Enseguida llega mi amigo José María Tena, uno de los grandes de la información cultural malagueña, damos un paseo y nos contamos nuestras sencillas vidas.
A las puertas del Cine Albéniz nos encontramos con amigos de otros años.
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Al poco llega el gran Carlos Pumares al que rendimos tributo y nos hacemos una foto.
Se forma un lío al intentar desalojar la organización al público para dejar solo a la prensa acreditada.
De la Iglesia habla en su presentación que es su mejor película.
Acuden con el director los actores Blanca Suárez, Mario Casas, Secun de la Rosa, Terele Pávez, Carmen Machi y Jaime Ordóñez.
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Como productora también asiste Carolina Bang.
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Fernando Méndez Leite modera esta conferencia de prensa. Como nadie pregunta da la primera palabra a Conchita Casanovas.
Cuentan que por contrato trabajaban doce horas al día y que estaban todos los actores presentes aunque no salieran en plano.
Lo que hace grande, explica Álex, una escena es la réplica de los actores. “Cuando vemos a un monstruo en la pantalla lo que nos da más impresión es la cara de miedo de la chica“.
Blanca Suárez explica que cuando camina sucia y casi desnuda por las calles de Madrid, rodado con transeúntes de verdad, no figurantes, nadie se brindó a prestarle ayuda.
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Parece que soy el único que defiende la peli del bilbaíno. Todos con los que la comento son detractores.
Mi amigo Tena insiste en destacar los títulos de crédito, realmente impresionantes y con una banda sonora muy acorde.
Ya en la calle nos acercamos a saludar a Fernando Méndez-Leite, coordinador de las ruedas de prensa del Festival de Málaga con el que colabora desde sus inicios.
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Participa en la selección de películas para el festival.
Nos cuenta que se ha tenido que ver unas 280 películas en tres meses.
Destaca que se han presentado casi veinte películas argentinas, todas de muy buena calidad.
Nos indica que los miembros del comité seleccionador suelen coincidir. Las discrepancias son mínimas.
Producción: Pokeepsie Films, Nadie es Perfecto, El Bar Producciones AIE, Pampa Films, Atresmedia Cine, Movistar +
Duración: 98 minutos
Guion: Álex de la Iglesia, Jorge Guerricaechevarría
Reparto: Mario Casas, Blanca Suárez, Secun de la Rosa, Terele Pávez, José Sacristán, Carmen Machi, Jaime Ordóñez, Joaquín Climent, Alejandro Awada, Jordi Aguilar, Diego Braguinsky, Mamen García
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Sinopsis
Nueve de la mañana: un grupo de personas absolutamente heterogéneo desayuna en un café en el centro de Madrid. Uno de ellos tiene prisa. Al salir por la puerta, recibe un disparo en la cabeza. Nadie se atreve a socorrerlo. Están atrapados.
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La peli que abre el Festival de Málaga en su vigésima edición es esta peli del bilbaíno Álex de la Iglesia.
El bar es puro de la Iglesia.
Si conectas con él lo adorarás.
Pero su cine es excesivo, estridente, hiperbólico, tremendista y por ello no sintoniza con todos los públicos y menos con la crítica.
El bar es una peli magníficamente bien rodada.
Se desarrolla prácticamente toda en un local, pero parece cine de acción.
En ningún momento nos parece teatral.
Presenta a personajes bien construidos en una situación límite donde el egoísmo y el afán de supervivencia es lo que más importa.
Los protagonistas son sometidos (y ellos mismos se someten) a un auténtico infierno.
Esa reflexión moral sobre que somos capaces de hacer por sobrevivir le da un plus.
Todos los actores están sobresalientes, pero la interpretación de Jaime Ordóñez es un auténtico vendaval.
Pero la peli es de Blanca Suárez, no sé si la más buena, pero sí la más lista. Su presencia es soberbia y llena la pantalla.
Tal vez le sobre algo de metraje en su parte final, pero a mí me ha encantado.
Cine bien hecho, con buenos actores, cine del bueno.
Salvo Daniel Calparsoro nadie en el cine español reciente se ha atrevido con el bélico.
Además este género suele estar empañado por condicionamientos ideológicos y morales.
Lo cual no es malo en sí mismo, pero se agradece mucho encontrar una peli de guerra tan directa y consistente como Zona hostil.
No pierde el tiempo presentando a los personajes. Va directamente al grano, a la acción.
Casi no hay momentos de respiro, pero los que hay son los justos para dar un pequeño descanso y seguir con un frenesí de tiros y helicópteros.
Todo retratado con realismo, sin patriotismos, ni heroísmos de peli americana.
Las relaciones entre los personajes quedan bien diseñadas.
Lo mejor de todo es ver a los soldados españoles como protagonistas, con una cercanía que nos hace sentirnos comprometidos con ellos.
Resulta esta peli un magnífico homenaje a los miles de militares españoles que han luchado trece años en Afganistán y sobre todo al centenar que han fallecido.
Hay también un testimonio sobre los sanitarios militares y sobre la mujer en el ejército. Sus personajes son tratados con el mismo respeto que los hombres.
Como siempre lo médico está penosamente representado.
Podría poner un par de ejemplos concretos…
En cambio lo militar ha contado con el asesoramiento del ejército español que ha colaborado con la producción de la peli.
Rodada en Almería y Tenerife.
Una magnífica peli de género que abre la expectativa de nuevos filmes con sargentos, soldados y capitanes españoles.
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El director Adolfo Martínez y su protagonista Ariadna Gil:
Cuando en 1980 cuatro amigos viajamos por Europa en un R5 nos encontramos en París con McDonald’s.
Julito que había pasado temporadas en los USA ya lo conocía.
Para nosotros McDonald’s era símbolo de modernidad. Algo novedoso y sorprendente.
Ya sé que es un emblema del imperialismo yanqui.
Pero no puedo evitar ser incondicional de la Coca- Cola y de los restaurantes de comida rápida.
Al universo americano lo admiro, más que lo desprecio.
No he compartido la opinión de la progresía de este país en considerar a los USA como el enemigo.
Desde luego no llego a la simplicidad de considerar todo lo que viene de ahí como pernicioso.
Dicho esto, comprenderéis que vaya con curiosidad a ver esta peli sobre Ray Kroc.
John Lee Hancock nos narra certeramente la historia.
Los hermanos Richard y Maurice McDonald idean un sistema para ofertar una comida estándar de calidad, a un precio muy asequible y con una rapidez pasmosa.
Cuatro palabras claves: sistema, calidad, rapidez y barato.
La peli nos muestra muchos aspectos interesantes.
Cómo se crea una franquicia.
La necesidad de la implicación directa de los jefes para el buen funcionamiento.
Es mejor contar con personas motivadas que con dinero.
El valor añadido de la juventud y de la voluntad.
Buscar donde está el negocio de verdad.
Y podría seguir…
Es un manual de cómo hacer próspero un negocio.
Ray Kroc se portó como un canalla con los hermanos McDonal.
Hay un momento terrible cuando Kroc les ofrece un apretón de manos a los hermanos para cerrar un trato. El espectador y los contratantes comprenden que les están engañando.
La peli, además de didáctica, es divertida.
A partir de ahora miraré cuantos pepinillos tiene mi Grand McExtreme de McDonald’s Cheese & Sweet Peppers.
Salma, Laila y Nur son tres chicas palestinas con DNI israelí.
Viven en una isla de tolerancia en Tel Aviv.
Pero su personalidad y sus ansias de libertad y respeto chocan con una sociedad machista y con unos hombres intolerantes, retrógrados y agresores.
Solo el padre de Nur se libra de esta descripción, que la apoya sin condiciones.
Es un relato de mujeres, dirigido por una mujer. Aunque en los créditos figura la frase para mujeres, yo me permito discrepar. Es para todos.
Estas mujeres maravillosas se merecen una sociedad más justa y más igualitaria. Todos debemos defender esta idea.
La peli está muy medida, nunca se convierte en un panfleto. Su tono es realista sin cargar tintas ni buscar dramatismos que le hubieran restado firmeza.
Una peli sabiamente dirigida que acierta contando desde lo cotidiano, la realidad de un mundo tremendamente machista.
Primero intensas ante la perspectiva de un thriller español con Marta Etura.
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Después leí y oí malas críticas.
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La nueva polémica sobre el boicot, porque una actriz secundaria en un programa de humor había llamado paletos a los españoles.
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En las taquillas del cine me encuentro con mi cinéfilo amigo Santiago. “Dale una oportunidad” me dice.
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Lo mejor de la peli es la ambientación.
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Esos pueblos del Valle del Baztán en Navarra, con esa lluvia que no para, están muy bien fotografiados.
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Marta Etura es un valor seguro. Felicidades por su reciente maternidad.
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Pero ni el planteamiento, ni el desarrollo son lo suficientemente potentes y originales como para atraerme.
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El asesinato de varias niñas y las elucubraciones de la investigadora suenan demasiado a serie norteamericana al uso. De esas que llevan veinte temporadas y repiten capítulo tras capítulo el mismo esquema.
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Los líos familiares son demasiados burdos.
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Esa madre da miedo, pero hay una sensación de impostura que te hace percibirlo como falso.
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El trasfondo moral ideológico del asesino es de chiste. Se intenta buscar una explicación hacia su actitud, cuando el mal no suele tener razones.
Los programas de televisión en los que salen cantantes no profesionales imitando o haciendo versiones de artistas consagrados tienen un punto de hipnóticos.
No lo digo con mala leche.
Si pasas por delante de un televisor y ves cantar Extraños en la noche, no puedes evitar pararte y mirar un rato.
Te hipnotiza, te emboba.
Sentado en el sofá, te da un sueño que no veas.
Te hipnotiza, te adormece.
Canta!cuenta la historia de unos fracasados, en un “Zootrópolis”, donde se hacen valer gracias a la música.
No es difícil confraternizar con estos personajes divertidos y sin éxito.
Los temas musicales son variados.
Todo combina bien para crear un producto agradable, que se ve con una sonrisa en los labios.
Pensada para entretener también a los padres.
Si hubieran salido los minions hubiera sido mejor.
Afortunadamente hipnotiza con el primer significado.
Mis últimos encuentros con la comedia francesa han sido más bien nefastos.
De ésta me esperaba lo peor.
Pero me equivocaba.
Lo cual demuestra que siempre hay que dar una oportunidad a una película.
Constance es una chica que no tiene suerte en la vida.
No consigue sacarse el carné de conducir, ni aprobar una asignatura que le queda para pasar de curso.
Sus relaciones con los hombres son poco acertadas.
Cuando deja la vivienda de sus padres, su madre aprovecha para dedicar su habitación a un despachito.
Su padre, lejos de apoyarla, le reprocha su inutilidad.
Le gustaba la música, pero un mal profesor la hizo desistir de sus ilusiones.
El abuelo Henri tampoco es muy feliz.
Fue contable por resignación.
Su hijo ha seguido su mismo destino, cuando él esperaba algo mejor.
Su esposa perdió la vida en un ridículo accidente por culpa del alcohol.
Su nuera es tontica, de esas personas que no son mala gente pero insoportables.
Vive solo y amargado.
Admite a Constance porque accede chantajeada a un plan absurdo para deshacer el matrimonio de su hijo…
La peli es, en realidad, una dramedia, con momentos tristes y otros de comedia, pero sin perder el norte de la realidad, sin volverse chabacana.
Contrastan mucho los dos personajes protagonistas, los ya mencionados, muy de verdad, con el hijo y la nuera que son bastante ridículos, poco creíbles.
La peli habla de las ilusiones rotas y de lo importante que es contar con apoyo para luchar e intentar conseguirlas.
Cuando el relato avanzaba esperaba un avance simplista con el típico abuelo huraño que se transforma en bondadoso. Eso ocurre, en parte, pero la peli es más rica con muchos más elementos de interés.
Destacar a la suiza Noémie Schmidt que interpreta a una muchacha torpe y encantadora.
¿Sirve esta peli para que me reconcilie con la comedia francesa?
Leo críticas muy malas de especialistas españoles.
En cambio, mi amigo Diego Gismero la alaba. Es un gran especialista en cómics.
Me encuentro en la fila de las taquillas de los Multicines Guadalajara con Santiago, otro gran cinéfilo, o como él se define coprocinéfago y se la está recomendando a un amigo que, de hecho saca su entrada.
El cine de super-héroes se ha ido infantilizando y una una revisitación del género como la que realiza James Mangold hacía falta.
Logan es un western crepuscular.
Lobezno es un héroe caído. Hastiado de la vida y de su existencia, atormentado, lleno de remordimientos, de pesares, alcoholizado, incapaz de empatizar y netamente autodestructivo.
Solo le mueve sostener al decrépito Profesor Xavier.
Ambientado en 2029. Unos USA distópicos donde se persigue a los mutantes hasta el exterminio y donde la esperanza está en Canadá.
La peli se rodó antes que Donald J. Trump llegará a ganar las elecciones. Por lo tanto es una parábola involuntaria de la Nueva América.
Si hay dos palabras en el cine que me motivan son: crepuscular y distópico.
En consecuencia la peli me ganó desde el principio.
Para colmo de venturas la presencia superpotente de X-23 (Laura Kinney), interpretada por ese portento de niña Dafne Keen Fernández, de origen español.
No puedo pedir más.
La peli es violenta, triste, desoladora, pesimista. Un chute en vena de buen cine.
No olvidar el homenaje explícito a Raíces profundasde George Stevens, protagonizada por Alan Ladd.
El concepto de solitario errante en busca de justicia, posiblemente dé sentido a la vida futura de Laura.
Esta semana hemos hablado, Mónica Gallo, Diego Gismero y yo, del Cine Club Alcarreño, del Taller de Cine de Azuqueca de Henares y de las siguientes películas: Bar Bahar, El discreto encanto de la burguesía y Logan.
Drew Barrymore, una agente inmobiliaria enseñando una casa se pone loca vomitando litros y litros de bilis y un zurullo, cuando se recupera es un zombi.
El primer capítulo no pierde el tiempo y nos desarrolla la historia con una magistral mezcla de síntesis y humor.
El tono gore ocasional de los primeros capítulos se desinfla y va volviéndose más blandita, lo que hace que decaiga el interés.
Porque ver a la siempre joven Barrymore devorando ansiosamente a un chicarrón tiene mucho atractivo.
Tal vez, después de ella, los personajes más interesantes estén en la casa de al lado.
La madre, más que interesante Mary Elizabeth Ellis, y su hijo, adolescente friki enamorado Skyler Gisondo.
El desarrollo en ese barrio residencial, con amplios jardines y muchos secretos, me recuerda a la magnífica serie Mujeres desesperadas.
La primera temporada se pasa en un suspiro.
A la segunda temporada le pido más violencia, más gore y menos rollito blandito familiar.
Este japonés solo aporta en su curriculum haber escrito un libro hace quince años.
Ahora se dedica a espiar a su ex, realizar pequeñas extorsiones y dar sablazos a su hermana y su madre.
La esposa (por interés te quiero Andrés) festeja con un gordote gritón, pero con poderes.
El hijo quiere ser funcionario de mayor.
La abuela, es el mejor personaje, con comentarios irónicos y sarcásticos aporta el punto más divertido a la historia. Sigue empeñada en que los divorciados se junten y aprovecha un ciclón…
A diferencia de la peli belga, ésta es más entretenida y tiene más fondo, más poso.
La película pretende ser divertida y cómica con tres premisas fundamentales.
Primera:
Los cuñados aliándose.
Situación absolutamente inverosímil. Todo el mundo sabe que los cuñados nunca se ponen de acuerdo.
Segunda:
Los novios de las hijas.
No sé porqué, pero los novios de las hijas, por muy perfectos que sean, nunca te terminan de gustar.
Tercero:
Los actores.
José Coronado, Javier Cámara y Roberto Álamo, los tres inconmensurables y saben componer unos padres cabreados estupendos.
Con estas tres patas se sostiene esta comedia.
El problema es que se agota ocasionalmente y las situaciones cómicas solo funcionan de vez en cuando.
Hay momento hilarantes y otros francamente torpes y en los que se pasa vergüenza ajena.
Nunca llega a ser hiriente, se queda en un humor blanco desprovisto de mala leche (desnatada y sin lactosa) para que no moleste a nadie, para que nadie se pueda sentir ofendido.
Siempre he defendido que el gran Agustín González era el que mejor se cabreaba en el cine español.
Ya tiene un magnífico sucesor en Roberto Álamo.
Cuando se enfada tiembla el misterio.
Estupendos los cameos de Manolo Solo, Luis Callejo y Manuel Burque, este último también guionista.
La conclusión final y triste es que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Ninguno de los personajes ha triunfado, ni lleva una vida normal, ni ha conseguido integrarse.
El estilo narrativo, descarado y desafiante de Boyle en Trainspotting de 1996 se mantiene, incluso se amplifica.
Las referencias a la peli de hace veinte años son continuas.
Las relaciones entre Stoddart y Renton son de amor odio.
La búlgara Verónica tiene la capacidad de apreciar la intensa relación de estos dos personajes reviviendo un pasado, que recuerdan con una profunda nostalgia.
Spud se nos descubre como un magnífico escritor, también descubierto por Verónica.
Begbie sigue tan psicópata como siempre. Tal vez más.
Es el personaje más trágico, pero al mismo tiempo el más cómico.
Su nivel de control de impulsos no ha mejorado.
Afortunadamente su hijo no ha heredado sus “virtudes”.
El mejor personaje, el más positivo, el más inteligente, el que sabe aprovecharse de la situación es la bella Verónica.
Interpretada por la atractiva Anjela Nedyalkova, una actriz que tiene la virtud natural que la cámara la quiere.
Ojalá Dios nos dé salud a todos para dentro de veinte años ver T3.
Me la recomendó encarecidamente mi amigo Jesús Hernando.
También se puede interpretar como un western moderno.
Cinco hombres fracasados con pasados complicados que en lugar de acarrear ganado desde Texas a California, pintan la raya de una carretera de tercera en lo más profundo del México olvidado.
Como todos los viajes no solo son físicos sino, sobre todo, personales.
Estas almas solitarias evolucionarán y terminarán comprendiéndose.
La peli tiene un carácter agrio, pesimista, casi nihilista que lo enlaza con los westerns crepusculares.
Dos episodios que me sobran, que chirrían.
La muchacha de la finca La Chingada, demasiado enamoradiza.
La feria en el pueblo donde pernoctan, demasiado visto.
Además de lo dicho, la peli sabe combinar comedia y drama, como la vida misma.
Basa todo en los diálogos que son continuos y agotadores.
Denzel Washington no para de blablablá.
Está descomunal, pero Viola Davis se lo merienda.
Cada vez que la cámara la enfoca todo queda pequeño ante su presencia.
Su interpretación es soberbia, impresionante, poderosa.
Tal vez el Denzel Washington director se haya dado cuenta que el Denzel Washington actor queda eclipsado por el torrente (al que la cámara adora) de Viola.
Fences habla de la relaciones (difíciles) de un padre negro y sus hijos.
De las diferentes expectativas y anhelos, en una sociedad marcada por el racismo en Pittsburgh, en Pensilvania.
. Troy Maxson, a pesar de su verborrea, de su filosofía de barra de bar, de su encanto personal, no es una buena persona.
No se porta bien con sus hijos, ni con su esposa.
Se llena la boca diciendo que Rose Maxson es lo mejor que le ha pasado, pero busca fuera de su casa la felicidad o, tal vez solo, la diversión.
No para de echar en cara que todos comen gracias a él y la casa en la que vive la consiguió gracias a la enfermedad de su hermano al que termina recluyendo.
Cuando asciende en su trabajo olvida a su amigo Bono.
Troy no es buena gente.
Fences es demasiado teatral. Demasiado diálogo. Sobredosis de Denzel Washington.
“Se han cambiado los nombres para respetar a los vivos. Pero se han mantenido los hechos para respetar a los muertos”.
Este Fargo II recopila todo lo positivo que se puede esperar de una serie.
Hay elementos de comedia negra de los Cohen, intriga, asesinatos a lo Tarantino y mucha diversión y mala leche.
Con el retrato de fondo de esa América profunda, conservadora, rural, en la que nunca pasa nada hasta que de pronto la situación se derrumba y los crímenes se suceden en avalancha.
Donde dos personajes simples y bobalicones como son el carnicero y la peluquera, ni son tan simples, ni son bobos.
Saben defenderse y de ser las víctimas propiciatorias pasan a ser verdaderos supervivientes.
Hay algo en ellos que me crea complicidad. Con ellos me siento identificado.
Son el americano medio, con anhelos pequeños en mundos pequeños, pero que en situaciones extremas reaccionan y se hacen grandes, invencibles.
Imposible llegar a contar los cadáveres.
No hay personaje desperdiciado, ni mal construido.
Además se juega hábilmente con el tempo cinematográfico para contar la historia desde diferentes puntos de vista, jugando de manera fascinante con el espectador.
Una serie excepcional, de lo mejor que se ha hecho para televisión.
¿Porqué el indio hace lo que hace?
Nos quedaremos con la incógnita, lo que nos permite elaborar teorías personales.
La vi cuando se estrenó y no la había vuelto a visitar desde entonces.
Mi recuerdo estaba nublado.
Un placer inmenso disfrutarla en pantalla grande.
Me emociono al escribir de ella.
Porque El espíritu de la colmenarecoge y sintetiza todo lo que para mí es buen cine, cine de verdad.
Cine que no te lo explica todo, sino que tienes que descubrir, que indagar, que imaginar.
En el que las imágenes son más importantes que los diálogos.
Cine desnudo de artificios, con fotogramas tan potentes que te impactan de forma aislada y en conjunto te transforman.
Ese paisaje castellano de Hoyuelos en Segovia, donde el sol no luce, donde hace frío y viento.
La miseria se palpa, se siente. Calles de barro, edificios en ruinas.
La pobreza de la posguerra, que no hace falta que se verbalice para padecerla con sus habitantes.
Esa cruda realidad enfrentada al mundo infantil y onírico de estas dos hermanicas.
Por culpa de una película se encuentran con la verdad de la muerte.
Inmensa paradoja que por la ficción descubran la realidad.
Su manera de afrontarla es diferente.
Isabel la sume, incluso la simula engañando a su hermana.
Ana, en cambio, no es capaz de comprenderla y la mira con asombro.
Los personajes tienen los nombres de los actores porque Erice no conseguía hacer comprender a las niñas la diferencia entre realidad y ficción.
No entendían que cuando rodaban se llamaran de forma diferente, por eso decidió mantener sus nombres.
Con esto es fácil asimilar que las niñas no actúan sino que interpretan su realidad ante una cámara.
Por eso su actuación es perfecta, es verdad.
No sé cómo he podido vivir más de cuarenta años sin volverla a ver,
Esto es una obra maestra, es cine de verdad, del mejor.
Queridos Jose y Susana, siempre estáis acertados en la elección de las películas, pero con ésta, al menos conmigo, habéis dado en el clavo perfectamente.
Infinitas gracias.
Después vimos un montaje de los que elaboran los dos coordinadores sobre pintura y cine, sencillamente maravilloso.
Hace días mis hermanas me contaron que la recaudación que obtuviera esta peli era con fines solidarios.
Varios amigos me advirtieron también.
Cuando entro al cine me encuentro con el magnífico colaborador de El Heraldo del Henares José Manuel Belmonte y su esposa Ángela.
Me advierten en tono cariñoso: “habrá que hablar bien de la peli“.
Demasiada presión.
Solo un desalmado podría hablar mal de un producto buenista destinado a fines benéficos.
La sala estaba a rebosar, sobre todo público femenino.
Las personas que me rodeaban disfrutaron de la peli. Rieron, se emocionaron…
Me debato entre dar mi opinión (verdadera) o simplemente callar.
Cuando empecé a escribir de cine me prometí hacer comentarios sinceros, no dejarme influir por los críticos sesudos o por las circunstancias de la peli.
Pidiendo perdón por lo que voy a decir no puedo evitar decirlo.
La peli trascurre en una especie de realismo mágico, pero canadiense, lo cual no deja de ser francamente chirriante.
El protagonista no puede caer bien, incapaz de aceptar el don divino que posee, el de la sanación.
La mayoría de las escenas resultan ridículas y el tratamiento de las enfermedades es tan simplista que produce irritación.
El uso de la niña con cáncer es sencillamente obsceno, intentando emocionar al espectador de la manera más chapucera y vergonzante que se ha visto.
La realización es de telefilm barato, sin el más mínimo toque de originalidad.
Todo es buenismo y simplismo, con un tratamiento de los sentimientos tan burdo que resulta barato y lo degrada.
No todo son las buenas intenciones, que son loables, hay que adjuntar también un producto de calidad real para que ese voluntarismo sea de verdad.
Independientemente de lo dicho, deseo que recaude mucho.
Pero cada espectador que paga su entrada debe tener claro que el 21% se lo quedará el señor Montoro, que no ha manifestado la más mínima intención de darlo para los mismos fines benéficos que su creador.