

Cutrecomentario de Ramón:
El amor que permanece: divorciarse en Islandia, con cuatro estaciones, vino de más y gemelos desatados
Hlynur Pálmason es uno de los nombres clave del cine islandés actual. Cineasta y artista visual, debutó en el largometraje con Winter Brothers y continuó con Un blanco, blanco día y Godland.
Su cine es físico, naturalista y muy atento al paisaje y al paso del tiempo.
Le interesan más los gestos, los silencios y las pequeñas rutinas que el drama subrayado.
Vamos, que no tiene prisa… y sabe perfectamente lo que hace.
La película se presentó en la sección Cannes Première, fue elegida por Islandia para representar al país en los Óscar —aunque no consiguió la nominación— y recibió una mención especial en el Festival de Gante.
Además, Panda, el perro de la familia, ganó la Palm Dog en Cannes. Al menos alguien salió del divorcio con premio.
La pareja no funciona. Hace tiempo que dejó de funcionar. Anna y Magnús, recién separados, intentan mantener cierta normalidad alrededor de sus tres hijos.
Ella continúa con los niños en la casa familiar mientras él pasa largas temporadas trabajando en el mar.
A lo largo de las cuatro estaciones asistimos al desmoronamiento tranquilo, pero imparable, de lo que queda de su relación.
Hlynur Pálmason construye la película mediante escenas pequeñas, cotidianas y casi domésticas, como si filmarlas pudiera salvarlas del olvido y conservarlas en un álbum familiar imaginario.
El amor que permanece es sencilla desde el punto de vista narrativo, muy costumbrista y muy de observar cómo respiran los personajes.
A veces resulta ridícula, otras simpática y en ocasiones simplemente incómoda. Como la vida misma.
Todos los personajes tienen una personalidad bien definida. Hay momentos abiertamente cómicos y otros en los que el drama asoma sin avisar, se sienta en la cocina y decide quedarse.
En algunos pasajes, esa pareja rota recuerda inevitablemente al cine de Ingmar Bergman. Sí, ese.
En otros, la comicidad corre por cuenta de los dos gemelos, una especie de Zipi y Zape islandeses capaces de llevar la película hacia situaciones grotescas y realmente divertidas.
También resulta muy interesante su retrato del mundo del arte: los marchantes, las poses, el desprecio hacia quien intenta ser original y esa escena gloriosa —y dolorosa— del galerista defendiendo su consumo de más de un litro de vino al día. Absolutamente ridículo. La incomodidad de Anna termina siendo exactamente la del espectador.
Y ojo con Saga Garðarsdóttir, nombre complicado donde los haya. Está estupenda: tiene presencia, verdad y una naturalidad extraordinaria. Para mí, una joya del cine islandés actual.
El amor que permanece es una película pequeña, irregular por momentos, pero muy honesta; a veces muy divertida y otras dolorosamente reconocible.
Como el amor cuando ya no sabe muy bien qué hacer para seguir existiendo.
Mi puntuación: 7,67/10.

Dirigido por Hlynur Pálmason:
Ficha: En este enlace.
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Muchos besos y muchas gracias.
¡Nos vemos en el cine!

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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares
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