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La buena hija – 2025 – Júlia de Paz – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

13/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando papá es un manual de toxicidad con patas

 

La directora Júlia de Paz es una cineasta catalana que ya había llamado la atención con su primer largometraje, Ama (2021), un drama social muy seco y contundente sobre la maternidad precaria que pasó por festivales como Rotterdam y Málaga y que consolidó su mirada hacia personajes femeninos en situaciones límite.

 

Antes había dirigido varios cortometrajes, entre ellos Harta (2020), donde ya exploraba temas de violencia y vulnerabilidad.

 

Con La buena hija (2025) vuelve a ese territorio incómodo: el de las relaciones familiares rotas y las dinámicas de poder dentro del hogar.

 

 

Cutrecomentario

 

La buena hija cuenta una historia que, por desgracia, no suena a ciencia ficción.

 

La película nos coloca en la cabeza de una niña de doce años, interpretada por Kiara Arancibia, que observa cómo el matrimonio de sus padres se desmorona.

 

Y lo vemos todo desde su punto de vista, que es una idea narrativa bastante inteligente, porque cuando uno es niño muchas cosas parecen confusas… hasta que dejan de serlo.

 

El padre está interpretado por Julián Villagrán, y el personaje es de esos que cuando aparece en pantalla ya te dan ganas de esconder la cartera. Un tipo tóxico, manipulador, de esos que parecen simpáticos cinco minutos pero que en realidad son un manual de maltrato emocional con patas.

 

Villagrán, además, está estupendo: consigue que el personaje resulte inquietante sin necesidad de sobreactuar.

 

La madre, interpretada por Janet Novás, se mueve en un terreno más contenido, intentando sostener una situación que se le va escapando de las manos.

 

Y luego aparece Petra Martínez, que directamente se come la película cada vez que sale. Tiene ese talento raro de actriz veterana que entra en plano y automáticamente sube el nivel de todo.

 

La película avanza poco a poco, mostrando cómo ese padre que a ratos parece convincente —sobre todo para su propia hija— va dejando ver su verdadera cara.

 

Ese proceso de desenmascaramiento está contado con bastante cuidado: la niña tarda en entender lo que ocurre, pero el espectador lo va viendo venir desde antes.

 

Es decir, la tensión está en cuándo se va a romper el espejismo.

 

El gran acierto de la película es precisamente ese punto de vista infantil.

 

La cámara y la narración se colocan al lado de la niña, y eso convierte lo que podría haber sido un drama familiar más en algo bastante más incómodo y cercano.

 

Porque todos hemos visto —o intuido— situaciones en las que un adulto manipula a un niño emocionalmente.

 

No es una película especialmente amable ni busca serlo. Es más bien de esas que te dejan con el cuerpo un poco torcido al salir del cine. Pero está bien construida, bien interpretada y tiene momentos muy potentes. Y, sobre todo, tiene a Petra Martínez, que cuando aparece parece decir: “Tranquilos, chavales, que aquí estoy yo para arreglar la escena”.

 

Un drama familiar incómodo, bien interpretado y contado con una mirada bastante lúcida.

 

No es precisamente cine para salir del cine bailando sevillanas, pero funciona.

 

Y deja claro que a veces el monstruo de la película no necesita maquillaje: le basta con ser papá.

 

Mi puntuación: 7,55/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Miércoles 11 de marzo en el Festival de Málaga: cine, churros malagueños y un proyector que decidió tomarse el día libre – Gema Santamaría – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga Search

12/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Miércoles 11 de marzo en el Festival de Málaga: cine, churros malagueños y un proyector que decidió tomarse el día libre

 

Crónica del Festival de Málaga 29 (2026)

 


Por Gema Santamaría

Crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria.

 

El día amanece soleado y luminoso en Málaga, aunque el frío sigue siendo protagonista de esta edición del festival, algo poco habitual para quienes llevan años acudiendo a esta cita. El sol engaña: parece primavera, pero el aire recuerda más bien a un invierno rezagado que se resiste a marcharse.

 

La primera sesión de la mañana nos lleva a los cines Albéniz con Yo no moriré de amor, el debut en el largometraje de Marta Matute. La película aborda una historia profundamente personal: el proceso de deterioro de una madre afectada por demencia frontotemporal visto desde los ojos de su hija adolescente.

 

La demencia frontotemporal es una enfermedad neurodegenerativa distinta al Alzheimer. Suele aparecer antes, en edades preseniles —a menudo antes de los 50 años— y se caracteriza por cambios de personalidad, alteraciones conductuales y, en fases avanzadas, síntomas motores. La película recorre más de cinco años de evolución de la enfermedad, mostrando cómo se va desmoronando la vida familiar.

 

En pantalla destacan Sonia Almarcha, que interpreta a la madre enferma con una mezcla de fragilidad y desconcierto que resulta muy convincente; Laura Weissmahr como la hija mayor; y Tomás del Estal, que encarna al padre con una sobriedad emocional muy efectiva.

 

Durante la rueda de prensa posterior, Marta Matute explica que la película nace de su propia experiencia: primero la enfermedad de su madre —ya fallecida— y actualmente la de su padre. Esa vivencia personal impregna la película de una autenticidad que se percibe en cada escena.

 

Al salir a la calle ocurre una de esas pequeñas casualidades que solo pasan en los festivales. Nos encontramos con Tomás del Estal, que se acerca con curiosidad para preguntar qué nos ha parecido la película. Charlamos un rato con él. Se muestra cercano, amable, incluso divertido. Y la anécdota no termina ahí: después de comer volvemos a cruzarnos con él y vuelve a saludarnos con la misma cordialidad. Un detalle de los que hacen simpática la vida festivalera en Málaga.

 

Entre película y película, la mañana pide una pausa gastronómica. El destino: Tejeringos, una cafetería ya casi institucional en Málaga. Allí probamos los famosos tejeringos, una especialidad local que podríamos describir como un punto intermedio entre el churro clásico y la porra madrileña: más grandes que los churros, pero menos gruesos que las porras. Con chocolate caliente, en una mañana fresca, saben a gloria.

 

La segunda película del día es Pizza Movies, dirigida por Carlo Padial y protagonizada por Berto Romero y la cómica catalana Judith Martín. El reparto incluye también a nombres tan conocidos como Joaquín ReyesBruna CusíRaúl Arévalo o Tamar Novas.

 

La premisa es tan absurda como divertida. Judith Martín interpreta a una crítica de cine que, ante la precariedad laboral del sector —ese tema que tantos conocemos— decide abrir una pizzería temática dedicada al cine. Así nacen pizzas como la “ET”, la “Casablanca” o la “Psicosis”. Para el reparto a domicilio contrata a otros críticos de cine en paro o mal pagados, porque —según la lógica del guion— nadie mejor que ellos para repartir cultura cinematográfica… aunque sea en cajas de cartón con mozzarella.

 

La película funciona como una sátira bastante acertada sobre el estado actual de la crítica cinematográfica, el poder de las redes sociales, la precariedad cultural y el caos del ecosistema mediático contemporáneo. Todo ello envuelto en un tono de comedia que, en muchos momentos, resulta francamente divertido.

 

Tras una comida generosa —en la que quien firma estas líneas se anima con un plato de habichuelas malagueñas— la jornada da un giro inesperado. La película de la tarde no puede proyectarse: una avería eléctrica deja fuera de combate los proyectores de los cines Albéniz. En un festival donde cada minuto está milimetrado, el caos se instala durante unas horas.

 

Para llenar ese vacío improvisado, nos acercamos al Rectorado de la Universidad de Málaga, donde se presenta el teaser de un proyecto cinematográfico titulado Complot. En realidad no es todavía una película, sino un adelanto pensado para atraer financiación. Entre los participantes aparece Rodrigo Sancho, hijo del mítico actor Sancho Gracia y hermano de Rodolfo Sancho.

 

La charla está moderada por el agitador cultural Luis Alegre, que aporta su habitual entusiasmo a la conversación. El acto resulta curioso y sirve, al menos, para salvar parcialmente la tarde.

 

Intentamos asistir a la siguiente proyección programada, una película latinoamericana de la sección oficial, La hija del Cóndor, pero el proyector sigue averiado. Plan B.

 

Nos desplazamos entonces al Auditorio Picasso, cercano también a los Albéniz, donde se proyecta el mediometraje documental El inventor del cine invisible, dirigido por Manuel Jiménez Núñez.

 

El documental es un homenaje a Guillermo Jiménez  Smerdou, uno de los periodistas cinematográficos más longevos de España. Durante casi ocho décadas escribió miles de críticas y artículos y mantuvo durante más de treinta años un popular programa radiofónico titulado El cine invisible.

 

El formato era fascinante: tras ver las películas varias veces, redactaba un guion que permitía recrearlas en la radio. Un locutor narraba la acción, reproducía diálogos y describía movimientos o situaciones cuando no había palabras. Una especie de cine sin imágenes que acompañó a generaciones de oyentes.

 

El documental prescinde de narrador omnisciente y construye su relato a través de testimonios de personas que lo conocieron o han investigado su trayectoria. Solo al final aparece el propio Guillermo Jiménez Smerdou, hablando de su vida y de su trabajo en unas imágenes que tienen algo de documento histórico.

 

El acto está presentado por el director del festival, Juan Antonio Vigar, cuenta también con la presencia del alcalde de Málaga y con la participación de uno de sus hijos que recibe en nombre de su padre la Biznaga de Honor de manera póstuma y reseña la figura de su padre en discurso muy emotivo. El coloquio posterior lo modera Mirito Torreiro, historiador del cine español y coordinador de la sección documental del festival desde sus inicios.

 

Mirito Torreiro es un personaje peculiar. Nació en Ferrol, pero pasó muchos años viviendo en Montevideo, en Uruguay. De ahí ese acento rioplatense que sorprende a quienes lo escuchan por primera vez. Durante el encuentro tenemos ocasión de saludarlo y conversar brevemente con él: un auténtico placer.

 

La jornada termina acompañados por un grande del cine español, el académico Carlos Taillefer. Conoce todos los entresijos de la Academia de Cine y también los del propio Festival de Málaga, al que lleva asistiendo desde sus inicios.

 

La noche cae fría sobre la ciudad. Ha sido un día extraño: cine, churros-porras, improvisaciones y proyectores rebeldes. Pero así son los festivales. A veces el mejor guion no está en la pantalla, sino en lo que ocurre entre película y película.

 

Por Gema Santamaría

Crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria.

 
 
 
 

 

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El inventor del cine invisible (Mediometraje) (Documental) – 2025 – Manuel Jiménez Núñez – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

12/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El crítico que contaba películas por la radio (cuando Netflix era la imaginación)

 

Sobre el director

 

Manuel Jiménez Núñez es periodista y realizador vinculado a la historia del cine y de los medios de comunicación en Málaga.

 

Con El inventor del cine invisible se adentra en el terreno del documental biográfico para rescatar una figura muy particular del periodismo cinematográfico español.

 

No hay una filmografía especialmente extensa como director de cine conocida públicamente, pero su trayectoria está muy ligada al ámbito cultural y periodístico malagueño.

 

Este mediometraje funciona casi como un trabajo de arqueología cultural: recuperar una figura que, paradójicamente, fue muy famosa en su momento y hoy casi nadie recuerda.

 

 

Cutrecomentario

 

El inventor del cine invisible es uno de esos documentales que empiezan pareciendo una curiosidad histórica… y acaban convirtiéndose en un retrato bastante emocionante de una época.

 

El protagonista es Guillermo Jiménez Smerdou, probablemente uno de los críticos de cine más longevos de Europa.

 

El hombre estuvo escribiendo críticas cinematográficas hasta los 98 años, y a lo largo de su vida publicó más de 8000 críticas además de miles de artículos y reportajes. Vamos, que si hubiera tenido cuenta en FilmAffinity habría roto el contador.

 

Pero lo verdaderamente fascinante de su historia no es solo su longevidad profesional, sino un invento radiofónico absolutamente genial: el programa El cine invisible.

 

La idea era tan simple como brillante. Jiménez Smerdou iba al cine, veía la película dos veces y tomaba notas detalladas. Después escribía un guion en el que reconstruía la película escena a escena.

 

Un locutor lo leía por la radio y los oyentes podían “ver” la película… sin verla.

 

Cuando había diálogos se reproducían, y cuando no los había, Jiménez Smerdou describía lo que ocurría: cómo se movían los actores, qué hacía la cámara, qué pasaba en pantalla.

 

Vamos, que inventó el Netflix… pero solo con palabras y mucha imaginación.

 

El programa tuvo un éxito enorme y fue escuchado durante décadas por miles de oyentes malagueños. En una época sin streaming, sin VHS, sin YouTube y sin nada de nada, aquello era casi magia.

 

El documental está construido con testimonios de investigadores de la historia de la radio, familiares, amigos y gente que lo conoció bien.

 

Poco a poco se va componiendo el retrato de un periodista absolutamente vocacional, de los que vivían el cine como una religión.

 

El momento más potente llega al final, con una larga entrevista que Manuel Jiménez Núñez le realiza al propio Guillermo Jiménez Smerdou. Es uno de esos momentos donde el documental se detiene y deja hablar al personaje, que resulta ser tan interesante como entrañable.

 

Tristemente, Jiménez Smerdou no llegó a ver terminado el documental, ya que falleció antes de su estreno.

 

El Festival de Málaga quiso rendirle homenaje con una Biznaga honorífica, recogida por su hijo en un acto muy emotivo celebrado en el Museo Picasso. Allí estuvieron presentes el alcalde de Málaga, el director del festival y el crítico Mirito Torreiro, uno de los grandes especialistas españoles en cine documental.

 

El inventor del cine invisible no es un documental espectacular ni pretende serlo. Pero tiene algo mucho más valioso: rescata a uno de esos personajes que demostraban que amar el cine no siempre significa hacer películas… a veces también significa contarlas.

 

Y contarlas tan bien que la gente podía verlas con los ojos cerrados. 🎬📻

 

Mi puntuación: 7,55/10.

 

 

 

 

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Pizza Movies – 2026 – Carlo Padial – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

12/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Críticos en paro, pizzas cinéfilas y un mundo dominado por los tuiteros

 

 

Sobre el director

 

Carlo Padial es uno de los nombres más peculiares del humor audiovisual español.

 

Director, guionista, escritor y agitador cultural, lleva años moviéndose entre el cine, internet y la comedia absurda.

 

Su obra suele jugar con la sátira, el meta-humor y la cultura pop.

 

Entre sus trabajos más conocidos están Algo muy gordo (2017), una especie de experimento inclasificable sobre el fracaso de hacer una película con Berto Romero, y Doctor Portuondo (2021), serie de culto basada en el libro autobiográfico de Carlo Padial.

 

También ha trabajado como guionista y creador en televisión y en proyectos vinculados al universo cómico de Berto Romero y Andreu Buenafuente.

 

Con Pizza Movies vuelve a ese territorio donde la comedia absurda se mezcla con la cultura cinéfila y la crítica al ecosistema cultural actual.

 

 

Cutrecomentario

 

Pizza Movies es una de esas películas que salen del Festival de Málaga con una misión clara: hacer reír. Y lo consigue. Bastante, además.

 

La historia gira alrededor de una crítica de cine interpretada por Judith Martín, que descubre que su profesión se ha ido al garete después de la pandemia.

 

Antes la gente leía críticas largas, razonadas, sesudas… ahora la gente mira un tuit de dos líneas o un vídeo de TikTok donde un influencer dice “peliculón” o “truño”. Fin del análisis cinematográfico.

 

Ante ese panorama laboral digno de un drama social… decide montar una pizzería temática cinéfila.

 

Sí, tal cual.

 

Una pizzería donde las pizzas pueden llevar la cara de Psicosis, Casablanca o E.T., el extraterrestre.

 

La idea es maravillosa: si la crítica de cine no da dinero, pues al menos que lo den las pizzas con forma de clásicos del cine.

 

Para el reparto a domicilio contrata a lo mejor del mercado laboral disponible: críticos de cine en paro.

 

El otro gran protagonista es Berto Romero, que interpreta a uno de esos personajes que parecen vivir siempre un poco descolocados respecto al mundo real. Algo que Berto Romero hace especialmente bien: tipos medio perdidos, medio ingenuos, medio neuróticos, pero siempre muy humanos.

 

La película se mueve en ese territorio satírico donde Carlo Padial se encuentra comodísimo.

 

Hay bromas sobre el oficio de crítico, sobre el amor al cine, sobre los derechos de autor, sobre la justicia y sobre esa sensación de que hoy en día cualquiera con un móvil se convierte en prescriptor cultural aunque no tenga ni idea de lo que está hablando.

 

Por ahí aparecen también secundarios muy jugosos como Joaquín Reyes, Raúl Arévalo, Tamar Novas o Bruna Cusí, que interpreta a la psicóloga de un hijo que empieza a desarrollar ciertos problemas derivados del caos emocional de sus padres.

 

La película está llena de gags, comentarios meta-cinematográficos y momentos bastante disparatados. Pero lo mejor es que debajo de la comedia hay una reflexión bastante certera sobre la precariedad cultural actual.

 

Porque sí, nos reímos mucho… pero el retrato del crítico de cine convertido en repartidor de pizzas tampoco es que esté tan lejos de la realidad.

 

Y hay una regla de oro en la crítica cinematográfica que conviene recordar: si una película te hace reír, mejor no decir que es mala.

 

Pizza Movies no pretende cambiar la historia del cine. Pero durante hora y media te lo pasas muy bien. Y eso, en un festival donde también hay mucho drama existencial, se agradece casi tanto como una pizza recién salida del horno. 🍕🎬

 

Mi puntuación: 7,67/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Yo no moriré de amor – 2026 – Marta Matute – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

12/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando tu adolescencia se choca contra la demencia (y no hay manual de instrucciones)

 

Sobre la directora

 

Marta Matute debuta en el largometraje con Yo no moriré de amor, una ópera prima muy personal que ella misma escribe y dirige.

 

Licenciada en Comunicación Audiovisual y formada también en interpretación, el proyecto de esta película pasó por varias incubadoras y laboratorios de desarrollo del cine español y obtuvo el Premio SGAE de Guion Julio Alejandro en 2021.

 

Antes de este largo había dirigido el cortometraje Una amiga (2023).

 

La película nace además de una experiencia personal de la propia directora relacionada con la enfermedad de su madre, lo que explica el tono íntimo y muy vivido de la historia. 

 

Cutrecomentario

 

Yo no moriré de amor es una de esas películas que te pillan por el estómago… pero sin necesidad de subrayados ni violines manipuladores.

 

La historia está contada desde el punto de vista de la hija adolescente, interpretada por Júlia Mascort, que ve cómo su vida —que debería estar llena de primeras veces, fiestas, amigos y algún que otro drama hormonal— se convierte en otra cosa muy distinta: cuidar a su madre.

 

La madre está interpretada por Sonia Almarcha, que realiza un trabajo impresionante, muy físico y muy contenido, retratando ese proceso terrible de deterioro provocado por una demencia precoz. No es un papel de grandes discursos, sino de pequeños gestos, silencios y miradas perdidas. Y ahí la actriz está sencillamente formidable.

 

La película sigue el proceso durante varios años, mostrando cómo la enfermedad va arrasando poco a poco con la normalidad de la familia.

 

Mientras la hija intenta seguir viviendo su adolescencia —con sus ilusiones y su caos emocional—, la casa se va transformando en una especie de campo de batalla doméstico donde todo gira alrededor de los cuidados.

 

El padre, interpretado por Tomás del Estal, ofrece un personaje muy contenido, casi austero, un hombre desbordado por la situación que intenta mantenerse firme sin saber muy bien cómo. Es un papel aparentemente pequeño, pero con una presencia muy sólida.

 

También destaca Laura Weissmahr, que interpreta a la hermana mayor y aporta uno de los contrapuntos más interesantes del relato: la mirada más pragmática, más organizada, casi administrativa del drama familiar.

 

La película juega mucho con el contraste entre dos tiempos vitales: el de la enfermedad que va apagando a la madre y el de la juventud que sigue empujando a la hija hacia adelante. Ese choque entre cuidar y vivir es el verdadero corazón del relato.

 

Lo interesante es que Marta Matute evita el melodrama fácil. No hay golpes de efecto ni lágrimas forzadas. Todo está narrado con una puesta en escena bastante sobria, que transmite muy bien esa sensación de casa que se convierte poco a poco en un lugar asfixiante.

 

Y claro, cualquiera que haya pasado por una situación parecida —una enfermedad larga, una demencia en casa, ese deterioro lento y cruel— sabe que esta película toca fibras muy reconocibles. Hay momentos que duelen bastante.

 

No es una película cómoda, pero sí muy honesta. Y cuando el cine es honesto, normalmente llega directo al corazón.

 

Una ópera prima muy sólida, muy emocional y muy valiente.

 

De esas que no hacen ruido, pero que se quedan dentro un buen rato después de salir del cine. Y eso, en un festival donde se ven cuatro o cinco películas al día, ya es bastante decir.

 

Mi puntuación: 7,67/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

 

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Frío, cine y un amor imposible: crónica del quinto día (diez de marzo) en el Festival de Málaga – Gema Santamaría – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

11/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Frío, cine y un amor imposible: crónica del quinto día (diez de marzo) en el Festival de Málaga

 

 

Por Gema Santamaría

Crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria

 
 

El Festival de Málaga vivía hoy una de esas jornadas en las que el cine y la meteorología parecen ponerse de acuerdo para fastidiar un poco al personal. La mañana amanecía con un frío poco habitual para la ciudad y la tarde traía lluvia. Por la noche el termómetro volvía a caer. Varios veteranos del certamen comentaban que nunca recordaban una edición con un tiempo tan desapacible. Pero ya se sabe: el festival continúa aunque haya que entrar al cine con bufanda.

 

La inquietante Mala bestia

 

La primera proyección del día, a las ocho y media de la mañana en los cines Albéniz, fue Mala bestia, dirigida por Bárbara Farré, cineasta conocida hasta ahora sobre todo por su trabajo en televisión y por cortometrajes como La última virgen y Barcelona 92. En este salto al largometraje propone una historia incómoda y enigmática.

 

La película sigue a Atenea, una niña que vive en una especie de internado para menores, o vete tú a saber qué y que posteriormente pasa a convivir con una familia de acogida, o vete tú a saber qué.

 

 El personaje está interpretado por María Schwinning, acompañada por Iria del Río y Roger Casamajor, que dan vida a la pareja que decide hacerse cargo de la pequeña.

 

El relato está construido de manera deliberadamente fragmentaria. Mala bestia ofrece pocas explicaciones y obliga al espectador a recomponer el puzzle de lo que está ocurriendo. La sensación durante buena parte del metraje es la de avanzar entre sombras, tratando de encontrar una lógica interna a los acontecimientos. Ese esfuerzo, precisamente, forma parte de la propuesta de la directora: una narración inquietante que deja espacio para la interpretación.

 

Una pausa cultural en el Museo de Málaga

 

Entre la primera sesión y la siguiente hubo tiempo para una pequeña escapada cultural. A pocos minutos de los cines Albéniz se encuentra el Museo de Málaga, instalado en el Palacio de la Aduana. El museo está organizado en tres niveles: la planta superior dedicada a arqueología, la primera planta centrada en pintura del siglo XIX y arte contemporáneo, y una planta baja muy singular.

 

Esa planta inferior funciona prácticamente como un gran almacén visitable. Allí se exponen piezas que aún no han sido completamente catalogadas. No hay cartelas ni explicaciones detalladas, pero sí la sensación curiosa de pasear por los bastidores de un museo. La arquitectura del edificio es espectacular y el personal de recepción, extraordinariamente amable Porque, como suele decirse en estas jornadas, no solo de cine vive el cultureta.

 

El amor y las fronteras en Iván y Hadoum

 

La segunda proyección de la mañana, a las doce y media, venía precedida de cierto prestigio festivalero. Iván y Hadoun, dirigida por Ian de la Rosa, había pasado previamente por el Festival de Berlín, en la sección Panorama, donde obtuvo el Teddy Award al mejor largometraje.

 

La historia se sitúa en una planta envasadora de hortalizas en Almería. Allí trabaja Iván, un joven del pueblo que acaba siendo ascendido a encargado. En ese mismo lugar conoce a Hadoum, una trabajadora de origen marroquí interpretada por Herminia Loh.

 

Lo que comienza como una relación afectiva pronto se convierte en un relato sobre las barreras sociales y culturales. La película examina las diferencias entre ambas familias, los prejuicios que aparecen entre ellas y, de fondo, la realidad laboral de muchos trabajadores en el sector agrícola.

 

En los corrillos posteriores a la proyección varios críticos comentaban que podría ser una de las candidatas serias a la Biznaga de Oro. Su mezcla de melodrama íntimo y mirada social ha dejado una impresión notable en buena parte del público del festival.

 

La comedia turística de A una isla de ti

 

La tercera película del día fue A una isla de ti, dirigida por Alexis Morante, cineasta conocido por títulos como El universo de Oliver y por diversos trabajos documentales.

 

La historia arranca con un chef inglés abandonado por su pareja justo antes de la boda. Tras una noche de borrachera, al borde del desastre emocional —y casi también físico—, es rescatado por Salvador, un hombre español ya entrado en la cuarentena. A partir de ese encuentro comienza una comedia romántica que mezcla equívocos sentimentales y paisajes paradisíacos.

 

El reparto está encabezado por Freddy Dennis como el joven británico y Jaime Zatarain como Salvador. Junto a ellos aparecen Toni AcostaJulia Martínez y un muy simpático Carlos González, que interpreta a Pichi, probablemente el personaje más natural y divertido de la película.

 

La presentación fue curiosa. El director del festival, Juan Antonio Vigar, apareció junto a la alcaldesa de Torremolinos para introducir la película, lo que hacía pensar que el municipio tendría un papel relevante en la historia. Sin embargo, a medida que avanzaba el metraje quedaba claro que el verdadero protagonista paisajístico era Gran Canaria.

 

Playas como Maspalomas, zonas turísticas como Playa del Inglés y diversos rincones de la isla aparecen en pantalla con insistencia, hasta el punto de que la película adquiere un cierto aire de promoción turística. La explicación llegó después: A una isla de ti también se proyectará en el próximo festival de cine de Torremolinos, que se celebrará en unas semanas.

 

Como comedia romántica ligera cumple su función, aunque claramente está pensada para un público poco exigente y con ganas de pasar un rato agradable sin complicaciones.

 

Regreso al frío

 

Con la noche ya caída y la temperatura de nuevo bajando en las calles de Málaga, la jornada terminaba con ese cansancio agradable que dejan los días intensos de festival. Tres películas, un museo y muchos comentarios cruzados entre críticos.

 

El Festival de Málaga continúa avanzando entre aplausos, debates y cafés rápidos entre proyección y proyección. Mañana volverá a salir el sol —o eso esperamos— y las pantallas de los Albéniz volverán a encenderse.

 

Por Gema Santamaría
Crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria

 

 

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Cuarto día en Málaga, lunes nueve de marzo: del debate sobre Papá Noel a las grietas morales de la sociedad – Gema Santamaría – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

11/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Frío, cine y un amor imposible: crónica del quinto día (diez de marzo)  en el Festival de Málaga

 
 
 

Por Gema Santamaría

Crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria

 
 

El Festival de Málaga vivía hoy una de esas jornadas en las que el cine y la meteorología parecen ponerse de acuerdo para fastidiar un poco al personal. La mañana amanecía con un frío poco habitual para la ciudad y la tarde traía lluvia. Por la noche el termómetro volvía a caer. Varios veteranos del certamen comentaban que nunca recordaban una edición con un tiempo tan desapacible. Pero ya se sabe: el festival continúa aunque haya que entrar al cine con bufanda.

 

La inquietante Mala bestia

 

La primera proyección del día, a las ocho y media de la mañana en los cines Albéniz, fue Mala bestia, dirigida por Bárbara Farré, cineasta conocida hasta ahora sobre todo por su trabajo en televisión y por cortometrajes como La última virgen y Barcelona 92. En este salto al largometraje propone una historia incómoda y enigmática.

 

La película sigue a Atenea, una niña que vive en una especie de internado para menores, o vete tú a saber qué y que posteriormente pasa a convivir con una familia de acogida, o vete tú a saber qué.

 

 El personaje está interpretado por María Schwinning, acompañada por Iria del Río y Roger Casamajor, que dan vida a la pareja que decide hacerse cargo de la pequeña.

 

El relato está construido de manera deliberadamente fragmentaria. Mala bestia ofrece pocas explicaciones y obliga al espectador a recomponer el puzzle de lo que está ocurriendo. La sensación durante buena parte del metraje es la de avanzar entre sombras, tratando de encontrar una lógica interna a los acontecimientos. Ese esfuerzo, precisamente, forma parte de la propuesta de la directora: una narración inquietante que deja espacio para la interpretación.

 

Una pausa cultural en el Museo de Málaga

 

Entre la primera sesión y la siguiente hubo tiempo para una pequeña escapada cultural. A pocos minutos de los cines Albéniz se encuentra el Museo de Málaga, instalado en el Palacio de la Aduana. El museo está organizado en tres niveles: la planta superior dedicada a arqueología, la primera planta centrada en pintura del siglo XIX y arte contemporáneo, y una planta baja muy singular.

 

Esa planta inferior funciona prácticamente como un gran almacén visitable. Allí se exponen piezas que aún no han sido completamente catalogadas. No hay cartelas ni explicaciones detalladas, pero sí la sensación curiosa de pasear por los bastidores de un museo. La arquitectura del edificio es espectacular y el personal de recepción, extraordinariamente amable Porque, como suele decirse en estas jornadas, no solo de cine vive el cultureta.

 

El amor y las fronteras en Iván y Hadoum

La segunda proyección de la mañana, a las doce y media, venía precedida de cierto prestigio festivalero. Iván y Hadoun, dirigida por Ian de la Rosa, había pasado previamente por el Festival de Berlín, en la sección Panorama, donde obtuvo el Teddy Award al mejor largometraje.

 

La historia se sitúa en una planta envasadora de hortalizas en Almería. Allí trabaja Iván, un joven del pueblo que acaba siendo ascendido a encargado. En ese mismo lugar conoce a Hadoum, una trabajadora de origen marroquí interpretada por Herminia Loh.

 

Lo que comienza como una relación afectiva pronto se convierte en un relato sobre las barreras sociales y culturales. La película examina las diferencias entre ambas familias, los prejuicios que aparecen entre ellas y, de fondo, la realidad laboral de muchos trabajadores en el sector agrícola.

 

En los corrillos posteriores a la proyección varios críticos comentaban que podría ser una de las candidatas serias a la Biznaga de Oro. Su mezcla de melodrama íntimo y mirada social ha dejado una impresión notable en buena parte del público del festival.

 

La comedia turística de A una isla de ti

 

La tercera película del día fue A una isla de ti, dirigida por Alexis Morante, cineasta conocido por títulos como El universo de Oliver y por diversos trabajos documentales.

 

La historia arranca con un chef inglés abandonado por su pareja justo antes de la boda. Tras una noche de borrachera, al borde del desastre emocional —y casi también físico—, es rescatado por Salvador, un hombre español ya entrado en la cuarentena. A partir de ese encuentro comienza una comedia romántica que mezcla equívocos sentimentales y paisajes paradisíacos.

 

El reparto está encabezado por Freddy Dennis como el joven británico y Jaime Zatarain como Salvador. Junto a ellos aparecen Toni AcostaJulia Martínez y un muy simpático Carlos González, que interpreta a Pichi, probablemente el personaje más natural y divertido de la película.

 

La presentación fue curiosa. El director del festival, Juan Antonio Vigar, apareció junto a la alcaldesa de Torremolinos para introducir la película, lo que hacía pensar que el municipio tendría un papel relevante en la historia. Sin embargo, a medida que avanzaba el metraje quedaba claro que el verdadero protagonista paisajístico era Gran Canaria.

 

Playas como Maspalomas, zonas turísticas como Playa del Inglés y diversos rincones de la isla aparecen en pantalla con insistencia, hasta el punto de que la película adquiere un cierto aire de promoción turística. La explicación llegó después: A una isla de ti también se proyectará en el próximo festival de cine de Torremolinos, que se celebrará en unas semanas.

 

Como comedia romántica ligera cumple su función, aunque claramente está pensada para un público poco exigente y con ganas de pasar un rato agradable sin complicaciones.

 

Regreso al frío

 

Con la noche ya caída y la temperatura de nuevo bajando en las calles de Málaga, la jornada terminaba con ese cansancio agradable que dejan los días intensos de festival. Tres películas, un museo y muchos comentarios cruzados entre críticos.

 

El Festival de Málaga continúa avanzando entre aplausos, debates y cafés rápidos entre proyección y proyección. Mañana volverá a salir el sol —o eso esperamos— y las pantallas de los Albéniz volverán a encenderse.

 

Por Gema Santamaría
Crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria

 
 

Crónicas de Festivales de Gema  Santamaría

 

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A una isla de ti – 2026 – Alexis Morante – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

11/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Gran Canaria, amor y otras catástrofes turísticas

 

 

Alexis Morante, un director con querencia por la música y los biopics

 

El director Alexis Morante (Algeciras, 1978) se ha labrado una carrera bastante peculiar dentro del cine español, moviéndose entre el documental musical y la ficción.

 

Ha dirigido trabajos como Camarón: Flamenco y revolución (2018), un documental muy celebrado sobre Camarón de la Isla, y también el biopic musical Héroes: Silencio y rock & roll (2021), centrado en Héroes del Silencio.

 

En ficción ha firmado la comedia musical El universo de Oliver (2022), ambientada en la Andalucía de los años ochenta.

 

Su filmografía demuestra interés por la cultura popular y la música, aunque en esta ocasión decide probar suerte con una comedia romántica de ambiente turístico.

 

 

Cutrecomentario

 

Una de las situaciones más… digamos cosmonómicas que dejó este pase en el Festival de Málaga fue la presentación previa.

 

Salió al escenario Juan Antonio Vigar, director del festival, y presentó nada menos que a la alcaldesa de Torremolinos, que pronunció unas palabras antes de que apareciera el equipo de la película: Alexis Morante, productores, actores y demás tropa.

 

Claro, después de semejante introducción institucional uno piensa: “Esto se va a desarrollar en Torremolinos fijo”. Pues no. Ni Torremolinos, ni Málaga, ni nada parecido.

 

La película transcurre prácticamente entera en Gran Canaria, convertida en una especie de publirreportaje turístico con sol, playa y planos que parecen sacados de un vídeo promocional del Cabildo.

 

Mientras veía aquello, intentaba encontrar el misterioso vínculo entre Torremolinos y el despliegue turístico canario… y no había manera.

 

La historia gira en torno a una supuesta comedia romántica entre un cocinero británico que llega a España tras un desengaño amoroso y el padre de la amiga de este chico.

 

El gran conflicto dramático —agárrense— consiste en que ni la hija ni la amiga deben enterarse de la relación. Ese es el motor cómico de la película.

 

Sobre el papel podría dar lugar a equívocos divertidos, situaciones embarazosas y algún momento ingenioso.

 

En la práctica, lo que aparece en pantalla son escenas absurdas, situaciones penosas y diálogos que producen más desconcierto que risa.

 

La comedia brilla por su ausencia.

 

Si alguien encuentra el humor, que avise.

 

Las interpretaciones tampoco ayudan demasiado. La mayoría se mueven entre lo rígido y lo directamente ridículo, con un tono de sal gruesa que hace que todo resulte aún más chirriante.

 

Hay momentos en los que la sensación es la de estar viendo una especie de sitcom fallida mezclada con anuncio turístico.

 

El único que consigue salvar los muebles es Carlos González, que aparece con una naturalidad que casi parece de otra película. Está simpático, suelto y con cierta gracia, algo que lo hace destacar todavía más entre el caos interpretativo general.

 

La experiencia en sala tuvo además un punto de tensión personal: detrás de mi fila estaba sentada la alcaldesa de Torremolinos. Y claro, levantarse y salir huyendo a mitad de proyección habría quedado un poco feo diplomáticamente. Así que tocó resistir estoicamente hasta el final.

 

Después de la proyección llegó la explicación del misterio: la relación con Torremolinos es que dentro de unas semanas habrá allí un festival donde A una isla de ti volverá a proyectarse.

 

Y en ese momento surgió un pensamiento muy sincero: si algún día me invitan al Festival de Torremolinos, por favor, que no sea para volver a ver A una isla de ti.

 

Porque estamos ante una película francamente terrible. Y da un poco de pena que un festival como el de Málaga, que tantas veces programa cine interesante, se vea de vez en cuando obligado —o comprometido— a incluir producciones de una calidad tan, digamos, discutible.

 

Mi puntuación: 2,20/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Si es martes, es asesinato (Serie) – 2026 – Carlos Vila (Creador) – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

11/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Turismo por Lisboa… con cadáver incluido (y chistes en busca y captura)

 

Carlos Vila, creador de la serie Si es martes, es asesinato, es un guionista español con bastante recorrido en televisión.

 

Ha participado en el desarrollo y escritura de series populares como Los misterios de Laura (2009-2014), una comedia policial que tuvo bastante éxito y hasta versión estadounidense.

 

También ha trabajado en ficciones como El comisario o Motivos personales.

 

Con esta nueva serie intenta volver a ese terreno híbrido entre el misterio y el humor, pero trasladando la acción a un viaje turístico que acaba convirtiéndose en investigación criminal improvisada.

 

 

Cutrecomentario

 

La premisa de Si es martes, es asesinato tiene su gracia, al menos sobre el papel.

 

Un autobús lleno de turistas españoles se planta en Lisboa en un viaje organizado de esos en los que el guía habla demasiado y el café del hotel sabe a calcetín mojado.

 

Todo parece bastante cutrecillo desde el principio, pero la cosa se anima cuando, la primera noche, aparece asesinado el personaje interpretado por Pedro Casablanc.

 

A partir de ahí, varios miembros del grupo —Álex García, Inma Cuesta, Ana Wagener y Biel Montoro— deciden ponerse en plan detectives aficionados e investigar el asunto por su cuenta. Vamos, una especie de Cluedo turístico con fondo de tranvías amarillos.

 

La serie se pasea bastante por Lisboa: tranvías, cuestas imposibles, escaleras infinitas, callejones con azulejos y el inevitable Castello mirando desde arriba. Visualmente el paseo está bien, porque Lisboa siempre queda resultona. El problema es lo que pasa entre paseo y paseo.

 

La serie intenta ser un thriller procedimental en clave de comedia. Y ahí es donde empiezan los problemas. Porque la comedia, sencillamente, no funciona.

 

Los personajes parecen sacados de un catálogo de clichés turísticos y las situaciones van cayendo en lo absurdo con una alegría bastante preocupante.

 

Lo que debería ser ingenioso termina siendo más bien ridículo, y lo que debería provocar risas provoca más bien silencio incómodo.

 

Inma Cuesta aparece bastante sobreactuada, como si estuviera interpretando a alguien que cree estar en una comedia mucho más divertida de lo que realmente es.

 

Ana Wagener, en el papel de una canaria, no deja de lanzar chascarrillos isleños con una insistencia que roza el deporte de riesgo humorístico.

 

El problema es que ninguno hace gracia.

 

En medio de este pequeño caos interpretativo, la única que parece caminar con cierta dignidad es Luisa Gabasa, actriz enorme capaz de sostener con elegancia casi cualquier material que le pongan delante. Y aquí, desde luego, tiene trabajo.

 

El reparto, sobre el papel, es atractivo. Pero el resultado final es bastante desastroso.

 

Situaciones incoherentes, personajes que parecen vivir en universos paralelos y un tono que no sabe si quiere ser thriller, comedia o excursión organizada del IMSERSO.

 

La serie es una producción de Disney+, lo cual demuestra que el algoritmo también puede tener días malos.

 

Eso sí, hay que agradecer un detalle importante: en el Festival de Málaga solo proyectaron dos episodios.

 

Porque si hubieran puesto más, lo mismo el verdadero asesinato habría ocurrido en los Cines Albéniz. Y esta vez con varios críticos como sospechosos. 🔪🎬

 

Mi puntuación: 2,33/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

 

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Iván & Hadoum – 2026 – Ian de la Rosa – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

11/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

“Amor bajo plástico (y bajo el sello Berlín-approved)”

 

Ian de la Rosa es un director y guionista español nacido en Almería.

 

Hasta ahora había desarrollado sobre todo una carrera en el cortometraje, con títulos como Farrucas (2021), un trabajo muy premiado que abordaba la identidad de género en el contexto de una familia gitana.

 

También había participado como guionista en proyectos televisivos y cinematográficos.

 

Con Iván & Hadoum (2026) da el salto al largometraje, además jugando en casa: la historia está ambientada en los invernaderos de Almería, ese mar de plásticos que parece un decorado de ciencia ficción agrícola.

 

 

Cutrecomentario

 

Iván & Hadoum llega al Festival de Málaga con una medalla colgada al cuello: el Premio Teddy al mejor largometraje en la Berlinale, galardón dedicado a películas de temática LGTBIQ+. Y claro, cuando una peli aterriza con ese sello berlinés, parece que viene ya bendecida por la crítica internacional, como si llevara un certificado de “obra importante” pegado en la frente.

 

La historia, en realidad, es bastante sencilla. Muy sencilla.

 

Simplificando mucho: amor entre Hadoum, una chica de origen marroquí, y Iván, un chico transexual.

 

Ambos trabajan en una envasadora de alimentos en un pueblo de Almería rodeado de invernaderos. Es decir, un entorno donde el tomate madura rápido, pero las mentalidades a veces no tanto.

 

La película sigue el desarrollo de esa relación: cómo se conocen, cómo se acercan, cómo chocan con el entorno.

 

Aparecen los problemas familiares, las tensiones culturales y ese clásico cóctel de pueblo pequeño donde todo el mundo opina sobre la vida de los demás.

 

En ese sentido, la propuesta tiene elementos interesantes: habla de identidad, de inmigración, de diferencias culturales y de la dificultad de amar cuando tu contexto social parece diseñado para complicarlo todo.

 

Hasta ahí, bien.

 

El problema es que la película insiste y vuelve a insistir en lo mismo.

 

La relación amorosa se convierte en un bucle narrativo donde volvemos una y otra vez al mismo punto emocional. Como si el guion hubiera decidido que, por si no lo habíamos pillado, había que repetir la idea tres o cuatro veces más.

 

Y luego están las escenas de playa. Varias. Con ese aire de intimidad erótica contemplativa que parece pensado para subrayar la conexión entre los personajes… pero que, tras la tercera vez, empiezan a dar la sensación de que alguien ha descubierto que la luz del atardecer queda muy bonita y ha decidido explotarla sin límite.

 

La película plantea temas relevantes, eso es indiscutible. Pero su desarrollo dramático es bastante plano y termina resultando reiterativo.

 

Da la impresión de que la potencia temática pesa más que la potencia cinematográfica.

 

Y claro, aquí aparece la gran sospecha cinéfila: cuando una película llega con premio de Berlín, muchos críticos ya entran a la sala con el aplauso medio preparado. El famoso “marchamo festivalero”, que a veces convierte películas simplemente correctas en supuestas obras imprescindibles.

 

¿Es Iván & Hadoum una mala película? No.


¿Es la maravilla que algunos están vendiendo? Tampoco.

 

Más bien es una película correcta, con buenas intenciones, pero bastante modesta en lo narrativo y algo repetitiva.

 

Una de esas obras que parecen más interesantes en el dossier de prensa que en la pantalla.

 

Y oye, eso también pasa en Málaga. Bastante más de lo que nos cuentan.

 

Mi puntuación: 5,64/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Mala bestia – 2026 – Bàrbara Farré – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

11/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando el misterio es tan misterioso que ni el propio guion sabe muy bien de qué va.

 

La directora Bàrbara Farré procede sobre todo del terreno televisivo y de la comedia.

 

Ha trabajado como realizadora en programas muy populares de la televisión española como La resistencia, Late Motiv o El cielo puede esperar, donde demostró un gran pulso para el ritmo y el humor.

 

También ha dirigido cortometrajes y piezas de ficción breve.

 

Con Mala bestia da un salto hacia un terreno bastante distinto: una película más atmosférica y enigmática, muy alejada del tono ligero con el que se había movido hasta ahora.

 

 

Cutrecomentario

 

Mala bestia sigue a Atenea, una adolescente que vive en una especie de internado u orfanato —la película nunca termina de aclararlo del todo— y que acaba siendo acogida por un matrimonio relativamente joven. Tampoco queda muy claro en qué condiciones ni por qué. Y esa sensación de incertidumbre es, en realidad, el motor de toda la película.

 

Atenea está en ese territorio incómodo que es la adolescencia: quiere ser adulta, pero al mismo tiempo rechaza todo lo que implica serlo. Un limbo emocional en el que uno ya no es niño, pero tampoco sabe muy bien qué demonios significa ser mayor. La película intenta capturar ese momento vital, ese desconcierto permanente.

 

El problema es que Mala bestia decide contar esa historia a base de incógnitas.

 

El espectador —al menos este humilde servidor— se pasa buena parte del metraje intentando averiguar qué está pasando realmente.

 

La película va soltando retazos, pequeñas pistas, fragmentos de información… como si estuviéramos montando un puzle al que, por desgracia, le faltan varias piezas.

 

Hay algo en ese misterio que resulta atractivo. Ese aire ambiguo recuerda en algunos momentos al cine de Ingmar Bergman, donde los silencios, las miradas y los espacios tienen tanto peso como los diálogos. Pero claro, Bergman jugaba con el enigma para llegar a una revelación emocional o filosófica. Aquí el círculo no termina de cerrarse.

 

El resultado es una película con un cierto magnetismo, con atmósfera y con ambición estética, pero que al mismo tiempo mantiene al espectador a cierta distancia.

 

Uno observa lo que ocurre en pantalla con curiosidad… aunque sin llegar a sentirse realmente dentro de la historia.

 

Mala bestia es una película intrigante, sugerente y un poco desconcertante.

 

Tiene ese encanto del misterio, sí, pero también esa sensación de estar viendo un rompecabezas al que alguien olvidó añadir la última pieza.

 

Y claro, cuando termina la película uno se queda pensando: “Vale… ¿pero exactamente qué ha pasado aquí?”. Y no siempre en el buen sentido.

 

Mi puntuación: 5,55/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

 

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Mil pedazos – 2026 – Sergio Castro-San Martin – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

10/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando la familia se rompe… y el paisaje termina de rematarla

 

El director chileno Sergio Castro San Martín lleva años trabajando en el cine independiente de su país, moviéndose en territorios bastante poco complacientes.

 

Entre sus trabajos más conocidos están La mujer de barro (2015), un drama muy áspero ambientado en el desierto de Atacama, y Tierra sola (2017), documental rodado en la isla de Pascua que ya mostraba su gusto por los espacios aislados y los personajes atrapados en situaciones límite.

 

Con Mil pedazos vuelve a ese territorio incómodo, donde los paisajes parecen pesar tanto como los propios personajes.

 

 

Cutrecomentario

 

La última película de este día en el Festival de Málaga llega desde Chile y no es precisamente una comedia navideña.

 

Mil pedazos es una de esas películas que te dejan con el ánimo como el paisaje: seco, vacío y con ganas de un café fuerte.

 

La historia arranca con una familia que ya viene bastante averiada de serie.

 

Un matrimonio interpretado por Daniel Muñoz y Paola Giannini, una niña y una perra.

 

La familia está en pleno proceso de descomposición emocional: separación en ciernes, tensiones acumuladas y un ambiente que se podría cortar con cuchillo.

 

El padre parece una especie de criatura cansada que camina por inercia, mientras que la madre es quien mantiene las riendas de la situación… o al menos lo intenta.

 

En mitad de ese clima familiar bastante poco festivo ocurre un accidente en un paraje absolutamente brutal del norte de Chile. Un desierto montañoso donde lo único que hay alrededor es… nada. Y cuando digo nada, es nada de verdad. Ni gente, ni animales, ni esperanza.

 

A partir de ahí la película se desarrolla con una sequedad formal tremenda.

 

Sergio Castro San Martín no explica demasiado, no subraya nada y deja que el espectador vaya reconstruyendo lo que ocurre poco a poco.

 

Es de esas películas que te obligan a ir completando el puzzle en tu cabeza mientras avanzan las escenas.

 

El resultado es bastante desolador.

 

Los personajes están atrapados en un duelo brutal por lo que ha sucedido y el paisaje parece amplificar ese vacío emocional.

 

Esos planos enormes del desierto chileno, infinitos y completamente deshabitados, terminan siendo casi un personaje más de la historia.

 

Hay elementos que desconciertan un poco.

 

Por ejemplo, el uso de una cámara digital por parte de la niña, que parece situarnos en una época cercana a los primeros años del siglo XXI, cuando los móviles aún no eran omnipresentes.

 

Pero más adelante la madre utiliza un teléfono móvil con total normalidad, lo que deja una cierta sensación de descoloque temporal.

 

También resulta intrigante el comportamiento del padre en algunos momentos.

 

En dos ocasiones se lava con agua como si estuviera intentando purificarse, como si estuviera limpiando algo más que el polvo del desierto. Eso deja la sospecha de que quizá cargue con algún tipo de culpa por el accidente que ha destrozado a la familia.

 

En cualquier caso, Mil pedazos es una película muy interesante. De esas que no te lo dan todo masticado y que invitan a discutirla después con calma.

 

No es cómoda, no es amable y desde luego no es la típica película para salir del cine con una sonrisa.

 

Pero precisamente por eso resulta tan estimulante.

 

De las que generan conversación.

 

Y de las que siguen dando vueltas en la cabeza cuando ya has salido del cine. Aunque sea con el ánimo tan seco como el desierto chileno.

 

Mi puntuación: 7,67/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Millennial Mal (Serie) – 2026 – Lorena Iglesias (Creadora) – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

10/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cómo colarse en la universidad con 40… y salir con tres capítulos de paciencia menos

 

La serie está creada y protagonizada por Lorena Iglesias, humorista y guionista que ha trabajado en televisión y en proyectos de comedia.

 

Ha colaborado en programas como La Resistencia o Yu: No te pierdas nada, además de participar en diferentes formatos humorísticos y en internet.

 

Millennial Mal es uno de sus proyectos más personales, en el que asume tanto la creación como el papel protagonista, intentando trasladar su universo cómico al formato de serie.

 

 

Cutrecomentario

 

En el Festival de Málaga nos ponen tres episodios de Millennial Mal. Tres. No uno para probar. Tres. Algo así como cuando en el médico te dicen que la vacuna puede dar algo de fiebre… pero no te explican cuánta.

 

La premisa es la siguiente: Lorena Iglesias interpreta a una mujer de cuarenta y muchos años —aunque visualmente parece que haya superado con holgura la barrera de los cincuenta— que pierde su trabajo como bibliotecaria.

 

En medio de su crisis vital descubre una beca para estudiar Historia en la universidad… pero con una condición: está reservada para menores de 30 años.

 

¿Solución? Pues hacerse pasar por joven.

 

Para ello contará con la ayuda de dos chicas veinteañeras que conoce por casualidad y que intentarán “rejuvenecerla” a base de cambios de look, actitud y supuesta mentalidad millennial.

 

La teoría suena a comedia generacional con cierto potencial: choque de edades, impostura, redes sociales, postureo universitario…

 

El problema es que una cosa es la idea… y otra muy distinta el resultado.

 

La serie intenta moverse en el terreno de la comedia, pero se queda atrapada en algo bastante peor: la ausencia total de gracia. Y eso en una comedia es un pequeño inconveniente. Como rodar una película de submarinos sin agua.

 

De los tres episodios que se proyectan, el primero resulta directamente insoportable.

 

El segundo consigue el pequeño milagro de ser todavía peor.

 

Y el tercero ya entra en territorio casi experimental: comprobar hasta qué punto un espectador puede mantenerse sentado esperando que llegue una broma que nunca llega.

 

El gran problema de Millennial Mal es que su humor parece basado en la idea de que basta con decir cosas raras o exageradas para que el público se ría. Pero el público, que a veces es muy poco colaborador, decide no hacerlo.

 

Y no hay nada más incómodo que una comedia que se esfuerza muchísimo en ser graciosa… y no lo consigue.

 

Una lástima, porque el punto de partida —una mujer obligada a fingir ser veinteañera para sobrevivir laboralmente— podría haber dado para una sátira interesante sobre la precariedad, la edad y el culto absurdo a la juventud.

 

Pero al final la sensación es que la serie naufraga completamente.

 

Penosa. Penosa. Penosa.

 

Y eso que solo vimos tres capítulos.

 

Imaginarse una temporada completa ya requiere una beca… pero de resistencia psicológica.

 

Mi puntuación: 2,53/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

 

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Los justos – 2026 – Jorge Lara, Fer Pérez – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

10/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Nueve jurados, un millón de euros… y la moral en liquidación

 

La película está dirigida por Jorge Lara y Fer Pérez, dos cineastas que hasta ahora han trabajado sobre todo en televisión, publicidad y proyectos audiovisuales de menor formato.

 

Los justos supone uno de sus primeros largometrajes de ficción con mayor visibilidad en el circuito de festivales.

 

Su trayectoria previa no es especialmente extensa en cine comercial, lo que explica también el tono contenido y muy teatral del proyecto, claramente apoyado en el guion y en el trabajo de los actores.

 

 

Cutrecomentario

 

Los justos es una película que parte de una premisa tan sencilla como inquietante: nueve ciudadanos están reunidos para decidir la culpabilidad de un empresario acusado de corrupción.

 

Vamos, algo que recuerda inevitablemente a Doce hombres sin piedad, pero en versión española, con menos hombres, menos solemnidad… y bastante más tentaciones por el camino.

 

Porque aquí llega el truco de la función. Cada uno de los miembros del jurado recibe una fotografía de esas que cambian según la inclinas —de las que teníamos todos de pequeños— con un mensaje que básicamente viene a decir: hay un millón de euros esperando… si tomas la decisión correcta. O la incorrecta. Según se mire.

 

Y claro, ahí empieza el verdadero espectáculo.

 

La película plantea algo que todos intuimos pero que pocas veces queremos admitir: vivimos en una sociedad que condena la corrupción con gran entusiasmo… siempre que la corrupción sea de otros. Pero cuando el dinero aparece delante de nuestras narices, la moral empieza a hacer cosas muy raras.

 

Los nueve personajes funcionan como nueve estereotipos bastante reconocibles de la sociedad española actual. Cada uno con sus problemas personales, sus dificultades económicas o sus frustraciones. Porque aquí nadie vive en la abundancia. Y cuando las cuentas no salen a final de mes, la ética se vuelve un concepto bastante flexible.

 

La película es absolutamente teatral.

 

Todo se sostiene en el diálogo, en los enfrentamientos verbales, en las posiciones morales que van cambiando según sopla el viento… o según se mire la foto del millón de euros.

 

Dentro del reparto, quienes llevan claramente la voz cantante son Carmen Machi y Vito Sanz (que interpretan a dos de los personajes más potentes del grupo).

 

Carmen Machi, como casi siempre, se mueve con una naturalidad insultante, dominando cada escena en la que aparece.

 

El principal reproche que se le puede hacer a la película tiene que ver con algo muy sencillo: el cine tiene herramientas que aquí apenas se utilizan.

 

Cuando los personajes empiezan a explicar sus vidas, sus problemas o sus motivaciones, uno no puede evitar pensar: ¿por qué no mostrarlo en lugar de contarlo?

 

Un simple flashback habría aportado aire cinematográfico a lo que termina siendo un largo coloquio filmado.

 

Pero claro, eso cuesta dinero.

 

Y Los justos es claramente una producción de presupuesto modesto.

 

Rodar en más escenarios, añadir personajes o reconstruir el pasado de cada uno habría supuesto otra película mucho más cara… probablemente más cinematográfica… pero también bastante más difícil de levantar.

 

Así que al final la película termina hablando de algo muy curioso: de cómo el dinero condiciona la moral… y también el propio cine.

 

Porque seamos sinceros: ¿a quién no le vendría bien un millón de euros?

Incluso para rodar una película un poco más cara.

O para votar en un jurado.

O para dormir mucho más tranquilo por las noches.

 

Mi puntuación: 6,56/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

 

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Lapönia – 2026 – David Serrano – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

10/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cómo arruinar la Navidad discutiendo sobre Papá Noel

 

David Serrano es uno de esos directores españoles que han demostrado que la comedia comercial bien hecha también puede tener personalidad.

 

Saltó a la fama con la muy popular El otro lado de la cama (2002), aquel musical gamberro que convirtió las canciones de los 80 en argumento cinematográfico.

 

Después llegarían Días de fútbol (2003), Los dos lados de la cama (2005), Una hora más en Canarias (2010) o Tenemos que hablar (2016).

 

También ha trabajado mucho en teatro y como guionista, lo que explica perfectamente por qué en Laponia el diálogo manda y la puesta en escena recuerda tanto a una función teatral.

 

 

Cutrecomentario

 

Laponia es una película que podría haberse rodado perfectamente en un escenario con cuatro focos, una mesa, un sofá y un árbol de Navidad. Y probablemente funcionaría igual de bien. O igual de mal, según el humor que uno tenga ese día.

 

La premisa es sencilla: dos hermanas se reúnen en Navidad en la Laponia finlandesa con sus respectivos maridos. Natalia Verbeke (que interpreta a la hermana que llega desde España) aparece con su pareja, el siempre reconocible Julián López, que aquí encarna a un profesor bastante intenso.

 

La otra hermana, interpretada por Ángela Cervantes, vive allí con su marido finlandés, al que da vida Vebjørn Enger.

 

Y claro, lo que empieza como una reunión navideña civilizada acaba convirtiéndose en un debate filosófico con sidra, vino y reproches familiares.

 

El detonante del conflicto es aparentemente inocente: ¿hay que mantener la ilusión de Papá Noel en los niños o decirles la verdad desde pequeños? A partir de ahí se abre la caja de Pandora.

 

Empiezan a salir viejas heridas familiares, reproches entre hermanas, diferencias culturales entre españoles y nórdicos y esa eterna discusión entre la mentira piadosa y la verdad incómoda.

 

La película funciona casi exclusivamente a base de diálogo. Mucho diálogo. Muchísimo diálogo. Tanto que uno tiene la sensación de estar viendo una obra de teatro filmada, que de hecho no anda muy lejos de la realidad: el guion parte de una obra teatral muy exitosa escrita por Cristina Clemente y Marc Angelet.

 

Lo mejor del conjunto son claramente los actores. Los cuatro están muy bien, pero Ángela Cervantes juega en otra liga. Tiene una naturalidad y una fuerza que se comen la pantalla sin necesidad de levantar mucho la voz. Es, de largo, lo mejor de la película.

 

Julián López, por su parte, se mete en un papel dramático que intenta ser serio… pero su vis cómica es tan potente que cuesta no esperar que en cualquier momento suelte una de esas frases absurdas marca de la casa. No es culpa suya: hay actores que llevan el humor pegado al ADN.

 

En resumen, Laponia es una película entretenida, bien interpretada y con un conflicto interesante sobre la mesa.

 

Pero también es, sin disimularlo demasiado, teatro filmado. Lo cual no es necesariamente malo… salvo que uno haya ido al cine esperando ver algo más que cuatro personas discutiendo durante hora y media sobre Papá Noel y la educación de los niños.

 

Eso sí: después de verla dan ganas de pasar las Navidades en silencio. O mejor aún… en Laponia, pero cada uno en su cabaña. 🎄

 

Mi puntuación: 5,57/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Viaje al país de los blancos – 2026 – Dani Sancho – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

9/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Del sueño europeo a la realidad: cuando el ‘país de los blancos’ no era exactamente lo que parecía

 

 

El director Dani Sancho se encarga de llevar a la pantalla Viaje al país de los blancos, una película basada en la historia real del activista ghanés Ousman Umar.

 

Sancho ha trabajado sobre todo en el ámbito televisivo y documental, y en esta ocasión se enfrenta a un relato con vocación claramente social y humanista, centrado en la inmigración y en el proceso personal de crecimiento de su protagonista.

 

No es una superproducción ni pretende reinventar el cine social, pero sí busca contar una historia real con intención emocional y pedagógica.

 

 

Cutrecomentario

 

Viaje al país de los blancos cuenta la historia real de Ousman Umar, un niño de Ghana que crece escuchando historias sobre un lugar casi mítico: Europa. O, como lo llaman en su entorno, “el país de los blancos”. Un sitio lejano donde aparentemente todo es prosperidad, oportunidades y vida fácil.

 

Con esa idea en la cabeza, el joven decide emprender un viaje que no tiene nada de fácil.

 

Lo que sigue es el recorrido clásico que ya conocemos por otras películas sobre inmigración: travesías peligrosas, dificultades constantes y un choque brutal entre el sueño y la realidad.

 

Finalmente llega a Barcelona, donde descubre algo que muchos migrantes encuentran al aterrizar en Europa: que aquello que parecía un paraíso desde lejos es, en realidad, un lugar mucho más complicado de lo que imaginaba.

 

La película se centra sobre todo en el proceso de crecimiento del personaje.

 

Ese niño que sale de su aldea se convierte poco a poco en un adulto que intenta abrirse camino en un país extraño. Y ahí aparece un personaje clave: Montse, la mujer que decide acogerlo en su familia y darle algo más que ayuda puntual. Le ofrece afecto, estabilidad y la posibilidad de construir un futuro.

 

Y Ousman Umar no solo aprovecha esa oportunidad, sino que acaba transformándola en algo mucho mayor.

 

Cinematográficamente hablando, la película no inventa nada nuevo.

 

Este tipo de relatos sobre inmigración los hemos visto muchas veces en pantalla y, siendo honestos, existen ejemplos más potentes y mejor construidos.

 

Es inevitable acordarse de Io capitano (2023), la magnífica película de Matteo Garrone que pasó por el Festival de San Sebastián y que abordaba el mismo tema con mucha más fuerza narrativa.

 

Pero eso no significa que Viaje al país de los blancos no funcione. Funciona. Y además emociona.

 

En parte por la historia que cuenta, pero sobre todo por algo que ocurrió fuera de la pantalla. En la proyección del Festival de Málaga estaba presente el verdadero Ousman Umar, que participó en el coloquio posterior.

 

Y cuando ves a la persona real que ha vivido todo eso sentado delante de ti, la película adquiere otra dimensión.

 

De repente deja de ser solo cine y pasa a ser también testimonio. Y eso cambia bastante la experiencia.

 

La sala respondió con un aplauso muy fuerte cuando Ousman Umar apareció para hablar con el público. Fue uno de esos momentos en los que el festival se convierte en algo más que una sucesión de películas: se convierte en un encuentro humano.

 

Al final, Viaje al país de los blancos es una historia de superación.

 

Una historia sencilla, bienintencionada, que invita a reflexionar sobre cómo tratamos a los niños y jóvenes inmigrantes que llegan a España.

 

No es la película definitiva sobre el tema. Pero sí es una película honesta. Y a veces eso también cuenta.

 

Mi puntuación: 5,65/10.

 

 

 

 

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Por cien millones (Minserie) – 2026 – Oriol Capel (Creador), Nacho G. Velilla (Creador) – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

9/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Secuestrar a Quini para salir de deudas: el plan perfecto… salvo por un pequeño detalle, que es todo

 

 

Detrás de Por cien millones están Oriol Capel y Nacho G. Velilla, dos nombres muy reconocibles dentro de la comedia española reciente.

 

Velilla, zaragozano, lleva años demostrando que sabe cómo hacer reír al público: dirigió éxitos como Fuera de carta (2008), Que se mueran los feos (2010) o Perdiendo el norte (2015), además de series muy populares como Aída.

 

Capel, por su parte, ha trabajado sobre todo en televisión como guionista y creador en proyectos como 7 vidas o Aída, lo que explica ese olfato para la comedia de personajes y para los diálogos que parecen sacados directamente de la barra de un bar.

 

 

Cutrecomentario

 

La tarde del tercer día del Festival de Málaga se puso televisiva. En vez de película, tocaba serie. Bueno, miniserie. De Por cien millones se proyectaron los dos primeros capítulos: cien minutos en total, que pasaron volando.

 

La historia nos lleva a Zaragoza, año 1981. España todavía está intentando entender qué demonios está pasando tras la Transición, los pantalones de campana aún resisten en algunos armarios y el fútbol sigue siendo religión nacional.

 

En ese contexto aparecen tres mecánicos que no atraviesan precisamente su mejor momento económico. Deudas por todos lados, negocios que no terminan de arrancar y una sensación general de estar atrapados en la miseria económica. Así que, como suele pasar en las grandes ideas criminales… deciden secuestrar a un futbolista.

 

Pero no a cualquiera. Nada menos que Enrique Castro “Quini”, delantero del FC Barcelona y uno de los jugadores más famosos del país, que en la temporada 1980-81 estaba peleando por el Pichichi.

 

La serie reconstruye aquel secuestro real que en su momento tuvo en vilo a toda España. Y lo hace desde un tono bastante peculiar: mezcla de drama y comedia. Porque sí, lo que ocurrió fue dramático —para Quini, para su familia y para todo el entorno—, pero la serie decide mirar también al lado absurdo de la historia.

 

Según explicó Nacho G. Velilla en la rueda de prensa del festival, el guion se ha construido a partir de documentación real: declaraciones policiales, testimonios de la familia e incluso palabras de los propios secuestradores, que acabaron cumpliendo ocho años de prisión.

 

Y lo curioso es que el caso tardó bastante en resolverse porque la policía estaba convencida de que detrás había una banda criminal muy sofisticada.

 

Nadie imaginaba que los responsables eran tres tipos bastante normales con más deudas que neuronas delictivas.

 

El trío protagonista funciona muy bien. Raúl Arévalo, Vito San y Gabriel Guevara interpretan a estos tres aspirantes a criminal con perfiles muy distintos pero perfectamente complementarios. Cada uno con su carácter, sus miedos y sus meteduras de pata.

 

El reparto femenino tampoco se queda atrás: Natalia Huarte, María De Nati y la siempre eficaz Aixa Villagrán, que tiene ese talento especial para aparecer en pantalla y elevar cualquier escena.

 

También se deja ver Julia de Castro, estupenda como la mujer de Quini, aportando la parte más emocional del relato.

 

Y por ahí aparece también Jorge Asín, que es casi patrimonio cultural de Aragón. Su presencia no es casual: Velilla explicó que antes del rodaje el guion fue leído y grabado por Asín para que los actores pudieran estudiar el acento aragonés. Y la verdad es que se nota: el esfuerzo por reproducir ese tono está bastante conseguido.

 

Los dos episodios que se han podido ver en Málaga funcionan muy bien. Son ágiles, muy divertidos y además retratan con bastante cariño aquella España de comienzos de los ochenta. Una España de talleres mecánicos, bares de barrio y gente intentando sobrevivir como puede.

 

Y también dejan caer una idea bastante interesante: la precariedad de la clase trabajadora española no es precisamente un invento del siglo XXI. Ya estaba ahí hace más de cuarenta años.

 

Una serie muy entretenida, con humor, con ritmo y con una historia real tan absurda que parece inventada. Y eso siempre es buena señal para una comedia. Porque a veces la realidad escribe los mejores guiones… aunque empiecen con tres mecánicos pensando que secuestrar a Quini es una buena idea.

 

Mi puntuación: 8,68/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Mi querida señorita – 2026 – Fernando González Molina – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

9/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Mi querida señorita 2.0: identidad, Pamplona y una escapada a Madrid para respirar un poco.

 

El director Fernando González Molina lleva años moviéndose con soltura entre el cine comercial y la televisión de gran presupuesto.

 

Ha dirigido títulos muy populares como Tres metros sobre el cielo (2010), Tengo ganas de ti (2012) o Palmeras en la nieve (2015).

 

En televisión también ha firmado proyectos de gran impacto como El guardián invisible (2017), Legado en los huesos (2019) y Ofrenda a la tormenta (2020), adaptaciones de la trilogía del Baztán de Dolores Redondo.

 

Es un director con buen pulso narrativo y clara vocación de conectar con el público amplio.

 

 

Cutrecomentario

 

Más que un remake de Mi querida señorita (1972), la película que dirigió Jaime de Armiñán con guion suyo y de José Luis Borau, esta nueva versión es una especie de revisitación o actualización del clásico.

 

Aquella estaba protagonizada por José Luis López Vázquez y Julieta Serrano y, en plena España franquista, hablaba de identidad sexual con una sutileza que hoy resulta admirable.

 

La película de 2026 juega en otra liga temporal.

 

Estamos en el siglo XXI, en una España donde —al menos sobre el papel— se puede hablar de estas cosas con bastante más libertad.

 

Aquí la protagonista es Adela, interpretada por Elizabeth Martínez, una chica solitaria que arrastra desde la infancia una historia médica complicada relacionada con intervenciones gonadales. Es decir, una identidad sexual construida a golpe de bisturí y de decisiones ajenas.

 

La película sitúa a Adela en una Pamplona gris, lluviosa, fría, opresiva. Una ciudad que parece diseñada para que nadie levante demasiado la cabeza.

 

Sus padres, interpretados con firmeza por Nagore Aramburu, mantienen un control férreo sobre su vida. Horarios, normas, expectativas… todo muy ordenado, muy correcto, muy asfixiante.

 

En ese ambiente tan poco respirable aparece una pequeña ventana al mundo: una fisioterapeuta interpretada por Anna Castillo, que además sueña con convertirse en actriz. Ella será, de alguna manera, la chispa que le recuerda a Adela que existe algo parecido a la libertad.

 

Mientras tanto, hay novio en escena. Eneko Sagardoy interpreta a un chico que le declara su amor y que además se encarga de definir Pamplona con una frase bastante graciosa: una ciudad con “cien personas y diez calles”. Exagerado, pero se entiende la idea.

 

Y entonces llega el momento clave: la huida. Adela se va a Madrid, y ahí la película cambia completamente de tono.

 

Frente a la ciudad cerrada del norte aparece la capital, donde la protagonista empieza a construir algo parecido a una familia elegida: amigos, apoyo, red afectiva.

 

En ese nuevo universo aparecen Manu Ríos y Lola Rodríguez, que dan vida a ese grupo de amigos que ayudan a Adela —que ahora se hace llamar AD— a encontrar su lugar.

 

No quiero olvidarme de María Galiana como la abuela, que siempre es un placer ver en pantalla, porque tiene ese talento raro de parecer completamente natural incluso cuando está diciendo cosas muy serias.

 

La película habla, básicamente, de identidad. De buscar quién eres cuando todo el mundo parece tener una opinión sobre lo que deberías ser. Y también de algo más simple: de intentar ser feliz aunque no tengas ni idea de cómo hacerlo.

 

Aquí entran en juego Javier Calvo y Javier Ambrossi, los Javis, que están detrás del proyecto como productores e ideólogos. Y claro, eso se nota. La película es mucho más explícita, más discursiva, incluso más didáctica que la original de 1972.

 

La comparación con la obra de Jaime de Armiñán es inevitable. Aquella tenía una delicadeza y una ambigüedad que hoy casi parecen de otro planeta. Pero también hay que decir que jugaba con la censura franquista encima de la mesa. Aquella película tenía que insinuar lo que no podía decir.

 

Esta nueva Mi querida señorita dice las cosas sin rodeos. Es más directa, más emocional, más contemporánea.

 

Son películas distintas para épocas distintas.

 

Y, por cierto, conviene recordar un dato: la original de 1972 fue un auténtico fenómeno en España y se convirtió en una de las películas más importantes del año.

 

Habrá que ver si esta nueva versión consigue algo parecido.

 

Desde luego, la historia que cuenta —la de alguien intentando descubrir quién es— sigue siendo igual de universal que hace más de cincuenta años. Y eso, al final, siempre conecta con el público.

 

Mi puntuación: 7,66/10.

 

 

 

 

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Neurótica anónima – 2026 – Jorge Perugorría – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

9/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando el cine resiste… aunque el presupuesto esté en números rojos

 

 

El director

 

Jorge Perugorría (La Habana, 1965) es uno de los rostros más conocidos del cine cubano.

 

Actor antes que director, saltó a la fama internacional con Fresa y chocolate (1993), dirigida por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, película que fue nominada al Oscar y que lo convirtió en una especie de icono del cine cubano contemporáneo.

 

Con el tiempo ha ido alternando interpretación, producción y dirección.

 

Como realizador ha firmado títulos como Se vende (2012), una comedia amarga sobre la Cuba contemporánea, y el documental Habana Selfies (2019).

 

Neurótica anónima supone uno de sus trabajos más modestos, casi de guerrilla, pero también uno de los más personales en su defensa del cine como espacio cultural y sentimental.

 

 

Cutrecomentario

 

El tercer día del Festival de Málaga arrancó con una producción cubana pequeña, pequeñísima… pero con mucho corazón. Neurótica anónima, dirigida por Jorge Perugorría y protagonizada —y escrita— por Mirta Ibarra, es una de esas películas hechas con cuatro duros, mucha fe y bastante amor por el cine.

 

La historia parte de una premisa sencilla: un cine de barrio en La Habana está a punto de cerrar porque el negocio ya no da ni para pagar la luz del proyector y el edificio amenaza ruina. Ante ese desastre cultural, los trabajadores y algunos vecinos deciden resistir. ¿Cómo? Pues rodando un documental con testimonios del barrio para denunciar el cierre. Una especie de cine dentro del cine… dentro del cine. Muy meta todo.

 

Pero lo curioso es que ese falso documental acaba convirtiéndose en un retrato bastante lúcido de la Cuba actual.

 

Entre testimonio y testimonio se cuelan comentarios sobre la precariedad del día a día, sobre instituciones absurdamente grandilocuentes —como centros para tratar la neurosis que parecen palacios surrealistas— y sobre la eterna distancia entre la retórica oficial y la vida real.

 

El hilo conductor es el personaje de Mirta Ibarra, que interpreta a Iluminada, una mujer que vive el cine como si fuera una religión. Y gracias a ella la película se convierte en una especie de collage cinéfilo lleno de guiños.

 

Porque Neurótica anónima funciona también como un homenaje bastante descarado al cine.

 

Van apareciendo referencias a un montón de clásicos: Memorias del subdesarrollo de Tomás Gutiérrez Alea, Lucía de Humberto Solás, La pasión de Juana de Arco de Carl Theodor Dreyer, Psicosis de Alfred Hitchcock, Fresa y chocolate, La dolce vita de Federico Fellini, Moscú no cree en las lágrimas de Vladimir Menshov, Hasta cierto punto de Tomás Gutiérrez Alea, El lado oscuro del corazón de Eliseo Subiela, Repulsión de Roman Polanski, Thelma & Louise de Ridley Scott o Cerrado por reformas de Orlando Rojas, entre otras. Me olvidaba de Tiempos modernos

 

Vamos, que la película es un festival de citas y recuerdos cinéfilos.

 

A ratos parece más una declaración de amor al cine que una película propiamente dicha.

 

¿Funciona siempre? Pues no del todo.

 

El presupuesto se nota —y mucho—, el ritmo es irregular y hay momentos que parecen más teatro filmado que cine.

 

Pero también tiene algo entrañable: esa sensación de cine hecho por pura necesidad de contar algo.

 

Al final Neurótica anónima es eso: una película de resistencia.

 

Un recordatorio de que el cine, incluso cuando está medio en ruinas, sigue siendo un lugar donde reunirse, discutir, recordar películas y, de paso, intentar entender el mundo.

 

Y oye… en tiempos de plataformas, algoritmos y pantallas de móvil, ver una película que defiende el cine en sala tiene algo casi revolucionario. Aunque esté hecha con el presupuesto de una máquina de palomitas. 🍿

 

Mi puntuación: 7,67/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

 

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Crónica del tercer día del Festival de Málaga 29 (2026) – Cine, identidad y memoria en una jornada luminosa – Gema Santamaría – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

9/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Crónica del tercer día del Festival de Málaga 2026

 

 

Cine, identidad y memoria en una jornada luminosa

 

 

Por Gema Santamaría — Crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria

 

 

El Festival de Málaga alcanzó este 8 de marzo su tercer día con una temperatura más amable y un ambiente que empezaba a sentirse plenamente festivalero. Tras dos jornadas intensas, el certamen entró en una fase en la que el cine empieza a desplegar toda su variedad: producciones modestas, cine social, historias de identidad y también propuestas televisivas que dialogan con la historia reciente. Cuatro proyecciones y otras tantas ruedas de prensa han marcado una jornada rica y diversa.

 

 

Un homenaje al cine desde La Habana

 

La mañana comenzó con Neurótica anónima, una curiosa producción cubana dirigida por Jorge Perugorría y protagonizada por Mirta Ibarra, que además firma el guión.

 

La película podría definirse como cine de guerrilla: presupuesto muy reducido, imaginación desbordante y un amor evidente por el cine. La historia sigue a Iluminada, una acomodadora de un viejo cine de barrio en La Habana que ve peligrar su mundo cuando se anuncia el cierre de la sala.

 

A partir de ese punto, la película se convierte en un juego de cine dentro del cine. La protagonista interpreta su propia vida a través de referencias a clásicos de la historia del séptimo arte: La dolce vitaRepulsiónTiempos modernos o La pasión de Juana de Arco, entre otras.

 

El resultado es una película divertida y muy cinematográfica, un homenaje tanto al cine clásico como al propio acto de ir al cine. Incluso hay momentos que recuerdan abiertamente a Thelma & Louise, con descapotable incluido, algo que en la actual La Habana casi parece una hazaña logística.

 

En la rueda de prensa, Mirta Ibarra se confirmó como el verdadero corazón del proyecto, mientras Jorge Perugorría apareció con barba y abundante melena, caracterizado por el personaje que interpreta en un rodaje en curso. La conversación derivó inevitablemente hacia la difícil situación que vive Cuba, marcada por la escasez de combustible y las dificultades económicas.

 

 

Identidad y libertad en una reinterpretación contemporánea

 

La segunda proyección del día fue Mi querida señorita, dirigida por Fernando González Molina y producida por Javier Calvo y Javier Ambrossi, los conocidos “Javis”.

 

La película toma como punto de partida conceptual el clásico de Jaime de ArmiñánMi querida señorita (1972), protagonizado por José Luis López Vázquez y Julieta Serrano, pero lo reinterpreta desde una perspectiva contemporánea.

 

La historia sigue a una joven que vive en Pamplona y que lucha por encontrar su identidad, según muestra la película esta persona presenta un fenotipo femenino, aunque tiene gónadas masculinas no visibles, ya que están ocultas en el conducto inguinal, lo que se denominaba, pseudohermafroditismo masculino, esto se engloba hoy dentro de los estados intersexuales. La ciudad aparece retratada como un espacio cerrado donde todos se conocen y donde las convenciones sociales pesan como una losa.

 

La protagonista decide romper con ese mundo y huir a Madrid, donde encuentra una nueva familia emocional y también el amor, encarnado en una fisioterapeuta que aspira a convertirse en actriz, interpretada por Anna Castillo.

 

El reparto reúne nombres muy reconocibles: Paco LeónNagore AranburuManu Ríos o Eneko Sagardoy.

 

En la rueda de prensa, Calvo y Ambrossi ofrecieron una larga explicación sobre el proyecto. Insistieron en que no se trata de un remake del filme de Armiñán, sino de una reinterpretación contemporánea inspirada en la idea original, situada en los primeros años del siglo XXI.

 

La sesión comenzó, además, con un aplauso a Nagore Aranburu, recientemente premiada con un Goya como mejor actriz de reparto por Los domingos, lo que añadió un tono emotivo al encuentro.

 

 

Comedia sobre un secuestro real

 

Por la tarde llegó una propuesta televisiva: los dos primeros episodios de la miniserie Por 100 millones, creada por Nacho García Velilla y escrita junto a Oriol Capel.

 

La serie recrea el famoso secuestro del futbolista Quini en 1981, cuando el delantero del FC Barcelona fue retenido por tres mecánicos zaragozanos que exigían un rescate de cien millones de pesetas.

 

Aunque el hecho real fue dramático, la serie adopta un tono de comedia que funciona sorprendentemente bien. Los protagonistas —Raúl ArévaloVito Sanz y Gabriel Guevara— interpretan a los secuestradores con un equilibrio entre absurdo y desesperación social que recuerda al cine negro español pasado por el filtro del humor.

 

El reparto incluye también a Aixa VillagránNatalia HuarteMaría de NatiJorge Asín y Julia de Castro, esta última en el papel de la esposa del futbolista.

 

En la rueda de prensa, Nacho García Velilla explicó cómo la serie intenta retratar no solo el delito sino también el contexto social de la España de comienzos de los ochenta. Vito Sanz, especialmente inspirado, protagonizó algunos de los momentos más divertidos del encuentro.

 

 

Un viaje desde África hasta Europa

 

La jornada concluyó con Viaje al país de los blancos, dirigida por Dani Sancho, una película inspirada en la historia real de Ousman Umar.

 

El filme narra el viaje de un niño de 12 años que abandona Ghana con la esperanza de llegar a Europa. Tras un recorrido durísimo, termina en Barcelona, donde durante un tiempo vive en la calle hasta que encuentra apoyo en una familia que lo acoge.

 

La historia se convierte en un relato de superación personal: el protagonista logra estudiar y acaba fundando una ONG dedicada a promover la educación en su país de origen.

 

La presencia en la rueda de prensa del propio Ousman Umar, cuya historia inspira la película, añadió una dimensión emocional muy fuerte. Su capacidad comunicativa y su entusiasmo terminaron por reforzar el impacto de una película que, aunque narrativamente sencilla, resulta profundamente inspiradora.

 

 

Un pequeño paréntesis cultural

 

Entre la primera y la segunda proyección hubo tiempo para una breve escapada al Teatro Soho CaixaBank, impulsado por Antonio Banderas, uno de los centros culturales más dinámicos de la ciudad.

 

El paseo estuvo guiado por José María Tena, figura muy conocida de la cultura malagueña, que compartió algunas historias sobre la vida musical de la ciudad y el papel de sus orquestas.

 

 

Un festival que ya respira cine

 

El tercer día del Festival de Málaga dejó la sensación de que el certamen ya ha encontrado su ritmo. Cine cubano hecho con imaginación, reflexiones sobre la identidad, comedia histórica y cine social han convivido en una misma jornada.

 

Cuatro películas, cuatro ruedas de prensa y muchas conversaciones en los pasillos del festival. Málaga sigue demostrando que su festival no es solo un escaparate del cine en español, sino también un espacio donde las historias —grandes o pequeñas— encuentran siempre un público dispuesto a escucharlas.

 

Mañana, más cine. Y seguramente, también más historias que contar.

 

 

Gema Santamaría — Crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria

 

 

 

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Un capitán entre la conciencia y el ruido del festival Crónica del segundo día del Festival de Málaga 29 (2026) – Gema Santamaría – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

8/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un capitán entre la conciencia y el ruido del festival

 

Crónica del segundo día del Festival de Málaga 2026

 

Por Gema Santamaría — Crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria

 

El segundo día del Festival de Málaga amaneció frío y con un cielo gris que amenazaba lluvia sin decidirse nunca a cumplir la amenaza. Un día de ese tipo que parece pedir cine: oscuridad de sala, historias intensas y café caliente entre proyección y proyección.

 

Y el festival, desde luego, no tardó en darnos material.

 

La sorpresa del día: Hangar Rojo

 

La primera proyección de la mañana fue una auténtica sorpresa. La chilena Hangar Rojo, dirigida por Juan Pablo Sayago, se ha convertido —al menos por ahora— en la gran película del festival. Un film de apenas 81 minutos rodado en un austero blanco y negro que logra una intensidad poco habitual.

 

La película sitúa su acción el 11 de septiembre de 1973, el día del golpe militar que llevó al poder al general Augusto Pinochet y acabó con el gobierno del presidente Salvador Allende. El protagonista es un capitán de la escuela de aviación chilena que se encuentra atrapado en un dilema moral: obedecer órdenes o mantenerse fiel al orden constitucional.

 

El relato se desarrolla con una sobriedad admirable. No hay discursos grandilocuentes ni dramatismo exagerado. La narración observa los acontecimientos con cierta distancia, casi con frialdad, permitiendo que sea el espectador quien complete el juicio moral.

 

Destaca de forma extraordinaria Nicolás Zárate, que interpreta a ese capitán atrapado entre la obediencia y la conciencia. Su trabajo es contenido, sobrio, lleno de pequeños gestos que transmiten más que muchos diálogos.

 

Tras la proyección tuvo lugar una rueda de prensa con el director y parte del equipo. Fue curioso comprobar cómo Nicolás Zárate aparecía completamente transformado respecto a su personaje: otro aspecto, otro estilo, casi irreconocible. Es uno de esos momentos en los festivales en los que el cine y la realidad parecen pertenecer a mundos distintos.

 

Paseo por el puerto y cafés a precio de Venecia

 

Tras la rueda de prensa tocó aire libre. Un paseo por el centro de Málaga, rumbo al Muelle 1, la zona renovada del puerto. El cielo seguía indeciso entre nubes y claros, pero el ambiente era agradable.

 

Eso sí, el turismo se deja notar.

 

Parada técnica para un café con leche: cuatro euros por taza. Precio de turista internacional. Exactamente el mismo que uno paga en la isla de Venecia. Málaga tiene esas dos caras tan españolas: la del barrio donde el café cuesta poco más de un euro y la del paseo turístico donde la cuenta llega con cierto dramatismo.

 

El paseo por el puerto, pese a la multitud, resultó de lo más placentero. Turistas, barcos, tiendas, y ese aire mediterráneo que hace que todo parezca un poco más amable.

 

Intentando competir con La caza

 

La siguiente cita cinematográfica fue Día de caza, dirigida por Pedro Aguilera y protagonizada por Carmen MachiRossy de PalmaBlanca Portillo y la joven Zoe Arnao.

 

En la rueda de prensa el propio director explicó que su intención era hacer una reinterpretación de La caza, la mítica película de Carlos Saura de 1966, pero trasladando la historia a personajes femeninos.

 

El problema es evidente: competir con La caza es poco menos que suicida.

 

La película comienza con cierto aire de comedia costumbrista. Tiene ecos lejanos de La escopeta nacional de Luis García Berlanga e incluso algunos momentos que recuerdan a Los santos inocentes de Mario Camus. El problema es que invocar esos títulos implica jugar en una liga muy distinta.

 

De las protagonistas, Rossy de Palma es quien domina claramente la pantalla. Está en su territorio, segura, divertida y con presencia. Blanca Portillo, magnífica actriz sobre todo en teatro, aparece aquí algo sobreactuada. Y Carmen Machi, que siempre parece interpretar una variación de sí misma, vuelve a demostrar que ese registro lo domina con absoluta naturalidad.

 

La rueda de prensa fue muy entretenida. Escuchar a estas actrices siempre merece la pena, pero especialmente a Rossy de Palma, que estuvo espontánea, divertida y con una naturalidad que contagió a toda la sala.

 

Un drama de diálogos interminables: Solos

 

Tras una comida abundante —y sorprendentemente barata— en un bar cercano al Mercado de la Merced, llegó la sesión de las cinco de la tarde con Solos, dirigida por Guillermo Ríos Bordón.

 

La película reúne a cuatro intérpretes: Kira MiróCarlos SantosSalva Reina y Elia Galera. Y básicamente consiste en eso: cuatro personajes hablando sin parar sobre sus conflictos personales.

 

Conflictos que, por desgracia, resultan en muchos casos mezquinos, ridículos o simplemente poco interesantes. El guión está plagado de frases que parecen sacadas de manuales de autoayuda. La puesta en escena se basa casi exclusivamente en primeros planos y planos de detalle, lo que refuerza la sensación de estar ante un producto pensado más para televisión que para una sala de cine.

 

Sorprendentemente, la película fue muy aplaudida por el público. Una sospecha que entre los espectadores habría familiares, amigos y miembros del equipo.

 

En la rueda de prensa posterior, director y actores defendieron el proyecto con entusiasmo, intentando encontrar profundidad filosófica donde cuesta bastante encontrarla.

 

Emociones familiares en Nueve lunas

 

La cuarta película del día fue Nueve lunas, dirigida por Patricia Ortega, cineasta venezolana afincada en España que el pasado año presentó Mamacruz en la Seminci de Valladolid.

 

La historia plantea una situación peculiar: un joven trans que se encuentra en proceso de transición acaba quedándose embarazado por una serie de circunstancias bastante poco verosímiles. El protagonista está interpretado por Zack GómezRolls, acompañado por Jorge SanzMaría León y Kiti Mánver.

 

La película apuesta por un tono claramente emocional, muy orientado al gran público. Todo se desarrolla con un aire amable, incluso edulcorado, en el que los conflictos parecen resolverse con demasiada facilidad.

 

En la rueda de prensa destacó Jorge Sanz, que habló con mucha sensatez sobre la necesidad de seguir aprendiendo en la vida y sobre el respeto hacia la identidad de cada persona. Un discurso sencillo pero sincero que fue de lo más interesante del encuentro.

 

María León, apasionada como siempre, aportó también energía y entusiasmo a una conversación que terminó pasadas las nueve y media de la noche.

 

Cuatro películas y el cansancio del festival

 

Al salir del cine el clima era más amable que por la mañana. La noche malagueña parecía reconciliarse con el festival.

 

Había una última proyección nocturna, pero después de cuatro películas y cuatro ruedas de prensa, el cansancio era ya evidente. Un festival también exige resistencia: no solo ver cine, sino escuchar, preguntar, tomar notas y mantener la atención durante largas jornadas.

 

El Festival de Málaga tiene, eso sí, algo muy especial: la cercanía. Las ruedas de prensa están abiertas no solo a la prensa sino también al público, lo que genera encuentros muy vivos entre espectadores, cineastas y actores. Hoy las salas estaban prácticamente llenas.

 

Pero si hay que quedarse con un momento del día, no hay duda: la poderosa impresión que dejó Hangar Rojo. Una película que revisita uno de los episodios más dramáticos de la historia de Chile con una serenidad que resulta profundamente perturbadora.

 

Y que, quién sabe, quizá termine siendo una de las grandes revelaciones del festival.

 

Mañana, más cine desde Málaga.

 

Gema Santamaría

Nueva Alcarria

 

 

 

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Málaga abre el telón: vejez, educación y salud mental en una primera jornada con alma – Gema Santamaría – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

8/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

El Festival de Málaga arrancó su vigesimonovena edición con una jornada que combinó emoción, reflexión social y un cine profundamente humano. Tres películas muy distintas marcaron el tono de un primer día en el que la ciudad volvió a convertirse en capital del cine en español, entre alfombras rojas, salas llenas y conversaciones apasionadas en cada esquina del centro histórico.

 

 

La inauguración: la belleza de envejecer con dignidad

 

La jornada comenzó con la película inaugural, Calle Málaga, dirigida por la cineasta marroquí Maryam Touzani, una de las voces más interesantes del cine mediterráneo actual. Touzani ya había demostrado su talento con títulos como Adam (2019) y El caftán azul (2022), dos obras de enorme sensibilidad que la situaron en el mapa internacional. En esta ocasión firma su primer largometraje rodado en español, una coproducción entre Marruecos, España, Francia, Alemania y Bélgica. La película tuvo su estreno mundial en el Festival de Venecia, donde obtuvo el premio del público en su sección correspondiente, y fue elegida por Marruecos como candidata al Óscar a mejor película internacional.

 

La protagonista es Carmen Maura, que ofrece una interpretación colosal como María Ángeles, una mujer de 79 años que vive en Tánger, en el barrio donde transcurrió toda su vida. Su existencia tranquila, llena de pequeños rituales cotidianos y relaciones con vecinos y comerciantes, se ve alterada cuando su hija Clara —interpretada por Marta Etura— llega desde Madrid con la intención de vender el piso familiar. 

 

La película explora el conflicto entre generaciones, pero también algo mucho más profundo: la defensa del derecho a decidir sobre la propia vida cuando se llega a la vejez. En ese proceso, María Ángeles se resiste a abandonar su casa y, casi sin esperarlo, redescubre el amor al conocer a un anticuario interpretado por Ahmed Boulane.

 

Es una película luminosa, emotiva, profundamente nostálgica. Un canto a la memoria, a los lugares que nos sostienen y a la libertad personal incluso en la última etapa de la vida.

 

Tras la proyección tuvo lugar la rueda de prensa, con la presencia de la directora y del equipo artístico. Como era de esperar, todas las miradas se dirigieron a Carmen Maura, auténtica estrella de la mañana. La actriz se mostró cercana y divertida, reivindicando la idea de que después de los ochenta se puede seguir viviendo con intensidad, independencia y deseo.

 

En una breve conversación posterior comentaba algo muy revelador: durante años le incomodaba que la gente la parara por la calle, pero ahora disfruta ese contacto con el público. Porque —decía— una película no solo se hace para rodarla, sino para que alguien la vea.

 

La rueda de prensa estuvo moderada por Fernando Méndez-Leite, presidente de la Academia de Cine, que como es habitual dirigió el encuentro con su tono pausado y cordial. Antes de empezar, saludó afectuosamente al grupo de críticos que ocupábamos las primeras filas, junto a la jefa de prensa del festival.

 

 

La tarde en el Albéniz: educación, clase social y postureo

 

La segunda película del día se proyectó a las cuatro de la tarde en los Cines Albéniz, una de las sedes más emblemáticas del festival. Situados junto al Teatro Romano y a los pies de la Alcazaba, a escasos metros de la Plaza de la Merced, estos cines tienen ese encanto de los lugares con historia donde el cine todavía se vive con cierta liturgia.

 

La película era Altas capacidades, dirigida por Víctor García León, una comedia dramática protagonizada por Marián ÁlvarezIsrael Elejalde y Juan Diego Botto.

 

La historia parte de una premisa muy reconocible: los padres de un niño conflictivo deciden cambiarlo de colegio y matricularlo en un centro privado de élite. Lo que en apariencia es una decisión educativa se revela pronto como un intento de ascenso social.

 

La película arranca con fuerza y contiene momentos realmente divertidos, especialmente gracias al personaje interpretado por Juan Diego Botto, que aporta comicidad. Sin embargo, a medida que avanza el relato parece perder algo de fuelle. La idea es estupenda, pero el desarrollo no siempre está a la altura de sus posibilidades.

 

Eso sí, la película acierta al retratar una sociedad dominada por el postureo y la obsesión por el estatus. Todos los personajes parecen atrapados en una especie de competición social permanente, donde el colegio del niño funciona casi como una tarjeta de presentación.

 

Curiosamente, los únicos personajes que conservan algo de cordura son los abuelos, padres del personaje de Marián Álvarez, representantes de una generación que observa con cierto estupor el delirio competitivo de los adultos actuales.

 

 

La noche: correr contra los fantasmas

 

La tercera y última película de la jornada fue Corredora, dirigida por Laura García Alonso, un drama que aborda la salud mental con notable sensibilidad.

 

La protagonista es Alba Sáez, que interpreta a una joven atleta marcada por la muerte de su madre en un accidente. Ese trauma desencadena un episodio de delirio paranoide, que culmina en un grave accidente.Tras el ingreso hospitalario y el tratamiento con neurolépticos, la película se centra en su difícil proceso de reconstrucción personal.

 

Junto a ella destacan Marina Salas, en el papel de su hermana, y Álex Brendemühl, un actor que siempre aporta profundidad y matices a cualquier historia en la que participa.

 

Corredora es una película sencilla en su planteamiento, pero interesante en su mirada. Retrata con bastante precisión ese universo del pensamiento paranoide que tantas veces resulta incomprensible para quienes lo observan desde fuera. Más que una historia sobre el deporte, es un relato sobre la fragilidad mental y la posibilidad —siempre compleja— de volver a levantarse.

 

 

Un festival que vuelve a latir

 

Así terminó la primera jornada del Festival de Málaga, con tres películas que, cada una a su manera, hablaban de la vida cuando ésta se complica: la vejez, la presión social o la enfermedad mental.

 

Málaga volvió a demostrar que no es solo un festival de alfombra roja. Es también un lugar donde el cine se encuentra con la vida cotidiana, donde las historias pequeñas adquieren dimensión universal.

 

Y apenas es el primer día. El festival acaba de empezar.

 

 

Gema Santamaría – Crítica de cine. Colaboradora de Nueva Alcarria

 

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9 lunas – 2026 – Patricia Ortega – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

8/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Embarazo, identidad y una capa de almíbar que casi empalaga

 

Patricia Ortega es una directora y guionista venezolana nacida en 1977, con una filmografía todavía breve pero bastante visible en el cine de autor reciente.

 

Su ópera prima fue Yo, imposible (2018), y después firmó Mamacruz (2023), que le dio bastante proyección internacional.

 

Ahora presenta 9 lunas, escrita junto a Olmo Figueredo González-Quevedo y José Ortuño, y protagonizada por Zack Gómez-Rolls, Jorge Sanz, María León, Sara Sálamo, Fernando Guallar y Kiti Mánver

 

 

Cutrecomentario

 

La cuarta película de este segundo día del Festival de Málaga ha sido 9 lunas, de Patricia Ortega, y la verdad es que plantea un punto de partida potente: un hombre trans que todavía no ha completado su transición se queda embarazado.

 

La película se mete así en terrenos como la identidad, la maternidad, la transexualidad y la masculinidad, o sea, en un buen jardín. 

 

El protagonista está interpretado por Zack Gómez-Rolls, y su personaje vive una situación personal y social que, sobre el papel, daba para una película áspera, incómoda y con colmillo.

 

Pero 9 lunas opta casi siempre por un camino mucho más amable, más sentimental y bastante más edulcorado de lo que uno diría que pide una historia así.

 

Ahí está, para mí, uno de sus problemas gordos: la benevolencia casi general del entorno resulta poco creíble si se compara con una realidad social que sigue siendo bastante menos comprensiva y bastante más cafre.

 

Esa España tolerante, tan mona, tan civilizada, aparece aquí como si ya estuviéramos todos haciendo un máster en empatía, y no. Ojalá, pero no. 

 

Eso no impide que la película tenga momentos que emocionan. Y emocionan de verdad.

 

Es fácil entrar en el dolor de alguien que pelea por sostener su identidad frente a un mundo que le va poniendo pegas, etiquetas y miraditas de esas que no pagan alquiler pero ocupan mucho espacio. En ese sentido, la película toca fibras sensibles y algunas las toca bien.

 

Lo que pasa es que el personaje principal también tiene una deriva que complica la empatía.

 

En su intento de afirmarse en su nueva identidad masculina, a ratos se pasa de frenada y se convierte en un pequeño machirulo bastante antipático.

 

Y ahí la conexión con él se resiente, porque una cosa es entender el conflicto y otra muy distinta tener ganas de irse de cañas con el muchacho.

 

En el reparto secundario hay cosas que sí funcionan. Jorge Sanz está muy bien como ese padre que intenta adaptarse a realidades nuevas sin dejar de ser un señor de otra generación, y lo hace con naturalidad y con una vis cómica muy agradecida.

 

María León vuelve a demostrar esa capacidad tan suya para transmitir verdad popular, cercanía y humanidad sin esfuerzo aparente.

 

Y Kiti Mánver, que casi siempre sabe estar donde tiene que estar, compone una abuela comprensiva pero también exigente, sin caer en la caricatura. 

 

En resumen: 9 lunas es una comedia dramática con un tema muy actual y con buenas intenciones, que se ve sin dolor y hasta deja algún momento emotivo, pero que está demasiado azucarada y demasiado pendiente de gustar.

 

Aprueba, sí, pero con esa nota justita del alumno que cae simpático, participa en clase, pero el examen lo ha hecho regular tirando a normalito.

 

Mi puntuación: 5,56/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Solos – 2026 – Guillermo Ríos Bordón – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

8/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Solos (o cuatro amigos, un piso… y hora y media de terapia de grupo que nadie pidió)

 

El director Guillermo Ríos Bordón es un realizador canario que ha trabajado sobre todo en televisión y en el ámbito del audiovisual comercial.

 

Durante años ha dirigido programas y formatos televisivos y también ha participado en proyectos cinematográficos como director y guionista.

 

Con Solos se acerca a un terreno muy particular: la adaptación cinematográfica de una obra teatral escrita por Paloma Bravo, que ya había tenido recorrido sobre los escenarios.

 

El salto del teatro al cine siempre es delicado. A veces sale bien. Otras… pues no tanto.


 

 

Cutrecomentario

 

La tercera película del segundo día del Festival de Málaga fue Solos, y el título, hay que reconocerlo, tiene bastante sentido. Porque al final el espectador también se siente bastante solo… sentado en la butaca intentando sobrevivir a lo que ocurre en la pantalla.

 

La película adapta la obra teatral de Paloma Bravo, y se nota muchísimo su origen escénico.

 

Todo sucede prácticamente en un apartamento, donde cuatro amigos se reúnen para celebrar sus cumpleaños. Un planteamiento que, en teoría, podría dar bastante juego dramático.

 

El reparto lo forman Kira Miró, Carlos Santos, Alba Reina y Elia Galera.

 

Se supone que son personas que han tenido cierto éxito en la vida: profesionales con trabajos bien posicionados, vidas aparentemente encarriladas… bueno, todos menos el personaje que interpreta Alba Reina, que es profesor de instituto. Y ya sabemos que en España dedicarse a la educación suele significar más vocación que sueldo.

 

La reunión empieza con buen rollo, brindis, recuerdos y sonrisas de compromiso… pero poco a poco van saliendo rencores, reproches y viejas cuentas pendientes. Algo que, en principio, podría funcionar muy bien como retrato de una generación.

 

El problema es que todo se articula a través de diálogos interminables. Pero interminables de verdad. Conversaciones que parecen escritas a base de frases sacadas de manuales de autoayuda de aeropuerto.

 

El resultado es una sucesión de discusiones que se hacen pesadas, repetitivas y francamente irritantes.

 

Los personajes hablan, hablan y vuelven a hablar… pero casi nunca dicen nada que resulte interesante o mínimamente verosímil.

 

La cámara se obstina en sacar primeros planos y de detalle demostrando que estamos ante un producto meramente televisivo.

 

Especialmente irritante resulta la exposición sobre la depresión. Irritante y ofensivo.

 

Y eso que el reparto es competente. Pero cuando el material de base no funciona, ni Kira Miró, ni Carlos Santos, ni Elia Galera pueden hacer milagros.

 

La película además intenta rematar la función con un final melodramático, muy intenso, muy trascendente… que acaba de coronar el conjunto con una guinda bastante indigesta.

 

Lo más sorprendente de todo fue la reacción del público en la sala del festival: aplausos bastante entusiastas.

 

Confieso que aquello me dejó perplejo.

 

Aunque, pensándolo bien, la explicación más lógica es sencilla: probablemente entre el público habría muchos amigos, familiares y miembros del equipo de la película.

 

Porque si no… cuesta entender tanto entusiasmo ante un producto que, sinceramente, resulta un pequeño (gran) desastre cinematográfico.

 

Mi puntuación: 2,11/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

 

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Día de caza – 2026 – Pedro Aguilera – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

8/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Día de caza (o cómo meterse en el jardín de Carlos Saura… y salir con los pantalones llenos de barro)

 

El director Pedro Aguilera no es precisamente un recién llegado. Este cineasta cordobés lleva años moviéndose en el cine de autor español y en el circuito de festivales.

 

Debutó con La influencia (2007), presentada en la Quincena de Realizadores de Cannes, y posteriormente dirigió Demonios tus ojos (2017), un thriller inquietante que pasó por varios festivales internacionales.

 

También ha trabajado como guionista y ha mantenido siempre una línea de cine bastante personal, más cercana al drama psicológico que al cine comercial.

 

Con Día de caza, presentada en el Festival de Málaga, Aguilera decide meterse en un terreno peligrosísimo: revisitar uno de los grandes clásicos del cine español.


 

 

Cutrecomentario

 

Hay decisiones en la vida que requieren cierta prudencia. Por ejemplo: no discutir con tu suegra, no pedir la última ronda cuando ya llevas cuatro gin-tonics… y **no intentar rehacer una obra maestra de Carlos Saura.

 

Pues bien, Pedro Aguilera ha decidido saltarse ese último consejo.

 

En la rueda de prensa posterior a la proyección, el propio director explicó que Día de caza es una especie de revisitación en clave femenina y contemporánea de La caza (1966), la mítica película de Carlos Saura escrita junto a Angelino Fonns y protagonizada por Ismael Merlo, Alfredo Mayo, José María Prada y Emilio Gutiérrez Caba. Una película que es, ni más ni menos, uno de los grandes clásicos del cine español.

 

Así que, claro, cuando alguien dice que va a rehacer algo así, uno se pone automáticamente en modo “esto va a acabar regular”.

 

La nueva versión cambia el grupo masculino por cuatro mujeres: Carmen Machi, Rosy de Palma, Blanca Portillo y la joven Zoe Arnao. Tres amigas —más la sobrina de una de ellas— que se van a una dehesa a cazar.

 

Lo que parece una jornada campestre termina sacando a la superficie viejos rencores, reproches y tensiones acumuladas.

 

La intención es clara: igual que La caza era una metáfora feroz de la sociedad española de la posguerra, aquí se intenta hacer un retrato de la sociedad actual. El problema es que la intención no basta.

 

La película arranca con algunos elementos que recuerdan vagamente al universo berlanguiano —momentos que podrían evocar La escopeta nacional— o incluso ciertos ecos del cine rural español como Los santos inocentes de Mario Camus. Pero son solo destellos aislados, ideas sueltas que nunca terminan de cuajar en un conjunto sólido.

 

Y luego está el problema de la dirección de actores.

 

Porque con un reparto así uno espera fuegos artificiales interpretativos. Pero la cosa sale bastante torcida.

 

Blanca Portillo aparece excesiva, sobreactuada, en un registro que chirría.

 

Carmen Machi parece hacer básicamente de Carmen Machi, algo que suele funcionar… pero aquí se queda corto.

 

Zoe Arnao queda un poco perdida en medio del asunto, casi como si estuviera de invitada en la película.

 

La única que realmente se salva del desastre es Rosy de Palma, que aporta una presencia extraña, magnética, que al menos da algo de personalidad a la función.

 

Al final, lo que queda es una sensación bastante clara: la película nace de una premisa equivocada. Intentar dialogar con una obra tan gigantesca como La caza exige una humildad enorme o una idea verdaderamente brillante.

Aquí no hay ni lo uno ni lo otro.

 

Y el resultado es lo que pasa cuando alguien se mete en un berenjenal cinematográfico con demasiada confianza: la realidad termina pasando por encima como una apisonadora.

 

Mi puntuación: 4,13/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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