Fernando Colomo con 72 años es un de los directores con los que he ido convivido a lo largo de mi vida, desde Tigres de papel, pasando por ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?, Miss Caribe, Bajarse al moro, la serie Las chicas de hoy en día o Los años bárbaros.
La tribu, no se llevará ni un Oscar ni un Goya, pero es una peli que me ha gustado y divertido de principio a fin.
Me ha tocado la fibra sensible y me ha emocionado.
La historia es sencilla y la dirección de Colomo también simple, sin virtuosismos, sin planos cogote.
Porque el cine de Fernando es directo, sin que haya nada de aparentemente trascendente, presenta un cine comercial.
Pero los temas que trata son de máximo interés.
A mí este grupo de “mamis“, de barrio periférico de cinturón industrial que encuentran una terapia en el baile, me entusiasma. Me parecen tan de verdad que me llegan al corazón.
La historia del ejecutivo sin escrúpulos que se redime gracias a vivir la realidad de los parados que ha ocasionado también me gusta, aunque no sea muy original.
El ambiente de clase obrera solidaria y la reinvindicación de la mujer como motor de las familias de clase baja me parece muy acertado.
Encima los números musicales son muy divertidos, realizados con la naturalidad adecuada.
Cine sencillo, de pobres con mensaje de optimismo.
Carmen Machí en estado de sempiterna gracia.
Paco León cumple.
Me hace gracia ver a Jorge Asín y a Marisol Aznar que conozco por el programa de la televisión autonómica aragonesa Oregón TV, el equivalente al Vaya Semanita en maño.
Saga Norén (detective sueca de Malmö) ha de resolver un nuevo caso ayudada de Henrik (policía de Copenhague), después que a Martin lo metiera en la cárcel.
Estos asesinatos tienen un cierto aire a Seven, pero en lugar de retratar los pecados capitales, representan obras artísticas contemporáneas.
La trama es bastante enrevesada y compleja, con algunos detalles muy cojidos por los perlos.
Pero funciona como vehículo para contar lo más importante.
Saga y Henrik son dos personas profundamente heridas por la pérdida de seres queridos.
Ella padece síndrome de Asperger, él alucinaciones dentro de un trastorno delirante del que hace autocrítica.
La madre de Saga destrozó su infancia y la de su hermana y quiere terminar arruinando su estable y ordenada vida actual.
El personaje de la protagonista, magníficamente interpretado por Sofía Helin, se mueve entre el drama, la compasión y el humor.
Su falta de empatía y la incapacidad de comprender los sentimientos de los demás produce situaciones incómodas y ridículas.
Saga se mueve en un mundo de expresiones no verbales y de sentimientos que no comprende, que se le escapan.
También está el ambiente sucio y plomizo de estos dos países nórdicos.
Siento un extraño placer en comprobar que la vida en “los paraísos del norte” no es tan idílica como siempre hemos pensado.
La trama está salpicada de marginales, de historias turbias de adopción, de fábricas abandonadas y vertederos.
He vuelto a disfrutar mucho con esta tercera temporada.
Netflix estrena esta peli de ciencia ficción que se hubiera merecido pantalla grande.
Aniquilación la podríamos clasificar dentro del cine de este género más intelectual.
Repleta de elementos con carga científica y existencial.
Además es una peli con protagonismo claramente femenino.
Está fenomenal que las mujeres sean las únicas componentes de esta expedición a un espacio desconocido. Hemos visto mil veces a los hombres realizar estas funciones y ya estamos hartos.
Natalie Portman protagoniza esta peli con la combinación perfecta de energía y sabiduría, es una científica con formación militar.
Hay un claro homenaje a Kubrick al llamar a ese espacio extraño El Resplandor.
También podemos adivinar reminiscencias de La isla del Doctor Moreau.
Discurre con una atmósfera turbadora en lo físico y en lo mental.
Estas expedicionarias se adentran en un espacio ambiental peligroso con monstruos y belleza desbordada, pero también sus mentes se ven agredidas por sensaciones extrañas y delirios aterradores.
Todo ello se trasmite al espectador. Ciertamente se pasa mal.
Además está el rollo científico y metafísico que ya tocara Alex Garland en su anterior peli Ex Machina, planteando la diferencia entre inteligencia artificial y humana.
Aquí incide tangencialmente en la idea tenebrosa de la apariencia como sistema de invasión alienígena.
Siempre hemos pensado en la invasión extraterrestre como individuos que vienen a nuestro planeta, por error como E.T. o con malvadas intenciones por Independence Day.
¿Pero si lo que nos invadiera fuera el ADN de fuera de la tierra que mutara nuestras células y la de todos los seres vivos. No para destruir sino para modificar radicalmente?
Estamos ante una peli muy interesante que plantea cuestiones nuevas en la ciencia ficción.
El género acaba de dar un paso hacia delante.
No apta para personas sin conocimientos en mitosis celular.
Perfecta para culturetas de la CF que quieren ir más allá.
La trama es francamente absurda. Tan estrambótica que resulta divertida.
Experimentar con animales peludos para que por medio de manipulación genética conseguir una hermosa cabellera en humanos.
Hay rollo buenista familiar, acoso escolar, animales del bosque simpáticos y un malo muy de manual.
No hay grandes novedades, ni meditaciones profundas, ni mucha moraleja.
Una peli posiblemente olvidable, pero que funciona bien como vehículo de entretenimiento familiar. Que divierte a los más pequeños y no ofende a personas de edad.
El dibujo es limpio y agradable, poco original.
Lo más curioso es que se trata de una producción belga.
La historia gravita en un triángulo: Reynolds Woodcock (Daniel Day-Lewis), su hermana Cyril (Lesley Manville) y la joven Alma (Vicky Krieps).
Reynolds es el modisto de la clase poderosa londinense en la posguerra, egocéntrico y maniático, pero torpe sentimentalmente.
Cyril es el cerebro de la familia, calculadora y enigmática.
Alma es espontánea y alegre. Abrumada por la vida compartida con un genio, de mal genio.
En este polígono de tres lados no es posible el equilibrio.
Woodcock pasa de la admiración a la irritación.
Paul Thomas Anderson continua con la marca de la casa imponiendo un ritmo pausado, expositivo con planos bellos y con música de piano que se nota demasiado, cobrando un protagonismo ciertamente molesto.
La historia cobra fuerza en su parte final, cuando Alma y los espectadores comprendemos que esa relación se transforma en intensa y apasionada cuando Reynolds se convierte en un ser débil.
Alma hace lo necesario para conseguir ese estado de simbiosis entre la pareja y todo termina felizmente cuando el diseñador comprende que efectivamente es así.
Tal vez para asimilar lo que digo hace falta ver la peli.
Day-Lewis nominado, pero los tres están en estado de gracia.
Encontré un fallo en el guión que no voy a publicar, si alguien quiere saberlo le envío un mensaje privado.
La peli ejerce una cierta fascinación en mí, aunque reconozco que cuando más me atrajo es al final.
Elio Perlman tiene 17 años y pasa el verano en La Toscana con sus padres, unos intelectuales judíos que invitan a un joven y bello antropólogo a su casa.
Elio durante esta estación descubre el amor, el valor de la amistad y la pasión.
Pero también experimenta el dolor que produce el amor vivido con gran intensidad.
Esta peli italiana se coló para los Oscars a mejor película.
Era la última que me faltaba ver de las nueve nominadas.
Compone un magnífico relato del amor adolescente.
Narra también de manera correcta la vida de esta familia burguesa culturalmente elevada, tolerante y civilizada.
Me gusta mucho la relación amorosa entre Elio y Marzia (maravillosa Esther Garrel).
Pero hay escenas repetidas, sin mucho objeto en el contexto del relato, que ralentizan la acción, con la molesta sensación de no pasar nada.
Además el metraje es muy extenso (130 minutos), que unido a lo anterior hace que la peli se perciba como muy larga.
Yo no le veo la belleza que otros críticos perciben.
Agradezco mucho que Luca Guadagnino no haya incluido el terrible recurso de la voz en off.
Lo siento, no lo puedo evitar, pero Armie Hammer me cae como el culo.
Lo veo como un pervertidor de menores, seguramente por mis prejuicios hacia él.
Un plató extraordinario, los Multicines Guadalajara.
Una invitada de postín, la joven comunicadora y periodista Cristina Toledano, supersimpática nos contó sus preferencias cinematográficas, con sus filias y sus fobias.
Esta semana en nuestra tertulia semanal, Mónica Gallo, Diego Gismero y un servidor hemos hablado de pelis del Cine Club Alcarreño, de estrenos en los Multicines Guadalajara y de pelis de Netflix.
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Pero sobre todo he manifestado mi rechazo a un recurso tan triste como el plano cogote.
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Programa semanal para radio y televisión dedicado al cine y a las series.
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Coordinado por José Luis Solano y con la presencia del productor y cinéfilo Diego Gismero y con la del crítico de cine Ramón Bernadó.
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Espacio grabado en Zoom para Alcarria TV y EsRadio Guadalajara.
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Se analizan las películas que son estrenadas en los Multicines Guadalajara y las series de todas las plataformas de streaming.
La Mansión Winchester es una mansión ubicada en San José, California.
Esta mansión consta de 4’5 acres (24.000 m²).
Fue la residencia de Sarah Winchester, la viuda del magnate inventor del rifle de repetición William Wirt Winchester.
La casa estuvo en constante construcción durante 38 años, hasta que Sarah falleció.
Pagó aproximadamente 3.086.000 dólares de 1922, lo que equivaldría a 71 millones de dólares de hoy.
Hoy la mansión es usada como un museo, atractivo turístico, nombrada La Mansión Misteriosa de Winchester (Winchester Mystery House, en inglés).
Es denominada también “el lugar más embrujado de todos los Estados Unidos”.
La casa consta de 160 cuartos, incluyendo 40 habitaciones, 4 pisos, 476 puertas, 6 cocinas, 52 tragaluces y 2 salones de baile (uno de ellos sin acabar).
También incluía 47 hogueras, 17 chimeneas (y restos de otras 2), más de 10.000 paneles de cristal, 2 sótanos, 3 ascensores y lámparas de gas que se encendían con un botón.
Contaba con sólo una bañera y dos espejos en toda la casa, pues según Sarah los fantasmas le temen a su propio reflejo.
Había incluso baños que eran en realidad falsos.
La estructura de la casa era bastante atípica, ya que en ella se pueden encontrar escaleras que no llevan a ninguna parte, puertas pequeñas y puertas grandes que al ser abiertas llevan a paredes o al vacío, ventanas adentro de la misma casa y otras cosas extrañas.
Dice la leyenda que en esa casa habitan miles de espíritus que atormentaron a su dueña hasta su muerte, lo que hace que se haya convertido en la casa más embrujada de todos los tiempos.
Además, personas que arbitrariamente entraron en esta casa jamás salieron.
Esto que he copiado de la Wikipedia es muy interesante.
La peli, en cambio, es un aburrimiento.
Es una producción australiana protagonizada por Helen Mirren que realiza un trabajo claramente alimenticio.
Como es de suponer se trata de un relato de casa encantada, de niño poseído y de fenómenos poltergeist y nada más.
Todo es previsible. Con cuatro sustos de manual y poco más.
Muchas veces es mejor la realidad que la ficción. Éste es uno de esos casos.
Hay unos premios que dan los blogueros de cine que son los Blogos de Oro.
Pertenezco desde hace años a esta asociación, que exige muy poco a sus socios.
Hay premios a muchas candidaturas y una es al mejor baratometraje.
Son películas hechas con muy poco presupuesto echando mano de amigos y familiares, pidiendo favores a actores y técnicos y usando el crowdfunding como recurso principal.
Pelis que salen adelante con mucho entusiasmo y mucha ilusión pero con muy poca pasta.
Una producción así cae simpática por principios. Por lo que se suele ser más indulgente y más generoso.
En Dhogsencuentro elementos turbadores en el fondo y en la forma.
La presentación como si fuera una obra de teatro con elementos confusos para el espectador y al final un elemento añadido de videojuego.
Todo ese guirigay de elementos me confunde, pero me fascina al mismo tiempo.
La historia que cuenta es bastante turbia, creando inquietudes diferentes en mi persona.
Un relato sucio e inmisericorde con personajes desoladores, solitarios y perdedores y algunos terriblemente malvados, con elementos de western y de comedia negra (muy negra).
Lo que más se aprecia ahora es el hacer algo original, diferente, que a la vez eche mano de recursos clásicos con homenajes al mejor cine. Eso lo consigue Andrés Goteira.
Disney se ha superado consiguiendo las más ínfimas cotas de aburrimiento.
Un pliegue en el tiempo tiene un relato inconexo, con una trama gratuitamente fluctuante, sin que haya nada que sirva de ligazón en una historia que parece improvisada sobre la marcha con unos guionistas pasados de alcohol y éxtasis, pero de mala calidad (garrafón y corte con polvos de talco).
Las actuaciones son de traca. Ningún personaje me generó empatía alguna, removiendo mis más despiadados instintos asesinos que desconocía tener.
Pero al que más rabia cogí fue al repelenteniñovicenteCharles Wallace, que despertó sentimientos de agresividad que me dieron miedo.
Aunque Reese Witherspoon interpretando a una de esas tres hadas espaciales también me alteró bastante.
La peli me hundió en el tedio, me sumergió en un espacio-tiempo de aburrimiento sin remisión, deseando que la araña oscura se me comiera para acabar con ese tormento torpe y almibarado.
Porque al final el amor puede con todo. Con un the end made in Disney que mataría de coma diabético a una legión de insulinodependientes.
Dos aspectos son muy interesantes en esta peli: los personajes y el retrato de la sociedad americana.
La trama parece que ocupara un lugar secundario, que solo sea el pretexto para presentar lo dicho.
Robert tenía un futuro prometedor como pianista, pero huye de su familia estirada y opresiva.
Desea vivir con libertad absoluta, por lo que rechaza el amor de su novia.
Su compañero de trabajo en pozos petrolíferos vive en una caravana con su esposa adipta a la pequeña pantalla y su niño. Pasado turbio, inteligencia escasa.
Rayette se aleja mucho de ser cultureta, trabaja de camarera y su relación con Robert se distancia mucho de ser productiva.
La hermana del protagonista es de lágrima fácil y parece presentar un grave desequilibrio emocional.
Su hermano ha dejado de tocar el violín por un problema cervical que parece haber aumentado su gilipollez congénita.
La cuñada le pide marcha. ¡Qué mundo éste, el del cuñadismo!
El cuidador de su padre es un exmarinero, dedicado al culturismo. Mantiene una relación peculiar con esa familia.
El padre víctima de un ictus con el que ha podido hablar desde que padece un grave deterioro cognitivo.
Dos autoestopistas animalistas y veganas, enfadadas con el mundo.
Amistades con discursos pedantes, soberbios y vacíos en los que las palabras se unen brillantemente para deslumbrar al oyente, más que para decir algo con enjundia.
Ya veis que galería de personajes.
El retrato de una sociedad de obreros alienados por la televisión y de culturetas llenos de sentimientos de superioridad, pero vacíos sentimentalmente.
Con estos personajes ¿para qué queremos mucha trama?
Nunca he sido capaz de entender a Richard Linklater y sus pelis nunca han despertado en mí pasiones.
Fijaros que la peli que más me gusta del director texano es Escuela de Rock. No te quiero contar más.
La última bandera se debate entre la comedia y el drama, cuestión que me suele agradar, pero que en esta ocasión me ha producido una sensación incómoda, un poco desasosegante.
Tres veteranos marcados por la Guerra del Vietnam y por un suceso luctuoso, que no se explica bien, se reúnen para el funeral del hijo de uno de ellos muerto en Iraq.
Los actores defienden sus papeles con desigual convicción.
Steve Carell poco expresivo, Laurence Fishburne con poco interés y Bryan Cranston explosivo.
Con un argumento errático, pero esperable, no consigue definir bien el mensaje de Linklater. Termina siendo condescendiente con todos y con todo, en busca de la aprobación general.
En esta peli se habla de una conversión. Un periodista ateo, que solo cree en los hechos, se convierte al cristianismo.
El formato es claramente de telefilm.
Cuando se quiere hacer una peli militante que defiende una postura se ha ser prudente en intentar camuflar la intencionalidad, porque un discurso demasiado explícito puede traicionar el mensaje.
Lee Strobel es presentado como un descreído militante e intolerante al que le repugna toda actividad cristiana. Cuando su esposa empieza a ir a la iglesia se le revuelven las tripas y no quiere mantener esa relación.
Además tiene problemas con la bebida e incluso, a veces, resulta violento.
El retrato de este personaje es demasiado cruel, lo cual predispone al espectador en contra suya y de sus ideas.
Hay un afán en la peli en demostrar la verosimilitud de los hechos relatados en el Nuevo Testamento en relación a la muerte y resurrección de Cristo, cuando eso solo puede ser cuestión de fe.
Por mucho que la narración se empeñe en mostrarnos como se comprueban históricamente estos sucesos, ellos en sí mismos no demuestran nada.
La creencia en la existencia de Dios es una cuestión de pura fe.
Nada puede demostrar ni lo uno, ni lo contrario.
El discurso de la peli es tan maniqueísta, el relato tan tosco e inconsistente y el episodio del reconocimiento por parte del periodista de la conversión tan penoso, que desvirtúa el posible mensaje positivo de la peli.
No se puede hacer de esta cuestión una triste e infumable parodia, queriéndole dar, además, un carácter científico.
Una peli de formato penoso con un mensaje bienintencionado, pero gestionado con un desatino penoso.
Ser ateo es tan respetable como ser cristiano o budista o hinduista. Ni más ni menos.
No olvidemos nunca que las peores cosas se han hecho en nombre de Dios y de la patria.
El cine giallo es un subgénero cinematográfico de origen italiano, derivado del thriller y del cine de terror, que tuvo especial vigencia durante los años 70, época en la que disfrutó de un considerable éxito comercial.
Es uno de los principales precursores del slasher, sobre el que tuvo gran influencia.
El nombre de “giallo” (amarillo en italiano) hace referencia al color de las cubiertas de ciertas novelas policíacas baratas que fueron editadas en la década de 1930 en Italia y de las que el género toma gran parte de sus argumentos y elementos formales.
Desde el punto de vista estilístico, el giallo se diferencia del thriller policiaco tradicional por su tendencia a abusar de clichés psicoanalíticos y por dar mucha más importancia a lo puramente formal que a la coherencia de la trama, que en ocasiones parece una mera excusa para dar consistencia a la parte visual.
Otra característica diferencial del género es una tendencia a recrearse en la violencia explícita rayana en lo morboso, que, sin embargo, suele ser tratada de un modo deliberadamente irreal y estilizado.
Otra clave del género es la tendencia (que se agudizaría con los años) a dotar a sus asesinos de ciertas características casi-sobrenaturales.
Que nadie piense que todo lo anterior es cosecha propia es un copiapega de la Wikipedia.
¿Porqué os cuento esto?
Esta The Love Witchme ha recordado este género cinematográfico que a mí me embriaga.
Se trata de cine de segunda con unas claves que no pueden ser aceptadas por un público convencional que ven una chapuza en obras de este estilo.
Porque en The Love Witch todo es impostado y falso. Todo es premeditadamente banal y artificioso, creando una atmósfera que o te fascina o la rechazas.
Cuando salía de la sala del cine, Alberto Sanz director del Cine Club conversaba con amigos, un poco alejado le grité: “seré el único, pero a mí me ha gustado“.
Siempre me había preguntado si Santiago Segura sabría hacer algo más que sus Torrentes, que han ido descendiendo en caída libre desde que en 1998 estrenara Torrente, el brazo tonto de la ley.
Aquí se dedica a hacer un remake de una peli chilena que ya tiene remake mexicano. Algo innecesario.
Apuesta por éxitos previos.
Compone una comedia que intenta reflejar el estrés de una mujer moderna y bondadosa de la que todos los que la rodean abusan y no valoran en un mundo digital. Posiblemente la historia de muchas mujeres en este país.
La peli da la sensación que discurre a pedazos sueltos, con escenas algo inconexas, con la impresión de falta de coherencia en la narración. Algunos de estos sketchs funcionan y levantaron en mi rostro alguna sonrisa y otros simplemente me dejaron indiferente.
La peli gana cuando se desata Un día de furia y Maribel Verdú (de la que luego hablaré) suelta por esa boquita verdades como puños que, confieso, me gustaron escuchar.
Santiago Segura fiel a su tradición se dedica a sacar famosos y famosetes en pequeños papeles. Lo que distrae de la narración y no aporta nada al desarrollo de la trama.
La peli se deja ver, con un mensaje positivo de reivindicación de la afirmación de uno mismo.
Maribel siempre ha demostrado ser una actriz inconmensurable y aquí lo reafirma.
Capaz de sacar oro del barro, interpreta a la perfección su papel, un papel que podría caer en el ridículo, ella lo eleva a la categoría de gran personaje, sabiendo adaptarse a cada situación a la perfección.
La Verdú es muy grande y levanta una peli, que sin ella no merecería el aprobado que le voy a poner.
A ella le pongo un diez, a la peli un cinco y poco.