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger encaja perfectamente dentro de la programación dedicada a las conexiones afrocaribeñas y la memoria colonial.

 

La idea de Mulata es realmente buena. El corto nos sitúa en esa tierra de nadie social donde vivían muchas personas mulatas: rechazadas por el mundo blanco, pero también observadas con distancia por la comunidad negra. Una especie de limbo identitario muy cruel y profundamente colonial.

 

Aquí seguimos a una joven mulata escondida por su hermanastro rico para proteger la respetabilidad familiar y evitar que “se contamine” con la cultura africana. Vamos, el clásico “te escondo por tu bien” que históricamente siempre acaba oliendo regular.

 

Pero claro, la muchacha sale respondona y por las noches se escapa a bailar bomba y a disfrutar de esa cultura negra que late alrededor suyo con mucha más autenticidad que los salones elegantes donde pretenden encerrarla. Y ahí la película tiene momentos interesantes, porque conecta identidad, deseo de libertad y raíces culturales con bastante claridad.

 

El problema gordo llega cuando hablan los actores. Porque las interpretaciones son francamente malas. Pero malas de esas que convierten frases dramáticas en lectura obligatoria de libro de texto un lunes a las ocho de la mañana.

 

No hay prácticamente nadie que termine de resultar convincente y eso acaba lastrando muchísimo una historia que tenía potencial.

 

Es una pena, porque detrás hay una reflexión potente sobre raza, identidad y pertenencia, pero las actuaciones van dejando la película herida escena tras escena.

 

Y fastidia especialmente porque el proyecto apunta maneras. Tiene ideas, tiene contexto histórico y tiene intención.

 

Pero cuando los personajes parecen recitar en vez de vivir lo que les ocurre, la emoción se queda atrapada detrás de los diálogos como un loro intentando salir de la jaula.

 

Mi puntuación: 5,31/10.

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Siempre el mar (Corto de Animación) – 2026 – José Arturo Ballester Panelli – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

26/05/2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Dos minutos bajo el mar y ni un segundo de postureo

 

José Arturo Ballester Panelli es un artista visual y cineasta puertorriqueño vinculado al arte afrocaribeño, la memoria decolonial y la afrodescendencia.

 

En el FCAT 2026 presentó Siempre el mar dentro de la retrospectiva “Islas”, participando además en un coloquio junto a otros trabajos puertorriqueños como Mulata y Liborio.

 

Su obra explora desde hace años las conexiones entre Caribe, memoria africana, imagen, territorio y espiritualidad. (Europa Sur)

 

Sobre premios y nominaciones, no he encontrado datos fiables de galardones específicos para Siempre el mar. Sí consta su presencia en el Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger 2026, dentro de una programación dedicada a las islas africanas y afrodescendientes. (fcat.es)

 

Siempre el mar es lo que en el Fescigu llamaríamos, sin temblarnos el pulso, un requetecorto: dos minutos de animación 2D experimental, de esos que casi terminan antes de que uno haya colocado bien la butaca. Pero en este caso la brevedad juega a favor.

 

No hay tiempo para la dispersión, ni para el rollo solemne, ni para que aparezca el típico símbolo visual que parece sacado de un máster carísimo de arte contemporáneo.

 

El corto funciona como un pequeño homenaje a las personas africanas esclavizadas que fueron llevadas al Caribe y que murieron durante la travesía, arrojadas al mar o tragadas por unas condiciones atroces.

 

José Arturo Ballester Panelli plantea ese fondo marino no solo como tumba, sino como espacio de compañía, transformación y memoria. De hecho, el propio director ha explicado en el FCAT que antes veía el mar como una tumba y ahora lo entiende como un proceso de transformación. (Europa Sur)

 

Es una pieza mínima, sincera y expresiva. No pretende epatar, ni dar una lección con puntero láser, ni convertir dos minutos en una tesis doctoral con algas.

 

Simplemente deja una imagen, una idea y una emoción. Y eso, para un corto tan corto, ya es bastante más de lo que consiguen algunos largos con tres horas y media y ganas de ser eternos.

 

Mi puntuación: 7,55/10.

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Promis le ciel – 2025 – Erige Sehiri – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

26/05/2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Marfileñas en Túnez. El cielo prometido viene sin ascensor y con policía en la puerta

 

Erige Sehiri es una directora y productora franco-tunecina. Empezó en el documental con Railway Men y dio el salto internacional con Entre las higuerasUnder the Fig Trees—, presentada en la Quincena de Cineastas de Cannes y elegida por Túnez para los Oscar. Con Promis le ciel vuelve a Cannes, esta vez abriendo Un Certain Regard 2025. (Festival de Cannes)

 

Promis le ciel cuenta la historia de Marie, pastora marfileña y antigua periodista que vive en Túnez desde hace años. En su casa acoge a Naney, una joven madre que busca una vida mejor, y a Jolie, una estudiante que carga con las esperanzas de su familia. La llegada de una niña superviviente de un naufragio termina de poner a prueba esa pequeña comunidad femenina en un clima social cada vez más hostil. (Festival de Cannes)

 

La película fue seleccionada para abrir la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes 2025, un escaparate nada menor, de esos que no te arreglan la vida pero te ponen alfombra roja debajo de los problemas. (Festival de Cannes)

 

Promis le ciel podría titularse perfectamente Marfileñas en Túnez, porque de eso va: de mujeres llegadas de Costa de Marfil que intentan construir una vida digna en un país donde la dignidad parece necesitar permiso administrativo. La casa de Marie funciona como refugio, iglesia improvisada, pensión emocional y último dique antes del naufragio social.

 

Entre estas tres mujeres se va creando una sororidad muy potente, nada de postal blandita con música de violines, sino una alianza práctica, de supervivencia, de “hoy te sujeto yo y mañana ya veremos quién me sujeta a mí”.

 

La película retrata muy bien ese ambiente cada vez más asfixiante, donde el racismo hacia las personas negras no aparece como una anécdota desagradable, sino como una amenaza constante: institucional, policial y también social. Palizas, persecuciones, miedo a salir a la calle y esa vieja costumbre humana, tan miserable, de cebarse siempre con el más pobre.

 

Lo mejor es que Erige Sehiri no convierte la denuncia en sermón, aunque tenga una pastora en pantalla.

 

La película funciona como drama, como testimonio y como retrato de mujeres atrapadas en una intemperie moral bastante feroz.

 

Las actrices están estupendas, hay mucha química entre ellas y la historia avanza con una fuerza que engancha.

 

Un drama real, necesario y muy bien interpretado. De esos que no piden permiso para doler.

 

Mi puntuación: 7,78/10.

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Aimé Césaire. Un homme une terre (Mediometraje Documental) – 1977 – Sarah Maldoror – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

26/05/2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando un poeta te da una masterclass y tú solo querías sentarte un rato

 

Sarah Maldoror fue una de las grandes figuras del cine africano y anticolonial, aunque durante décadas haya estado bastante menos reivindicada de lo que merecía.

 

Nacida en Francia y vinculada cultural y políticamente a África y el Caribe, desarrolló una filmografía profundamente comprometida con las luchas de liberación y la identidad negra.

 

Su obra más conocida probablemente sea Sambizanga (1972), considerada una pieza fundamental del cine africano, centrada en la lucha anticolonial en Angola.

 

También dirigió trabajos como Monangambé (1969) o este mediometraje documental Aimé Césaire. Un homme une terre, donde vuelve a demostrar que lo suyo no era precisamente el cine ligero para desconectar después de cenar.

 

El documental recupera la figura de Aimé Césaire, poeta, político martiniqués y una de las voces fundamentales del movimiento de la negritud, además de autor del célebre Discurso sobre el colonialismo, texto que sigue repartiendo bofetadas intelectuales casi setenta años después de escribirse.

 

La película mezcla entrevistas, conversaciones y reflexiones del propio Césaire con imágenes de Martinica, fragmentos poéticos e incluso inserciones teatrales relacionadas con La tragedia del rey Christophe, una de sus obras más importantes.

 

Y claro, aquí llega el pequeño problema: el documental es apasionante… pero también agotador.

 

El discurso de Césaire es brillantísimo, afilado y lleno de ideas potentísimas sobre colonialismo, identidad y memoria histórica.

 

El hombre hablaba como si cada frase estuviera preparada para acabar subrayada en un libro universitario. Pero la acumulación constante de diálogo, poesía, reflexión política y teatralización termina convirtiendo el mediometraje en una experiencia bastante densa. De esas en las que uno empieza muy atento y termina mirando de reojo cuánta gente queda en la sala.

 

Y sí, la sala se fue vaciando poco a poco hasta quedar un pequeño grupo de resistentes culturales, probablemente ya unidos por el síndrome de supervivencia cinéfila del festivalero veterano.

 

Porque esto no es un documental pensado para entretener precisamente. Es más bien una inmersión intensa, casi apabullante, en el pensamiento de un intelectual enorme. Un bombardeo continuo de ideas que a ratos deslumbra y a ratos deja la cabeza como si hubiera pasado un camión lleno de tesis doctorales por encima.

 

Aun así, tiene valor precisamente por eso. Porque no simplifica a Césaire, no lo convierte en una figurita decorativa para festival elegante y tampoco rebaja la complejidad de su pensamiento. Y eso, aunque exija cafeína y resistencia física, también tiene bastante mérito.

 

Mi puntuación: 5,55/10.

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Nos îles (Corto Documental)- 2023 – Aliha Thalien – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

26/05/2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Martinica no sale en los catálogos de Viajes El Corte Inglés

 

Aliha Thalien se mueve en Nos îles entre el documental observacional y la docuficción con una propuesta pequeña, sencilla y bastante honesta.

 

No hay demasiada información pública sobre su filmografía previa, algo relativamente habitual en muchos de los nuevos cineastas que circulan por festivales especializados y circuitos alternativos.

 

Aquí apuesta por un retrato íntimo y cotidiano de la isla de Martinica, alejándose completamente de la postal turística de playa paradisíaca con cóctel y sombrillita. Menos anuncio de ron y más sensación de vida real.

 

El corto ha pasado por el circuito de festivales vinculado al cine africano y caribeño, encajando especialmente bien en esta edición del Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger, donde el concepto de las islas y la conexión histórica entre África y el Caribe está muy presente.

 

Martinica aparece aquí como una extensión cultural y emocional de esa memoria africana dispersa por el Atlántico a golpe de colonialismo, esclavitud y diáspora. Vamos, que debajo de las palmeras también hay historia bastante dura.

 

Y luego está el corto en sí, que funciona precisamente porque no intenta ponerse trascendental ni hacer un máster acelerado de teoría poscolonial para espectadores agotados después de tres películas seguidas en el festival.

 

Nos îles arranca con planos fijos de Martinica que no buscan el “qué bonito todo”, sino algo más terrenal y cotidiano. No hay filtros de Instagram ni puestas de sol de influencer motivacional.

 

Después aparecen esos jóvenes hablando en la playa sobre lo que significa vivir en una isla, sobre esa sensación de aislamiento, pertenencia y espíritu isleño que parece generar una identidad propia casi inevitable.

 

El resultado es un corto modesto, sin grandes artificios técnicos ni narrativos, pero bastante agradable de ver.

 

Tiene algo de conversación improvisada entre amigos mientras el mar suena detrás y uno piensa que vivir en una isla debe ser maravilloso hasta que llega el ferry con retraso tres días seguidos.

 

Funciona precisamente por esa naturalidad y por no intentar vender humo intelectual envuelto en música solemne.

 

A veces un corto simplemente necesita observar, escuchar y dejar respirar a sus personajes. Y aquí eso ocurre bastante bien.

 

Mi puntuación: 6,55/10.

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Aicha (Corto) – 2025 – Sanaa El-Alaoui – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

25/05/2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El dolor, la culpa y las madres que llegan tarde

 

La directora marroquí Sanaa El Alaoui firma con Aicha un corto que mezcla drama psicológico, rituales místicos y elementos cercanos al terror emocional. Formada en Budapest y Oxford, la cineasta ya había llamado la atención con el documental Icarus, premiado en varios festivales internacionales. (festivalrabat.ma)

 

El corto ha pasado por festivales como el Krakow Film Festival, SXSW London o el Brooklyn Film Festival, y ha recibido elogios por su mezcla de imagen real, animación y elementos documentales ligados a ceremonias gnawa reales. (mad-distribution.film)

 

La historia sigue a una adolescente de 17 años marcada por la distancia emocional con su madre y por un acontecimiento traumático que rompe completamente la relación entre ambas. A partir de ahí, la película se adentra en un terreno casi espiritual donde el duelo, la culpa y la pérdida se mezclan con rituales y visiones bastante inquietantes.

 

Un corto breve, intenso y visualmente muy trabajado que confirma que el cine marroquí contemporáneo está entrando cada vez más en terrenos híbridos y arriesgados. Y sinceramente, se agradece bastante que alguien haga terror emocional en vez de otro susto con un armario que se abre solo. 

 

Mi puntuación: 6,55/10.

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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L´mina (Corto) – 2025 – Randa Maroufi – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

25/05/2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Carbón, polvo y poesía minera

 

Hay documentales sociales que parecen un reportaje de telediario y otros que intentan convertir la realidad en algo casi fantasmal. L’mina pertenece claramente al segundo grupo. Porque aquí las minas ilegales de carbón de Jerada no solo se muestran: casi se convierten en una especie de escenario teatral del sufrimiento obrero.

 

La cineasta marroquí Randa Maroufi, especializada en trabajos híbridos entre documental, instalación artística y recreación visual, lleva años explorando la memoria colectiva y las dinámicas sociales en Marruecos.

 

Entre sus trabajos más conocidos están Le Park y Bab Sebta, donde ya mezclaba realidad y puesta en escena con bastante personalidad.

El corto ha pasado por importantes festivales de cine experimental y documental contemporáneo, donde se ha valorado mucho precisamente esa capacidad para convertir una realidad durísima en una experiencia visual casi poética.

 

Y eso es exactamente lo que hace aquí.

 

La película nos lleva a Jerada, localidad minera marroquí donde la extracción oficial de carbón terminó en 2001… oficialmente. Porque la necesidad económica tiene la mala costumbre de ignorar los decretos gubernamentales. Así que las minas siguen funcionando de manera informal mientras los trabajadores continúan jugándose literalmente la vida bajo tierra.

 

Lo interesante es que L’mina no busca un realismo puro. Recrea muchas situaciones junto a los propios habitantes de la localidad, que interpretan sus propios papeles dentro de una escenografía cuidadosamente construida. Y ahí aparece esa dimensión casi fantasmal y poética del corto, donde la realidad parece suspendida entre documental social y representación teatral.

 

Un trabajo breve, muy visual y bastante poderoso. Porque a veces unas cuantas imágenes llenas de polvo negro explican mejor la precariedad que veinte discursos políticos.

 

Mi puntuación: 6,55/10.

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Les jardins du paradis (Corto) – 2025 – Sonia Terrab – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

25/05/2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Buscando al marido perdido para firmar un triste papel

 

A veces el verdadero cine social no necesita grandes discursos políticos ni escenas lacrimógenas. Le basta con enseñarte a una madre intentando conseguir una firma absurda mientras el sistema le recuerda constantemente que, legalmente, vale menos que un señor desaparecido hace años. Y eso es exactamente lo que hace Les jardins du paradis.

 

La directora marroquí Sonia Terrab, conocida también por su trabajo como escritora y periodista, sigue explorando en su cine las contradicciones sociales y especialmente la situación de las mujeres en Marruecos.

 

Su obra suele moverse entre lo íntimo y lo político sin necesidad de levantar demasiado la voz. Y aquí vuelve a hacerlo con bastante sensibilidad.

 

El corto ha pasado por distintos festivales internacionales de cine africano y árabe contemporáneo, donde ha destacado especialmente por su mirada humanista y por la fuerza emocional de su protagonista.

 

La historia sigue a Naima, una mujer que vive con su hijo de 11 años en un barrio chabolista de las afueras de Casablanca. Todo arranca cuando necesita cambiar al niño de colegio y descubre que necesita obligatoriamente la firma del padre. Problema pequeño: el padre desapareció hace tiempo, abandonó a la familia y, según va descubriendo ella, parece haber ido dejando parejas e hijos como quien reparte folletos publicitarios.

 

La película funciona muy bien porque convierte un simple trámite administrativo en un retrato demoledor de una legislación profundamente machista. Ese tipo de leyes donde el hombre puede evaporarse tranquilamente mientras la mujer sigue atrapada burocráticamente en su sombra. Muy moderno todo.

 

Además, hay que destacar la estupenda interpretación de la actriz protagonista, que sostiene todo el corto con una mezcla de cansancio, dignidad y rabia contenida que termina llegando muchísimo.

 

Un relato breve, muy bien construido y sinceramente emocionante. De esos cortos pequeñitos que terminan tocando bastante la patata sin necesidad de manipular al espectador. 

 

Mi puntuación: 8,57/10.

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Samra´s dollhouse (Corto) – 2025 – Maissa Lihedheb – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

25/05/2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Tinder emocional para gente con demasiada imaginación

 

Hay personas que tras un desengaño amoroso se apuntan al gimnasio, otras se compran un perro y otras se ponen canciones de desamor mirando la lluvia por la ventana. Y luego está la protagonista de Samra’s Dollhouse, que directamente decide fabricarse una historia romántica paralela en su cabeza con más fantasía que una sobremesa viendo telenovelas turcas.

 

La directora tunecina Maïssa Lihedheb firma este cortometraje de apenas doce minutos mezclando comedia amarga, fantasía romántica y cierta tristeza emocional bastante reconocible.

 

Lihedheb ha trabajado sobre todo en cortos y proyectos audiovisuales vinculados al cine independiente tunecino contemporáneo, explorando especialmente personajes femeninos atrapados entre deseo, frustración y ficción emocional.

 

El corto ha circulado por festivales dedicados al cine árabe y africano emergente, donde se ha valorado especialmente su tono ligero y su capacidad para jugar con la frontera entre realidad e imaginación.

 

La protagonista, Samra, es una productora de cine que arrastra un desengaño sentimental importante y que de repente se obsesiona emocionalmente con un joven actor. A partir de ahí construye una relación tan falsa como un billete de seis euros, pero tan intensamente soñada que casi consigue convencer también al espectador.

 

La gracia del corto está precisamente en esas ensoñaciones, esas fantasías románticas absurdas y surrealistas que convierten a Samra en protagonista de una especie de película romántica inventada por su propia cabeza. Porque a veces el cerebro humano, cuando se siente solo, escribe guiones peores que los de Netflix en domingo por la tarde.

 

El corto resulta entretenido, ligero y simpático, aunque debajo del humor hay bastante melancolía escondida.

 

Y además tiene algo muy reconocible: todos, en algún momento, hemos maquillado un poco la realidad para que pareciera una historia de amor mejor de lo que realmente era. Algunos incluso se casan así.

 

Mi puntuación: 6,74/10.

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Sous les ruines (Corto) – 2025 – Nadhir Bouslama – Festival de Cine Africano Tarifa-Tánger (FCAT) 2026 – @FCAT_CineAfrica – #FCAT2026

25/05/2026

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El primo triste que fumaba más que hablaba

 

Hay películas donde el amor imposible se expresa con grandes discursos, abrazos bajo la lluvia y música de violines. Y luego está Sous les ruines, donde el amor frustrado consiste básicamente en miradas incómodas, silencios eternos, cigarrillos encadenados y un señor que parece llevar tres días alimentándose exclusivamente de nicotina y melancolía.

 

El director tunecino Nadhir Bouslama firma aquí un corto delicado, sobrio y bastante elegante, muy centrado en las emociones contenidas y en todo aquello que nunca llega a decirse del todo. Bouslama pertenece a esa nueva generación de cineastas magrebíes interesados en la identidad, el desarraigo y las relaciones familiares marcadas por la emigración.

 

Hasta ahora había trabajado sobre todo en el terreno del cortometraje y el documental híbrido, explorando cuestiones relacionadas con la diáspora tunecina en Europa.

 

El corto ha pasado por varios festivales internacionales especializados en cine árabe y africano contemporáneo, donde se ha valorado especialmente su capacidad para trabajar las emociones desde la contención y el detalle cotidiano más que desde el melodrama explícito.

 

Y la verdad es que funciona bastante bien.

 

La historia sigue a Hedi, un sudoroso y tristón emigrante que regresa a Túnez desde la periferia de París, donde queda bastante claro que su vida no es precisamente una fiesta continua. No hace falta que nadie explique demasiado: basta verle la cara, cómo fuma y cómo deambula por las escenas para entender que la felicidad no ha firmado contrato con él desde hace bastante tiempo.

 

Allí se reencuentra con su prima Salma, que está a punto de casarse. Y rápidamente se percibe que entre ambos hubo algo más que una simple relación familiar. Hay una tensión emocional soterrada, un deseo frustrado, una historia que probablemente nunca llegó a empezar del todo y que ahora regresa convertida en nostalgia y resignación.

 

La película juega muy bien precisamente con eso: con lo no dicho.

 

Con las miradas largas. Con los silencios incómodos. Con esa sensación universal de volver demasiado tarde a los sitios importantes de la vida. Porque Hedi tiene un aire permanente de hombre derrotado por sus propias decisiones, por el tiempo y probablemente por París, que últimamente en el cine europeo parece una fábrica oficial de depresión existencial.

 

Además, el corto incorpora una parte costumbrista bastante interesante alrededor de la boda tunecina y de todos sus rituales familiares y sociales. Hay algo casi antropológico en cómo observa las reuniones, la música, la comida, las dinámicas familiares y el peso de las tradiciones. Y eso le da bastante riqueza al conjunto.

 

Y luego está el tema alimenticio.

 

Porque sinceramente, durante buena parte del corto da una angustia tremenda ver a Hedi fumar continuamente mientras apenas prueba bocado. Uno acaba con ganas de meterle un bocadillo en la mano y decirle: “Vamos a ver, hijo mío, que con tres cigarrillos y media aceituna no se puede sostener una depresión de este nivel”.

 

Pero precisamente esa dejadez física del personaje ayuda mucho a construir su estado emocional. Está consumido por dentro y por fuera. Y el corto lo transmite muy bien sin necesidad de grandes explicaciones.

 

Un trabajo pequeño, sensible y bien narrado que habla de emigración, deseo reprimido y oportunidades perdidas con bastante honestidad y sin caer en excesos melodramáticos.

 

A veces el cine más triste no necesita lloros. Le basta con un cenicero lleno y una boda que llega diez años tarde.

 

Mi puntuación: 7,56/10.

 

 

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