El Blog de Hola Soy Ramón!

 

Archivo de la Categoría: ‘Cine, cine, cine, más cine por favor…’

Night Nurse – 2026 – Georgia Bernstein

17/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cartel oficial de Night Nurse

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Alguien voló sobre el nido del geriátrico

 

Georgia Bernstein es una directora, guionista y productora estadounidense. Creó junto a Cemre Paksoy la comedia Snugglr, estrenada en Tribeca en 2018.

 

Después produjo las inclasificables All Jacked Up and Full of Worms (2022) y Anything That Moves (2025), ambas dirigidas por Alex Phillips.

 

Con Night Nurse debuta en la dirección de largometrajes y participa en la sección NEXT del Festival de Sundance de 2026.

 

Hay películas que te llevan de la mano.

Night Nurse prefiere agarrarte por la muñeca, meterte en un geriátrico y dejarte allí preguntándote qué demonios estás viendo.

 

Cemre Paksoy interpreta a Eleni, una joven enfermera que comienza a cuidar de Douglas, encarnado por Bruce McKenzie, un anciano que supuestamente atraviesa las primeras fases de una demencia.

 

Entre ambos, y también alrededor del resto de las enfermeras, se establece una red de relaciones viciosas, depravadas y muy turbadoras.

Nunca queda del todo claro quién manipula a quién, cuánto hay de enfermedad y cuánto de deseo o perversión compartida.

 

Ese desconcierto resulta atractivo, aunque también juega en contra de la película.

Algunos tramos son lentos, otros reiterativos y hay momentos en los que parece recrearse demasiado en la misma incomodidad.

 

La turbiedad también puede cansar si se remueve durante demasiado tiempo.

 

En el reparto aparece Mimi Rogers, actriz de fuerte presencia sensual durante sus años de mayor popularidad.

Aquí resulta curioso encontrarla décadas después, dentro de una película precisamente obsesionada con el deseo y el envejecimiento.

El calendario ha hecho su trabajo: es un funcionario implacable.

 

Night Nurse es una propuesta irregular, desconcertante y bastante difícil de digerir.

 

Pero también tiene personalidad, provoca incomodidad y deja suficientes preguntas rondando por la cabeza.

 

No siempre se disfruta, pero sí consigue interesar.

 

Mi puntuación: 6,76/10.

 

Escena de Night Nurse en la residencia de mayores

 

Dirigido por Georgia Bernstein:

Georgia Bernstein, directora de Night Nurse

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Escena de Night Nurse con Eleni y Douglas

 

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Colony – Gangchae – 2026 – Yeon Sang-ho

17/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cartel internacional de Colony

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La colmena de los muertos vivientes… con wifi cerebral

 

El surcoreano Yeon Sang-ho no necesita que le expliquen cómo se mueve un zombi.

 

Alcanzó fama internacional con Train to Busan y también cultivó el género en la cinta de animación Seoul Station y en Península.

 

Su filmografía incluye además Psychokinesis, JUNG_E, Revelación y la serie Rumbo al infierno.

 

Colony se presentó fuera de competición en las Sesiones de Medianoche del Festival de Cannes de 2026.

 

 

Cutrecomentario

 

Colony (Gangchae) es una película de zombis en modalidad infectados.

Aquí los bichos no solo corren, muerden y se retuercen malamente: se comunican como una mente colmena y van aprendiendo poco a poco.

 

Y, por si faltaba algo de glamour, tenemos esa especie de moco repugnante que van soltando por todas partes.

Una sustancia viscosa que no sabemos muy bien para qué sirve, pero que consigue que la película resulte todavía más asquerosa. Todo un detalle.

 

Cada película de zombis establece sus propias reglas.

Esta respeta bastantes convenciones del género, pero introduce la divertida idea de unos infectados capaces de intercambiar información, evolucionar y aprender de los errores.

Cuantos más son, menos tontos parecen.

Justo al contrario que en algunas reuniones de vecinos.

 

La gran protagonista es Se-jeong, la profesora de biotecnología interpretada por Jun Ji-hyun.

Me encanta.

Es una heroína inteligente, decidida y con el carisma suficiente para sostener todo este apocalipsis pringoso sin quedarse convertida en una simple superviviente decorativa.

 

Los infectados son sangrientos, desagradables y físicamente retorcidos.

 

Yeon Sang-ho maneja muy bien la acción y consigue que la película sea tremendamente divertida.

 

No revoluciona por completo el género, pero le añade una mente colectiva, unas cuantas novedades y litros de mucosidad.

 

Para pasar un rato estupendo.

 

Una película de zombis como Dios manda. Sí, señor.

 

Mi puntuación: 7,85/10.

 

Escena de Colony con una superviviente en el interior del edificio

 

Dirigido por Yeon Sang-ho:

Retrato del director Yeon Sang-ho

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Escena de Colony con varios infectados

 

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Lucky Strike – 2026 – Rod Lurie

17/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cartel oficial de Lucky Strike

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Salvar al capitán Eastwood, pero el guion llegó tarde al frente

 

Rod Lurie, cineasta israelí-estadounidense, se graduó en West Point y sirvió cuatro años como oficial del ejército.

 

Antes de ponerse detrás de una cámara fue periodista y crítico cinematográfico.

 

Ha dirigido Candidata al poder (2000), La última fortaleza (2001), El último asalto (2007), Nada más que la verdad (2008) y Perros de paja (2011).

 

Tras The Outpost (2020), vuelve al cine bélico y a trabajar con Scott Eastwood, coescribiendo además el guion con Marc Frydman.

 

 

El cutrecomentario

 

Scott Eastwood interpreta al capitán John Castle, un oficial estadounidense cuya unidad es aniquilada durante la ofensiva alemana que desembocó en la Batalla de las Ardenas.

 

Herido y atrapado tras las líneas enemigas, debe sobrevivir, advertir al ejército estadounidense del avance alemán y encontrar la manera de regresar con los suyos. Una radio averiada será prácticamente su único aliado.

 

Lucky Strike es cine bélico de manual, con todas las casillas marcadas y cada explosión colocada donde corresponde.

 

Tiene alguna secuencia eficaz, mantiene cierto interés y puede entretener especialmente a los aficionados al género.

 

El problema es que avanza por trincheras excavadas muchas veces por películas bastante mejores.

 

No hay grandes sorpresas ni demasiadas aportaciones, más allá de algún momento aislado.

No es un desastre militar, pero tampoco una victoria para escribir a casa.

 

Una de sus curiosidades más interesantes explica el título.

Durante la Segunda Guerra Mundial, pequeños paquetes de cigarrillos Lucky Strike, entre otras marcas, formaban parte de las raciones estadounidenses, mientras que Zippo dedicó su producción a abastecer al ejército.

 

La película muestra a soldados alemanes registrando los cuerpos de los estadounidenses caídos para quedarse con sus cigarrillos y mecheros.

De esa codiciada marca de tabaco procede el título.

Una anécdota histórica bastante más memorable que la propia película.

 

Cumple, entretiene a ratos y después se desvanece como el humo de un cigarrillo.

Sin filtro, pero también sin demasiada sustancia.

 

Mi puntuación: 5,65/10.

 

Scott Eastwood en una escena de Lucky Strike

 

Dirigido por Rod Lurie:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Scott Eastwood caracterizado como soldado en Lucky Strike

 

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Su propio infierno – Her Private Hell – 2026 – Nicolas Winding Refn

17/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cartel oficial de Su propio infierno (Her Private Hell)

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

David Lynch entra en la niebla y Refn enciende los neones

 

El danés Nicolas Winding Refn debutó con Pusher y consolidó su estilo con Bronson y Valhalla Rising.


Ganó el premio a mejor director en Cannes por Drive.


Después llegaron Solo Dios perdona, The Neon Demon y las series Too Old to Die Young y Copenhagen Cowboy.


Su propio infierno supone su regreso al largometraje diez años después de The Neon Demon y fue presentada fuera de concurso en Cannes 2026.

 

 

El cutrecomentario

 

Su propio infierno se desarrolla envuelta en una niebla onírica que tiene mucho del universo de David Lynch.

 

Aquí la lógica convencional ha cogido la puerta, pero antes ha dejado encendidos todos los neones.

 

Nicolas Winding Refn reúne a personajes extravagantes que hablan y se comportan con una solemnidad tan excesiva que, en ocasiones, roza deliberadamente el ridículo.

 

Elle, el soldado K, Dominique, Hunter, Johnny Thunders y el Hombre de Cuero van cruzando sus historias sin demasiado respeto por la coherencia ni por el espectador que pretenda reconstruir el argumento con escuadra y cartabón.

 

Todo está cargado de sensualidad, violencia y una belleza artificial fascinante.

 

La narración parece menos interesada en contar una historia que en construir una pesadilla elegante, turbadora y pegajosa.

 

Refn no pretende explicar: quiere hipnotizar. Y lo consigue, aunque a veces esa oscuridad parezca también una cómoda coartada para no aclarar absolutamente nada.

 

Es una película que me aturde, me arrolla y no deja de sorprenderme.

 

No estoy seguro de haberla entendido, pero sí de haberla disfrutado.

 

Hay películas que se comprenden y otras que se padecen, se contemplan o se sueñan.

Esta pertenece a las cuatro categorías.

 

Mi puntuación: 6,86/10.

 

Sophie Thatcher en una escena de Su propio infierno

 

Dirigido por Nicolas Winding Refn:

Nicolas Winding Refn

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Charles Melton en una escena de Su propio infierno

 

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Actividad de Ramón Bernadó en el Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

17/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Actividad en holasosoyramon.com:

 

Terror en la embajada (Miniserie Documental) – Terror på ambassaden – 2025 – Johanna Becker, Johannes Preuss – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

 

Los juicios de Yugoslavia (Miniserie Documental) – Krieg vor Gericht. Die Jugoslawien-Prozesse – 2021 – Lucio Mollica – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

 

El secuestro de un presidente – Kyyditys – 2026 – Samuli Valkama – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

 

Los Cangrejos (Documental) – 2025 – Rubén Seca – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

 

La desaparición de Josef Mengele – Das Verschwinden des Josef Mengele – 2025 – Kirill Serebrennikov – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

 

Memory of Princess Mumbi – 2025 – Damien Hauser – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

 

Mektoub, mi amor: Canto Uno – Mektoub, My Love: Canto uno – 2017 – Abdellatif Kechiche – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

 

Julian – 2025 – Cato Kusters – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

 

Sombra nómada – Nomad Shadow – 2025 – Eimi Imanishi – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

 

Idiotka – 2025 – Nastasya Popov – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

 

Mad Bills to Pay (or Destiny, dile que no soy malo) – 2025 – Joel Alfonso Vargas – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

 

Egghead Republic – 2025 – Pella Kågerman, Hugo Lilja – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

 

Tell Everyone – Kerro kaikille – 2026 – Alli Haapasalo – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

 

Una segunda vida – A Second Life – 2025 – Laurent Slama – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

 

Wild Foxes – La Danse des Renards – 2025 – Valery Carnoy – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

 

Un secuestro familiar – Itt érzem magam otthon – 2025 – Gábor Holtai – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

 

H de halcón – H Is for Hawk – 2025 – Philippa Lowthorpe – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

 

Seis días en primavera – Six jours ce printemps-là – 2025 – Joachim Lafosse – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

 

Si me voy, ¿me echarán de menos? – If I Go Will They Miss Me – 2026 – Walter Thompson-Hernandez – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

 

Yes! – Ken – 2025 – Nadav Lapid – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

 

Kingdom – Krolestwo – 2025 – Michał Ciechomski – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

 

 

 

 

Actividad en El Heraldo del Henares:

 

Contando todo lo que he visto en el ‘Atlantida Mallorca Film Fest 2026’ – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026 (I)

 

Contando todo lo que he visto en el ‘Atlantida Mallorca Film Fest 2026’ – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026 (II)

 

Contando todo lo que he visto en el ‘Atlantida Mallorca Film Fest 2026’ – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026 (III)

 

 

 

 

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Terror en la embajada (Miniserie Documental) – Terror på ambassaden – 2025 – Johanna Becker, Johannes Preuss – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

11/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de Terror en la embajada

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La embajada de cristal: sin John McClane y con el GEO por estrenar

 

Johanna Becker firma la dirección principal de Terror en la embajada, con Johannes Preuss como codirector.

 

La filmografía pública de Becker como realizadora es todavía breve.

 

Preuss cuenta con mayor recorrido: Galamsey – For a Fistful of Gold, Nollywood – Filmbusiness African Style, Mein fremdes Land y la serie 22. Juli – Die Schüsse von München.

 

Galamsey obtuvo en 2017 el Student Academy Award al mejor documental internacional.

 

Terror en la embajada reconstruye en dos episodios el asalto a la embajada de la República Federal de Alemania en Estocolmo, ocurrido el 24 de abril de 1975.

 

La miniserie comienza situándonos en el clima de violencia política que vivía la Alemania occidental.

La Fracción del Ejército Rojo (RAF) cometía atentados y pretendía doblegar al Estado mediante el secuestro y el asesinato.

 

El precedente inmediato había sido el secuestro del político democristiano Peter Lorenz.

No lo realizó la RAF, sino el Movimiento 2 de Junio, otra organización terrorista de extrema izquierda.

La liberación de Lorenz, después de que cinco presos fueran excarcelados, convenció a otros terroristas de que el chantaje podía funcionar.

 

Seis integrantes del llamado Comando Holger Meins entraron armados en la embajada y exigieron la liberación de 26 presos.

El Gobierno de Helmut Schmidt se negó y dejó al Ejecutivo sueco de Olof Palme ante una situación para la que nadie parecía tener un manual de instrucciones.

 

Uno de los aspectos más reveladores es comprobar la absoluta desorientación de la policía sueca.

Los agentes destinados a tareas corrientes acabaron improvisando una especie de embrión de unidad antiterrorista.

Un GEO montado sobre la marcha, con buena voluntad, mucha confusión y ninguna experiencia previa.

 

El desenlace tampoco llegó gracias a una operación policial brillante.

La torpeza de los secuestradores provocó la explosión accidental de los explosivos colocados en el edificio.

Aquello evitó probablemente una matanza aún mayor, aunque el balance fue terrible: murieron dos diplomáticos y dos terroristas.

 

La narración combina material de archivo, grabaciones originales, voz en off y declaraciones de supervivientes, policías y familiares.

 

Estos descendientes también terminan ocupando un lugar protagonista porque las consecuencias de aquella jornada no concluyeron cuando se apagó el incendio.

 

El punto más débil son las recreaciones interpretadas por actores.

Resultan planas, poco trabajadas y escasamente dramáticas.

Parecen por momentos un vídeo de prevención de riesgos laborales, solo que aquí el riesgo son varios kilos de dinamita y unos terroristas armados hasta los dientes.

 

Afortunadamente, los testimonios y las imágenes reales tienen suficiente fuerza para sostener el conjunto.

 

Terror en la embajada no es una gran obra desde el punto de vista formal, pero sí una miniserie documental interesante, bien ordenada y bastante reveladora.

 

Dos episodios que se ven con facilidad y demuestran que, en ocasiones, la historia se resuelve mediante una mezcla poco edificante de azar, improvisación e incompetencia.

 

Mi puntuación: 6,51/10.

 

Rehenes tendidos en el suelo de la embajada en Terror en la embajada

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

Policías armados durante el asalto de Terror en la embajada

 

 

 

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Los juicios de Yugoslavia (Miniserie Documental) – Krieg vor Gericht. Die Jugoslawien-Prozesse – 2021 – Lucio Mollica – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

11/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de Los juicios de Yugoslavia

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

¿Vencedores o vencidos? La Haya llegó tarde a los Balcanes

 

El italiano Lucio Mollica es director, guionista y productor especializado en documentales históricos.

 

En Los juicios de Yugoslavia firma el guion y la dirección.

 

También fue coguionista y productor de Afganistán, la tierra herida, codirigió Tod und Spiele – München ’72 y participó en la dirección de Vietnam: The Birth of a Nation.

 

Su interés por Bosnia comenzó cuando viajó allí para rodar un documental diez años después de terminar la guerra.

 

La miniserie fue nominada al Premio Grimme 2022, en la categoría de Información y Cultura.

 

Los juicios de Yugoslavia es una miniserie documental de apenas dos capítulos, de unos cincuenta minutos cada uno, que reconstruye la desintegración de Yugoslavia, la guerra de Bosnia-Herzegovina y el posterior intento de llevar a sus responsables ante la justicia.

 

El episodio más estremecedor es, inevitablemente, el genocidio de Srebrenica.

Una ciudad declarada zona segura por la ONU terminó ocupada por las fuerzas serbobosnias.

Más de 8.000 hombres y muchachos bosníacos fueron asesinados.

Muchos intentaron escapar por los bosques, pero fueron capturados y ejecutados mientras la protección internacional se desmoronaba como un decorado de cartón piedra.

 

Conviene aclarar que el Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia no se creó después de aquella matanza.

Había sido constituido por la ONU en 1993, dos años antes de Srebrenica, aunque después sería fundamental para investigar el genocidio y llevar hasta La Haya a varios de sus principales responsables.

 

El documental combina imágenes de archivo, testimonios de víctimas, acusados, fiscales y jueces, además de una voz en off que organiza el relato.

Está bien construido, resulta claro y mantiene la sobriedad necesaria.

Tampoco necesita demasiados fuegos artificiales: los hechos ya contienen suficientes explosivos.

 

Su principal problema es que dos capítulos saben a poco.

Orígenes del conflicto, guerra, genocidio, investigaciones, detenciones, juicios y legado del tribunal entran aquí como los Balcanes en una maleta de cabina.

Como introducción funciona muy bien; como análisis profundo, se queda corta.

 

En cualquier caso, siempre resulta necesario volver sobre nuestra historia reciente.

 

Sobre todo cuando demuestra que Europa dijo «nunca más» y, llegado el momento, añadió: «Bueno, ya si eso mañana».

 

Mi puntuación: 6,55/10.

 

Archivo del Tribunal Penal Internacional para la ex-Yugoslavia en Los juicios de Yugoslavia

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

Acusado ante el tribunal en Los juicios de Yugoslavia

 

 

 

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El secuestro de un presidente – Kyyditys – 2026 – Samuli Valkama – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

11/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de El secuestro de un presidente

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La muerte de Stalin a la finlandesa: golpe de Estado con resaca

 

El finlandés Samuli Valkama estudió animación y comenzó dirigiendo cortometrajes antes de pasarse al cine y la televisión.

 

Debutó en el largometraje con Hulluna Saraan (2012), a la que siguieron Ei kiitos (2014) y Saattokeikka (2017).

 

También ha dirigido series como The Man Who Died.

 

Especializado en comedia, El secuestro de un presidente es su cuarto largometraje.

 

Lo primero que me vino a la cabeza viendo El secuestro de un presidente (Presidentin kyyditys) fue la estupenda La muerte de Stalin.

Ambas convierten unos hechos políticos terribles en una comedia muy divertida.

A veces basta con contemplar la realidad sin pestañear para descubrir que el poder puede ser más ridículo que cualquier chiste.

 

La película parte de un hecho real: el secuestro, el 14 de octubre de 1930, de Kaarlo Juho Ståhlberg, primer presidente de Finlandia, ya retirado, y de su esposa Ester, por miembros del ultraderechista Movimiento de Lapua.

La historia real ya parecía escrita por un guionista con bastante mala leche.

 

La narración avanza por dos frentes.

Por un lado, unos jóvenes ultranacionalistas reciben el encargo de secuestrar al expresidente, defensor de la democracia y contrario a sus ideas fascistas.

Son chapuceros, torpes y, en algunos momentos, directamente imbéciles.

 

Por otro lado, tenemos al teniente coronel Eero Kuussaari, ansioso por ascender, reunido con otros altos mandos militares.

Entre copa y copa deciden promover una revolución, derribar la democracia e instaurar un régimen totalitario.

Los secuestradores son inútiles, pero sus superiores consiguen superarlos.

La jerarquía militar no elimina la estupidez: simplemente le pone medallas.

 

Alcoholizados y henchidos de patriotismo barato, repiten las habituales proclamas xenófobas: vienen los rusos, violarán a nuestras mujeres, quemarán nuestras casas y acabarán con nuestra forma de vida.

El viejo manual del miedo: inventar un enemigo, alimentar el odio y presentarse después como salvador de la patria.

 

La película ridiculiza ese discurso sin necesidad de grandes sermones.

Basta con mostrar a quienes lo pronuncian.

Debajo de los uniformes, las proclamas y las poses marciales solo hay ambición, resentimiento y una preocupante escasez de neuronas.

 

El secuestro de un presidente me ha divertido.

Sus 87 minutos pasan con mucha facilidad y la comedia funciona porque no necesita exagerar demasiado unos acontecimientos que ya fueron bastante absurdos.

 

Además, deja claro que estos discursos no aportan absolutamente nada a nadie, salvo satisfacción a los tontos que desean escucharlos.

Y, por desgracia, de esos nunca andamos escasos.

 

Mi puntuación: 6,77/10.

 

Oficiales finlandeses en El secuestro de un presidente

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

El matrimonio Ståhlberg en El secuestro de un presidente

 

 

 

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Los Cangrejos (Documental) – 2025 – Rubén Seca – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

11/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de Los Cangrejos

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La España vaciada está llena de fantasmas

 

Rubén Seca estudió Dirección en la Escuela de Cine de Barcelona y ha realizado más de una decena de cortometrajes. Entre ellos destacan Esculpiendo en la memoria, ganador del Notodofilmfest de 2018; Reminiscencia, Premio RTVE Cámara abierta; y Mortis causa, candidato a los Premios Goya 2024.

 

En 2021 fundó la productora Shoji Films. Los Cangrejos es su primer largometraje documental.

 

Los Cangrejos obtuvo la Mención Especial DOC. España en la Seminci 2025, donde celebró su estreno mundial. E

l jurado destacó su manera de registrar una herida todavía abierta en la sociedad española. 

 

 

Cutrecomentario de Ramón

 

Tras la muerte de su abuelo, Rubén Seca encuentra un cuaderno con las memorias de su bisabuelo Eloy, albañil y militante de la CNT.

Ese descubrimiento familiar sirve para reconstruir la represión franquista en Soria durante la Guerra Civil y la posguerra.

 

En la provincia no existió un frente de batalla. Desde el comienzo quedó bajo el control de los sublevados y la guerra se manifestó fundamentalmente mediante la persecución de republicanos, sindicalistas y cualquier persona considerada desafecta.

Eloy fue encarcelado y sometido a trabajos forzados, aunque consiguió salvar la vida.

Otros no tuvieron esa suerte.

 

El propio Rubén Seca narra y monta el documental.

Su voz lee aquellas memorias con un tono apagado, casi desangelado.

Puede entenderse como una decisión coherente con el relato, pero también contribuye a que el conjunto resulte aún más pesado y abatido.

Aquí la alegría no llega ni en visita de médico.

 

Lo mejor está en las imágenes de Soria.

Paisajes hermosos, campos silenciosos, pueblos medio vacíos y vecinos ya ancianos.

La España vaciada aparece retratada sin postal turística ni filtros embellecedores: como un territorio desamparado que todavía guarda demasiados recuerdos bajo la tierra.

 

Ese contraste entre la belleza del paisaje y la violencia que allí ocurrió transmite una melancolía profunda.

No hacen falta trincheras ni batallas.

Basta con recorrer carreteras, cementerios, casas abandonadas y rostros envejecidos para comprender el peso del silencio.

 

Los Cangrejos es un documental triste, quizá demasiado empeñado en recordarnos su tristeza, pero honesto y necesario.

 

Una película sobre la memoria familiar que termina hablando de todo un país empeñado durante décadas en caminar hacia atrás sin mirar lo que dejaba enterrado.

 

Mi puntuación: 6,53/10.

 

Cruz y cigüeña en una escena de Los Cangrejos

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

Dos personas caminando por un bosque en Los Cangrejos

 

 

 

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La desaparición de Josef Mengele – Das Verschwinden des Josef Mengele – 2025 – Kirill Serebrennikov – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

9/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de La desaparición de Josef Mengele

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La larga agonía de un verdugo que nunca pidió perdón

 

Josef Mengele consiguió escapar de la justicia. Lo que no consiguió fue escapar de sí mismo.

 

La desaparición de Josef Mengele (Das Verschwinden des Josef Mengele, 2025) está dirigida por Kirill Serebrennikov, cineasta ruso de trayectoria especialmente incómoda y personal.

 

Entre sus trabajos más destacados figuran Leto (2018), La fiebre de Petrov (2021), La mujer de Chaikovski (2022) y Limonov: The Ballad (2024).

 

Con esta película adapta la novela La desaparición de Josef Mengele, de Olivier Guez, y vuelve a trabajar con el director de fotografía Vladislav Opelyants.

 

La película, producción germano-francesa protagonizada por August Diehl, fue presentada en el Festival de Cannes de 2025 dentro de la sección Cannes Première.

 

No compitió por la Palma de Oro, por lo que conviene no confundir selección oficial con competición.

 

 

La larga agonía de un verdugo

 

La desaparición de Josef Mengele no se ocupa tanto del monstruo de Auschwitz como del hombre que consiguió sobrevivir al monstruo que había sido. O, mejor dicho, que seguía siendo.

 

Serebrennikov relata los años de huida de Josef Mengele por Sudamérica, saltando entre distintas épocas y lugares.

 

Argentina, Paraguay y Brasil conforman el mapa de un fugitivo que va cambiando de residencia, aspecto y nombre mientras intenta evitar que la justicia llegue hasta él.

 

La estructura fragmentada encaja perfectamente con esa existencia clandestina.

La película avanza por capítulos, identidades y momentos diferentes hasta llegar al Mengele anciano, visitado por su hijo Rolf.

No estamos ante una biografía convencional, sino ante la progresiva degradación física de un hombre cuya ideología permanece sorprendentemente intacta.

 

Rodada fundamentalmente en un áspero blanco y negro, con algunas irrupciones del color, la película evita cualquier tentación de embellecer a su protagonista.

August Diehl realiza una interpretación extraordinariamente desagradable, y eso es precisamente un elogio.

 

Porque lo verdaderamente aterrador no es descubrir que Mengele fue nazi.

Eso ya lo sabemos.

Lo espantoso es comprobar que nunca dejó de serlo.

 

No hay arrepentimiento.

No hay sentimiento de culpa.

Ni siquiera aparece la miserable excusa del «cumplía órdenes».

Mengele continúa creyendo en aquello que hizo.

Sigue considerando inferiores a los judíos, mantiene intacto su racismo y continúa defendiendo las delirantes fantasías de pureza racial y expansión del pueblo alemán.

 

La guerra terminó, el Tercer Reich desapareció y sus crímenes fueron expuestos ante el mundo.

Él, sin embargo, no aprendió absolutamente nada.

 

Eso convierte al personaje en alguien todavía más despreciable.

 

Su paranoia permanente ante una posible captura por Israel o el Mossad tampoco genera compasión.

Al contrario. Hay algo casi satisfactorio en contemplar cómo vive pendiente de cualquier coche, cualquier desconocido o cualquier movimiento sospechoso.

El verdugo convertido en fugitivo perpetuo.

 

Pero sería consolador pensar que Mengele era simplemente un monstruo aislado.

La película tampoco concede ese alivio.

A su alrededor encuentra personas que lo protegen, lo comprenden o comparten buena parte de su pensamiento.

El nazismo no desapareció mágicamente en mayo de 1945.

Muchos nazis simplemente se quitaron el uniforme.

 

La desaparición de Josef Mengele termina siendo así la larga agonía de un verdugo sin arrepentimiento, un fanático incapaz de reconocer el horror que provocó y convencido hasta el final de que el equivocado era el mundo.

 

Mengele consiguió algo que demasiados criminales nazis consiguieron: morir sin ser juzgado.

 

No consiguió, al menos aquí, que lo recordemos con otra cosa que no sea desprecio.

 

Y después de dos horas contemplando su racismo, su fanatismo y su absoluta ausencia de remordimientos, cuesta encontrar una despedida elegante.

 

Así que tampoco voy a intentarlo.

 

Menudo hijo de puta. Muérete. Púdrete, cabrón.

 

Mi puntuación: 7,87/10.

 

August Diehl como Josef Mengele en La desaparición de Josef Mengele

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

Escena de La desaparición de Josef Mengele

 

 

 

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Memory of Princess Mumbi – 2025 – Damien Hauser – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

9/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de Memory of Princess Mumbi

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La princesa, la IA y el narrador que no se callaba ni debajo del agua

 

Memory of Princess Mumbi es una de esas películas que parecen empeñadas en demostrar que con imaginación, pocos medios y bastante desparpajo se puede montar todo un universo cinematográfico.

 

Ciencia ficción africana, romance, princesas, fronteras imaginarias, inteligencia artificial y una voz en off capaz de sobrevivir a un apagón nuclear.

 

Damien Hauser, cineasta keniano-suizo nacido en Zúrich en 2001, comenzó a realizar cortometrajes siendo prácticamente un niño y estudió cine en el SAE Institute.

 

Antes de Memory of Princess Mumbi había dirigido los largometrajes Blind Love (2021), Theo: A Conversation with Honesty (2022) y After the Long Rains (2023).

 

Con esta última película y con la que nos ocupa ha ido entrando en el circuito internacional de festivales. Memory of Princess Mumbi tuvo su estreno mundial en las Giornate degli Autori del Festival de Venecia de 2025.

 

Y premios, haberlos, haylos.

La película ganó el Golden Tulip a la mejor película en el Festival Internacional de Estambul de 2026, el Premio de la Crítica del Festival de Zúrich de 2025 y recibió una mención especial del Gran Premio Alquimias en la Seminci de Valladolid de 2025.

 

La acción nos lleva hasta 2093.

Kuve, un cineasta, viaja hasta el imaginario país africano de Umata para documentar las consecuencias de una guerra que ha terminado resucitando antiguos reinos.

Allí entra en escena Mumbi y, a partir de ahí, la película empieza a mezclar ciencia ficción, romance, falso documental y reflexión sobre la propia creación cinematográfica.

 

Sobre el papel parece que estamos ante una densísima reflexión geopolítica acerca del colonialismo, las fronteras artificiales, la tecnología y el futuro de África.

 

Pero luego la película decide que tampoco hace falta ponerse estupendos.

 

Porque en el fondo hay una historia de amor bastante sencilla y un triángulo romántico de los de toda la vida.

Puedes situarlo en 2093, meter inteligencia artificial y construir un reino africano retrofuturista, pero al final aparece un tercero y se monta el lío.

Shakespeare mirando desde el más allá pensando: «Tanta tecnología para terminar haciendo lo mismo».

 

Uno de los elementos más llamativos es precisamente la utilización de inteligencia artificial para construir buena parte de ese mundo futurista, una herramienta que permite a una producción pequeña plantear escenarios que mediante procedimientos tradicionales hubieran resultado mucho más costosos.

 

A veces canta bastante, claro.

 

Hay momentos en los que parece que la película estuviese sucediendo dentro de una ilustración animada creada a las cuatro de la mañana por alguien con insomnio, mucha cafeína y una cuenta prémium de generación de imágenes.

 

Pero, extrañamente, esa estética artificial termina otorgándole personalidad.

 

La película aparenta además ser enormemente compleja porque lanza ideas constantemente.

Hay una sensación permanente de torrente narrativo, de hiperactividad visual y verbal.

Todo sucede deprisa.

El montaje es frenético y continuamente están ocurriendo cosas o, peor todavía, explicándonos las cosas que están ocurriendo.

 

Y ahí llegamos a mi principal problema con Memory of Princess Mumbi.

 

La voz en off.

 

Esa voz en off interminable, persistente e invasiva que parece tener prohibido permanecer callada más de quince segundos.

 

Yo es que no puedo con la voz en off utilizada de esta manera (y posiblemente de ninguna posible).

 

Me parece casi siempre un recurso que evidencia cierta desconfianza hacia las imágenes.

Si todo lo que vemos necesita ser explicado continuamente, el cine empieza a parecerse peligrosamente a un audiolibro ilustrado.

 

Y aquí no hay tregua.

 

Cuando no habla el narrador, hablan los personajes.

Cuando dejan de hablar los personajes, vuelve el narrador.

Apenas existen momentos de silencio, contemplación o simple respiración cinematográfica.

 

Todo está verbalizado. Todo explicado. Todo subrayado.

 

Y termina agotando.

 

Es como estar encerrado durante 79 minutos con un amigo hiperactivo que te cuenta una historia mientras simultáneamente te explica por qué te la está contando y, de paso, mueve los brazos como un molino industrial.

 

Una pena, porque la película tiene imaginación, humor, ritmo y una evidente personalidad.

Funciona razonablemente bien como comedia romántica disparatada, algo así como meter ciencia ficción africana, anime romántico y telenovela futurista en una batidora industrial y pulsar el botón de máxima potencia.

 

No siempre funciona.

 

Pero cuando funciona resulta simpática y bastante divertida.

 

Así que aprobado raspadillo.

 

Como esos alumnos caóticos que entregan el examen lleno de flechas, tachones y dibujos absurdos y uno piensa que aquello va directo al suspenso.

 

Pero lo lees entero y terminas reconociendo que, en medio de semejante follón, hay talento e imaginación.

 

Mi puntuación: 5,55/10.

 

Kuve y Mumbi entre las ruinas de Umata en Memory of Princess Mumbi

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

Músico con trompeta rodeado de mariposas en Memory of Princess Mumbi

 

 

 

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Mektoub, mi amor: Canto Uno – Mektoub, My Love: Canto uno – 2017 – Abdellatif Kechiche – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

9/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de Mektoub, mi amor: Canto Uno

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Tres horas mirando un verano que nunca tuve

 

Abdellatif Kechiche es uno de esos directores que no parecen conocer la palabra «cortar».

 

Franco-tunecino, debutó con La culpa la tiene Voltaire y después llegaron La escurridiza, Cuscús, Venus negra y, sobre todo, La vida de Adèle, con la que obtuvo la Palma de Oro en Cannes en 2013.

 

Su cine apuesta por el naturalismo, las conversaciones que parecen improvisadas, los cuerpos y un tiempo cinematográfico que se parece bastante al tiempo real.

 

Aquí lleva esa fórmula hasta las 174 minutazos.

 

Mektoub, mi amor: Canto Uno compitió por el León de Oro en el Festival de Venecia de 2017.

 

Ophélie Bau fue posteriormente nominada al César a mejor actriz revelación por su interpretación de Ophélie.

 

 

Cutrecomentario

 

Verano de 1994. Amin, interpretado por Shaïn Boumedine, regresa desde París a Sète después de haber abandonado Medicina.

Quiere escribir guiones, le gusta la fotografía y, sobre todo, le gusta mirar.

 

Y eso es básicamente Mektoub, mi amor: Canto Uno: una película sobre mirar.

 

Mientras su primo Tony, interpretado por Salim Kechiouche, se dedica con notable entusiasmo al noble arte de ligar con todo lo que se mueve, Amin permanece en segundo plano.

Es prudente, agradable, casi no bebe, no fuma y parece completamente ajeno a la competición veraniega por ver quién se acuesta con más gente.

 

Además está enamorado de Ophélie, interpretada por Ophélie Bau, su amiga de siempre, que tiene a su prometido lejos mientras mantiene una relación clandestina con Tony.

 

Vamos, que el verano está entretenido.

 

Aparecen Charlotte, Céline y el resto de la pandilla.

Playa, baños, discoteca, conversaciones, ligues, desengaños y reconciliaciones.

No ocurre prácticamente nada extraordinario y, sin embargo, no podía dejar de mirar.

 

Ese es para mí el gran misterio de la película.

 

Son 174 minutos, casi tres horas, y durante buena parte del metraje pensaba: «Pero si aquí no está pasando nada». Y acto seguido seguía absolutamente enganchado.

 

Kechiche convierte lo intrascendente en algo hipnótico.

 

No busca grandes acontecimientos. Busca cuerpos, miradas, conversaciones, silencios, música, sol y deseo. Sobre todo deseo.

 

Porque la cámara de Kechiche se recrea muchísimo en los cuerpos femeninos.

Y cuando digo muchísimo quiero decir muchísimo.

Piernas, pechos, traseros, bikinis, bailes…

La cámara tiene una querencia por determinadas anatomías que no necesita brújula para encontrarlas.

 

Ya desde el comienzo, con una relación sexual filmada de manera muy explícita, queda bastante claro por dónde van a ir algunos tiros.

 

Esa mirada puede resultar discutible —y desde luego no es precisamente discreta—, pero forma parte de una película extraordinariamente física y vitalista.

Aquí el verano se suda.

 

Frente a todo ese festival hormonal está Amin, observándolo desde fuera.

Su mirada es la nuestra.

Tiene algo de aspirante a cineasta antes incluso de convertirse en uno: mira a los demás, fotografía, escucha y parece guardar todo lo que sucede para utilizarlo algún día.

 

Y es un amor de chiquillo.

 

Mientras Tony va dejando víctimas sentimentales por las playas de Sète, Amin contempla a Ophélie con esa cara que solo pone quien sabe perfectamente que está enamorado y también sabe perfectamente que no va a hacer nada al respecto.

 

Me gusta especialmente Charlotte, interpretada por Alexia Chardard.

Después de su desengaño con Tony, termina liberándose de unas cuantas dependencias sentimentales y amistosas.

Su encuentro final con Amin, cuando vuelven a verse en la playa y surge esa invitación a cenar, me parece sencillo, tierno y precioso.

 

Sin violines.

 

Sin discursos.

 

Sin que nadie descubra el sentido de la existencia.

 

Simplemente dos personas que se caen bien.

 

Y tal vez ahí esté la clave de Mektoub, mi amor: Canto Uno.

No pretende contar un verano trascendental.

Solo un verano.

 

Curiosamente no me produjo nostalgia, porque yo nunca viví unas vacaciones así.

Más bien cierta envidia retrospectiva.

 

Me hubiera gustado vivir ese verano.

 

Con esa playa, aquellas noches de fiesta, esas chicas tan simpáticas y ese ambiente de despreocupación donde el principal problema consiste en quién se ha acostado con quién y quién se ha enterado después.

 

Aunque tampoco todo es idílico.

 

Porque está el inevitable tío sobón.

 

Todas las familias parecen tener alguno.

Yo incluso conocí en mi antigua familia política a uno cuyo apodo oficioso era el «tío Tocatetas». No creo necesario explicar el currículum que había conducido a semejante nombramiento.

 

En Mektoub, mi amor: Canto Uno tampoco hace falta demasiada explicación. Qué tío más asqueroso, por favor.

 

Al terminar sigo sin saber muy bien por qué me ha gustado tanto.

 

Es larguísima.

 

Es reiterativa.

 

Se recrea descaradamente en los cuerpos femeninos.

 

No tiene una gran trama.

 

No posee uno de esos momentos destinados a aparecer en las antologías de la historia del cine.

 

Y, sin embargo, me ha resultado fascinante.

 

Tal vez porque durante tres horas no he tenido la sensación de que Kechiche me estuviera contando aquel verano.

 

He tenido la sensación de estar allí.

 

Y, francamente, no me hubiera importado nada quedarme unos cuantos días más.

 

Mi puntuación: 7,68/10.

 

Escena de Mektoub, mi amor: Canto Uno

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

Otra escena de Mektoub, mi amor: Canto Uno

 

 

 

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Posesión infernal: En llamas – Evil Dead Burn – 2026 – Sébastien Vaniček – #YoVoyAlCine

9/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cartel español de Posesión infernal: En llamas

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La venganza de la nuera con cortadora de setos

 

Sébastien Vaniček es un director y guionista francés que debutó en el largometraje con Vermin: La plaga (Vermines / Infested, 2023), una película de terror arácnido bastante cafre que ganó el Premio Especial del Jurado en Sitges y fue nominada al César a la mejor ópera prima.

 

Después de semejante tarjeta de presentación, Sam Raimi y Rob Tapert le entregaron las llaves de la motosierra para dirigir Posesión infernal: En llamas (Evil Dead Burn, 2026).

 

La película se rodó en Nueva Zelanda y supone una nueva entrega independiente de la franquicia Evil Dead.

 

La protagonista es Alice, interpretada por Souheila Yacoub, una joven francesa que, tras la muerte de su marido, termina con la familia política.

 

Y ya sabemos que hay situaciones en las que enfrentarse a unos Deadites (*) puede ser incluso la opción menos traumática.

 

(*) Los Deadites son las criaturas demoníacas características de la saga Evil Dead (Posesión infernal), creada por Sam Raimi.

No son exactamente zombis. Son personas —vivas o muertas— poseídas por entidades demoníacas, generalmente liberadas mediante el Necronomicon Ex-Mortis. Una vez poseídas, sufren transformaciones físicas, adquieren fuerza sobrenatural y, sobre todo, desarrollan esa entrañable costumbre de mutilar, torturar y hacer la puñeta al protagonista.

 

 

Cutrecomentario

 

Posesión infernal: En llamas podría haberse titulado perfectamente La venganza de la nuera con cortadora de setos.

 

Alice se ha casado con un maltratador de libro y termina rodeada de una familia política cuyos miembros van siendo poseídos sucesivamente.

 

Lo divertido es que, cuando se convierten en Deadites, casi parece que simplemente están dejando salir al exterior su verdadera personalidad.

 

Aquí hay spoilers a cascoporro, como corresponde a esta santa casa.

 

Porque nuestra protagonista, cuando llega el momento de ajustar cuentas, demuestra unas habilidades extraordinarias manejando cortacéspedes, martillos neumáticos y cualquier herramienta susceptible de convertir a un familiar político en carne picada. Bricomanía nunca llegó tan lejos.

 

La película sigue bastante fielmente el mecanismo de la saga: los poseídos se van acumulando, cada uno resulta más desagradable que el anterior y el gore va creciendo hasta inundarlo todo.

 

Hay body horror, sangre, vísceras, sesos, intestinos, miembros desperdigados y todo ese entrañable material que convierte una reunión familiar en algo todavía peor que una cena de Nochebuena.

 

Visualmente me ha llamado la atención lo oscura y gris que resulta. Hay momentos en los que parece que estemos viendo una película en blanco y negro a la que alguien ha decidido añadir únicamente el rojo de la sangre.

 

Y lo curioso es que al principio me daba absolutamente igual. La estaba viendo casi por compromiso y sin demasiado entusiasmo.

 

Pero conforme avanzaba el metraje me ha ido ganando.

 

Cada vez me interesaba más aquella pobre mujer enfrentada a suegros, cuñados y cuñadas convertidos en criaturas infernales. Incluso he terminado identificándome con ella.

 

Porque, seamos sinceros: ¿quién no ha pensado alguna vez que en su familia política podía haber algún poseído?

 

Como película de género, Posesión infernal: En llamas cumple perfectamente con lo que promete.

Es desagradable, excesiva, violenta, sanguinolenta y progresivamente divertida dentro de su salvajismo.

 

A mí me ha terminado enganchando.

 

¿Recomendada para todos los públicos?

Ni de coña.

 

Esto es exclusivamente para muy cafeteros del gore y del terror más bruto.

 

Los demás pueden aprovechar para ir a visitar a sus suegros. Aunque, pensándolo bien, tampoco sé qué opción resulta más peligrosa.

 

Mi puntuación: 7,52/10.

 

Escena de Posesión infernal: En llamas

 

Dirigido por Sébastien Vaniček:

Sébastien Vaniček, director de Posesión infernal: En llamas

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Escena de Posesión infernal: En llamas

 

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Crítico de Cine de El Heraldo del Henares

 

 

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Troya – Troy – 2004 – Wolfgang Petersen – HBO Max

8/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de Troya (Troy), de Wolfgang Petersen

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Troya: Aquiles, bíceps, gloria eterna y un caballo con muy malas intenciones

 

Wolfgang Petersen sabía manejar el espectáculo a lo grande.

 

El director alemán alcanzó fama internacional con El submarino (Das Boot) y después se instaló cómodamente en Hollywood con En la línea de fuego, Estallido, Air Force One (El avión del presidente) y La tormenta perfecta.

 

Troya encaja perfectamente en esa filmografía: acción, grandes escenarios, estrellas y un director que sabe dónde poner la cámara cuando hay que movilizar a unos cuantos miles de soldados.

 

Troya obtuvo una nominación al Oscar de 2005 al mejor diseño de vestuario, obra de Bob Ringwood.

 

 

Cutrecomentario de Ramón

 

Revisito Troya (Troy) veintidós años después de su estreno.

Cómo pasa el tiempo.

Y cómo han envejecido algunos de sus protagonistas mientras nosotros, naturalmente, seguimos exactamente igual.

 

Lo primero que me llama la atención es lo espectacular que sigue resultando.

Wolfgang Petersen convierte la guerra de Troya en una película bélica de toda la vida, solo que con espadas, escudos, sandalias y unos abdominales bastante mejor trabajados que los habituales.

 

La película recoge el espíritu general de La Ilíada y de la tradición sobre la guerra de Troya, pero se toma enormes libertades. Y hace bien en no disimularlo. Esto no es una clase de filología clásica, sino una superproducción de Hollywood escrita por David Benioff.

 

Las batallas siguen funcionando estupendamente.

Los movimientos de masas están bien resueltos y Troya aparece como una ciudad monumental, viva, imponente y aparentemente inexpugnable.

Su estética incluso tiene por momentos algo más egipcio que griego.

 

Y hay otra cosa que llama mucho la atención vista hoy: la luz.

 

Los cielos son azules. El Mediterráneo parece Mediterráneo. Hay colores. Hay sol. Hay brillo.

 

Después de haber visto La Odisea de Christopher Nolan, la comparación resulta inevitable.

La película de Nolan presenta un mundo mucho más sombrío y hostil; incluso su tratamiento visual del Mediterráneo ha provocado comentarios precisamente por esa ausencia de la luminosidad tradicionalmente asociada al Egeo.

 

Tal vez cada película sea hija de su tiempo.

 

En 2004 vivíamos todavía en plena expansión económica, antes del estallido de la burbuja inmobiliaria y de la crisis financiera.

Troya es una película luminosa, expansiva, confiada en el espectáculo y en la épica.

La Odisea de 2026 parece surgir de una época bastante menos optimista.

 

El cine habla de la época que retrata, pero también de la época en la que se rueda.

 

Aquí hay épica y hay sentimiento. Incluso demasiado sentimiento.

 

Porque uno de los defectos de Troya es esa costumbre tan de determinado cine de principios de siglo de parar la película para indicarnos solemnemente que ahora toca emocionarse.

Petersen subraya algunos momentos sentimentales más de lo necesario y ahí la película se vuelve algo pesada.

 

Pero llega otra batalla y se nos pasa.

 

El protagonismo está bastante repartido, aunque fundamentalmente se disputa entre dos hombres: Aquiles y Héctor.

 

Brad Pitt está en plenitud física interpretando a Aquiles.

Bíceps musculados, muslos robustos, nalgas poderosas y unos desnudos cuidadosamente planificados para enseñarnos prácticamente todo excepto aquello que hubiera elevado considerablemente la calificación por edades.

 

Aquiles está hecho un cachas estupendo.

 

Pero reducir a Brad Pitt a su físico siempre me ha parecido injusto.

Parece existir esa extraña teoría según la cual para ser considerado gran actor hay que ser feo.

Pitt ya había demostrado mucho antes, en Doce monos o Amor a quemarropa, que además de ser insultantemente guapo sabía actuar.

Y aquí vuelve a demostrarlo.

 

Su Aquiles es arrogante, sobrado y extraordinariamente consciente de su talento.

Pero sobre todo tiene una obsesión: trascender.

 

Quiere que dentro de miles de años alguien siga pronunciando su nombre.

Y, mira tú por dónde, lo consiguió.

 

Ese deseo de permanecer después de la muerte es profundamente humano.

Las religiones prometen cielos, paraísos o nirvanas; las ideologías levantan monumentos; los artistas dejan obras y los guerreros de Homero buscaban gloria.

 

Aquiles quiere la inmortalidad más eficaz que conocemos: que alguien se acuerde de ti cuando ya no estés.

 

Frente a él está Héctor, interpretado magníficamente por Eric Bana.

 

Héctor es prácticamente su contrario. Prudente, familiar, responsable.

Sabe que la guerra es una desgracia y precisamente por eso puede ser un excelente guerrero.

Tener miedo no le convierte en cobarde; le convierte en alguien que sabe perfectamente lo que puede perder.

 

Y después tenemos a Paris.

Ay, Paris.

Orlando Bloom interpreta a un flojucho que, por enamorarse de Helena, interpretada por una jovencísima y deslumbrante Diane Kruger, consigue arrastrar a toda una ciudad hacia la catástrofe.

 

 

Cuando tiene que enfrentarse a Menelao, interpretado por Brendan Gleeson, descubrimos que de héroe anda bastante justito.

 

Así que termina refugiándose en aquello que mejor se le daba a Orlando Bloom por aquellos años: coger un arco y convertirse otra vez en Legolas.

 

También están estupendos Brian Cox como el ambicioso y desagradable Agamenón, Brendan Gleeson como Menelao y, por supuesto, Peter O’Toole como el rey Príamo.

 

Y aparece una jovencísima Rose Byrne interpretando a Briseida, protegida una y otra vez por Aquiles.

 

Patroclo, interpretado por Garrett Hedlund, es aquí presentado como primo y protegido de Aquiles.

Su muerte a manos de Héctor desencadena finalmente la furia del héroe griego.

La película modifica así de manera importante la tradición homérica y elimina además prácticamente toda intervención directa de los dioses.

 

Y me estaba dejando a uno de mis personajes favoritos: Odiseo, interpretado por Sean Bean.

 

Aquí Odiseo representa la inteligencia práctica.

 

No es el más fuerte ni el más espectacular.

Tampoco necesita serlo.

Conoce su posición dentro del ejército aqueo, sabe negociar, conciliar, convencer y esperar.

 

Mientras Aquiles se mueve por la gloria y Agamenón por el poder, Odiseo utiliza la cabeza.

 

Es, de alguna manera, el contrapunto griego de Héctor: dos hombres que comprenden que una guerra no debería ser una competición para descubrir quién tiene la testosterona más descontrolada.

 

Y, naturalmente, será Odiseo quien tenga la idea del caballo.

 

La película comprime brutalmente la cronología tradicional de una guerra que dura diez años.

Aquí todo sucede a velocidad de AVE: desembarco, batallas, retirada aparente, caballo de madera y a conquistar Troya.

 

Pero funciona.

 

Además, Troya es más adulta de lo que recordaba.

Hay sexo, desnudos y, sobre todo, la conquista de la ciudad no se presenta como una fiesta heroica.

Cuando los aqueos entran en Troya aparecen asesinatos de civiles, mujeres atacadas, niños muertos y toda la brutalidad que acompaña a una ciudad saqueada.

 

Petersen no se recrea especialmente en ello, pero tampoco lo oculta.

 

El fuego final canta algo más.

Han pasado veintidós años y algunos efectos visuales empiezan a enseñar las costuras.

Pero sorprende lo bien que aguanta casi todo el espectáculo.

 

Troya no tiene la profundidad ni la amargura de La Odisea de Christopher Nolan. Tampoco creo que lo pretenda.

 

Esta es fundamentalmente una película épica, luminosa, espectacular y entretenida.

 

Una adaptación muy libre de Homero que sacrifica dioses, cronología y complejidad para construir un gran espectáculo cinematográfico.

 

Y veintidós años después sigue funcionando.

 

Además, tiene a Brad Pitt haciendo de Aquiles prácticamente en pelotas.

 

Homero no especificó ese detalle.

 

Pero tampoco creo que hubiera protestado.

 

Mi puntuación: 7,77/10.

 

 

Dirigido por Wolfgang Petersen:

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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American Psycho – 2000 – Mary Harron – Wilder Cinema – #YoVoyAlCine

7/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cartel oficial de American Psycho

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

American Psycho: El lobo de Wall Street se pone loción sin alcohol

 

Mary Harron es una cineasta canadiense surgida del cine independiente norteamericano.

 

Debutó en el largometraje con Yo disparé a Andy Warhol y después dirigió The Notorious Bettie Page, The Moth Diaries, Las chicas de Manson y Dalíland.

 

También realizó la estupenda miniserie Alias Grace.

 

Su cine suele fijarse en personajes incómodos y en las relaciones entre poder, identidad, deseo y violencia.

 

En American Psycho adaptó junto a Guinevere Turner la polémica novela de Bret Easton Ellis.

 

 

Cutrecomentario de Ramón

 

Vi American Psycho en el cine en el año 2000 y me repugnó bastante.

 

Ahora la he revisitado en las proyecciones de Wilder Cinema, después de que el tiempo la haya convertido en película de culto, y la he visto con otros ojos. No me entusiasma, pero entiendo mucho mejor su interés.

 

La película retrata a un espécimen muy reconocible de los años ochenta y noventa: el yuppie.

Un individuo con dinero, traje carísimo, cuerpo de gimnasio y una liturgia cosmética que entonces se asociaba más al universo femenino.

El antepasado directo del metrosexual, pero con conversaciones de machirulo de encefalograma social plano.

 

Patrick Bateman, interpretado por Christian Bale, no es tanto un personaje aislado como el representante extremo de toda una clase.

Sus compañeros son casi intercambiables.

Visten igual, hablan igual, se confunden unos con otros y compiten por reservar mesa en el restaurante más imposible o por exhibir la tarjeta de visita más elegante.

La escena de las tarjetas es una cumbre de la idiotez humana: tipos poderosos al borde del colapso porque uno ha elegido un blanco más distinguido.

 

También aparecen aquellos teléfonos móviles del tamaño de un ladrillo, que en el año 2000 todavía parecían una excentricidad para ejecutivos con ganas de hacerse notar.

Luego se hicieron diminutos y ahora vuelven a ser enormes.

La humanidad avanza mucho para terminar llevando una tabla de cortar en el bolsillo.

 

Ese retrato disgeneracional es lo mejor de la película.

Bateman vive rodeado de personas, pero no mantiene una relación auténtica con ninguna.

Entre los hombres solo hay competición, vanidad y conversaciones machistas.

Con las mujeres no existe intimidad: hay sexo, prostitución, pornografía, dominación y desprecio.

Todo está limpio, caro y perfectamente perfumado, pero moralmente huele a alcantarilla.

 

Además, Bateman es un psicópata que mata de manera compulsiva, sin empatía hacia sus víctimas y sin asumir responsabilidad alguna.

Siempre encuentra una explicación que lo descarga: una provocación, una mirada, una frase inconveniente o, sencillamente, que alguien tenga una tarjeta mejor que la suya.

 

Yo estuve quince años y un día en prisión. Trabajando, aclaro, que en internet nunca se sabe. Allí conocí a bastantes psicópatas, casi todos procedentes de estratos sociales muy bajos: hombres incultos, mal vestidos y que en ocasiones no olían precisamente a loción sin alcohol.

 

Bateman pertenece a la misma familia moral, pero envuelto en Armani.

La película acierta al recordarnos que la crueldad no necesita chándal ni navaja: también puede llevar corbata de seda y reservar en Dorsia.

 

La interpretación de Christian Bale se ha vuelto icónica, pero a mí no me parece redonda.

Su frialdad encaja con el personaje y su control físico es impresionante.

El problema llega cuando Bateman empieza a sufrir crisis, pierde el dominio de sí mismo y entra en un terreno cada vez más psicótico.

Ahí la interpretación se vuelve más aparatosa y la película empieza a hacer trampas.

 

 

Alerta: spoilers

 

El tramo final me chirría de forma absoluta.

No porque una persona con rasgos psicopáticos sea incapaz de padecer ansiedad —eso sería demasiado categórico—, sino porque la película introduce una descomposición psicótica que embarulla su discurso.

Ya no sabemos qué crímenes han sucedido, cuáles son delirios y hasta qué punto contemplamos una realidad deformada por Bateman.

 

La intención no era resolverlo con el viejo «todo estaba en su cabeza».

Mary Harron y Guinevere Turner han explicado que querían que los hechos fueran reales hasta que la percepción del personaje empieza a quebrarse abiertamente.

Pero el resultado permite precisamente esa escapatoria, y la propia directora ha reconocido que el final quedó demasiado inclinado hacia esa lectura.

 

Eso debilita la película. Si todo es producto de un delirio, Bateman deja de ser solo el monstruo perfectamente integrado en el capitalismo triunfante y el relato abre una coartada clínica que no necesitaba.

Y si lo que aparece es una crisis moral, tampoco funciona: los remordimientos romperían la lógica interna del personaje.

La ambigüedad no siempre es profundidad; a veces es simplemente niebla.

 

Estos planteamientos me parecen profundamente reaccionarios y victimizan al verdugo y, hasta cierto punto, lo exculpan. Una mierda.

 

También me incomoda la puesta en escena.

La película mantiene una mirada crítica sobre esos yuppies, pero en varios momentos los filma con contrapicados, engrandecidos alrededor de una mesa mientras beben bourbon y dicen barbaridades racistas, machistas y aporofóbicas.

En cambio, en bastantes ocasiones las mujeres aparecen observadas en planos picados, empequeñecidas.

No es una regla matemática —un picado no convierte automáticamente a nadie en inferior—, pero la reiteración introduce una contradicción visual que a mí me resulta molesta.

 

Hay, sin embargo, secuencias muy bien dirigidas.

Todo el bloque de la prostitución está montado con precisión, con una coordinación enfermiza entre el narcisismo de Bateman, los espejos y los cuerpos tratados como mercancía.

Y resulta magnífica la elipsis con Christie, interpretada por Cara Seymour, cuando cuenta que después de su anterior encuentro terminó en urgencias recuperándose de las heridas.

 

El tratamiento de los personajes femeninos también plantea problemas.

La película denuncia un universo profundamente misógino, pero a ratos parece contaminada por él.

Evelyn Williams, interpretada por Reese Witherspoon, es una pija frívola que vive en Babia.

Courtney Rawlinson, a la que da vida Samantha Mathis, permanece drogada casi de manera perpetua.

Las prostitutas son víctimas convertidas en objetos.

Y Jean, la secretaria encarnada por Chloë Sevigny, es la única figura con algo parecido a sensibilidad, aunque esté construida desde la sumisión y el enamoramiento ingenuo.

 

No diría que todos los personajes femeninos sean negativos de la misma manera, porque Jean funciona también como el único resto de humanidad de la historia.

Pero el abanico que se les concede es demasiado estrecho: tontas, sometidas, drogadas o prostituidas.

La intención crítica existe; el resultado no siempre consigue separarse de aquello que pretende denunciar. Otra mierda.

 

Y luego está Willem Dafoe como el inspector Donald Kimball, siempre estupendo. Da vida a una especie de Colombo.

Entra en la película sin levantar la voz y consigue que cada pregunta parezca una caricia o una amenaza.

Es de los pocos personajes que introduce una tensión verdadera sin necesidad de enseñar un hacha.

 

Veintiséis años después, American Psycho me sigue pareciendo una película desagradable y profundamente irregular.

Pero ahora veo con más claridad la potencia de su sátira: Patrick Bateman no es una anomalía dentro de aquel mundo, sino su producto mejor vestido.

La película ha ganado interés con el tiempo.

No tanto como retrato de un asesino, sino como autopsia de un segmento social social vacío, machista y obscenamente satisfecha de sí misma.

 

La he visto con otros ojos. Eso no significa que ahora me caiga mejor.

 

A Bateman ni una segunda oportunidad le mejora la tarjeta de visita.

 

Mi puntuación: 5,62/10.

 

Patrick Bateman empuña un hacha en American Psycho

 

Dirigido por Mary Harron:

La directora Mary Harron

Foto: John C. Walsh / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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La escena de las tarjetas de visita en American Psycho

 

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El amor que permanece – Ástin sem eftir er – 2025 – Hlynur Pálmason – #YoVoyAlCine

6/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cartel español de El amor que permanece

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El amor que permanece: divorciarse en Islandia, con cuatro estaciones, vino de más y gemelos desatados

 

Hlynur Pálmason es uno de los nombres clave del cine islandés actual. Cineasta y artista visual, debutó en el largometraje con Winter Brothers y continuó con Un blanco, blanco día y Godland.

 

Su cine es físico, naturalista y muy atento al paisaje y al paso del tiempo.

 

Le interesan más los gestos, los silencios y las pequeñas rutinas que el drama subrayado.

 

Vamos, que no tiene prisa… y sabe perfectamente lo que hace.

 

La película se presentó en la sección Cannes Première, fue elegida por Islandia para representar al país en los Óscar —aunque no consiguió la nominación— y recibió una mención especial en el Festival de Gante.

 

Además, Panda, el perro de la familia, ganó la Palm Dog en Cannes. Al menos alguien salió del divorcio con premio.

 

La pareja no funciona. Hace tiempo que dejó de funcionar. Anna y Magnús, recién separados, intentan mantener cierta normalidad alrededor de sus tres hijos.

Ella continúa con los niños en la casa familiar mientras él pasa largas temporadas trabajando en el mar.

 

A lo largo de las cuatro estaciones asistimos al desmoronamiento tranquilo, pero imparable, de lo que queda de su relación.

 

Hlynur Pálmason construye la película mediante escenas pequeñas, cotidianas y casi domésticas, como si filmarlas pudiera salvarlas del olvido y conservarlas en un álbum familiar imaginario.

 

El amor que permanece es sencilla desde el punto de vista narrativo, muy costumbrista y muy de observar cómo respiran los personajes.

 

A veces resulta ridícula, otras simpática y en ocasiones simplemente incómoda. Como la vida misma.

 

Todos los personajes tienen una personalidad bien definida. Hay momentos abiertamente cómicos y otros en los que el drama asoma sin avisar, se sienta en la cocina y decide quedarse.

 

En algunos pasajes, esa pareja rota recuerda inevitablemente al cine de Ingmar Bergman. Sí, ese.

 

En otros, la comicidad corre por cuenta de los dos gemelos, una especie de Zipi y Zape islandeses capaces de llevar la película hacia situaciones grotescas y realmente divertidas.

 

También resulta muy interesante su retrato del mundo del arte: los marchantes, las poses, el desprecio hacia quien intenta ser original y esa escena gloriosa —y dolorosa— del galerista defendiendo su consumo de más de un litro de vino al día. Absolutamente ridículo. La incomodidad de Anna termina siendo exactamente la del espectador.

 

Y ojo con Saga Garðarsdóttir, nombre complicado donde los haya. Está estupenda: tiene presencia, verdad y una naturalidad extraordinaria. Para mí, una joya del cine islandés actual.

 

El amor que permanece es una película pequeña, irregular por momentos, pero muy honesta; a veces muy divertida y otras dolorosamente reconocible.

Como el amor cuando ya no sabe muy bien qué hacer para seguir existiendo.

 

Mi puntuación: 7,67/10.

 

Dos jóvenes en una escena de El amor que permanece

 

Dirigido por Hlynur Pálmason:

Hlynur Pálmason, director de El amor que permanece

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Escena familiar de El amor que permanece

 

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Julian – 2025 – Cato Kusters – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

6/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de Julian

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Veintidós bodas y un melodrama

 

Cato Kusters (Bélgica, 1998) se formó en montaje y dirección en la escuela RITCS de Bruselas.

 

Comenzó trabajando como directora y montadora de videoclips.

 

Su corto de graduación, Finn’s Heel (2022), obtuvo el premio al mejor corto estudiantil belga en el Film Fest Gent.

 

Julian, coescrita con Angelo Tijssens, es su primer largometraje y la primera producción de The Reunion, compañía de Michiel Dhont y Lukas Dhont.

 

La película se presentó mundialmente en la sección Discovery del Festival de Toronto y fue la cinta inaugural del Film Fest Gent 2025.

 

En 2026 obtuvo cuatro premios Ensor: mejor película, dirección, guion y actriz protagonista para Laurence Roothooft. Kusters recibió además el Ensor a la promesa del año.

 

 

Cutrecomentario de Ramón

 

Julian podría haberse titulado perfectamente Proyecto 22.

De hecho, esa fue la denominación real de la iniciativa emprendida por Fleur Pierets y Julian P. Boom: casarse en los 22 países que reconocían el matrimonio igualitario cuando concibieron el proyecto.

 

Nina Meurisse interpreta a Fleur y Laurence Roothooft a Julian.

 

Se enamoran, deciden casarse por todo el planeta y descubren que el amor será universal, pero los billetes de avión no los paga Cupido.

Buena parte de la trama gira alrededor de la búsqueda de financiación y patrocinadores.

 

La película se detiene especialmente en la primera ceremonia en París y la celebrada en Nueva York.

Todo está contado con un tono amable, sin grandes discursos ni villanos de opereta.

La reivindicación de los derechos LGTBIQ+ nace de la propia historia y no de que alguien se suba a una caja de fruta para soltar un mitin.

 

La relación amorosa resulta creíble y está relatada con sensibilidad.

El problema es que los personajes quedan definidos con pinceladas demasiado rápidas.

Sabemos qué pretenden hacer y cómo intentarán conseguirlo, pero no terminamos de conocerlas suficientemente fuera del proyecto.

Paradójicamente, una historia tan íntima acaba resultando algo superficial en la construcción de sus protagonistas.

 

El relato sigue una estructura no lineal, mezclando distintos momentos mediante analepsis y prolepsis, lo que toda la vida hemos llamado flashbacks y flashforwards.

Esta fragmentación anuncia desde el principio que detrás de tanta felicidad nupcial se aproxima algún nubarrón.

 

La estética imita deliberadamente la textura del vídeo doméstico y de las grabaciones improvisadas.

Esa apariencia de material amateur aporta cercanía, aunque tampoco consigue suplir la limitada profundidad de los personajes.

 

En el último tercio llega el drama y la película empieza a mirar con demasiado interés hacia nuestro lagrimal.

No me molesta que la historia sea triste, sino que se subraye tanto la tristeza.

Había suficiente carga emocional sin necesidad de apretar el botón del melodrama hasta dejarlo hundido.

 

Julian es una película sincera, humana y bienintencionada sobre el amor y la igualdad.

 

Funciona mejor cuando observa a sus protagonistas con naturalidad que cuando se empeña en decirnos exactamente cuándo debemos sacar el pañuelo.

 

Mi puntuación: 6,46/10.

 

Escena de Julian en un tren

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

Escena de Julian junto al río

 

 

 

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Sombra nómada – Nomad Shadow – 2025 – Eimi Imanishi – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

6/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de Sombra nómada

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Regreso al futuro… pero con el futuro confiscado

 

La japonesa-estadounidense Eimi Imanishi debuta en el largometraje con Sombra nómada (Nomad Shadow), después de dirigir los cortos Battalion to My Beat (2016), One-Up (2017) y 3×13 (2021).

 

El primero, rodado en los campamentos de refugiados saharauis de Argelia, ganó en 2017 el Premio Canal+ al mejor cortometraje internacional en Clermont-Ferrand.

 

Imanishi vuelve al Sáhara para hablar de migración, desarraigo y pertenencia desde el camino de regreso, mucho menos transitado por el cine.

 

Sombra nómada se estrenó mundialmente en el Festival de Toronto de 2025, dentro de la sección Centrepiece, y participó después en la competición del Festival Black Nights de Tallin.

 

En 2026 ganó el premio al mejor largometraje de ficción en el Santiago del Estero Film Fest.

 

 

Cutrecomentario de Ramón

 

Mariam, interpretada por Nadhira Mohamed, es el centro absoluto de la película.

Prácticamente no hay un fotograma que no pase por ella.

 

Después de vivir diez años en España, es deportada por un asunto relacionado con el tráfico de drogas y regresa a El Aaiún, en el Sáhara Occidental.

 

El problema es que ya no pertenece a ningún sitio.

España la ha expulsado y su lugar de origen tampoco la reconoce como una de los suyos.

Una especie de maleta extraviada por la burocracia, pero con tatuajes, mala leche y muchas ganas de largarse otra vez.

 

Su familia no funciona precisamente como comité de bienvenida.

El hermano ejerce de patriarca y pretende decidir qué puede hacer.

La madre le reprocha su comportamiento occidentalizado.

 

Mariam choca contra unas normas familiares y sociales que reducen mucho su autonomía, pero tampoco tiene dinero para volver a España.

 

En consecuencia, acepta trabajos precarios y termina acercándose a actividades que ya cruzan alegremente la frontera de lo delictivo.

También se reencuentra con su antigua pareja, marcada por su propia y fracasada experiencia migratoria, e intenta reconstruir sus relaciones con la hermana y con otras mujeres del entorno.

 

Aquí aparece cierta sororidad, pero a ráfagas.

La película no idealiza a las mujeres ni las convierte automáticamente en hermanas solidarias por compartir opresión.

Algunas ayudan y otras juzgan.

La caballería feminista no siempre llega a tiempo.

 

Casi todos los hombres con alguna autoridad son retratados como machistas, controladores o directamente desagradables.

Es el mundo que la película muestra, aunque sería excesivo convertir ese retrato cinematográfico en un censo de todos los hombres saharauis.

 

Imanishi habla de un entorno concreto, atravesado por el patriarcado, la pobreza, la ocupación y la falta de oportunidades.

 

Resulta significativo el cambio de vestuario de Mariam.

Pasa de una indumentaria claramente europea a otra más aceptable para su entorno.

Parece adaptarse por fuera, pero por dentro sigue siendo la misma muchacha rebelde, incapaz de resignarse al papel que le han asignado.

 

Desde muy pronto se intuye que aquello no va a terminar bien. Y, efectivamente, la película concluye sin ofrecer una verdadera solución.

Es coherente con una protagonista atrapada en un conflicto que no admite finales felices, aunque también deja cierta sensación de relato interrumpido.

 

La respuesta es que Mariam seguirá viviendo en la inconformidad, sin poder marcharse y sin encontrar su sitio.

 

Nadhira Mohamed se echa la película a la espalda y consigue sostenerla.

 

Su interpretación aporta energía, rabia y verdad a una historia que, sin ella, habría corrido el riesgo de quedarse vagando por el desierto.

 

Mi puntuación: 5,46/10.

 

Barca al anochecer en Sombra nómada

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

Mujer en una escena de Sombra nómada

 

 

 

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Idiotka – 2025 – Nastasya Popov – Atlantida Mallorca Film Fest 2026 – @atlantidafilm – @filmin – #AMFF2026

6/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de Idiotka

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

El show de Truman pasa por la máquina de coser

 

Nastasya Popov es una guionista y directora de Los Ángeles, hija de inmigrantes rusos.

 

Idiotka supone su debut en el largometraje: la escribe, dirige y produce.

 

Anteriormente había realizado cortos y documentales presentados en festivales como Palm Springs y Hamptons.

El guion pasó por el SFFILM Invest Lab y la película se estrenó mundialmente en SXSW en 2025.

 

Idiotka fue seleccionada para la competición de nuevos directores del Festival de San Francisco de 2025, optando al Golden Gate Award.

 

Idiotka se plantea como una comedia construida alrededor de Margarita Levlansky, interpretada por Anna Baryshnikov.

 

La joven vive con su familia judía de origen ruso y ucraniano en el barrio ruso de West Hollywood y pretende alcanzar el sueño americano participando en un concurso televisivo de diseño de moda.

 

El problema es que a los responsables de Slay, Serve, Survive les interesa bastante menos su talento con la aguja que comprobar cuánto puede descoserse su familia ante las cámaras.

Que su padre haya pasado por la cárcel, que su abuela sea excéntrica y esté enferma o que todos estén a punto de ser desahuciados proporciona mucho más espectáculo que cualquier vestido.

 

La película funciona como una sátira sobre los realities y la explotación televisiva de las desgracias ajenas.

La cámara se ha convertido en el confesionario del siglo XXI: ya no ofrece absolución, pero sí minutos de pantalla y, con suerte, una pausa publicitaria.

 

Las ideas no son malas. Tampoco carece de interés el retrato de la precariedad, la familia inmigrante y esa versión del sueño americano en la que hay que vender primero la intimidad para poder comprar después el éxito.

 

El problema está en la forma de contarlo.

Idiotka oscila continuamente entre la tontería y la ñoñez.

Los personajes se convierten en caricaturas, la ternura se transforma en almíbar y el supuesto caos acaba resultando tedioso.

 

La película sabe perfectamente qué quiere criticar, pero no consigue hacerlo de una manera soportable.

 

Tiene una tela prometedora, aunque el patrón narrativo esté mal cortado y las costuras tiren por todas partes.

 

A ratos resulta francamente insoportable.

 

Mi puntuación: 5,43/10.

 

Anna Baryshnikov en una escena de Idiotka

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

La familia de Margarita en una escena de Idiotka

 

 

 

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Ser o no ser – To Be or Not to Be – 1942 – Ernst Lubitsch – Wilder Cinema – #YoVoyAlCine

6/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cartel español de Ser o no ser

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Hamlet 1, Hitler 0: el toque Lubitsch desarma a la Gestapo

 

Ernst Lubitsch (Berlín, 1892-Los Ángeles, 1947) comenzó como actor y director en el cine mudo alemán antes de instalarse en Hollywood en 1922.

 

Allí se convirtió en uno de los grandes maestros de la comedia sofisticada con títulos como Un ladrón en la alcoba (1932), Ninotchka (1939), El bazar de las sorpresas (1940) y El diablo dijo no (1943).

 

El famoso «toque Lubitsch» era como el aroma de un buen vino: todo el mundo sabía reconocerlo, pero nadie acertaba a explicar del todo su composición.

Ironía, elegancia, elipsis, erotismo sutil y el arte de sugerir mucho más de lo que se mostraba.

 

Sus películas parecían ligeras, aunque bajo esa apariencia siempre había un compromiso moral y social.

En 1947 recibió un Oscar honorífico por su contribución al arte cinematográfico.

 

Ser o no ser obtuvo una nominación al Oscar por la partitura de Werner R. Heymann.

En 1996 fue incorporada al National Film Registry de Estados Unidos por su importancia cultural, histórica y estética.

 

 

Cutrecomentario

 

Poco se puede decir de Ser o no ser que no se haya dicho ya. Es una de las mejores comedias de la historia del cine.

 

Los diálogos son ingeniosos, divertidos y pronunciados a velocidad de vértigo.

El ritmo es impresionante y la trama no decae ni durante un segundo.

Aquí no sobra una escena, una réplica ni una peluca de la Gestapo.

 

Los actores están en estado de gracia.

Jack Benny, Carole Lombard, Robert Stack, Felix Bressart y Sig Ruman componen un reparto perfecto, en el que hasta el último secundario parece haber nacido para pronunciar su frase.

 

Carole Lombard está maravillosa. Maria Tura es el eje de la acción y la única mujer con verdadero peso en la historia.

 

Miriam Hopkins había sido la primera elegida, pero no quedó satisfecha con el papel y Lombard, que deseaba trabajar con Lubitsch, terminó interpretándolo.

 

Fue su última película. Murió el 16 de enero de 1942 en un accidente aéreo cuando regresaba de una gira de venta de bonos de guerra, pocas semanas después de finalizar el rodaje y antes del estreno.

 

Ser o no ser es también un gran homenaje a los actores de teatro.

¿Quién mejor que ellos para participar en una trama de espionaje?

Los disfraces, el maquillaje, los decorados, la improvisación y la capacidad para engañar al público se convierten aquí en armas contra los nazis.

 

La interpretación salva vidas.

Por una vez, sobreactuar deja de ser un defecto y pasa a convertirse en una virtud patriótica.

 

La película está llena de frases memorables.

La más demoledora compara lo que Joseph Tura le hizo a Shakespeare con lo que los alemanes están haciendo a Polonia.

Un chiste terrible, cruel y perfecto.

 

Parte de la crítica de 1942 consideró inapropiado utilizar la comedia para hablar de la invasión de Polonia mientras la guerra seguía en marcha.

Pero Lubitsch no se ríe de las víctimas ni convierte los bombardeos en una broma.

Ridiculiza a los nazis, su ideología y la grotesca mediocridad de quienes se creen superiores.

 

Eso es lo verdaderamente subversivo de la película: despojar al totalitarismo de su pompa, quitarle el uniforme y dejarlo en calzoncillos.

 

No recuerdo cuándo vi por primera vez Ser o no ser, pero debió de ser durante mi infancia en televisión.

En casa la hemos revisado muchas veces.

Me sé las escenas y padezco risa anticipatoria: empiezo a partirme antes de que llegue el chiste porque ya sé lo que va a ocurrir.

 

Se ha acusado a Lubitsch de realizar una comedia demasiado ligera sobre la ocupación alemana de Polonia.

Confundir ligereza con frivolidad es no haber entendido nada.

 

Frente a la fuerza bruta de las armas y la sinrazón de la violencia, Ser o no ser propone la inteligencia, el teatro, el humor y la ironía.

 

Hamlet 1, Gestapo 0.

 

Mi puntuación: 10/10 ¡Inapelable!

 

Carole Lombard y Jack Benny en una escena de Ser o no ser

 

Dirigido por Ernst Lubitsch:

Retrato de Ernst Lubitsch

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Carole Lombard en una escena de Ser o no ser

 

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Ciudad de Dios – Cidade de Deus – 2002 – Fernando Meirelles, Kátia Lund – Wilder Cinema – #YoVoyAlCine

6/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cartel español de Ciudad de Dios

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Uno de los nuestros se pierde en la favela

 

Fernando Meirelles alcanzó el reconocimiento internacional con Ciudad de Dios, codirigida por Kátia Lund.

 

Después rodaría El jardinero fiel, A ciegas, 360. Juego de destinos y Los dos papas.

 

Kátia Lund había codirigido el documental Noticias de una guerra personal y posteriormente participó en Todos los niños invisibles y en la serie Ciudad de los hombres.

 

Ciudad de Dios se presentó fuera de competición en el Festival de Cannes de 2002.

Recibió cuatro nominaciones al Óscar: dirección, guion adaptado, fotografía y montaje.

Daniel Rezende ganó además el BAFTA al mejor montaje.

 

 

Cutrecomentario de Ramón

 

La vi en su estreno y volví a ella durante aquellos días de cuarentena. Ahora, recuperada en pantalla grande, sigue conservando toda su capacidad para sacudir al espectador.

 

Es un retrato despiadado de la delincuencia, la violencia y la marginalidad en Ciudad de Dios, barrio periférico de Río de Janeiro.

Aquí no hay postal turística, samba de bienvenida ni red de seguridad.

 

Lo que más me impresiona sigue siendo la perfección del guion de Bráulio Mantovani, basado en la novela de Paulo Lins.

La trama parece laberíntica, salta entre épocas, personajes y relatos, pero todo termina encajando con una precisión milimétrica.

No queda un solo cabo suelto.

Parece caos, pero está cronometrado.

 

También me gusta que Buscapé consiga encontrar una salida y alcanzar su sueño de convertirse en fotógrafo.

En medio de tanta fatalidad, supone una pequeña puerta abierta sin necesidad de colocar un lacito sentimental.

 

Y queda Zé Pequeño, interpretado por Leandro Firmino: uno de esos personajes que se estampan a fuego en la memoria y ya pertenecen a la historia del cine.

 

El único defecto que le encuentro es su excesiva voluntad de parecerse a Martin Scorsese.

La voz en off, el montaje frenético, los movimientos de cámara y la fascinación por el ascenso criminal remiten demasiado a Uno de los nuestros.

 

A ratos, Meirelles parece empeñado en convertirse en el Scorsese de Río de Janeiro.

Una sombra muy ilustre, desde luego, pero sombra al fin y al cabo.

 

Mi puntuación: 9,77/10.

 

Buscapé con una cámara en Ciudad de Dios

 

Dirigido por Fernando Meirelles, Kátia Lund:

Fernando Meirelles

Kátia Lund

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Buscapé fotografiando en Ciudad de Dios

 

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La historia interminable (Die unendliche Geschichte) (The Neverending Story) – 1984 – Wolfgang Petersen – Wilder Cinema – #YoVoyAlCine

6/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cartel español de La historia interminable

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La historia interminable… y tan interminable

 

El alemán Wolfgang Petersen alcanzó prestigio internacional con El submarino (Das Boot), que le proporcionó nominaciones al Oscar como director y guionista.

 

La historia interminable fue su primer largometraje rodado en inglés y su pasaporte hacia Hollywood.

 

Allí firmó En la línea de fuego, Estallido, Air Force One (El avión del presidente), La tormenta perfecta, Troya y Poseidón.

 

Un cineasta con buena mano para el gran espectáculo, aunque aquí la solemnidad termina devorando el ritmo.

 

En 1985, La historia interminable obtuvo el Filmband in Gold del Premio del Cine Alemán por el diseño de producción de Rolf Zehetbauer y el Premio Bávaro a la mejor producción, concedido a Bernd Eichinger, Dieter Geissler y Günter Rohrbach.

 

La historia interminable es una ambiciosa coproducción de Alemania Occidental y Estados Unidos convertida en película generacional para los niños de la EGB y, posteriormente, para quienes la descubrieron en televisión o en VHS.

 

Wilder Cinema la recupera ahora para la pantalla grande, que siempre concede esplendor, aunque no necesariamente velocidad.

 

Cuando la vi en su estreno me pareció un coñazo.

 

Más de cuarenta años después me lo sigue pareciendo.

Algunas historias son verdaderamente interminables.

 

En aquellos años, a los culturetas de baratillo les fascinó la novela de Michael Ende, con sus letras de colores y su prestigio instantáneo para cualquier estantería que quisiera parecer intelectual.

 

El mensaje de la película es bonito: la lectura como refugio frente a una realidad penosa y la fantasía como motor para construir una existencia mejor.

Para ponerlo en marcha se recurre al clásico niño huérfano de madre, Bastian, acosado por sus compañeros y necesitado de una vía de escape.

 

Mi principal problema no está en lo que cuenta, sino en el tiempo que tarda en contarlo.

Los personajes hablan con una lentitud exasperante.

En el caso de la tortuga Morla resulta comprensible, pero no encuentro explicación para que el gigante que come piedras o la Emperatriz Infantil se expresen como si alguien hubiera puesto la película a velocidad 0,75.

 

Hasta Artax parece galopar con el freno de mano puesto.

 

Ya sé que hablar mal de esta película resulta casi iconoclasta.

A medio mundo le parece «bonita» y la nostalgia suele presentarse como testigo de cargo, abogado defensor y presidente del jurado.

 

La herejía, por cierto, tiene un compañero ilustre: el propio Michael Ende repudió la adaptación porque consideraba que había trivializado y traicionado el sentido de su novela. No la rechazó por los mismos motivos, pero al menos tampoco quedó hipnotizado por Fújur.

 

No me gustó en 1984, no me gusta ahora y creo que ha envejecido mal.

 

En mi caso, el título no puede ser más descriptivo.

 

Mi puntuación: 4,53/10.

 

Atreyu junto a Ártax en La historia interminable

 

Dirigido por Wolfgang Petersen:

Wolfgang Petersen en Bavaria Film

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Bastian leyendo el libro de La historia interminable

 

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¡Nos vemos en el cine!

 

 

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Cinema Paradiso – 1988 – Giuseppe Tornatore – Wilder Cinema – #YoVoyAlCine

6/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartel español de Cinema Paradiso

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

La rosa púrpura de Sicilia

 

Giuseppe Tornatore debutó en el largometraje con El profesor y alcanzó la gloria internacional con Cinema Paradiso, su película más celebrada.

 

Después dirigió Pura formalidad, El hombre de las estrellas, La leyenda del pianista en el océano, Malèna, La desconocida, Baarìa y La mejor oferta.

 

En 2021 rindió homenaje a su colaborador y amigo Ennio Morricone con el estupendo documental Ennio: el maestro.

 

Una filmografía irregular, pero con un paraíso que justifica toda una carrera.

 

Cinema Paradiso ganó el Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 1990.

 

En el Festival de Cannes de 1989 obtuvo el Gran Premio Especial del Jurado, concedido ex aequo.

 

Para mí, estamos ante la mejor película de Giuseppe Tornatore y ante la mejor banda sonora de Ennio Morricone.

Conviene recordar que el maravilloso tema de amor fue compuesto por su hijo, Andrea Morricone.

La emoción, como casi todo en esta película, también fue un trabajo familiar.

 

Paradójicamente, en sus primeras distribuciones la película pinchó en Italia.

El público italiano no parecía demasiado interesado en contemplar su propio pasado, pero el resto del mundo terminó convertido en una magdalena de Proust con butaca y proyector.

 

El galimatías de los distintos montajes merece una bobina aparte.

La primera versión presentada en el festival EuropaCinema duraba unos 173 minutos.

Para el estreno comercial italiano quedó reducida a 155 y, después del fracaso inicial, Tornatore la dejó en los 123 o 124 minutos del montaje internacional que conquistó Cannes y los Oscar.

 

Por tanto, la versión del director conocida actualmente dura alrededor de cincuenta minutos más que la internacional, no veinte.

Recupera principalmente el reencuentro de Salvatore con Elena adulta y explica algunas decisiones importantes de Alfredo.

Aporta información, sí, pero no mejora la película.

Al contrario: le quita misterio, alarga innecesariamente el desenlace y demuestra que también en el montaje hay que saber cuándo apagar el proyector.

 

Totó, interpretado por Salvatore Cascio, es uno de los niños más encantadores de la historia del cine y, posiblemente, uno de los que más bofetones recibe.

Hoy el rodaje terminaría con la intervención de los servicios sociales y una larga conversación con el coordinador de intimidad infantil.

 

El retrato de la Italia de la posguerra resulta magnífico.

El cine era entonces, allí y también en España, la gran evasión popular: el lugar donde olvidar por unas horas la pobreza, las ausencias y las estrecheces, riendo, llorando o protestando cuando el cura ordenaba cortar los besos.

 

La relación entre el pequeño Salvatore y Alfredo es una de las más enternecedoras que se hayan visto en una pantalla.

Tornatore es sentimental sin disimulo, pero aquí el sentimiento está ganado. No nace de apretar botones para hacer llorar al espectador, sino de construir dos personajes que se necesitan y que terminan marcándose para siempre.

 

Philippe Noiret interpretó sus diálogos en francés y en la versión italiana fue doblado por Vittorio Di Prima.

Una de las frases que mejor resume la sabiduría de Alfredo es: «Ahora que he perdido la visión, puedo ver más».

Pocas palabras para expresar todo lo que el personaje aprende cuando ya no puede mirar la pantalla.

 

Cinema Paradiso es un homenaje al cine, a las antiguas salas, a la infancia, a la amistad y a esa vida que solo comprendemos cuando ya ha pasado por la moviola.

 

Emotiva. Impresionante. Imprescindible para cualquier amante del Séptimo Arte.

 

Después del tráiler queda el mítico montaje de los besos censurados.

 

Conviene tener un pañuelo a mano: el cura consiguió cortar los besos, pero no sus efectos secundarios.

 

Mi puntuación: 8,66/10.

 

Escena en la cabina de proyección de Cinema Paradiso

 

Dirigido por Giuseppe Tornatore:

Retrato del director Giuseppe Tornatore

 

Ficha: En este enlace.

 

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Totò junto al proyector en Cinema Paradiso

 

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Rashomon – 1950 – Akira Kurosawa – Wilder Cinema – #YoVoyAlCine

6/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de Rashomon para Wilder Cinema

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuatro versiones y un funeral

 

Akira Kurosawa ya había dirigido una decena de películas cuando realizó Rashomon, pero esta fue la que lo convirtió en un cineasta internacional.

 

Después llegarían obras esenciales como Vivir, Los siete samuráis, Trono de sangre, Yojimbo, El infierno del odio, Dersu Uzala, Kagemusha, la sombra del guerrero o Ran.

 

Pocos directores han retratado con tanta fuerza la lucha entre la dignidad humana y nuestra irresistible tendencia a comportarnos como auténticos miserables.

 

Rashomon obtuvo el León de Oro en el Festival de Venecia de 1951, galardón que abrió definitivamente las puertas occidentales al cine japonés.

 

Al año siguiente recibió también el Oscar honorífico a la película extranjera más destacada estrenada en Estados Unidos durante 1951.

 

 

Cutrecomentario de Ramón

 

Si vi Rashomon en mi juventud, no la recordaba.

Tal vez mi memoria haya decidido ofrecerme su propia versión de los hechos, muy en consonancia con la película.

 

Durante el Japón imperial, el cine estuvo sometido a una férrea censura militarista.

Después de la derrota, la ocupación estadounidense eliminó aquel corsé, aunque impuso otro sistema de control que prohibía los contenidos ultranacionalistas y favorecía los valores democráticos.

No fue una libertad absoluta, pero para Akira Kurosawa resultó un terreno creativo mucho más respirable.

Paradojas de la vida: los ocupantes terminaron facilitando una libertad que el imperio había negado.

 

Kurosawa tuvo dificultades para convencer a los estudios con un guion tan desconcertante, basado en dos relatos de Ryūnosuke Akutagawa.

Su reducido reparto y sus escasos escenarios hacían pensar en una producción económica, pero la construcción a tamaño real de la monumental puerta y la lluvia artificial elevaron considerablemente el presupuesto.

Rashomon tenía aspecto de película barata, pero no lo fue tanto. Hasta los clásicos tienen sus facturas.

 

La película nos habla de la verdad y de la mentira, aunque en realidad va un poco más lejos.

 

No afirma que la verdad no exista, sino que nuestro acceso a ella está contaminado por el ego, la vergüenza y la necesidad de quedar bien.

 

El bandido, la mujer, el samurái muerto —que declara mediante una médium— y el leñador ofrecen cuatro versiones contradictorias del mismo suceso.

 

Cada uno retuerce los hechos para preservar su dignidad, justificar sus actos o disimular su mezquindad.

 

Aquí nadie miente de manera gratuita: todos construyen la realidad que les permite seguir soportándose a sí mismos.

 

El resultado es un retrato desolador de la condición humana.

 

La película cuenta varias veces la misma historia, pero nunca parece repetirse.

Cada nueva versión desmonta la anterior, modifica a los personajes y vuelve todavía más incierto lo sucedido.

No asistimos a cuatro repeticiones, sino a cuatro demoliciones de la verdad.

 

Al final, Kurosawa introduce un pequeño elemento de esperanza. El gesto del leñador con el niño abandonado no borra todo lo anterior, pero demuestra que todavía queda alguna posibilidad de salvación.

 

Tal vez la humanidad sea egoísta, embustera y cobarde, pero un único acto de compasión puede impedir su condena absoluta.

 

El título procede de Rashōmon o Rajōmon, la gran puerta meridional de la antigua capital imperial de Kioto.

Por tanto, no significa exactamente «puerta del castillo», sino algo más próximo a la gran puerta de entrada a la ciudad amurallada.

Su estado ruinoso puede interpretarse como el símbolo perfecto de una civilización construida por los hombres y destruida por ellos mismos.

 

La historia transcurre en el Japón medieval, pero sigue siendo perfectamente actual.

Cambian las ropas, las armas y los tribunales, pero nuestra habilidad para adaptar la verdad a nuestros intereses permanece en magnífica forma.

 

Una obra maestra. Y, por desgracia, una película cada día más moderna.

 

Mi puntuación: 10/10.

 

Toshirō Mifune y Machiko Kyō en Rashomon

 

Dirigido por Akira Kurosawa:

Akira Kurosawa durante el rodaje de Los siete samuráis en 1953

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Centauros de la Alcarria – 2026-07-31 – Spider-Man, Kurosawa, Wilder Cinema y un intenso análisis de La Odisea en Centauros de la Alcarria

6/08/2026

 

 

 

 

 

 

 

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