Nos encontramos a Santiago un amigo, asiduo como yo a los grandes estrenos en los Multicines Guadalajara.
Un grupo numeroso de niños de unos doce años que posiblemente acudían a celebrar un cumpleaños estaban situados detrás de nosotros. Gritando relatan sin pudor spoilers de Deadpool 2.
Santiago les pide que durante la proyección guarden silencio. Algunas personas del público le apoyan con aplausos.
Este spin off iría antes que el primer episodio de la saga (La amenaza fantasma).
Las críticas obtenidas han sido pésimas.
Contentar a los sesudos críticos es imposible y a los puristas seguidores de la saga también.
El principal problema de esta peli es que Alden Ehrenreich no es Harrison Ford, cuestión fuera de toda discusión, de la que no hay más que hablar.
Han Solo: Una historia de Star Warses una peli divertida de principio a fin, que mantiene el interés y da lo que promete.
El encuentro con Chewbacca y el inicio de su amistad.
Cómo ganó el Halcón Milenario a Lando Calrissian.
El encuentro con el germen de la rebelión.
Sus desengaños amorosos…
Todo contado con soltura y fluidez.
Tal vez carezca de grandes momentos, pero tiene muchas referencias a personajes y planetas de la saga y también al Universo Expandido que los más fans sabrán apreciar.
A Emilia Clarke la sacas de Juego de tronos y ya no me gusta. Tal vez sea actriz de un solo personaje. Aquí no da el tipo de mujer fatal.
En cambio Woody Harrelson como Beckett está fenomenal (no te fíes de nadie).
El que también da el tipo es Donald Glover como Lando Calrissian.
Me gusta L3-37, un personaje feminista y revolucionario.
Se trata de la versión expandida de un corto que vimos en el FESCIGU 2017 que obtuvo el Premio del Jurado. Como corto se le llamó Gaza,
Ya lo comenté en su momento, solo añadir que este largo nos ofrece poco más que la versión reducida.
De especial interés fue la presencia de Julio Pérez del Campo, uno de sus directores que después de la proyección nos dio detalles del rodaje y respondió de manera muy afable a todas las preguntas.
Ocurre muchas veces que el relato de cómo se hizo resulta más interesante que el propio film.
Los directores consiguieron entrar en la franja de Gaza con un aval de una universidad española para hacer un estudio sobre los cultivos en esa zona, ya que Julio Pérez es profesor de biología.
Recogieron los testimonios de las personas que se iban encontrando, sin seleccionar a sus interlocutores. Todos tenían historias terribles que contar.
Evitaron imágenes especialmente morbosas, cuestión que me asombró porque, tanto corto como largo, ofrecen secuencias de gran impacto.
Sus producciones han intentado ser boicoteadas por el Gobierno Israelí, habiendo sido vetados en varios festivales.
Agradeció al Cine Club Alcarreño la “valentía” de proyectar esta peli.
Lo primero explicarle al director de series Bruce Macdonald que el maíz es originario de México donde se cultiva desde hace unos 10.000 años. Se introdujo en Europa en el siglo XVII.
La peli se desarrolla unos 1.500 años antes de Cristo en la zona de la península del Sinaí. Seguro que por aquél entonces no había maíz.
En esta ¿peli? no solo aparecen mazorcas, sino incluso grandes extensiones cultivadas que son incendiadas.
Desde el principio de la proyección podía optar por reírme o por enfadarme. Opté (sabiamente) por lo primero.
La peli carece de cualquier interés.
Está mal rodada.
El montaje es espantoso.
El guión ridículo.
Los diálogos de chiste.
Pero lo que llega a niveles tan bajos, que parecen paródicos, son las interpretaciones. Te partes de risa.
El protagonista, del que no quiero ni saber el nombre, es el colmo de la inexpresividad.
Para colmo de desventuras, la peli destila un profundo tufillo sionista.
Los filisteos son los malos y los hebreos los buenos. Los primeros han desaparecido, de los segundos no tengo nada que decir.
Ciento nueve minutos de tedio y bochorno.
Debería proyectarse en las escuelas de cine como ejemplo de lo que no se debe hacer.
Le doy nueve centésimas porque aparece la bella Caitlin Leahy con Dalila.
Estamos ante una de esas producciones británicas de calidad. Donde todo es perfecto (fotografía, montaje, música, actores…)
Me suele pasar que, muchas veces, este tipo de películas me deja frío. Todo impoluto, todo muy british, pero poca pasión, poco sentimiento.
De esta peli podría afirmar lo mismo, pero hay una historia de amor muy potente debajo de tanta corrección.
El amor entre un joven y una antigua estrella de Hollywood (Gloria Grahame) impresiona por lo auténtico que parece.
Annette Bening está fascinantemente maravillosa, dando vida a uno de los mejores personajes de su carrera y ejecutando una de las mejores interpretaciones que se hayan visto en el cine. Si hubiera sido Meryl Streep le hubieran dado el oscar (otra vez).
Me encanta la naturalidad con que esa familia acepta a Gloria Grahame como novia de su joven hijo.
La peli habla también del ocaso de una vida de estrellato y de cómo afrontar los últimos días.
Una peli estupenda. Emotiva y muy british. ¿La combinación perfecta?
Narra la historia de la rivalidad entre dos leyendas del tenis: el sueco Björn Borg (Sverrir Gudnason) y el norteamericano John McEnroe (Shia LaBeouf).
Peli sueca con formato americano que disecciona magistralmente las personalidades de estos dos ases del tenis.
Hay aspectos que se analizan muy interesantes como el sufrimiento que ocasiona el triunfo y el vértigo que se siente cuando se pone en riesgo.
Se cuenta más de la vida infantil del sueco que del norteamericano.
Sus caracteres parecen contrapuestos, pero en el fondo tienen mucho en común.
Tal vez su única diferencia es la capacidad de control de la ira.
Los dos la padecen, pero Borg la reprime, con todo el sufrimiento que eso le causa. McEnroe la exterioriza, la escupe, lo que le ocasiona poca popularidad.
En esa final de Wimbledon de 1980 es demoledor ver como cae sobre ellos el peso de la responsabilidad. El triunfo como único objetivo.
Salí de la película bastante satisfecho de mí mismo. Nunca he recibido un premio, ni he ganado en nada, ni he sido el primero en ninguna competición. Todo ello me da la felicidad.
Nunca sentí la presión de ganar y mucho menos de perder mi liderato. Es como el triunfo del ostracismo.
El único pero que le pongo a la peli es la manera de filmar el partido final.
De niño me tragaba todo lo que echaban en la tele. Recuerdo los partidos de tenis siempre desde uno de los lados, con una cámara fija que permitía seguir los avatares tenísticos a la perfección.
Janus Metz Pedersen ha optado por el montaje, que le da atractivo visual, pero nos impide seguir de verdad las jugadas. Hubiera preferido esos planos fijos, incluso con imágenes de archivo.
Asombroso el parecido de Sverrir Gudnason a Björn Borg.
Se trata de un largo documental que analiza la vida de la artista.
Cuando era un niño la popularidad de esta cantante era inmensa. Todos habíamos oído hablar de ella.
Mi madre que jamás fue a la ópera era una admiradora de la Callas, seguía con afición su vida, tal vez, sobre todo, sus andanzas amorosas que llenaban la prensa rosa.
La mayoría del metraje es el relato en primera persona de su vida y de sus sentimientos.
No fue muy afortunada en cuestiones sentimentales. Su gran amor, el señor Onassis, la “traicionó” casándose con la viuda de Kennedy.
A pesar de su éxito (inconmensurable) vivió en soledad y la impresión que extraigo es que no fue feliz.
Además de los testimonios y de imágenes de archivo, se intercalan canciones de la gran diva. He de confesar que me emocioné escuchándola y desde luego no soy un gran aficionado al Bel canto.
Supongo que los amantes a la ópera disfrutarán más de este documental que un servidor, aún así me ha interesado.
“Un festín para devotos. Capaz de seducir a profanos”.
Está claro que el tiempo ha endurecido mi espíritu. Ahora me he fijado en otros aspectos que en la década de los noventa no me parecieron importantes o, simplemente, no fui consciente de ellos.
Stone me introduce en una vorágine efectista de imágenes para sumergirme en una pesadilla.
Es un maestro del montaje. Sorprende como combina, sin pudor, técnicas fotográficas y planos que provocan, ante todo mareo, pero también ansiedad.
Se trata de un ensayo sobre la violencia y cómo los medios de comunicación, primero y la sociedad después, elevan a la categoría de héroes a despreciables psicópatas, sin respeto alguno a la vida humana.
Porque Micky y Mallory, no me despiertan la menor empatía. Solo me parecen dos idiotas que disparan sin escrúpulos.
Lo que hace dos décadas me impactó, ahora solo me ha entretenido.
Veo esta peli irlandesa que se desarrolla en los USA, porque está en el EJE en un ciclo de cine criminal.
Hay títulos o carteles que cuando los lees o los ves te dan la sensación que vas a conectar con esa peli.
A John Wayne Cleaver un psicólogo le ha catalogado de sociópata, que no quiere decir que esté loco, sino que tiene características que le hacen peligroso.
Este muchacho se crea un código para no hacer el mal y se contiene a pesar de las provocaciones.
Se esfuerza en ser una buena persona.
En realidad se siente terriblemente solo, porque nadie es capaz de comprenderlo.
Ese es uno de los aspectos más interesantes de la película, esa lucha interior.
Por otro lado, Christopher Lloyd da vida a un abuelo enfermo que tiene un lado oscuro, muy oscuro.
El adolescente va descubriendo ese aspecto maléfico y lo observa entre fascinado y aterrorizado. Tal vez, lo que más miedo le dé es convertirse en ese diablo.
La peli tiene un final, asombroso para mí, que no aporta nada y tal vez reste.
Porque no hay porqué explicar el mal como una parasitación alienígena, el mal reside en todos nosotros y es posible que como John Wayne Cleaver tengamos que hacer esfuerzos para controlarlo.
I Am Not a Serial Killer ha ejercido en mí una extraña fascinación. En realidad ¿tal vez me estoy afanando en no ser un psicópata?
Mezcla géneros muy diferentes: asesinos en serie, ciencia ficción y drama familiar.
En principio una combinación poco prometedora, pero sorprendentemente funciona bien en todos los aspectos.
Cuando es una historia policial mantiene bien el tipo con buenos momentos de acción, aunque la ambientación y la actividad de esa comisaría son un poco precarias, supongo que los policías que la vean no la encontrarán demasiado realista.
La parte de ciencia ficción cuenta con un elemento fundamental al actor Alejo Sauras, que va ganando en protagonismo capítulo a capítulo aportando un tono humorístico muy atractivo.
Nunca pensé que detrás de esa cara bonita se escondiera un buen actor, que sabe dar a su personaje de ultratumba un atractivo muy humano. De hecho su humanización es una baza fundamental de esta serie.
Tal vez la trama familiar sea la más difícil de llevar. El riesgo de caer en el sentimentalismo barato es muy elevado. Pero ese difícil equilibrio se sostiene, creándose estupendos momentos de intensidad dramática sin llegar a la vergüenza ajena.
Que la serie funcione tan bien depende de las buenas (excelentes) interpretaciones de los actores.
Anna Castillo maravillosa en su papel de Susana Vargas, con esa energía y esa vitalidad imparables. ¡Qué maravilla de actriz!
Cristina Plazas, dando vida a esa madre que se preocupa por todos y que tiene que superar su viudedad.
Goizalde Núñez con ese desparpajo y esa gracia que enamoran.
Alfonso Bassave dando vida a ese chuloputas que engatusa por ser guapo y estar bien constituido.
Las chicas Lucía Caraballo y Ángela Arellano tan simpáticas y tan bien en su papel. Destacar el desparpajo de la actriz que da vida a Patri.
¿Qué decir de Javier Gutiérrez qué no se haya dicho ya? Estamos ante un actor incomensurable que es capaz de salir airoso de los trances más difíciles. Grande entre los grandes.
Tal vez a un determinado público le eche atrás su componente de ciencia ficción, pero yo le pido que confíe en mí y disfrute de esta serie.
Refresco la anterior peli de esta saga (Deadpool – 2016 – Tim Miller). Me encanta volver a verla y me gusta la crítica que realicé, bastante sesuda, me sorprendo de mí mismo.
El listón de la diversión había quedado muy alto.
Se crean expectativas que pueden ser defraudadas.
La primera fue la peli más vista con una calificación de “mayores de 18” en los USA que casi solo se da a pelis pornos.
Fue la primera peli de superhéroes nominada a los Globos de Oro como mejor comedia.
En esta secuela, Wade Wilson es presentado como un tipo sin escrúpulos que entra en una profunda depresión…
La peli resulta tan descarada e iconoclasta como la anterior. Se ríe de sí misma y de las pelis de superhéroes.
No termina de tomarse en serio nada.
Su trama es más compleja, con varios cambios de guión.
Es incluso cruel con sus personajes.
Tiene aspectos salvajes y turbios.
Tal vez al final se vuelve un poco blandita, en una especie de concesión al público para que no salga amargado.
Porque existe el riesgo que a pesar de pasárselo fenomenal, te quede un regusto pesimista y desolador.
Porque la peli no deja de ser el relato de una terrible depresión y la búsqueda del protagonista de una redención.
Impresionantes las espectaculares Morena Baccarin (Vanessa) y Zazie Beetz (Domino).
Si te fijas bien podrás identificar al actor que interpreta a Vanisher.
Estamos ante una modalidad de slasher con el único atractivo de ver como van muriendo los protagonistas.
Ideal para personas con cierto sadismo.
Es curioso como Jeff Wadlow consigue que escenas truculentas y supuestamente impactantes se vuelvan anodinas.
Nada contribuye a hacer atractivo este film.
Los protagonistas no tienen carisma, especialmente la mojigata y tonta Lucy Hale, que interpreta a una chica de 17 años y tiene 28.
La peli está plagada de tópicos que la hacen reiterativa, con cero de originalidad.
Lo único que pueden salvar a estas producciones de terror adolescente es algo de sentido del humor. Aquí brilla por su ausencia.
La sala casi vacía. Solo tres grupos de adolescentes armados de palomitas y refrescos azucarados. Yo el más viejo de la sala. Pero posiblemente les sacara más de cuarenta años a cualquiera de los asistentes.
Pero, queridos amigos, el aburrimiento no tiene edad.
Mi amigo Gustavo me cuenta que se salió a mitad de peli. No la soportaba.
Ricardo, gran crítico y mejor persona, habla moderadamente bien de ella en su blog.
Se trata de cine bélico con buenas escenas de acción, pero yo le veo dos problemas.
Se centra demasiado en un personaje principal Mitch Nelson (Chris Hemsworth) y en dos o tres secundarios y nada más.
Ni siquiera éstos están bien construidos, no dejan de ser caricaturas esquemáticas de arquetipos del cine de guerras.
Faltan más secundarios y mejor estructura en los personajes.
Y en segundo lugar, el terrible tufillo a patrioterismo barato, de manual aprendido en los Rambos.
Ese mal olor impregna toda la peli, dando la impresión que estamos ante una alabanza al supremacismo yanqui.
Desaprovechadas las cabalgadas, que podrían haber supuesto una especie de homenaje a las pelis del Séptimo de Caballería, pero su rodaje con estilo heroíco le hacen perder credibilidad.
Está claro que a los cineastas franceses les atrae el tema de la educación. Me parce muy bien.
Todos los años hay dos o tres pelis que hablan de lo mismo.
Está claro que en Francia (y en más sitios) es un grave problema la formación de los escolares de barrios marginales de las grandes ciudades.
Muchos maestros me hablan de la falta de orden en las aulas y de la pérdida de autoridad de los profesores.
Lidiar con adolescentes nunca ha sido fácil.
Esta Les grands esprits nos presenta el problema y nos da una solución asombrosa.
Un profesor de un instituto pijo es capaz de lidiar con estos jovenzuelos, incluso conseguir que el más malo se vuelva un dócil corderito. Todo ello por arte de birlibirloque.
Seamos serios.
¿De verdad el cuarentón François Foucault es capaz de transformar la educación?
Ya sé que hablar mal de una peli buenista y esperanzadora me convierte en una especie de monstruo.
Pero que no quieran tomarme el pelo.
No sé porque sigo yendo al cine a ver pelis francesas, si siempre termino enfadado.
Mi amigo Jesús Hernando me recomienda encarecidamente esta peli.
Se trata de una versión de Doce hombres sin piedad.Una obra del dramaturgo Reginald Rose que fue concebida para tele, pero luego se llevó al cine y al teatro. El camino inverso del habitual.
Recuerdo perfectamente el film de Lumet y el Estudio 1 que vi en su época.
Las dos me impactaron por sus estupendos actores.
La versión teatral made in spain es de 1973 y dispongo de ella. Se puede ver en la web de RTVE.
Nikita Mikhalkov nos cambia cuestiones que resultan ser fundamentales.
Traslada las deliberaciones al ámbito de la Rusia del siglo XXI y nos ofrece un escenario muy particular, el poliderpotivo de un colegio.
Sirve para analizar la sociedad rusa actual, con personajes muy de esta época y argumentos muy directos.
Se trata de un film de 153 minutos que no pierde interés, con un giro final innecesario que resta más que da.
En todas sus perspectivas Doce hombres sin piedad es un ensayo sobre la verdad y los prejuicios, sobre cómo éstos influyen en nosotros y nos impiden discernir sobre lo verdadero y lo falso.
También es un estudio de una sociedad y de sus principios morales.
No he podido resistir la tentación y he vuelto a ver el Estudio 1 dirigido por Gustavo Pérez Puig con Jesús Puente, Pedro Osinaga, José Bódalo, Luis Prendes, Manuel Alexandre, Antonio Casal, Sancho Gracia, José María Rodero, Carlos Lemos, Ismael Merlo, Fernando Delgado y Rafael Alonso.
Moonee es una descarada niña de seis años que corretea y juega en los alrededores de un motel que se edificó a la sombra de un parque de atracciones cercano.
The Florida Project es el retrato, un tanto siniestro, de esta “familia” compuesta por una joven madre destalentada y su despierta hija.
Se alimentan de comida basura, tienen como entretenimiento básico la caja tonta y subreviven gracias a trapicheos y ayudas sociales.
En la sociedad norteamericana conviven moteles de tercera que hospedan a personas que rozan la indigencia con grandes centros de ocio que son las catedrales del consumo.
Aunque las travesuras (a veces, mucho más que eso) de los niños pueden ser divertidas hay un gran fondo de amargura en este film.
El drama de unas personas marcadas por la marginalidad y por su incapacidad y de la sociedad de resolver su situación.
En esta tragedia no hay buenos, ni malos.
Los servicios sociales cumplen con su obligación. La madre casquivana intenta subsistir. La niña se divierte como puede. El conserje intenta mantener el orden con su buen corazón. La amiga reacciona como parece lógico.
Los niños son un prodigio, con unas interpretaciones muy realistas.
Bria Vinaite parece que se interpretara a sí misma. Un personaje triste y encantador.
Un auténtico placer conversar de cine con Jorge Martínez.
En ese magnífico plató que son Los Multicines Guadalajara hemos hablado de Ramón Langa, del doblaje en España, de Amanecer de Murnau, de Forrest Gump, de su tesina sobre Ingmar Bergman y de series como Black Mirror.
Un gran cinéfilo y seriéfilo y un tipo encantador.
Una historia bien contada, de manera naturalista, con un realismo dramático y sincero, con escenas bien construidas.
No pretende ni sorprender, ni asustar, aunque posiblemente lo consiga.
No utiliza recursos fáciles y detestables como información con rotulitos o voz en off, sencillamente porque no le hace falta.
Sus personajes con simples y creíbles. Las relaciones entre ellos se manifiestan naturales, sin imposturas poco realistas.
Hay algún momento de humor muy negro que no te hace desconectar de la trama, sino que te ayuda a seguir adelante en este viaje a ninguna parte de este grupo de supervivientes.
La peli se ve en un suspiro y te deja pegado a la butaca hasta el último segundo.
Podría ser un capítulo a parte de la primera temporada de The Walking Dead y tal vez hubiera sido el mejor.
Recuerdo que cuando se estrenó tuve problemas para entrar a verla.
Debía de ser para menores de 18 acompañados, que era una modalidad en la que para entrar a ver la peli tenías que tener más de 14 e ir con un adulto.
Con ese tipo de limitación siempre actuaba igual. Sacaba mi entrada y me dirigía seguro hacia el acomodador que generalmente me impedía pasar. Esperaba unos segundos y a la primera persona de edad que veía le pedía que me avalara. Nunca nadie se negó.
Me divirtió tanto que la vi dos veces en la misma semana.
Unos años después se reestrenó en Zaragoza. Mi prima Mari-Val de Madrid estaba de visita. Era habitual que pasáramos días en su casa en Alcorcón y ellos en la nuestra en el Barrio del Gancho.
Cuando vi que estaba en cartelera la llevé.
Desde antes de entrar me di cuenta que iba a compartir sala con una cuadrilla de fanáticos de la película que, como yo, la habían visto varias veces.
Efectivamente al primer fotograma todo el público aplaudió, incluyéndome a mí.
Mi prima con el típico aire de superioridad madrileño, me dijo: “¿aún se sigue aplaudiendo en provincias?”
Me partía de risa con muchas escenas, incluso antes de que ocurrieran, acompañando a un público entregado.
Mari-Val no entendía nada, no le hacía ninguna gracia.
Cuando salimos me preguntó porqué esa reacción del público que ella consideraba desmesurada. Yo no me molesté en explicárselo.
La he vuelto a ver muchas veces, calculo que unas veinte a lo largo de mi vida. A Elena también le encanta y es como un antídoto ante la depresión o las horas bajas. Nos ponemos El jovencito Frankenstein y terminamos tan contentos.
No pude asistir al EJE con mis amigos del Taller de Cine. La veo en casa delante del PC y me vuelvo a partir de risa.
Me encantan los cambios en la chepa de Igor, los relinchos de los caballos al oír Frau Blücher, la expontaneidad de Teri Garr (Inga), la impostura de Madeline Kahn (Elizabeth).
La combinación de terror (que no da miedo) y humor funcionan muy bien con claros homenajes a la novela de Mary Shelley y a al clásico de 1931 El doctor Frankenstein.
A mí Gene Wilder de crío me hacía mucha gracia. De todos es conocido la prohibición de éste que el director Mel Brooks hiciera un cameo como era habitual.
Me gusta su inicio, en el que nos vemos obligados a descubrir la historia de unas vidas rotas.
En su primera mitad predomina la imagen sobre el diálogo.
Hay algo de fascinante en ese personaje amnésico que, intuimos, que lo perdió todo y se dedica a vagar por el desierto (literal) en busca de una redención que no va encontrar.
En su final, el estilo narrativo cambia. Predomina la palabra sobre la imagen. Tal vez no hacía falta ser tan expositivo, me hubiera conformado con intuir la tragedia, no necesitaba conocerla.
París, Texas habla de los errores que nunca se debieron de cometer, de lo irreparable que es la vida, de las consecuencias de las malas acciones, del dolor, de la pérdida, del sufrimiento, del remordimiento.
Colosal Harry Dean Stanton, Bellísima Nastassja Kinski.
Al volverla a ver treinta años después comprendo porqué es una peli de culto.
Lucky puede ser muchas cosas, pero sobre todo es un gran homenaje a Harry Dean Stanton, un eterno secundario que antes de morir dio vida a un protagonista.
La trama es de lo más simple. El relato de la vida cotidiana de un anciano que mantiene su rebeldía y su personalidad.
Sin prejuicios, sin complejos mantiene amistades diferentes.
Hay algo tan humano, tan sincero en Lucky que no puedo evitar emocionarme ante algunas de las escenas de esta película.
Con su voz gastada, casi susurrando, se atreve a cantar delante de sus amigos mexicanos Volver, es una secuencia de debería pasar a la historia del cine.
En un tiempo donde la prisa predomina, donde la mayor virtud es la juventud, esta peli va contra esas corrientes.
Es el relato sincero, sencillo tranquilo de la vida de un anciano. Lo menos comercial que te puedas echar a la cara.
Harry Dean Stanton siempre será recordado por ser el prota de País, Texas la peli de culto de Wim Wenders (que me apresuro a revisitar).
Además la peli cuenta con el aliciente de ver a David Lynch, frustrado por la pérdida de su tortuga.
Un clásico contemporáneo que va tener muy poco público.