Shyamalan ha contado casi siempre con mi aprobación y, en ocasiones, con mi admiración.
No hay que olvidar que es el creador de mi super-héroe favorito. Estoy refiriéndome a El Protegido.
Las intenciones del director indio nacionalizado estadounidense son ejemplares.
Se pretende construir una peli que sorprenda y turbe al espectador, que lo mantenga apretado al asiento.
Lo consigue gran parte del metraje.
Pero hay un momento decisivo en la peli en la que tienes que creer lo inverosímil.
Si lo das por bueno, podrás seguir disfrutando.
Si tu espíritu crítico es medianero comenzarás a ver la peli como una farsa más cercana al ridículo que a la intriga.
Para mí más interesante que el trastorno de identidad disociativo, que presenta James McAvoy, es la historia de abusos que se vislumbra en el personaje interpretado por la veinteañera Anya Taylor Joy que es la auténtica protagonista.
La parte inicial, que sigue a ese niño perdido y retrata a la India desde su perspectiva, es de lo más interesante.
Cine que nos cuenta la historia con imágenes potentes sin necesidad de palabras.
Cuando la peli se mueve por Australia pierde interés convirtiéndose en un melodrama simplón.
Garth Davis intenta abarcar diversas cuestiones de máximo interés: la pobreza, las dificultades de la adopción tanto para los padres como para los hijos, la búsqueda del pasado…
Pero se queda en la superficie sin que se terminen de desarrollar los temas y dando la sensación que la peli busca la emoción, pero no la reflexión.
Resulta chocante la diferencia abismal entre los dos hermanos adoptados. Uno un hijo perfecto y el otro un yonki guarro.
El actor londinense de origen indio, Dev Patel resulta ligeramente irritante cuando pone cara de sufrimiento.
Nicole Kidman como siempre demuestra lo buena actriz que es, pero su papel no es tan vistoso como para merecer una nominación a mejor actriz secundaria a los Oscar.
Lion está entre las nueve candidatas a mejor peli para los Oscar. No dejo de asombrarme.
Los vecinos son más monstruosos que el animalillo remendado que tiene goteras por todas partes.
La madre es Shelley Duvall, que cuatro años antes protagonizara El resplandorde Stanley Kubrick.
Francamente divertida.
Unas anécdotas:
Tim Burton fue despedido de Disney por “desperdiciar” sus recursos en películas como ésta que se consideraban de demasiado miedo para ver en familia.
Eso no impidió que Disney lo distribuyera en VHS después que Burton se hiciera famoso, aunque sólo en una versión censurada.
Pesadilla antes de Navidad (1993) en DVD es su primera aparición en el vídeo sin censura.
Fue originalmente programado para ser visto en el mismo programa que en 1984 relanzaba Pinocho (1940), pero fue retirado después de varias proyecciones de prueba (¿niños trastornados?).
Daniel Stern es sólo 16 años mayor que Barret Oliver, que hace de su hijo.
Durante la escena en la que Víctor resucita Sparky, el niño suelta una cometa con forma de murciélago.
Tim Burton más tarde dirigió Batman y Batman Returns.
Rodó quince pelis en Alemania y cuatro en los USA.
Murnau se puede adscribir, aunque sólo en parte, a ese movimiento expresionista, dentro del cine alemán, que se desarrolló durante la década de 1920, produciendo una obra variada y originalísima, en la que se nota el eco de Max Reinhardt.
También pueden considerarse sus pelis como una prolongación del romanticismo alemán.
Ha pasado a la historia como el director de Nosferatu de 1922.
Considerado como “un maestro de la puesta en escena, en el empleo de los espacios urbanos y de la naturaleza como expresión emocional y lírica, así como en el manejo psicológico de unos personajes marcados, en general, por el fatalismo y la búsqueda en un contexto infausto“.
El último es considerada como una de sus mejores películas.
El último (La última carcajada):
Se trata de una joya del cine mudo crepuscular.
Considerada por muchos críticos como la segunda mejor película de la historia.
Los éxitos cosechados por sus anteriores películas (Nosferatu y El nuevo Fantomasentre otras) le permitieron apostar por un proyecto revolucionario con el apoyo de la U.F.A. (Universum Film AG), la gran productora de cine alemana.
Para ello además contó con tres nombres capitales del cine alemán de los años 20:
Emil Jannings (la gran estrella de cine del momento), Carl Mayer (posiblemente el mejor guionista de la década de los 20), y Karl Freund (director de fotografía que revolucionó la historia del cine con su trabajo).
La característica más representativa de todo el film se encuentra en el apartado técnico.
Karl Freund decidió innovar de una manera revolucionaria al dotar de movimiento a la cámara.
Más tarde se conocería como el movimiento del entfesslte Kamera (cámara sin cadenas).
Freund apuesta por mover la cámara para dotar de mayor realismo a la acción que se nos narra y que el espectador se sienta parte de la escena misma.
Para ello Freund llegó a atarse la cámara a su pecho mientras montaba en bicicleta por el plató.
Otra técnica fue la de atar la cámara a un cable y arrojarlo desde una ventana para que cruzase la calle hasta la entrada del hotel, luego, en la sala de montaje, se invertía la escena de manera que parezca que es la cámara la que asciende.
La cámara para que se desplazara se colocó también sobre un cochecito de bebé.
El director FW Murnauy el guionista Carl Mayer originalmente querían que la película terminara con la muerte del portero en el baño.
Los ejecutivos de UFA los presionaron para realizar un final feliz antes del estreno de la película con el fin de maximizar su potencial económico.
Murnau y Mayer, obviamente irritados por esto, crearon un epílogo cínico, mostrando que el portero había heredado de un excéntrico huésped del hotel, que legó toda su propiedad a la última persona vista antes de morir.
Los ejecutivos también presionaron a los artistas para cambiar el título de la película de “The Last Man” a “The Last Laughter“.
Comentario de Ramón:
Un placer ver esta peli, que no conocía, con mis compañeros del Taller de Cine en pantalla grande. Una oportunidad única.
La peli nos plantea la interesante cuestión de “el hábito hace al monje“.
Este portero de hotel basa su status en el barrio en su ostentoso uniforme.
Pierde su condición y su vestimenta y, en consecuencia, pierde su prestigio.
La crueldad de sus vecinos y de su familia hacen que caiga en la debacle personal.
El actor Emil Jannings compone un personaje muy teatral. De ser un hombretón orgulloso pasa a un guiñapo encogido y decadente.
Tal vez, se insista demasiado en este aspecto.
La peli está muy elegantemente rodada.
Destacar esa fotografía contrastada que, sobre todo, por las noches nos sumerge en un mundo de sombras y luces, con aire entre onírico y fantasmagórico.
Imposible no compadecerte de este anciano, aunque tal vez basó su vida en un uniforme demasiado llamativo que le daba un nivel, que nunca tuvo en realidad.
La caída del personaje es social, pero sobre todo personal.
De ahí la reflexión que es bueno valorarse adecuadamente, sin excesos, ni defectos.
El pegote cómico satírico del final resulta muy divertido.
Claramente innecesario, pero el genio del director y el guionista hace que te lo pases bien y olvides la tristeza de la realidad anterior.
Siempre he opinado que en el cine lo que puedas decir con imágenes no lo digas con palabras.
Por eso esta peli y muchas de la época silente me entusiasman.
Después de su éxito en los Premios Feroz 2017 y de lo elogiosamente que me había hablado mi amiga Beatriz era de obligado cumplimiento su visionado.
Son solo cinco capítulos que se ven en un suspiro.
Cuando los terminé me quedé con ganas de más y me vi todos los extras como si fuera un yonki de Paquita.
Decir que me ha encantado es poco. Me ha entusiasmado.
Las referencias al mundo del cine y de las series españolas es continuo. Si no eres un experto te lo vuelves.
Los cameos de actores y actrices son divertidísimos.
Ya casi resulta tópico destacar a Yolanda Ramos, que como siempre está colosal.
Pero lo más grande de la serie son los personajes de Paquita Salas y Magüi Moreno, interpretados por dos actores con una vis cómica inabarcable, Brays Efe y Belén Cuesta. Los dos premiados en los Feroz.
Paquita Salas es tan de verdad, tan auténtica, tan emotiva, tan sincera.
Te la crees desde el primer fotograma y te alegras con ella y lloras con ella.
Se crea una complicidad absoluta con el espectador, al menos conmigo, que no te importaría tenerla en casa de invitada.
Magüi es al menos tan maravillosa como Paquita, más pegada a la realidad, pero llena de inocencia.
Forman una pareja como Don Quijote y Sancho Panza, aunque con los fenotipos intercambiados.
En todos los capítulos me he reído y llorado. Con Paquita es imposible no reventar de emociones.
Me alegra sobremanera saber que los dos Javieres están preparando una película para 2018.
En la faceta actoral oscila entre muy malo y pésimo.
Fijaros lo que voy a decir, a veces al nivel de Nicholas Cage. Igual me he pasado. Tan malo como Cage es imposible.
En Vivir de noche es el guionista, el director y el actor principal, casi único, porque sale en el 100% de los planos de la peli.
Con estas tres facetas corres en riesgo de cagarla por partida triple. Y eso es efectivamente lo que ha conseguido.
El guión mezcla mafia irlandesa, italiana y el Ku Klux Klan.
Repleto de escenas retóricas, sin sentido, ni utilidad narrativa.
Con traiciones de opereta de mercadillo y trucos de guión de trilero de callejón.
El personaje de Affleck se empeña en ser un gangster honesto y honrado. ¡De traca!
Además la peli está mal dirigida, con situaciones confusas, aunque hay planos brillantes que recuerdan al mejor Ben director.
Pero lo peor es la interpretación.
Se ha retocado la cara y se la ha rellenado de bótox como si no hubiera un mañana.
Su expresividad era escasa. Ahora es nula.
Hubiera dado igual poner un muñeco de cera. El resultado sería el mismo.
Tal vez con otro actor (de verdad) la peli se hubiera salvado, pero Affleck la hunde hasta el abismo abisal.
Sienna Miller, Zoe Saldana y Elle Fanning son y están maravillosas pero no son suficientes para contener el desastre. Por cierto, las tres muy delgadicas, pobrecillas.
Los de provincias siempre llevamos mal ir a Madrid.
Este año el festejo de los Premios Feroz se celebraba en el Palacete de los Duques de Pastrana.
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Eso está en Paseo de La Habana.
Imposible aparcar. Todo zona verde para residentes.
Aparco en Chamartín y cojo un taxi.
Desde que salgo de casa y llego al fiestorro dos horas.
Desde el principio mucho ambiente.
Las actrices españolas engalanadas, guapísimas.
Me introduzco entre las mesas y no dejo de ver famosos.
Saludo a varios conocidos.
Las mesas son de nueve comensales.
Me toca una mesa estupenda, al lado de los de la serie Vis a vis y detrás de los de El Caso: crónica de sucesos.
En la mesa más atrás está Alex de la Iglesia y Carolina Bang. Los dos han adelgazado, ella bellísima.
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Sirven bebida, no demasiada, y unos canapiés de tamaño nanométrico.
La comida además de ser de muy reducido tamaño es irreconocible.
Como todo lo que puedo, porque las perspectivas son de pasar mucho hambre.
A las nueve en punto comienza la gala.
Nos presentamos los de mi mesa.
Hay dos chicas periodistas muy jóvenes, otros dos más veteranos y cuatro directivos de una empresa de avalistas de producciones cinematográficas.
El que está a mi izquierda me explica que para que los bancos den pasta para hacer una peli ellos la avalan, cobrando una comisión supongo. Porque sin aval los bancos no sueltan el parné.
La gala comienza con un monólogo de Antoñito de la Torre, encargado de la presentación.
Nos reímos mucho, sobre todo con el comentario a las dos protagonistas de Julieta, Emma Suárez y Adriana Ugarte.
Ya sabéis que las dos interpretan a Julieta en la peli de Almodóvar. Una hace de mayor y la otra de joven. No compartieron ni un minuto de rodaje, pero salieron discutiendo notoriamente de una entrevista de promoción.
Por la cara que pusieron, no les gustó un pelo el comentario de Antoñito.
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Los agradecimientos en general demasiado largos.
Los premiados aprovechan su momento de gloria para mencionar a toda la familia y a conocidos de cuando eran pequeños y veraneaban en Benidorm.
Cuando ya se sobraban les ponían una música que iba aumentando de volumen y le bajaban el micro, pero algunos insistían y seguían y seguían.
Destacar el mal perder de algunos no premiados.
A mí lado estaba la mesa de la serie Vis a vis.
Ni Najwa Nimri, ni Alba Flores fueron galardonadas como actrices de series. Las dos pusieron cara de defunción y se fueron antes que terminara la gala, visiblemente contrariadas.
Mira que caretos y era antes de los no premios.
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En cambio su compañera, la malagueña Maggie Civantos aguantó el tipo y estuvo muy simpática.
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El Feroz de Honor fue para el enorme Narciso Ibáñez Serrador, uno de los grandes del cine y la tele del siglo pasado.
Muy adecuada su elección al ser este año el de incorporación a los premios las series de televisión.
La presentación estuvo a cargo de Álex de la Iglesia, un discípulo aventajado.
A pesar de estar muy mayor se mostró gracioso y aseguró que volverá a rodar con los jóvenes actores que veía por la gala y que no conocía.
Insistió en ponerse de pie, ayudado por su hijo.
La ovación fue muy larga con todos puestos en pie.
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Este año el discurso del presidente de la Asociación de Informadores Cinematográficos, Pedro Vallin, fue breve y acertado.
Nos invitó a ser rebeldes como la Princesa Leia y a ser prudentes y no destrozar con nuestras críticas el trabajo y la ilusión de los cineastas.
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El chanante Julián López presentó tres premios: tráiler, cartel y música.
Protagonizó un tráiler alternativo de Julieta.
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Se mofó de la escasa importancia de los premios a los que iba a nombrar.
Paradójicamente Gabriel Moreno que recibió el premio al mejor cartel por El hombre de las mil caras lo agradeció visiblemente emocionado.
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Leonor Watling, Eduardo Noriega y Bárbara Lennie tuvieron unas palabras para Bimba Bosé que había fallecido por cáncer de mama ese mismo día.
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También hubo un recuerdo a Rikar Gil, uno de los creadores de El Ministerio del Tiempo, fallecido por accidente de moto el día anterior.
La lista de premiados:
Mejor película dramática: Tarde para la ira
Mejor comedia: Kiki el amor se hace
Mejor dirección: Raúl Arévalo (Tarde para la ira)
Mejor L´Oreal Professionnel a mejor actriz protagonista: Bárbara Lennie (María y los demás)
Mejor actor protagonista: Roberto Álamo (Que Dios nos perdone)
Mejor actriz de reparto: Ruth Díaz (Tarde para la ira)
Mejor actor de reparto: Manolo Solo (Tarde para la ira)
Mejor guion: David Pulido y Raúl Arévalo (Tarde para la ira)
Mejor música original: Fernando Velázquez (Un monstruo viene a verme)
Mejor tráiler: Rafa Martínez (Kiki, el amor se hace)
Mejor cartel: Gabriel Moreno (El hombre de las mil caras)
Mejor serie dramática: El ministerio del tiempo
Mejor serie de comedia: Paquita Salas
Mejor actriz protagonista de tv: Aura Garrido (El ministerio del tiempo)
Mejor actor protagonista de tv: Brays Efe (Paquita Salas)
Mejor actriz de reparto de tv: Belén Cuesta (Paquita Salas)
Mejor actor de reparto de tv: Ex Aequo para Hugo Silva (El ministerio del tiempo) y José Sacristán (Velvet)
Tarde para la ira de Raúl Arévalo fue la gran triunfadora de la noche con cinco feroces (actriz de reparto, actor de reparto, guión, dirección y mejor película dramática).
Mi película favorita y de más críticos. Me alegré una barbaridad con todos los premios.
Arévalo muy agradecido y emocionado.
Especialmente acertado estuvo en su intervención el guionista premiado David Pulido.
Agradeció el apoyo de la crítica que ha sido fundamental para la progresión de la película.
Me cayó fenomenal, un personaje con la cabeza bien amueblada y que brevemente nos trasladó lo que quería expresar.
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Javier Ambrossi y Javier Calvo, los creadores de Paquita Salas, fueron otros de los triunfadores de la noche.
Esta webserie fue la sorpresa de la noche. Yo ni siquiera sabía de su existencia.
Se fue con tres de los grandes premios en series.
Recibieron alborozados estos galardones. Muy simpáticos.
Con unas ganas terribles de ver a esta Paquita.
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Paco León, con su peli Kiki, el amor se hace, agradeció a los Feroz que haya un premio a la mejor comedia, de esa manera él se puede llevar uno a su casa.
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Una de las más guapas, Natalia de Molina, por la que siento devoción.
Black Mirror está formada por episodios independientes y autoconclusivos (con diferentes tramas y reparto).
Se nos presenta un mundo distópico.
¿Por qué me atraerán tanto las distopías?
Los humanos viven aislados con distracciones virtuales.
Son productores de energía pedaleando gran parte de su vida.
Lo que producen se acumula en forma de méritos y lo que gastan, por pequeño que sea el consumo (pasta de dientes incluida), se saca de ese fondo.
El enamoramiento hace que Bing se los regale a la guapa Abi para que intervenga en un concurso de talentos, la única manera de salir de esa monotonía existencial.
No cuento más, pero el final es descorazonador.
El conjunto del relato es bastante desagradable.
Una crítica sobre una sociedad superficial, individualista y en la que la tele es un generador de alienación personal y social.
Todos los episodios de Black Mirror ordenados alfabéticamente:
Relata esta historia desde el punto de vista de sus dos protagonistas, con una visión íntima.
No hay discursos grandilocuentes ni grandes momentos dramáticos.
La visión es desde la sinceridad de una pareja interracial que no hace mal a nadie y que solo desea una vida sencilla en el campo de Virginia donde sus hijos se pueden criar en libertad.
La sobriedad del relato, con ausencia de música manipuladora o de ensañamiento sentimental, no le resta emoción y verdad.
Los dos protagonistas, Joel Edgerton y Ruth Negga están inconmensurables, desde la contención saben trasmitirnos sus sentimientos.
El siempre inquietante Michael Shannon parece el actor fetiche de Nichols, imprescindible en sus películas.
No deja de asombrarme que hace poco más de cincuenta años negros y blancos no pudieran contraer matrimonio en Virginia.
Soy de los que opinan que esté basado en hechos reales no suele aportar nada, pero me ha gustado ver las fotografías de la pareja real.