Terrence Malick no es santo de mi devoción. Días del cielo es, tal vez, es su mejor peli, según mi opinión.
Ya sé que Malas Tierras es casi un clásico, una peli de culto, pero no me ha gustado.
Había cosas que me parecían familiares, pero no termino de aclararme si la había visto antes, es posible que no.
El retrato de la América profunda siempre me atrae, pero los dos personajes protagonistas me parecen unos tontacos.
Ni Kit, ni Holly me caen bien. Son dos ignorantes.
Kit es además un psicótapa imbécil que reúne todos los requisitos para el diagnóstico de su trastorno de la personalidad. Su narcisismo me saca de quicio.
Holly es una pusilánime que nos narra de manera machacona la versión propia de sus peripecias asesinas.
No puedo empatizar con ninguno de los dos.
Sirven como retrato de ellos mismos, pero no de una juventud o de una sociedad, como he leído por ahí.
A pesar de todo he soportado la película y me ha parecido interesante verla.
Sería mejor sin voz en off. Como ocurre siempre.
Es curioso como se ha glorificado a Malick, con una filmografía tan escasa y tan poco atractiva.
Mi puntuación: 4,13/10.
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Curiosidades:
Actor improvisado:
El actor originalmente elegido como el arquitecto que toca la puerta del hombre rico no se presentó, por lo que Terrence Malick interpretó el papel él mismo.
Malick más tarde quería volver a filmar la escena con otro actor, pero Martin Sheen se negó a volver a hacer la secuencia con otra persona.
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Los hijitos:
Charlie Sheen y Emilio Estevez (hijos de Martin Sheen) debutaron en el cine con esta peli.
Ambos juegan niños bajo una farola.
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Emparejamientos:
Sissy Spacek conoció a su futuro esposo, el director de arte Jack Fisk, en el set de esta película.
Han colaborado en ocho largometrajes.
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Charles Starkweather y Caril Fugate:
La trama y los personajes principales de la película se basan en Charles Starkweather y Caril Fugate.
En 1958, se embarcaron en una matanza de homicidios que horrorizó al país.
Charles Starkweather había sido ejecutado cuando la película comenzó a producirse, pero Caril Fugate todavía estaba viva y se enfrentaba a la libertad condicional.
Los cineastas cambiaron los nombres de los personajes principales para evitar una demanda.
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Un todo terreno: Terrence Malick fue director de la película, productor en jefe, guionista y editor no acreditado.
Él también tenía un cameo sin acreditar.
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Largo preámbulo:
Algunos carteles de películas para la película presentaban un largo preámbulo de texto que decía:
“Tenía 25 años. Se peinaba como James Dean. Era muy quisquilloso.
Las personas que lo ensuciaban lo molestaban.
Tenía 15 años. Tomaba lecciones de música y podía girar una batuta.
Ella no era muy popular en la escuela.
Por un tiempo vivieron juntos en una casa en el árbol.
En 1959, ella observó mientras él mataba a mucha gente “.
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Financiación:
El escritor-productor-director Terrence Malick ha dicho sobre recaudar fondos para esta película:
“Desarrollé una especie de kit de ventas con diapositivas y cintas de video de actores, todo con el objetivo de presentar a los inversores algo que pareciera estar listo para filmar. No le prestaron demasiada atención. Invirtieron en la fe”.
Con su hermano, Chris, Malick logró recaudar $ 300,000 para Malas tierras (1973).
El dinero adicional fue recaudado por el productor independiente Edward R. Pressman de amigos personales como el ex jefe de Xerox Max Palevsky”.
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La canción:
La canción compuesta por Carl Orff (“Gassenhauer”, a veces llamada “Street Song”, de Orff’s Musica Poetica) fue posteriormente adaptada por el compositor Hans Zimmer para la película de 1995 de Tony Scott “Amor a quemarropa” (escrita por Quentin Tarantino).
La película posterior tiene muchas otras similitudes y alusiones a “Badlands”.
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Edades:
Martin Sheen tenía 32 años cuando interpretó a Kit, de 25 años.
Sissy Spacek, que interpretó a Holly, de 15 años, tenía 22 años.
Originalmente se suponía que Kit tenía 19 años, pero su edad se cambió a 25 ya que Martin Sheen tenía 32.
Martin Sheen todavía cree que esta es su mejor película.
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Jeff Stafford:
Terrence Malick comenzó a escribir el guión cuando tenía 27 años, mientras viajaba en un viaje por carretera.
El artículo de Turner Classics Movies sobre esta película escrito por Jeff Stafford afirma:
“Malas tierras (1973) fue el debut en el largometraje de Malick.
Aunque anteriormente había trabajado como guionista (Los indeseables de 1972), decidió dirigir su propios guiones después de que Paramount hiciera un lío completo de su guión Deadhead Miles (1973), transformándolo en una película tan mala que ni siquiera podía ser exhibida.
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Sissy Spacek dijo más tarde que trabajar con Terrence Malick cambió completamente su actitud hacia la realización de películas.
Ella piensa que habría tenido una carrera muy diferente si ella y Malick no se hubieran cruzado.
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Largo rodaje:
Rodado durante un período de 16 semanas.
Sin embargo, esto significaba que había un cambio notable en las estaciones, por lo que el director de arte Jack Fisk se encontró pegando hojas a los árboles y pintándolas de verde.
Jack Fisk, el director de arte de la película, dijo de esta película en 1982:
“Lo que sea que veas en Malas tierras (1973) es el estilo de Terry Malick, no el mío.
Es muy fuerte visualmente.
Siempre estuvo dispuesto, ansioso por cambiar las cosas.
Vería algo en el patio y diría: “Vamos a poner eso en el dormitorio”.
Eso es algo que aprendí de él: espontaneidad”.
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La película fue un éxito crítico, pero un fracaso comercial en la taquilla en su estreno cinematográfico.
La película fue la Película de clausura del 11° Festival de cine de Nueva York en 1973.
El presupuesto original de la película era de $ 300,000.
Créditos de cierre: “esta película es ficticia y no pretende representar eventos reales o personas, vivas o muertas”.
Una interesante mezcla de géneros: drama rural, western, thriller, comedia negra (negrísima) y América Profunda.
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Una madre desesperada que va a ser capaz de todo por dar algún sentido a su vida.
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Un sheriff buena persona, en sus últimos días. Descomunal Woody Harrelson.
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Un poli con cierto retraso, pero que termina convirtiéndose (o intentándolo al menos) en un un ángel vengador. De óscar Sam Rockwell.
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Una galería de personajes arrebatadores.
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Con el decorado de fondo de esa América profunda de puebluchos con gente miserable económica y moralmente (white trash), eso que ahora está de moda llamar la USA de Trump.
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¡Cómo me gustan estos paisajes y paisanajes!
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La peli te va llevando por senderos insospechados, no hay nada previsible. El guión no deja de sorprenderte.
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Un film fascinante con el que te sientes herido, derrotado como su protagonista una Frances McDormand colosal.
El experto en series exitosas Aaron Sorkin se atreve, en su debut, con una peli biográfica.
Molly Bloom es una chica que ha recibido una estricta educación por parte de su padre. Le han enseñado que está destinada para triunfar.
Tiene que competir con sus hermanos medallistas olímpicos.
Decide meterse en un ambiente donde va a poder ganar mucho dinero, pero es un mundo hostil.
Tal vez, cualquier sector es hostil para una mujer triunfadora, pero el de las timbas de póquer más.
Encuentra machismo y violencia.
Termina encausada por el F.B.I.
Pero Molly es una buena chica, con dignidad, con ética y nunca consentirá que sufran otras personas por sus declaraciones aunque aquello sea su perdición.
La Bloom lo tiene todo: inteligencia, belleza, astucia y… dignidad.
Como veis el personaje es un bombón y además interpretado por una diosa de la escena como Jessica Chastain poco más hay que agregar.
Solo por contemplarla merece verse esta película.
La presencia que me ha resultado penosa es la del veterano (fracasado?) Kevin Costner por el personaje que interpreta y por su actuación, terriblemente mala.
Sorkin emplea un estilo narrativo vigoroso, electrizante, con constantes flash-backs, pero peca de reiterativo al emplear una voz en off innecesaria.
A la peli no la pongo por las nubes pero a Jessica la coloco en el cielo.
Esta modesta producción británica combina tres géneros que me gustan: la comedia romántica, el cine dentro del cine y la Segunda Guerra Mundial.
Retrata bien la Inglaterra asediada por los alemanes con los bombardeos y la lucha por la supervivencia como nación.
Una época en la que los hombres estaban en el frente y las mujeres tuvieron su oportunidad para ocupar sus vacantes en la industria, en muchas facetas de la vida y también en el cine.
Relata bien la elaboración de un guión que pretendía ser una obra de propaganda política y me encanta como van resolviendo las sucesivas exigencias que se plantean.
Hay también una defensa del oficio de actor por parte del inconmensurable Bill Nighy realmente estupendo.
Una producción muy british con una fotografía y una ambientación muy cuidadas.
Lone Scherfig ejecuta con oficio y sensibilidad una obra algo impersonal, pero eficaz.
La británica Gemma Arterton cumple con su papel de protagonista.
La peli tiene la virtud que puede gustar a mucho tipo de público.
Hemos pasado un rato estupendo hablando de cine con Diego Gismero y con nuestro invitado Jesús Hernando, gerente de los Multicines Guadalajara, con una dilatada experiencia en la gestión de salas de proyección.
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Se confiesa gran admirador de Ben-Hur, la obra maestra de William Wyler, estrenada en 1960.
Esta peli de Netflix ha cosechado muy malas críticas.
Sería fácil apuntarse a ese carro y, por una vez, parecer un intelectual o, al menos, un cultureta.
Bright recrea un mundo distópico. Eso siempre es algo cautivador para mí.
Mezcla el mundo de Tolkien y lo sitúa en Los Ángeles del siglo XXI.
La idea me parece cojonuda.
Los elfos son los ricos, la clase dirigente.
La clase media está ocupada por los humanos.
Los pobres y marginales son los orcos.
Todos malconviven.
Una pareja de polis,Ward (Will Smith), y el orco Jakoby (Joel Edgerton) pasan una noche de vértigo intentando salvar al mundo.
Hay explosiones, tiros y más tiros, chistecillos y rollo colegas.
Todo previsible, después del planteamiento inicial, pero divertido.
La peli pasa en un suspiro, sin que dé mucho tiempo a metabolizar lo que ves, pero con la extraña sensación de estar ante un producto que funciona, con escasas pretensiones.
Es curioso lo bien que rula Will Smith en estos papeles, con lo insoportable que está en personajes dramáticos, donde pone cara de estreñido.
Joel Edgerton interpreta muy bien su personaje. Sabe dar expresividad, debajo de su máscara de orco, a ese policía algo torpe y novato.
Salen elfas, humanas, pero no me pareció ver orcas.
En la temporada uno echaba de menos algo de épica. La historia, muy compacta, me parecía muy local.
En ésta se amplían todos los horizontes y se convierte en un relato épico.
Se trata de cine familiar con el que se divierten igual niños de 10 años y sus padres, incluso abuelos como yo.
La mezcla de cine adolescente, con aventuras de pueblo, con niños en bicicleta, con un inframundo tenebroso y terrible funciona a la perfección.
Es curioso que Elena que repudia el cine de ciencia ficción se sienta atraída por esta serie.
Esa es una de sus virtudes, Stranger Thingstrasciende los géneros mezclándolos, pero no agitándolos.
Los actores niños están impresionantes.
Millie Bobby Brown es una actriz soberbia, componiendo un personaje tan potente, tan fuerte como Eleven (Once en la versión doblada). Solo por su presencia ya valdría la pena ver la serie.
Por cierto las voces originales son infinitamente mejores que las de doblaje, de una calidad pésima.
Si quieres emocionarte, divertirte, pasar miedo, reírte y disfrutar tienes que ver Stranger Things.
Ya sé que parece un eslogan de tele, pero es lo que pienso.
Espero que la productora Netflix tenga algún detalle “promocional” conmigo.
Ya hace varias semanas que esta peli fue proyectada en el Cine Club Alcarreño.
No acudí a verla por su larga duración.
Mi amigo Daniel me la recomendó.
La veo en casa, en varias sesiones, a ratillos, lo cual produce, seguro, distorsiones en mi valoración.
Felices sueños nos cuenta la vida de un niño y un adulto marcada por la pérdida de la madre.
Bellocchio sabe usar los flash-back con maestría dosificando el relato para mantener la atención.
Hay escenas de gran emotividad, pero el Massimo adulto me trasmite mucho menos que el niño. Tal vez era lo que pretendían director y actor (Valerio Mastandrea).
Recapitulando todo lo visto durante el año creo que el balance cinematográfico ha sido muy bueno.
En lo más personal, he asistido a varios festivales y he sido miembro del jurado en tres premios (Premio Feroz® Cinema Jove al Mejor Cortometraje 2017, FESCIGU y Premios Feroz en todas sus categorías)
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Además he visto buen cine tanto en el Cine Club Alcarreño como en el Taller de cine de Azuqueca de Henares. Destaco:
Conversar con alguien tan inteligente y sabio en temas de cine me facilita realizar la crítica.
No soy una persona muy inteligente, más bien un poquillo corto, pero tengo la habilidad, la astucia de aprender de los demás. Soy como una esponja que absorbe la sabiduría de mis amigos.
Además siempre he tenido mucha suerte. Estas dos cuestiones me han hecho llevar una vida muy placentera. Y para mi C.I. incluso exitosa.
Una vida a lo grandenos lleva por un recorrido coherente de géneros.
De la ciencia ficción distópica, al drama, al cine social, al ecologismo. Todo con un constante fondo de humor.
Viendo esta peli he aprendido un par de cosas, tal vez ya las sabía.
Primero que lo material no suele producir la felicidad.
Segundo que un divorcio te deja en la ruina.
Tercero que no hace falta hacer grandes cosas para ser valioso, la suma de las pequeñas es mejor.
Me han salido tres.
Una vida a lo granderesulta divertida del principio al fin llevada de la mano de Matt Damon, sucesor de Tom Hanks en el papel del americano bueno y bien nutrido.
Resaltar que cuando aparece en la pantalla Christoph Waltz eclipsa todo lo demás con la fuerza de un ciclón. Una especie de voz de la conciencia, que desde su pedestal de vividor profesional va diciendo la verdad.
El cine con muchas adolescentes, yo el más viejuno de la sala.
Los números musicales son entretenidos, ya se sabe mi debilidad por el musical, pero los elementos narrativos entre canción y canción son ridiculamente penosos.
Algo que agrede el más mínimo sentido de lo intelectual.
El guión es como un martillazo en el lóbulo frontal, algo que te deja mareado, aturdido, tarado. Puro traumatismo craneoencefálico.
El visionado de esta película en bucle durante un día, estoy convencido que terminaría destruyendo un cincuenta por ciento de masa neuronal.
La actriz (???) Anna Kendrick que protagoniza este engendro parece que le molestara intervenir en esta peli, pone cero de interés en su interpretación.
A los números musicales les pongo un 6. Al resto de la peli un cero, porque no hay negativos. Me sale un 3. Le bajo unas décimas por el daño moral sufrido en mi persona.
Leo esta crítica:
“Vuelve a estar en forma (…) La película es efervescente, rápida, condenadamente inteligente y es un buen escaparate para las personalidades de sus estrellas”
Owen Gleiberman: Variety
Quiero que me paguen lo que le han dado a este señor Gleiberman. Igual podría terminar con la hipoteca.
Diálogos brillantes, con exposiciones interesantes y debates morales de máximo interés.
Plantea una cuestión casi filosófica. Si tu hijo ha hecho un acto execrable, ¿qué debemos hacer?
¿Ocultarlo e intentar olvidar? o ¿afrontar las consecuencias y procurar aprender de ello?
Hay una postura práctica y otra ética. ¿Cuál será la mejor para nuestro hijo?
¿Se puede amar a un individuo capaz de regodearse ante la muerte de un ser humano?
La peli toma partido, como es lógico, presentado lo deleznable que resulta siempre culpabilizar a la víctima.
Un asunto de tanto calado se nos muestra con un aspecto muy teatral, con unos actores que parecen estar más en un escenario que delante de una cámara.
La voz en off de la locura de un irreconocible Steve Coogan, es axfixiante e irritante, pero refleja bien cómo se debe sentir el personaje preso de sus pensamientos parásitos y paranoides.
En todo el metraje no paramos de oír el blablablá de los personajes, que termina siendo insufrible.
Aún así me ha gustado, por las cuestiones que plantea.
Me olvidaba. Detesto los restaurantes con nombres largos en la carta y pequeños en el plato.
Estoy sometido a cierta presión para ver series españolas.
Me resisto todo lo que puedo. Con ésta había recibido opiniones muy favorables.
Lo cierto es que el resultado suele ser decepcionante.
La casa de papel es un intento esforzado para crear un producto atractivo.
Intenta combinar los elementos clásicos para gustar al espectador: intriga, drama, cierta dosis de acción, sexo y notas de humor.
Se recrea en la construcción de los personajes que, sin embargo, parecen estereotipos.
La idea original es muy atrayente, pero su desarrollo resulta excesivamente alargado, habiendo muchos tramos que son de relleno que no aportan nada a la evolución de la historia.
Hay unos agujeros de guión tremendos que inhabilitan la credibilidad del argumento.
La monina (no llega a guapa) Úrsula Corberó es la narradora omnisciente de la serie, su voz en off resulta absolutamente inadecuada y cansina.
Esta chica sale manteniendo relaciones sexuales en varios de los primeros capítulos, tal vez, para intentar dar un plus de entretenimiento a la audiencia.
El personaje que más atractivo me ha parecido es la inspectora Raquel Murillo, interpretada por la encantadora y muy competente Itziar Ituño, que se esfuerza en un mundo testosterónico por demostrar su competencia. Su vida personal y su subtrama resultan de lo más estimulante.
Destaco también a la racial y potente Alba Flores, merecedora de ser la protagonista. Úrsula a su lado parece una sosita.
Paco Tous tan competente como siempre.
La primera temporada se deja ver, pero la segunda es penosa.
El final grotesco, de risotada.
Ya sé que algún patriota de las series ibéricas se va a enfadar, pero que le vamos a hacer.
Una mañana de Septiembre en un encierro de campo en Chiloeches se nos ocurrió hacer un vídeo de entrevistas y paisajes de festejos taurinos.
Durante ese mes fui grabando con mi móvil.
Luego lo monté con un programa casero.
El resultado era penoso técnicamente, especialmente el sonido.
Recurrí a mi colaborador habitual, Diego Gismero, para que me lo arreglara. Hizo lo que pudo, que fue bastante.
La idea era que lo vieran los protagonistas y algún amigo.
En YouTube tiene poco más de 300 visualizaciones.
Perdí muy poco tiempo en montarlo y en realizar los créditos. No era un trabajo fino.
No sé quien fue, pero algún amigo me sugirió que lo presentara a la Muestra Alcarreña de Cortometrajes.
El último día lo envié, sin esperanza que lo eligieran.
Pero me lo seleccionaron.
No lo había vuelto a ver desde su edición.
Me sentí orgulloso, pero algo temeroso.
Lo comenté con Alberto Sanz, presidente del Cine Club Alcarreño, me dijo que había sido una decisión difícil.
El corto no es una apología de la tauromaquia, pero sí reúne a aficionados al mundo de los toros.
Cuando salimos de casa Elena y yo para ir al Teatro Moderno le dije que íbamos a territorio hostil, con mayoría de antitaurinos.
Nos acompañan protagonistas del vídeo, nuestros amigos Lourdes, Sonia, Azucena, Willy y Rodrigo, todo un honor y una responsabilidad.
Mi amigo Daniel también me apoya sentándose a mi lado.
Salgo a presentarlo y no lo hago mal, al menos soy breve.
Cuando lo veo en pantalla grande me sorprende la buena calidad de la imagen y la mala del sonido, pero casi todas las entrevistas se entienden, que ya es mucho.
Se oyen gritos en contra y silbidos.
Elena alza la voz pidiendo respeto a la tolerancia.
Los descontentos no encuentran un apoyo mayoritario, algún tibio aplauso los acalla. Supongo que terminan saliendo de la sala.
Esperaba algo así y no me molesta. La polémica es buena y el derecho al pataleo legítimo.
Pero me siento abochornado al ver mi corto.
Resulta un coñazo. Demasiado largo, excesivamente reiterativo.
Alguien grita: ¿esto cuando termina?
Yo también deseo que acabe.
Menos mal que quedaba poco.
Al verlo en pantalla grande me he convencido que es una mierda. Un producto infumable que solo puede gustar a los protagonistas y los amigos incondicionales.
No es digno de ser visto en un cine.
Como vídeo casero pase, pero como elemento cinematográfico en absoluto.
Fue un error enviarlo a la MAC.
Tal vez se vieron obligados a programarlo, sabiendo que crearía polémica entre los antitaurinos y que carecía de valor fílmico.
De todo esto he aprendido que para exhibir un corto hay que currárselo más, cuidar más la edición y los detalles.
En YouTube puede valer todo, pero en la gran pantalla hay que aportar unos mínimos que mi engendro no tenía.
Pido perdón a los amigos que compartieron esa proyección, a los miembros de la MAC por haberlo presentado y sobre todo al público que tuvo que aguantar 17 minutos de tortura insoportable.
Agradezco infinitamente a los que terminada la proyección aplaudieron, supongo que por costumbre y por compromiso.
La intención era hacer un homenaje a los amigos con los que comparto el verano prestando asistencia sanitaria en festejos taurinos. No se merecían una obra cinematográfica de tan baja estopa. Son magníficos y tienen derecho a algo mejor.
En 2012 vi Tenemos que hablar de Kevin una peli de la dierectora Lynne Ramsay que me marcó. Extraordinaria y terrible.
Lo mismo podría decir de la que nos ocupa.
Joaquin Phoenix da vida a un sicario que a golpe de martillo se termina convirtiendo en justiciero.
Es un individuo atormentado. Su infancia y su vida en el ejército le marcaron para siempre. Sus recuerdos, sus pesadillas le invaden y le impiden ser feliz.
Todo contado con los recursos necesarios, pero mínimos.
Pocos diálogos, dando preferencia a lo visual.
Se trata del cine que a mí me gusta, el que me apasiona.
Cine independiente americano emparentado con el polar francés.