El Blog de Hola Soy Ramón!

 

Mil pedazos – 2026 – Sergio Castro-San Martin – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

10/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando la familia se rompe… y el paisaje termina de rematarla

 

El director chileno Sergio Castro San Martín lleva años trabajando en el cine independiente de su país, moviéndose en territorios bastante poco complacientes.

 

Entre sus trabajos más conocidos están La mujer de barro (2015), un drama muy áspero ambientado en el desierto de Atacama, y Tierra sola (2017), documental rodado en la isla de Pascua que ya mostraba su gusto por los espacios aislados y los personajes atrapados en situaciones límite.

 

Con Mil pedazos vuelve a ese territorio incómodo, donde los paisajes parecen pesar tanto como los propios personajes.

 

 

Cutrecomentario

 

La última película de este día en el Festival de Málaga llega desde Chile y no es precisamente una comedia navideña.

 

Mil pedazos es una de esas películas que te dejan con el ánimo como el paisaje: seco, vacío y con ganas de un café fuerte.

 

La historia arranca con una familia que ya viene bastante averiada de serie.

 

Un matrimonio interpretado por Daniel Muñoz y Paola Giannini, una niña y una perra.

 

La familia está en pleno proceso de descomposición emocional: separación en ciernes, tensiones acumuladas y un ambiente que se podría cortar con cuchillo.

 

El padre parece una especie de criatura cansada que camina por inercia, mientras que la madre es quien mantiene las riendas de la situación… o al menos lo intenta.

 

En mitad de ese clima familiar bastante poco festivo ocurre un accidente en un paraje absolutamente brutal del norte de Chile. Un desierto montañoso donde lo único que hay alrededor es… nada. Y cuando digo nada, es nada de verdad. Ni gente, ni animales, ni esperanza.

 

A partir de ahí la película se desarrolla con una sequedad formal tremenda.

 

Sergio Castro San Martín no explica demasiado, no subraya nada y deja que el espectador vaya reconstruyendo lo que ocurre poco a poco.

 

Es de esas películas que te obligan a ir completando el puzzle en tu cabeza mientras avanzan las escenas.

 

El resultado es bastante desolador.

 

Los personajes están atrapados en un duelo brutal por lo que ha sucedido y el paisaje parece amplificar ese vacío emocional.

 

Esos planos enormes del desierto chileno, infinitos y completamente deshabitados, terminan siendo casi un personaje más de la historia.

 

Hay elementos que desconciertan un poco.

 

Por ejemplo, el uso de una cámara digital por parte de la niña, que parece situarnos en una época cercana a los primeros años del siglo XXI, cuando los móviles aún no eran omnipresentes.

 

Pero más adelante la madre utiliza un teléfono móvil con total normalidad, lo que deja una cierta sensación de descoloque temporal.

 

También resulta intrigante el comportamiento del padre en algunos momentos.

 

En dos ocasiones se lava con agua como si estuviera intentando purificarse, como si estuviera limpiando algo más que el polvo del desierto. Eso deja la sospecha de que quizá cargue con algún tipo de culpa por el accidente que ha destrozado a la familia.

 

En cualquier caso, Mil pedazos es una película muy interesante. De esas que no te lo dan todo masticado y que invitan a discutirla después con calma.

 

No es cómoda, no es amable y desde luego no es la típica película para salir del cine con una sonrisa.

 

Pero precisamente por eso resulta tan estimulante.

 

De las que generan conversación.

 

Y de las que siguen dando vueltas en la cabeza cuando ya has salido del cine. Aunque sea con el ánimo tan seco como el desierto chileno.

 

Mi puntuación: 7,67/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Millennial Mal (Serie) – 2026 – Lorena Iglesias (Creadora) – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

10/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cómo colarse en la universidad con 40… y salir con tres capítulos de paciencia menos

 

La serie está creada y protagonizada por Lorena Iglesias, humorista y guionista que ha trabajado en televisión y en proyectos de comedia.

 

Ha colaborado en programas como La Resistencia o Yu: No te pierdas nada, además de participar en diferentes formatos humorísticos y en internet.

 

Millennial Mal es uno de sus proyectos más personales, en el que asume tanto la creación como el papel protagonista, intentando trasladar su universo cómico al formato de serie.

 

 

Cutrecomentario

 

En el Festival de Málaga nos ponen tres episodios de Millennial Mal. Tres. No uno para probar. Tres. Algo así como cuando en el médico te dicen que la vacuna puede dar algo de fiebre… pero no te explican cuánta.

 

La premisa es la siguiente: Lorena Iglesias interpreta a una mujer de cuarenta y muchos años —aunque visualmente parece que haya superado con holgura la barrera de los cincuenta— que pierde su trabajo como bibliotecaria.

 

En medio de su crisis vital descubre una beca para estudiar Historia en la universidad… pero con una condición: está reservada para menores de 30 años.

 

¿Solución? Pues hacerse pasar por joven.

 

Para ello contará con la ayuda de dos chicas veinteañeras que conoce por casualidad y que intentarán “rejuvenecerla” a base de cambios de look, actitud y supuesta mentalidad millennial.

 

La teoría suena a comedia generacional con cierto potencial: choque de edades, impostura, redes sociales, postureo universitario…

 

El problema es que una cosa es la idea… y otra muy distinta el resultado.

 

La serie intenta moverse en el terreno de la comedia, pero se queda atrapada en algo bastante peor: la ausencia total de gracia. Y eso en una comedia es un pequeño inconveniente. Como rodar una película de submarinos sin agua.

 

De los tres episodios que se proyectan, el primero resulta directamente insoportable.

 

El segundo consigue el pequeño milagro de ser todavía peor.

 

Y el tercero ya entra en territorio casi experimental: comprobar hasta qué punto un espectador puede mantenerse sentado esperando que llegue una broma que nunca llega.

 

El gran problema de Millennial Mal es que su humor parece basado en la idea de que basta con decir cosas raras o exageradas para que el público se ría. Pero el público, que a veces es muy poco colaborador, decide no hacerlo.

 

Y no hay nada más incómodo que una comedia que se esfuerza muchísimo en ser graciosa… y no lo consigue.

 

Una lástima, porque el punto de partida —una mujer obligada a fingir ser veinteañera para sobrevivir laboralmente— podría haber dado para una sátira interesante sobre la precariedad, la edad y el culto absurdo a la juventud.

 

Pero al final la sensación es que la serie naufraga completamente.

 

Penosa. Penosa. Penosa.

 

Y eso que solo vimos tres capítulos.

 

Imaginarse una temporada completa ya requiere una beca… pero de resistencia psicológica.

 

Mi puntuación: 2,53/10.

 

 

 

 

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Los justos – 2026 – Jorge Lara, Fer Pérez – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

10/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Nueve jurados, un millón de euros… y la moral en liquidación

 

La película está dirigida por Jorge Lara y Fer Pérez, dos cineastas que hasta ahora han trabajado sobre todo en televisión, publicidad y proyectos audiovisuales de menor formato.

 

Los justos supone uno de sus primeros largometrajes de ficción con mayor visibilidad en el circuito de festivales.

 

Su trayectoria previa no es especialmente extensa en cine comercial, lo que explica también el tono contenido y muy teatral del proyecto, claramente apoyado en el guion y en el trabajo de los actores.

 

 

Cutrecomentario

 

Los justos es una película que parte de una premisa tan sencilla como inquietante: nueve ciudadanos están reunidos para decidir la culpabilidad de un empresario acusado de corrupción.

 

Vamos, algo que recuerda inevitablemente a Doce hombres sin piedad, pero en versión española, con menos hombres, menos solemnidad… y bastante más tentaciones por el camino.

 

Porque aquí llega el truco de la función. Cada uno de los miembros del jurado recibe una fotografía de esas que cambian según la inclinas —de las que teníamos todos de pequeños— con un mensaje que básicamente viene a decir: hay un millón de euros esperando… si tomas la decisión correcta. O la incorrecta. Según se mire.

 

Y claro, ahí empieza el verdadero espectáculo.

 

La película plantea algo que todos intuimos pero que pocas veces queremos admitir: vivimos en una sociedad que condena la corrupción con gran entusiasmo… siempre que la corrupción sea de otros. Pero cuando el dinero aparece delante de nuestras narices, la moral empieza a hacer cosas muy raras.

 

Los nueve personajes funcionan como nueve estereotipos bastante reconocibles de la sociedad española actual. Cada uno con sus problemas personales, sus dificultades económicas o sus frustraciones. Porque aquí nadie vive en la abundancia. Y cuando las cuentas no salen a final de mes, la ética se vuelve un concepto bastante flexible.

 

La película es absolutamente teatral.

 

Todo se sostiene en el diálogo, en los enfrentamientos verbales, en las posiciones morales que van cambiando según sopla el viento… o según se mire la foto del millón de euros.

 

Dentro del reparto, quienes llevan claramente la voz cantante son Carmen Machi y Vito Sanz (que interpretan a dos de los personajes más potentes del grupo).

 

Carmen Machi, como casi siempre, se mueve con una naturalidad insultante, dominando cada escena en la que aparece.

 

El principal reproche que se le puede hacer a la película tiene que ver con algo muy sencillo: el cine tiene herramientas que aquí apenas se utilizan.

 

Cuando los personajes empiezan a explicar sus vidas, sus problemas o sus motivaciones, uno no puede evitar pensar: ¿por qué no mostrarlo en lugar de contarlo?

 

Un simple flashback habría aportado aire cinematográfico a lo que termina siendo un largo coloquio filmado.

 

Pero claro, eso cuesta dinero.

 

Y Los justos es claramente una producción de presupuesto modesto.

 

Rodar en más escenarios, añadir personajes o reconstruir el pasado de cada uno habría supuesto otra película mucho más cara… probablemente más cinematográfica… pero también bastante más difícil de levantar.

 

Así que al final la película termina hablando de algo muy curioso: de cómo el dinero condiciona la moral… y también el propio cine.

 

Porque seamos sinceros: ¿a quién no le vendría bien un millón de euros?

Incluso para rodar una película un poco más cara.

O para votar en un jurado.

O para dormir mucho más tranquilo por las noches.

 

Mi puntuación: 6,56/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

 

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Lapönia – 2026 – David Serrano – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

10/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cómo arruinar la Navidad discutiendo sobre Papá Noel

 

David Serrano es uno de esos directores españoles que han demostrado que la comedia comercial bien hecha también puede tener personalidad.

 

Saltó a la fama con la muy popular El otro lado de la cama (2002), aquel musical gamberro que convirtió las canciones de los 80 en argumento cinematográfico.

 

Después llegarían Días de fútbol (2003), Los dos lados de la cama (2005), Una hora más en Canarias (2010) o Tenemos que hablar (2016).

 

También ha trabajado mucho en teatro y como guionista, lo que explica perfectamente por qué en Laponia el diálogo manda y la puesta en escena recuerda tanto a una función teatral.

 

 

Cutrecomentario

 

Laponia es una película que podría haberse rodado perfectamente en un escenario con cuatro focos, una mesa, un sofá y un árbol de Navidad. Y probablemente funcionaría igual de bien. O igual de mal, según el humor que uno tenga ese día.

 

La premisa es sencilla: dos hermanas se reúnen en Navidad en la Laponia finlandesa con sus respectivos maridos. Natalia Verbeke (que interpreta a la hermana que llega desde España) aparece con su pareja, el siempre reconocible Julián López, que aquí encarna a un profesor bastante intenso.

 

La otra hermana, interpretada por Ángela Cervantes, vive allí con su marido finlandés, al que da vida Vebjørn Enger.

 

Y claro, lo que empieza como una reunión navideña civilizada acaba convirtiéndose en un debate filosófico con sidra, vino y reproches familiares.

 

El detonante del conflicto es aparentemente inocente: ¿hay que mantener la ilusión de Papá Noel en los niños o decirles la verdad desde pequeños? A partir de ahí se abre la caja de Pandora.

 

Empiezan a salir viejas heridas familiares, reproches entre hermanas, diferencias culturales entre españoles y nórdicos y esa eterna discusión entre la mentira piadosa y la verdad incómoda.

 

La película funciona casi exclusivamente a base de diálogo. Mucho diálogo. Muchísimo diálogo. Tanto que uno tiene la sensación de estar viendo una obra de teatro filmada, que de hecho no anda muy lejos de la realidad: el guion parte de una obra teatral muy exitosa escrita por Cristina Clemente y Marc Angelet.

 

Lo mejor del conjunto son claramente los actores. Los cuatro están muy bien, pero Ángela Cervantes juega en otra liga. Tiene una naturalidad y una fuerza que se comen la pantalla sin necesidad de levantar mucho la voz. Es, de largo, lo mejor de la película.

 

Julián López, por su parte, se mete en un papel dramático que intenta ser serio… pero su vis cómica es tan potente que cuesta no esperar que en cualquier momento suelte una de esas frases absurdas marca de la casa. No es culpa suya: hay actores que llevan el humor pegado al ADN.

 

En resumen, Laponia es una película entretenida, bien interpretada y con un conflicto interesante sobre la mesa.

 

Pero también es, sin disimularlo demasiado, teatro filmado. Lo cual no es necesariamente malo… salvo que uno haya ido al cine esperando ver algo más que cuatro personas discutiendo durante hora y media sobre Papá Noel y la educación de los niños.

 

Eso sí: después de verla dan ganas de pasar las Navidades en silencio. O mejor aún… en Laponia, pero cada uno en su cabaña. 🎄

 

Mi puntuación: 5,57/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Viaje al país de los blancos – 2026 – Dani Sancho – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

9/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Del sueño europeo a la realidad: cuando el ‘país de los blancos’ no era exactamente lo que parecía

 

 

El director Dani Sancho se encarga de llevar a la pantalla Viaje al país de los blancos, una película basada en la historia real del activista ghanés Ousman Umar.

 

Sancho ha trabajado sobre todo en el ámbito televisivo y documental, y en esta ocasión se enfrenta a un relato con vocación claramente social y humanista, centrado en la inmigración y en el proceso personal de crecimiento de su protagonista.

 

No es una superproducción ni pretende reinventar el cine social, pero sí busca contar una historia real con intención emocional y pedagógica.

 

 

Cutrecomentario

 

Viaje al país de los blancos cuenta la historia real de Ousman Umar, un niño de Ghana que crece escuchando historias sobre un lugar casi mítico: Europa. O, como lo llaman en su entorno, “el país de los blancos”. Un sitio lejano donde aparentemente todo es prosperidad, oportunidades y vida fácil.

 

Con esa idea en la cabeza, el joven decide emprender un viaje que no tiene nada de fácil.

 

Lo que sigue es el recorrido clásico que ya conocemos por otras películas sobre inmigración: travesías peligrosas, dificultades constantes y un choque brutal entre el sueño y la realidad.

 

Finalmente llega a Barcelona, donde descubre algo que muchos migrantes encuentran al aterrizar en Europa: que aquello que parecía un paraíso desde lejos es, en realidad, un lugar mucho más complicado de lo que imaginaba.

 

La película se centra sobre todo en el proceso de crecimiento del personaje.

 

Ese niño que sale de su aldea se convierte poco a poco en un adulto que intenta abrirse camino en un país extraño. Y ahí aparece un personaje clave: Montse, la mujer que decide acogerlo en su familia y darle algo más que ayuda puntual. Le ofrece afecto, estabilidad y la posibilidad de construir un futuro.

 

Y Ousman Umar no solo aprovecha esa oportunidad, sino que acaba transformándola en algo mucho mayor.

 

Cinematográficamente hablando, la película no inventa nada nuevo.

 

Este tipo de relatos sobre inmigración los hemos visto muchas veces en pantalla y, siendo honestos, existen ejemplos más potentes y mejor construidos.

 

Es inevitable acordarse de Io capitano (2023), la magnífica película de Matteo Garrone que pasó por el Festival de San Sebastián y que abordaba el mismo tema con mucha más fuerza narrativa.

 

Pero eso no significa que Viaje al país de los blancos no funcione. Funciona. Y además emociona.

 

En parte por la historia que cuenta, pero sobre todo por algo que ocurrió fuera de la pantalla. En la proyección del Festival de Málaga estaba presente el verdadero Ousman Umar, que participó en el coloquio posterior.

 

Y cuando ves a la persona real que ha vivido todo eso sentado delante de ti, la película adquiere otra dimensión.

 

De repente deja de ser solo cine y pasa a ser también testimonio. Y eso cambia bastante la experiencia.

 

La sala respondió con un aplauso muy fuerte cuando Ousman Umar apareció para hablar con el público. Fue uno de esos momentos en los que el festival se convierte en algo más que una sucesión de películas: se convierte en un encuentro humano.

 

Al final, Viaje al país de los blancos es una historia de superación.

 

Una historia sencilla, bienintencionada, que invita a reflexionar sobre cómo tratamos a los niños y jóvenes inmigrantes que llegan a España.

 

No es la película definitiva sobre el tema. Pero sí es una película honesta. Y a veces eso también cuenta.

 

Mi puntuación: 5,65/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Por cien millones (Minserie) – 2026 – Oriol Capel (Creador), Nacho G. Velilla (Creador) – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

9/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Secuestrar a Quini para salir de deudas: el plan perfecto… salvo por un pequeño detalle, que es todo

 

 

Detrás de Por cien millones están Oriol Capel y Nacho G. Velilla, dos nombres muy reconocibles dentro de la comedia española reciente.

 

Velilla, zaragozano, lleva años demostrando que sabe cómo hacer reír al público: dirigió éxitos como Fuera de carta (2008), Que se mueran los feos (2010) o Perdiendo el norte (2015), además de series muy populares como Aída.

 

Capel, por su parte, ha trabajado sobre todo en televisión como guionista y creador en proyectos como 7 vidas o Aída, lo que explica ese olfato para la comedia de personajes y para los diálogos que parecen sacados directamente de la barra de un bar.

 

 

Cutrecomentario

 

La tarde del tercer día del Festival de Málaga se puso televisiva. En vez de película, tocaba serie. Bueno, miniserie. De Por cien millones se proyectaron los dos primeros capítulos: cien minutos en total, que pasaron volando.

 

La historia nos lleva a Zaragoza, año 1981. España todavía está intentando entender qué demonios está pasando tras la Transición, los pantalones de campana aún resisten en algunos armarios y el fútbol sigue siendo religión nacional.

 

En ese contexto aparecen tres mecánicos que no atraviesan precisamente su mejor momento económico. Deudas por todos lados, negocios que no terminan de arrancar y una sensación general de estar atrapados en la miseria económica. Así que, como suele pasar en las grandes ideas criminales… deciden secuestrar a un futbolista.

 

Pero no a cualquiera. Nada menos que Enrique Castro “Quini”, delantero del FC Barcelona y uno de los jugadores más famosos del país, que en la temporada 1980-81 estaba peleando por el Pichichi.

 

La serie reconstruye aquel secuestro real que en su momento tuvo en vilo a toda España. Y lo hace desde un tono bastante peculiar: mezcla de drama y comedia. Porque sí, lo que ocurrió fue dramático —para Quini, para su familia y para todo el entorno—, pero la serie decide mirar también al lado absurdo de la historia.

 

Según explicó Nacho G. Velilla en la rueda de prensa del festival, el guion se ha construido a partir de documentación real: declaraciones policiales, testimonios de la familia e incluso palabras de los propios secuestradores, que acabaron cumpliendo ocho años de prisión.

 

Y lo curioso es que el caso tardó bastante en resolverse porque la policía estaba convencida de que detrás había una banda criminal muy sofisticada.

 

Nadie imaginaba que los responsables eran tres tipos bastante normales con más deudas que neuronas delictivas.

 

El trío protagonista funciona muy bien. Raúl Arévalo, Vito San y Gabriel Guevara interpretan a estos tres aspirantes a criminal con perfiles muy distintos pero perfectamente complementarios. Cada uno con su carácter, sus miedos y sus meteduras de pata.

 

El reparto femenino tampoco se queda atrás: Natalia Huarte, María De Nati y la siempre eficaz Aixa Villagrán, que tiene ese talento especial para aparecer en pantalla y elevar cualquier escena.

 

También se deja ver Julia de Castro, estupenda como la mujer de Quini, aportando la parte más emocional del relato.

 

Y por ahí aparece también Jorge Asín, que es casi patrimonio cultural de Aragón. Su presencia no es casual: Velilla explicó que antes del rodaje el guion fue leído y grabado por Asín para que los actores pudieran estudiar el acento aragonés. Y la verdad es que se nota: el esfuerzo por reproducir ese tono está bastante conseguido.

 

Los dos episodios que se han podido ver en Málaga funcionan muy bien. Son ágiles, muy divertidos y además retratan con bastante cariño aquella España de comienzos de los ochenta. Una España de talleres mecánicos, bares de barrio y gente intentando sobrevivir como puede.

 

Y también dejan caer una idea bastante interesante: la precariedad de la clase trabajadora española no es precisamente un invento del siglo XXI. Ya estaba ahí hace más de cuarenta años.

 

Una serie muy entretenida, con humor, con ritmo y con una historia real tan absurda que parece inventada. Y eso siempre es buena señal para una comedia. Porque a veces la realidad escribe los mejores guiones… aunque empiecen con tres mecánicos pensando que secuestrar a Quini es una buena idea.

 

Mi puntuación: 8,68/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Mi querida señorita – 2026 – Fernando González Molina – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

9/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Mi querida señorita 2.0: identidad, Pamplona y una escapada a Madrid para respirar un poco.

 

El director Fernando González Molina lleva años moviéndose con soltura entre el cine comercial y la televisión de gran presupuesto.

 

Ha dirigido títulos muy populares como Tres metros sobre el cielo (2010), Tengo ganas de ti (2012) o Palmeras en la nieve (2015).

 

En televisión también ha firmado proyectos de gran impacto como El guardián invisible (2017), Legado en los huesos (2019) y Ofrenda a la tormenta (2020), adaptaciones de la trilogía del Baztán de Dolores Redondo.

 

Es un director con buen pulso narrativo y clara vocación de conectar con el público amplio.

 

 

Cutrecomentario

 

Más que un remake de Mi querida señorita (1972), la película que dirigió Jaime de Armiñán con guion suyo y de José Luis Borau, esta nueva versión es una especie de revisitación o actualización del clásico.

 

Aquella estaba protagonizada por José Luis López Vázquez y Julieta Serrano y, en plena España franquista, hablaba de identidad sexual con una sutileza que hoy resulta admirable.

 

La película de 2026 juega en otra liga temporal.

 

Estamos en el siglo XXI, en una España donde —al menos sobre el papel— se puede hablar de estas cosas con bastante más libertad.

 

Aquí la protagonista es Adela, interpretada por Elizabeth Martínez, una chica solitaria que arrastra desde la infancia una historia médica complicada relacionada con intervenciones gonadales. Es decir, una identidad sexual construida a golpe de bisturí y de decisiones ajenas.

 

La película sitúa a Adela en una Pamplona gris, lluviosa, fría, opresiva. Una ciudad que parece diseñada para que nadie levante demasiado la cabeza.

 

Sus padres, interpretados con firmeza por Nagore Aramburu, mantienen un control férreo sobre su vida. Horarios, normas, expectativas… todo muy ordenado, muy correcto, muy asfixiante.

 

En ese ambiente tan poco respirable aparece una pequeña ventana al mundo: una fisioterapeuta interpretada por Anna Castillo, que además sueña con convertirse en actriz. Ella será, de alguna manera, la chispa que le recuerda a Adela que existe algo parecido a la libertad.

 

Mientras tanto, hay novio en escena. Eneko Sagardoy interpreta a un chico que le declara su amor y que además se encarga de definir Pamplona con una frase bastante graciosa: una ciudad con “cien personas y diez calles”. Exagerado, pero se entiende la idea.

 

Y entonces llega el momento clave: la huida. Adela se va a Madrid, y ahí la película cambia completamente de tono.

 

Frente a la ciudad cerrada del norte aparece la capital, donde la protagonista empieza a construir algo parecido a una familia elegida: amigos, apoyo, red afectiva.

 

En ese nuevo universo aparecen Manu Ríos y Lola Rodríguez, que dan vida a ese grupo de amigos que ayudan a Adela —que ahora se hace llamar AD— a encontrar su lugar.

 

No quiero olvidarme de María Galiana como la abuela, que siempre es un placer ver en pantalla, porque tiene ese talento raro de parecer completamente natural incluso cuando está diciendo cosas muy serias.

 

La película habla, básicamente, de identidad. De buscar quién eres cuando todo el mundo parece tener una opinión sobre lo que deberías ser. Y también de algo más simple: de intentar ser feliz aunque no tengas ni idea de cómo hacerlo.

 

Aquí entran en juego Javier Calvo y Javier Ambrossi, los Javis, que están detrás del proyecto como productores e ideólogos. Y claro, eso se nota. La película es mucho más explícita, más discursiva, incluso más didáctica que la original de 1972.

 

La comparación con la obra de Jaime de Armiñán es inevitable. Aquella tenía una delicadeza y una ambigüedad que hoy casi parecen de otro planeta. Pero también hay que decir que jugaba con la censura franquista encima de la mesa. Aquella película tenía que insinuar lo que no podía decir.

 

Esta nueva Mi querida señorita dice las cosas sin rodeos. Es más directa, más emocional, más contemporánea.

 

Son películas distintas para épocas distintas.

 

Y, por cierto, conviene recordar un dato: la original de 1972 fue un auténtico fenómeno en España y se convirtió en una de las películas más importantes del año.

 

Habrá que ver si esta nueva versión consigue algo parecido.

 

Desde luego, la historia que cuenta —la de alguien intentando descubrir quién es— sigue siendo igual de universal que hace más de cincuenta años. Y eso, al final, siempre conecta con el público.

 

Mi puntuación: 7,66/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Neurótica anónima – 2026 – Jorge Perugorría – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

9/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando el cine resiste… aunque el presupuesto esté en números rojos

 

 

El director

 

Jorge Perugorría (La Habana, 1965) es uno de los rostros más conocidos del cine cubano.

 

Actor antes que director, saltó a la fama internacional con Fresa y chocolate (1993), dirigida por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, película que fue nominada al Oscar y que lo convirtió en una especie de icono del cine cubano contemporáneo.

 

Con el tiempo ha ido alternando interpretación, producción y dirección.

 

Como realizador ha firmado títulos como Se vende (2012), una comedia amarga sobre la Cuba contemporánea, y el documental Habana Selfies (2019).

 

Neurótica anónima supone uno de sus trabajos más modestos, casi de guerrilla, pero también uno de los más personales en su defensa del cine como espacio cultural y sentimental.

 

 

Cutrecomentario

 

El tercer día del Festival de Málaga arrancó con una producción cubana pequeña, pequeñísima… pero con mucho corazón. Neurótica anónima, dirigida por Jorge Perugorría y protagonizada —y escrita— por Mirta Ibarra, es una de esas películas hechas con cuatro duros, mucha fe y bastante amor por el cine.

 

La historia parte de una premisa sencilla: un cine de barrio en La Habana está a punto de cerrar porque el negocio ya no da ni para pagar la luz del proyector y el edificio amenaza ruina. Ante ese desastre cultural, los trabajadores y algunos vecinos deciden resistir. ¿Cómo? Pues rodando un documental con testimonios del barrio para denunciar el cierre. Una especie de cine dentro del cine… dentro del cine. Muy meta todo.

 

Pero lo curioso es que ese falso documental acaba convirtiéndose en un retrato bastante lúcido de la Cuba actual.

 

Entre testimonio y testimonio se cuelan comentarios sobre la precariedad del día a día, sobre instituciones absurdamente grandilocuentes —como centros para tratar la neurosis que parecen palacios surrealistas— y sobre la eterna distancia entre la retórica oficial y la vida real.

 

El hilo conductor es el personaje de Mirta Ibarra, que interpreta a Iluminada, una mujer que vive el cine como si fuera una religión. Y gracias a ella la película se convierte en una especie de collage cinéfilo lleno de guiños.

 

Porque Neurótica anónima funciona también como un homenaje bastante descarado al cine.

 

Van apareciendo referencias a un montón de clásicos: Memorias del subdesarrollo de Tomás Gutiérrez Alea, Lucía de Humberto Solás, La pasión de Juana de Arco de Carl Theodor Dreyer, Psicosis de Alfred Hitchcock, Fresa y chocolate, La dolce vita de Federico Fellini, Moscú no cree en las lágrimas de Vladimir Menshov, Hasta cierto punto de Tomás Gutiérrez Alea, El lado oscuro del corazón de Eliseo Subiela, Repulsión de Roman Polanski, Thelma & Louise de Ridley Scott o Cerrado por reformas de Orlando Rojas, entre otras. Me olvidaba de Tiempos modernos

 

Vamos, que la película es un festival de citas y recuerdos cinéfilos.

 

A ratos parece más una declaración de amor al cine que una película propiamente dicha.

 

¿Funciona siempre? Pues no del todo.

 

El presupuesto se nota —y mucho—, el ritmo es irregular y hay momentos que parecen más teatro filmado que cine.

 

Pero también tiene algo entrañable: esa sensación de cine hecho por pura necesidad de contar algo.

 

Al final Neurótica anónima es eso: una película de resistencia.

 

Un recordatorio de que el cine, incluso cuando está medio en ruinas, sigue siendo un lugar donde reunirse, discutir, recordar películas y, de paso, intentar entender el mundo.

 

Y oye… en tiempos de plataformas, algoritmos y pantallas de móvil, ver una película que defiende el cine en sala tiene algo casi revolucionario. Aunque esté hecha con el presupuesto de una máquina de palomitas. 🍿

 

Mi puntuación: 7,67/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

 

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Crónica del tercer día del Festival de Málaga 29 (2026) – Cine, identidad y memoria en una jornada luminosa – Gema Santamaría – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

9/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

Crónica del tercer día del Festival de Málaga 2026

 

 

Cine, identidad y memoria en una jornada luminosa

 

 

Por Gema Santamaría — Crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria

 

 

El Festival de Málaga alcanzó este 8 de marzo su tercer día con una temperatura más amable y un ambiente que empezaba a sentirse plenamente festivalero. Tras dos jornadas intensas, el certamen entró en una fase en la que el cine empieza a desplegar toda su variedad: producciones modestas, cine social, historias de identidad y también propuestas televisivas que dialogan con la historia reciente. Cuatro proyecciones y otras tantas ruedas de prensa han marcado una jornada rica y diversa.

 

 

Un homenaje al cine desde La Habana

 

La mañana comenzó con Neurótica anónima, una curiosa producción cubana dirigida por Jorge Perugorría y protagonizada por Mirta Ibarra, que además firma el guión.

 

La película podría definirse como cine de guerrilla: presupuesto muy reducido, imaginación desbordante y un amor evidente por el cine. La historia sigue a Iluminada, una acomodadora de un viejo cine de barrio en La Habana que ve peligrar su mundo cuando se anuncia el cierre de la sala.

 

A partir de ese punto, la película se convierte en un juego de cine dentro del cine. La protagonista interpreta su propia vida a través de referencias a clásicos de la historia del séptimo arte: La dolce vitaRepulsiónTiempos modernos o La pasión de Juana de Arco, entre otras.

 

El resultado es una película divertida y muy cinematográfica, un homenaje tanto al cine clásico como al propio acto de ir al cine. Incluso hay momentos que recuerdan abiertamente a Thelma & Louise, con descapotable incluido, algo que en la actual La Habana casi parece una hazaña logística.

 

En la rueda de prensa, Mirta Ibarra se confirmó como el verdadero corazón del proyecto, mientras Jorge Perugorría apareció con barba y abundante melena, caracterizado por el personaje que interpreta en un rodaje en curso. La conversación derivó inevitablemente hacia la difícil situación que vive Cuba, marcada por la escasez de combustible y las dificultades económicas.

 

 

Identidad y libertad en una reinterpretación contemporánea

 

La segunda proyección del día fue Mi querida señorita, dirigida por Fernando González Molina y producida por Javier Calvo y Javier Ambrossi, los conocidos “Javis”.

 

La película toma como punto de partida conceptual el clásico de Jaime de ArmiñánMi querida señorita (1972), protagonizado por José Luis López Vázquez y Julieta Serrano, pero lo reinterpreta desde una perspectiva contemporánea.

 

La historia sigue a una joven que vive en Pamplona y que lucha por encontrar su identidad, según muestra la película esta persona presenta un fenotipo femenino, aunque tiene gónadas masculinas no visibles, ya que están ocultas en el conducto inguinal, lo que se denominaba, pseudohermafroditismo masculino, esto se engloba hoy dentro de los estados intersexuales. La ciudad aparece retratada como un espacio cerrado donde todos se conocen y donde las convenciones sociales pesan como una losa.

 

La protagonista decide romper con ese mundo y huir a Madrid, donde encuentra una nueva familia emocional y también el amor, encarnado en una fisioterapeuta que aspira a convertirse en actriz, interpretada por Anna Castillo.

 

El reparto reúne nombres muy reconocibles: Paco LeónNagore AranburuManu Ríos o Eneko Sagardoy.

 

En la rueda de prensa, Calvo y Ambrossi ofrecieron una larga explicación sobre el proyecto. Insistieron en que no se trata de un remake del filme de Armiñán, sino de una reinterpretación contemporánea inspirada en la idea original, situada en los primeros años del siglo XXI.

 

La sesión comenzó, además, con un aplauso a Nagore Aranburu, recientemente premiada con un Goya como mejor actriz de reparto por Los domingos, lo que añadió un tono emotivo al encuentro.

 

 

Comedia sobre un secuestro real

 

Por la tarde llegó una propuesta televisiva: los dos primeros episodios de la miniserie Por 100 millones, creada por Nacho García Velilla y escrita junto a Oriol Capel.

 

La serie recrea el famoso secuestro del futbolista Quini en 1981, cuando el delantero del FC Barcelona fue retenido por tres mecánicos zaragozanos que exigían un rescate de cien millones de pesetas.

 

Aunque el hecho real fue dramático, la serie adopta un tono de comedia que funciona sorprendentemente bien. Los protagonistas —Raúl ArévaloVito Sanz y Gabriel Guevara— interpretan a los secuestradores con un equilibrio entre absurdo y desesperación social que recuerda al cine negro español pasado por el filtro del humor.

 

El reparto incluye también a Aixa VillagránNatalia HuarteMaría de NatiJorge Asín y Julia de Castro, esta última en el papel de la esposa del futbolista.

 

En la rueda de prensa, Nacho García Velilla explicó cómo la serie intenta retratar no solo el delito sino también el contexto social de la España de comienzos de los ochenta. Vito Sanz, especialmente inspirado, protagonizó algunos de los momentos más divertidos del encuentro.

 

 

Un viaje desde África hasta Europa

 

La jornada concluyó con Viaje al país de los blancos, dirigida por Dani Sancho, una película inspirada en la historia real de Ousman Umar.

 

El filme narra el viaje de un niño de 12 años que abandona Ghana con la esperanza de llegar a Europa. Tras un recorrido durísimo, termina en Barcelona, donde durante un tiempo vive en la calle hasta que encuentra apoyo en una familia que lo acoge.

 

La historia se convierte en un relato de superación personal: el protagonista logra estudiar y acaba fundando una ONG dedicada a promover la educación en su país de origen.

 

La presencia en la rueda de prensa del propio Ousman Umar, cuya historia inspira la película, añadió una dimensión emocional muy fuerte. Su capacidad comunicativa y su entusiasmo terminaron por reforzar el impacto de una película que, aunque narrativamente sencilla, resulta profundamente inspiradora.

 

 

Un pequeño paréntesis cultural

 

Entre la primera y la segunda proyección hubo tiempo para una breve escapada al Teatro Soho CaixaBank, impulsado por Antonio Banderas, uno de los centros culturales más dinámicos de la ciudad.

 

El paseo estuvo guiado por José María Tena, figura muy conocida de la cultura malagueña, que compartió algunas historias sobre la vida musical de la ciudad y el papel de sus orquestas.

 

 

Un festival que ya respira cine

 

El tercer día del Festival de Málaga dejó la sensación de que el certamen ya ha encontrado su ritmo. Cine cubano hecho con imaginación, reflexiones sobre la identidad, comedia histórica y cine social han convivido en una misma jornada.

 

Cuatro películas, cuatro ruedas de prensa y muchas conversaciones en los pasillos del festival. Málaga sigue demostrando que su festival no es solo un escaparate del cine en español, sino también un espacio donde las historias —grandes o pequeñas— encuentran siempre un público dispuesto a escucharlas.

 

Mañana, más cine. Y seguramente, también más historias que contar.

 

 

Gema Santamaría — Crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria

 

 

 

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Un capitán entre la conciencia y el ruido del festival Crónica del segundo día del Festival de Málaga 29 (2026) – Gema Santamaría – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

8/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un capitán entre la conciencia y el ruido del festival

 

Crónica del segundo día del Festival de Málaga 2026

 

Por Gema Santamaría — Crítica de cine y colaboradora de Nueva Alcarria

 

El segundo día del Festival de Málaga amaneció frío y con un cielo gris que amenazaba lluvia sin decidirse nunca a cumplir la amenaza. Un día de ese tipo que parece pedir cine: oscuridad de sala, historias intensas y café caliente entre proyección y proyección.

 

Y el festival, desde luego, no tardó en darnos material.

 

La sorpresa del día: Hangar Rojo

 

La primera proyección de la mañana fue una auténtica sorpresa. La chilena Hangar Rojo, dirigida por Juan Pablo Sayago, se ha convertido —al menos por ahora— en la gran película del festival. Un film de apenas 81 minutos rodado en un austero blanco y negro que logra una intensidad poco habitual.

 

La película sitúa su acción el 11 de septiembre de 1973, el día del golpe militar que llevó al poder al general Augusto Pinochet y acabó con el gobierno del presidente Salvador Allende. El protagonista es un capitán de la escuela de aviación chilena que se encuentra atrapado en un dilema moral: obedecer órdenes o mantenerse fiel al orden constitucional.

 

El relato se desarrolla con una sobriedad admirable. No hay discursos grandilocuentes ni dramatismo exagerado. La narración observa los acontecimientos con cierta distancia, casi con frialdad, permitiendo que sea el espectador quien complete el juicio moral.

 

Destaca de forma extraordinaria Nicolás Zárate, que interpreta a ese capitán atrapado entre la obediencia y la conciencia. Su trabajo es contenido, sobrio, lleno de pequeños gestos que transmiten más que muchos diálogos.

 

Tras la proyección tuvo lugar una rueda de prensa con el director y parte del equipo. Fue curioso comprobar cómo Nicolás Zárate aparecía completamente transformado respecto a su personaje: otro aspecto, otro estilo, casi irreconocible. Es uno de esos momentos en los festivales en los que el cine y la realidad parecen pertenecer a mundos distintos.

 

Paseo por el puerto y cafés a precio de Venecia

 

Tras la rueda de prensa tocó aire libre. Un paseo por el centro de Málaga, rumbo al Muelle 1, la zona renovada del puerto. El cielo seguía indeciso entre nubes y claros, pero el ambiente era agradable.

 

Eso sí, el turismo se deja notar.

 

Parada técnica para un café con leche: cuatro euros por taza. Precio de turista internacional. Exactamente el mismo que uno paga en la isla de Venecia. Málaga tiene esas dos caras tan españolas: la del barrio donde el café cuesta poco más de un euro y la del paseo turístico donde la cuenta llega con cierto dramatismo.

 

El paseo por el puerto, pese a la multitud, resultó de lo más placentero. Turistas, barcos, tiendas, y ese aire mediterráneo que hace que todo parezca un poco más amable.

 

Intentando competir con La caza

 

La siguiente cita cinematográfica fue Día de caza, dirigida por Pedro Aguilera y protagonizada por Carmen MachiRossy de PalmaBlanca Portillo y la joven Zoe Arnao.

 

En la rueda de prensa el propio director explicó que su intención era hacer una reinterpretación de La caza, la mítica película de Carlos Saura de 1966, pero trasladando la historia a personajes femeninos.

 

El problema es evidente: competir con La caza es poco menos que suicida.

 

La película comienza con cierto aire de comedia costumbrista. Tiene ecos lejanos de La escopeta nacional de Luis García Berlanga e incluso algunos momentos que recuerdan a Los santos inocentes de Mario Camus. El problema es que invocar esos títulos implica jugar en una liga muy distinta.

 

De las protagonistas, Rossy de Palma es quien domina claramente la pantalla. Está en su territorio, segura, divertida y con presencia. Blanca Portillo, magnífica actriz sobre todo en teatro, aparece aquí algo sobreactuada. Y Carmen Machi, que siempre parece interpretar una variación de sí misma, vuelve a demostrar que ese registro lo domina con absoluta naturalidad.

 

La rueda de prensa fue muy entretenida. Escuchar a estas actrices siempre merece la pena, pero especialmente a Rossy de Palma, que estuvo espontánea, divertida y con una naturalidad que contagió a toda la sala.

 

Un drama de diálogos interminables: Solos

 

Tras una comida abundante —y sorprendentemente barata— en un bar cercano al Mercado de la Merced, llegó la sesión de las cinco de la tarde con Solos, dirigida por Guillermo Ríos Bordón.

 

La película reúne a cuatro intérpretes: Kira MiróCarlos SantosSalva Reina y Elia Galera. Y básicamente consiste en eso: cuatro personajes hablando sin parar sobre sus conflictos personales.

 

Conflictos que, por desgracia, resultan en muchos casos mezquinos, ridículos o simplemente poco interesantes. El guión está plagado de frases que parecen sacadas de manuales de autoayuda. La puesta en escena se basa casi exclusivamente en primeros planos y planos de detalle, lo que refuerza la sensación de estar ante un producto pensado más para televisión que para una sala de cine.

 

Sorprendentemente, la película fue muy aplaudida por el público. Una sospecha que entre los espectadores habría familiares, amigos y miembros del equipo.

 

En la rueda de prensa posterior, director y actores defendieron el proyecto con entusiasmo, intentando encontrar profundidad filosófica donde cuesta bastante encontrarla.

 

Emociones familiares en Nueve lunas

 

La cuarta película del día fue Nueve lunas, dirigida por Patricia Ortega, cineasta venezolana afincada en España que el pasado año presentó Mamacruz en la Seminci de Valladolid.

 

La historia plantea una situación peculiar: un joven trans que se encuentra en proceso de transición acaba quedándose embarazado por una serie de circunstancias bastante poco verosímiles. El protagonista está interpretado por Zack GómezRolls, acompañado por Jorge SanzMaría León y Kiti Mánver.

 

La película apuesta por un tono claramente emocional, muy orientado al gran público. Todo se desarrolla con un aire amable, incluso edulcorado, en el que los conflictos parecen resolverse con demasiada facilidad.

 

En la rueda de prensa destacó Jorge Sanz, que habló con mucha sensatez sobre la necesidad de seguir aprendiendo en la vida y sobre el respeto hacia la identidad de cada persona. Un discurso sencillo pero sincero que fue de lo más interesante del encuentro.

 

María León, apasionada como siempre, aportó también energía y entusiasmo a una conversación que terminó pasadas las nueve y media de la noche.

 

Cuatro películas y el cansancio del festival

 

Al salir del cine el clima era más amable que por la mañana. La noche malagueña parecía reconciliarse con el festival.

 

Había una última proyección nocturna, pero después de cuatro películas y cuatro ruedas de prensa, el cansancio era ya evidente. Un festival también exige resistencia: no solo ver cine, sino escuchar, preguntar, tomar notas y mantener la atención durante largas jornadas.

 

El Festival de Málaga tiene, eso sí, algo muy especial: la cercanía. Las ruedas de prensa están abiertas no solo a la prensa sino también al público, lo que genera encuentros muy vivos entre espectadores, cineastas y actores. Hoy las salas estaban prácticamente llenas.

 

Pero si hay que quedarse con un momento del día, no hay duda: la poderosa impresión que dejó Hangar Rojo. Una película que revisita uno de los episodios más dramáticos de la historia de Chile con una serenidad que resulta profundamente perturbadora.

 

Y que, quién sabe, quizá termine siendo una de las grandes revelaciones del festival.

 

Mañana, más cine desde Málaga.

 

Gema Santamaría

Nueva Alcarria

 

 

 

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Málaga abre el telón: vejez, educación y salud mental en una primera jornada con alma – Gema Santamaría – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

8/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

El Festival de Málaga arrancó su vigesimonovena edición con una jornada que combinó emoción, reflexión social y un cine profundamente humano. Tres películas muy distintas marcaron el tono de un primer día en el que la ciudad volvió a convertirse en capital del cine en español, entre alfombras rojas, salas llenas y conversaciones apasionadas en cada esquina del centro histórico.

 

 

La inauguración: la belleza de envejecer con dignidad

 

La jornada comenzó con la película inaugural, Calle Málaga, dirigida por la cineasta marroquí Maryam Touzani, una de las voces más interesantes del cine mediterráneo actual. Touzani ya había demostrado su talento con títulos como Adam (2019) y El caftán azul (2022), dos obras de enorme sensibilidad que la situaron en el mapa internacional. En esta ocasión firma su primer largometraje rodado en español, una coproducción entre Marruecos, España, Francia, Alemania y Bélgica. La película tuvo su estreno mundial en el Festival de Venecia, donde obtuvo el premio del público en su sección correspondiente, y fue elegida por Marruecos como candidata al Óscar a mejor película internacional.

 

La protagonista es Carmen Maura, que ofrece una interpretación colosal como María Ángeles, una mujer de 79 años que vive en Tánger, en el barrio donde transcurrió toda su vida. Su existencia tranquila, llena de pequeños rituales cotidianos y relaciones con vecinos y comerciantes, se ve alterada cuando su hija Clara —interpretada por Marta Etura— llega desde Madrid con la intención de vender el piso familiar. 

 

La película explora el conflicto entre generaciones, pero también algo mucho más profundo: la defensa del derecho a decidir sobre la propia vida cuando se llega a la vejez. En ese proceso, María Ángeles se resiste a abandonar su casa y, casi sin esperarlo, redescubre el amor al conocer a un anticuario interpretado por Ahmed Boulane.

 

Es una película luminosa, emotiva, profundamente nostálgica. Un canto a la memoria, a los lugares que nos sostienen y a la libertad personal incluso en la última etapa de la vida.

 

Tras la proyección tuvo lugar la rueda de prensa, con la presencia de la directora y del equipo artístico. Como era de esperar, todas las miradas se dirigieron a Carmen Maura, auténtica estrella de la mañana. La actriz se mostró cercana y divertida, reivindicando la idea de que después de los ochenta se puede seguir viviendo con intensidad, independencia y deseo.

 

En una breve conversación posterior comentaba algo muy revelador: durante años le incomodaba que la gente la parara por la calle, pero ahora disfruta ese contacto con el público. Porque —decía— una película no solo se hace para rodarla, sino para que alguien la vea.

 

La rueda de prensa estuvo moderada por Fernando Méndez-Leite, presidente de la Academia de Cine, que como es habitual dirigió el encuentro con su tono pausado y cordial. Antes de empezar, saludó afectuosamente al grupo de críticos que ocupábamos las primeras filas, junto a la jefa de prensa del festival.

 

 

La tarde en el Albéniz: educación, clase social y postureo

 

La segunda película del día se proyectó a las cuatro de la tarde en los Cines Albéniz, una de las sedes más emblemáticas del festival. Situados junto al Teatro Romano y a los pies de la Alcazaba, a escasos metros de la Plaza de la Merced, estos cines tienen ese encanto de los lugares con historia donde el cine todavía se vive con cierta liturgia.

 

La película era Altas capacidades, dirigida por Víctor García León, una comedia dramática protagonizada por Marián ÁlvarezIsrael Elejalde y Juan Diego Botto.

 

La historia parte de una premisa muy reconocible: los padres de un niño conflictivo deciden cambiarlo de colegio y matricularlo en un centro privado de élite. Lo que en apariencia es una decisión educativa se revela pronto como un intento de ascenso social.

 

La película arranca con fuerza y contiene momentos realmente divertidos, especialmente gracias al personaje interpretado por Juan Diego Botto, que aporta comicidad. Sin embargo, a medida que avanza el relato parece perder algo de fuelle. La idea es estupenda, pero el desarrollo no siempre está a la altura de sus posibilidades.

 

Eso sí, la película acierta al retratar una sociedad dominada por el postureo y la obsesión por el estatus. Todos los personajes parecen atrapados en una especie de competición social permanente, donde el colegio del niño funciona casi como una tarjeta de presentación.

 

Curiosamente, los únicos personajes que conservan algo de cordura son los abuelos, padres del personaje de Marián Álvarez, representantes de una generación que observa con cierto estupor el delirio competitivo de los adultos actuales.

 

 

La noche: correr contra los fantasmas

 

La tercera y última película de la jornada fue Corredora, dirigida por Laura García Alonso, un drama que aborda la salud mental con notable sensibilidad.

 

La protagonista es Alba Sáez, que interpreta a una joven atleta marcada por la muerte de su madre en un accidente. Ese trauma desencadena un episodio de delirio paranoide, que culmina en un grave accidente.Tras el ingreso hospitalario y el tratamiento con neurolépticos, la película se centra en su difícil proceso de reconstrucción personal.

 

Junto a ella destacan Marina Salas, en el papel de su hermana, y Álex Brendemühl, un actor que siempre aporta profundidad y matices a cualquier historia en la que participa.

 

Corredora es una película sencilla en su planteamiento, pero interesante en su mirada. Retrata con bastante precisión ese universo del pensamiento paranoide que tantas veces resulta incomprensible para quienes lo observan desde fuera. Más que una historia sobre el deporte, es un relato sobre la fragilidad mental y la posibilidad —siempre compleja— de volver a levantarse.

 

 

Un festival que vuelve a latir

 

Así terminó la primera jornada del Festival de Málaga, con tres películas que, cada una a su manera, hablaban de la vida cuando ésta se complica: la vejez, la presión social o la enfermedad mental.

 

Málaga volvió a demostrar que no es solo un festival de alfombra roja. Es también un lugar donde el cine se encuentra con la vida cotidiana, donde las historias pequeñas adquieren dimensión universal.

 

Y apenas es el primer día. El festival acaba de empezar.

 

 

Gema Santamaría – Crítica de cine. Colaboradora de Nueva Alcarria

 

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9 lunas – 2026 – Patricia Ortega – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

8/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Embarazo, identidad y una capa de almíbar que casi empalaga

 

Patricia Ortega es una directora y guionista venezolana nacida en 1977, con una filmografía todavía breve pero bastante visible en el cine de autor reciente.

 

Su ópera prima fue Yo, imposible (2018), y después firmó Mamacruz (2023), que le dio bastante proyección internacional.

 

Ahora presenta 9 lunas, escrita junto a Olmo Figueredo González-Quevedo y José Ortuño, y protagonizada por Zack Gómez-Rolls, Jorge Sanz, María León, Sara Sálamo, Fernando Guallar y Kiti Mánver

 

 

Cutrecomentario

 

La cuarta película de este segundo día del Festival de Málaga ha sido 9 lunas, de Patricia Ortega, y la verdad es que plantea un punto de partida potente: un hombre trans que todavía no ha completado su transición se queda embarazado.

 

La película se mete así en terrenos como la identidad, la maternidad, la transexualidad y la masculinidad, o sea, en un buen jardín. 

 

El protagonista está interpretado por Zack Gómez-Rolls, y su personaje vive una situación personal y social que, sobre el papel, daba para una película áspera, incómoda y con colmillo.

 

Pero 9 lunas opta casi siempre por un camino mucho más amable, más sentimental y bastante más edulcorado de lo que uno diría que pide una historia así.

 

Ahí está, para mí, uno de sus problemas gordos: la benevolencia casi general del entorno resulta poco creíble si se compara con una realidad social que sigue siendo bastante menos comprensiva y bastante más cafre.

 

Esa España tolerante, tan mona, tan civilizada, aparece aquí como si ya estuviéramos todos haciendo un máster en empatía, y no. Ojalá, pero no. 

 

Eso no impide que la película tenga momentos que emocionan. Y emocionan de verdad.

 

Es fácil entrar en el dolor de alguien que pelea por sostener su identidad frente a un mundo que le va poniendo pegas, etiquetas y miraditas de esas que no pagan alquiler pero ocupan mucho espacio. En ese sentido, la película toca fibras sensibles y algunas las toca bien.

 

Lo que pasa es que el personaje principal también tiene una deriva que complica la empatía.

 

En su intento de afirmarse en su nueva identidad masculina, a ratos se pasa de frenada y se convierte en un pequeño machirulo bastante antipático.

 

Y ahí la conexión con él se resiente, porque una cosa es entender el conflicto y otra muy distinta tener ganas de irse de cañas con el muchacho.

 

En el reparto secundario hay cosas que sí funcionan. Jorge Sanz está muy bien como ese padre que intenta adaptarse a realidades nuevas sin dejar de ser un señor de otra generación, y lo hace con naturalidad y con una vis cómica muy agradecida.

 

María León vuelve a demostrar esa capacidad tan suya para transmitir verdad popular, cercanía y humanidad sin esfuerzo aparente.

 

Y Kiti Mánver, que casi siempre sabe estar donde tiene que estar, compone una abuela comprensiva pero también exigente, sin caer en la caricatura. 

 

En resumen: 9 lunas es una comedia dramática con un tema muy actual y con buenas intenciones, que se ve sin dolor y hasta deja algún momento emotivo, pero que está demasiado azucarada y demasiado pendiente de gustar.

 

Aprueba, sí, pero con esa nota justita del alumno que cae simpático, participa en clase, pero el examen lo ha hecho regular tirando a normalito.

 

Mi puntuación: 5,56/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Solos – 2026 – Guillermo Ríos Bordón – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

8/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Solos (o cuatro amigos, un piso… y hora y media de terapia de grupo que nadie pidió)

 

El director Guillermo Ríos Bordón es un realizador canario que ha trabajado sobre todo en televisión y en el ámbito del audiovisual comercial.

 

Durante años ha dirigido programas y formatos televisivos y también ha participado en proyectos cinematográficos como director y guionista.

 

Con Solos se acerca a un terreno muy particular: la adaptación cinematográfica de una obra teatral escrita por Paloma Bravo, que ya había tenido recorrido sobre los escenarios.

 

El salto del teatro al cine siempre es delicado. A veces sale bien. Otras… pues no tanto.


 

 

Cutrecomentario

 

La tercera película del segundo día del Festival de Málaga fue Solos, y el título, hay que reconocerlo, tiene bastante sentido. Porque al final el espectador también se siente bastante solo… sentado en la butaca intentando sobrevivir a lo que ocurre en la pantalla.

 

La película adapta la obra teatral de Paloma Bravo, y se nota muchísimo su origen escénico.

 

Todo sucede prácticamente en un apartamento, donde cuatro amigos se reúnen para celebrar sus cumpleaños. Un planteamiento que, en teoría, podría dar bastante juego dramático.

 

El reparto lo forman Kira Miró, Carlos Santos, Alba Reina y Elia Galera.

 

Se supone que son personas que han tenido cierto éxito en la vida: profesionales con trabajos bien posicionados, vidas aparentemente encarriladas… bueno, todos menos el personaje que interpreta Alba Reina, que es profesor de instituto. Y ya sabemos que en España dedicarse a la educación suele significar más vocación que sueldo.

 

La reunión empieza con buen rollo, brindis, recuerdos y sonrisas de compromiso… pero poco a poco van saliendo rencores, reproches y viejas cuentas pendientes. Algo que, en principio, podría funcionar muy bien como retrato de una generación.

 

El problema es que todo se articula a través de diálogos interminables. Pero interminables de verdad. Conversaciones que parecen escritas a base de frases sacadas de manuales de autoayuda de aeropuerto.

 

El resultado es una sucesión de discusiones que se hacen pesadas, repetitivas y francamente irritantes.

 

Los personajes hablan, hablan y vuelven a hablar… pero casi nunca dicen nada que resulte interesante o mínimamente verosímil.

 

La cámara se obstina en sacar primeros planos y de detalle demostrando que estamos ante un producto meramente televisivo.

 

Especialmente irritante resulta la exposición sobre la depresión. Irritante y ofensivo.

 

Y eso que el reparto es competente. Pero cuando el material de base no funciona, ni Kira Miró, ni Carlos Santos, ni Elia Galera pueden hacer milagros.

 

La película además intenta rematar la función con un final melodramático, muy intenso, muy trascendente… que acaba de coronar el conjunto con una guinda bastante indigesta.

 

Lo más sorprendente de todo fue la reacción del público en la sala del festival: aplausos bastante entusiastas.

 

Confieso que aquello me dejó perplejo.

 

Aunque, pensándolo bien, la explicación más lógica es sencilla: probablemente entre el público habría muchos amigos, familiares y miembros del equipo de la película.

 

Porque si no… cuesta entender tanto entusiasmo ante un producto que, sinceramente, resulta un pequeño (gran) desastre cinematográfico.

 

Mi puntuación: 2,11/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

 

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Día de caza – 2026 – Pedro Aguilera – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

8/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Día de caza (o cómo meterse en el jardín de Carlos Saura… y salir con los pantalones llenos de barro)

 

El director Pedro Aguilera no es precisamente un recién llegado. Este cineasta cordobés lleva años moviéndose en el cine de autor español y en el circuito de festivales.

 

Debutó con La influencia (2007), presentada en la Quincena de Realizadores de Cannes, y posteriormente dirigió Demonios tus ojos (2017), un thriller inquietante que pasó por varios festivales internacionales.

 

También ha trabajado como guionista y ha mantenido siempre una línea de cine bastante personal, más cercana al drama psicológico que al cine comercial.

 

Con Día de caza, presentada en el Festival de Málaga, Aguilera decide meterse en un terreno peligrosísimo: revisitar uno de los grandes clásicos del cine español.


 

 

Cutrecomentario

 

Hay decisiones en la vida que requieren cierta prudencia. Por ejemplo: no discutir con tu suegra, no pedir la última ronda cuando ya llevas cuatro gin-tonics… y **no intentar rehacer una obra maestra de Carlos Saura.

 

Pues bien, Pedro Aguilera ha decidido saltarse ese último consejo.

 

En la rueda de prensa posterior a la proyección, el propio director explicó que Día de caza es una especie de revisitación en clave femenina y contemporánea de La caza (1966), la mítica película de Carlos Saura escrita junto a Angelino Fonns y protagonizada por Ismael Merlo, Alfredo Mayo, José María Prada y Emilio Gutiérrez Caba. Una película que es, ni más ni menos, uno de los grandes clásicos del cine español.

 

Así que, claro, cuando alguien dice que va a rehacer algo así, uno se pone automáticamente en modo “esto va a acabar regular”.

 

La nueva versión cambia el grupo masculino por cuatro mujeres: Carmen Machi, Rosy de Palma, Blanca Portillo y la joven Zoe Arnao. Tres amigas —más la sobrina de una de ellas— que se van a una dehesa a cazar.

 

Lo que parece una jornada campestre termina sacando a la superficie viejos rencores, reproches y tensiones acumuladas.

 

La intención es clara: igual que La caza era una metáfora feroz de la sociedad española de la posguerra, aquí se intenta hacer un retrato de la sociedad actual. El problema es que la intención no basta.

 

La película arranca con algunos elementos que recuerdan vagamente al universo berlanguiano —momentos que podrían evocar La escopeta nacional— o incluso ciertos ecos del cine rural español como Los santos inocentes de Mario Camus. Pero son solo destellos aislados, ideas sueltas que nunca terminan de cuajar en un conjunto sólido.

 

Y luego está el problema de la dirección de actores.

 

Porque con un reparto así uno espera fuegos artificiales interpretativos. Pero la cosa sale bastante torcida.

 

Blanca Portillo aparece excesiva, sobreactuada, en un registro que chirría.

 

Carmen Machi parece hacer básicamente de Carmen Machi, algo que suele funcionar… pero aquí se queda corto.

 

Zoe Arnao queda un poco perdida en medio del asunto, casi como si estuviera de invitada en la película.

 

La única que realmente se salva del desastre es Rosy de Palma, que aporta una presencia extraña, magnética, que al menos da algo de personalidad a la función.

 

Al final, lo que queda es una sensación bastante clara: la película nace de una premisa equivocada. Intentar dialogar con una obra tan gigantesca como La caza exige una humildad enorme o una idea verdaderamente brillante.

Aquí no hay ni lo uno ni lo otro.

 

Y el resultado es lo que pasa cuando alguien se mete en un berenjenal cinematográfico con demasiada confianza: la realidad termina pasando por encima como una apisonadora.

 

Mi puntuación: 4,13/10.

 

 

 

 

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Hangar rojo – 2026 – Juan Pablo Sallato – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

8/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cómo vivir un golpe de Estado pegado al cogote de un capitán

 

El chileno Juan Pablo Sallato firma Hangar rojo, una película pequeña en duración pero bastante grande en impacto.

 

Del director no hay demasiada información pública ni una filmografía extensa y conocida en el circuito comercial internacional.

 

Todo apunta a que se mueve sobre todo en el ámbito del cine independiente chileno y de los festivales.

 

Con Hangar rojo parece dar un salto importante de visibilidad.

 

Y, visto lo visto, sería buena idea seguirle la pista.


 

 

Cutrecomentario

 

La segunda jornada del Festival de Málaga arrancó con una de esas sorpresas que te reconcilian con levantarte temprano para ir al cine.

 

Porque a veces pasa lo contrario: madrugas, te tragas un café malísimo del festival y luego la película es peor que el café. Pero aquí no.

 

Hangar rojo es una producción chilena rodada en un blanco y negro precioso, de esos que parecen tallados con cincel.

 

Dura apenas 81 minutos, lo cual, en tiempos de películas que duran lo mismo que una boda gitana, ya es un alivio.

 

La historia nos pega literalmente al cogote del capitán Jorge Silva durante las horas previas y posteriores al golpe militar del 11 de septiembre de 1973 en Chile.

 

Ese día en el que Augusto Pinochet y compañía decidieron que la democracia era un concepto demasiado moderno para ellos y que el presidente Salvador Allende debía desaparecer del mapa.

 

El capitán es un militar de carrera: disciplinado, serio, responsable. Un tipo que cree en la cadena de mando.

 

El problema llega cuando la cadena de mando empieza a exigir cosas que chocan de frente con la Constitución y con la conciencia.

 

Ahí está el corazón de la película: el dilema moral de un hombre atrapado en medio de una maquinaria que empieza a devorar todo lo que toca.

 

El actor Nicolás Zárate sostiene prácticamente toda la película sobre sus hombros. Y lo hace con una interpretación sobria, contenida y muy inteligente. Apenas necesita gestos grandes: con miradas, silencios y pequeñas tensiones en el rostro transmite perfectamente la inquietud y el conflicto interno del personaje.

 

La película funciona como thriller político, como drama íntimo y como reconstrucción histórica. Y lo hace sin necesidad de discursos ni de grandes explicaciones. Todo se respira en el ambiente: la tensión, el caos, el miedo, la sensación de que el país se está rompiendo en pedazos.

 

En apenas hora y veinte consigue transmitir muchísimo.

 

Es de esas películas que salen pequeñas en presupuesto pero grandes en densidad dramática.

 

Ahora bien, no todo es perfecto en esta vida. Porque Sallato tiene una fijación preocupante con los planos de cogote. Mucho plano detrás del capitán, siguiendo su nuca como si la película fuera un documental sobre cervicales. Y ya se sabe: el plano-cogote es uno de los pecados capitales del lenguaje cinematográfico.

 

Aun así, el resultado es soberbio.

 

Una película seca, tensa, muy bien medida, que te mete dentro de una situación moral imposible.

 

Y lo mejor: te obliga a preguntarte qué habrías hecho tú.

 

Que es, probablemente, la pregunta más incómoda que puede provocar una película. Y también la más interesante.

 

Mi puntuación: 8,77/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

 

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Festivales 2026

7/03/2026

 

 

 

 

 

2026

Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

 

 

 

 

 

 

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Corredora – 2026 – Laura García Alonso – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

7/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Correr para no pensar (o cómo huir de tus propios fantasmas)

 

La directora Laura García Alonso firma Corredora, que ha presentado en el Festival de Málaga 2026.

 

No es una cineasta especialmente conocida todavía y su filmografía es muy breve, por lo que esta película funciona prácticamente como carta de presentación.

 

En bases de datos de cine apenas aparecen trabajos previos relevantes como largometraje, lo que sitúa a Corredora en el terreno de la ópera prima o del primer trabajo con cierta visibilidad dentro del circuito festivalero.

 

 

Cutrecomentario

 

Corredora nos cuenta la historia de Cris, una atleta de élite que vive en un centro de alto rendimiento y cuya especialidad es, básicamente, correr. Correr mucho. Correr siempre. Correr como si le persiguiera algo. Y, en cierto modo, sí: le persigue su propio pasado.

 

La protagonista está interpretada con bastante naturalidad por Alba Sáez, que da vida a una chica marcada por una tragedia temprana: la muerte de su madre cuando era niña. Desde entonces su vida ha sido una huida constante hacia adelante.

 

Correr como terapia, correr como anestesia emocional, correr como si el cronómetro pudiera borrar los recuerdos.

 

Pero el pasado tiene la mala costumbre de volver. Y lo hace en forma de delirios paranoides que se cuelan en su cabeza y que le empujan a comportamientos cada vez más inquietantes.

 

No estamos ante el típico drama deportivo de superación personal con música épica de fondo. Aquí la carrera es más mental que física.

 

Alrededor de Cris orbitan dos figuras clave: su hermana, interpretada por Marina Salas, y su padre, al que da vida Álex Brendemühl. Ambos representan esa mezcla de amor, desconcierto y miedo que suele rodear a la enfermedad mental en las familias.

 

Porque uno de los grandes aciertos de la película es abordar un tema que rara vez se muestra con claridad en el cine: la psicosis y los delirios paranoides.

 

La película muestra algo muy real: el enfermo muchas veces no reconoce su enfermedad y la sociedad, por su parte, tampoco sabe muy bien qué hacer con ella. A eso se suma otro detalle incómodo pero cierto: los efectos secundarios de la medicación antipsicótica pueden ser muy duros, lo que convierte el tratamiento en una carrera de obstáculos.

 

Así que Chris sigue corriendo. Corre porque no sabe hacer otra cosa. Corre para intentar dejar atrás una mente que a veces parece ir en su contra.

 

El resultado es una película interesante, bastante sólida y con un tema de fondo potente.

 

No es cine de palomitas ni pretende serlo.

 

Más bien es una historia sobre cómo convivir con una mente que, de vez en cuando, decide jugar en tu contra.

 

Y sobre lo poco preparada que sigue estando la sociedad para entender algo tan complejo como la enfermedad mental.

 

En resumen: una película que se ve con interés, que abre un melón incómodo y que recuerda que, a veces, la carrera más dura no es la que se hace en la pista, sino la que ocurre dentro de la cabeza.

 

Mi puntuación: 7,55/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Altas capacidades – 2026 – Víctor García León – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

7/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Mi hijo es superdotado… o eso digo yo en el grupo de WhatsApp del cole

 

Víctor García León, especialista en observar nuestras pequeñas miserias

 

El madrileño Víctor García León lleva años moviéndose con bastante soltura en el territorio de la comedia incómoda, esa que mira a la clase media con una mezcla de ironía y mala leche.

 

Debutó con Más pena que gloria (2001), una película que ya dejaba claro su gusto por los personajes algo perdidos.

 

Después firmó Selfie (2017), una sátira política muy afilada sobre el hijo pijo de un ministro corrupto que fue muy celebrada en festivales.

 

También ha trabajado en televisión en series como Vota Juan, Vamos Juan o Venga Juan, donde volvió a demostrar su habilidad para retratar el ridículo humano sin demasiada piedad.

 

Su cine suele fijarse en personajes bastante patéticos… lo cual, siendo sinceros, nos incluye a casi todos.


 

 

Cutrecomentario

 

Altas capacidades se mueve en el terreno de la comedia social contemporánea, ese territorio en el que uno se ríe… pero también se reconoce un poquito en la pantalla, lo cual siempre da un poco de vergüencilla.

 

La historia gira alrededor de una pareja interpretada por Marian Álvarez e Israel Elejalde, padres de un niño llamado Fer (Fernando para los documentos oficiales, Fer para el caos cotidiano) que empieza a dar problemas en su colegio público.

 

La solución que aparece en el horizonte es la típica fantasía aspiracional de cierta clase media: llevar al niño a uno de esos colegios privados carísimos donde, además de educar al crío, parece que también te suben el estatus social automáticamente. Algo así como comprarte un coche de alta gama… pero con uniforme escolar.

 

En medio de todo este lío aparece el jefe del personaje de Israel Elejalde, interpretado por Juan Diego Botto, que está francamente estupendo haciendo de ese jefe gilipollas que cree que es gracioso. De esos que sueltan bromitas incómodas en la oficina mientras todo el mundo sonríe por compromiso. Cada vez que aparece en pantalla la película gana bastante vida.

 

Botto demuestra, una vez más, que es un actor magnífico.

 

La película arranca con una idea bastante potente y con bastante brío.

 

Parece que va a convertirse en una sátira bastante mordaz sobre el postureo social, esa obsesión moderna por aparentar que tu hijo es un genio, un talento especial o, en el peor de los casos, un incomprendido por el sistema educativo.

 

Pero poco a poco la cosa se va suavizando. El guion prometía más mala leche de la que finalmente ofrece, y uno se queda con la sensación de que podría haber sido una comedia mucho más afilada.

 

Lo curioso es que prácticamente todos los personajes son bastante idiotas. No se salva casi nadie. Padres obsesionados con el ascenso social, entornos escolares absurdos, egos inflados… todo el mundo tiene algo de ridículo.

 

Los únicos personajes que parecen tener algo de sentido común son los padres del personaje de Marián Álvarez, que funcionan como una especie de oasis de cordura dentro del caos.

 

Y también destaca Natalia Reyes, que interpreta a la viuda de un narco asesinado cuyo hijo, Samu, también estudia en ese mismo colegio. Su personaje aporta un contrapunto curioso y bastante interesante dentro de este microcosmos social.

 

La película no aburre, avanza con soltura y tiene momentos divertidos.

 

Pero deja la sensación de que ese guion, que apuntaba maneras muy prometedoras, podría haber dado más de sí.

 

Eso sí, la idea de fondo está muy bien tirada: vivimos en una sociedad donde el postureo lo invade todo, y donde muchos padres están convencidos de que su hijo es especial, único y extraordinario… aunque a veces lo único extraordinario sea la capacidad de negarse a ver la realidad.

 

En resumen: Altas capacidades es una comedia simpática y reconocible que se deja ver con agrado, aunque uno sale del cine pensando que podría haber sido bastante más salvaje.

 

Y quizá también pensando en el grupo de WhatsApp del cole… que da para otra película entera.

 

Mi puntuación: 5,55/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Calle Málaga – 2025 – Maryam Touzani – Festival de Málaga 29 (2026) – #29FestivalMálaga – @festivalmalaga

7/03/2026

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cuando tu hija quiere vender tu casa… y tú solo quieres bajar a comprar tomates

 

Maryam Touzani, una cineasta que mira a los personajes con cariño

 

La directora marroquí Maryam Touzani se ha convertido en una de las voces más interesantes del cine del Magreb en los últimos años.

 

Antes de ponerse detrás de la cámara fue actriz y guionista, colaborando estrechamente con Nabil Ayouch.

 

Como directora llamó mucho la atención con Adam (2019), un delicado drama sobre dos mujeres que conviven en Casablanca, y dio un paso más con El caftán azul (The Blue Caftan, 2022), una película elegante y muy celebrada en festivales que incluso fue la candidata de Marruecos a los Óscar.

 

Su cine suele moverse en territorios íntimos: personajes heridos, emociones contenidas y conflictos domésticos que terminan diciendo mucho sobre la sociedad en la que viven.

 

No es una directora de grandes aspavientos; lo suyo es la mirada tranquila y la sensibilidad.


 

 

Cutrecomentario

 

Calle Málaga llega con una buena carta de presentación: pasó por el Festival de Venecia y además fue la película elegida por Marruecos para representar al país en los Premios Óscar. Pero más allá de ese pedigrí festivalero, lo que realmente sostiene la película es un nombre propio: Carmen Maura.

 

Aquí interpreta a Mari Ángeles, una señora mayor que vive en Tánger, donde nació, hija de españoles y completamente integrada en el barrio. Su universo es pequeño pero muy reconocible: el tendero de confianza, el verdulero, el paseo por la calle y esa sensación maravillosa de pertenecer a un sitio donde todo el mundo te conoce.

 

Ese lugar se llama Calle Málaga —sí, existe de verdad— y es su pequeño paraíso cotidiano.

 

Pero claro, el cine vive de los problemas, no de la felicidad estable.

 

Y el conflicto llega cuando aparece su hija, interpretada por Marta Etura, que está pasando por un divorcio complicado. Necesita dinero y resulta que la casa donde vive la madre está a su nombre porque el padre la puso así en su día.

 

Traducido al castellano claro: hay que vender la casa.

 

Y aquí empieza el drama. Porque Mari Ángeles se encuentra de repente con una decisión brutal encima de la mesa: abandonar la casa de su vida, irse a una residencia o trasladarse a Madrid con su hija a un entorno que no conoce y que probablemente le resulte hostil.

 

La película juega con un tono muy cálido, casi de caricia emocional.

 

Touzani no busca el melodrama desatado sino algo más suave: la empatía.

 

Habla de algo bastante universal, esa curiosa ceguera que a veces tienen los hijos cuando creen que la vida de sus padres mayores ya está prácticamente amortizada.

 

Pero resulta que no.

 

Porque incluso en la tercera edad se puede seguir viviendo, eligiendo, riendo… e incluso enamorándose. Y eso le ocurre a Mari Ángeles cuando aparece en su vida un anticuario que le devuelve una chispa que parecía apagada.

 

El ritmo es tranquilo, sosegado, de esos que hoy en día algunos espectadores llaman “lento” y otros llaman “civilizado”.

 

Es una película tierna, amable y sin demasiadas pretensiones, pero precisamente ahí está su encanto: no intenta epatar, intenta emocionar.

 

Y lo consigue.

 

Además, Carmen Maura está magnífica. Tiene esa mezcla de ironía, fragilidad y carácter que hace que el personaje resulte absolutamente creíble.

 

Después de la proyección en el Festival de Málaga, en la rueda de prensa estuvo encantadora y dejó una frase muy sensata: para ella lo importante es que las películas las vea la gente, porque hacer cine para que nadie lo vea no tiene demasiado sentido.

 

No le falta razón.

 

Calle Málaga termina con un final abierto que deja flotando la pregunta sobre qué significa realmente “tener un hogar”.

 

Y sales del cine con la sensación de haber visto una historia pequeña… pero muy humana.

 

Ojalá encuentre su público. Porque es de esas películas que no hacen ruido, pero dejan buen sabor de boca.

 

Y en estos tiempos de explosiones digitales y superhéroes musculados, eso casi se agradece.

 

Mi puntuación: 7,67/10.

 

 

 

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Ser o no ser – 1942 – Ernst Lubitsch – Asociación Amigos del Cine de Azuqueca de Henares (ACAZ)

6/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Ernst Lubitsch (1892-1947) fue uno de los grandes maestros del cine clásico, nacido en Berlín y posteriormente figura clave en Hollywood.

 

Empezó como actor y director en el cine alemán mudo, donde ya destacó con comedias sofisticadas y operetas filmadas.

 

En los años veinte se trasladó a Estados Unidos y se convirtió en uno de los directores más elegantes de la comedia hollywoodiense.

 

Su estilo refinado y lleno de insinuaciones dio lugar a lo que se llamó el famoso “toque Lubitsch”.

 

Entre sus películas más celebradas están Ninotchka (1939), El bazar de las sorpresas (1940) y Ser o no ser (1942).

 

Lubitsch dominaba como pocos el arte de sugerir más que mostrar, con un humor inteligente y muy europeo.

 

Su influencia en la comedia romántica y en el cine sofisticado sigue siendo enorme.

 

Ser o no ser (1942), dirigida por Ernst Lubitsch, tuvo un impacto social muy peculiar porque se estrenó en plena Segunda Guerra Mundial, cuando el nazismo estaba en su momento de mayor poder en Europa.

 

La película utilizaba la comedia y la sátira para ridiculizar a Hitler y al aparato nazi, algo que en 1942 resultaba bastante atrevido. De hecho, a algunos espectadores y críticos de la época les pareció inapropiado bromear con un tema tan trágico mientras la guerra estaba en curso.

 

Sin embargo, con el paso del tiempo la película se convirtió en un ejemplo brillante de cómo el humor puede ser una herramienta política poderosa.

 

Lubitsch desmontaba la solemnidad del nazismo mostrando a los jerarcas como personajes ridículos y mediocres, lo que tenía un claro efecto desmitificador.

 

Además, la película también fue significativa porque defendía el papel del teatro, la cultura y la inteligencia frente al totalitarismo.

 

Los protagonistas, una compañía teatral polaca, utilizan precisamente la interpretación y el engaño escénico para burlar a los nazis.

 

Hoy Ser o no ser se considera una de las grandes sátiras políticas de la historia del cine y una demostración de que incluso en los momentos más oscuros el humor puede ser una forma de resistencia.

 

Poco se puede decir de Ser o no ser que no se haya dicho ya. Una de las mejores comedias de la historia del cine.

 

Diálogos ingeniosos, divertidos, dichos a velocidad de vértigo. Con un ritmo impresionante. Sin que la trama decaiga en ningún momento.

 

Actores en estado de gracia.

 

Frases memorables. Hemos hecho con Polonia lo mismo que Joseph Tura hizo con Hamlet.

 

Es un gran homenaje a los actores de teatro. ¿Quién mejor que ellos para interpretar una trama de espías?

 

Carole Lombard está maravillosa es el núcleo de la trama y el único personaje femenino. Fue su última peli. Murió en un accidente aéreo después de regresar de una gira de venta de bonos de guerra. Lógicamente la frase de “¿Qué puede suceder en un avión?” fue eliminada de la película.

 

Miriam Hopkins fue la elección original de Maria TuraCarole Lombard interpretó el papel a pesar de la intensa oposición de su marido, Clark Gable.

 

Después de terminar el rodaje, Carole Lombard dijo a mucha gente que esta película fue la experiencia más feliz de su carrera de principio a fin.

 

Cuando el padre de Jack Benny fue a ver esta película, se indignó al comprobar a su hijo con uniforme nazi en la primera escena y salió de la sala.

 

Cuando estalla la guerra en Polonia hay una escena donde lápidas son destruidas por los bombardeos de las fuerzas alemanas. Una de las tumbas de piedra que se rompe tiene el nombre de “Benjamin Kubelsky“, el nombre de nacimiento de Jack Benny.

 

Según el libro ‘The United Artists Story‘ de Ronald Bergan: “Desafortunadamente, en su lanzamiento, Pearl Harbor había sido atacado, Alemania estaba barriendo a toda Europa, y la estrella de la película, Carole Lombard, murió en un accidente aéreo. Por tanto, ni los críticos, ni los públicos estaban de humor para reír, encontraron la película de mal gusto y cruel. A través de los años, sin embargo, recuperó sus costes de producción y se convirtió en un clásico”.

 

Ernst Lubitsch era judío, nacido en Rusia pero nacionalizado alemán, se trasladó a EE.UU. a los treinta años. Fue guionista, actor, productor pero su faceta más conocida fue la de director de más de 70 películas. Supo imprimir a todas sus obras de un carácter especial, lo que se ha dado en llamar el toque Lubitsch.

 

Como decía su colega y admirador Billy Wilder: “durante veinte años todos nosotros intentamos encontrar el secreto del toque Lubitsch. De vez en cuando, con un poco de suerte, lográbamos algún que otro metro de película que brillaba momentáneamente como si fuera de Lubitsch, pero no era realmente suyo”.

 

El toque Lubitsch era como el aroma de un buen vino que todo el mundo detecta y degusta pero que nadie acierta a explicar del todo. Estaba compuesto por un argumento elegante y sofisticado, por un refinamiento que se deslizaba a menudo hacia la ironía fina. En cada escena era tanto lo que se sugería como lo que se mostraba y, en muchas de sus películas, subyacía un erotismo tan sutil, que los censores nunca podían cortarlo, porque no se puede cortar un aroma.

 

Eran las de Lubitsch comedias de apariencia ligera pero que deslizaban un compromiso moral y social.

 

El 13 de marzo de 1947, Hollywood le dedicó un Oscar especial por toda su carrera. En el escenario sufrió un súbito dolor en el pecho. Logró recuperarse, pero ocho meses más tarde otro ataque al corazón acabó con él. Tenía 55 años.

 

Cuando terminó el entierro, Billy Wilder le comentó con tristeza al director William Wyler“Se acabó Lubitsch”. Y Wyler replicó: “Peor aún, se acabaron las películas de Lubitsch”.

 

No recuerdo cuando fue la primera vez que vi esta peli, pero desde luego fue en mi infancia en televisión. En casa la hemos visto en muchas ocasiones. Me sé las escenas y tengo risa anticipatoria, me parto antes de tiempo porque sé lo que va ocurrir.

 

Se ha injuriado a Lubitsch calificando de ligera una comedia sobre la ocupación alemana de Polonia. A mí me parece que la mejor manera de vencer a la fuerza bruta de las armas y a la sinrazón de la violencia es con la inteligencia del humor y la ironía.

 

Mi puntuación: 10/10.

 

 

 

Dirigido por Ernst Lubitsch:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Alcarria TV – Al Cine con Ramón – Goya 2026 – Los premiados, la gala, el famoseo – #Goya2026

6/03/2026

 

 

 

 

 

Programa semanal para radio y televisión dedicado al cine y a las series.

 

Coordinado por José Luis Solano y con la presencia del productor y cinéfilo Diego Gismero y con la del crítico de cine Ramón Bernadó.

 

Espacio grabado en Zoom para Alcarria TV y EsRadio Guadalajara.

 

Se analizan las películas que son estrenadas en los Multicines Guadalajara y las series de todas las plataformas de streaming.

 

Goya 2026 – Los premiados, la gala, el famoseo – #Goya2026

 

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Alcarria TV – Al Médico con Ramón – Analítica y riesgo cardiovascular: qué valores miramos y por qué importan

6/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Programa semanal para EsRadio Guadalajara y Alcarria TV, presentado por José Luis Solano, con la participación del Dr. Ramón Bernadó.

 

Este profesional con cuarenta años de ejercicio nos explica temas relacionados con la salud.

 

Se emite desde Abril de 2020 en plena pandemia.

 

Ha realizado un recorrido por diversas enfermedades, trastornos mentales y adicciones.

 

Al Médico con Ramón – Analítica y riesgo cardiovascular: qué valores miramos y por qué importan

 

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The Rocky Horror Picture Show (Musical) – 1975 – Jim Sharman – Academia de Cine

6/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

The Rocky Horror Picture Show o cuando el cine decidió ponerse corsé, medias de rejilla… y perder la vergüenza para siempre.

 

El director

 

El responsable de este delirio maravilloso es Jim Sharman, director australiano más conocido por su trabajo en teatro que por una extensa carrera cinematográfica.

 

De hecho, The Rocky Horror Picture Show (1975) es, con diferencia, su película más famosa y la que lo convirtió en una figura de culto.

 

Antes había dirigido Shirley Thompson vs. the Aliens (1972), una rareza de ciencia ficción bastante olvidada.

 

Pero su verdadero terreno era el escenario: Sharman había dirigido en teatro el musical original The Rocky Horror Show, escrito por Richard O’Brien, y fue precisamente él quien llevó esa locura escénica al cine.

 

Después su carrera en el cine fue bastante irregular, con títulos como The Night the Prowler (1978).

 

Pero nada volvió a alcanzar el impacto cultural de esta película, que terminó convirtiéndose en una de las mayores obras de culto de la historia del cine.

 

Vamos, que hizo una y le salió inmortal.

 

 

Cutrecomentario

 

En la Academia de Cine tocaba sesión especial y allí apareció uno acompañado de su adorada Gema para ver The Rocky Horror Picture Show.

 

Una película mítica, legendaria, de culto absoluto… y que, sorprendentemente, nunca había visto entera.

 

Eso sí, trozos había visto miles: números musicales, escenas sueltas, comentarios, homenajes y esas performances delirantes que cada año montan los fans.

 

Porque esta película tiene ya más de cincuenta años y sigue generando auténticos rituales colectivos. No muchas pueden decir lo mismo.

 

La Academia organizaba el pase con toda la lógica del mundo: una de sus protagonistas es una jovencísima Susan Sarandon, que este año ha recibido el Goya de Honor Internacional. Así que era una buena excusa para revisitar el asunto.

 

Y lo cierto es que la película sigue funcionando estupendamente.

 

Es una gamberrada monumental.

 

Un musical descarado, provocador, muy libre y absolutamente hijo de su tiempo.

 

Un cine que quiere romper moldes y divertirse con ello.

 

Si hubiera que definirla de forma rápida, sería algo así como The Rocky Horror Picture Show mezclando ciencia ficción serie B, sexualidad desatada y números musicales pegadizos.

 

La historia arranca con una pareja de novios bastante inocentes que acaban en un castillo donde vive el inolvidable Dr. Frank-N-Furter, interpretado por un desatado Tim Curry, que directamente se come la pantalla.

 

Lo que ocurre a partir de ahí es un festival de excesos, humor, provocación y canciones que se te quedan pegadas al cerebro como un chicle en una suela.

 

La película celebra el sexo, la libertad, lo raro, lo extravagante y lo que en los años setenta todavía escandalizaba bastante. Y lo hace con una alegría contagiosa. Hay momentos verdaderamente hilarantes.

 

Los números musicales funcionan de maravilla.

 

Canciones como “Time Warp” o “Sweet Transvestite” se convirtieron en auténticos himnos y hoy forman parte de la cultura popular.

 

Y luego están los actores: Tim Curry está sencillamente fabuloso, absolutamente desatado.

 

Susan Sarandon, jovencísima, ya apuntaba maneras.

 

Y el resto del reparto entra perfectamente en este carnaval de extravagancias.

 

Los decorados son de cartón piedra, sí. Pero eso forma parte del juego.

 

La película no pretende realismo: pretende diversión. Y lo consigue.

 

Uno sale del cine con la sensación de haber visto algo muy libre, muy divertido y muy poco frecuente hoy en día. Ese tipo de cine que simplemente quiere que el público se lo pase bien.

 

Cine gamberro del bueno. Del que ya se hace poco.

 

Por cierto, no consta que Carlos Boyero haya escrito específicamente sobre esta película.

Pero uno sospecha que probablemente diría algo parecido a: “no es mi tipo de fiesta”.

 

 

Algunas curiosidades del fenómeno

 

  • La película fracasó en su estreno en 1975. Sí, fracasó. Pero empezó a proyectarse en sesiones de medianoche en cines de Estados Unidos y se convirtió en un fenómeno de culto imparable.

 

  • Es el film que más tiempo ha permanecido en cartelera de forma continuada en la historia del cine. Décadas proyectándose en pases nocturnos.

 

  • En muchas proyecciones los espectadores van disfrazados, cantan las canciones y participan activamente en la película. Es casi más un espectáculo que una proyección.

 

  • Tim Curry ya interpretaba al Dr. Frank-N-Furter en el musical original de teatro, y repitió el papel en el cine.

 

  • Durante el rodaje, Susan Sarandon enfermó de neumonía porque muchas escenas se rodaron empapada y con frío.

 

  • El creador del musical y actor en la película, Richard O’Brien, ideó la historia como un homenaje a las películas de terror y ciencia ficción de serie B de los años 50.

 

 

En resumen: una película irrepetible, provocadora, divertida y absolutamente libre.

 

Y eso, en el cine, siempre se agradece. Aunque te obligue a salir del cine con ganas de bailar el Time Warp. Y eso ya no hay quien lo evite. 💃🕺

 

Mi puntuación: 8,55/10.

 

 

 

Dirigido por Jim Sharman:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Los miserables. El origen – Jean Valjean – 2025 – Éric Besnard – #YoVoyAlCine

6/03/2026

 

 

 

 

 

 

 

Cutrecomentario de Ramón:

 

Cómo pasar de cabreado profesional a persona decente gracias a un cura con paciencia infinita.

 

 

El director

 

El francés Éric Besnard no es ningún recién llegado. Lleva años moviéndose con soltura en el cine histórico y en ese cine francés de época que parece rodado entre pan recién hecho, barro y dignidad humana.

 

Empezó como guionista —por ejemplo en Babylon A.D. (2008), de Mathieu Kassovitz—, pero donde realmente ha brillado es como director.

 

Entre sus películas más conocidas están Le Goût des merveilles (2015), la estupenda Delicioso (Délicieux, 2021), ambientada en el nacimiento de la restauración moderna en Francia, y Louise Violet (2024).

 

Besnard suele apostar por historias humanistas, personajes que buscan redención y una puesta en escena muy pegada a la tierra.

 

Nada de artificios innecesarios: barro, campo, personas y conflictos morales. Vamos, lo que le va perfecto a Victor Hugo.

 

 

Cutrecomentario

 

Esta Los miserables: el origen se centra en la primera etapa del personaje de Jean Valjean, cuando todavía es básicamente un señor cabreado con la humanidad.

 

No es para menos: acaba en la cárcel por un delito injusto y sale de allí convertido en una mezcla entre animal herido y bomba emocional a punto de estallar.

 

La película arranca precisamente en ese punto: un tipo que ha perdido la fe en todo y que ve el mundo como un sitio donde lo único que merece la pena es devolver los golpes.

 

Pero claro, entonces aparece el famoso obispo que le da cobijo. Y ahí está el corazón de la historia: el momento en que una persona puede elegir entre seguir siendo un cabrón resentido o intentar convertirse en alguien decente.

 

No es un dilema menor. Básicamente es la eterna pregunta: ¿somos lo que nos hacen o lo que decidimos ser?

 

La película plantea esa idea con bastante inteligencia.

 

No es una versión histérica ni melodramática.

 

Besnard opta por un tono bastante sobrio, incluso naturalista.

 

Mucho exterior, paisajes que huelen a campo francés del siglo XIX y decorados que parecen reales, no de cartón piedra.

 

Se agradece: aquí no hay sensación de parque temático histórico.

 

Además, la narración está muy bien estructurada. Va directa al conflicto moral del personaje sin ponerse demasiado solemne. Algo que, tratándose de Victor Hugo, ya es mérito.

 

Otra cosa interesante es que no intenta competir con otras versiones de Los miserables. Y menos todavía con el musical cinematográfico Los miserables (2012) de Tom Hooper, que jugaba a otra liga completamente distinta: canciones, lágrimas y primeros planos sudorosos.

 

Aquí la apuesta es otra: contar el origen del personaje con un tono más contenido, más adulto, casi reflexivo.

 

Una película pensada para un público que disfruta de los dilemas morales más que de los numeritos musicales.

 

Y lo cierto es que funciona. Porque cuando una historia habla de algo tan básico como la posibilidad de elegir entre ser buena persona o convertirse en un psicópata resentido… siempre resulta interesante.

 

En resumen: una adaptación sobria, bien rodada, con un aire muy naturalista y que podría ser perfectamente el arranque de una saga dedicada a Los miserables. Y si siguen por este camino, no sería mala idea.

Por cierto, no me consta que Carlos Boyero haya escrito todavía sobre esta película. Aunque uno se lo imagina diciendo algo así como: “no está mal, pero sigo prefiriendo cuando Jean Valjean canta”. Y tampoco sería raro. 😏

 

#YoVoyAlCine

 

Mi puntuación: 7,66/10.

 

 

 

Dirigido por Éric Besnard:

 

Ficha: En este enlace.

 

 

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Goya 2026 – Los premiados, la gala, el famoseo – #Goya2026

3/03/2026

 

 

 

 

 

 

Barcelona, ciudad de Goya y de furgón policial

 

Barcelona es un decorado natural. Eso ya lo sabíamos. Pero vestida de Goya, con su brisilla fresca y su cielo de “mejor ponte bufanda”, tenía ese punto de ciudad europea encantada de haberse conocido.

 

Susan Sarandon, Goya Internacional de Honor, dijo que era la mejor ciudad española por su gente, sus museos, su arquitectura y su gastronomía. Vamos, que si le dan cinco minutos más, se empadrona en Gràcia.

 

No desaproveché la ocasión de visitar la Sagrada Familia, que ya luce su torre central. Impresiona. Sales de allí con tortícolis y cierta sensación de insignificancia existencial. El día no acompañaba mucho para pasear, pero cayeron kilómetros como si estuviera entrenando para la San Silvestre Vallecana.

 

Eso sí: me llamó poderosamente la atención el despliegue policial. Mossos por todas partes. En el tren desde Atocha —con agentes recorriendo vagones como si buscaran a alguien que hubiera ganado un Goya sin estar nominado— y un festival de furgones en los alrededores del auditorio. Supongo que la presencia del presidente del Gobierno ayudó a que aquello pareciera más una cumbre internacional que una gala de cine.

 


 

 

Premios: la noche de Alauda Ruiz de Azúa

 

La gran vencedora moral y artística fue Alauda Ruiz de Azúa con Los domingos, que se llevó los premios gordos: película, dirección, guion,  actriz protagonista para Patricia López Arnaiz y actriz de reparto para Nagore Aranburu. Cinco Goyas de los que pesan.

 

Es verdad que Sirat acumuló seis, pero más en el terreno técnico. Mucho mérito también, pero ya sabemos cómo funciona esto: el titular se lo lleva quien conquista el trío dirección-película-guion.

 

En su discurso, Ruiz de Azúa recordó a Isabel Coixet y Pilar Miró, subrayando lo excepcional que sigue siendo que una mujer gane el Goya a mejor dirección. Y ahí el aplauso fue sincero.

 

Ojo a Miriam Garlo, hermana de la directora y protagonista, que se llevó el Goya a actriz revelación.

 

Y mención especial a Álvaro Cervantes, premiado por Sorda, que aprovechó para hablar de discapacidad con naturalidad y elegancia. Me alegré muchísimo por él… y lamenté que su hermana, Ángela, no se llevara el cabezón por La furia, porque estaba extraordinaria. Pero bueno, si lo ganó Patricia López Arnaiz, tampoco vamos a quejarnos demasiado.

 

Y el Goya a mejor actor protagonista fue para José Ramón Soroiz por Máspalomas, encarnando a ese anciano homosexual lleno de matices. Discurso en euskera, breve y contenido. Milagro en la tierra.

 

 


 

 

Una gala más corta… y más plana

 

Duró hora y cuarto menos que la del año pasado. ¿El motivo? Agradecimientos comprimidos. Nadie hizo la lista telefónica de Albacete. Incluso José Ramón Soroiz, que prometía discurso enciclopédico, fue conciso. Bien.

 

El problema no fue la duración. Fue el contenido. Mucha ristra de nombres sin relato. Mucho “gracias a todos” sin que sepamos muy bien a qué.

 

Los presentadores, Rigoberta Bandini y Luis Tosar, no estuvieron finos.

 

Guion flojísimo, cero chispa.

 

Todo muy plano.

 

El único momento con algo de vida fue el discurso institucional de Fernando Méndez-Leite, que coló la única broma decente de la noche.

 

Muy bien Susan Sarandon, generosa con España y hasta con su presidente.

 

Elegante Gonzalo Suárez en su intervención, con Maria de Medeiros entregando el Goya de Honor.

 

Y siempre estimulante escuchar a Albert Serra, que tiene más personalidad que la mitad del patio de butacas junto.

 

Pero, en conjunto, gala aburrida.

 

Más corta, sí. Más vibrante, no.

 


 

 

 

Actuaciones musicales: entre el aprobado y el ole

 

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Si el año pasado las actuaciones tuvieron más brillo que una chaqueta de lentejuelas, este año se quedaron en notable raspadito.

 

El arranque fue con Rigoberta Bandini y Luis Tosar, apareciendo desde detrás del escenario con Hoy puede ser un gran día. Ella tirando de potencia vocal, que la tiene. Él… bueno, digamos que actuar se le da mejor que afinar. Fue un inicio digno, simpático, sin fuegos artificiales.

 

Uno de los momentos más bonitos llegó con Tu Mirá. Alba Molina y Ángeles Toledano, acompañadas por 14 niños de la Escolania del Orfeó Català, se marcaron una versión emocionante del clásico de Lole y Manuel. Aquí sí hubo duende, sensibilidad y un montaje escénico impecable. Para mí, la mejor actuación de la noche. Vibró todo. Hasta los que estaban mirando el móvil, que no eran pocos.

 

Cerca de la medianoche apareció el combo pop: Ana Mena junto a La Casa Azul, mezclando español e italiano en una versión muy particular de La Bamba (con ese aire eurovisivo que siempre entra bien a esas horas). Correcto, vistoso, pero sin hacer historia.

 

El bloque catalán tuvo doble homenaje:
Bad Gyal con Arrels de Gràcia reivindicando la rumba barcelonesa al estilo Gato Pérez, y la propia Rigoberta Bandini interpretando Tot cor, del mallorquín Tomeu Penya, en catalán. Fue un guiño claro a la sede y a la identidad cultural del lugar.

 

Y luego llegó el momento serio: el In Memoriam. Este año ha sido especialmente doloroso para la Academia; una auténtica sangría de nombres ilustres.

Belén Aguilera y Dani Fernández interpretaron Si te vas mientras desfilaban los rostros de quienes nos dejaron. Silencio respetuoso y alguna lágrima furtiva.

Un homenaje, también, a Roberto Iniesta.

Belén comenzó la actuación, que subió de nivel cuando Roberto entró en escena. Es una pena porque  ella no se le entendía la potente letra de una estupenda canción.

 

En conjunto, actuaciones bien resueltas, aunque sin la chispa memorable de otras ediciones.

 

Eso sí, imagino a Susan Sarandon con el Goya Internacional en la mano, mirando a su alrededor mientras sonaba flamenco y rumba catalana a todo trapo, y pensando: “Vale, esto en Hollywood no lo tengo cada domingo”.

Y oye, por eso también molan los Goya.

 

Noche de cine y reivindicación política

 

Este año en Barcelona los Premios Goya han estado salpicados de mensajes políticos. Que si Free Palestine por aquí, que si discursos sobre genocidios y guerras por allá… El cine español se manifiesta, como ha hecho casi siempre.

 

Desde la alfombra roja hubo actores y actrices con pin de solidaridad con Gaza y mensajes pidiendo el fin de la violencia, y se notó que el conflicto israelo-palestino fue el tema recurrente de la noche.

 

En el escenario fueron frecuentes las referencias a conflictos internacionales.

 

La noche se convirtió en un altavoz moral.

 

Pero claro, las reacciones no fueron unánimes: hubo quien habló de “propaganda” y de empacho de consignas, y hasta comentarios que insinuaban que quizá sobraba pancarta en una gala que, en teoría, iba de cine.

 

Al final, el debate quedó servido: ¿son los Goya un escenario legítimo para posicionamientos públicos? ¿O debería haber más focos en las películas que en las banderas?

 

Como dijo hace poco Ana Belén (aunque hablando de cine y política en general), “todo es político, incluso la vida cotidiana”.

 

Guste o no, en esta edición los discursos, las intervenciones y los símbolos políticos tuvieron bastante protagonismo.

 

 

 

Organización y fiesta: menos brillo

 

Aquí hay que decirlo claro: organización deficiente.

 

Llegada de autobuses caótica, entrada con aglomeración impropia de un evento de este nivel.

 

Nada que ver con la calidez y el orden de Granada o Valladolid en años anteriores.

 

La fiesta posterior —3.500 invitados, que se dice pronto— parecía una macrodiscoteca industrial.

 

Música altísima, imposible conversar sin dejarse las cuerdas vocales.

 

Catering más flojo que en otras ediciones. Y no es una opinión aislada: era comentario generalizado entre académicos.

 

Barcelona no transmitió el calor popular que sí se vivió en otras sedes. Más protocolo que pasión.

 


 

 

 

El famoseo: abrazos y confidencias

 

Recorrimos la nave entera, como quien hace inspección técnica del cotilleo.

 

No vimos a todos los amigos que queríamos, pero sí nos encontramos con Diego Ferro, siempre simpático, siempre cercano.

 

Pudimos felicitar a Álvaro Cervantes y transmitirle nuestra admiración (y nuestra pequeña espinita por su hermana).

 

Conversamos un rato con Oliver Laxe, director de Sirat, entrañable y sincero como siempre.

 

Y cuando ya nos íbamos, apareció Albert Serra. Le expresé mi admiración y se arrancó con charla larga: próximo proyecto casi terminado, reparto internacional, temas de actualidad… y objetivo claro: Cannes. Muy francés él. Y muy querido allí. No me extrañaría verlo en la Croisette.


 

 

 

Epílogo

 

Viaje agotador, sí. Horas intensas, también. Pero participar en la gran fiesta anual del cine español sigue siendo un privilegio.

 

Aunque la gala sea aburrida. Aunque el catering flojee. Aunque haya más Mossos que chistes.

 

Al final, estar allí compensa. Porque el cine —cuando es bueno— siempre merece la pena. Y el Goya, con sus luces y sus sombras, sigue siendo nuestro gran ritual colectivo.

 

 

 

 

 

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