En esta peli se habla de una conversión. Un periodista ateo, que solo cree en los hechos, se convierte al cristianismo.
El formato es claramente de telefilm.
Cuando se quiere hacer una peli militante que defiende una postura se ha ser prudente en intentar camuflar la intencionalidad, porque un discurso demasiado explícito puede traicionar el mensaje.
Lee Strobel es presentado como un descreído militante e intolerante al que le repugna toda actividad cristiana. Cuando su esposa empieza a ir a la iglesia se le revuelven las tripas y no quiere mantener esa relación.
Además tiene problemas con la bebida e incluso, a veces, resulta violento.
El retrato de este personaje es demasiado cruel, lo cual predispone al espectador en contra suya y de sus ideas.
Hay un afán en la peli en demostrar la verosimilitud de los hechos relatados en el Nuevo Testamento en relación a la muerte y resurrección de Cristo, cuando eso solo puede ser cuestión de fe.
Por mucho que la narración se empeñe en mostrarnos como se comprueban históricamente estos sucesos, ellos en sí mismos no demuestran nada.
La creencia en la existencia de Dios es una cuestión de pura fe.
Nada puede demostrar ni lo uno, ni lo contrario.
El discurso de la peli es tan maniqueísta, el relato tan tosco e inconsistente y el episodio del reconocimiento por parte del periodista de la conversión tan penoso, que desvirtúa el posible mensaje positivo de la peli.
No se puede hacer de esta cuestión una triste e infumable parodia, queriéndole dar, además, un carácter científico.
Una peli de formato penoso con un mensaje bienintencionado, pero gestionado con un desatino penoso.
Ser ateo es tan respetable como ser cristiano o budista o hinduista. Ni más ni menos.
No olvidemos nunca que las peores cosas se han hecho en nombre de Dios y de la patria.
El cine giallo es un subgénero cinematográfico de origen italiano, derivado del thriller y del cine de terror, que tuvo especial vigencia durante los años 70, época en la que disfrutó de un considerable éxito comercial.
Es uno de los principales precursores del slasher, sobre el que tuvo gran influencia.
El nombre de “giallo” (amarillo en italiano) hace referencia al color de las cubiertas de ciertas novelas policíacas baratas que fueron editadas en la década de 1930 en Italia y de las que el género toma gran parte de sus argumentos y elementos formales.
Desde el punto de vista estilístico, el giallo se diferencia del thriller policiaco tradicional por su tendencia a abusar de clichés psicoanalíticos y por dar mucha más importancia a lo puramente formal que a la coherencia de la trama, que en ocasiones parece una mera excusa para dar consistencia a la parte visual.
Otra característica diferencial del género es una tendencia a recrearse en la violencia explícita rayana en lo morboso, que, sin embargo, suele ser tratada de un modo deliberadamente irreal y estilizado.
Otra clave del género es la tendencia (que se agudizaría con los años) a dotar a sus asesinos de ciertas características casi-sobrenaturales.
Que nadie piense que todo lo anterior es cosecha propia es un copiapega de la Wikipedia.
¿Porqué os cuento esto?
Esta The Love Witchme ha recordado este género cinematográfico que a mí me embriaga.
Se trata de cine de segunda con unas claves que no pueden ser aceptadas por un público convencional que ven una chapuza en obras de este estilo.
Porque en The Love Witch todo es impostado y falso. Todo es premeditadamente banal y artificioso, creando una atmósfera que o te fascina o la rechazas.
Cuando salía de la sala del cine, Alberto Sanz director del Cine Club conversaba con amigos, un poco alejado le grité: “seré el único, pero a mí me ha gustado“.
Siempre me había preguntado si Santiago Segura sabría hacer algo más que sus Torrentes, que han ido descendiendo en caída libre desde que en 1998 estrenara Torrente, el brazo tonto de la ley.
Aquí se dedica a hacer un remake de una peli chilena que ya tiene remake mexicano. Algo innecesario.
Apuesta por éxitos previos.
Compone una comedia que intenta reflejar el estrés de una mujer moderna y bondadosa de la que todos los que la rodean abusan y no valoran en un mundo digital. Posiblemente la historia de muchas mujeres en este país.
La peli da la sensación que discurre a pedazos sueltos, con escenas algo inconexas, con la impresión de falta de coherencia en la narración. Algunos de estos sketchs funcionan y levantaron en mi rostro alguna sonrisa y otros simplemente me dejaron indiferente.
La peli gana cuando se desata Un día de furia y Maribel Verdú (de la que luego hablaré) suelta por esa boquita verdades como puños que, confieso, me gustaron escuchar.
Santiago Segura fiel a su tradición se dedica a sacar famosos y famosetes en pequeños papeles. Lo que distrae de la narración y no aporta nada al desarrollo de la trama.
La peli se deja ver, con un mensaje positivo de reivindicación de la afirmación de uno mismo.
Maribel siempre ha demostrado ser una actriz inconmensurable y aquí lo reafirma.
Capaz de sacar oro del barro, interpreta a la perfección su papel, un papel que podría caer en el ridículo, ella lo eleva a la categoría de gran personaje, sabiendo adaptarse a cada situación a la perfección.
La Verdú es muy grande y levanta una peli, que sin ella no merecería el aprobado que le voy a poner.
A ella le pongo un diez, a la peli un cinco y poco.
Tenía muchas esperanzas puestas en esta peli de espías con toques eróticos.
Ese cartel con el rostro de Jennifer Lawrence sobre fondo rojo me atraía.
Pero la peli es un fraude y una decepción.
Se supone que se desarrolla en la época actual, así lo delatan los móviles que aparecen, pero hablan del padre estado como si el comunismo siguiera vivo y usan disquetes como si estuviéramos en los ochenta.
Da la impresión que han cogido un relato de la Guerra Fría y lo han adaptado de forma chapucera a los dos mil.
Hay escenas muy bochornosas en la peli, especialmente las dedicadas a la Academia de Gorriones.
Sentía la extraña sensación durante todo el metraje que me estaban tomando el pelo. Un producto de diseño que combina erotismo (del malo), con violencia (gratuita), con una trama de espías dislocada por el tiempo.
He aprendido que los buenos relatos de espías son los que se mueven en la ambigüedad moral de los protagonistas, donde no hay buenos ni malos, o más bien todos son malos en un oficio que tiene poco o nada de noble.
Aquí hay dos bandos el americano de las libertades y el ruso el de la dictadura del estado.
Con sicarios soviéticos despiadados y espías made in USA bondadosos.
Nunca he sido muy fan de esta Jennifer y tampoco esta peli me ayuda a mejorar en este sentido.
En los setenta dos agentes especiales del FBI se dedican a hurgar en la mente de asesinos secuenciales o, como luego se llamarían, en serie.
Todos los personajes que se nos presentan están perfectamente perfilados. No son muchos.
Los detectives, su jefe, la profesora de universidad, la novia y los psicópatas.
Pero Joe Penhall como “creator”, David Fincher como director de la mayoría de los episodios componen unos personajes complejos e interesantes y los sitúan en ambientes enrarecidos, poco amigables.
Hace unos días asistí a una conferencia de mi amigo Daniel Ramírez sobre su experiencia en el tratamiento de delincuentes sexuales, que casualmente son los que se tratan en esta serie.
Las características comunes en ellos eran, entre otras que seguro me olvido:
Todos eran hombres.
Obtenían una satisfacción en sus actos.
No iban a parar hasta ser detenidos.
No tenían sentimiento de responsabilidad o culpabilizaban a “otros” incluso a su víctima de sus actos.
Me impresiona comprobar que los encarcelados entrevistados por los agentes especiales Jonathan Groff y Holt McCallany reúnen todas estas características.
Maravillosas la joven Hannah Gross y la un poco más madura Anna Torv, que interpretan personajes muy interesantes.
Me costó entrar en la serie, los primeros capítulos me parecieron plomizos, pero mi interés fue en aumento.
Esta ristra de premios y nominaciones justificaba su visionado:
Premios Oscar: Nominada a mejor película de habla no inglesa
Festival de Berlín: Mejor guión
Globos de Oro: Nominada a Mejor película de habla no inglesa
Premios Goya: Mejor película hispanoamericana
Premios Independent Spirit: Mejor película extranjera
National Board of Review (NBR): Mejores películas extranjeras del año
Critics Choice Awards: Nominada a mejor película de habla no inglesa
Asociación de Críticos de Chicago: Nominada a mejor película extranjera
Premios Fénix: Mejor película, dirección y actriz (Daniela Vega)
Festival de La Habana: Premio Coral Especial del Jurado y Mejor actriz (Vega)
Una pareja de enamorados celebran el cumple de ella. La noche termina con una satisfactoria relación.
Pero de madrugada él se despierta. Se encuentra mal. En el hospital muere.
Además del grave problema del fallecimiento de su pareja esta chica se encuentra con dos inconvenientes más: es transexual y la familia del difunto no lo acepta.
Marina (Daniela Vega) tiene que soportar el dolor de la pérdida sola y con los desplantes inhumanos de la familia de su pareja.
La protagonista soporta todo el peso de la película y sale airosa de un reto tan difícil, desde la contención, sin aspavientos melodramáticos.
Su entereza, su timidez, en ocasiones, me resultó molesta. Cuando se desata comparto su malestar.
La mayoría de las pelis sobre la transexualidad retratan el proceso.
Aquí en cambio se relata un suceso que marcará la vida de Marina, cuando ella tiene perfectamente clara su condición de género.
La peli es interesante, pero resulta un poco cansina con un ritmo lento.
Éstas son las pelis nominadas a los Oscar amejor peli de habla no inglesa:
Peli fundacional del Free Cinema y melodrama de fregadero.
Por circunstancias de la vida termino de ver la peli unos minutos antes que la comentemos en el Taller de Cine.
Eso me impide una cierta reflexión, pero me enriquece conocer la opinión de mis compañeros.
. Jimmy Porter (Richard Burton) se porta como un cabrón con su joven esposa y con la amiga actriz. Es un tío inteligente que usa las palabras como dardos envenenados de miseria y de odio.
Pero en cambio se muestra tierno con su benefactora que le compró un puesto de chucherías en un mercadillo.
Este individuo desagradable es solidario con un inmigrante indio.
Pero eso no lo redime. El maltrato a su mujer es terrible, inmisericorde.
La historia que me gustaría conocer es la que llevó a Jimmy a ser así.
¿Cómo un universitario llegó ha acumular tanto odio y ha caer tan bajo en una sociedad tan clasista como la británica?
Por otro lado, en mi opinión, el retrato que Tony Richardson realiza de la clase baja inglesa es terrible, con racismo y envidias, sin piedad hacia el más desvalido.
Las actrices Claire Bloom y Mary Ure están maravillosas.
Richard Burton inconmensurable con una interpretación llena de matices.
Todos en la peli se enamoran de él. Las dos féminas y el amigo. Como diría esa compañera de Daniel: ¡es tan guapo!
Sigo sin comprender a esa morena que traiciona a la amiga y a esa rubia que vuelve con él.
Esta semana en los Multicines Guadalajara hemos disfrutado, junto con Diego Gismero, de la participación de Pilar Bernadó, que ha venido de propio de Zaragoza para someterse a nuestra entrevista cinéfila.
Nos contado anécdotas de su infancia, sus pelis preferidas y nos ha hecho recomendaciones.
Esta semana tocaba analizar las películas que van a los Oscars.
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Además de Mónica Gallo, Diego Gismero y un servidor hemos contado con la presencia de la famosa Pilar Bernadó que ha venido desde Zaragoza para contarnos sobre su relación con el cine.
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Lo hemos pasado fenomenal.
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Aquí os pongo mis comentarios de las pelis nominadas a los Oscars:
Una de las cuestiones más positivas de asistir al Cine Club Alcarreño es comentar las pelis que vemos con mis amigos Rafa y Daniel.
Hacer la crítica posterior se convierte solo en un ejercicio de memoria, recordando todo lo que hemos hablado en el trayecto que va desde la salida de la sala al coche aparcado en la planta 2 del Centro Comercial, que se prolonga solo con Daniel hasta las cercanías de su casa.
Rafa desde el primer fotograma comenzó a quejarse, esas imágenes de ciervos sobre la nieve no le agradaban en absoluto.
En cambio a Daniel y a un servidor nos gustó mucho.
Podría ser un dramón (y lo es) pero tratada con cierto tono de comedia.
En cuerpo y alma es una historia de amor entre dos personas marcadas por una deficiencia.
Él padece una parálisis braquial y ella un síndrome de Asperger.
Descubren que están unidos por los sueños. Cuando duermen viven como ciervos una historia de amor.
Gran parte de la peli se desarrolla en un matadero de ganado vacuno.
Daniel, que, como todo el mundo conoce, es un sabio en psicología (y en todo lo demás), me explicó que hay una psicóloga (zoóloga, etóloga y profesora de la Universidad Estatal de Colorado) autista llamada Temple Grandin que diseñó un sistema indoloro para sacrificar animales. Posiblemente las escenas de la película sobre este tema estén dedicadas a ella.
Comentamos que ver morir a un animal en el cine impacta más que ver morir a una persona.
El espectador sabe en su interior que la muerte de un ser humano es ficción, pero la de un animal puede ser de verdad. Eso lo oí por primera vez a Michael Haneke en una rueda de prensa en Cannes.
La peli está repleta de detalles de buen gusto. El retrato de los personajes es magistral y la historia de amor es extraordinariamente bonita.
Es la primera vez que veo en el cine, de manera realista, una hemorragia arterial. Se nota que la directora se ha asesorado y contado con un buen equipo de efectos especiales.
Está en 2018 entre las nominadas al oscar a mejor peli de habla no inglesa y obtuvo el Oso de Oro en el Festival de Berlín.
Se trata de un biopic en tono de comedia, de sátira cruel.
Tonya Harding fue una gran patinadora y una gran palurda.
Se rodeó de gente dañina, empezando por su madre y terminando por su marido.
Personas que ni la apoyaron, ni la ayudaron, sino todo lo contrario.
A pesar de ello consiguió llegar a lo más alto del patinaje artístico.
Para dar más veracidad al relato se van intercalando pedazos de falsas entrevistas, que, en mi opinión, no hacen más que obstaculizar la trama, que hubiera sido mucho mejor sin esos insertos innecesarios y penosos.
La peli está rodada con energía, con el mismo sensacionalismo que se critica.
El retrato de los garrulos es magistral y desternillante.
Lo pasé mal con las escenas de violencia doméstica, que se me hicieron insoportables.
Desde ese aspecto funciona bien como descripción de esas relaciones tóxicas que, a veces, las propias mujeres se empeñan en mantener.
Con las salvedades descritas, la peli es muy divertida.
Margot Robbie da una lección de lo que es ser una buena actriz. Sale mucho más fea de lo que es, transmutándose en el personaje de manera magistral.
Esta adolescente que se hacer llamar Lady Bird es una chica despierta y con ganas de vivir una existencia diferente.
No se conforma con estudiar en una Universidad pública, ni en vivir en un sitio provinciano.
Pero se avergüenza de la pobreza de su familia y discute con su madre que no para de echarle en cara lo que cuesta su educación.
Hay algo en esta película que me cautivó desde su inicio. Esa estupenda sensación de estar viendo algo auténtico, algo que sale del corazón de su directora y llega al mío.
Su narración es concisa, sin rellenos. Todas las escenas tienen su objetivo y lo cumple. Se nota que su directora Greta Gerwig lleva diez años haciendo guiones.
En este último curso de instituto Lady Bird encuentra el amor, el desamor, la amistad y la comprensión.
Sus experiencias determinarán su vida, pero como la de todos los adolescentes.
Propongo una secuela relatando su vida en la Universidad. Se podría llamar Christine.
Saoirse Ronan está sencillamente maravillosa, su interpretación es emotiva y veraz. La actriz perfecta para el personaje perfecto.
Me gusta el relato de esa familia de clase media norteamericana que pasa apuros económicos, con esa madre que hace doble turno para sacar a su familia adelante, sin que nadie se lo reconozca.
Los enfrentamientos entre madre e hija son brutales y realistas.
Tal vez, esta peli no cuente nada nuevo sobre la adolescencia, pero su perspectiva es diferente y fresca. Algo mucho más grande que la típica peli de institutos.
Hay dos polos de interés, para mi persona, en esta peli.
Por un lado el relato del secuestro y de la negociación.
Por otro el drama familiar.
En el primer aspecto me interesa el tremendo contraste entre esa madre angustiada que visita (o lo intenta) a su suegro y el mundo de los secuestradores, un espacio sucio y torpe moral y físicamente.
La negociación termina siendo un regateo, un simple negocio. No es una mala manera de plantearlo, salvo por el personaje de Michelle Williams que es una madre coraje que lucha por un hijo el cual no se lo va a agradecer.
Esta actriz está estupenda contrastando con la cara de palo de Mark Wahlberg, lo que provoca que la Williams se luzca aún más.
El segundo aspecto es esa familia de lo más desestructurada. Con ingredientes explosivos: padre drogadicto y vago, hijo guaperas, abuelo millonetis.
Todo se complica cuando comprobamos que John Paul Getty Sr. no es solo rico sino también tacaño.
Hace unos años tenía un amigo que necesitaba un PC nuevo, tenía un 386 de principios de los noventa. Me llevó como asesor a una nave industrial en Madrid donde había contenedores llenos de discos duros, placas bases, fuentes de alimentación… como si de un negocio de chatarra se tratara.
Estaba todo muy barato, pero la garantía que aquello funcionara era nula. Le dije que con el dinero que tenía porque no se compraba el ordenador de oferta del Media Mark. Me contestó que si tenía mucha pasta era porque no se la gastaba.
Pues el Sr. Getty es del mismo parecer. Terminó siendo el más rico del cementerio.
Christopher Plummer da vida (magníficamente) a este personaje.
Todo el mundo sabe que sustituyó a Kevin Spacey por sus acusaciones de pederastia. Todas sus escenas fueron rodadas de nuevo.
Ridley Scott no quería para nada un escándalo relacionado con su película.
Pero cuando saltó a la prensa la diferencia de ingresos entre Mark Wahlberg y Michelle Williams se produjo otro tipo escándalo.
Mientras el primero por volver a rodar esas escenas había cobrado varios cientos de miles de dólares, ella solo había percibido mil dólares.
Cuando veía la peli no dejaba de pensar cómo hubiera interpretado al millonario el actor pedófilo.
Scott es un director con oficio. Rueda bien esta peli creando un producto comercial entretenido, pero se queda a medias en la profundización de los personajes, nadando entre el thriller de secuestros y el drama familiar sin que termine de entrar en ninguna de las dos piscinas.
Su peli está falta de alma, de autoría.
Bien hecha, pero rutinaria.
Hay dos tremendos errores de casting.
Uno el ya mencionado de Mark Wahlberg que no sabe dar ni profundidad ni nada a su personaje, con una sola cara en todo el metraje, el rostro de mal actor.
Por otro el de Romain Duris, un actor francés interpretando a un calabrés de baja condición.
Seguramente en los USA piensan que París y Catanzaro están al lado.
Estamos ante un thriller de los buenos, de los que a mí me gustan.
El espectador va descubriendo la verdad al mismo tiempo que los protagonistas, sin trampas.
Las conjeturas que vamos sacando van coordinadas con las que obtienen los protagonistas, algunas ligeramente inverosímiles o demasiado deductivas, pero a mí me parecieron convincentes.
Hurgar en el pasado es una misión difícil, especialmente cuando nadie quiere contar toda la verdad.
Además de la historia criminal está el relato de tres amores. El de un padre por su hija y esposa, el de un padrastro por su hijastra y el de dos jóvenes.
Eduardo Blando sabe mezclar en sus personajes humor y sentimiento. ¡Cómo lo admiro!
Antonio Dechent tiene una pequeña intervención, pero de las que no se olvida. ¡Qué gran actor!
Le falta algo de acción para ser más comercial, pero a mí me ha gustado así tal cual.
No se puede dudar de las buenas intenciones del director Jason Hall en mostrarnos los traumas que arrastran los soldados a la vuelta de la guerra.
La tendencia del cine ha sido muy polar. Mostrando a veces el heroísmo de la guerra y otras la parte más oscura y sucia.
La historia de las consecuencias también ha dado grandes pelis, no puedo dejar de nombrar El cazador de Michael Cimino de 1978.
Las guerras son siempre un horror y dejan destrozados a todos los contendientes, sobre todo a los perdedores.
Los vencedores cuentan con la recompensa del triunfo y del reconocimiento.
Esta afirmación se vio descompuesta con la Guerra del Vietnam.
La opinión pública norteamericana no apoyó una guerra, que como se ha demostrado, no se podía ganar.
Los USA siempre están metidos en conflictos bélicos con un fondo de intereses económicos, los lobbys de las armas…
Ahora el ejército USA se provee de los estratos más bajos de la sociedad, chicanos, negros y white trash.
Después de haber arriesgado su vida, de haberla puesto en peligro, los veteranos se ven desamparados en una sociedad que ni siquiera les recibe bien y en donde su experiencia militar no sirve de nada.
Como corresponde a su clase social sus posibilidades de empleo solo son puestos no cualificados.
Esto lo refleja esta película.
El paradigma es el soldado de primera Joe Cole que regresa a su casa esperando que su prometida le reciba con los brazos abiertos y se encuentra una casa vacía y con la luz dada de baja.
Los problemas de los tres protagonistas son por la falta de adaptación a la vida civil porque sus recuerdos no dejan de atormentarlos.
Hay culpa en ellos por la pérdida de sus compañeros, más que por las muertes que han podido ocasionar en el enemigo.
En cambio el sargento Scott Haze disfruta de su vida, a pesar de haber quedado hemipléjico.
La peli tiene un tono pesimista y poco patriótico, pero no mantiene un ritmo adecuado y resulta tediosa ocasionalmente.
Por cierto, en algunos barrios de las ciudades americanas también es fácil que te peguen un tiro.
Cine distópico de nave que va a salvar a la humanidad con un aparato que produce energía que no se entiende, con un desarrollo de la trama que tampoco te enteras del cómo de la paradoja espaciotemporal.
La peli se deja ver si no te planteas nada de la coherencia argumental.
Hay sorpresas y trucos para mantener la atención del espectador, pero con escasa convicción.
Momentos sentimentaloides de baratillo para rellenar espacios y poco más.
Si fuera un episodio de Black Mirror sería de los peores.
Esta semana además de los contertulios habituales Mónica Gallo, Diego Gismero y un servidor hemos contado con la gratísima presencia de Daniel Ramírez, gran amigo y estupendo cinéfilo.
Se trata de un relato fantástico ambientado en los edifcios de la CIA durante la Guerra Fría.
Con dos protagonistas insólitos una limpiadora muda y un monstruo anfibio.
El principio de la peli es un estilo Amélieque me entusiasmó, con escenas tiernas con las que me sentí muy cómplice.
Hay un malo muy malo, un sádico al que da vida de manera magistral un desbocado Michael Shannon, especializado en estos papeles.
Me gusta la idea que la protagonista sea una mujer sencilla con una vida cotidiana nada edificante que encuentra el amor en un ser marginado como ella.
Sally Hawkins me parece extraordinariamente atractiva, con una expresividad que no hace falta que diga ni una sola palabra.
La peli es bonita, atrevida por esta relación de bestialismo, con un mensaje positivo. Termina siendo una gran historia de amor.
Pero no me parece la mejor peli del año como para llevarse el montón de oscars a los que está nominada.
Un grave inconveniente es que el tráiler cuenta toda la peli, incluso el cartel nos muestra el final.